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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.44 n.3 Santiago sep. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272006000300008 

REV CHIL NEURO-PSIQUIAT 2006; 44(3): 222-223

COMENTARIO DE LIBRO

 

Como arqueros al blanco. Estudios de bioética

 

Autor: Diego Gracia
Editorial: Triacastela, Madrid, 2004, 516 páginas.

 

Resulta sabido por todos los médicos interesados en los principios morales y filosóficos del arte de curar que Diego Gracia es el especialista más significativo de habla castellana en el área de la bioética. Desde su monumental Fundamentos de bioética (1989) y su condensado Procedimientos de decisión en ética clínica (1991) hasta la actualidad, ha publicado con regularidad una serie de substanciales escritos en que estudia y conjuga con particular destreza teorías éticas y dilemas legales, principios filosóficos e historia de los conceptos morales, antropología médica y valores sustentadores de la actual ciencia empírica, metafísica del enfermar y responsabilidad pragmática junto al lecho del paciente, ontología del convertirse en sujeto humano y opciones bioéticos del morir. Como arqueros al blanco. Estudios de bioética representa la continuación de esta línea de pensamiento con dos atributos particulares. Por un lado, retoma algunos temas previamente tratados por él y los modifica y profundiza de acuerdo a sus actuales investigaciones científicas y filosóficas; por otro, examina los nuevos desafíos de la medicina junto a cuestiones inéditas en su propia producción anterior con el propósito de ir conformando una Bioética especial que sea el complemento necesario de su primer texto sobre fundamentos, esto es, lleva a cabo una aproximación lenta y progresiva siguiendo el método de Jericó, según habría dictaminado Ortega y Gasset.

Cinco son las secciones en que se divide el texto: "la medicina en el cambio de siglo", "fundamentaciones de la bioética", "ética de las profesiones sanitarias", "bioética clínica" y "nacer y morir". Formalmente, como se acaba de insinuar, da la impresión que Diego Gracia no se ha decidido a intentar una nueva sistematización teórico-histórica como la que caracterizó su primer libro y que era tan determinante en su maestro Pedro Laín Entralgo. Para éste todo su trabajo estaba regido por las palabras de Ortega y Gasset "historia como sistema". Es comprensible que no haya repetido este proceder puesto que supone una labor casi titánica de reconstrucción histórica unida a un pensamiento teórico sistematizador, labor que podría estar más allá de la altura intelectual en que se encuentra en estos momentos el autor - es que "la ética es materia harto compleja que consume mucho tiempo y no pequeños esfuerzos". Con esto no se quiere insinuar que no emplee el análisis histórico, puesto que la mayor parte de sus razonamientos va dando a conocer las diferentes etapas por las que ha pasado cada problema de modo que resulte entendible porqué se opta en las actuales circunstancias por ciertos procedimientos antes que por otros. Lo que sucede es que no sólo Ortega y Laín, sino también Heidegger, Gadamer, Dilthey, Nietzsche han demostrado más allá de cualquier duda que todo lo propiamente humano es por esencia histórico, por supuesto, incluidos el enfermar y las concepciones científicas que van determinando las preferencias y rechazos del encuentro médico-paciente.

Esta es la primera gran diferencia con todos los tratados de bioética provenientes del mundo anglosajón: la historicidad de los dilemas médicos. Según es sabido, estos autores parten de 1970 como si ahí hubieran surgido por vez primera las inquietudes éticas de la medicina y sobre todo sus soluciones. Con una porfía propia de triunfadores recién llegados enfrentan los conflictos de valor acudiendo a su circunscrito mundo angloparlante y en especial a su tradición legal que le es inherente. De ahí que sus respuestas, muchas veces sagaces, son limitadas a su entorno con un desconocimiento absoluto de otras posibilidades y alternativas olvidando que el ser humano es sobremanera complejo y además, como dice Aristóteles, en materias de felicidad o virtud "dudan y no lo explican del mismo modo el vulgo y los sabios". Habitualmente Gracia acude a los griegos clásicos y luego procede a interrogar a los racionalistas europeos antes de abordar los asuntos valorativos médicos desde un punto de vista actual, asumiendo el postmodernismo, nihilismo, pragmatismo y relativismo.

