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vol.45 número4Homenaje por nombramiento de SONEPSYN como "Maestro de la psiquiatría chilena" al profesor Gustavo Figueroa Cave. Temuco, 01 de Noviembre de 2007Bosque de Araucarias índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.45 n.4 Santiago dic. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272007000400008 

 

REV CHIL NEURO-PSIQUIAT 2007; 45 (4): 316-317

CRÓNICA

Palabras de agradecimiento Profesor Gustavo Figueroa Cave

Words of acknowledgement


"Culpable de culpabilidad" dictaminó tajante el examinador al Dr. Isak Borg cuando éste se dirigía a recibir su distinción máxima como culminación de su carrera de médico. El veredicto inapelable ocurría durante una pesadilla del Dr. Borg que Ingmar Bergma, el cineasta sueco, nos mostró con magistral destreza para darnos a conocer que, ser reconocido como maestro, trae aparejado una sensación de duda profunda o deuda no retribuida sobre los logros y méritos personales. Pues bien, algo semejante experimenté en mi interior cuando me enteré de la absolutamente inesperada noticia de mi nombramiento por mis pares de Sonepsyn -sin características de pesadilla-, pero si de no haber logrado estar a la altura del galardón o de no haberme esforzado más en mi vida como para merecerlo con mayor justicia. Es que, como solía decir Husserl, yo también he sido y soy un principiante, y me sorprendo ahora, tanto como al comienzo, cuando logro por fin entender y decir "¡Así que este es un enfermo autista!".

Hora de alegría y reflexión, ante todo de recuerdo puesto que recordar es retener con gratitud, es agradecer, según nos enseñó Heidegger, tanto hacia mis años de aprendizaje como hacia mis años de peregrinación y de enseñanza. En primer término durante mis años de aprendizaje, reconocimiento hacia la generosidad de mis maestros, Ignacio Matte, Armando Roa, Hernán Davanzo, Max Letelier. Lo que pasa es que ellos consiguieron crear una atmósfera en la Clínica Psiquiátrica Universitaria como quizás nunca antes había existido, de investigación seria, camaradería itinerante y tolerancia a la disidencia o a la crítica severa pero constructiva - con qué pasión se cuestionaba la novedosa teoría de Matte Blanco de la bilógica por los partidarios de Juan Marconi, o la fenomenología clínica de Armando Roa por los seguidores de Melanie Klein. Tiene razón el famoso aforismo de que nuestra infancia es destino ya que sus huellas persisten en mí hasta hoy: orgullo de haber aprendido una psiquiatría auténticamente chilena pero que conocía a la perfección las corrientes de avanzada del mundo.

Durante mis años de peregrinación en Alemania el Profesor Hubert Tellenbach, por fortuna, fue lo suficientemente acogedor como para no encontrar en él lo que Ortega y Gasset le reprochó a Jaspers: ser confuso, difuso y abstruso". La psiquiatría mundial en esos momentos giraba en torno a las Escuelas de Heidelberg, München y Frankfurt. Hasta que uno no ha salido de su hogar cree que sólo la mamá sabe cocinar la sopa, dice el refrán español. Pero sí me sobrevinieron pesadillas, en que me veía entrevistando a pacientes y no sabía diferenciar si padecían de un pensamiento disgregado o simplemente hablaban el endemoniado idioma alemán - mi consuelo fue que un psiquiatra chileno que dominaba a la perfección la lengua tenía ocasionalmente igual problema.

Mis años de enseñanza comenzaron bajo la dirección de Julio Dittborn. Sin saberlo Julio encarnaba lo que Lain Entralgo había expresado algún tiempo antes: nunca llegará a ser maestro quien no logre enseñar a saber; nunca será buen maestro quien no sepa enseñar a no saber. Desde entonces y hasta ahora me ha tocado en suerte ayudar a comprender los padecimientos del espíritu a generaciones de estudiantes que me escucharon a veces con respeto, muchas con perplejidad y algunas con cuestionamientos inesperados que más de una vez me hicieron vacilar, pero de todos ellos aprendí tanto o más de lo que yo intenté revelarles. ¡Cómo no rememorarlos con afecto por todo lo que me concedieron sin estar ellos conscientes de esto! No puedo nombrarlos a todos aunque algunos se encuentran ahora presente acompañándome y con los que me siento unido por un lazo indeleble. Ojalá haya cooperado yo a hacer realidad que su inclinación por la psiquiatría se transformara en vocación, en voz o llamada para asumirse cada cual en su sino de médico de almas.

La Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neu-rocirugía me recibió con particular cordialidad y me ha permitido renovarme sin interrupción y estar a la altura de los tiempos en nuestra ciencia. Profesión difícil que es compleja de profesar o dar acto de fe por sus giros dramáticos y avances espectaculares. Hemos pasado del psicoanálisis al conductismo, de la antipsiquiatría a la psiquiatría socialmente comprometida, de la psicoterapia a la farmacoterapia, de la interioridad del ser humano a la objetivación de las ciencias neurocognitivas. Estamos conscientes que ha sido la Sociedad la que, siendo flexible, pluralista y universitaria, ha hecho posible que todos nosotros, los especialistas, practiquemos nuestro arte siguiendo los más altos estándares éticos y científicos. Como representantes de la Sociedad, quisiera agradecerles a los miembros del Directorio desde el hondón de mi ser el nombramiento que me acaban de otorgar que, más allá de mi persona, alcanza por igual a todos los psiquiatras que estamos desempeñándonos en el gran Valparaíso.

Por último, en esta ocasión tan especial, no puedo dejar de evocar a mis padres que me entregaron un ethos de vida. Pero sobre todo a una joven que ahora es mujer, que ha sido la única y que me ha acompañado siempre sin desmayos y con un amor sin condiciones, Ximena.

Una mirada hacia el pasado y otra hacia el futuro como término de estas reflexiones. A mis amigos y antiguos alumnos les recuerdo el aforismo de Nietzsche: Se recompensa mal a un maestro si se permanece siempre discípulo... Ahora os ordeno que me perdáis y que os encontréis a vosotros; y sólo cuando todos hayáis renegado de mí, volveré entre vosotros.

Pero es el porvenir el que está por conquistar por las nuevas generaciones. A ellos se dirigía Platón con estas palabras que las hago mías: "Es hermoso y divino el ímpetu que te lanza a las razones de las cosas; pero ejercítate y adiéstrate en estos ejercicios que en apariencia no sirven para nada, y que el vulgo llama palabrería sutil, mientas eres aún joven; de lo contrario, la verdad se te escapará de entre las manos".

Muchas gracias.

 

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