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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.41 n.1 Santiago ene. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272003000100007 

Clínica de la adicción a pasta base de cocaína

Clinical features of cocaine base paste addiction

Juan Pérez

Introduction. Use of cocaine base paste (CBP) has had public concern in Chile, though little or no information about its clinical features is available. An exploratory-descriptive study is designed for gathering clinical data. Material and methods. Clinical features of 61 low income users randomly selected in a drug users therapeutic center are registered. Results. Averaging two months of regular use CBP provokes compulsive behaviors of searching and using the substance. It is a conditioned addiction since compulsive behavior only arouses as an external (mainly possession of money) or internal (mood changes and phantasy of smoking CBP) stimulus elicited response. Very different patterns of substance use are present in the same individual along a brief lapse of time. Sensitization (motor hypertonia and stereotypes, paranoia and audithory, visual and kinestesic delusions, all transitory symptoms linked to the acute intoxication state) and tolerance (decrease and disappearance of the euphorizing effect) quickly develop. Sensitization and tolerance appear simultaneously and with compulsive behavior altogether. Each single episode of use ends usually with intense feelings of guilt, anxiety and suicidal ideation indeed. There is a frequent loss of social normatives establishing a psychopatic syndrome. Conclusions. CBP use is linked to changing patterns of behavior, conditioned to external or internal stimuli with little if any relation to euphoria, suggesting a phenomenal associated to the neurobiology of learning.

Key words: cocaine base paste, addiction, clinical features.
Rev Chil Neuro-Psiquiat 2003; 41(1): 55-63

Introducción

El consumo de pasta base de cocaína (PBC) ha causado preocupación pública. (1, 2). En Chile la prevalencia de su consumo en el último mes que ha estimado el CONACE (3) en sus encuestas periódicas se ha estabilizado en un 0,33% desde 1994 al 2000, siendo algo mayor en el grupo de 19 a 25 años (0,62%) y con una proporción de 5 hombres por cada mujer.

Tabla 1

Tiempo de consumo y edad

T consumo


Edad

12-18

19-25

26-34

35-44


< 1 a

1

1

1

2

1 a < 2 a

4

4

5

1

2 a < 3 a

2

5

6

2

3 a < 4 a

1

4

3

2

4 a y +

1

7

3

6

Total

9

21

18

13


Estas cifras son bajas y estables comparadas con la prevalencia de consumo para el último mes del alcohol (53,34%), tabaco (43,27%) y tranquilizantes (6,81%) que tienden todas a aumentar, especialmente el alcohol que pasó de 39,97% en 1994 a 53,34% en 2000 (3), y a tener menores tasas de abandono (sólo un 13,2% para el alcohol contra un 73,3% para PBC) (3). Es indudable que el principal problema de Salud Mental continúa siendo el consumo de alcohol (4, 5, 6), aunque es el consumo de PBC lo que causa alarma (2).

