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Revista de historia (Concepción)

versión impresa ISSN 0716-9108versión On-line ISSN 0717-8832

Rev. hist. (Concepc.) vol.26 no.1 Concepción jun. 2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-88322019000100083 

Artículos

Crecimiento y transformación de una ciudad industrial. El caso tomecino entre 1910 y 1930

Growth and transformation of an industrial city. The case of Tomé between 1910 and 1930

Nicole Fuentealba Romero* 

* Licenciatura en Historia. Facultad de Filosofía y Humanidades, Departamento de Ciencias Históricas. Universidad de Chile. Chile. E-mail: nicoleafr@gmail.com.

RESUMEN:

El presente trabajo pretende indagar y ampliar lo estudiado sobre el proceso industrial chileno en las primeras décadas del siglo XX, remitiéndonos específicamente a la ciudad de Tomé. A través de los documentos municipales, los del gobierno regional y los Anuarios Estadísticos de la República, así como de la prensa local y nacional, entre otros; se pudo evidenciar que el desarrollo de la industria textil logró transformar y posicionar a esta comuna en un centro industrial de importancia para la región. Además, esto posibilitó el nacimiento de una identidad tomecina diseñada bajo los parámetros de un proceso industrial exitoso.

Palabras Claves: Tomé; Industria Textil; Desarrollo Industrial; Crecimiento Económico; Transformación Urbana; Identidad.

ABSTRACT:

The main aim of this article is to analyze and expand what has been studied about the Chilean industrial process in the first decades of the 20th century, referring specifically to the city of Tomé. Through the municipal documents, those of the regional government and the Official Statistical Yearbooks, as well as of the local and national press, among others; it was possible to demonstrate that the development of the textile industry managed to transform and position this commune in an industrial center of importance for the region. Besides, this enabled the birth of a take-up identity designed under the parameters of a successful industrial process.

Keywords: Tomé; Textile Industry; Industrial Development; Economic Growth; Urban Transformation; Identity.

Introducción1

Cuando finalizaba el año 2007, Tomé atravesaba uno de los momentos más críticos de su historia. La fábrica textil Bellavista Oveja Tomé, ante la inminente quiebra, dejaría a cerca de 750 trabajadores sin su fuente de ingreso2. Este episodio no provocaría solo la decadencia de una industria de más de 140 años, sino también “la ruptura del vínculo directo entre la fábrica y el pueblo”3.

A modo de resistencia, la “Mesa Ciudadana por el Patrimonio de Tomé”, organizada por los propios tomecinos, inició una serie de encuentros que estrechaban a la ciudadanía con el rescate de la memoria histórica respecto al pasado y presente textil de la comuna. A través de los relatos surgidos en estos encuentros, la historia se fue configurando ante la proximidad del cierre y venta del único recurso visible que le quedaba al pueblo de un pasado remoto de desarrollo industrial. El resultado devino en que, una década más tarde, la fábrica fue declarada oficialmente Monumento Nacional y la memoria colectiva revivió, demostrando que el vínculo no se había disuelto del todo4.

Pero aún había mucho por dilucidar ¿cuál era el pasado por recordar? ¿Cuáles eran los elementos de éxito y desarrollo que fueron construyendo la memoria del tomecino? O este más bien, ¿era un mito que convenía evocar? ¿Cuál era el vínculo concreto entre fábrica y pueblo? ¿Cuándo nació? En base a esto, nuestra investigación comenzó a enmarcarse.

La historiografía de un grupo de escritores, poetas e historiadores locales5, en su intento por realizar un recuento histórico amplio de la historia tomecina, había dado origen a un relato exitista situado en los comienzos del siglo XX. Si bien, esto representaba una época de gran desarrollo industrial, el análisis de este proceso perpetuaba un relato mitificado y ajeno a procesos macros y coyunturales. Pese a esto, perduró en el tiempo, convertido en una historia de la que solo hablaban los tomecinos. Por otra parte, en un esfuerzo por conectarse con los procesos macros y coyunturales, un nuevo grupo de investigadores6, habían permitido vincular los procesos industriales desde la instauración del sistema CORFO hasta la irrupción del Neoliberalismo y finalmente el fracaso de todo proyecto laboral con la gran quiebra del año 2008. Esto representaba un avance disciplinario del mismo modo que evidenciaba la historia de las derrotas por sobre los triunfos, disolviendo el relato exitista de inicios de siglo.

Esta disyuntiva devino en preguntarnos por ese “pasado exitoso”, diluido en mitos y hazañas. Y con ello, al desarrollo de la industria textil tomecina desde los años fundacionales de sus establecimientos, coincidiendo su gran mayoría en un contexto particular de la historia económica nacional, en que la crisis salitrera abrió las puertas al ascenso de otros rubros, teniendo como vanguardia a la industria textil. Nuestro trabajo investigativo, por tanto, desea indagar en el sustento histórico del relato exitista, conectado al proceso económico y social que se estaba desarrollando a nivel nacional en los primeros años del siglo pasado, estableciendo un origen al vínculo “fábrica y pueblo”.

En esa línea, Tomé convertido en foco industrial de este rubro a nivel nacional en las primeras décadas del siglo, tuvo que representar un crecimiento económico destacado, y que, además, repercutiera directamente en las transformaciones sociales que entablaron las bases del exitoso periodo posterior. Por lo que nuestra propuesta indica que hacia 1920 las industrias textiles de Tomé, posibilitaron en pocos años un incremento de la actividad industrial de la comuna, que se tradujo en una vasta cantidad de ingresos tanto para las industrias como para el municipio, que repercutieron profundamente en el desarrollo e impulso de la comuna, haciéndola protagonista de un crecimiento económico y transformación social al alero de la industria, a través del desarrollo urbano y el establecimiento de nuevas formas de relaciones sociales. Esto configuraría la percepción interna, forjando una identidad tomecina, orgullosa de sí misma. De este modo, la pequeña comuna de Tomé se convirtió en un caso excepcional de desarrollo industrial para el país, tanto por evidenciar un éxito temprano, como por su capacidad de transformación en las primeras décadas del siglo XX.

El trauma provocado por la gran quiebra del 2008 silenció a la industria, mermó las relaciones establecidas y dio origen a una identidad resquebrajada por el desempleo. En este sentido, el vínculo que progresivamente se rompe por medio del olvido, puede a través de la historia redescubrirse y recobrarse.

Desarrollo industrial en Tomé

Tomé hacia la primera década del siglo XX, iniciaba un proceso de cambio bajo los cimientos de un pasado industrial exitoso. La fiebre del trigo del siglo anterior abrió sus puertas a la actividad comercial y al fomento de la industria de los molinos, consolidándolo como puerto fundamental para la exportación de la producción triguera de la zona central del país7. La apertura de nuevos puertos y el traslado de la producción hacia nuevas zonas de consumo provocaron su declive progresivo. No obstante, la actividad industrial se había extendido a otros rubros y, en los inicios de siglo, Tomé contaba con una nueva y variada riqueza industrial fomentada por empresarios y comerciantes locales y extranjeros.

Así lo describía un periódico local en 1917 al iniciar su publicación describiendo brevemente a la Fábrica de Paños Bellavista, la Sociedad Vinícola del Sur, Molino Tomé y Molino California, Fábrica de Paños Kraft y Cía., y las diversas minas de carbón de piedra que también comenzaban a ser explotadas en los alrededores del puerto, señalando que era “de capital importancia” hacer pública esta diversidad de actividades pues en ocasiones era ignorada incluso por los mismos habitantes8.

De igual modo el historiador tomecino Rafael Miranda, en plena década del 20, dedica páginas de su Monografía Geográfica e Histórica de la comuna de Tomé para describir las emergentes actividades desarrolladas en la comuna. De las ya mencionadas anteriormente los dos molinos que perduraban, ambos propiedad de los señores León e Hijo, presentaban unas “poderosas y modernas maquinarias” que le permitieron “desarrollar una producción diaria de 2500 quintales de harina”, el Molino California contaba con un ferrocarril alámbrico y aéreo, que transportaba el trigo desde las bodegas hasta el molino en el barrio del mismo nombre, contando con un aproximado de 200 obreros, además ambos tenían muelle propio9. Por su parte la industria vinícola en Tomé se desarrollaba como una de las actividades más importantes, pues agrupaba tanto a productores artesanales como comerciantes ante una competencia externa fuerte; la creación de la Sociedad Vinícola del Sur en 1906 potenció esta industria al punto de que Tomé se convirtió rápidamente en el principal puerto de embarque vinícola de la región10, rodeado de grandes bodegas que ocupaban cerca de cinco cuadras y tenían los filtros, bombas y accesorios más modernos para la época11; hacia 1925 trabajaban con un capital de 6 millones de pesos en comparación de los 3 millones y medio con los que contó al momento de su fundación12.

Si bien no lograron tales niveles de desarrollo, otras industrias importantes como las de jabonería, curtiembre, cervecería y la tonelería también se hicieron presente, en esta última trabajaban cerca de 150 personas13 y las cubas de vino tenían una “capacidad para miles de arrobas”14. En cuanto al trabajo en las minas de Carbón, los avisos de manifestaciones mineras son constantes en los periódicos de la época y podemos encontrar publicidad de aquello al declarar que “se pueden ganar de 8 a 12 pesos diarios”15, valor que está sobre los jornales nominales para ese sector productivo en el mismo año, pues según Mario Matus este alcanza los 7 pesos, creciendo para los siguientes años16.

Durante años se venía dando la discusión en torno a una extensión del Ferrocarril de Concepción hacia la costa, pero esta finalmente se concretaría en 1912 cuando se inició su construcción, esto ayudó a que Tomé continuara con el gran crecimiento comercial e industrial logrado hasta entonces, y además vivenciara las consiguientes transformaciones, pues el número de trabajadores para la construcción de este estuvo cerca de los “tres mil y algo” que anunciaran las autoridades17.

Del mismo modo, el ejercicio de industrias o profesiones clandestinas también formarían parte de las preocupaciones del municipio, pues en el afán por recaudar fondos para la pavimentación de la comuna, las mencionaran y catalogarán como “innumerables”, lamentablemente, sin especificar el tipo de industria existente18.