La segunda discrepancia es el acento puesto en los fundamentos y el tipo de racionalidad involucrada. Gracia sabe bien que la bioética está soportada por cimientos metafísicos ineludibles que calan mucho más profundo que la sabiduría clínica corriente o la experiencia profesional o la manida etiqueta "autonomía". Él se sigue apoyando esencialmente en Xavier Zubiri y su filosofía de la realidad. Con dos agregados no menores. Explica con pulcritud cómo se entiende cada situación bioética concreta en acuerdo a cada postulado específico de Zubiri -dista mucho del empleo mecánico de los seguidores y discípulos aleccionados- y recurre, cuando es necesario, a otros pensadores de la tradición occidental, Hume, Leibniz, Husserl, Weber, Hegel, Kant, Aristóteles, Platón, Spinoza, Scheler, Rorty, Ross, Habermas, por nombrar algunos.

La tercera es que no desconoce a los bioeticistas angloparlantes, al contrario, pero los hace interactuar creativamente con los europeos continentales. Mejor aún, muchas veces entiende mejor a los americanos que ellos mismos precisamente porque los ubica en la adecuada perspectiva al interior del conjunto de la ética occidental. Así funciona la respectividad de lo real, según creemos diría Zubiri.

La cuarta es que no pretende llegar a procedimientos estandarizados, manualizados y declaraciones de principio frente a las principales situaciones que se le presentan al clínico. Toma en cuenta estas declaraciones y códigos profesionales pero no los acepta como reglas imperativas e irrebatibles que deben ser siempre acatados compulsoriamente so pena de ser sometido a juicio o ser tildado de conservador o reaccionario. Parece ser que él las supone como un hito más a tomar en cuenta en el difícil camino del proceder bioético.

¿Qué pasa si el lector está distante del pensamiento de Xavier Zubiri? Este es asunto grave porque no se puede afirmar que la filosofía de Zubiri sea particularmente aceptada en los círculos filosóficos y éticos. Todavía peor, es casi desconocida fuera de España (y algunos países latinoamericanos). Diego Gracia se encarga especialmente de dejar en claro que sus propuestas son sólo eso: hipótesis de la razón que se deben contrastar con los hechos. Sabemos que Zubiri diferenció entre inteligencia, logos y razón, y por ello sus meditaciones y proposiciones circulan más por los lados de la razón que de la inteligencia sentiente. Cada lector se ve en la tarea de reapropiarse de los dichos de Zubiri o rechazarlos, pero si opta por cualquiera de los caminos también debe justificar su decisión con argumentos de la razón.

Libro denso, exigente con el lector ya que no le permite bostezar o distraerse, escrito contando siempre con el interlocutor pero en lenguaje técnico sin concesiones, rico en indagaciones perspicaces sobre la condición moral de nuestra existencia, iluminador tanto para el clínico como para el teórico de la medicina, estimulante en todo momento de modo que fuerza a poner en tela de juicio y replantearse permanentemente las propias convicciones. Lo que sucede es que, como dice Platón, a veces cuando uno se entromete con los enigmas decisivos de la vida humana "queda desfallecido escudriñando la realidad". Más de algún psiquiatra se preguntará porqué Diego Gracia no ha abordado con mayor detenimiento los componentes psicológicos de la bioética, por lo demás innegables y que sin duda abrirían "senderos de bosque", según la conocida sentencia de Heidegger. La respuesta la conoce él. En todo caso, esa es nuestra misión en las actuales circunstancias y Como arqueros al blanco. Estudios de bioética constituye un excelente punto de partida para que nos decidamos nosotros a emprenderla ahora sin dilaciones ni desmayos, con igual rigurosidad y aplicación.

Gustavo Figueroa C.

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