Tabla 2

Tiempo de aparición de la apetencia compulsiva


Tiempo

n

%


Inmediata

12

19,7

2 semanas

2

3,3

1 mes

5

8,2

2 meses

9

14,8

3 meses

7

11,5

6 meses

7

11,5

8 meses

2

3,3

10 meses

2

3,3

12 meses

5

8,2

nunca

9

14,8

s/datos

1

1,6


Dada la escasa información disponible sobre la clínica del consumo de PBC (1, 7), se realizó una investigación de tipo exploratorio y descriptivo para precisarla. La pasta base de cocaína físicamente es una sustancia pulverulenta amorfa, de un color que varía entre el blanco sucio y el café. Su composición es compleja y suele denominársela incorrectamente "sulfato de cocaína" (7, 8). Es mejor denominarla "pasta base de cocaína", dado que en su composición entra la cocaína base, ecgonina, benzoilecgonina, tropacocaína, cinamoilcocaína, sulfatos y carbonatos (8). Tiene reacción alcalina o básica al tornasol. La PBC es muy fácil de obtener a partir de la molienda de hojas de coca, y es un producto intermedio en la producción del clorhidrato de cocaína. Para llegar a éste se requieren otros pasos en los que interviene el permanganato de potasio, acetona, etc., en grandes cantidades y laboratorios mucho más complejos. Su punto de volatilización es bajo y por eso es posible fumarla, a diferencia del clorhidrato. Se fuma mezclada con tabaco, con marihuana, o pura, en pipas manufacturadas con casi cualquier material a las que se les coloca en el fondo tabaco quemado que tiene la función de encender y mantener el calor para la volatilización del polvo. Suele mezclarse con multiplicidad de sustancias pero según informes del Instituto de Salud Pública, el 46,6% de las muestras analizadas de cocaína base tienen entre un 60 y un 80% de pureza (9). La mayoría de estas sustancias no inciden en la clínica dado que sus puntos de fusión y volatilización son mucho mas altos que los de la PBC por lo que no logran ser incorporadas al organismo. La clínica del consumo de PBC se debe al contenido de cocaína base y no al de otras sustancias (7).

Método

A partir de exploraciones clínicas realizadas en los usuarios de un programa ambulatorio de rehabilitación de adicciones ubicado en una zona de alta prevalencia de consumo de PBC (Lo Espejo y Pedro Aguirre Cerda) (3), se elaboró un instrumento de registro de los síntomas del consumo de PBC. El instrumento se aplicó a una muestra aleatoria de 61 pacientes entre aquellos que tenían como primer motivo de consulta el consumo de PBC en el momento del ingreso al programa, registrando datos sociodemográficos, diagnóstico de consumo de alcohol, cantidad y frecuencia del consumo de PBC, tiempo de consumo antes del ingreso, aparición de la apetencia compulsiva, estímulos y síntomas asociados y trastornos conductuales asociados.

Resultados

De los 61 pacientes 49 son hombres y 12 son mujeres con edades entre 14 y 39 años, y una mayor frecuencia en la categoría de 19 a 25 años (n=21, 34,4%), aunque existe una distribución relativamente homogénea en todas las categorías.

Tabla 3

Frecuencia de estímulos que inducen al consumo


Estímulo

n

%


Dinero

50

82,0

Recuerdo

43

70,5

Olor PBC

37

60,7

Pasar cerca venta

32

52,5

Ver consumir

30

49,2

Sentirse solo

27

44,3

Conversar sobre PBC

23

37,7

Peleas familiares

20

32,8

Crepúsculo

17

27,9

Beber alcohol

12

19,7

Día viernes

8

13,1

Otros

19

31,1


Un 23% (n=14) son trabajadores dependientes, y entre los independientes (taxistas, feriantes, soldadores) más los trabajadores informales pero estables que aportan regularmente a su hogar (vendedores ambulantes, cuidadores de autos) constituyen un 36% (n=22). Las mujeres se definen en su mayoría como "dueña de casa" (n=8, 13,1%), aunque en la práctica ejercen alguna actividad remunerada no vivenciada como "trabajo". Se declararon cesantes 16 personas (26,2%), una mujer y 15 hombres. Un joven estaba estudiando en el momento del ingreso al programa.

Tabla 4

Frecuencia de síntomas de disforia pre-consumo


Síntoma

n

%


Dolor abdominal

49

54,1

"Urgencia rectal"

38

41,0

Inquietud psicomotora

37

37,7

Angustia

32

34,4

Irritabilidad

15

16,4

Sin síntomas

3

3,3


Se encontró un 45,9% de solteros (n=28), 21,3% de casados (n=13), con escolaridad básica completa 12 usuarios, básica incompleta 10, educación media completa 16, educación media incompleta 9. Dos personas tenían estudios superiores incompletos (una mujer estudió obstetricia y un hombre veterinaria).

Tabla 5

Frecuencia de síntomas neurovegetativos
de la intoxicación aguda


Síntoma

n

%


Rigidez-estereotipias

48

78,7

Taquicardia

44

72,1

Taquipnea

43

70,5

Sin síntomas

2

3,3


Al momento de ingresar al programa los usuarios llevaban consumiendo PBC desde 2 meses hasta 7 años, la que resultó ser una variable sin relación con la edad (c2 no significativa).

Se registraron y tabularon los fenómenos directamente asociados al consumo.

