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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.41 n.4 Santiago oct. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272003000400002 

Rev Chil Neuro-Psiquiat 2003; 41(4): 253-270

 

La primera entrevista en psicoterapia dinámica:
formulación y validación

The first interview in dynamic psychotherapy: formulating and
validating

Gustavo Figueroa

Background. There is much debate regarding the manner in which the first session is to be performed. The therapist can take a detailed history or simply allow the patient to proceed at his or her own pace. Objective. To focus on and refine the analytic concepts and principles of technique that are applicable to the initial contact. Method. To study Woody Allen´s classic film “Another women”. As this masterpiece unfolds, through a meticulous analysis of four scenes, we come to listen to material as if were presented by a real patient, formulating an intervention or an hypothesis of the material. Results. Trigger decoding method enables us to discover the emotional conflicts and interpersonal problems that are disturbing and how best to solve these issues. Conclusions. Adaptative context or triger is the specific reality that evokes an intrapsychic response. It is crucial to recognize the presence of adaptative contexts in the first hour. In principle the therapist should adopt a listening attitude that takes into account both the manifest content and surface of the patient´s communications as well as their latent implications.

Key words: first session, psychotherapy, validation, psychodynamic listening

El primer encuentro

La sesión inicial en una psicoterapia de orientación dinámica constituye una situación especial que plantea desafíos propios, problemas irrepetibles y decisiones trascendentes para el pronóstico. Ya lo intuyó tempranamente Freud en sus artículos sobre técnica al proponer una a dos semanas de "tiempo de prueba" para formular un diagnóstico, evaluar la adecuación a la técnica y "vincular el paciente a la cura y a la persona del médico" (1). En una de las obras que inauguró el período de sistematización de la teoría de la técnica analítica, Glover se refirió a "la fase de apertura" como aquella que "está determinada menos por las condiciones del psicoanálisis que por las reacciones espontáneas del paciente", lo que hace necesario preocuparse preferentemente por la dinámica que proviene del interior de su inconsciente y condiciona el proceso entre ambos participantes (2). Poco antes Gill y colaboradores diferenciaron con pulcritud la "exploración psiquiátrica" tradicional de la "entrevista dinámica" en tres puntos: sus metas primarias son promover la relación entre dos extraños, evaluar la situación psicosocial del paciente y fortalecer la necesidad de mantenerse en tratamiento (3). Con ello la técnica de la entrevista maduró y comenzó a definirse de acuerdo a fines precisos y tareas empíricamente mensurables. El fomento del sostén hacia el enfermo para que éste tolere un tratamiento en sus momentos preliminares fue subrayado y puesto como quehacer central por Sullivan siguiendo su concepción "interpersonal de la entrevista" (4). La "anamnesis asociativa" de Deutsch se focalizaba en unir las comunicaciones de las molestias psíquicas y somáticas con la fase de la entrevista aunque descuidó la importancia de la alianza terapéutica (5). Un buen resumen de las diferentes y contradictorias funciones del encuentro inicial lo proporcionó Wolberg: asegurar el clima emocional, clarificar los propósitos centrales, manejar las resistencias inmediatas, enfrentar las motivaciones inadecuadas, estructurar la situación terapéutica, responder a las preguntas, recolectar datos imprescindibles, enunciar un diagnóstico dinámico y clínico, estimar las fortalezas y debilidades, hacer los arreglos prácticos (6).

La "entrevista estructurada" de Kernberg constituye un buen ejemplo de la "segunda generación" de formatos proyectados para la iniciación de un diálogo orientado psicoanalíticamente, heredero de la "entrevista dinámica" de Gill (7). La descripción psicopatológica adquiere valor en función del análisis de la relación al colocar como fin la interacción del paciente con el analista en el aquí-ahora (8). Su proceder circular oscila entre precisar los síntomas y evaluar motivación, capacidad de introspección, aptitud para trabajar con el psicoterapeuta, propensión al acting out y riesgos de descompensación. Console, Simonds y Rubinstein llevaron a la práctica un método similar aunque bastante menos estructurado (9), así como el último Greenson esbozó, pero dejó inacabada, una técnica sustentada en su obra clásica que priorizaba la terapia y motivación a la recolección de datos (10). El tratado colectivo de Tomä y Kächele (11) se centra en tres preguntas: ¿cómo se desarrolla la relación médico-paciente?; ¿cuáles fueron los momentos importantes en la entrevista?; y finalmente ¿cómo se pueden resumir los hallazgos y precisar su evaluación? El esquema se apoya fuertemente en las experiencias de Balint en la Clínica Tavistock que se inclinó por el proceso de intercambio real entre los dos miembros de la díada, y que tiene como preocupación indicar al enfermo desde el comienzo en qué consiste someterse a psicoterapia (12). Mención aparte merece el macizo texto de Etchegoyen que acentúa la ansiedad inicial, la prioridad del rapport y la importancia de la relación diádica, aunque sin entrar en mayores complejidades porque su objetivo son los fundamentos de la técnica más que la técnica misma (13). Las psicoterapias breves analíticas se abocaron a elaborar las metas inmediatas en consonancia con sus parámetros especiales: estimación de los problemas actuales, obtención de una historia del desarrollo psíquico, uso de criterios de selección apropiados, formulación de un foco específico, logro de un acuerdo por parte del enfermo para cooperar activamente, medición de las respuestas a las interpretaciones de prueba (14, 15).

A partir de 1973-74 y en una serie de trabajos Langs dio un giro a lo planteado hasta esos momentos. Procuró describir con detención la sutil dinámica inherente a la primera entrevista recurriendo a una reinterpretación de Freud al diferenciar entre material consciente e inconsciente y preocuparse, en el último, del sentido codificado, desplazado e indirecto, que es expresión del proceso primario antes que del secundario o racional (16-19). El evitar a propósito las intelectualizaciones, las deducciones estereotipadas e implicancias superficiales le ayudó a entender la sesión desde el punto de la máxima ansiedad inconsciente, aún desde el inicio, siguiendo en esto a Segal y la corriente kleiniana: "según mi propia experiencia, no he visto un solo caso que no haya tenido que interpretar la transferencia desde el comienzo" (20). Pensamos que los aportes de Langs han vuelto concretos y específicos muchas de las dificultades que se habían reconocido anteriormente pero se habían enfrentado de modo general e inespecífico. En otros términos, mediante la supervisión estrecha de terapeutas en formación, detectó en el intercambio verbal microscópico matices precisos que señalaban con singular claridad deformaciones provenientes de fantasías inconscientes y que hacían comprensibles de manera unitaria las palabras, gestos y conductas manifiestas (21).

Hasta aquí se ha reconocido que las comunicaciones iniciales nos entregan un material tan original e irrepetible para entender los conflictos ocultos y más decisivos que si no se está atento y no se le coge adecuadamente en toda su complejidad, se pierde una oportunidad que difícilmente se tendrá en un futuro cercano para acceder a los estratos más profundos en su dinamismo (22). La pedida de ayuda se desarrolla al interior de una atmósfera especial porque el sujeto ha tenido que vencer enormes resistencias interiores y reconocer con angustia que sus mecanismos de resolución de conflictos han fracasado. El desamparo y las ansiedades autodestructoras se han experimentado en toda su intensidad, y su capitulación frente al terapeuta lleva un sello de aceptación a regañadientes, cargada de culpa, persecución y resentimiento (16). En otros términos, las expresiones, gesticulaciones y actitudes con que acude el cliente representan un flujo caótico de información y afectos intolerables que se desborda e inunda al psicoterapeuta.

La meta del presente trabajo es doble siguiendo los cuestionamientos de Langs: inespecificidad de las formulaciones a las que recurren por lo regular los psicoterapeutas y ausencia de criterios analíticos claros para validarlas (18, 23). Primera: teniendo tan poca información previa del sujeto ¿cómo se entiende el material que nos trae de un modo psicodinámico que sea coherente y justificado? Segunda: ¿cómo se puede validar, también desde el punto de vista psicodinámico, que las interpretaciones propuestas sean justificables ante terceros y no producto distorsionado nacido desde nuestra inevitable contratransferencia?

