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Revista chilena de obstetricia y ginecología

versión impresa ISSN 0048-766Xversión On-line ISSN 0717-7526

Rev. chil. obstet. ginecol. v.67 n.5 Santiago  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-75262002000500001 

REV CHIL OBSTET GINECOL 2002; 67(5): 341-342

In Memoriam

DR. BERNARDO GUERRERO DITEAUX

Una cruel enfermedad inmisericorde acompañó a Bernardo estos últimos largos 4 años. Con su mente lúcida hasta el minuto postrero luchó con heroísmo sin entregarse jamás enhiesto como su apellido Guerrero. Era su estructura severa, su carácter serio casi hasta la hosquedad. Lo conocí desde siempre con su pelo blanco inmaculado, era un hombre inteligente, sagaz, algunos lo llamaban cariñosamente el zorro plateado, pero llegaron los negros mastines que azuzan la muerte y se lo llevaron así como de costumbre en forma sorpresiva silenciosamente.

Bernardo Guerrero, nació en Santiago el año 1941, curiosamente también un mes de Octubre; el de su muerte, se tituló de médico por la Universidad de Chile, en 1967, fue un alumno distinguido. Médico General de Zona en el Hospital de Talagante donde ocupó la Jefatura de la Maternidad y subrogó la Dirección del Hospital. A pesar de su juventud en esos tiempos lejanos existe en esa área rural un recuerdo imborrable por su destreza quirúrgica y certeza diagnóstica. Gana una beca de especialización en el Hospital Salvador, donde reconoce como a sus maestros al Prof. Dr. Joaquín Iglesias en Obstetricia y al Prof. Dr. Italo Campodónico en Ginecología.

En 1976 por concurso ocupa el cargo de residente de la Maternidad del Hospital Clínico San Borja-Arriarán, su nuevo hogar que lo acogerá definitivamente hasta su muerte.

Veinte años después de su ingreso con abrumador curriculum asistencial y docente llega a la Jefatura del Servicio. En su historia se destacan sus múltiples actividades académicas y trabajos clínicos científicos con más de 30 publicaciones, algunas premiadas por la Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología, destacando su trabajo de ingreso. Ocupó por lo demás el cargo de Director de la misma y en un período fue su Secretario Anual. La Universidad de Chile, lo distingue como Profesor Asistente. Expositor lúcido participa en Congreso

Médicos Nacionales e Internacionales. En la Jefatura del Servicio, defiende con fiereza sus posturas, acarreándole esto amigos incondicionales y enemistades irreconciliables. Durante un año sufre el ostracismo injusto de un alejamiento del Servicio, en este período escribe su obra más imperecedera "Las guías Clínicas Terapéuticas en Obstetricia y Ginecología". Tuve el alto honor de prologar su texto y citando a Confucio manifesté Bernardo Guerrero se "incorpora a las positivas legiones de aquellos que prefieren encender una vela que maldecir a las tinieblas".

Fumador obstinado sus refugios fueron su familia, su parcela de Caleu y sus caballos de carrera, era un hombre aficionado a la hípica. Volvió al Servicio victorioso después de un año, aunque sus alas ya estaban profundamente perforadas, como los heridos después de la batalla. Este bravo combatiente mostraba ya los signos de su enfermedad devastadora. Cada mañana de cada día descendía de su inmensa camioneta, lo estoy observando, con su lento caminar, hasta llegar a presidir las reuniones clínicas, con un esfuerzo gigantesco, para hacerse escuchar.

Se encerraba en su oficina, frente al computador inquiriendo todos los detalles de su enfermedad, hasta transformarse en un experto en la misma.

No deseó nunca que lo vieran en su postración domiciliaria, aunque intercambiamos correspondencia. No fui estrictamente un amigo de Bernardo, aprendimos sin embargo juntos a respetarnos con caballerosidad. Hubiera quizás apreciado ahora conocerlo más en sus aristas humanas.

Bernardo fue un hombre introvertido, leal con sus amigos por sobre todas las cosas, de una posición ideológica muy definida. Su pérdida es importante para este Servicio Clínico, estamos de duelo es uno de los nuestros que entregó sus mayores esfuerzo en objetivos comunes a su manera. No lo olvidaremos. Respetémoslo en su honradez, su valor y su entrega.

Me inclinó ante la solemnidad de la muerte. Alabado sea el Señor.

Dr. Mario Herrera Moore

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