Discusión

Los datos sociodemográficos muestran una proporción de 4,5 hombres por cada mujer, concentrados en la categoría de 19 a 25 años tal como en la estadigrafía general del país, pero otras edades están bien representadas en la muestra. Sólo falta el grupo mayor de 40 años y los menores de 12.

Tabla 6

Frecuencia de síntomas psíquicos
de la intoxicación aguda


Síntoma

n

%


Ideación paranoide

56

91,8

Ilusiones visuales

35

57,4

Ilusiones auditivas

26

42,6

Ilusiones cenestésicas

17

27,9

Aislamiento

17

27,9

Euforia

7

11,5

Grandiosidad

7

11,5

Beligerancia

4

6,6


Llama la atención la alta proporción de usuarios que trabajan de forma regular, sea de un modo formal o informal, que llega a un 59%. También es llamativo que 39 usuarios (63,9%) tienen 8 o más años de educación formal, lo que incluye dos con educación superior, aunque incompleta.

Un dato interesante es la ausencia de correlación (p>0,05) entre el tiempo de consumo y la edad de los usuarios. Hay usuarios de 19 años con más de 7 años de consumo, al lado de usuarios de 39 años con unos pocos meses y viceversa.

Tabla 7

Frecuencia de síntomas de la disforia post-consumo


Síntoma

n

%


Desánimo

44

72,1

Boca seca

33

54,1

Insomnio

31

50,8

Anorexia

30

49,2

Angustia

30

49,2

Ideación suicida

30

49,2

Cefalea

25

41,0

Apetencia por PBC

22

36,1

Intento suicida

14

23,0

Culpa

11

18,0

Irritabilidad

9

14,8


Casi un 20% de los usuarios manifiestan una apetencia compulsiva inmediata (desde el primer consumo) y un 37,8% adicional antes de los primeros tres meses. Un 8,2% de los usuarios manifiestan apetencia compulsiva luego de un año de uso y un 14,8% de usuarios refieren no sentir compulsión por consumir, pero este dato está en contradicción con la presencia mayoritaria de síntomas disfóricos pre consumo.

Tabla 8

Frecuencia de trastornos conductuales
relacionados con el consumo de PBC


Trastorno

n

%


Vender cosas personales

51

83,6

Vender cosas de la casa

46

75,4

Crisis familiar

46

75,4

Hurto

28

46,0

Pérdida de relaciones significativas

25

41,0

Abandono/pérdida trabajo

21

34,4

Separación conyugal

18

29,5

Pérdida de autocuidado

15

24,6

Alteración del ciclo sueño-vigilia

12

19,7

Tráfico

1

1,6

Asalto

1

1,6


No hay usuarios que consuman sin tener un estímulo previo, de los que el más importante resultó ser la posesión de dinero (82%) y el recuerdo o la fantasía de consumir (60,7%). Como podría esperarse, el estímulo "beber alcohol" tiene una correlación significativa (p<0,01) con el diagnóstico de dependencia y abuso de alcohol, del mismo modo que los diagnósticos de adicción más graves tienen correlación con los diagnósticos de dependencia y abuso de alcohol (p<0,05).

Los usuarios en una alta proporción manifiestan un intenso síndrome disfórico pre consumo, que incluye dolor abdominal, urgencia rectal, inquietud psicomotora, angustia y sudoración. La irritabilidad, asociada con agresividad o beligerancia resultó ser un síntoma menos frecuente (16,4%). Hubo también 3 usuarios que manifestaron no tener síntomas disfóricos pre consumo.

Entre los síntomas neurovegetativos de la intoxicación resaltan la rigidez y estereotipias motoras (78,7%). De los síntomas psíquicos el más importante resultó ser las ideas paranoides e hipervigilancia con un 91,8%. Los síntomas de euforia (11,5%), grandiosidad (11,5%), beligerancia o agresividad (6,6%) ocuparon un lugar muy distante en la frecuencia de menciones.

Los síntomas disfóricos post consumo más frecuentemente mencionados son el desánimo (72,1%), angustia (49,2%), ideación suicida (49,2%) e intentos suicidas (n=14, 23,0%), que en general coinciden con sentimientos de culpa (n=11, 18,0%).