Frente al puerto de Talcahuano, se podría pensar que las actividades portuarias de Tomé no desarrollaron movimientos importantes. El 17 de diciembre de 1916, La Divisa informaba que en esa semana habían ingresado “a la bahía los vapores nacionales Huasco y Maipo, y el inglés Chile, llevando harina de la Casa Gibbs y Cía, y León e Hijo; y vino de la Sociedad Vinícola, Aguirre y Serrano y Adolfo Eissler y Cía, con destino a los puertos del norte”19, revelando la existencia de un sólido comercio a través de vapores nacionales y extranjeros apoyados por la presencia de la Casa Gibbs y Casas locales que facilitaban el comercio de la producción local. Una década más tarde El Palacista, informará que procedente de Australia llegaría “el vapor Guargüeris de la Cía. Maryflorys” que venía consignado a la agencia “The Guarens y Cía”20, por lo que no cesaría ni el flujo comercial ni la incorporación de más casas comerciales. Las autoridades, por su parte, sostenían esta idea al solicitar en 1918 al Gobierno a través del Intendente la declaración de Tomé como puerto mayor21. El número de casas comerciales establecidas en este puerto dan cuenta de la posibilidad de transacciones y a la vez, que presentaba a la industria molinera y vinícola como un fuerte sector dentro de la economía tomecina. La presencia de dos agencias de vapores, la Ward e Hinrichsen, esta última la más antigua de la comuna, había logrado consolidarse con la adquisición de un muelle particular frente “a la bodega de los ferrocarriles” 22, lo que revelaba una gran etapa de progreso para esta actividad. Miranda nos indicará que en 1925 el comercio marítimo de exportación del puerto “arrojó la suma de $3.925.000”23 y que los vapores de la Compañía Inglesa (P.S.N.C) desembarcaban en Tomé ocho veces al mes al igual que los barcos de la Compañía Sud-Americana24. En términos concretos, para este mismo año el valor del cabotaje en moneda corriente del puerto de Talcahuano, a través de las salidas era de $36.140.855, mientras que Tomé lo seguía con $22.048.760, lo que representaba un 61% respecto del anterior. Pero el dato más llamativo surge con la diferencia entre los valores de Entradas y Salidas, pues Talcahuano, obtenía una diferencia de $19.362.751 y Tomé $19.082.685, por lo que, en concepto de ingresos entre importación y exportación a través del comercio marítimo, Tomé logró igualar al puerto vecino en 192525.

En base a esto, el desarrollo industrial en la comuna se presenta activo, diverso y en progresivo crecimiento; implica iniciativas e impulsos locales, tanto de productores, comerciantes, empresarios y políticos. Aun así, no podemos hablar de la historia industrial tomecina sin detallar la actividad textil, pues esta superará en todos los aspectos el desenvolvimiento de la industria local y transformará a la sociedad tomecina de principios del XX.

La Industria Textil

Pese a que la Gran Guerra comenzó a gestar ciertos vaivenes en la economía salitrera del país, provocó el renacer de cierto “entusiasmo por la industria”26, que vivenciarían algunos rubros por sobre otros. El empresariado presionó al Estado para que este apoyara a las nuevas industrias, evitando su muerte acabada la guerra27, lo que devino en el aumento de impulsos proteccionistas. Por su parte, Gabriel Palma, situaba el inicio de la guerra con el comienzo de una etapa temprana de sustitución de las importaciones28, debido a que estas se encarecieron en medio del conflicto, lo que obligó a fomentar el desarrollo de la industria local, siendo la industria manufacturera la más beneficiada en el proceso, pues logró independizarse del ciclo exportador y creció paulatinamente. El predominio de bienes de consumo corriente (BCC) quedó opacado por el crecimiento de la producción de bienes de consumo durable e insumos intermedios y de capital (BCDIC), en la que la evolución más notable estaba en la producción textil29.

Tomé contaba en el 1900 con la Fábrica Bellavista, la que había sido fundada en 1865 por el empresario molinero estadounidense Guillermo Gibson Délano. Luego de atravesar momentos de expansión y crisis, para las primeras décadas del nuevo siglo, Carlos Werner le otorgaría el gran sello de desarrollo y éxito a esta industria textil, convirtiéndose en su único dueño en 191130 y en una de las figuras más destacadas y emblemáticas del acontecer local y provincial. Paralelo al empuje de Werner muy pronto la actividad textil comenzó a tomar mayor potencia con la creación en 1913 de la Sociedad Comercial Colectiva Kraft y Cía31, que cuatro años más tarde, esta vez con Marcos Serrano como puntal, se constituiría como la segunda fuerza textil de la comuna bajo el nombre de Sociedad Nacional de Paños de Tomé, instalándose legalmente el 7 de febrero de 191832. Además, en 1927 surgiría la Fábrica de Paños y Tejido El Morro y al año siguiente la Industria Nacional de Paños y Tejidos de Tomé de Silvio Sbarbaro y Cía Ltda33, finalmente en 1932, estas dos fábricas se fusionaron dando inicio a la Fábrica Ítalo-Americana de Paños S.A, comúnmente conocida como FIAP34.

En base a esto, el desarrollo industrial comenzó un crecimiento que no se traduciría únicamente en la cantidad de fábricas instaladas en la comuna, sino también en los propios incrementos de cada una en ámbitos de producción y adelantos. Para precisar los datos entregados por periódicos y trabajos investigativos de la época, fue necesario recabar en los Anuarios Estadísticos de la República, que si bien no hacen especificidades concretas por empresas, más bien por rubros, la presencia a nivel nacional en cinco años de solo 3 fábricas de Paños y Casimires, nos dan información relevante del desarrollo de la Fábrica de Paños de Bellavista entre 1913 y 1917, al año siguiente comenzaría la Sociedad Nacional de Paños y juntas constituirían la únicas industrias de este tipo en la provincia de Concepción. De este modo desarrollaremos la evolución de la industria en base a la mano de obra, infraestructura, materia prima y producción.

Para fines de siglo, según Pérez y otros autores, “la fábrica contaba con 340 empleados” cuando “para la misma época “El Salto” (Santiago) tenía 210 operarios”35 lo que a su juicio constataba la importancia de Bellavista dentro de la industria nacional. Los datos proporcionados por el periódico La Divisa en 1916 indican que la Fábrica Bellavista ocupaba un personal de a lo menos 300 operarios entre hombres y mujeres36, de igual manera Miranda hace referencia a un número cercano a los 400 obreros para la década del ‘2037, pero los datos obtenidos en 1917 indican que solo existe una fábrica de paños y casimires a nivel nacional que tiene un total de 352 trabajadores38, consolidándose como la más grande en su rubro con el 57,9% de los operarios a nivel nacional, por lo que en base a nuestra información previa podemos presumir que puede tratarse de la Fábrica Bellavista, en ese entonces la única de la provincia de Concepción. Por otra parte, el único dato más cercano que tenemos sobre la Sociedad Nacional de Paños nos dice que esta trabajaba con un número cercano de 300 operarios39. Cabe destacar que la presencia de niños como obreros textiles siempre ocupó un número importante dentro de las fábricas de paños y casimires. Así, en 1913, un 11% de los obreros eran niños y cinco años más tarde este porcentaje solo disminuiría a un 9,8%40. En un periodo en que el trabajo infantil en estos establecimientos estaba ligado a los “valores asociados al trabajo moderno: disciplina, calificación, constancia”, y no necesariamente a un factor de riesgo41, no parece raro que las autoridades y empresarios estuvieran dispuestos a avalar estas labores. No tenemos precisión del número de niños que trabajó en la industria tomecina, pues los archivos privados de la fábrica solo concentran contratos verbales y formales, pero las recomendaciones de los mismos obreros, mayormente madres, permitiendo el ingreso de sus hijos al trabajo textil dan cuenta de la existencia de este, de manera consensuada entre el patrón y sus padres, lo que confirmará el administrador de Bellavista Edmundo Witting al asegurar que la presencia de niños en el establecimiento se debe exclusivamente al “ruego de sus padres”42.

El salario de los obreros textiles es una información por la que aún hay mucho para investigar, según el Anuario Estadístico de 1917, el costo de los salarios y jornales de las tres fábricas de paños y casimires registradas, se estimaba en $468.051, el cuál se repartía en proporciones que desconocemos entre 607 operarios43, estos valores nos dan un promedio de $2,7 por jornada de trabajo44, cifra que podemos acompañar gracias a lo trabajado por Mario Matus quien indica que el sector industrial textil en general, para el mismo año poseía un jornal nominal de $3,16, por lo que el promedio de los establecimientos en estudio estaría bajo la ponderación general para 1917. Tres años más tarde, el escenario cambiaría, pues el jornal indicado en los anuarios alcanzaría un promedio de $4,845 para este mismo rubro, mucho más cercano a los $4,07 planteados para la industria textil en Chile en ese año46. Lo más cercano con las fuentes que poseemos nos otorga información para 1919 con el jornal nominal de Juan Mella, hilandero de la fábrica de Bellavista, el que alcanzaba los $547, al igual que Juan Rivera al momento de su ingreso a la misma industria en 192048. Sin embargo, gracias al Libro de Registro de Operarios que comienza a completarse en 1927, podemos darnos cuenta de que los jornales nominales tienen una leve baja para los siguientes años y varía según el sexo del obrero y la sección en la que se desempeñan. Así entre 1923 y 1928, el promedio de jornales llega solo a $3,349. Recién finalizada la década del ’20, regresan a los $5.

En torno a los sueldos del personal o empleados de estas industrias los datos obtenidos para 1917 nos indican que el sueldo promedio era de $314 mensuales, lo que estimaríamos en $13,1 por jornada, seis veces mayor que el promedio del jornal obrero en el mismo año50. En cuanto a las fuentes disponibles, contamos con dos contratos para 1926, el de Pedro Fessia quien trabaja para la Sociedad Nacional de Paños como técnico empleado particular por un sueldo de $600 como maestro textil especialista en Telares51 y el de Hans Graser, alemán que llegó a trabajar a la fábrica Bellavista como técnico empleado, especialista en Aprestos, por un sueldo de $55052; dos años más tarde, el ingreso de Fessia asciende a $650, mientras que el de Graser a $700. Los sueldos de los empleados y técnicos de Bellavista varían según la especialidad, según esto encontramos ingresos que van desde $400 hasta $1.200 en 1929. Si esos valores los calculamos con la media de días trabajados por semana, estos ganaban entre $16,7 y $50,2 por día hacia finales de la década, distanciándose a más del triple del jornal obrero para la fecha y posicionándose sobre la media de los sueldos industriales textiles reales a nivel nacional que para 1928 alcanzaba los $14,82 diarios53. Todo lo que concierne a las especificidades de los contratos tanto de obreros como de empleados puede trabajarse con mayor profundidad en otro estudio.

En lo que respecta a las horas de trabajo, entre 1910 y 1920 la información que tenemos a partir de contratos laborales indica 48 horas semanales repartidas por jornadas diarias de 8 horas. No obstante, los alegatos por parte de figuras políticas como Malaquías Concha respecto al horario laboral, nos permite inferir que en la práctica estas labores excedían las 10 horas diarias tanto para obreros como obreras, como el caso de maquinistas, fogoneros y palanqueros54. Sin embargo, estos reclamos respondían a exigencias nacionales, para el caso tomecino, La Divisa en 1917 exponía el reclamo de un aumento de horas diarias para las operarias por encontrarse este establecimiento “en todo su apogeo”, labor que estas debían cumplir “forzadamente”55. En base a esto, todo dependía de las exigencias de la producción impuestas por el patrón.

