SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.43 número1Síndrome de Déficit Atencional: antecedentes neurobiológicos y cognitivos para estudiar un modelo de endofenotipo índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.43 n.1 Santiago mar. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272005000100001 

REV CHIL NEURO-PSIQUIAT 2005; 43(1): 7-9

EDITORIAL

La Medicina, el médico y la globalización.

Medicine, the physician and globalization


The editorial looks at the impact of globalization on the medical profession in Chile. The importance of the market, physician's aphathy toward regulation of their own professional activities, and the role of some national accrediting bodies are discussed. The article seeks to encourage re.ection on the risks of passiveness on the part of physicians and their education and professional institutions in the face of the changes taking place, and to urge that we live the experience of globalization vigilantly and consciously, protecting our identy and tradition in the fundamentals of medical practice.

Key words: medical profession, globalization.


Debemos aceptar que hace 50 años, nuestra nación era una región aislada. A pesar de ser considerado como parte de la tradición cristiana occidental, el concepto prácticamente pasaba inadvertido. Diversos factores dificultaban poder comprender  acceder y compartir las manifestaciones de esa civilización, la que estaba reservada sólo a una selecta minoría. Estando nuestro territorio distante de los centros de influencia, las dificultades y el costo de los medios de transporte hacían que el conocer otras latitudes fuera una verdadera proeza. Del mismo modo, el pobre desarrollo de los sistema de comunicación, impedían que la cultura, la moda, los cambios políticos, sociales y otros fueran percibidos oportunamente creando un clima de atraso permanente. Los adelantos tecnológicos (textiles, electrónica, cine, música etc) la mayoría de las veces eran considerados suntuarios y por lo tanto no tenían cabida en nuestra población. Recordemos, a modo de ejemplo, que la televisión en blanco y negro se inició cautamente en Chile, en una época en que las imágenes en color eran una realidad en los países del primer mundo. En consecuencia los atributos de occidente solo eran captados por una elite, lo que contribuía a establecer odiosas diferencias y por lo tanto un cierto rechazo o temor a la intervención foránea. Por otro lado, el enclaustramiento al cual estábamos acostumbrados favorecía reforzar, apreciar e incluso estar orgullosos de nuestros propios valores conformando una peculiar identidad. De este modo, esta cerrada y protegida sociedad marchaba a un ritmo lento y tranquilo, casi resignada a pertenecer a un país de tercera categoría.

La medicina significaba una de las excepciones. Los centros formadores regidos por el alma mater de la Universidad de Chile, entregaban un número de profesionales debidamente seleccionados y entrenados que ejercían su función dentro de normas de responsabilidad, sobriedad y eficiencia, con lo cual su prestigio superaba las fronteras. En salud pública, se ideaban proyectos originales que permitieran superar los grandes problemas sanitarios como la mortalidad infantil, desnutrición, epidemias, etc. Con no pocas dificultades y contratiempos, médicos visionarios realizaban audaces procedimientos que situaban a Chile en un lugar de privilegio en el mundo. Estas y otras características hacía que el médico contara con la confianza y respeto de una Sociedad que veía en ellos no solo profesionales competentes, sino que verdaderos líderes de opinión.

El tercer milenio nos muestra un panorama completamente distinto. En el mundo impera la llamada globalización, que en opinión de Ramonet (1), no es otra cosa que una conquista transnacional de mercados. Chile, en forma casi ictal, se ha visto envuelto en el proceso con las consecuencias que ello significa. Las barreras han desaparecido y la influencia extranjera es palpable en todos los ámbitos. Los sistemas de comunicación, cada vez mas expeditos, permiten estar en conocimiento instantáneo de los diferentes sucesos. Las facilidades del transporte hacen que la población pueda desplazarse hacia otras regiones incorporando formas y maneras de ser diferentes. La simplificación de las importaciones lleva a disponer en el mercado de los últimos adelantos tecnológicos para satisfacción de los usuarios.