La mayor frecuencia de trastornos conductuales relacionados con el consumo de PBC es la venta de enseres personales (83,6%) o enseres de la casa (75,4%). Llama la atención que un 46,0% de los usuarios hayan hurtado para conseguir la droga.

Conclusiones

Intoxicación aguda con PBC

Existe un efecto euforizante durante los primeros meses de uso al comienzo de cada sesión de consumo (sentirse "bacán", "como súper hombre"), efecto que desaparece casi por completo con el consumo crónico. En nuestra muestra, sólo un 11,5% de los pacientes declaran sentir euforia o grandiosidad con la intoxicación. Cuando se les pregunta porqué consumen (dada la ausencia de sensaciones agradables), declaran con cierta sorpresa que "no saben", lo que descarta una motivación hedonista en la perpetuación del consumo.

Durante una sesión de consumo, el término de la primera "papelina" (envoltorio que contiene tal vez 1 gramo de PBC) gatilla en el usuario un estado de intranquilidad psíquica que progresa hasta que consume la segunda, y así sucesivamente. La intoxicación aguda provoca síntomas neuromusculares, como temblor de extremidades, "tirones", hipertonía ("ponerse duro"), estereotipias motoras como movimientos periorales, un paseo constante sin finalidad, abrir y cerrar cajones y puertas, emisión de gemidos y frases sin sentido que el usuario reconoce como propias pero no sabe porqué las dice (78,7% de la muestra). También aparecen fenómenos paranoides (sentirse vigilados por carabineros, su familia, etc) (91,8%) y sensoperceptuales (ilusiones y fugaces alucinaciones visuales (57,4%), auditivas (42,6%) y cenestésicas (27,9%)). Cuando se le termina la droga y el dinero el usuario vive unos momentos de intensa disforia (la "angustia") que pueden prolongarse por horas, y donde suele experimentar una intensa culpa por su falta de control. Por lo general, termina por agotarse y dormir. Algunos sujetos recurren a la marihuana o al alcohol para sedarse y lograr el sueño. Al día siguiente despierta con síntomas de la "resaca" de la droga: sequedad y ardor bucal y de labios, cefalea, y apetito.

Una adicción condicionada

La conducta de consumo compulsivo está vinculada a la presencia de estímulos externos e internos, estos bajo la forma de estados de ánimo depresivos o de ira. El establecimiento de estos estímulos condicionados tiene un claro correlato con la neurobiología del aprendizaje (10, 11). Muchos sujetos mantienen una vida bastante normal, incluso por muchos años, porque han condicionado su apetito de droga a ciertos estímulos muy precisos. Por ejemplo, prácticamente todos los usuarios experimentan la posesión física de dinero como un intenso estímulo para el consumo (82,0%). Por el contrario, son capaces de pasar mucho tiempo sin consumir si no tienen dinero en el bolsillo. Otros estímulos externos que hemos observado son: oler la PBC, advertir la presencia de un traficante conocido o pasar cerca del lugar donde se vende, consumir alcohol, ver a otros fumando, la hora del crepúsculo o el día viernes. Los estímulos internos suelen aparecer como sentimientos de soledad, o luego de una discusión conyugal o familiar, o ante otras situaciones de alta exigencia psíquica ("estrés"). El estado de ánimo gatilla la fantasía de estar fumando y en general es difícil de controlar, pero hay sujetos que lo logran cambiando de pensamiento o de actividad.

El estímulo desencadena un intenso síndrome disfórico en que el sujeto sufre una verdadera crepuscularización de conciencia y sólo desea consumir la droga, acompañado de dolor abdominal, urgencia rectal, inquietud psicomotora e irritabilidad. El sujeto restringe el repertorio de conductas dedicándose por completo a la búsqueda de la droga. Esta intensa disforia cesa súbitamente en el momento de aspirar el humo. Terminada una sesión de consumo, agotadas todas las posibilidades de conseguir más PBC o por decisión voluntaria, el sujeto, agotado, duerme. Al día siguiente puede tener una vida normal pero sólo hasta que aparezca el siguiente estímulo con el que repetirá nuevamente todo el ciclo.