Por otra parte, la infraestructura se convertía en el recurso visible del progreso industrial. Miranda comenzaba su descripción histórica destacando “las chimeneas de diversos establecimientos industriales”56 que se veían al momento de entrar a Tomé, exponiendo que “sus cuatro enormes chimeneas, el ruido de sus silbidos precursores de la actividad y del descanso, el bullicio ensordecedor de sus maquinarias, denuncian la existencia de una población laboriosa”57. Los periódicos admiraban todo lo que estas industrias comenzaban a representar para la comuna con sus construcciones “soberbias”, el esfuerzo de Werner reflejado en las creaciones de “salas para secciones de almacén, y piezas irreprochables para la planta de empleados (…) un extenso cañón de casas para las familias de los obreros” todo en base a “dar el realce que le merece al edificio de su fábrica”58. Más adelante las adquisiciones de nuevas maquinarias en el extranjero establecerían que hacia 1925 la infraestructura de Bellavista tuviera un valor cercano a los 10 millones59. Al finalizar la Gran Guerra, estas innovaciones no cesarían, por su parte, la “Nacional”, recién iniciando sus labores, contaba con maquinarias adquiridas en Europa y daba comienzo a la contratación de técnicos, obreros y empleados60, permitiendo que en muy pocos años esta fábrica se consolidara como la segunda más grande e importante para la comuna y para la industria de paños y casimires.

La materia prima utilizada contaba con las ventajas comparativas que representaba la provincia de Concepción para la industria textil61; hacia el sur las minas carboníferas y la presencia de un puerto consolidado como el de Talcahuano que reforzaba las actividades portuarias de Tomé, además de las instalaciones ferroviarias que conectaban cada vez más la provincia permitían que la comuna impulsara con más fuerza toda su industria. En 1913 las tres fábricas de Paños y Casimires costeaban en total $602.709 en materia prima nacional, representando el 82,6% del total, y tan solo $126.124 en extranjera62, por lo que la balanza evidenciaba una clara inclinación. Si bien en 1917 el gasto en materia prima nacional percibe una leve baja al 77%63, los números volverán a repuntar constantemente hacia 1920, por lo que podemos presumir que si bien el uso de maquinaria obtenida en el extranjero al parecer marcó la tónica de las industrias textiles tomecinas, esta tendencia no logró extrapolarse a la utilización de materia prima, donde primó la lana adquirida en la región de Magallanes64 y el carbón de las zonas de Coronel, Lota y Curanilahue, pese a la idea de que la importación de lana extranjera compitió fuertemente con la nacional65.

Las informaciones para las industrias textiles en general indican que en 1914 el valor total de la producción alcanzada por los 16 establecimientos fue de $12.085.643, en tanto que las dos industrias de paños y casimires aportaban el 19,6% de esta, con una producción anual de $2.374.160. Si bien, como hemos insistido no tenemos precisión para detallar el valor concreto de producción de la Fábrica Bellavista, si podemos evidenciar, que se trata de las que posee uno de los más altos anualmente, pues una breve descripción hecha en 1909 por la Revista Zig-Zag, afirma que esta era “la primera fábrica de su clase establecida en el país y en la actualidad la de mayor producción”, alcanzado “anualmente a la considerable suma de 200.000 metros de tejidos”66. En 1913, la Sociedad Comercial Kraft y Cía, producía 48.000 mts al año67, lo que iría en significativo aumento cuando se convierte en la Sociedad Nacional de Paños de Tomé, ya que hacia 1926 la producción diaria de esta se estimaba en 1.260 mts de paños68.

Prosperidad y Progreso

Desde 1909 Tomé ya era catalogado a nivel nacional como un puerto atractivo y que desarrollaba “una creciente actividad comercial”, además, estimaban que este impulso lograría en breve tiempo que se convirtiera en “uno de los más importantes de la República”69. En este sentido, el escenario tomecino desde la década del ’10, demostraba a los ojos de los visitantes la experiencia de una comuna construida bajo una clara línea de bonanza, tanto en lo comercial e industrial. La diversidad de establecimientos fabriles y artesanales posibilitaban y exigían el diseñar la ciudad en torno a la industria y al flujo de dinero que estas comenzaban a representar. Hacia 1916 se podía leer en los periódicos que la fábrica de paños de Bellavista atravesaba “por una época de brillante prosperidad” o que esta simplemente era una “corriente de dinero”70. Del mismo modo, el crecimiento temprano que la Sociedad Nacional de Paños comenzó a experimentar, ya sea por beneficiarse más rápidamente de las políticas económicas post guerra, como por ejemplo, el aumento de los impuestos de importación en géneros extranjeros que se venía dando desde 191471, o bien, por la “genialidad” de sus empresarios, dio muy pronto los resultados esperados, posicionándose como mencionamos anteriormente, con seguridad como la segunda fuerza textil de Tomé y de la provincia de Concepción. Juntas estas dos industrias vivenciarían para sí mismas una floreciente etapa productiva y juntas llevarían tempranamente al pequeño puerto hacia un periodo de gran progreso.

Evolución urbana de la comuna de Tomé

Ante un evidente crecimiento industrial la ciudad experimentaría una serie de repercusiones que la impulsarían hacia su transformación. La creciente población obrera que comenzaba a cubrir los rincones del pueblo y a demandar espacios y condiciones de subsistencia, se estaba haciendo notar. Las autoridades comunales ya no podían hacer caso omiso de las nuevas poblaciones obreras que comenzaban a instalarse espontáneamente en los cerros de la comuna, a su vez, la “corriente de dinero” que emanaban las industrias no engrandecería a Tomé en la medida que esta solo significara ganancias particulares.

En 1918, el industrial y gran articulador de la Sociedad Nacional de Paños de Tomé, Marcos Serrano, quién además ejercía el rol de Regidor de la Comuna, recordaba en una sesión municipal, que el presupuesto para el año siguiente estaba bien estudiado y no se podía, por tanto, hablar de “banca rota”72, de este modo, evidenciaba que la comuna comenzaba a contar con recursos suficientes para atender las nuevas necesidades. Un año más tarde, será aún más tajante al discutir y manifestar en plena Junta de Pavimentación que la ciudad ha evidenciado un constante crecimiento y que el municipio ha intentado responder con sus recursos de la mejor forma posible73. Si bien, su labor como industrial y político podía representar cierta dicotomía, Serrano nunca dudó en manifestar sus deseos de mejoramiento comunal en base a su desarrollo industrial y social, lo que podía significar el fuerte vínculo de pertenencia local de la fábrica y su gerente o bien el ejercicio constante de intervenir en instituciones políticas para plasmar su compromiso con la asistencia social de sus habitantes, desarrollando un caso de paternalismo industrial según Venegas y Morales74. De cualquier forma, lo concreto es que las fábricas no estuvieron ajenas al desarrollo del municipio, de aquí en adelante, nos corresponderá precisar cómo estas representaron una base para el crecimiento de Tomé, y como lidiaron directamente con la transformación de un pueblo sumergido en focos de insalubridad y barriales a uno con poblaciones definidas, calles pavimentadas y urbanizado tempranamente.

De la Fábrica a la Comunidad

Las industrias podían aportar recursos económicos al Municipio de dos formas concretas, una realizada de manera indirecta a través del pago de impuestos y patentes, y otra de manera voluntaria mediante aportes directos a las diferentes construcciones modernizadoras de la comuna; esta, por ser el modo más explícito de contribución directa a la ciudad, será la que analizaremos con más detalle. Por su parte, el pago de patentes de “profesiones e industrias” a la Municipalidad, presupuestaba anualmente entre $14.000 y $19.000 para 1919 y 192575, con sus respectivas variaciones en la medida que se incluyeran o restaran industrias. Para 1920 este monto alcanzaba los $17.000, lo que significaba el 16,6% de todo el presupuesto comunal76. En ese mismo año, el periódico Avanzad publicó el listado completo de los 400 contribuyentes77 entre los que destacaba la casa Gibbs, Ward, Hinrischen, León e Hijo, Werner, la Sociedad Nacional de Paños en su conjunto, entre otros, a excepción de Marcos Serrano quien explícitamente anuncia que se presenta como mayor contribuyente en la localidad vecina de Rafael78. En este listado se apreciaba el aporte realizado por cada uno de los industriales, destacando un valor muy superior al presupuestado por la Municipalidad a la vez de dar muestra más clara de la variedad industrial por la que atravesaba Tomé.

Ahora bien, el aporte directo que estas industrias realizaban a la comuna, lo podemos encontrar en las actas municipales del periodo. Por ejemplo, entre 1918 y 1920 surgieron unas series de propuestas por mejorar la Avenida Latorre, que conectaba la población de Bellavista con la ciudad, no obteniendo respuestas, por lo que en 1922 el mismo Carlos Werner, solicitaba a la Municipalidad la rectificación de este camino, apelando a que este trazo respondía en un total beneficio para la comunidad79. Finalmente, en 1929, la misma fábrica aportaría el 50% de los gastos totales para la reparación de este80. Además, para el mejor funcionamiento de las condiciones de la Escuela Nocturna establecida en Bellavista, nuevamente la fábrica costearía la instalación de luz eléctrica en este establecimiento81. Por su parte, los mejoramientos en que esta participaba no necesariamente eran de su incumbencia directa, pues en 1928 esta provisionaría gratuitamente de los mecánicos necesarios para arreglar la pila de la plaza de armas de la comuna, todo en vigilancia y dirección de ellos mismos82.

En base a esto, el aporte de las industrias se tradujo en un accionar político y social a través de su participación directa en las sesiones municipales, tanto del regidor Marcos Serrano, como también de la presencia ocasional como invitado de Carlos Werner, lo que plasmaba la enorme influencia que estos tenían como los principales industriales de la comuna, aspecto que más adelante analizaremos con más detalle. Desde otra arista, estos aportes simbolizaban la conexión y arraigo que las fábricas tenían por la comunidad, ya sea por mantener las condiciones básicas de subsistencia de sus trabajadores, como por un sentimiento filial hacia el territorio. Esto último podría ser mera especulación si no nos detuviésemos en el hecho que ambos líderes industriales mantendrán su conexión con la comuna más allá de finalizada su labor en las fábricas. Finalmente, podemos constatar la preocupación de las industrias por las poblaciones obreras y su desarrollo. Sin embargo, con los datos anteriores no podemos precisar si estos adelantos son correspondidos por todas las emergentes poblaciones obreras dispersas en la comuna o solo por Bellavista, para esto necesitaremos nuevas informaciones que nos aporten un panorama más completo sobre el crecimiento que experimentará la comuna bajo la industria.

La ciudad se transforma

Un elemento central para la identificación de una ciudad en transformación y en camino hacia la idea de progreso, comúnmente vinculada a procesos industriales, es la presencia del ferrocarril. En Tomé los trabajos para la construcción de este se iniciaron el 15 de febrero de 1912 a cargo de la constructora Germain y Sierra83, pero este recién comenzó sus labores en 1916 logrando conectar a la ciudad con Concepción por medio de un tendido de 96 km. de extensión. Esto significó un gran impulso para la labor comercial de la comuna, pues el camino a la capital provincial mediaba entre cerros y calles de tierra de muy difícil acceso, o bien a través de vapores, lo que, además, significaba que solo algunos pocos tuvieran comunicación con Concepción y sus alrededores, en cierto sentido el ferrocarril democratizó la conexión con el exterior, convirtiéndose, incluso en un gran panorama recreativo para los tomecinos. Por otra parte, la nueva oleada de habitantes que llegaron a la ciudad para la construcción de este comenzó a transformar radicalmente el paisaje del pueblo, tanto en riqueza como en delincuencia, al menos así lo expresaban las autoridades al solicitar en 1915 al Intendente más policías para Tomé pues los casi tres mil y algo de trabajadores que estaban llegando, buscaban “facilidades de vida” en medio de una crisis general por lo que recurrían al robo84.