Caso clínico

Una historia transcrita en forma fiel y con todos sus detalles soslayará tanto las insuficiencias de las interpretaciones basadas en intuiciones de conjunto como la contratransferencia del terapeuta puesto que obligará a basarse en hechos objetivos y a procurar constantemente probar las formulaciones. Además, el lector tendrá la oportunidad de confirmar o refutar nuestra interpretación en acuerdo a la impresión que experimenta ante el testimonio del paciente. Existen bases de datos pero no tenemos acceso fácil a ellos (24). Se han publicado distintas historias de psicoterapia a través de los años (25). Los largos casos de Richard (26), la Sra. X (27), Ginny Elkin (28), Marion Milner (29) y "the piggle" (30) son notables pero no aptos para nuestros propósitos por su falta de pormenores específicos. Las psicoterapias llevadas a cabo por Mann (14), Sifneos (15) y Wolberg (31) están destinadas a ser instructivas para visualizar la técnica, lo que hace particularmente difícil la posibilidad de contrastar sus interpretaciones con una postura distinta como la nuestra más interesada en escuchar que en demostrar las bondades de un procedimiento o táctica particular (18).

A pesar de la aparente paradoja, como en otra oportunidad recurriremos a una obra de arte como nuestro material de análisis (32). Además de ser accesible a todo lector y no estar interesada en probar una teoría psicopatológica –según es sabido, corresponde al mayor peligro en la investigación en psicoterapia (33)–, la pieza de arte nos muestra como pocas otras creaciones la esencia del fenómeno a estudiar, esto es, pone entre paréntesis lo accesorio y prescindible. En este caso es palmario puesto que se trata de una película cuya finalidad está movida por necesidades artísticas y no por el prejuicio ideológico del libreto (que nada tiene que ver con psicoterapia). Por último, soslaya el riesgo del análisis del caso único: las intervenciones las iremos ejecutando para entender las fuerzas del inconsciente sin poder ejercer ninguna presión o indoctrinamiento a la "paciente" (34). No se nos escapan las graves insuficiencias de este proceder puesto que intentamos que nuestro estudio tenga validez objetiva. En la Tabla 1 anotamos las principales diferencias entre una sesión de psicoterapia y una narración ficticia. Con todo, nos parece que los beneficios superan las desventajas e inconvenientes de trabajar exclusivamente con la imaginación, porque precisamente sabemos que ésta es la fuente última de conocimiento de la psicoterapia sustentada en la dinámica intrapsíquica y no la así denominada "realidad objetiva y mensurable". La brecha existe pero no hace inviable nuestro propósito inicial. Debemos tan solo seguir fielmente la admonición de Coleridge de "suspender nuestra incredulidad".

Tabla 1
Diferencias entre la primera sesión de psicoterapia
y un relato ficticio (*)


– No hay un marco de referencia (setting)
– No hay un terapeuta (transferencia y contratransferencia)
– No hay asociaciones por parte del personaje
– No hay intervenciones del terapeuta
– No hay confirmación o refutación por el personaje
– No hay respuestas del terapeuta al material
– No hay finalidad terapéutica

(*) Adaptada de: Figueroa G (32)

El film es "La otra mujer" del director neoyorkino Woody Allen, conocido por sus permanentes referencias mordaces a los psicoanalistas, sus mullidos divanes y los tratamientos interminables, así como sus agridulces observaciones de los padecimientos emocionales de los neuróticos –habitantes de las grandes urbes, enfrascados en conflictos interpersonales en parte ridículos, en parte miserablemente humanos, y siempre jocosos porque nos retratan en nuestras debilidades e indignidades. Pero como recién se insinuó, se optó por la historia de Marion Post porque apunta en un rumbo completamente diverso que nada tiene que ver con la psicopatología propia de los personajes de Allen. La historia de la brillante profesora de filosofía nos sumerge en su intimidad que se halla estremecida por una crisis existencial que a ella misma se le hace incomprensible por su pasado irreprochable y exitoso, pero al mismo tiempo ineludible por la potencia del cuestionamiento, que debe asumir pese a sus reticencias y defensas iniciales.

Empero nos reduciremos al encabezamiento de la película y tres escenas que, aunque no vienen inmediatamente a continuación, guardan una íntima relación entre sí y con las palabras introductorias de Marion, como si ellas representaran asociaciones libres ejecutadas mientras el terapeuta mantiene un prudente silencio. Reproduciremos literal y pormenorizadamente los diálogos y conductas porque nuestra hipótesis de trabajo es la siguiente. Tomaremos el relato inicial como la primera sesión condensada de una psicoterapia que nos permitirá aventurar ciertas conjeturas sobre los dinamismos básicos encubiertos de Marion Post. Las siguientes dos secuencias nos facilitarán profundizar en nuestras suposiciones primeras y constituirán una suerte de desarrollo detallado de lo previamente sólo sugerido porque, como era de esperar, antes de "la sesión inicial", se encontraban en un estado de profunda represión en el inconsciente de la filósofa. La última toma se transformará en una especie particular de validación de la propuesta primera: confirmará el sentido psicodinámico del punto de máxima ansiedad que anidaba embozado en el inconsciente y que desencadenó el relato introductorio de Marion. En otros términos, la narración se irá desplegando progresiva e interconectadamente encontrando su significado al interior de sí misma, sin necesidad de recurrir a terceros externos ni menos a la biografía de Woody Allen.

Resulta indispensable que el lector vea el film completo para que se forme un juicio directo de la fuerza y hondura de la historia. Nuestro resumen sigue fielmente las imágenes presentadas por Woody Allen, mas la pérdida es innegable en cuanto a calidad artística y estética visual. El desempeño sobresaliente de los actores no puede ser trasladado a palabra así como tampoco la fotografía y encuadre excepcionales de Sven Nykvist. Por decirlo así, como la fuerza del argumento reside en el análisis microscópico de las sutilezas y particularidades de cada gesto, de cada expresión, es imprescindible forjarse una impresión personal de la trama para, a continuación, teniendo ante sí estos detalles minúsculos, dejar volar a la fantasía y las asociaciones libres en busca del significado. Se procede desde lo minúsculo, inadvertido e insinuado oblicuamente al sentido integral pero irrepetible de lo que se muestra; con ello, evitamos caer en generalizaciones intelectualizadas o clichés psicoanalíticos.

Presentación de Marion Post

Se escucha suavemente en el trasfondo el acompasado tictac de un reloj. Un corredor largo e iluminado de un elegante departamento por el que camina una mujer sobria y meticulosamente vestida. Se empieza a sacar su pañuelo al cuello y se dirige a un espejo para comprobar su atuendo personal así como los aros y el maquillaje. Está muy bien conservada y, sin prisa, se da vuelta y toma una libreta de apuntes que comienza a hojear como repasando sus anotaciones.

Con voz segura relata en off sus pensamientos internos. Si alguien me hubiera preguntado, cuando cumplí los 50 años, por la valoración de mi vida, habría respondido que había alcanzado un buen grado de realización, tanto personal como profesional. Más allá de esto no habría ahondado. No por tener miedo de descubrir algún lado oscuro de mi carácter, sino porque siempre he sentido que si algo parece resultar bien, lo mejor es dejarlo así. Me llamo Marion Post y soy directora de estudios de pregrado de filosofía en un refinado college de mujeres, aunque ahora tengo un año de licencia para escribir un libro. Mi esposo es un consumado médico, un cardiólogo, que hace algunos años examinó mi corazón, le gustó lo que vio y me propuso matrimonio. Era el segundo para ambos. El aportó una hija de 16 años que vive con su anterior esposa, pero nos visita con frecuencia. Es una muchacha dulce aunque algo indisciplinada, pero yo he tratado de acogerla lo mejor que puedo. También tengo un hermano casado. Mi madre murió hace poco, pero mi padre aún vive y está lleno de salud.