La evolución del síndrome de adicción:
tolerancia y sensibilización

Muchos usuarios consideran que al comienzo la PBC provoca sensaciones más bien desagradables (náuseas, vómitos, malestar general) pero que se atenúan con el paso del tiempo y la perseverancia en el uso. Esta es probablemente la causa de la alta tasa de abandono del uso de PBC que arrojan las encuestas. Por otro lado, un número significativo de usuarios declaran que quedan "enganchados" (adictos) ya desde el primer uso (casi 20%). Esto significa que sienten franca apetencia por la sustancia y desean vehementemente continuar con el consumo. En el resto, por lo general la apetencia aparece entre el segundo y el tercer mes, siempre que el consumo haya sido regular lo que lleva a dos fenómenos complementarios y simultáneos. Las sensaciones placenteras desaparecen o se atenúan significativamente, en tanto aparecen síntomas motores cada vez más intensos (hipertonía y estereotipias motoras), psíquicos (ideas paranoides) y alteraciones sensoperceptuales ante dosis progresivamente menores. Los usuarios distinguen la calidad de la droga gracias a estos fenómenos, dada la desaparición de las sensaciones placenteras. Esto corresponde a fenómenos de tolerancia y sensibilización. El paso de un uso más o menos controlado a un uso compulsivo coincide con la aparición de estos fenómenos, lo que indica la existencia de cambios neuroanatómicos vinculados a fenómenos de aprendizaje (10, 11, 12). Aún así, hay sujetos que declaran que nunca han llegado a sentir esa compulsión.

Los fenómenos paranoides y sensoperceptuales son siempre limitados al momento de la intoxicación y está asumido en la jerga de los usuarios como "alucinar", fenómeno también descrito para el clorhidrato de cocaína (13). Parece tener menos relación con la cuantía del consumo que con la regularidad de este. Los usuarios detectan que con el paso del tiempo dosis muy pequeñas de PBC desencadenan el sindrome, lo que es altamente sugerente de la expresión de la sensibilización a esta sustancia. Las vivencias paranoides y las alteraciones sensoperceptuales guardan estrecha relación con los temores y culpas que les provoca su conducta. Tienden entonces a ocultar su consumo y aislarse. No hemos observado psicosis estabilizadas provocadas por la PBC aún en sujetos que han consumido por más de 8 años y en forma diaria.

En la clínica del consumo destaca una importante pérdida de peso de hasta un 20%, dato que es extremadamente sensible a las variaciones de consumo, tanto, que ha resultado ser un excelente indicador de la mantención de la abstinencia: el sujeto sube o baja de peso en estricta concordancia con las crisis de consumo.

Los sujetos advierten que la PBC provoca un deseo de consumir muy intenso, que no se compara con el de la marihuana o el del alcohol. Muchos usuarios han confirmado que buscan el efecto sedante de la marihuana al término del consumo de PBC, lo que les permite disminuir su ansiedad e incluso dormir. Sujetos que consumen PBC y clorhidrato son capaces de diferenciar sus manifestaciones subjetivas, sobre todo en términos de control. León y Castro (7) sugieren que las sensaciones que provoca la PBC están en relación con la farmacodinámica y no con la concentración plasmática alcanzada, y de ahí las diferencias entre la cocaína y la PBC. Esto provoca una sensación de indefensión ante la PBC y se la menciona como "droga maldita" en la que no quisieran haberse iniciado.

Patrones de consumo

Prácticamente todos los pacientes declaran que su primer contacto con la PBC se produjo gracias a un amigo, "de puro monos" (por imitación). No es claro que exista una real presión de grupo, aunque, en el caso de las mujeres, en su mayoría son inducidas al consumo por sus parejas y fuman en compañía, en contraste con los hombres que, aunque inician el consumo junto a otros, con el tiempo lo hacen en forma solitaria sobre todo por el temor que compartir la sustancia los lleve a una rápida carencia de ella.

