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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.40 n.4 Santiago oct. 2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272002000400003 

Rev Chil Neuro-Psiquiat 2002; 40: 307-20

 

Un marco de referencia nuevo para la psiquiatría: la
mente encuentra al cerebro. I. Los fundamentos
científicos y humanos

A New Framework for Psychiatry: Mind Meets Brain. I. Scientific and
Human Basis

Gustavo Figueroa

Background. Eric Kandel´s "A new intellectual framework for psychiatry" and "Biology and the future of psychoanalysis: a new intellectual framework for psychiatry revisited" are attempts to place psychiatry into the context of modern biology concerning the relationship of mind and brain. Objective. In a two-part series, Kandel´s interpretations of the nature of man and the academic psychiatry are reviewed. Method. To inquire into the realm in which "mind and brain" originates, i.e., the project conceived beforehand that allows to take beings as objects for science. Results. Psychiatry encounters only what its kind of representation has admitted in advance as a possible object, i.e., I, subject, person, consciousness, man. Even the metaphysical conception of man as a rational animal fails to take into account the relationship of man´s essence to Being. It is this comprehension of Being that most profoundly characterizes man for Heidegger: the Dasein (There-being). The essence of Dasein lies in its existence. Conclusions. Psychiatry as a science always starts from presuppositions which psychiatry itself can never justify scientifically. Psychiatry makes man appear only in that kind of objectivity which is constituted and maintained by the various scientific objectivations.

Key words: mind and brain, philosophy of mind, biological framework, Dasein's analysis

Fundamentos e historia de la psiquiatría en
Kandel

Con el cambio de siglo se ha consolidado la tendencia que venía imponiéndose con arrolladora fuerza los últimos 30 años. La psiquiatría se está transformando de un arte práctico en una disciplina científica basada en las neurociencias que va camino a una biología molecular (1). Con razón se puede plantear un cambio de marco de referencia antes que de un nuevo paradigma o matriz disciplinaria (2): aún no se cuenta con un modelo bien formulado que entregue una teoría sistemática e integradora que permita hacer predicciones certeras para los problemas más fundamentales, aunque se camina con paso seguro en esa dirección estricta (3). Además, la filosofía de la mente, las ciencias cognitivas, la neurobiología molecular, genética y evolutiva, la terapéutica basada en la evidencia son expresiones de que entramos en el milenio de la mente, cerebro y conducta con una visión materialista y no reductivista, finalmente superando el dualismo cartesiano penetrante que constituía "un estigma y la expresión de nuestra ignorancia acerca de la enfermedad mental"(4).

Especial resonancia han tenido las propuestas de Eric Kandel por provenir de un psicoanalista que giró a la neurobiología de la memoria alcanzando el Premio Nobel de Medicina y Fisiología del año 2000 junto a A. Carlsson y P. Greengard. En dos densos artículos recorre el desarrollo histórico de la psiquiatría durante el siglo XX que recién al término está recuperando "sus abandonadas raíces en la medicina biológica y experimental,.. para preocuparse del cerebro como el órgano de la actividad mental", para a continuación "esbozar los comienzos de un nuevo marco de referencia intelectual para la psiquiatría que deriva del pensamiento biológico actual sobre la relación mente y cuerpo" y que es central para la teoría de la ciencia, modo de resolver los dilemas clínicos y enseñanza de los futuros especialistas (5, 6). En cinco principios condensa los nuevos fundamentos que están a la base de la neuropsiquiatría biológica científicamente concebida, y que le permitirán responder problemas ubicados en su propio nivel (diagnóstico y tratamiento de las enfermedades mentales) así como proponer cuestiones conductuales que la biología podrá encarar empíricamente para entender realísticamente los procesos mentales superiores (5). Como lo enseña gráficamente la ingeniosa portada histórica de mayo del 2001 de The American Journal of Psychiatry, las proposiciones de Kandel representan la máxima que persigue la actual psiquiatría de "la mente encuentra al cerebro".

No sólo la autoridad intelectual de Kandel sino, sobre todo, la riqueza conceptual de su visión de la psiquiatría, del enfermo mental y de la formación de especialistas ha despertado comentarios y críticas del más variado tono y alcance (7). Su respuesta maciza se concentró en aplicar estas cinco tesis pertenecientes al pensamiento biológico acerca del funcionamiento del cerebro sobre la mente a ocho áreas comunes con el psicoanálisis para, además de ayudar a elaborar un psicoanálisis biológicamente fundado, entregar una explicación abarcativa de la mente, que exceda la psiquis enferma: naturaleza de los procesos inconscientes, naturaleza de la causalidad psíquica, causalidad psíquica y psicopatología, experiencia temprana y predisposición a la enfermedad mental, preconsciente e inconsciente en relación a la corteza frontal, orientación sexual, psicoterapia y cambios estructurales en el cerebro y, finalmente, la psicofarmacología como una colaboradora del psicoanálisis (6, 8). De ahí provienen las inquietudes e interrogantes que impulsan a nuestro trabajo que, a diferencia de los anteriores comentadores, va más allá de los datos positivos y hechos experimentales para intentar preguntarse por los principios que están detrás sustentando sus estudios y conclusiones. Lo que sucede es que Kandel da por sentado algunas hipó-tesis (literalmente, aseveraciones por debajo) que determinan por adelantado todo su argumentar y proceder.

Nos limitaremos a dos cuestiones a pesar de no ser las únicas, pero quizás las más decisivas. Por un lado, la moderna neurobiología con su noción de una mente que es un "rango de funciones llevadas a cabo por el cerebro"(5), contiene en sí una serie de presupuestos metafísicos de un alcance considerable que es necesario, aunque no sea negar, por lo menos investigar con más detenimiento para visualizar sus principios, especialmente cuando se reduce, sin mayor cuidado, "a la psicopatología a cumplir con su principal objetivo, esto es, la captura de información sobre la neurobiología de los síntomas mentales" (9). Por otra parte, la ciencia de la psiquiatría tiene una historia bastante más compleja y multifacética que la reseñada por Kandel. Se puede fácilmente aceptar que el propósito del autor no era entregar una visión genética acabada de la psiquiatría y que sus acotaciones, aun las anécdotas personales, servían para ejemplificar de manera sinóptica el hilo conductor que está a la base de la especialidad durante el siglo XX. Pero debajo de la concepción de Kandel se esconde un modo de entender la historia que aparece como digno de ser puesto en entredicho: que el nuevo marco de referencia es de tal manera original que no se desprende del momento histórico sino de manera colateral o no esencial (una variedad de ahistoricismo tan corriente en la ciencia, en especial después del neopositivismo de Hempel que estudia la verdad de los hechos empíricos independiente de la historia) (10), y, además, que lo creativo se gesta y se circunscribe al ámbito americano (el psicoanálisis y Freud se mencionan en tanto se desarrollan en Norteamérica, en una suerte de provincianismo triunfalista que se delata en la nacionalidad de los autores citados).