La construcción, adoquinamiento y pavimentación de las calles tomecinas tempranamente se hizo una necesidad, por lo que comenzaron a materializarse muy prontamente en la medida que se contara con el recurso necesario. El año 1918, fue prácticamente un año de discusión sobre la ampliación de la pavimentación de la ciudad, que ya se había iniciado previamente. Un año antes La Divisa anunciaba una “verdadera complacencia” de los arreglos que se estaban realizando en algunas calles de la población e insistía en que la gente se mostraba contenta por el interés del señor alcalde para arreglar dichos lugares85. La ya mencionada Avenida Latorre, se adoquinaría por el material confeccionado por la Cantera Caracol, la que producía piedra granítica “insuperable”86, más tarde la Municipalidad anunciaba el envío del ingeniero para fijar los límites definitivos con los que iba a contar esta calle87. Del mismo modo, la iluminación se haría indispensable ya no solo en Bellavista, sino también en “los suburbios de la ciudad” cuando los vecinos de la población “El Estanque” pidieron el aumento de instalación de luz eléctrica en ese barrio88, a su vez las autoridades calcularon la cantidad de cincuenta pesos mensuales para pagar el alumbrado de estos sectores89. En general, la comuna comenzó a pensarse en pos del mejoramiento de sus calles muy tempranamente, ya en 1918 se podía hablar concretamente de un “proyecto de pavimentación general del pueblo”, además de un futuro mercado modelo y alcantarillado90.

Las construcciones que fueron modelando un nuevo Tomé se diversificaron de tal manera que hacia la década del 20 la ciudad contaba con “hermosos edificios” y nuevos chalet91, el gran reloj en la torre de la fábrica, un balneario ubicado en el sector de “El Morro”, una planta de luz eléctrica creada en 191492, además de edificio para la Gobernación, Juzgado de Letras, Registro Civil, Notaría, Tenencia de Aduana, Servicio de Agua Potable, policía y cárcel, Oficina de Correos y Telégrafos del Estado, una parroquia, Gobernación Marítima, oficina de Impuestos Internos93, entre otros. Todo esto nos mostraba una pequeña ciudad que iniciaba un crecimiento acelerado, que año tras año vivenciaba una transformación urbana que seguiría en constante expansión en la medida que la industria posibilitaba tal desarrollo. No obstante, no mermaba el problema de la mala higiene de las calles, los desagües espontáneos que debían crear los habitantes de los cerros, los servicios de agua potable deficientes94, el avance de la tuberculosis95; estos problemas no disminuirían hasta décadas más tarde, y cuestionarían los aires de éxito y progreso que comenzaban a aparecer en las conversaciones de los habitantes, y que analizaremos con detención más adelante. A pesar de estas condiciones, la insatisfacción que supondría a los tomecinos habitar en las poblaciones obreras no mostraba signos de alarma, más bien vivenciaba una etapa tranquila y al parecer, el evidente crecimiento, también comenzaba a impregnar las relaciones sociales entre pobladores y la de estos en correspondencia a su comuna.

Transformación social y reconfiguración comunitaria

Para la primera década del siglo, Tomé contaba con una pequeña población cercana a los 1.600 habitantes96. En muy pocos años, este número había crecido abruptamente, y para 1920 se estimaban unos 9.105 pobladores, de los que 5.774 correspondían a la población urbana97. El despegue industrial de estas décadas y la construcción del ferrocarril convirtió a la comuna en un foco de atracción para la población migrante y trabajadora, lo que, removería las bases sociales existentes hacia un replanteamiento comunitario que abarcaría desde las relaciones entre los diferentes actores hasta el surgimiento en paralelo de una nueva identidad tomecina.

El escenario social de la comuna inevitablemente cambiaría con el crecimiento de la población, el surgimiento de grupos identificables a través de sus roles dentro de la estructura económica diseñaría una comunidad tomecina dispersa entre un gran número de obreros, una incipiente clase empresarial local, los consolidados empresarios extranjeros y prontamente el grupo de migrantes, esencialmente técnicos que se estaban avecindando a la localidad por sus vínculos con las industrias.

Habíamos visto anteriormente que los dos establecimientos textiles más grandes de la comuna concentraban cerca de 700 operarios. Contando las otras dos industrias, la población obrera podía rodear fácilmente los mil habitantes, lo que significaría que aproximadamente un 20% de los habitantes urbanos eran trabajadores textiles. Si a esto le sumamos el medio millar de obreros de otros rubros el porcentaje aproximado crece a un 25%. Por otra parte, un poco más del 40% de la población total del Departamento de Coelemu integraba a niños entre 0 y 14 años, si esto lo proyectamos solo hacia la población urbana de Tomé, el porcentaje de habitantes mayores de 14 años que se integran al mundo de la industria alcanza cerca del 43% de la población hacia 1920.

Ya en 1930, la población urbana alcanzó los 6.071 habitantes, lo cual no representa un aumento considerable. Pero llama la atención que Bellavista pasa en diez años de ser un fundo de 20 personas a una aldea con 879 habitantes98, lo que ejemplifica el crecimiento que la industria representó para el sector. Del mismo modo, Cerro Alegre pasó de ser un caserío con 187 habitantes a una población con 1.032 personas. Estos dos territorios junto al sector de California o Collén, representan los datos de mayor utilidad para nuestro estudio, pues concentran principalmente población obrera. California acogía principalmente a los obreros de la industria molinera, Bellavista a los obreros textiles de la fábrica del mismo nombre, mientras que Cerro Alegre marcaría la excepción al concentrar a la población obrera de distintos rubros y establecimientos, asignándole el distintivo de ser un foco ampliamente popular dentro de la comuna. Focalizados en rincones semiurbanos estos núcleos populares experimentarán problemas de higiene, hacinamiento y segregación de los espacios propiamente urbanos, lo que en primera instancia podríamos vincular con las condiciones propias de la “suburbanización resultante de la corriente migratoria campo-ciudad sin industrialización”99, pues la realidad general de Chile a comienzos del siglo XX estaba más bien ligada a un fallido proceso industrializador. Sin embargo, como ya se ha planteado, Tomé es una ciudad en transformación a través de un proceso industrial exitoso, por lo que su realidad social se enmarcaría en un escenario propio donde la precariedad de las condiciones materiales insertas en un contexto de cuestión social, como “consecuencias sociales, laborales e ideológicas de la industrialización y urbanización nacientes”100, respondería más bien a una base sobre la que se construye un nuevo modelo de población obrera sin llegar a hablar radicalmente de pauperización, lo que además generaría nuevas formas de relaciones sociales entre los sujetos, propias de una localidad con un proceso industrial en ascenso. Para esto es necesario establecer las formas en que estos núcleos populares evidenciarán la superación de estas condiciones “suburbanas” ya sea por iniciativas municipales, empresariales y de los mismos pobladores, en torno a la nueva estructuración social que experimenta Tomé.

Habitación Obrera

En 1906 se creó el Consejo Superior de Habitaciones Obreras en el país101, con una clara intención higienista, pues sumado a la idea de construir viviendas para obreros, también se buscaba erradicar los conventillos y ranchos que eran foco de infecciones y epidemias. Esta tarea no tuvo efectos inmediatos, pues las dificultades se extendieron por años debido al crecimiento demográfico del país en las dos primeras décadas del siglo, repercutiendo directamente en el aumento de la masa trabajadora, sobrepasando la capacidad propuesta por este organismo102. Peter DeShazo, mencionaba que para Santiago y Valparaíso entre 1902 y 1927 “los trabajadores por lo general vivían en la periferia de los sectores urbanos” y que “ninguna de estas ciudades tenía una sola población de clase obrera, sino que varias de estas”103 las que serían más bien una seguidilla de ranchos y conventillos.

En Tomé, la realidad era otra. Bajo la administración de la Sociedad Federico Wolf y Cía., de la cual era socio Carlos Werner se construyó la primera población obrera en Bellavista llamada “La Rana”104. Ya en 1916 el administrador de la fábrica Bellavista, Edmundo Witting, se felicitaba de que este establecimiento daba casas a todos sus obreros y que, además, se encontraban construyendo otras más105, lo que consolidaría a Bellavista como un fenómeno temprano dentro de la realidad nacional, pues no hablamos de ranchos ni conventillos, sino de pabellones obreros organizados y construidos bajo “arquitectura de notable influencia germana”. Más tarde se construirían otras poblaciones como “Florentina” y “Caracol”106, luego, más cercano a la década del 20 algunas casas que bordearán la Avenida Latorre, y una década más tarde el pabellón Chorrillos y luego el Miraflores107, constituyendo la tónica de los siguientes años. Esto consolidaría a una de las “estrategias más efectivas para lograr el asentamiento permanente y diseñar mejores políticas de control hacia la población”, además de diseñar un “espacio con un estándar más alto”108. Bellavista se convertiría así en un barrio eminentemente obrero.

También la Sociedad Nacional de Paños comenzó a trabajar en este aspecto, si bien su fundación fue más tardía, mantuvo una preocupación por sus funcionarios que estaban repartidos principalmente en California y Cerro Alegre, pero el impulso que esta logró después de la Gran Crisis109 permitió encaminarse más rápido a la consolidación de su propia población obrera en el cerro “La Pampa” a partir de 1933110.

Pese a todos estos esfuerzos, el problema de la habitación obrera se tomará las discusiones, prácticamente, de todos los años de nuestra investigación, probablemente por el excesivo gusto de compararse con el barrio de Bellavista, al que consideraban como el único que respondía a las necesidades de sus trabajadores, mientras que los demás espacios serían “conventillos casi en ruinas y verdaderos mataderos humanos”111. No obstante, un gran número de estos espacios pertenecían a la “Beneficencia”, que mantenía estos conventillos por $8 mensuales112, y también por privados, situación que estaba más abierta a posibles injusticias como alzas arbitrarias de arriendos, como la que el mayordomo Luis Fuentes imponía mes a mes a los arrendatarios, pues “de 5 pesos mensuales por una pieza (…) había llegado a veinte”113. En este sentido es necesario rescatar un aspecto. Basándonos en las fuentes estudiadas, el valor del arriendo de estos conventillos podía ser pagado con holgura por un obrero textil, entendiendo que para estos años solo el jornal diario obrero estaba entre $5 y $9 como lo demostraría la ficha de don Julio Silva, obrero de la Sociedad Nacional de Paños desde 1927114. Además de esto, esta fábrica entregaba subsidios de arriendo a sus operarios115, lo que facilitaría el acceso a este tipo de viviendas mientras la población del cerro La Pampa se expandiera. Ya hacia 1936 aparecerá en el periódico “La Prensa” un afiche publicitario en que la misma “Nacional” declarará haber llegado a la cumbre, en clara sintonía de la llegada del progreso por medio de la industria, simbolizado en la población construida en el cerro “La Pampa”, la que representaba su obra de mayor orgullo y que, décadas siguientes, ampliaría aún más116.