No todos los usuarios tienen el mismo patrón de consumo. La mayoría, cuando han llegado a la etapa en que aparece el consumo compulsivo, utilizan la sustancia en forma diaria, sobre todo al crepúsculo. Un grupo significativo lo hace sólo durante el fin de semana, sea uno o dos días. Otros, menos, consumen en verdaderas "borracheras" de PBC que duran varios días y luego se detienen por un tiempo variable, pudiendo llegar a varios meses sin consumir. También hay pacientes que consumen entre dos y tres días en la semana, sin periodicidad.

Los patrones de consumo son todo menos estáticos. Los consumidores pueden hacerse diarios, o cambiar a un patrón bisemanal, o de fin de semana, y volver a un patrón diario. Por lo general se le asocia a la disponibilidad de dinero aunque también sugiere un control voluntario.

La cantidad de PBC fumada fluctúa entre 5 a 10 "papelinas" diarias, lo que hace entre 35 y 70 papelinas en la semana. Hay usuarios que, si se dan las circunstancias apropiadas, se pueden fumar una y más "bolsas" (de la que se hacen unas 40 "papelinas") en una sola noche. Hemos observado crisis de consumo de hasta 400 gramos de PBC en tres días. Pero esto no debe hacer olvidar que la mayoría de los usuarios están en el rango entre 35 y 70 "papelinas" a la semana.

Sin embargo el problema mayor del consumo crónico es el descenso en la escala valórica y el cambio de conductas del adicto. Alrededor de los dos a tres meses de uso han comenzado por vender sus enseres personales o cambiarlos por PBC. Piden dinero prestado con una serie de engaños que no son vivenciados como tales por el usuario. Por el contrario, se dan a sí mismos explicaciones que les parecen muy convincentes: "Ya lo voy a devolver", "Es por un tiempo", "Me hago un pololo (trabajo) y lo devuelvo", o piden a nombre de su familia sintiendo que esta va a responder por ellos. Los que trabajan gastan el presupuesto destinado a la familia con argumentos similares, o consideran que tienen derecho ya que es "su" dinero. Cuando se les acaban sus recursos, comienzan a sustraer objetos del hogar. Hasta un 46% de los consultantes han hurtado fuera del hogar cuando la ocasión se les ha dado y podrían llegar a la violencia para conseguir dinero y droga (1,6%). Aunque hay sujetos que declaran tener actividad de comercio sexual, esta ha sido previa al uso de la PBC y no parece guardar relación directa con el consumo. En cualquier caso lo que más llama la atención es la pérdida de normativas sociales que vive el usuario, una pérdida que lo sume progresivamente en un estado de real desesperación y que no estaba en sus proyectos de vida. Se ve transformado en otro ser, situación que podríamos denominar síndrome sociopático. Sin embargo hay que destacar que, al menos hasta antes de la crisis económica, un grupo significativo de usuarios no dejó nunca de trabajar en un empleo regular (23%) o en forma independiente (36%). Estos usuarios suelen consumir por las tardes, al salir del trabajo, o los fines de semana. Destinan entonces una cantidad importante de sus ingresos a la compra de PBC. Aún así, son capaces de entregar una parte de su remuneración para su hogar y guardarse otra parte para su "vicio".

Con frecuencia los usuarios sufren un síndrome ansioso-depresivo que aparece al terminar una crisis de consumo, que puede ser diaria. Guarda estrecha relación con los mismos fenómenos de culpa que están en la base del síndrome paranoide-alucinatorio descrito, y con el estado de postración social al que llega. El usuario se encuentra en un callejón sin salida, discriminado por su entorno, se ha gastado todos sus recursos en comprar la droga, ha llegado a violentar sus propios principios (por ejemplo, los hurtos y asaltos) e incluso ha perdido las más básicas conductas de autocuidado (por ejemplo, comer y lavarse). En estas condiciones aparecen ideas de suicidio y podrían llegar a realizar un intento (23%). No hemos comprobado si han existido intentos exitosos. Se ha discutido también si la cocaína HCl provoca un síndrome depresivo luego del consumo ("crash"), pero en nuestra opinión, el sindrome que suele describirse para la abstinencia de cocaína no guarda relación con fenómenos de neuroadaptación, sino que, tal como en el caso de la PBC, con la intensa culpa que aparece en el sujeto cuando recupera su control voluntario. Por ejemplo, usuarios de cocaína HCl que son internados para su "desintoxicación" y que se saben intentando dejar la adicción en el contexto protegido de una unidad psiquiátrica, no presentan ninguna sintomatología depresiva incluso sin recibir medicación de ningún tipo (14).

