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Revista chilena de obstetricia y ginecología

versión impresa ISSN 0048-766Xversión On-line ISSN 0717-7526

Rev. chil. obstet. ginecol. v.69 n.3 Santiago  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-75262004000300001 

REV CHIL OBSTET GINECOL 2004; 69(3): 195-196

EDITORIAL


Chile lidera los indicadores de salud materna, perinatal e infantil en Latinoamérica. En 2002, las tasas de mortalidad materna, fetal tardía, neonatal e infantil fueron de 16,7/100.000, 4,8/1000, 5,0/1000 y 7,8/1000 nacidos vivos, respectivamente (1), que nos acerca a los indicadores de países desarrollados de la Región. Estas cifras es producto del desarrollo social, económico, sanitario y cultural del país, junto al esfuerzo de médicos y matronas. La calidad de la obstetricia y ginecología chilena quedó de manifiesto en FIGO 2003, y por el número creciente de médicos extranjeros que desean realizar su especialización en nuestro país y también por el importante aumento de obstetras nacionales que realizan estadías de perfeccionamiento en Europa, Canadá y Estados Unidos de Norteamérica. Sin embargo, la obstetricia chilena debe cargar con el cuestionamiento de la comunidad médica internacional por el alto índice de cesárea (2, 3), lo que al menos nos debe preocupar. Chile presenta en el mundo la tasa más alta de cesárea con un 42% (2). La Organización Mundial de la Salud estima adecuada una tasa de cesárea entre 10 a 15%, cifras superiores corresponderían a una atención obstétrica de mala calidad, ya que no hay evidencia que los indicadores de salud materna y perinatal mejoren mientras mayor es el número de cesáreas.

Sobre este punto es que deseo que los obstetras nacionales reflexionemos un momento. ¿Es posible que Chile reduzca la alta incidencia de cesáreas sin que se deteriore la mortalidad materna y perinatal?, ¿Cuales son los reales motivos de esta creciente tendencia?. Estas y muchas otras preguntas se pueden plantear sobre este tema, como también surgirían múltiples estrategias para revertir esta situación (4). Los jefes de servicios obstétricos públicos y privados deben tener la autoridad suficiente para implantar sistemas de auditorías permanentes que permitan reducir la incidencia de cesáreas evitables, y deben tomar ese desafío como un objetivo fundamental de su gestión técnica y administrativa. Cada obstetra debe ser su propio auditor y reflexionar sobre sus estadísticas individuales, analizando si la población que él atiende privadamente tiene un riesgo obstétrico tal que justifique sus tasas de cesárea.

El avance de la medicina en el desarrollo de poderosos antibióticos, la terapia transfusional, la especialización de anestesistas obstétricos, los nuevos materiales quirúrgicos y otros progresos, hacen que percibamos que la cesárea no es de alto riesgo para la madre, y desafortunadamente también es así percibido por ellas. Todos los que trabajamos en obstetricia hemos sido testigos de graves complicaciones maternas secundarias a la cesárea, incluida la muerte, lo que adquiere un mayor dramatismo cuando vemos que era una cesárea evitable.

Este Editor se complace que los servicios de obstetricia de la Universidad de Chile (5) y de la Pontificia Universidad Católica de Chile (6), dos de los principales centros formadores de médicos obstetras, publiquen este año en la Revista de la Sociedad sus experiencias dirigidas a disminuir la incidencia de cesáreas, basadas en un sistema de auditoría internacionalmente aceptado (7, 8).

Invito especialmente a los profesionales en formación a leer cuidadosamente estos trabajos y también a los servicios obstétricos públicos y privados ha publicar con juicio crítico sus índices de cesárea mediante la metodología señalada, para así encontrar la forma de revertir las actuales estadísticas.

Dr. Enrique Donoso S.
Editor Jefe

 

Bibliografía

1. Instituto Nacional de Estadísticas de Chile. Anuario de Estadísticas Vitales, 2002.

2. Belizán JM, Althabe F, Barros FC, Alexander S. Rates and implications of caesarean section in Latin America: ecological study. BMJ 1999; 319: 1397-402.

3. Murray SF. Relation between private health insurance and high rates of caesarean section in Chile: qualitative and quantitative study. BMJ 2000; 321: 1501-5.

4. Althabe F, Belizán JM, Villar J, Alexander S, Bergel E, Romero M, y cols. Mandatory second opinion to reduce rates of unnecessary caesaean section in Latin America: a cluster randomised controlled trial. Lancet 2004; 363: 1934-40.

5. Salinas H, Carmona S, Albornoz J, Veloz P, Terra R, Marchant R, Larrea V, Guzmán R, Martínez L. ¿Se puede reducir el índice de cesárea? Experiencia del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. Rev Chil Obstet Ginecol 2004; 69(1): 8-13.

6. Vera C, Correa R, Neira J, Rioseco A, Poblete A. Utilidad de la evaluación de 10 grupos clínicos obstétricos para la reducción de la tasa de cesárea en un hospital docente. Rev Chil Obstet Ginecol 2004; 69(3): 219-226

7. Robson MS, Scudamore IW, Walsh SM. Using the medical audit cycle to reduce cesarean section rates. Am J Obstet Gynecol 1996; 174: 199-205.

8. Robson MS. Can we reduce the caesarean section rate? Best Pract Res Clin Obstet Gynaecol 2001; 15(1): 179-94.

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