Por otra parte, parece importante destacar que de esta forma vivían numerosas familias de trabajadores y que, en comparación al barrio de Bellavista, la prensa definía que estos lugares “estarían mejor para la crianza de puercos que para seres humanos117. Pero, en su mayoría, estos espacios estaban muy cerca de las principales cuadras del centro de la ciudad118, así mismo, el barrio de Cerro Alegre, probablemente el más insalubre y popular a los ojos de las autoridades, estaba a tan solo a 350 metros del centro urbano119, por lo que, en primera instancia, la periferia no era un elemento propio de los conventillos y ranchos tomecinos, y esto posiblemente significara que las condiciones de precariedad descritas por la prensa y, en menor medida, por las autoridades, no fueran tan extensas y gravitantes como para que el sector propiamente urbano y comercial conviviera a la par de estos espacios.

Fuente: La Prensa, año II, n° 107, 16 de marzo de 1936.

Ilustración 1 

Espacios de Sociabilidad

Siguiendo la idea anterior, las mencionadas condiciones de precariedad como el supuesto hacinamiento o la evidente insalubridad, que igualmente provocó la propagación de enfermedades en las primeras décadas; no lograron impedir que estos espacios se convirtieran en lugares de esparcimiento y de una primitiva sociabilidad. Así, por ejemplo, los días de pago de jornal eran llamados los “sábados alegres” y los obreros se reunían en cantinas o en las mismas calles y cantaban a destajo “hasta muy avanzadas durante la madrugada”120. En este aspecto, el periódico La Divisa constantemente recordará la cantidad de “casas de juegos” que estaban establecidas especialmente en Bellavista, y probablemente por lo mismo insistirá en la pertinencia de una Ley de Alcoholes que recién comenzaba a entrar en vigencia, pero que no daría muy buenos resultados. Así mismo el futbol comenzaba a arraigar simpatías entre los pobladores, tomando “un auge desbordante y captado las simpatías de nuestro pueblo, aumentando día a día el entusiasmo y número de expectadores”121, además de otorgar un sentido de pertenencia tanto a las fábricas como a los barrios que estos representaban.

Del mismo modo como se acompañaban en los festejos espontáneos también lo hacían en el dolor y la pérdida. Así, por ejemplo, luego de la muerte del obrero torpedista Alejandro Bustos, sus amigos y compañeros de labores ayudaron desinteresadamente a la señora Adelaida Salgado, viuda de Bustos, en la construcción de “una esquina y piezas de una propiedad situada en la calle Avenida Fuentes y Orellana”, la que recibiendo la póliza de seguro de su marido, “compró el material necesario” para esta. El mismo periódico destacó “este rasgo de compañerismo desinteresado y noble”, el que hablaba bien de todos aquellos compañeros que acudieron en su ayuda122. Del mismo modo Zenón Brañas y Victorino Rivas realizaron una colecta en favor de la viuda Rosa Saavedra a través del periódico, en la que colaboraron alrededor de 50 personas123, o bien, los obreros acudían numerosamente a los funerales de compañeros, como con la muerte de Carmen Baeza, obrera de la Sociedad Nacional de Paños, en que “sus compañeras y personal de esta industria no pudieron permanecer indiferentes ante este duelo y en un sentimiento común, acompañaron sus restos al cementerio como único tributo a una vida consagrada por entero al trabajo. Una preciosa corona de flores naturales llevada por sus compañeras era la prueba de estimación y el último adiós…”124. Respecto a esto, cabe destacar que los obreros tenían el permiso del patrón para asistir grupalmente a estos acontecimientos125.

Todo esto, nos permite apuntar a ciertos elementos interesantes. Por una parte, las condiciones económicas de los obreros permitían que la sociabilidad surgida espontáneamente no se basara simplemente en compartir los espacios de marginalidad, sino que estos también tenían la capacidad de aportar sus propios recursos y convocar a otros para realizar el mismo acto, evidenciando que la realidad socioeconómica del obrero tomecino no era del todo adversa dentro de un contexto en que los ánimos sociales del país y la zona llegaban a su etapa de “mayor efervescencia” con largos movimientos huelguísticos126. Esto podría indicarnos que la realidad del obrero textil tomecino, no representaba del todo un escenario hostil y precario.

En este sentido, se resignifica la idea salazariana de sociabilidad popular, en la que los sujetos populares se movilizaban históricamente a través de los lazos de solidaridad127. Luego de vivenciar su crisis empresarial tendieron a aumentar las relaciones solidarias entre ellos128, es decir, que en los espacios en que se desarrollaba la vida común y ante situaciones críticas de subsistencia, las “relaciones transitorias de convivencia popular” entre los sujetos convirtieron estos escenarios en lugares de una rica y fuerte sociabilidad129. En esta perspectiva, podríamos acercarnos levemente a la idea de que la sociabilidad popular tomecina estaría aún en una etapa previa. Las condiciones materiales descritas en las páginas anteriores no ameritarían aún, respuestas más conjuntas y organizadas, pues no nos situamos en un contexto crítico, sino más bien, en el de un despegue económico con base en el desarrollo industrial. Para este periodo, este concepto en los obreros tomecinos, se vivencia en prácticas básicas y espontáneas de asociación y no necesariamente a una sociabilidad obrera consolidada, consciente y basada en una respuesta política propia de sujetos en resistencia, pues no se presentaban aún situaciones dramáticas de subsistencia. Si bien, los elementos contenidos en este breve análisis no permiten dar por zanjada esta idea, este planteamiento puede ser profundizado con mayores detalles en una futura investigación.

Por otra parte, los empresarios tempranamente comenzarán a desarrollar actividades paternalistas con los obreros lo que provocará que las posibles situaciones adversas mermen ante la figura de patrones cercanos. De este modo, las fiestas patrias de 1916 se habían celebrado con gran entusiasmo por parte de los obreros que compartieron con el mismo Werner un “abundante y espléndido almuerzo (…) amenizado con música de cuerdas”, lo que bajo la observancia de la prensa era la expresión tácita “del cariño y aprecio” que este les profesaba130. Por su parte el regidor Marcos Serrano aún sin la Sociedad Nacional de Paños, celebraba ese mismo día “en íntimo consorcio con la muchedumbre” destacando que ante una aristocracia “estirada”, este sabía “compartir las alegrías del alma popular”131. Las razones por la que estos referentes eran presentados como grandes próceres de la industria y la comunidad se sustentaba básicamente en las prácticas y políticas sociales que fueron desarrollando en la comuna y sus respectivos establecimientos fabriles; para Venegas y Morales estos invitaban a sus operarios a participar de una ‘comunidad’ y ‘familia’ al interior de las fábricas, con el fin de “transformar a los obreros textiles en sujetos disciplinados y moralizados como mano de obra”, permitiendo el surgimiento de un “Paternalismo Industrial” en Tomé132, a través de la entrega directa de casas o bien de subsidios de arriendo y los intentos por subsanar los graves problemas de higiene de estas. En este sentido, la Sociedad Nacional de Paños logró mantener cierta estabilidad entre sus trabajadores y conseguir el beneplácito de estos por medio de un trabajo responsable y constante. Por otra parte, Lota también experimentaba este fenómeno, pero los objetivos que perseguía se enfocaban más bien en el disminuir la radicalización política de los obreros y en inmiscuirse en la vida pública y privada de estos133, además de comprender que esta era “una de las pocas posibilidades de tener trabajadores permanentes y anclados a la actividad”134, lo que demostraba que acá el control se desarrollaba de una manera más compulsiva que en su par tomecino. Otro aspecto importante por destacar es que los beneficios sociales que Werner y Serrano desarrollaban en Tomé no estaban centrados netamente en sus núcleos de obreros, sino que estos se proyectaban en beneficio de la comunidad tomecina en general, rasgo que permitiría ampliar la labor paternalista de las industrias. Ya sabemos, también que los salarios del rubro textil estaban en mejor posición que los de los obreros del carbón, y básicamente por ser una actividad más sofisticada que la extracción del mineral, los obreros necesitaban un mayor grado técnico, lo que permitía subir el valor de estos, en contraposición del mundo minero donde la no especialización ampliaba la oferta de mano de obra y así el patrón tenía una mayor libertad para poner sus condiciones, utilizando el recurso del miedo como buen medio de control.

Por su parte, la educación y el fomento de la cultura en los obreros, se podía evidenciar ya en la segunda década del siglo, con la creación de escuelas superiores para hombres y mujeres, una Escuela Mixta n°12, propia del barrio Bellavista, además de una Escuela Mixta en Coroney, pueblo cercano a Tomé, con aporte directo de Edmundo Witting para su construcción135. A su vez, la creación de escuelas nocturnas desarrollará un importante espacio de educación y promoción, especialmente para obreras a cargo de la distinguida Emma Buston, quién destacará en la escena comunal especialmente en la educación obrera y femenina, con la fundación de la Organización Femenina de Salvación Nacional en 1917136. Además, el surgimiento de clubes deportivos, batallones infantiles y centros culturales propios de las fábricas, como el Centro cultural Marcos Serrano creado en 1922137, fomentará en los obreros el nacimiento de identidades propias como “serranistas”, “textiles” y más tarde como “fiapinos”. Con todo, la educación y el fomento cultural en los obreros tomecinos sigue constituyendo un tema para trabajar y profundizar en nuevos estudios.

En otra perspectiva, el desarrollo político de los obreros tomecinos comienza a verse en una serie de huelgas entre abril de 1919 y mayo de 1920, precisamente cuando el país vivenciaba una seguidilla de movimientos huelguísticos, como el de los profesores primarios de Santiago que se declararon en huelga por un aumento de sueldos en 1919, siendo la primera huelga de su género en Latinoamérica, además las organizaciones obreras, estudiantiles y políticas organizaron mitines en todo el país debido a la carestía de la vida y en Puerto Natales una huelga de miles obreros terminaba en masacre138. En este contexto, Tomé iniciaría recién, la ruptura con sus antiguos mecanismos reivindicativos, caracterizados por mantenerse dentro de “prácticas de vida tranquila y laboriosa”, acercándose más al concepto de Eduardo Devés de un “obrerismo Ilustrado”, austero, disciplinado y laborioso, respetuoso de la moral y las sanas costumbres139. No obstante, este movimiento definido como moderno por sus propios habitantes, logró convulsionar “a la población entera”, pero también fue un motivo de elogio en tanto que desde los inicios esta fue una manifestación pacífica donde las “causas políticas (…) lograron mover el elemento obrero de Tomé, formarlo en falange, hacerlo recorrer las calles y detenerse en la plaza pública para declarar con valentía sus aspiraciones”140. Posiblemente la primera irrupción de los obreros textiles en el ámbito político permitió que posterior a esta, los periódicos comenzaran a manifestar un evidente temor en torno al nuevo comportamiento que estaban presenciando, donde los principales responsables eran los llamados “agitadores populares”141. En este sentido, cuando en el país los obreros de distintos rubros se movilizaban masivamente y los climas de tensión aumentaban, en Tomé el escenario huelguístico estaba recién iniciando.