Hay que considerar la proporción importante de usuarios (cerca de un 50%) que aún antes de la consulta mantienen una conducta sorprendentemente normal, trabajan, colaboran con la familia, etc., pero que mantienen simultáneamente un nivel de conflicto mayor o menor con esta, mientras entran y salen de períodos de consumo. Esta situación parece ser más la norma que la excepción, incluso con usuarios que han llegado a la delincuencia para mantener su consumo. No cabe duda de que existe un grupo importante de usuarios con una alta conflictividad asociada al consumo de PBC, pero también es cierto que la cambiante forma de su uso necesita de una aproximación clínica mucho más precisa. Es posible que una parte importante de los sujetos más graves, aquellos que no logran salir del círculo compulsivo de la droga y degradación social, tengan como antecedentes rasgos anormales de personalidad y otros síntomas psicosociales que son previos al uso de la sustancia (15).

La adicción es un fenómeno complejo (11, 12) vinculado a mecanismos neurobiológicos de aprendizaje, y carecemos de un compromiso societario de procurar a los adictos un tratamiento médico-social, que no sea simplemente la encarcelación cuando delinquen dentro de la dinámica de la adicción. Se requiere una política que busque la reducción del daño provocado por la droga y no tan sólo la disminución de las tasas de prevalencia (16, 17). El tratamiento de los adictos, sobre todo de una droga tan adictiva como la PBC, se convierte en una tarea prioritaria, que puede ser menos espectacular en sus resultados, y probablemente contribuya sólo marginalmente a la reducción de la prevalencia del consumo, pero es posible que arroje mejores resultados a nivel personal, familiar y social.

Introducción. El consumo de pasta base de cocaína (PBC) en Chile ha causado alarma aunque hay escasa información sobre la clínica del consumo. Se diseña un estudio exploratorio y descriptivo que busca precisar sus características. Material y método. Se registran los fenómenos clínicos en 61 pacientes consumidores de PBC, consultantes espontáneos de un centro tratamiento de adicciones en una comuna popular de Santiago, elegidos de modo aleatorio. Resultados. Alrededor de los dos meses de uso regular la PBC provoca conductas compulsivas de búsqueda y consumo de la sustancia. Es una adicción condicionada ya que la conducta compulsiva sólo aparece como respuesta a estímulos externos (principalmente la posesión de dinero) o internos (cambios anímicos o la fantasía de estar fumando). En un mismo individuo existen patones de consumo muy diferentes en un breve lapso de tiempo. Rápidamente se desarrolla sensibilización (hipertonia y estereotipias motoras, paranoia, ilusiones auditivas, visuales y cenestésicas, que son síntomas transitorios y vinculados al estado de intoxicación aguda) y tolerancia (disminución y desaparición del efecto euforizante). La sensibilización y la tolerancia aparecen simultáneamente y en conjunto con la conducta compulsiva. Cada episodio de consumo por lo general termina con intensos sentimientos de culpa, ansiedad y aún ideas suicidas. Existen una frecuente pérdida de normativas sociales y la constitución de un síndrome psicopático. Conclusiones. el consumo de PBC se ciñe a patrones de conducta muy variables pero siempre condicionadas a estímulos internos y externos, con poca o ninguna relación con la euforia, sugiriendo un fenómeno asociado a la neurobiología del aprendizaje.

Palabras clave: adicción, pasta base cocaína, clínica

Referencias

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Dirección postal:
Juan M. Pérez
Departamento de Psiquiatría y Salud Mental,
Campus Sur, Universidad de Chile
G. Av. J. M. Carrera 3100, San Miguel
Santiago, Chile


Departamento de Psiquiatría y Salud Mental, Campus Sur, Universidad de Chile.

Recibido: octubre de 2001
Aceptado: marzo de 2003

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