Desde ya hay que tener presente que ambos cuestionamientos ­el sentido conceptual y el sentido histórico­ se refieren a la manera cómo la actual neurociencia cognitiva problematiza y entiende los fenómenos empíricos de base neural, y con ello en último término, la naturaleza del ser humano. Nuestra pesquisa no se mueve por tanto en el plano de lo empírico sino de aquello que permite que lo empírico sea posible, y, así, nuestras respuestas se circunscribirán a los fundamentos que dirigen tanto el teorizar como el actuar al interior de la psiquiatría y no a los hallazgos específicos de la ciencia presentados por Kandel. Esto significa abandonar las realidades descubiertas por la psiquiatría y penetrar en el nivel de las razones primeras que permite que existan esas realidades y la psiquiatría misma. No se trata, pues, de ciencia sino de reflexión, que versa sobre el modo de des-cubrir y la naturaleza última de lo descubierto en el ámbito de la neurociencia biológica.

La fertilidad y trascendencia para el futuro de la psiquiatría de las palabras de Kandel hace indispensable examinarlas con detalle y precisión para evitar caer en generalizaciones vagas que no estén a la altura de la sutileza de sus razonamientos y conclusiones. Por ello la presente investigación se dividirá en dos partes independientes pero, conceptualmente, interconectadas íntimamente. En la Parte I se considerarán los "fundamentos científicos y humanos" y en la II los "fundamentos históricos".

Para evitar las malas interpretaciones sintetizamos nuestras conclusiones que iremos desarrollando in extenso en los siguientes dos artículos: Kandel no plantea un marco de referencia nuevo ni en el plano conceptual ­la idea de ser humano y de ciencia psiquiátrica provienen de la metafísica de la Edad Moderna que desde el siglo XVII habla de un su-jeto que conoce a un ob-jeto a través de re-presentaciones­ ni en el histórico ­desde hace tres siglos la psiquiatría lucha por demostrar que los trastornos mentales están asentados en el cerebro­, por lo que ha llegado la hora de llevar a cabo un giro decisivo, y enfrentar al hombre psíquicamente enfermo desde una perspectiva en verdad nueva que trascienda el materialismo naturalista elevado a causa universal y des-vele, por ello, una "realidad radical" que se da a sí misma, es decir, que vaya a las raíces últimas del ser-humano y su conocimiento psicopatológico: su historicidad existencial o finitud.

Los principios de Kandel

Kandel revisa los distintos avances producidos en las ciencias neurales en los últimos decenios, tanto en la neurobiología como en la psiquiatría, para proponer, con esta base empírica potente, un nuevo marco de referencia que acerque ambas ramas científicas que permita una comprensión más profunda de las bases biológicas de la conducta. Este marco de referencia, continúa Kandel, "se puede resumir en cinco principios que constituyen, de forma simplificada, el pensamiento habitual de los biólogos sobre la relación de la mente hacia el cerebro"(5). Los principios se dejan enumerar de la siguiente manera: I) "Todos los procesos mentales, aun los procesos psicológicos más complejos, derivan de operaciones del cerebro"; (II) "Los genes y los productos de sus proteínas son determinantes importantes del patrón de interconexiones entre las neuronas en el cerebro y los detalles de su funcionamiento"; (III) "Los genes alterados no explican, por sí mismos, toda la varianza de una enfermedad mental grave dada"; (IV) "Las alteraciones inducidas en la expresión génica por el aprendizaje dan lugar a cambios en los patrones de las conexiones neuronales"; y (V) "En la medida en que la psicoterapia o la consejería son efectivas y producen cambios de largo plazo en la conducta, se presupone que lo hacen a través del aprendizaje, produciendo cambios en la expresión génica que altera la fuerza de las conexiones sinápticas y cambios estructurales que alteran el patrón anatómico de interconexiones entre las células nerviosas del cerebro"(5).

El marco de referencia planteado por Kandel busca explicar por igual a la psiquiatría como a las ciencias neurales, para "que configure la investigación en vistas a una comprensión más profunda de las bases biológicas de la conducta" (5). Se inscribe en el movimiento que desde la década de los 60 comienza a dominar Norteamérica después del auge del neopositivismo y de la filosofía del lenguaje, y que representa el encuentro entre la filosofía de la mente y las ciencias neuro-cognitivas (11). Por decirlo así, la investigación de problemas que habían sido terreno exclusivo de la filosofía ­la relación mente-cuerpo, la intencionalidad, la conciencia, el conocimiento de la interioridad del otro, la manera adecuada de hablar sobre los procesos mentales ­, empezaron a ser de la incumbencia de la ciencia y, por tanto, se les comenzó a analizar como cualquier otro fenómeno físico o biológico de la naturaleza (12). El giro crítico que puso en marcha el proceso provino de distintas ciencias (lingüística, inteligencia artificial, neurociencias, psicología cognitiva, teoría de los juegos, cibernética, teoría de la información, estructuralismo), aunque todas estaban movidas por un fundamento común, esto es, cualquier objeto puede ser materia de estudio de la ciencia si los conceptos que se elaboran a partir de él cumplen con la premisa de ser objetivamente contrastables con datos empíricos (13, 14). Utilizando una frase que se convirtió en distintivo de este modo de aproximación, las especulaciones cedieron el lugar a la investigación de los hechos objetivos porque las cuestiones filosóficas en última instancia son de naturaleza empírica (15). Mejor aún, las ciencias cognitivas y la filosofía de la mente designan el análisis científico moderno del conocimiento en todas sus dimensiones y niveles ya que tienen la clave para responder "si las preguntas que intrigaban a nuestros antepasados filosóficos pueden recibir una respuesta concluyente, o debe reformulárselas de una manera más provechosa, o desechárselas para siempre" (16). Las palabras del biólogo molecular Changeaux son expresión de la confianza casi ilimitada de este grupo de investigadores: "¡Después de Copérnico, Darwin y Freud, queda por conquistar el espíritu [mind]!", encontrar las relaciones causales entre esos ladrillos elementales que son las moléculas y otras funciones igualmente integradas orgánicamente como la percepción de lo bello o la creación científica (17). Por algo dijo Husserl que "acaso en toda la vida contemporánea no haya una idea más poderosa y cuyo avance sea más irresistible que la de la ciencia. Nada podrá trabar su marcha triunfal. De hecho, en lo que se refiere a sus objetivos legítimos, lo abarca todo"(18).