En los momentos en que se refiere a los distintos miembros de su familia, la cámara va mostrando sucesivamente sus fotografías metódicamente enmarcadas encima de la repisa del recibidor: primero su marido [Ken] en tenida informal, luego dos tomas de su hijastra sonriente [Laura], a continuación Marion y su marido del brazo frente a un edificio como si estuvieran de viaje; en el medio, ella misma con expresión satisfecha, después su hermano [Paul] sonriendo y en seguida observando un bebé recién nacido y, finalmente, otra del padre con un niño de corta edad a sus espaldas.

Marion coge su libreta y abre la puerta de un armario poniéndose su abrigo. Y finaliza: No tengo mucho más que agregar, excepto que normalmente escribo en casa, mas el ruido de una construcción de al lado es tan terrible que por ello alquilé un departamento en el centro de la ciudad como oficina. Un nuevo libro siempre es un proyecto muy exigente y me demanda que me desconecte de todo, excepto del trabajo.

Toma su cartera, apuntes de trabajo y se dirige a la puerta de salida con paso firme.

Encuentro con la cuñada

Es de mañana temprano. Marion sale de su refinado edificio de departamentos apresuradamente y hace señas a un taxi para que se detenga. Escuchamos su relato escueto. A la mañana siguiente debía encontrarme con mi cuñada Lynn que quería verme. La esperé tanto como pude pero, como no se presentó, decidí irme.

Corriendo se acerca una mujer más joven, en los primeros años de la edad media de la vida, respirando entrecortadamente.

Lynn: ¡Marion! Lo siento, el tráfico me demoró.
Marion: ¡Oh, Lynn! Lo que sucede es que ahora se me ha hecho tarde.
Lynn: Es sólo unos pocos minutos.
Marion: Estoy tan fuera de mi agenda. Me dijiste a las 8.00 y te esperé; ahora debo irme.
Lynn: Todo a causa del bus.
Marion: Quizás en otro momento. Cuando estoy escribiendo un libro debo disciplinarme o de lo contrario no terminaré a tiempo.
Lynn: Necesito que me prestes dinero. Tú sabes que Paul [su marido] y yo nos separaremos.
Marion: Lo escuché, lo siento.
Lynn: ¿En serio?
Marion: ¿Por qué dices algo así?
Lynn: Porque se que jamás me aprobaste realmente.
Marion: Pero si apenas te conozco.
Lynn: No será porque yo no haya tratado.
Marion: Oh,... yo se que todo esto debe alterarte mucho, pero tú sabes...
Lynn: Lo siento.
Marion: Si necesitan dinero ¿por qué no me lo pidió Paul?
Lynn: Bueno,... él no lo haría.
Marion: ¿Porqué no? Él ya lo hizo antes.
Lynn: ¿No sabes lo que él siente por ti?
Marion: Por cierto, cuando éramos niños siempre estuvimos muy cerca.
Lynn: Te estás engañando. Claro, en una cierta forma te idolatra, pero también... te odia.
Marion [fríamente]: ¡Lo siento! ¡No acepto eso!
Lynn: Eres una mujer muy perceptiva. ¿Cómo no entiendes... sus sentimientos?
Marion: Mira, se me hace tarde y... Para decirte la verdad, me he hecho una costumbre de no tener este tipo de conversación. Uno dice cosas de las que luego se arrepiente. Dime cuánto necesitas y lo discutiré con Ken [marido]. ¿De acuerdo?

Durante el diálogo se ha ido notando una creciente atmósfera de tensión e incomodidad que pesa sobre ambas partes. Las miradas se desvían, las vacilaciones demuestran malestar, los movimientos algo bruscos señalan distancia, los ceños fruncidos insinúan que se contienen afectos intensos en el interior que no se pueden expresar libremente. El convenio final y la despedida son un trámite formal que deja insatisfechas a las mujeres.

Recuerdos de una fiesta de Marion Post

La pieza de trabajo de Marion se encuentra en semipenumbra. Ella camina muy lentamente con todos sus sentidos puestos en la voz de una mujer que se escucha a través de una toma de aire empotrada en la pared, y que evidentemente está dirigida a un destinatario diferente, seguramente un médico. En un fuerte primer plano el perfil de Marion denota una intensidad que contrasta con el silencio profundo que rodea toda la escena. Las palabras de la otra mujer tienen un tono abrumado y desamparado, por momentos con tendencia al sollozo que se puede contener a duras penas.

Voz de mujer: Realmente, no puedo creer que yo esté diciendo esto. Últimamente he tenido un extraño sentimiento acerca de mi matrimonio. Es como si su existencia se estuviera desintegrando. Lo he estado negando de muchas maneras diferentes. Debo admitir que hay momentos en que me pregunto si hice la elección correcta. Ya le dije a Ud. que una vez hubo otro hombre. La última ocasión en que lo ví fue hace muchos años antes de casarme. En una fiesta...

Brusco cambio de escena. Una casa de campo con un gran jardín de entrada en un día soleado y desde donde se escucha una música alegre y varias conversaciones que denotan una celebración. En una pieza Marion se está besando apasionadamente con Larry –un escritor de su edad– y, después de un momento, comienza un forcejeo de ella por separarse.

Marion: ¡Basta! ¡Basta! Esto es sólo una locura. Voy a casarme con Ken y basta.
Larry: ¿Cómo te vas a casar con Ken si es a mí a quien tú amas?
Marion Eres un presuntuoso. ¿Qué te hace pensar que te quiero?
Larry: Lo se. Hay ciertas cosas que uno las sabe con tanta certeza.
Marion: Te equivocas. Lo siento si te induje a error.
Larry: Eres tú la que se está equivocando.
Marion: Me sorprendes. Ken es un amigo tuyo muy cercano.
Larry: Se todo sobre ti. Te amo. Ven a vivir conmigo a Santa Fe.

Él intenta nuevamente besarla por lo que Marion repite con tono duro: ¡Basta! ¡Basta!

Una voz se escucha desde una pieza del lado: ¡Marion! ¡Vamos a brindar!

Marion: ¡Tan sólo vete!

Todos los amigos se encuentran reunidos en un gran salón donde hay un ambiente de alborozo y amistad, y cada invitado sujeta en su mano un vaso. Los diálogos se entremezclan sin orden y las bromas se intercambian confusamente.

Voz: ¡Por Ken y Marion y su gran día la próxima semana!
Voz: Por el nuevo libro de Marion. La filosofía alemana no será ya la misma.
Marion [sonriendo]: Esperemos que no.
Voz: Sigue como siempre. Heidegger tendrá definitivamente lo que se merece.
Ken: Quiero proponer un brindis: ¡Por la salud y la felicidad!
Voz: ¿Y no vas a brindar por Marion?
Ken [con voz cariñosa]: ¡Bebo por Marion con mis ojos!
Varias voces: ¡Uh...! ¡Galante! ¡Muy galante!

Suena el timbre y, al abrirse la puerta, aparece acarreando algunos artefactos Kathy, ex-esposa de Ken, con una suerte de sonrisa o aturdimiento al mirar alrededor a los comensales.

Kathy: Vine a traer algunas cosas... ¡Pueden dejar de mirarme así! ¡No soy un fantasma! Vivimos algunos años aquí juntos, y tuvimos una hija juntos en esta casa.
Ken: Podrías haber llamado.
Kathy: No voy a quedarme, aunque algunas de estas personas también fueron amigas mías antes.
Voz: ¿Quieres un trago?
Ken: ¡Por favor!
Kathy: ¡No te asustes! No voy a quedarme. Estos son artefactos que pertenecen a épocas más civilizadas entre nosotros.
Ken: Sugiero que tal vez deberías dejarlos e irte.
Kathy: ¿Cuál es Marion?
Marion: Yo soy.
Ken: Esto es de muy mal gusto.
Kathy [con voz cada vez más fuerte]: Mi ex-esposo es una autoridad en cosas de gusto. ¿Cuál es el suyo? ¿Y qué diría, por ejemplo, que se le permitiera cometer adulterio con una profesora de filosofía en un motel mientras a su esposa le extirpaban los ovarios?
Ken: ¡Es suficiente! Vete, por favor. Comprendo que estés herida. Si hice algo mal, lo siento verdaderamente. ¡Perdóname! ¡Acepto tu condena!