Cuando la región carbonífera se presentaba como “el escenario de conflictos económicos y laborales cada vez más agudos”142, los obreros de la fábrica Bellavista se habían declarado en huelga143. En las zonas del carbón estas huelgas significaron la búsqueda de mayores mecanismos de control por parte de los patrones llamados a “restaurar el orden social a largo plazo” combatiendo en “terreno la autoorganización obrera, su carácter y politización”144. En cambio, Carlos Werner aseguraba que la actitud de los obreros tomecinos en esta huelga había caído más bien “en una verdadera chacota, indigna de obreros que durante una larga serie de años no ha recibido de su patrón y propietario de la fábrica otra cosa que un cuidado verdaderamente paternal por el bienestar personal de todos ellos”145. Esta se habría originado por parte de los obreros exigiendo la restitución de las labores del fogonero José M. Espinoza despedido en circunstancias catalogadas de injustas, pero que, para el patrón, solo significaba un “pretexto para desligarse del compromiso contraído a fines del año pasado”146, periodo en que los obreros ya habían recurrido a una huelga. En este sentido, la respuesta patronal a estos sucesos no representó mayores aparatos de control, sino que devino más bien en un descrédito de ella, basado en la desorganización y los escasos mecanismos políticos utilizados por los obreros, como un “pliego anónimo de peticiones” o la respuesta masiva a la llamada espontánea del obrero despedido, además de una Federación insensata y poco seria147.

Siguiendo esta línea, podemos acercarnos a la idea de que Tomé aún no experimentaba un proceso completo de politización, si bien Werner mencionaba la existencia de una federación de obreros148 y los periódicos daban cuenta de la presencia de algunos partidos políticos, la predominancia no estaba en manos de la izquierda más radicalizada, sino que por el Partido Radical y el Partido Demócrata. Recién hacia 1934 la aparición del periódico “de las izquierdas” llamado “Renovación” y luego “Unificación” del Frente Popular, comenzarían a desligarse de los antes mencionados. Esto probablemente también responda al silencio de los periódicos tomecinos en torno a las huelgas. Por otra parte, antes del periodo mencionado no se leen otras noticias sobre movilizaciones, más que algunos reclamos específicos que ya hemos mencionado con anterioridad, esto nos permite inferir que en Tomé la frecuencia de huelgas es baja y hasta ahora solo responde a coyunturas específicas, como es el caso de 1920; no obstante, los datos recabados hasta ahora no permiten zanjar el tema, sino por el contrario, abrirlo a la posibilidad de estudios e investigaciones más específicas.

Ahora bien, luego de todos los aspectos tratados, la realidad tomecina de principios de siglo estaba vivenciando una transformación a través de una reconfiguración de sus relaciones sociales, conformándose como un núcleo urbano y mayoritariamente obrero que a pesar de experimentar condiciones materiales desfavorables, sus niveles de vida en base a salarios por encima de la media provincial y nacional, espacios de sociabilidad propios y circunstancias más favorables en lo laboral, permitieron que estos superaran la condiciones de “suburbanidad” y no se desarrollaran como guetos obreros sin posibilidad de conexión con el mundo urbano y por consiguiente con los demás actores sociales de la comuna. En este sentido, Tomé se forma como una comunidad que comparte ciertos valores destacados por Tönnies149, como la posesión de bienes comunes, la importancia de la espacialidad y el compartir un espacio “íntimo”150, o bien como la puesta en práctica de nuevos valores y costumbres a través del ingreso de la industria como lo describe Thompson151; pero no vivencia al proceso industrial como un agente disgregador que excluye y mecaniza al grupo social. Por el contrario, inserta en un proceso industrial exitoso, surge una comunidad que integra a los actores sociales, dentro de un espacio urbano, estableciendo un nuevo modelo de relaciones en un contexto nacional de Cuestión Social.

Identidad Tomecina

La definición de identidad no representa un debate zanjado, pero esto no ha excluido algunos consensos que permiten iniciar un análisis sobre la configuración de los sujetos en torno a estructuras. En este sentido, Luis Romero, sosteniéndose en la idea de Marx, indica que “los sujetos principales del proceso histórico se constituyen en el nivel de la estructura socioeconómica, en torno de las relaciones sociales de producción”152. En este aspecto, se pueden rescatar dos ideas primordiales para nuestro estudio, por una parte, el sujeto se configura socialmente, y, además, es impulsado por la estructura socioeconómica imperante. Una idea que nos aporta nuevos elementos la propone Pablo Artaza al decir que “la identidad, se construye en la autonomía, fruto de nuestra propia experiencia social y las representaciones que en torno a ella elaboramos, y relacionalmente, como parte de un campo de fuerzas en que se enfrentan comportamientos y discursos hegemónicos y contestatarios”153, lo que nos engloba en la idea macro de que “las identidades se constituyen en el marco de un campo social en relación con otras, o más exactamente, contra otras identidades”154 y que esta, a su vez, constituye una elaboración propia de los sujetos.

Sostenidos en estas ideas centrales y estimando los tres aspectos constitutivos de la identidad, según Jorge Larraín155, analizaremos la construcción de una identidad tomecina forjada a través de un proceso industrializador temprano y propiamente local.

El escenario económico de la comuna permitió tempranamente la asociación positiva entre industria y pueblo, de este modo ya en 1917 se leía en los periódicos que luego de “varios años de ausencia al pueblo donde hemos nacido, aquel pueblo de hace años, de construcciones antiguas nos es muy grato encontrar en él edificios que lo embellecen y lo hacen cambiar de aspecto rutinario de entonces”156. Del mismo modo, un año más tarde, las autoridades, mientras exigían la creación de nuevas obras para la comuna, afirmaban que los “numerosos establecimientos industriales” eran aquellos “que le dan vida” al pueblo157, y tan solo siete meses después, el regidor e industrial don Marcos Serrano, con plena certeza de los avances, indicaba que “el pueblo es el mejor testigo” para avalar las construcciones y transformaciones que la comuna estaba experimentando158. Todo esto evidenciaba que la efectiva transformación urbana de esos primeros años no pasó desapercibida por los ciudadanos y que al menos existía una primigenia convicción de que la industria era la responsable de esta. Probablemente esta década puede representar una etapa inicial en la conformación identitaria, desenvolviéndose como la primera toma de conciencia de elementos diferenciadores por parte de los tomecinos, no desarrollados aun plenamente en comparación en torno a un “otro”, sino más bien ensimismados en características sociales compartidas. Perciben el cambio interno, pero no dimensionando lo que este significa aún dentro de un contexto provincial y nacional.

Sin embargo, hacia la década del ’30, las fábricas textiles habían experimentado un destacado repunte luego de la crisis, las innovaciones urbanas estaban consolidadas, la construcción de poblaciones obreras se había masificado y apuntaban a un constante crecimiento. De este modo, Tomé había entrado a un verdadero proceso de transformación social. Mientras que el país se sumergía en un ambiente de derrota y pesimismo, luego que la Gran Depresión provocara que la producción industrial concluyera su ciclo expansivo159 y que la represión política que había adquirido una dimensión diferente y más profunda desde 1924160, deviniera en “agudos conflictos sociales y una reconstrucción de las fuerzas políticas”161 ocasionando el término abrupto del gobierno de Ibañez en 1931; Tomé parecía no sintonizar con la realidad nacional.

Los avances expuestos en periódicos y discusiones se convirtieron en logros, y prácticamente verdaderas proezas que todos los tomecinos creían haber materializado. Luego de enumerar todos los trabajos realizados en la comuna como la construcción del mercado modelo, de puentes que constantemente eran derribados por las crecidas de los ríos, la pavimentación de las principales calles de la comuna, e incluso el incesante trabajo por solucionar los problemas del barrio de Cerro Alegre, se concluía con la tajante afirmación de que la Junta de Vecinos se había “excedido a sí misma”162 en el esmero por el mejoramiento de la ciudad, e incluso, con evidentes aires de grandeza, no se expresaba temor para manifestar que “así como el gran Monroe preconizó en su célebre doctrina de derecho internacional aquel axioma: América para los americanos; nosotros digamos: Tomé para los ‘tomecanos’”163, mientras las autoridades degustaban de un placentero y orgulloso recorrido por las calles de la ciudad, donde, a juicio de la prensa, podía notarse “sin esfuerzo el inmenso progreso que ha alcanzado el embellecimiento y ornato del pueblo, con sus veredas enlozadas y sus puentes de concreto”164. En este sentido, el concepto de crecimiento y progreso al que aludían los periódicos, no significaba una iniciativa propiamente industrial, eso ya se había confirmado y se aceptaba tácitamente por la comunidad, en cambio, para esta segunda etapa se podía hablar de un “nosotros” partícipe, protagonista y constructor, pues habían sido las juntas de vecinos, las autoridades y en general los tomecinos los que podían caminar con orgullo y prestancia por sus calles, centrándose específicamente en la idea y proyección de sí mismos, necesario para generar un reconocimiento externo.

Un año más tarde, ante lo que probablemente sea una de las obras de mayor orgullo para los tomecinos de esta década, es decir la inauguración del Mercado Modelo, se suscitaron completas descripciones de sus espacios llenos de “belleza y extensión”, como la pescadería, las cocinas y lavatorios, asegurando que estas eran “cien veces superiores a las indecentes cocinas penquistas, con las cuáles, comparándolas, resulta un choque de estética irritante y desconsolador”. En este aspecto, se evidencia el surgimiento de la existencia del “otro” externo, con el que se miden, comparan, diferencian, e incluso superan. En este proceso se consolida el “nosotros”, al decir “que todos de consumo han cooperado para hacer del Mercado Modelo el primer establecimiento de su género en todos los puertos chicos de la República” 165.

Finalmente, la máxima expresión de conciencia y convicción se demostrará con la forma en que el editor de la noticia decide comenzar, pues este no titubea ni hace un preámbulo que ponga en segundo plano lo que están sintiendo todos: “Tomé está orgulloso”166.

Los buenos resultados de los últimos años permitieron que el sentimiento que rondara a los tomecinos fuera extremadamente optimista y con visión de futuro para un puerto al que creían “llamado a un porvenir grandioso no soñado”167. Esto posibilitó que en 1934 se acordara municipalmente pagar $1.500 al El Mercurio de Valparaíso para que editara un número sobre el progreso de Tomé168, el que finalmente se publicó un mes más tarde, y en el que se podía leer que Tomé era “el más bello rincón de la costa penquista” de “aspectos indudables de progreso urbano”, sellando el que esta es “la ciudad de la decencia”169. Lo que reforzaría la construcción de sí mismos en base a la existencia de un “otro”, ampliando la visión localista de Tomé e impulsándola a contextualizarse dentro de la escena nacional tal como se sentían, permitiendo, además, la evaluación de un “otro” que no representaba alguna amenaza para él. Por eso, en esta etapa podríamos situar la conformación de la identidad tomecina, basada en progreso, éxito y porvenir.

Conclusiones

Desde 1910 Tomé comenzó a demostrar a los ojos de los visitantes el rostro de una ciudad construida bajo una clara línea de bonanza, tanto en lo comercial e industrial. La diversidad de establecimientos fabriles y artesanales posibilitaron diseñar una comuna en torno a la industria y al flujo de dinero que estas comenzaban a representar. Especialmente las dos grandes industrias textiles vivenciarían para sí mismas una floreciente etapa productiva y juntas llevarían tempranamente al pequeño puerto hacia un periodo de gran progreso.