Conocidas las proposiciones y alcances del marco de Kandel, nuestro tema se puede circunscribir a dos aspectos: qué es la psiquiatría (y ciencias neurales) en tanto "ciencia moderna" y cómo se puede entender "la mente" humana (enferma y sana). En el fondo, se trata de la relación entre la razón y la realidad e, íntimamente interconectada, la esencia propia de nuestro modo de ser. Más bien dicho, cuáles supuestos están actuando detrás de ambos problemas y determinan implícitamente el marco de referencia y las afirmaciones de Kandel. Uno y otro se continúan con trabajos anteriores nuestros (19-21).

La psiquiatría como ciencia moderna

Ortega fue claro para mostrar que una cierta idea del ser [realidad] significa una previa noción del pensar: "... toda filosofía innovadora descubre su nueva idea del Ser gracias a que antes ha descubierto una nueva idea del Pensar, es decir, un método intelectual antes desconocido...., radicalmente distinto de los hasta entonces conocidos, aunque conserve tal o cual parte común con aquéllos" (22). La psiquiatría y las ciencias neurales son ciencia moderna porque su "modo de pensar" es fundamentalmente distinto de la ciencia antigua y, por ello, revela una realidad diferente, que va mucho más allá de si la actual es exacta y la anterior era imprecisa. La episteme griega averigua qué son "las cosas", cuál es el ser de las cosas que se manifiestan en el mundo. Por el contrario, la ciencia se afana por saber dónde, cuándo y cómo se presentan "los fenómenos" ­un "porqué" que siempre es un "cómo" que recae sobre un "quién" (23). Cuando Aristóteles se enfrentaba con el movimiento le interesaba el ente móvil, la condición de la cosa mudable, no por qué pasa de A a B o el despliegue o transcurso del movimiento; en otros términos, el movimiento como un modo de ser frente al movimiento como sucesión de estados distintos. De ahí también la idea de la realidad: la ciencia antigua daba por supuesto que los objetos consistían en sustancia (ousía), en tener ser, "tener un haber o realidad", existir sustantivamente siempre (no que duraran eternamente, sino que estaban por encima de un principio que los hacía posibles). En cambio, para la ciencia moderna, ser es acontecer, las cosas que hay en el mundo no interesan salvo para determinar que su transcurso obedece a leyes. Aristóteles investigaba las razones de las cosas, los modernos se interesan por las razones de su presentación objetiva (ratio essendi contrapuesta a ratio cognoscendi). Por ello el concepto de rigor científico es completamente diferente. Para el antiguo significaba la interna necesidad de las cosas, para el moderno es la precisión objetiva. "Mientras la episteme griega trata de penetrar en las cosas para explicarlas [desde sí mismas] ­afirma Zubiri­, la ciencia moderna trata, en buena parte, de sustituirlas por otras más precisas, la precisión objetiva ..., que se comportan relativamente a las primeras, como el límite a las fluctuaciones que a él se aproximan" (23). En la física ­que es la aspiración y el modelo hacia el cual tienden todas las otras incluida la psiquiatría­ la situación ha llegado a su culminación, porque la teoría física no tiene correspondencia de similaridad o identidad con el mundo objetivo, es decir, su contenido no tiene nada que ver con la Realidad de la cual nos habla, tan sólo permite predecir ciertos hechos reales, que son los experimentos; la similitud o presencia de la Realidad al pensamiento ha dado paso a un sistema imaginario intrateorético aunque inequívoco que es la experimentación, que prescinde de todo parecido. Además, finaliza Ortega, "la física no nos habla del "Ser real" sino del "Ser probable" y, a causa de este indeterminismo, el experimentador, al observar el hecho, no lo observa sino que lo fabrica, "hace la Realidad en lugar de conoce la Realidad" (22).

Las consecuencias son graves para el saber psiquiátrico que, como Kandel postula, ambiciona ir más allá del arte práctico (5), y Heidegger se ha encargado de colocar bajo una nueva luz la investigación psiquiátrica de acuerdo a las premisas recién analizadas (24). Como exponente de la ciencia contemporánea, la esencia de la psiquiatría es investigación (Forschung) y su característica no está sólo en el método, sino ante todo en la acotación por anticipado de un "campo" de conocimiento (25). Este campo delimitado y exactamente caracterizado ­"la vida psíquica en sus manifestaciones patológicas y, por tanto, sanas. Ella concibe esto desde la objetividad de la unidad corporal-espiritual-psíquica de todo el hombre"­ es un esquema, plano o escorzo de la realidad que pre-determina el método y la forma de conocimiento. El atenimiento a ese original proyecto previo (Vorentwurf) (que es un aprehender que siempre encuentra sólo lo que "su" tipo de representación ha admitido con anterioridad como objeto posible), es su pre-supuesto fundante y constituye el rigor de su investigación, y culmina con la elaboración de la ley, condición según la cual puede calcularse a priori el curso de un fenómeno mental (26). Heidegger reconoce que la psiquiatría también no sólo hace uso de las matemáticas sino que es mathémata aunque entendida en un sentido griego: todo lo que el psiquiatra puede conocer a priori en su objeto, en lo psíquico el psiquismo y en su cuerpo la corporeidad (27).