Sin desconocer los aspectos positivos que conlleva, nos parece que ha conducido a una suerte de hedonismo general cada vez mas exigente, ajeno a nuestros valores tradicionales. Aquella sociedad sumisa, se ha transformado rápidamente en una entidad difícil de conformar puesto que el bienestar tiende a relacionarse exclusivamente a la capacidad de consumo.

En este contexto, la medicina por supuesto también ha cambiado. Los índices de salud como mortalidad infantil o esperanza de vida al nacer son comparables a los existentes en países desarrollados. En forma entusiasta se relacionan estos logros con la aparente situación de prosperidad económica, olvidando que se deben fundamentalmente a las medidas tomadas antaño. La influencia externa ha modificado sustancialmente la atención de salud, convirtiéndola en una empresa en que los pacientes son sólo clientes. Si bien es cierto, esto conduce a una superación de la infraestructura tecnológica posibilitando la realización de técnicas sofisticadas, también es cierto, que estimula una competencia muchas veces desmedida con el fin de apoderarse del mercado. Mientras transcurren estos cambios, la figura del médico indudablemente se ha visto disminuida, teniendo cada vez menos influencia en las decisiones de políticas de salud. Aún más, el ascendiente que tenía en la sociedad ha desaparecido, siendo continuamente objetado y discutido. Cabe entonces preguntarse ¿Este deterioro en la imagen de los médicos está intrínsicamente ligado al proceso de globalización y por lo tanto es inevitable, o existen factores que pudieran modificarse? A mi entender, los médicos tenemos una cuota de responsabilidad al privilegiar la individualidad sobre el espíritu solidario. La sana competencia se transforma muchas veces en un protagonismo farandulero absolutamente reñido con nuestros antiguos principios. No es una casualidad que sobre un 20% de las acciones legales sean motivadas por opiniones adversas de los propios pares. Por otro lado, observamos pasivamente el aumento desmedido de escuelas de medicina cuya razón de ser resulta difícil de entender a menos que sean impulsadas por intereses no relacionados con las necesidades de salud. En este sentido, la influencia de los organismos contralores (ASOFAMECH, CONACEM) es incierta y se argumenta en que las sociedades científicas por sus características propias no tendrían competencia.

Admito que pudiera parecer extemporáneo plantear este tipo de consideraciones en una revista de divulgación cientí.ca. Creo, sin embargo, que precisamente la madurez alcanzada por las sociedades científicas, las convierte en uno de los referentes más sólidos para examinar la situación. A través de ellas encontraremos estímulos que nos motiven a reencontrarnos con nuestra verdadera razón de ser como médicos, más allá de los elementos contingentes. Podríamos crear un espacio que contemplara analizar nuestra actitud y comportamiento ante este nuevo orden de cosas, alejándonos del comercio y centrándonos en el humanismo. Propugnemos el desarrollo de nuestras especialidades con moderación y criterio, evitando las descalificaciones arteras y el exitismo. Promovamos la unión y fraternidad acogiendo el consejo oportuno y tolerando las naturales disidencias. Comprometámonos a apoyar y fortalecer nuestros acreditadas organizaciones académicas, de modo que sean ellas las destinadas a vigilar el número y la calidad de los establecimientos formativos, enfatizando los valores éticos inherentes a la profesión. Exijamos en forma serena, pero firme que seamos los propios médicos los encargados de calificarnos y no las necesidades del mercado. Tenemos el derecho y el deber de hacer sentir nuestra opinión, recuperando el afecto y confianza que antiguamente nos otorgaba la ciudadanía.

El incorporarnos inteligentemente a la globalización sería un hecho altamente positivo. El continuar siendo absorbidos por ella sería nefasto.

PATRICIO TAGLE
Editor Asociado de Neurocirugía

Conflicto de intereses: el autor no refiere posibles conflictos de intereses.

 

Referencias

1. Ramonet I. Sobre la globalización. En Le monde diplomatique. Editorial Aun creemos en los sueños. Santiago de Chile. 2004.

 

La Revista Chilena de Neuro Psiquiatría está disponible en www.sonepsyn.cl