Este despegue industrial convirtió a la comuna en un foco de atracción para una nueva población que removería las bases sociales existentes, a través de una reconfiguración de sus relaciones sociales. De este modo, la comunidad tomecina se transformó en un núcleo urbano, mayoritariamente obrero con espacios de sociabilidad propios y circunstancias más favorables en lo laboral, lo que permitió que los diferentes actores sociales se integraran dentro de este proceso industrial exitoso, lo que posibilitó el surgimiento de una comunidad industrial.

La existencia de una estructura socioeconómica local de industrialización, con resultados positivos para las brechas de acumulación de los propios establecimientos, pero a su vez de la propia comunidad, permitió que la comuna se fuera configurando en torno a rasgos compartidos de éxito y progreso, dentro de un contexto caracterizado por ánimos de crisis y descontentos tras un fallido proyecto industrializador. En este sentido, no se posicionaron ante un “otro” amenazante que pusiera en riesgo su subsistencia, sino que reforzaría aún más la existencia del sentimiento de orgullo y autonomía, que se vería reflejado en la consolidación identitaria del tomecino hacia 1930.

Finalmente, todo este proceso demostrará que la gran particularidad de Tomé radica en su transformación temprana como ciudad industrial. Los lineamientos económicos clásicos del país lograron situar un proceso industrializador medianamente exitoso recién hacia la década del 40 y que se iría reforzando posteriormente, pero el pueblo tomecino escondido en un rincón de la costa norte del Biobío ya lo había iniciado tres décadas antes, lo que lo consolida como un caso particular de desarrollo industrial.

Cuando iniciamos nuestro trabajo apuntamos a la ruptura vivenciada entre el lazo “fábrica y pueblo”. Rehusándonos a creer que este quiebre fuera definitivo, pues había elementos aún no estudiados que podían volver a relacionarlos, enfocamos la investigación histórica a la historia del posible triunfo y no al excesivo gusto por la derrota, lo que nos permitió establecer no solo el nacimiento de este vínculo, sino las implicancias que tuvo para la comunidad, transformándola en una ciudad industrial exitosa con identidad propia, creada desde ellos y para ellos. Esto que han recibido como herencia a través de relatos de un pasado lejano, está en condiciones de seguir ampliándose y retroalimentándose con nuevos estudios, para que el conocimiento no vuelva a caer en un periodo de estancamiento y la identidad tomecina no se esconda nuevamente en el olvido.

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1Este trabajo es fruto del Seminario de Investigación “Historia social de los sectores populares en el Chile de la primera mitad del Siglo XIX”, impartido el primer semestre del año 2018 en la Universidad de Chile por el profesor Pablo Artaza, a quien agradezco profundamente su valiosa ayuda, paciencia y motivación, especialmente con las correcciones de este artículo.

2Cartes, Armando. Et al. 2012. Bellavista Oveja Tomé, una Fábrica en el Tiempo, Concepción, Ed. USS. P. 60.

3Pérez, Sebastián. Et al. 2010. Bellavista, Historia Oral de un Pueblo Industrial, Concepción, Memoria Bellavista, p. 133.

4Al respecto, entre los trabajos emanados en los últimos años sobre el rescate patrimonial podemos encontrar: Brito, Alejandra y Ganter, Rodrigo. “Disputas y Desafíos en torno al Patrimonio Industrial: El caso de la fábrica textil de Bellavista Oveja-Tomé. Chile”. En Álvarez, Miguel Ángel (ed.). 2017. Pensar y actuar sobre el patrimonio industrial en el territorio. CICEES, Gijón, Pp. 207-216; Brito, Alejandra et al. 2018. Industria y habitar colectivo. Editorial STOQ. Concepción; Ganter, Rodrigo y Brito, Alejandra. 2017. “Cartografías de lo cotidiano: usos, relatos y disposiciones del espacio en el contexto de la industria minera y textil del Gran Concepción (1940-1973)”. En Revista Austral de Ciencias Sociales, n°33, Pp. 37-57; Brito, Alejandra. 2018. “Memoria colectiva y construcción de territorio: auge y despojo de una cultura industrial. Los casos de la fábrica textil Bellavista-Tomé y la carbonífera Schwager en Coronel (1970-2007)”. En Izquierdas, n°42, octubre, p. 1-29.

5Véase los trabajos de Miranda, Rafael. 1926. Monografía geográfica e histórica de la comuna de Tomé. Tesis de optar al grado de Profesor de Estado en Historia y Geografía, Universidad de Chile; Rodríguez, Darwin. 2016. Tomé: Breve Historia. Tomé, Ed. Al aire Libro; Saavedra, Rolando. 2006. Visión histórica y geográfica de Tomé, Concepción. Ediciones Perpelén.

6Véase los trabajos de Navarrete, Anibal. 2009. Consecuencias de la instauración del sistema neoliberal en los trabajadores del Sindicato N° 1 de Textil Bellavista Oveja Tomé, 1976-1986, Concepción. Cuadernos de historia marxista, Nº 2, pp. 23-75; Inostroza, Gina. 2009. El Proceso de Industrialización en Chile y su impacto en la Provincia de Concepción, en especial al interior del Sector Industrial instalado en las comunas de Concepción, Tomé y el poblado de Chiguayante, en Cuadernos de Historia Marxista Año I, n°2, Junio. pp.73-151; Cartes Armando et al. 2012. Bellavista Oveja Tomé, una Fábrica en el Tiempo, Concepción, Ed. USS.; Pérez, Sebastián. Et al. 2010. Bellavista, Historia Oral de un Pueblo Industrial, Concepción, Memoria Bellavista.

7Salazar, Gabriel. 2000. Labradores, peones y proletarios, Santiago, LOM Ediciones. p. 104.

8LA DIVISA, Año I, n°63, 5 de agosto de 1917.

9Miranda, Rafael. 1926. Monografía geográfica e histórica de la comuna de Tomé. Tesis de optar al grado de Profesor de Estado en Historia y Geografía, Santiago, Universidad de Chile, p. 47.

10Mazzei da Grazia, Leonardo. 2015. Estudios de Historia Económica Regional del Biobio, Concepción, Ediciones del Archivo Histórico de Concepción, p. 233.

11Ibíd., p. 234.

12Miranda, Rafael. 1926. Monografía geográfica e histórica. p. 51.

13Ibíd., p. 52.

14Ibíd., p. 54.

15LA DIVISA, I, n°41, 17 de mayo de 1917

16Matus, Mario. 2012. Crecimiento sin desarrollo, Santiago, Ed. Universitaria, p. 330.

17Oficios recibidos de la Gobernación de Coelemu, del 7 de abril de 1915. En Archivo Nacional de Santiago, Intendencia de Concepción, en adelante ANS, IC. Volumen n° 1425, 1915.

18Sesión Extraordinaria del 18 de diciembre, 1918, foja 91. En Archivo Nacional de Santiago, Municipalidad de Tomé, en adelante, ANS, MT. Volumen n°2, 1918.

19LA DIVISA, I, n°14, 17 de diciembre de 1916.

20EL PALACISTA, N°2, 12 de diciembre de 1928, pp. 3-4.

21ANS, IC, Volumen n° 1514, 14 de mayo de 1918.

22Miranda, Rafael. 1926. Monografía geográfica e histórica. p. 45.

23Ibíd., p. 45.

24Ibíd., p. 100.

25Anuario Estadístico de la República de Chile, 1925. Vol. X. Comercio Interno. I. Comercio de Cabotaje. 1. Valor de Cabotaje en los años de 1922 a 1925 inclusive, por puertos. P.1. De ahora en adelante. AECH.

26Carmagnani, Marcello. 1998. Desarrollo Industrial y Subdesarrollo económico, Santiago, DIBAM, p. 44.

27Ídem.

28Palma, Gabriel. 1984. “Chile 1914-1935: De economía exportadora a sustitutiva de Importaciones”, en Estudios CIEPLAN, N°12, Santiago, pp. 61-88.

29Ibíd., p. 83.

30Pérez, Sebastián. 2010. Bellavista, Historia Oral. p. 17.

31Cartes, Armando et al. 2012. Bellavista Oveja Tomé, p. 30.

32LA DIVISA, Año II, n°118, 17 de febrero de 1918.

33Saavedra, Rolando. 2006. Visión histórica y geográfica de Tomé, Concepción, Ediciones Perpelén, p. 111.

34Ibíd., p. 117.

35Pérez, Sebastián. 2010. Bellavista, Historia Oral. p. 16.

36LA DIVISA, I, n°11, 26 de noviembre de 1916.

37Miranda, Rafael. 1926. Monografía geográfica e histórica. p. 58.

38AECH, 1917. Vol. 9. Industria Manufacturera. N°26. Número de establecimientos clasificados según el número de operarios ocupados, detalle por industrias. P.84.

39Miranda, Rafael. 1926. Monografía geográfica e histórica. p.61.

40Elaboración propia basada en la información de los Anuarios Estadísticos de la República de Chile entre 1913 y 1917.

41Rojas, Jorge. 2010. Historia de la infancia en el Chile republicano, Santiago, JUNJI, p. 219.

42LA DIVISA, I, n°5, 15 de octubre de 1916.

43AECH, 1917. Volumen IX, Industria Manufacturera. Costos de Producción, detalle por industrias, p. 40.

44Para el cálculo del jornal de obreros y el sueldo diario de empleados se utilizó la media expuesta por el Profesor Mario Matus en Crecimiento sin desarrollo, p. 170, según los cálculos del apartado de la p. 155.

45AECH, 1920. Volumen IX, Industria Manufacturera. Costos de Producción, detalle por industrias, p. 40.

46Matus, Mario. 2012. Crecimiento sin desarroll,. 176.

47Archivo Privado de Fábrica Bellavista Oveja Tomé. “Libro de Registro de Operarios 1909-1929”, Juan de D. Mella. P. 156. En adelante, APBOT, Libro de Registro.

48Archivo Privado de Fábrica Bellavista Oveja Tomé. “Papeleta de Registro de Obreros”, Fichas de obrero, n°8804, Juan Rivera Palmilla. En adelante, APBOT, Papeleta de Registro.

49APBOT, Libro de Registro, pp. 32-235. Solo están considerados quienes tienen registro del jornal que percibían al momento de su ingreso a la fábrica.

50AECH, 1917. Volumen IX, Industria Manufacturera. Costos de Producción, detalle por industrias, p. 40.

51APBOT. “Convenio” con la Fábrica Nacional de Paños Bellavista. Fichas de obreros, n°2, Pedro Fessia Pozzallo.

52APBOT. “Convenio” con la Fábrica Nacional de Paños Bellavista. Fichas de obreros, n°13-2, Hans Graser.

53Matus, Mario. 2012. Crecimiento sin desarrollo, p. 334.

54LA DIVISA, I, n°111, 24 de enero de 1918.

55LA DIVISA, I, n°31, 12 de abril de 1917

56Miranda, Rafael. 1926. Monografía geográfica e histórica, p. 38.

57Ibíd., p. 57.

58LA DIVISA, I, n°11, 26 de noviembre de 1916

59Miranda, Rafael. 1926. Monografía geográfica e histórica, p. 57.

60Inostroza, Gina. 2009. “El Proceso de Industrialización en Chile y su impacto en la Provincia de Concepción, en especial al interior del Sector Industrial instalado en las comunas de Concepción, Tomé y el poblado de Chiguayante”, en Cuadernos de Historia Marxista Año I, n°2, Junio, Concepción, p. 117.