Así va quedando en claro que como psiquiatras partimos siempre dejando a nuestras espaldas precisamente aquello que constituye nuestro suelo originario, lo mental sensu stricto. Para despejar cualquiera duda que surge del acentuar la primacía del método, del procedimiento [psiquiátrico] sobre la realidad [psiquiátrica], Heidegger precisa que el ser de la ciencia actual radica en ser "teoría de la realidad". Las implicancias que se derivan de esta declaración hay que buscarlas recurriendo a la etimología alemana de ambas palabras. Por una parte, "la realidad" (Wirklichkeit) proviene de hacer o actuar (wirken). Lo real y actual es lo que hace acto de presencia, lo hecho presente (An-wesen). Pero esta plena presencia de lo presente que se muestra al mirar científico es ahora, a diferencia de los griegos que lo pensaban como un salir desde la ocultación desde sí misma (her-vor-bringen), lo que resulta de una operación o de un acto ­en el fondo, lo ex-traído por una actividad humana o ejecución de un sujeto. O sea, la realidad que se le adjudica a lo psíquico es un resultado (Er-gebnis), una secuela, una consecuencia, un efecto (Er-folg) creado por el hacer del investigador. "Lo conseguido en el hecho de tal hacer es lo efectivo (wirklich), lo cierto y lo seguro (lo que existe de hecho)", aclara Heidegger (25). O para decirlo con otras palabras, lo mental es la consecuencia o lo obtenido (das Erwirkte) como producto (das Herausgestellte) de un trabajo (leisten) de un neuropsiquiatra que lo logra por su acto de investigar. Por otro lado, también la psiquiatría es "teoría" y en tanto tal es contemplación (Betrachtung), que viene del latín tractare, obrar, elaborar. Tratar algo significa: ocuparse de algo, perseguirlo, ajustarlo para tenerlo seguro. "Según esto, continúa Heidegger, la teoría [psiquiátrica] como Betrachtung es el reelaborar ajustador y asegurador de lo real [psíquico]" (25). La frase voluntariosa de Max Planck de que "es real lo que se deja medir" dictamina lo que decide y qué debe valer en la ciencia, "el proceder ejecutivo-asegurador", que en el fondo es un calcular (berechnen); calcular no es sólo operar con números sino "contar con algo", hacerlo entrar y ajustarse a nuestros planes y designios.

La metafísica subyacente a las ciencias
neuropsiquiátricas

El epistemólogo Bunge estaría de acuerdo con la caracterización de la psiquiatría hecha en base al pensamiento de Heidegger y que, aparentemente, va en contra del sentido común que asume que la ciencia es un "espejo de la naturaleza" y que la razón científica refleja fielmente los sucesos del mundo (28). "Ya no se toman todos los datos por buenos ­dice Bunge­: corregimos la experiencia, adoptando promedios o medianas y eliminando los datos que parecen irrazonables ..., estamos más intolerantes o exigentes con los datos empíricos, pero más tolerantes para con las teorías" (29). Basta ya, acota Wilfred Sellars, con el "mito de lo dado" (30), o como dice más sutilmente Ortega, en vez de reflejar la Realidad se trata de "construir la Realidad" (22). Pero Heidegger da un paso más que es un suerte de giro de tuerca porque penetra en su razón de ser metafísica. El conocer propio de la neuropsiquiatría consiste en acercarse a lo mental para apresarlo y disponer de él a través de la representación. En contraste a la percepción tradicional de los griegos, la representación (Vorstellung) se distingue porque el neuropsiquiatra trae ante sí (vor-stellen) lo que está ahí y lo refiere a sí mismo como su ámbito y lugar propio. Lo investigado ­por ejemplo, los cambios de las interconexiones sinápticas consecuencia de la psicoterapia­, se resuelve en imagen y el investigador se trasmuta en escenario donde acaece la representación. "Es una y la misma cosa el hecho de que el mundo se transforma en imagen y que el hombre se convierte, en el plano del ente, en subjectum" (27). El investigar es una representación del investigador, en que simultáneamente son dados sujeto y objeto, sujeto como representante y objeto como representado. La certeza absoluta ­no lo verdadero­ resulta así ser el hecho del investigador (sujeto) que representa. Porque representar es poner el sujeto algo desde sí mismo y así asegurarse de ello; es calcular, contar y medir, constreñir y coaccionar, ya que es el único modo de poseer certidumbre a priori y constantemente. Este procedimiento de ataque a la realidad es aseguración, un seguro mental que aspira a ser un seguro total. La conexión dendrítica, por usar de nuevo nuestro ejemplo, no es lo que se presenta sino lo puesto delante, en-frente (Gegen-stehen), es la respuesta que el neurofisiólogo arroja al reto ­es lo ob-jetivo (lo que se lanza) para dominar y domar y, en este sentido, unificar.

Siempre hay que acentuar que en la representación el primer representado, fundamento de toda certeza, es el sujeto. Por eso y sólo por eso, pasa el investigador a ocupar el puesto de ente privilegiado que ostenta la primacía entre todo ente, esto es, entre todo lo cierto. La objetividad que de él emana ob-liga (zwingend) a todos, compromete a todos, es válida para todos; nadie ni nada se puede sustraer a la universal objetivación. "A la esencia de la subjetividad del subjectum y del hombre como sujeto pertenece la incondicionada delimitación del ámbito de toda posible objetividad y del derecho a decidir sobre ella" (25). La objetividad, que aquí se ha exasperado hasta su máximo, es una pura relación sujeto-objeto; el objeto queda asegurado como mera "existencia" (Bestand), como objeto de encargo, como existencia casi en sentido económico y comercial. Antes que un acatar sumiso y desasido o sereno y respetuoso (Gelassenheit) a la realidad (31), el científico pone ahora el métron, es la medida para medir y calcular todo lo que puede tenerse por cierto, por correcto, el juez que dictamina qué es "lo mental" o "lo psicológico" en nuestro caso.