Ken trata de sacar del salón a Kathy y ésta se resiste, por lo que se produce un forcejeo que termina en un portazo dado por ella mientras Ken la acompaña y se disculpa ante los invitados: ¡Lo siento mucho!

Suena una música fuerte de piano mientras Marion, con la cabeza gacha, se dirige nerviosa y atribuladamente a otra pieza, tratando a duras penas de encender un cigarrillo. Cuando finalmente se encuentra a solas y mira reconcentradamente hacia una mesa, se ve que al fondo se encuentra Larry.

Larry: ¿Qué puedo decir para cambiar tu corazón?
Marion: Realmente me dejas atónita. Es tu amigo. Acaba de pasar por una situación muy embarazosa.
Larry: Él es mi amigo y lo aprecio. Pero es formal, frío y presuntuoso. ¿No lo ves? "Acepto tu condena". ¡Santo Dios!
Marion: Sobrellevó bien un momento difícil.
Larry: ¡Demasiado bien! ¿Eso te gusta? Es un snob.
Marion: Es un hombre maravilloso. Y un médico mag-nífico. Es culto, honorable y me gusta estar con él. Me encanta leer libros con él y...
Larry: Todo es de acá arriba, toda está arriba [indica con la mano el cerebro].
Marion: Es sexy.
Larry [con tono burlón]: ¡Adulterio en un motel! ¿Aceptaban las tarjetas de crédito?
Marion: Él jamás sería insidioso contigo.
Larry [mirándola profundamente]: ¿Aún cuando amara apasionadamente a una mujer?
Marion [después de un silencio]: Tal vez deberíamos unirnos a los otros.
Larry: Tal vez me equivoqué contigo. Tal vez los dos sean de la misma clase.
Marion: Tal vez bebiste demasiado champaña.
Larry: Tal vez esta conversación te asusta.
Marion: Tengo que irme.
Larry: ¿Por qué no lo haces?

Bruscamente se da vuelta Marion y abandona la sala mientras Larry la observa fijamente con una mirada seria y quizás apesadumbrada. De trasfondo se vuelve a escuchar suavemente la voz de mujer de la otra pieza del presente de Marion Post: Me pregunto a menudo acerca del verdadero amor.....

Marion se encuentra sola

Marion entra en un saloncito de estar de su departamento y se deja caer apesadumbradamente sobre un sillón. Se coloca los lentes tomando un libro entre sus dedos y empieza a hojearlo. Se aprecia que no se siente bien, un ánimo más bien triste la inunda. Lentamente sus pensamientos comienzan a resonar en su interioridad. Al volver a casa Ken dormía. Estaba muy alterada como para acostarme. El incidente que había tenido con Claire [amiga de la adolescencia con la que se habían encontrado por casualidad en el día] me había dejado mal e inconfortable. Pensé que leer un rato me relajaría. Entonces ví la edición de Rilke de mi madre. A los 16 años escribí un trabajo sobre el poema "La pantera" y de esa imagen que la pantera vio como si saliera de su jaula. Concluí que esa imagen sólo podía ser la de la muerte. Luego ví el poema favorito de mi madre, "El torso arcaico de Apolo". Había marcas en las páginas que creo eran de sus lágrimas. Estaban en el último verso: "Desde aquí no hay lugar en el que no te pueda ver. / Tú debes cambiar tu vida". Marion se saca los anteojos maquinalmente y se los acomoda en sus cabellos, mirando al vacío con una expresión fija y desconsolada, quizás reflexiva, como pocas veces antes, sobre su historia personal pretérita.

Escuchar-formular-validar

La presentación que hace Marion de sí parece corresponder con bastante exactitud a las palabras introductorias de una paciente que, luego de saludar y sentarse, comienza a narrar su vida. La ficción se torna casi en realidad clínica cuando nos percatamos que ella apela directamente a nosotros comunicándonos en off sus vivencias internas y particulares de su actual existencia como si fuésemos su psicoterapeuta que se mantiene en una actitud de serena acogida. Si hemos callado durante todo este tiempo ¿cómo conseguimos entender en nuestra intimidad este trozo de su vida disponiendo de tan pocos datos? ¿cuál es el "campo bipersonal" que se forma entre Marion y nosotros que hace posible captar su significación? (17).

Con perspicacia Bion nos ha prevenido que es necesario que escuchemos con una atención libremente flotante, sin deseos ni recuerdos, para así empaparnos directa y desprejuiciadamente de las creaciones del inconsciente (35). Ya es clásica la postura de Reik de "oír con la tercera oreja" al permitirse oscilar entre observador y participante (36). Langs está de acuerdo con la actitud de suspensión intencional de las funciones reflexivas que ya Freud recomendaba como esencial (37). Empero con razón comenta Langs que se cae en el peligro de la arbitrariedad y especialmente la ausencia de puntos de apoyo definidos que guíen sistemáticamente el interpretar. De ahí que acude en nuestra ayuda entregándonos tres conceptos básicos: gatillo, implicancias y contenido codificado (16). Los tres apuntan a la zona del inconsciente pero con distinto alcance y sentido psicodinámicos. En otras palabras, el contenido manifiesto del relato de Marion contempla una triple significación en acuerdo a su función al interior de la zona latente y primitiva del psiquismo.

1. Implicancias. Son aquellas inferencias que el terapeuta puede conquistar permaneciendo en el sentido inmediato u obvio, superficial o casi patente. Basta que especule o se deje impresionar por el valor patente de los hechos, por los elementos no específicos de las asociaciones, para construir hipótesis generales o intelectualizadas que permanecen reducidas al nivel de lo evidente. Generalmente se llega a los clichés psicoanalíticos que no aportan sino visiones planas, lineales y estereotipadas.

2. Contenido codificado. Llamado también derivativo, es resultado de las fantasías, introyectos y recuerdos más arcaicos y que se expresan de manera altamente disfrazada en las comunicaciones manifiestas verbales y no verbales. Constituye la revelación del inconsciente propiamente tal. Encierra un sentido tan altamente transformado y desfigurado porque es producto de la condensación, desplazamiento y simbolización, lo que lo hace irreconocible a una primera vista, y requiere, por tanto, de un arduo trabajo de interpretación en profundidad para develar su significación. Cuando se la descubre, es de carácter inesperado y novedoso para el enfermo.

3. Gatillo o contexto adaptativo. Es el estímulo específico proveniente de la realidad que ha desencadenado la aparición de los mensajes derivativos en los instantes actuales. Es una suerte de tarea o conflicto para el inconsciente dinámico que éste debe resolver y lo hace con la producción de los derivados específicos o codificados. En el caso del sueño, Freud lo denominó "resto diurno" (38). Este precipitante objetivo gatilla (trigger) o provoca las respuestas intrapsíquicas enmarañadas y cargadas de referencias disfrazadas del presente actual (18).

El gatillo en la presentación de Marion

El tictac del reloj desde el trasfondo nos insinúa que la conflictiva de Marion puede girar alrededor del paso del tiempo y sus derivaciones inmediatas y mediatas. Si ello es así, lo central, el "residuo diurno", estaría en torno al duelo por la madre, que la filósofa narra de modo llamativamente rápido y sin entregar más detalles, en un tono casual, como si no pudiera aceptarlo o no quisiera que nosotros aprehendiéramos en toda su magnitud el dramático acontecimiento. A lo anterior se suma la peculiar omisión del retrato de ella, omisión que hace sospechar que se conecta de un modo cierto pero disfrazado con lo recién mencionado; la ausencia es tanto más decidora cuanto que la repisa del recibidor está poblada de fotografías de las personas más significativas de su vida, todas pertenecientes a su círculo familiar íntimo. Surge una hipótesis primera para entender este vacío maternal que es como moneda de dos caras: por un lado, parece simbolizar que ella no está ya más presente en su vida, que ha dejado un hueco imposible de llenar, que su figura resulta tan insustituible y dolorosa que no tolera ser recordada en los penosísimos momentos actuales; pero por otro, y contrariamente, que la ausente no es merecedora que se la recuerde, que debe abandonar toda pretensión a que se la mantenga vigente, que su salida debe ser definitiva e irrevocable. Si se está en la pista correcta, Marion tiene una profunda ambivalencia hacia su madre y su muerte, sentimiento contradictorio y preocupante que extiende sus ramificaciones hacia ella misma como progenitora cuando acentúa que no ha tenido descendencia y simultáneamente recalca el haber acogido, de la mejor manera posible, a su hijastra "algo indisciplinada". La relación madre-hija adquiere así una connotación y alcance decisivos que habrá que tener en cuenta para el análisis ulterior, especialmente cuando nos percatamos que tampoco su cuñada –madre del hijo de su hermano– se encuentra entre las personas fotografiadas.