61Ibíd., p. 108.

62AECH, 1913. Vol VIII: Industrias. Resumen General de los valores que representan las industrias. Materia Prima, p. 21.

63AECH, 1917. Costos de Producción, detalles por industrias, p. 40.

64Cartes, Armando et al. 2012. Bellavista Oveja Tomé, p. 73.

65Ibíd., p. 69.

66Revista ZIG-ZAG, Año V, n°210, 27 de febrero de 1909, p. 23.

67Inostroza, Gina. 2009. “El Proceso de Industrialización en Chile”, p.114.

68Miranda, Rafael. 1926. Monografía geográfica e histórica. p. 61.

69Revista ZIGZAG, Año V, n°203, 9 de enero de 1909, p. 9.

70LA DIVISA, I, n°3, 1 de octubre de 1916

71Carmagnani, Marcello. 1998. Desarrollo Industrial y Subdesarrollo económico, p. 130.

72Municipalidad de Tomé. V.2. S. Ordinaria del 6 de junio de 1918, foja 47. De ahora en adelante AMT.

73ANS, MT, Volumen n°2, Junta de Pavimentación del 4 de julio 1919.

74Venegas, Hernán y Morales, Diego. 2017. “Un caso de Paternalismo Industrial en Tomé”, en Historia n°50, Vol I, enero-junio, pp 273-302.

75ANS, MT, Presupuestos anuales entre 1919-1925. Contenidos en el Volumen n°2.

76ANS, MT, Volumen n°2. Presupuesto municipal para el año 1920. foja 161.

77AVANZAD, Año II, 18 de septiembre de 1920. Tomé.

78Ibíd., 29 de agosto de 1920.

79ANS, MT, Volumen n°2. Sesión Ordinaria del 14 de septiembre de 1922, foja 321.

80ANS, MT, Volumen n°3. Sesión Ordinaria del 11 de noviembre de 1929, foja 176.

81ANS, MT. Volumen n°3. Sesión Ordinaria del 27 de agosto de 1928, foja 118.

82ANS, MT. Volumen n°3. Sesión Ordinaria del 13 de agosto de 1928, foja 114.

83Miranda, Rafael. 1926. Monografía geográfica e histórica. p. 93.

84ANS, IC, Volumen n°1425, 7 de abril de 1915.

85LA DIVISA, I, n°27, 18 de marzo de 1917

86LA DIVISA, I, n°20, 28 de enero de 1917.

87ANS, MT, Volumen n°2. Sesión Ordinaria del 25 de abril 1918, Foja 18.

88ANS, MT, Volumen n°2. Sesión Extraordinaria del 18 de diciembre de 1918, foja 120.

89ANS, MT, Volumen n°2. Sesión Ordinaria del 6 de junio de 1918, foja 46.

90ANS, MT, Volumen n°2. Sesión Ordinaria del 24 de mayo de 1918, Foja 41.

91LA DIVISA, I, n°41, 17 de mayo de 1917.

92Miranda, Rafael. 1926. Monografía geográfica e histórica, p. 69.

93Ibíd., pp 76-80.

94ANS, IC, Volumen n°1514, 3 de agosto de 1918.

95ANS, IC, Volumen n°1514, 11 de junio de 1918.

96Instituto Nacional de Estadísticas de Chile (INE), Censo General de 1907.

97Instituto Nacional de Estadísticas de Chile (INE), Censo General de 1920.

98Instituto Nacional de Estadísticas de Chile (INE), Censo General de 1930.

99Folchi, Mauricio. 2007. “La higiene, la salubridad pública y el problema de la vivienda popular en Santiago de Chile (1843-1925)”. En López, Rosalva. Perfiles Habitacionales y Condiciones Ambientales, p. 371.

100Grez, Sergio. 1995. La Cuestión Social en Chile. Ideas y debates precursores, Santiago, DIBAM, p. 9.

101Hidalgo, Rodrigo. 2002. “Vivienda social y espacio urbano en Santiago de Chile”, en Revista Eure, Vol. XXVIII, Nº 83. Mayo, p. 91.

102Ibíd., p. 104.

103Deshazo, Peter. 2007. Trabajadores Urbanos y Sindicatos en Chile, Santiago, DIBAM, p. 99.

104Brito, Alejandra et al Ed. 2018. Industria y habitar colectivo. Concepción, Editorial STOQ, p. 50.

105LA DIVISA, I, N°25, 15 de octubre de 1916.

106Pérez, Sebastián. 2010. Bellavista, Historia Oral, p. 21.

107Cartes, Armando et al. 2012. Bellavista Oveja Tomé, p. 41.

108Brito, Alejandra. 2018. “Memoria colectiva y construcción de territorio: auge y despojo de una cultura industrial. Los casos de la fábrica textil Bellavista-Tomé y la carbonífera Schwager en Coronel (1970-2007)”. En Revista Izquierdas, n°42, octubre., p. 9-11.

109Venegas, Hernan y Diego Morales. 2017. “Un caso de paternalismo Industrial”, p. 277.

110Ibíd., p. 278.

111ANS, IC. Volumen n°1943. Memoria de 1930, 25 de febrero de 1931.

112LA VERDAD, N°67, 29 de enero de 1933.

113PLUMADAS, N°11, 11 de marzo de 1933.

114APBOT, “Contrato de Trabajo” en la Sociedad Nacional de Paños de Tomé, Fichas de obreros, n°533, Julio Silva Urra.

115Venegas, Hernan y Diego Morales. 2017. “Un caso de paternalismo Industrial”, p. 282.

116LA PRENSA, Año II, n°107, 16 de marzo de 1936.

117LA VERDAD, N°62, 11 de Diciembre de 1932.

118PLUMADAS, N°11, 11 de Marzo de 1933.

119ANS, MT, Volumen n°3. Sesión Ordinaria del 18 de abril de 1931, fojas 240-241.

120LA DIVISA, I, n°70, 30 de agosto de 1917

121LA DIVISA, I, n°6, 22 de octubre de 1916.

122LA VERDAD, Año I, n°23, del 7 de febrero de 1932.

123LA DIVISA, Año I, n°3, 1 de octubre de 1916.

124LA PRENSA, Año I, n°11, 19 de mayo de 1934.

125ANS, IC, Volumen n°1589. Respuesta de Carlos Werner al petitorio obrero. 10 de junio de 1920.

126Venegas, Hernán. 1997. “Crisis económica y conflictos sociales y políticos en la zona carbonífera”, en Contribuciones científicas y tecnológicas, área Cs. Sociales y Humanidades, n°116, noviembre, p. 128.

127“Tejido solidario por el que circula su poder histórico…”; Salazar, Gabriel. 2002. Labradores, peones y proletarios, p. 10.

128Ibíd., p. 139.

129Garcés, Mario. 2003. Crisis Social y Motines Populares en el 1900, Santiago, LOM Ediciones, p. 50.

130LA DIVISA, I, n°2, 24 de septiembre de 1916.

131Ídem.

132Venegas, Hernan y Diego Morales. 2017. “Un caso de paternalismo Industrial”, p. 277.

133Venegas, Hernán y Morales, Diego. 2014. “El despliegue del paternalismo industrial en la Compañía Minera e Industrial de Chile”, en Historia Crítica n°58, octubre-diciembre, pp. 117-136.

134Venegas, Hernán. 2015. “Políticas de bienestar y control social en la minería del carbón, en Revista Atenea I Semestre, n°511, p. 226.

135LA DIVISA, I, N°7, 29 de octubre de 1916.

136LA DIVISA, I, n°73, 9 de septiembre de 1917.

137Venegas, Hernan y Diego Morales. 2017. “Un caso de paternalismo Industrial”, p. 299.

138Ortiz, Fernando. 2005. El Movimiento Obrero en Chile, Santiago, LOM Ediciones, pp. 180-181.

139Salazar, Gabriel y Pinto, Julio. 2014. Historia Contemporánea de Chile, Vol 2, Santiago, LOM Ediciones, pp. 115-116.

140AVANZAD, I, 4 de mayo de 1919.

141AVANZAD, 25 de octubre de 1919.

142Venegas, Hernán. 1997. “Crisis económica y conflictos sociales”, p.133.

143ANS, IC, Volumen n°1589. 25 de mayo de 1920.

144Morales, Diego. 2016. “Crisis de autoridad patronal y el surgimiento de la Federación del Trabajo en Lota”. En Videla, Venegas y Godoy, El Orden Fabril, Valparaíso, Editorial América en Movimiento, p. 136.

145Ibíd., 26 de mayo de 1920.

146Ídem.

147Ibíd., 10 de junio de 1920.

148Ídem.

149Tönnies, Ferdinand. 1947. Comunidad y sociedad, Buenos Aires, Ed. Losada.

150Liceaga, Gabriel. 2013. “El concepto de comunidad en las ciencias sociales latinoamericanas”, en Cuadernos Americanos, n°145. 2013/3, México, pp.60-61.

151Thompson, Edward. 1995. Costumbres en Común, Barcelona, Crítica.

152Romero, Luis. 1990. “Los sectores populares urbanos como sujetos históricos”, en Proposiciones, n°19. Santiago, p. 270.

153Artaza, Pablo. “Movilización y asociatividad popular: dos facetas del papel de la clase en la configuración de la Identidad Pampina, en Travesía, n°10-11, 2008-2009, p. 48.

154Romero, Luis. 1990. “Los sectores populares urbanos, p. 277.

155Larraín, Jorge. 2001. Identidad Chilena, Santiago, LOM Ediciones, pp. 25-28. Los tres aspectos constitutivos de la identidad según el autor son en primer lugar, que los individuos se definen a sí mismos y se identifican con ciertas cualidades o categorías sociales compartidas, luego como segundo elemento, que esto repercute en la proyección de sí mismos, convirtiéndose en una manera de obtener reconocimiento, y finalmente que la construcción de sí mismos supone la existencia de “otros”, la forma de relacionarnos con esos “otros” y su evaluación hacia nosotros.

156LA DIVISA, I, n°41, 17 de mayo de 1917.

157ANS, MT, Volumen n°2. Sesión Extraordinaria del 18 de diciembre de 1918, foja 94.

158ANS, MT, Volumen n°2. Junta de pavimentación del 4 de julio de 1919, foja 139-142.

159Ortega, Luis. 2012. “La crisis de 1914-1924 y el sector fabril en Chile”, en Revista Historia. N°45, vol. II, julio-diciembre, p. 440.

160Rojas, Jorge. 1993. La Dictadura de Ibañez y los Sindicatos, Santiago, DIBAM, p.23.

161Barría, Jorge. 1973. Chile Siglo XX, Santiago, Ed. Prensa Latinoamericana, p. 82.

162LA VERDAD, Año I, n°1, 23 de agosto 1931.

163Ídem.

164Ídem.

165Ibíd., Año I, n°30, 3 de abril 1932.

166Ídem.

167Ídem.

168ANS, MT, Volumen n°3. Sesión Ordinaria del 21 de noviembre de 1934.

169EL MERCURIO de Valparaíso. Domingo 23 de diciembre de 1934, p. 94.

Recibido: Marzo de 2019; Aprobado: Junio de 2019

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