La objetivación del mundo a estudiar (la mente) y la subjetivización del hombre (el neuropsiquiatra) iluminan la situación actual de la psiquiatría y las neurociencias y son expresión de lo que Ortega llamaba el "imperialismo de la ciencia", vale decir, el intento de subsumir la Realidad a sus exigencias constitutivas, la idea de manipular e intervenir para conseguir un mundo coincidente con el hombre [de ciencia]. "La Física [y la biología] son ocupaciones intelectuales consistentes en evitar conocer aquello de que se ocupan. Lo único que les interesa es averiguar desde qué suposiciones se puede construir una figura de las cosas que nos permita saber utilizarlas mecánicamente.... Es un saber que con el conocer apenas tiene nada que ver"(22). Pero en el bien entendido que la neuropsiquiatría moderna no es ni mera hechura humana ni pura imposición de lo real, ni simple constructivismo ni antiguo realismo, sino algo exigido una vez que lo representado ha adoptado la figura de objetividad: "[lo psíquico] se expone como lo real en su objetividad y, a unas con ello, la ciencia [psiquiátrica] llega a ser teoría que ajusta lo real y lo asegura en lo objetivo" (25). Zubiri afirma que la filosofía moderna, que está sustentando ocultamente a toda la ciencia, ha llevado a cabo cuatro sustantivaciones o entificaciones de la realidad, de las cuales nos interesan las del espacio y la conciencia (objetividad y psiquismo) (23).

Heidegger y Ortega nos permiten des-cubrir el entramado sostenedor de la ciencia actual ­y con ello de la neurociencia­, del pensar que da prioridad a la actitud calculadora, instrumental, clasificatoria, objetivadora, operacional, con tendencia a imponer el dominio del investigador y el poder del hacer sobre lo investigado. Heidegger sólo nos pone en guardia que la objetividad no pasa de ser "una" de las maneras posibles de hacerse presente la Realidad, pero no la incondicional y, sobre todo, no la fundamental sino marginal y, si nos atenemos a ella exclusivamente, desfiguradora de lo que se muestra, aún aniquiladora (Vernichtung) especialmente cuando se refiere a algo tan sutil como la intimidad del ser humano (27). Quizás requiera de una actitud complementaria frente a nosotros que es la de la in-utilidad que no nos somete a "cálculo", por ser lo in-calculable. Necesita de un "pensar meditativo" (Besinnung) que se ajuste a nuestra condición humana y la deje ser tal como ella es (sein lassen) ­que se contrapone al "pensar comprobador", im-positivo, verificante y provocador­, y con esto enlazamos nuestro segundo punto de disputa con Kandel.

La esencia del ser humano

Las precisiones de Heidegger sobre la psiquiatría valen por igual para todas las ciencias neurales: "En la objetividad de la psiquiatría se ex-pone en cada caso la existencia humana ya presente. El ser-humano (Dasein) en donde ex-siste el hombre en cuanto hombre, queda como lo inabarcable [o ineludible] para la psiquiatría" (25). En otros términos, Heidegger nos pone sobre la pista que las disciplinas neuropsiquiátricas han desplazado al "ser-humano" en tanto tal, pero éste será siempre lo ineludible (das Unumgängliche) en dos sentidos: 1) en cuanto que estas ciencias, lejos de conseguir suplantarlo o dejarlo a sus espaldas ignorado o como evidente de suyo que no necesita ser cuestionado, no pueden menos de remitir en último término a su presencia, y 2) en cuanto teoría con su universal objetivación, nunca podrán alcanzar la plenitud esencial del "ser-humano". Vale decir, la distancia que separa ambas concepciones ­filosófica y científica­ es de profundidad o nivel ontológico.

Pocas dudas caben que para Kandel el hombre es un animal racional que, al igual que los otros animales, está sometido a las leyes naturales propias de su ubicación en la escala zoológica. El "marco biológico" mecanicista Kandel lo expresa inequívocamente: "cuando un terapeuta habla con un paciente y el paciente escucha, el terapeuta no sólo hace contacto ocular y contacto vocal, sino la acción de la maquinaria neuronal en el cerebro del terapeuta produce un efecto indirecto y, uno espera, duradero, sobre la maquinaria neuronal en el cerebro del paciente, y probablemente, viceversa" (5). Esta relación indisoluble entre mente y cerebro, en el fondo, entre biología y todos los aspectos del comportamiento, sea individual, inter-personal y social, hace que "toda la sociología sea hasta cierto punto sociobiología; los procesos sociales deben reflejar, a algún nivel, las funciones biológicas"(5). Kandel parece así dar por superado el problema alma-cuerpo que ha teñido todo el pensamiento occidental a partir de la figura de Descartes y se desinteresa por entrar en los detalles de la contienda, quizás motivado por su decidido entusiasmo por la comprobación experimental antes que en la argumentación de alto vuelo pero sin base empírica. Postulamos que se decide, sin mencionarlo explícitamente, ya sea por un materialismo emergente, en que los determinantes mentales y sociales de la conducta obedecen y son consecuencia de un conjunto de funciones y actividades cerebrales emergentes, ya sea por un materialismo eliminativo de cuño biologicista en que las experiencias psíquicas son epifenómenos de procesos neuronales (32, 33); tan sólo en ciertas expresiones parece apuntar a un dualismo de propiedades, por tanto, sin afirmar la existencia de dos sustancias separadas, la mente y el cuerpo, reconoce que los estados conscientes tienen propiedades fenomenológicas específicas completamente irreductibles (34). La rotunda afirmación de Searle ­ahora se "prefiere la solución al problema mente-cuerpo antes que el problema a la solución", basado éste en "teorías inverosímiles de la mente"­, aunque es representativa de una determinada postura al interior de la cuestión, resume la atmósfera triunfalista en la cual se mueven actualmente las ciencias neurocognitivas anglosajonas, incluido por cierto Kandel, y que culmina en la desaprensiva sentencia: "El famoso problema mente-cuerpo, la fuente de tantas controversias durante los dos últimos milenios, tiene una solución muy simple. Esta solución ha estado al alcance de cualquier persona culta desde que empezaron a realizarse, hace más o menos un siglo, trabajos serios sobre el cerebro y, en un sentido, todos sabemos que es verdadera. Tal solución es la siguiente: los fenómenos mentales están causados por procesos neuropsicológicos del cerebro y son a su vez rasgos del cerebro.... [En este] "naturalismo biológico", los eventos y procesos mentales son parte de nuestra historia natural biológica en la misma medida en que lo son la digestión, la mitosis, la meiosis o la secreción de enzimas"(35).