Al plantear como gatillo su situación actual real de honda pérdida recientemente sufrida aunque cargada de afectos ambivalentes ¿qué respuestas derivativas evoca que son consecuencia indirecta de estimular objetos intrapsíquicos (fantasías, introyectos y recuerdos)? Ahora empezamos a visualizar el nuevo valor retrospectivo que Marion da al hecho de cumplir 50 años: la pérdida externa reciente reanima una pérdida interna anterior que se había mantenido activamente negada hasta esos momentos. Si existe un duelo, éste es doble: por el objeto externo y por el objeto interno perdidos, por usar una expresión de Melanie Klein (39). Hasta el período anterior al deceso, Marion había asumido una postura de contemplación, distanciamiento y cierta descalificación condescendiente, características de ciertas personalidades en la edad media de la vida, como dice Jaques (40). Su enfática aseveración de haber adquirido intencionadamente, como manera de enfrentarse a ciertas áreas de su existencia, un rechazar y rehuir las realidades desagradables o incómodas, tanto de los acontecimientos vividos como de "los lados oscuros de mi carácter", nos habla de una evasión y refutación sistemática de lo negativo o adverso como forma de vida.

En otras palabras, el remezón del cambio, la transición vivencial inherente a la privación o ausencia termina por desestabilizar la existencia de Marion Post, tal como lo experimentamos en su relato, aunque encubierto de distintas maneras detrás de una fachada lustrosa y aséptica. Lo primero es que la realidad e inevitabilidad de su edad que avanza inexorablemente, en el fondo, de su muerte propia, se le ha tornado indesmentible a ella, agravando la crisis normativa habitual de finales de la edad media. Las palabras de Freud recuerdan la enorme magnitud de la tarea: "Estamos preparados para sostener que la muerte es un desenlace necesario de la vida... En realidad, sin embargo, estamos habituados a comportarnos como si fuera de otra manera. Mostramos una tendencia inequívoca a aplazar indefinidamente la muerte, a eliminarla de la vida. Tratamos de acallarla.... Es decir, nuestra propia muerte por supuesto... En su inconsciente cada uno está convencido de su propia inmortalidad" (41). Siguiendo a Klein, podemos plantear que su sentido de autovalía, su amor hacia su persona, que era proporcionado por su objeto primario, es decir, por su madre original interiorizada – una figura buena, útil y sostenedora de su intimidad –, se había comenzado a dañar y después a desmoronar progresivamente con la cercanía a la cincuentena (42). Con dificultad había conseguido sustentarla y apuntalarla, a costa de la eliminación sistemática de toda conciencia de sus pequeños duelos cotidianos sobre sí misma, de "dejarlo todo así" como si nada ocurriese. Sus éxitos profesionales y personales –que no escatima en destacar– eran una suerte de desmentido (Verneinung) (43) poderoso ante la decadencia corrosiva subterránea y el acercamiento hacia su fin, una coraza ante el ataque intolerable a su narcisismo. Es decir, frente a su duelo interno que había ido sufriendo inconscientemente los últimos años se había defendido externamente por medio de la obtención de resonantes triunfos académicos, conquista matrimonial y manejo a voluntad de su hijastra.

Pero la condición de la intelectual universitaria es bastante más compleja. La agresión parece haber adquirido una importancia tanto o más decisiva que el amor hacia su progenitora a consecuencia de las circunstancias presentes. Ya apuntamos a que la falta del retrato hacía suponer la puesta en marcha de impulsos destructivos intensamente deseados y de naturaleza activa. Mejor dicho, si postulamos que la muerte de su madre ha reavivado pulsiones de rabia y aniquilación anidados profundamente en su mundo interno seguramente desde pequeña, significa que ahora, por fin, han conseguido exitosamente su meta –el homicidio–, y de forma resonante. Sin embargo la aniquilación real del objeto externo muestra otra cara, la de dependencia frente a él, por lo que su deceso arrastra la destrucción fantaseada del objeto interno bueno y protector del que se cogía para su supervivencia emocional, o como sugiere Melanie Klein, "cada duelo experimentado en la vida adulta revive el duelo temprano [por el objeto interno primario]" (39). Un caos interno comienza a prevalecer en la filósofa y amenaza con irrumpir como producto de intolerables sentimientos de culpa generados por el simultáneo amor-odio hacia la madre.

Esta sobrecarga emocional brusca sobre Marion Post se muestra especialmente en la galería de fotografías que va exhibiendo con cuidada meticulosidad, especie de representación gráfica de su mundo interno más recóndito, modo personal de seleccionar, priorizar y determinar el papel preciso de cada miembro de su familia. Es tan insufrible el dolor que recurre a una serie de medidas de corte omnipotente que la aseguran, y calman, que las relaciones con sus objetos más entrañables no son de mucha importancia. Su propósito último es que su ego le ratifique a ella misma que se las puede manejar perfectamente bien sin depender de nadie – "negación de la importancia de sus objetos buenos y también de los peligros con los que es amenazada por parte de sus objetos malos y su ello", según los términos de M. Klein (42). Las correspondientes maniobras defensivas maníacas son triunfo, control y desprecio, que la hacen aparecer a ella en todas sus facetas narcisistas (20). Primero, como la figura central, sola, distinguida y autárquica, emana de toda su persona un triunfo evidente, que derrota y arrasa a su anterior rival – su madre– que la superaba (imaginariamente) en todos los ámbitos. Además, con su cara semisonriente y segura, desmiente toda nostalgia de ella, de extrañarla o echarla de menos, en el fondo, todo sentimiento depresivo o de duelo. Junto a ello, como otra prueba de omnipotencia, que refuerza su negación de cualquier realidad psíquica que suponga la posibilidad del sufrimiento, se muestra como una mujer controladora, aunque sutilmente, obligando a los otros miembros de la familia a depender de ella y sus antojos. Los dos retratos de su hijastra, los dos de su hermano, su padre con su nieto, su marido solo y, por fin, ella íntimamente cogida del brazo de éste, apuntan con claridad a que está satisfaciendo sus necesidades de reducirlos a sumisos satélites girando en torno de ella. Aunque también, e inversamente, de sentir ella misma inequívocamente que son personas con las que se puede contar en cualquier circunstancia, que están disponibles a su voluntad (y no la van a dejar desamparada). Por último, el desprecio se insinúa con particular sutileza al borrar a su cuñada de la lista, valorándola como un ser inferior que no merece estar ahí legítimamente ni como madre ni como esposa de su único hermano ni menos como rival.

Lo que hemos dicho hasta aquí está de acuerdo a las indicaciones de Freud, quien acentuaba la importancia de la identificación con el objeto perdido en el duelo: "la sombra del objeto ha caído sobre el Yo" por medio de la regresión (44). Pero en el caso de Marion Post se ha llevado a cabo esta identificación con su madre muerta de una manera particular: transformando los reproches habitualmente dirigidos contra la propia persona en una exaltación de sí misma. Esta inversión permite suponer la entrada en acción de otros mecanismos defensivos, como los descritos más arriba, incluyendo la idealización primitiva, que juntos hacen frente a las potentes ansiedades destructivas transfigurándolas en su opuesto. O sea, ella es el personaje estelar indiscutido –la madre grandiosa– que impulsa a que revoloteen todos alrededor de ella y que estén a su arbitrio aceptando colmar su voluntad sin especial oposición. Por decirlo así, ni siquiera su esterilidad es puesta en cuestión ya que su hijastra de 16 años merece una consideración especial con su doble fotografía inmediatamente al lado de ella, algo así como una refutación mágica de la carencia propia.