Heidegger piensa contrariamente que el asunto no es nada de simple y que involucra a toda la metafísica desde sus orígenes en la Grecia misma. Mejor dicho, que el reducirlo a una interrogante como cualquiera otra ha sido el permanente mal entendido en que se vuelve a caer porque se da por supuesto que el hombre es un ente como todos los demás, quizás algo más complejo. "En principio se piensa siempre en el homo animalis, aun cuando se entienda el anima como animus sive mens, y después como sujeto, persona, espíritu. Este poner uno por otro es propio de la Metafísica. Pero, por esto, no es considerada a su altura la esencia del hombre, ni pensada en su procedencia, procedencia esencial que, para la humanidad histórica, siempre será su porvenir esencial. La Metafísica piensa al hombre desde la animalitas y no lo piensa hacia su humanitas" (36). Animal rationale es la traducción latina del zóon lógon ékhôn griego que supone una substantia que, a su vez, es la versión romana de la ousía helena, pero de un helenismo tardío que ya ha dado un paso decisivo pero irreversible hacia la entificación o la presencia (Anwesen) sin interrogarse por su esencia. "Al llamar 'hombre' al existente que se va a interrogar se le pone ya de antemano dentro de una determinada concepción categorial", dice Heidegger, y con tal "definición por pauta viene prescrita la descripción de una perspectiva determinada, sin que con ella se recuperen activamente, haciéndolos propios, los motivos originarios de tal perspectiva" (37). De manera comprimida, "la antropología es aquella interpretación del hombre que, en el fondo, ya sabe qué es el hombre y por eso no puede preguntarse nunca quién es. En efecto, si hiciera esa pregunta, tendría que declararse quebrantada y superada a sí misma"(36).

No se trata que "el hombre" no sea un ser bio-psico-social (38), ni una naturaleza viviente dotada de un espíritu, ni una persona, ni que su cuerpo animado (Leib) no sea algo fundamentalmente distinto al organismo (Körper) (39). Pero "que la fisiología y la química fisiológica puedan examinar científicamente al hombre como organismo, no es una demostración de que en lo "orgánico", esto es, en el cuerpo científicamente explicado, estribe la esencia del hombre"(36). La insuficiencia del biologicismo no se supera con encajar a lo corporal desde arriba el alma, y al alma, el espíritu; tampoco con predicar más fuerte desde abajo equiparándolo con citoesqueletos (40), redes neuronales u ordenadores complejos (41), o con la supuesta "refrescante" definición de la mind por parte de Crik como "la conducta de nuestros cerebros" (34); menos aún, con rechazar despectivamente la sugerencia de que el cerebro y la mente son entidades separadas ya que, "sin la menor duda", "el cerebro es la entidad"(7), porque todas estas concepciones pasan por alto algo previo y radical, su propio proyecto (Entwurf) científico que está a la base sostenido por una metafísica: por no cuestionárselo, dan por subentendida la "humanidad" inmanente al ser humano (36). He aquí el motivo de que, en lugar de hablar de hombre, persona, conciencia, yo, sujeto, psiquis, espíritu, mind, embodied mind (u otras similares que pertenecen a distintos períodos de la historia de la ontología occidental) (42), se acude a la palabra alemana Dasein que literalmente significa Ser-ahí y que, como tal, no refleja un contenido específico sino al "cómo" o "modo" en que se presenta en su propia esencia, es decir, que su naturaleza última es una pura relación-de-ser (Seinsbezug) (43). La peculiaridad frente a todos los entes reside en que es aquel ente que está abierto al ser, puesto ante el ser, referido al ser. O sea, en cada acción que lleva a cabo trata de ser de un modo u otro, cada acto lo ejecuta con vistas al ser que va a ser. Este "en vista de" es precisamente la comprensión de ser (Seinsverständniss) inherente al hombre mismo, la presencia (Da) del ser (Sein) en su ser. Pero el tener-que-ser (Zu-sein) de cierta manera implica que, en todo momento o circunstancia, tiene un modo posible de ser; él no se define por atributos, características, rasgos, o capacidades genéticas o adquiridas, sino por modos-posibles-de-ser o proyectos que él decide y, al decidirse, es. La existencia (Eksistenz) es así ocasional (jeweilig), tiene la cualidad de ser en cada ocasión de una u otra manera concreta y no para siempre, y esto lleva consigo la posibilidad de perderse o ganarse, de apropiarse de sí o huir de sí. Somos el único ente que puede ser, precisamente, lo que no es; mejor aún, habitual y regularmente "uno" (das Man) es otro que sí mismo, se está caído y olvidado de lo "suyo" (Jemeinigkeit) (44, 45).

Que "la mente" (the mind) encuentre por fin "al cerebro" es posible de plantear solamente después de haber atrapado técnica y calculadoramente al ser-humano (Dasein) como un ser-a-la-mano (Zuhandensein) (cuando estimulamos por medio de la palabra sus terminaciones nerviosas) o un ser-ante-los-ojos (Vorhandensein) (cuando medimos su nivel de serotonina circulante), categorías ambas que son el resultado de experiencias filosóficas pretéritas o pertenecientes a la modernidad. Esto es, ser-a-la-mano y ser-ante-los-ojos son categorías que se derivan y comprenden de contextos de referencia que no se ubican en nuestra raíz primera y no nos pertenecen en cuanto Dasein, ya que mientras todos los entes poseen "categorías" a nosotros nos son propios y peculiares los "existenciarios" (44).