¿O no contendrá su narración también un intento de reparación por haber eliminado con su ataque inmisericorde a su madre, no esconderá por debajo una culpa inconsciente enorme que despierta urgencias impostergables por restaurarla y recrearla, y así recuperarla interna y externamente?

La pregunta encuentra una afirmación provisoria al final del episodio, o por lo menos, da un indicio fuerte en esa dirección. La necesidad de enfatizar la importancia de escribir su libro, la precaución excesiva para asegurarse de que esté libre de toda perturbación de cualquier naturaleza, despierta la sospecha que algo especial representa esta nueva obra. "Lo exigente del nuevo proyecto" obedece, más allá del imperativo que apunta a un superyo severo, al inicio de una progresión de su proceso interior de duelo: la creciente aceptación de la responsabilidad que le cabe en haber producido el daño (en la fantasía) movilizándola hacia la ejecución de una obra que sea reparadora y llena de amor. Melanie Klein se refirió a esto ya en 1927: "Es impresionante ver en el análisis cómo estas tendencias destructivas pueden ser utilizadas para la sublimación..., cómo estas fantasías pueden ser liberadas para el trabajo más artístico y creativo" (45). Si fuera así, algo falta en el caso de Marion, como señalaría quizás Winnicot, quien acentúa el carácter festivo o de objeto transicional de toda obra verdaderamente creativa (46). La labor creadora libera ansiedades dolorosas y temidas, produce una relajación o aflojamiento de los pesados lazos férreos con que está soldada la realidad para que se constituya como tal y así, gracias a esta desligazón artística lúdica, se alcanza la nueva organización de lo real unida a una emoción subjetiva de placer y bienestar por el logro (47). De ahí que en la biografía de literatos y pintores se constate con regularidad una pérdida previa importante y una preocupación auténtica por el objeto originario, un apenarse íntimamente por su desaparición, lo que da lugar a la gestación de uno nuevo externo que lo suceda, no simplemente lo reemplace, que lo restaure y recuerde en todo su valor y dignidad, por lo que la reparación es siempre gozosa (48). Parece que, contrariamente, en el caso de la filósofa, ésta todavía no cuenta con la suficiente carga psíquica de libido o eros que le permita el consiguiente desprendimiento, desasido y placentero, sino su agresividad vengativa la llena de obligación y deber, en parte desesperación, al menos hasta estos momentos de su existencia. Como afirmaría Segal, no ha entrado aún en la posición depresiva (49).

Encuentro con la cuñada como primera
elaboración

Si nuestra hipótesis inicial se cumple esta escena ahondará en los conflictos y, como en un giro descendente, los reanalizará en un nivel más decisivo. Por de pronto, las breves palabras introductorias de Marion Post son un refrendar inequívoco que ella se juzga como autorizada –y seguramente espera nuestra aprobación– a mostrarse y comportarse como lo ha estado haciendo desde el fallecimiento de su madre. Su tono imperioso y su argumento rotundo que justifica sin vacilación su proceder, pretenden dejar en claro que la dueña de la situación es ella, y que su cuñada debe acatar sus apetitos y atenerse con docilidad a las reglas impuestas.

Frente a Lynn comienza utilizando los mecanismos defensivos propios de su exaltado sentido de valía de sí misma que la inunda y que conocimos en su presentación, esto es, control, triunfo y desprecio (50). Así, controla a su cuñada inmediatamente al irse poco rato después de la hora pactada; con ello, no sólo ratifica que no depende emocionalmente de ella para nada – se las puede pasar perfectamente a solas –, sino que, contrariamente, intenta que Lynn se supedite a sus necesidades, ya que al obligar a aplazar la cita en acuerdo a su conveniencia, ejercita convertirla en una persona que ella puede disponer a su antojo. Queda particularmente claro al final del encuentro con la tensión de los últimos momentos, cuando la cuñada intenta hacerle frente: vuelve a forzarla a transformarse en un instrumento servible al subrayar que ella determinará personalmente los términos precisos de las futuras citas (secundada por Ken su marido). Además, triunfa sobre ella haciendo hincapié indirecto en los éxitos que le ha acarreado tener dinero en la profesión y logros en el matrimonio; el dinero, por decirlo así, es su arma de ataque para derrotarla sin concesiones, y el matrimonio desgraciado de Lynn es una contraprueba indesmentible de su propia victoria. Por último, el desprecio se lo hace sentir de una manera casi brutal al enrostrarle que "apenas te conozco" (a pesar de los años de matrimonio del hermano), que culmina con un lapidario no gustarle "este tipo de conversación". Hasta aquí tiene razón Melanie Klein cuando comprobamos en Marion que "la gratificación sádica de vencer y humillar, de obtener lo máximo, de triunfar, pueden penetrar tan profundamente que impida el acto de reparación" (39).

Pero ahora comienza a suceder algo inesperado y que contribuirá al proceso de validación que llevaremos a cabo formalmente en la última escena. La cuñada Lynn se erigirá en la oponente inicial que introducirá la duda, o al menos, la que pondrá en cuestión una parte de la imagen de sí misma, con la consiguiente necesidad de reconsiderar su postura. Por decirlo así, se transformará en su primera "psicoterapeuta" al no admitir todas las proyecciones que le arroja Marion, y señalará con eficacia e interpretará las discrepancias y distorsiones entre ella y el introyecto infantil (51). La rabia provocada por las respuestas certeras de Lynn y la acentuación consecutiva del modo de conducirse desconsideradamente de la filósofa como expresión de un aumento importante de sus ansiedades y resistencias, no impedirán completamente que el insight penetre en su intimidad, seguramente, más de lo que Marion misma quisiera admitir conscientemente.

La labor "terapéutica" de Lynn destinada a desenmascarar las defensas protectoras y ansiedades subyacentes por medio de la confrontación se concentrará en dos áreas. Primero, Lynn le señalará la negación masiva (43) como mecanismo central empleado para no percatarse tanto de la realidad como de su interioridad –el odio y resentimiento de su hermano Paul hacia ella, su propia descalificación furiosa dirigida hacia su cuñada, "apenas te conozco"–; en el fondo, le apunta a que su supuesta independencia emocional de ambos, al restarles importancia recurriendo a la escotomización, es nada más que un artificio que la pone a salvo de percatarse tanto de su debilidad como de su sujeción frente a los otros. Segundo, la existencia de celos destructivos en su interior: "sé que jamás me aprobaste"; la siguiente frase aclaratoria, "no será porque yo no haya tratado", es demasiado para Marion porque conlleva la invitación a que se autorevele por su parte, a que exhiba sus propios deseos de intimidad, procesos que sobrepasan con mucho sus capacidades actuales de introspección.

Marion, a su pesar, se da cuenta oscuramente que las exhortaciones y clarificaciones encierran algo más que las impaciencias y amarguras personales de la cuñada envuelta en un atolladero emocional. De hecho, valida indirectamente la existencia de una intensa agresión que anida en el fondo de sí al evadir activamente continuar el diálogo. Queda claro que no lo hace exclusivamente por evitarse un mal rato, ni menos por consideración a Lynn o a Paul, sino porque sospecha que una violencia desconocida y creciente puede irrumpir en cualquier momento desde su interior – "decir cosas de las cuales una luego se arrepiente" –, y rebalsar sus sólidos y asépticos límites que la han protegido eficazmente hasta entonces. En otras palabras, el derrumbe inminente del matrimonio de su hermano resuena sacando a la luz nuevamente apetitos rabiosos escondidos que vienen a corroborar la existencia de pulsiones homicidas hacia la mujer. La muerte de su madre, por decirlo así, se está convirtiendo en un polvorín y expandiendo, repitiéndose en la eliminación virulenta de su cuñada a causa de sus fantasías celosas mortíferas. ¿O es que, contrariamente, ya comenzó el proceso de autoconocimiento restaurador en un plano muy profundo, así como con su libro se esbozaba el inicio del mecanismo de reparación gracias al predominio del amor sobre el odio?

La segunda elaboración: su doble y
reminiscencias de una fiesta

Nuevamente la mujer, mejor dicho, dos mujeres serán las portavoces encargadas de descifrar los dinamismos inconscientes de Marion Post y, así, acelerar el tormentoso trabajo de toma de conciencia iniciado por Lynn. Para nuestros propósitos específicos del momento, las fantasías e introyectos estimulados por la muerte de su madre no sólo se harán más explícitos y mostrarán desarrollos en distintas dimensiones de su vida emocional; también, el remezón existencial desencadenado por la intervención de su cuñada que primero reafirmó, empero luego resquebrajó, su rígido aparato defensivo al arremeter contra el punto de máxima angustia –sus impulsos agresivos–, volverá a vivirse de manera dramática, como en una suerte de progreso helicoidal, mas ahora referido retrospectivamente a su propio pasado. Con ello también nos auxiliará en nuestra meta final de validación del material.

La voz femenina a la que escucha atentamente Marion es absolutamente desconocida y producto de la casualidad. Su sonido se escurre por una toma de aire de su departamento arrendado en el centro de la ciudad, y ella es una paciente que está en una sesión de psicoterapia individual en otra parte del edificio. Resulta obvio que es una doble de la filósofa aunque con un atributo especial: no exige nada de Marion sino que se la oiga, no presiona intrusivamente con sus palabras salvo que se le permita que exprese e ilumine un ámbito de la realidad que es la suya y, de paso, la de Marion. Es una especie de objeto intermedio entre la voz de la conciencia y la de un terapeuta que refleja la verdad de la intelectual sin las premuras del deseo ni recuerdo (35), es una admonición a su ser más íntimo a que se le preste atención. Y la exhortación apunta a que ella admita una verdad que había sufrido una negación profunda: sus actos han estado golpeando y desintegrando activamente su matrimonio y ella no ha tomado conciencia ni menos ha asumido su virulencia real, "porque siempre he sentido que si algo parece resultar bien, lo mejor es dejarlo así".

¿De dónde procede esta destructividad que había sido ocultada tan celosamente? La respuesta es inequívoca: de su inconsciente más antiguo y que se patentizó en su elección de pareja por cuanto ésta supuso un asesinato velado. Y ahora existe culpa, nostalgia y quizás arrepentimiento. Ahora le toca el turno a la ex-esposa, Kathy, de confrontarla activamente tanto con la fuente como con la cuantía de la destructividad de Marion, esta vez sin la ecuanimidad de una psicoterapeuta, sino premunida de la ira y lucidez propia de la esposa ofendida. No sólo le arrebató la casa, amigos y pertenencias, sino le cercenó la feminidad y capacidad generatriz con un golpe artero valiéndose premeditadamente de su intelecto y poder de seducción. Por decirlo así, aprovechándose del desvalimiento y enfermedad de Kathy –estaba hospitalizada convaleciente de una extirpación de los ovarios– le sustrajo a sus espaldas todos los atributos propios de su sexo con una finalidad: adueñarse por completo de Ken (conscientemente) para humillarla ignominiosamente con su victoria (inconscientemente). Meticulosamente se apropió de su marido con una especie de zarpazo y triunfó sobre su rival de más edad dejándola desamparada, exprimida y sin posibilidad de réplica. El trofeo ansiado, Ken, esposo y padre, aventajado cómplice, cedió ante los embates de su espíritu brillante y fuerza cautivadora. Con otros términos, el daño imaginario infligido a su madre en el presente fue real en su adultez temprana, la muerte actual es tan conmovedora porque ella ejecutó efectivamente actos con intenciones homicidas así como depredadoras en el pretérito.

El episodio no fue tan sencillo, lo que nos autoriza a postular la presencia simultánea de fuerzas psicológicas contrapuestas aún entonces. El amor más generoso lo sintió hacia Larry pero la necesidad de despojar a Kathy fue más intensa y abrasadora. Larry, el apasionado escritor del oeste, alcanza a penetrar la coraza defensiva de la filósofa y la hace vibrar con una intensidad desconocida, propia de una pasión sincera, pero los remordimientos (y venganzas) de conciencia ante el daño brutal ya cometido con la mujer legítima le impiden arrepentirse, retroceder y disfrutar de la felicidad. La culpa inmediata no la pudo tolerar e, incapaz de admitirla, se perdió con prontitud en la represión y el olvido. El severo autocastigo de su superyo –convertirse en esposa por sentimientos de culpa, por usar una expresión similar a la de Freud (52)– le imposibilitará gozar la dicha ansiada y merecida. Larry, espectador involuntario de la bochornosa escena entre Ken, Kathy y Marion, vislumbra con la sagacidad propia de un enamorado, los motivos inconscientes que abruman a Marion: su empecinarse por su rival Ken es sólo un pretexto para huir de una relación de pareja adulta. Las oscuras manipulaciones y rígidas intelectualizaciones de ambos novios esconden motivaciones turbias, que en el caso de Marion, no son otras que la victoria asesina (fantaseada) y la consiguiente culpa masiva. Al rechazar finalmente a Larry y decidirse por Ken, Marion incorporó la culpabilidad a su intimidad desfigurándola pulcramente en una fachada de felicidad desprendida y autodominio sereno, aunque, como todo lo reprimido tiende a retornar, asaltada por breves relámpagos por la cuestión desazonadora: Me pregunto a menudo acerca del verdadero amor...

El encuentro consigo en la soledad
existencial y la validación

La escena final nos aporta un material nuevo y decisivo para la mejor comprensión de Marion, especialmente sobre la génesis temprana y desarrollo temporal de su condición. Empero lo más importante es que la irrupción espontánea de estos nuevos datos, en parte inesperados, están acordes, aunque indirectamente, con nuestra hipótesis primera. Como afirma Langs, esta es la validación propiamente dinámica porque es una manera de confirmar oblicuamente, vale decir, que se apoya en indicios codificados y derivativos que expresan y son consecuencia del gatillo inicial o contexto adaptativo (19). Si los hechos sorprenden al terapeuta mismo aumenta su poder de prueba, puesto que reafirma que no son producto preponderante de sus prejuicios teóricos o contratransferenciales. Ya sabíamos por Freud que en el proceso de validación de la psicoterapia no había que conformarse ni con un asentimiento por parte del enfermo, con un "si", ni con la presencia de hechos objetivos constatables ni datos mensurables en el desenlace (53). Esto es, se requiere interpretar el relato como un texto, lo que en nuestro caso implica descifrar la última actuación de Marion en la soledad de su salón de estar como un símbolo altamente embozado del desencadenante real primero (54). A esto se llama hermenéutica de la existencia porque, como dice Ricoeur, para que un "hecho" se constituya como tal en psicoanálisis, debe "ser capaz de ser dicho" y ha de "hablar al otro": los "datos observables" sólo adquieren sentido al interior de "relatos" o "narrativas" coherentes que se cuentan a un interlocutor (55).

La reunión con una nueva mujer desemboca en el insight definitivo. Nada sabemos de Claire salvo que es una amiga íntima de su adolescencia y que la cita con ella la ha dejado de tal manera inconfortable y tensa que se hunde en la lectura para recuperar su equilibrio. ¿Estuvo su intimidad juvenil cargada de violentos afectos ambivalentes hacia ella y, si la estuvo, de qué naturaleza? ¿Ha sido su actividad intelectual, incluida la lectura, más allá de su placer espiritual, un refugio o una evasión de conflictos emocionales violentos? Estas dos preguntas nos trasportan a su pubertad hasta ahora desconocida.