En su disputa con el neurofisiólogo Changeux acerca de las relaciones entre lo mental y lo cerebral y en que éste abogaba por su superación definitiva acudiendo a una naturalización de la intencionalidad (somatización de la conciencia) y una física de la introspección (estados orgánicos internos del cerebro) porque representarían un trabajo de modelización, por tanto útil para ser operacionalizado con fines experimentales aunque con alcance ontológico, el filósofo Ricoeur se mostraba dubitativo de la posibilidad de construir un tercer discurso que pudiera mediar entre un discurso en tercera persona y un discurso interior: "en este momento, afirmaría que comprendemos lo que es un discurso psíquico y lo que es un discurso neuronal, pero que su relación es problemática porque no acertamos a inscribir su nexo en el interior de uno o de otro"(17). Pues bien, Heidegger recalca la insuficiencia metafísica de ambos planteamientos puesto que permanecen atrapados en el mismo nivel en que se ha movido toda la ciencia psiquiátrica moderna: conceptualizar al Dasein humano voluntariosa y unilateralmente por aquello que él no es ­por su ser mental y por su ser neural. Contrariamente a los que avalan las ciencias neurobiológicas, ya no nos podemos dar por satisfechos con las palabras del gran Spinoza en su Ética: "Analizaré las acciones y los apetitos de los hombres como si se tratara de líneas, de planos y de sólidos" (46), porque no son sino la continuación inexorable del programa propuesto por Descartes en El Hombre: "no hay que concebir en esta máquina [el hombre] ningún otro principio de movimiento y de vida más que su sangre y sus espíritus agitados por el calor del fuego que arde continuamente en su corazón, y que no es de naturaleza distinta a la de los fuegos que están en los cuerpos inanimados" (17).

La radicalidad de la vida humana

Ortega y Gasset asumió el desafío visionariamente bastante antes de entrar en vigencia el "hombre neuronal" (47) o la philosophy of the mind (11, 13, 14, 16, 40, 41) o el marco de referencia neurocognitivo (5) con sus debates sobre la inteligencia artificial y fenómenos de tercera persona (48-50), al hacer presente que lo que el hombre es para sí mismo es producto de "radicales actitudes interpretatorias" históricas que constituyen una serie de ensayos filosóficos, y que "cada nuevo nivel es un estrato más hondo ... desde el cual se ven los antecedentes por debajo de ellos" (22). Si la filosofía no se quedó en Descartes o Hume y la ciencia no se aferró a Newton o Einstein es porque esas experiencias, una vez desarrolladas, revelaron su insuficiente radicalismo. La misma pregunta hay que formularla a las corrientes psiquiátricas y neurocognitivas actuales: el nivel de su radicalismo. Y este cuestionamiento vale tanto para las teorías "verosímiles como inverosímiles de la mente", de acuerdo a la terminología de Searle, a los "fundamentos del materialismo moderno" como a su último vástago el "naturalismo biológico" (35).

Porque de esto se trata: ¿entienden al hombre desde sus raíces, desde aquello en donde están radicadas todas las concepciones y resultados sobre la condición humana mentalmente enferma? Hagamos una vez más presente que dudar de la radicalidad del pensar neuropsiquiátrico no es poner en cuestión la exactitud de sus hallazgos ni dar por inútiles sus afanes en busca del conocimiento objetivo. Ortega se dirige a lo originario y, así, no duda que lo primero es vivir y, luego, filosofar y hacer ciencia. "La vida humana es una realidad extraña ­dice el español­, de la cual lo primero que conviene decir es que es la realidad radical, en el sentido de que a ella tenemos que referir todas las demás, ya que las demás realidades, efectivas o presuntas, tienen de uno u otro modo que aparecer en ella" (51). Pero hay que hacer una distinción sutil pero decisiva, puesto que vida humana no es existencia biológica, ni psiquis funcionando al interior de un organismo, ni cerebro secretando la mente, ni siquiera hombre: "El hombre ­esto es, su alma, sus dotes, su carácter, su cuerpo­ es la suma de aparatos con que se vive, y equivale, por tanto, a un actor encargado de representar aquel personaje que es su auténtico yo" (52). O en frase más coloquial: "Ese yo que es usted, amigo mío, no consiste en su cuerpo, pero tampoco en su alma, conciencia o carácter", todos ellos no pasan de ser instrumentos u órganos, más próximos o más lejanos, con los que uno se ha encontrado y con los cuales hay que esforzarse en existir, indispensables en tanto funcionamientos mecánicos pero distintos de nuestro proyecto que somos (51). En términos precisos: "Usted no es cosa ninguna [cosa corporal o cosa psíquica], es simplemente el que tiene que vivir con las cosas, entre las cosas, el que tiene que vivir no una vida cualquiera, sino una vida determinada. No hay un vivir abstracto. Vida significa la inexorable forzosidad de realizar el proyecto de existencia que cada cual es. Este proyecto en que consiste el yo no es una idea o plan ideado por el hombre y libremente elegido. Es anterior, en el sentido de independiente, a todas las ideas que su inteligencia forme, a todas las decisiones de su voluntad" (52). La visión de Ortega nos sumerge por debajo de the mind y de las neurocogniciones y señala la raíz donde se asientan finalmente: las cosas siéndome y yo siendo a las cosas mientras ejecuto mi vida, es decir, mi vida como lo originario en tanto proyecto ineludible e intransferible.

Hacia el final de su vida Ortega y Gasset retomó sus pensamientos frente a un grupo de científicos que abogaban por un conocimiento del hombre más acorde con los avances de la investigación empírica. La respuesta es completamente atingente frente a las pretensiones imperialistas de las actuales neurociencias: "Si el sistema corporal del hombre es el mismo hoy y hace veinte mil años ­dice Ortega frente a los descubrimientos de la paleontología­, quiere decirse que el cuerpo [y el cerebro] no es lo humano en el hombre. Es lo que tiene de antropoide. Su humanidad, en cambio, no posee un ser fijo o dado de una vez para siempre" (53). Ya sabemos que desde Aristóteles se andaba en busca de lo permanente e inmutable de los seres frente al cambio y que éste lo bautizó como sustancia. Pues bien, esta sustancia ­o "naturaleza"­ "es el principio estable de las variaciones... En la ciencia contemporánea, ese principio invariable en toda realidad física [y biológica] se ha sutilizado hasta reducirse a la "ley". La ley, la ley natural, es lo que permanece y a la vez define las variaciones" (53). Pero "resulta que el hombre no tiene naturaleza: nada en él es invariable. En vez de naturaleza tiene historia, que es lo que no tiene ninguna otra criatura. La historia es el modo de ser propio a una realidad, cuya sustancia es, precisamente, la variación; por lo tanto, lo contrario de toda sustancia. El hombre es insustancial" (53). Lo que significa que la neurobiología está desencaminada si pretende hallar a lo humano último en los plexos neuronales que son, propiamente, natura o physis, según Aristóteles; o sea, sólo se topará con la especie natural Hombre de la que, paradojalmente, tuvo que extrañarse o distanciarse para llegar a convertirse en ser-humano propiamente tal: "Precisamente el hombre, no sólo es extraño a la naturaleza, sino que ha partido de un extrañamiento de ella" (54). La consecuencia es de proporciones: "Por eso el hombre es libre y... no por casualidad. Es libre, porque no poseyendo un ser dado y perpetuo no tiene más remedio que írselo buscando..., elegirlo y decidirlo él mismo" (53). Lo que no es igual a veleidad o voluntad antojadiza: "Ahora es y hace tal cosa, porque antes fue e hizo tal otra, para ser o hacer mañana otra tercera. Todo en él, pues, viene de algo y va a algo". Esto quiere decir proyecto-yecto.