La mención explícita de la madre por vez primera –por fin el reconocimiento consciente de lo tan largamente reprimido, representación inmediata de eros, que tiende a la unificación y cohesión, imperando sobre tanatos y su propensión a la negación y escisión (56)– desencadena una catarsis que se venía gestando progresiva e inexorablemente a causa de sus encuentros sucesivos con las mujeres decisivas de su vida actual. Dicho de manera más estricta, su madre, que surge en el presente de Marion como respuesta indirecta de sus introyectos a las emociones evocadas por la persona de Claire, es lo que Bion denomina "hecho seleccionado": una formulación, un hallazgo o un acontecimiento recientemente descubierto que introduce un nuevo orden y sentido, y reúne en un todo, a los elementos previamente dispersos e inconexos (57). Amor y odio, destrucción y reparación, proyección e introyección, envidia e identificación se aúnan en unos pocos momentos cargándolos de nostalgia y ansias de emulación.

A los 16 años se le reveló súbitamente a Marion que la muerte anidaba en su corazón tanto o más que en la realidad, y que estaba agazapada para abalanzarse sobre su envidiada y odiada madre. Imagen azorante por el amor que simultáneamente le profesaba producto de su admiración sin límites que se concentraba especialmente en sus dotes poéticas. Su implacable conciencia moral sublimó sus deseos de matar en un producto literario, su interpretación personal del poema de Rilke –no es ella la que ve salir de su intimidad el impulso asesino sino es la pantera la que observa como la muerte se desliza fuera de la jaula en busca de su presa. Con esto captamos desde otra perspectiva la importancia de la hijastra de 16 años y su doble fotografía ocupando un lugar privilegiado inmediatamente junto a Marion. No es que la madre sustituta –ella identificada ahora con su propia progenitora– odie a su hijastra e intente vengarse con violencia de las pulsiones destructivas supuestas en ésta, sino que, contrariamente, su hijastra con su indisciplina la idolatra calladamente, por lo que ella la prefiere y mima como su regalona. Al invertir la realidad de su adolescencia niega en el presente lo profundo y avasallador de sus necesidades criminales de su pasado.

Recién ahora puede comenzar el trabajo de duelo que, a sus 16 años y seguramente después de un período largo y tormentoso, culminó en la identificación introyectiva. La madre imaginariamente destruida y fragmentada fue reparada amorosamente en su interior dando origen a un cambio duradero en su persona, dedicándose al alemán y la vida espiritual; este cambio sin embargo lo disfrazó bajo el ropaje austero de la filosofía. De Rilke hasta Heidegger hay un largo camino empero una estrecha vinculación afectiva. Si en aquel entonces hubo pérdidas de su sí mismo (self) (58) –actitudes, modalidades y relaciones– para crecer como adulta digna de su idealizada madre, en estos instantes hay nuevas pérdidas de su actual identidad indispensables para entrar en el tiempo de la última madurez. Por un lado, causadas por la culpa – "desde aquí no hay lugar en el que no te vea" – que le produce el descubrimiento de la rabia y ansias homicidas propias, persistentes a pesar de su largo trabajo interno; por otro, por la corrosión invasora de la edad que le va anunciando con tono implacable el final.

"Tú debes cambiar tu vida" significa entre otras cosas: es necesario nuevamente hacerte cargo y depositaria de tus angustias de muerte que se han reavivado pero ahora, en una nueva vuelta helicoidal de nivel superior, para conformar tu integración temporal y tu continuidad existencial. Su mismidad dolorosamente montada a los 16 años está en peligro de desmembramiento y despedazamiento a los 50, su yo maduro está en aprietos para reponer su yo adulto, así como su yo púber lo estuvo de reformar su yo infantil. En ambas situaciones se trata del trabajo de duelo por las partes perdidas de su sí mismo (59). La permanencia y constancia de su ser necesitan una vez más ser recuperadas, después de haber aprehendido en su integridad, producto de una labor dolorosa, la abrumadora inevitabilidad del envejecimiento y muerte cercana incorporando partes renovadas, que le aseguren una autoestima constructiva e independiente.

¿Será éste el destino inmediato de Marion? Lo podemos suponer si nada interfiere o frena su desarrollo espontáneo que ya se ha puesto en marcha. Quizás aquí conviene recordar las palabras de Dante luego de su destierro de Florencia a los 37 años. La Divina Comedia la empezó a escribir poco después con las estremecedoras palabras que podrían valer por igual para Marion, a punto de escribir su libro en el comienzo del ocaso:

A mitad del camino de nuestra vida
Me encontré en un bosque oscuro,
En el que había perdido el camino recto.
¡Ah! Cuán difícil es hablar de ese bosque,
Salvaje, áspero y denso,
Cuyo recuerdo renueva mi temor.
Es tan amargo
Que difícilmente la muerte pueda serlo más.

Conclusiones

La psicoterapia dinámica encuentra dificultades especiales en la primera sesión que sin embargo no alteran su proceder de manera sustancial. Los conceptos de punto de máxima ansiedad, gatillo o contexto adaptativo y derivativos o implicancias ayudan a resolver los problemas clínicos sin abandonar los postulados esenciales ni recurrir a maniobras extra-analíticas. Fundamental resulta la constante validación de las hipótesis por parte del psicoterapeuta para no perderse en el capricho o en los clichés con escaso valor heurístico. Conviene tener presente nuestros estrictos criterios de naturaleza dinámica sobre la validación para no caer en malas interpretaciones y descalificaciones apresuradas por no apoyarse en datos duros u objetivos, especialmente en una era como la nuestra empeñada en atenerse a lo mensurable como criterio único para ser reconocida como una empresa científica.

En el ámbito británico ha surgido una corriente empeñada en introducir de distintas maneras las humanidades en la medicina: destacar los valores humanistas que debe poseer todo médico, tratar las historias clínicas como narraciones literarias y aplicarles iguales normas para su confección y comprensión, etc. No es esta nuestra intención al emplear una película para estudiar una sesión de psicoterapia. Fuera de representar el arte un ámbito diferente del científico y que por tanto interpreta la realidad de distinto modo, esto es, muestra la esencia de ciertos fenómenos humanos, hemos acudido a él con fines didácticos. Vale decir, nos ha ayudado a enseñar psicoterapia de orientación analítica. Se sabe lo difícil que resulta a los jóvenes aprender a ejecutar una psicoterapia con técnicas bien aplicadas y que una de las maneras es la supervisión directa (21, 60, 61). Ya sea en forma individual o grupal, se presenta el film con todos los datos disponibles, y los psiquiatras y psicólogos reunidos formulan y justifican sus hipótesis de trabajo de manera sistemática. El conductor guía y enfatiza los principales puntos a tomar en consideración para una recta validación de las intervenciones de los participantes, aprovechándose de la posibilidad de fijarse en los pequeños detalles gracias a la repetición de las escenas cuantas veces se necesite. Si son dos los psicoterapeutas que están encargados de dirigir las asociaciones e interpretaciones de los principiantes, los frutos son más ricos y variados porque se pueden contraponer perspectivas y escuelas disímiles o aún antagónicas.

Antecedentes. Existe un debate intenso en relación al modo cómo se debe ejecutar la primera sesión. El terapeuta puede tomar una historia detallada o simplemente permitir que el paciente lleve su propio ritmo. Objetivo. Focalizarse y refinar los conceptos y principios de la técnica que son aplicables al primer contacto. Método. Estudiar la película de Woody Allen “La otra mujer”. Mientras se va desarrollando esta película, a través del análisis de cuatro escenas, escuchamos el material como si fuera presentado por un paciente real, y formulamos las intervenciones o hipótesis. Resultados. La decodificación por medio del gatillo nos permite descubrir los conflictos emocionales y los problemas interpersonales que están perturbando y la mejor manera de resolverlos. Conclusiones. El contexto adaptativo o gatillo es la realidad específica que evoca una respuesta intrapsíquica. Es crucial reconocer la presencia de contextos adaptativos en la primera hora. En principio el terapeuta debe adoptar una actitud de escucha que tome en consideración tanto el contenido manifiesto y la superficie de las comunicaciones del paciente como sus implicancias latentes.

Palabras clave: entrevista, psicoterapia, primera sesión

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Dirección postal:
Gustavo Figueroa
Casilla 92-V
Valparaíso
E-mail: gufigueroa@terra.cl

Departamento de Psiquiatría, Escuela de Medicina, Universidad de Valparaíso.

Recibido: noviembre de 2003
Aceptado: diciembre de 2003

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