Con estas palabras Ortega intenta superar la altura del pensar científico actual ­que responde al nivel metafísico moderno­ que concibe a la realidad como objetiva y trascender hacia otra realidad, una especie de zambullida en un diferente plano de radicalismo: donde el factum (las cogniciones o estructuras moleculares) se convierte en un faciendum (proyecto-de-vida) (55). "No hay, pues, más remedio que definir al hombre como un ser cuya realidad primaria y más decisiva consiste en ocuparse de su futuro. Esta ocupación por adelantado con lo que aún no es, sino que amenaza ser en el instante próximo, es, por tanto, pre-ocupación" (53). La vida humana como un faciendum es radical no porque sea algo absoluto o una verdad inmutable, sino simplemente porque en ella le es dado a cada cual, como presencia, anuncio o síntoma, toda otra realidad, incluido el cerebro y the mind, las redes neuronales y los inputs eléctricos, la inteligencia computacional y la maquinaria inmunoendocrinocelular.

Conclusión preliminar

El nuevo marco de referencia propugnado por Eric Kandel refleja tanto el clima como las corrientes más relevantes de la neurobiología psiquiátrica imperante. De ahí el profundo impacto y aceptación de sus principales postulados, conclusiones y perspectivas para el porvenir de la disciplina por parte de los investigadores y profesionales. De ahí también la necesidad de estudiar con armas adecuadas los cimientos en que se basan Kandel y la neurociencia actual, sobre todo cuando, de un modo apresurado, se da por suficiente que "las ciencias humanas estén embebidas en la cognición humana, donde sus ideas pueden ser puestas a prueba" para que se alcance la verdad, y, como corolario, se den ya por resueltas y superadas definitivamente las "insuficiencias o falacias del dualismo cartesiano anticuado" (56).

Nuestra investigación apunta en la dirección inversa, a que Kandel y la neurociencia no son nuevas ni en sus fundamentos ni modos de proceder, y que, si no lo apreciamos con suficiente claridad, nuestro futuro será más bien reiterativo, aunque con progresos espectaculares en los detalles, pero no propiamente innovador. Y esto lo planteamos como hipótesis basada en un pensar meditativo (besinnen) (25) porque, contrariamente a creer que "mezclar ciencia con filosofía es divertido, pero socava la credibilidad de la psiquiatría" (57), sólo una meditación sustentada en el nivel propio y exclusivo del pensar metafísico nos puede permitir adentrarnos en los principios rectores subentendidos a nuestro quehacer científico-práctico. Se entiende, no son nuevos los cinco postulados básicos de manera radical, porque permanecen adscritos fielmente a la metafísica moderna con su predominio irrestricto del pensar calculador-objetivante que sólo puede des-cubrir ob-jetos para un su-jeto por medio de re-presentaciones fidedignas. Determinar que el ser humano psíquicamente enfermo se entiende adecuadamente como un animal racional cuya mente está modificada en la configuración molecular de sus cogniciones es una consecuencia de su previa ob-jetivación que pasa por alto y, por ello, desconoce, su historicidad finita o facticidad ex-sistencial. En palabras de Ortega: él parte de la naturaleza, pero ya no pertenece a la naturaleza, está inserto en el cuerpo, más es extraño a él (55). En la segunda parte del estudio se verá que la historicidad compromete asimismo a la psiquiatría en su desarrollo en el tiempo como ciencia y, con ello, a la psicopatología actual concebida como neurociencia biológica, y se intentará sacar conclusiones de más largo aliento para su porvenir.

Antecedentes. Los artículos de Kandel "Un marco de referencia intelectual nuevo para la psiquiatría" y "La biología y el futuro del psicoanálisis: un marco de referencia nuevo para el psicoanálisis reconsiderado" son un intento de ubicar a la psiquiatría en el contexto de la biología moderna concerniente a las relaciones entre mente y cerebro. Objetivo. Revisar las interpretaciones de Kandel sobre la naturaleza del hombre y la psiquiatría académica. Método. Preguntar por el lugar en que se originan los conceptos de "mente y cerebro", es decir, el proyecto elaborado previamente que permite tomar a los entes como objetos para la ciencia. Resultados. La psiquiatría sólo encuentra lo que admite su tipo de representación previamente como un objeto posible, o sea, Yo, sujeto, persona, conciencia, hombre. Aun la concepción metafísica del hombre como animal racional fracasa en considerar la relación de la esencia del hombre con el ser. Es esta comprensión del ser que para Heidegger caracteriza más profundamente al hombre: el Dasein (Ser-ahí). La esencia del Dasein radica en su existencia. Conclusiones. La psiquiatría como ciencia siempre parte de presupuestos que la psiquiatría misma no puede nunca justificar científicamente. La psiquiatría hace aparecer al hombre sólo en ese tipo de objetividad que está constituida y mantenida por variadas objetivaciones científicas.

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Departamento de Psiquiatría, Universidad de Valparaíso.
Recibido: junio de 2002
Aceptado: noviembre de 2002

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