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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.46 n.4 Santiago dic. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272008000400001 

REV CHIL NEURO-PSIQUIAT 2008; 46(4): 253-254

EDITORIAL

El Sistema de Garantías Explícitas en Salud y la neurología

 

Neurology and the Health Explicit Guarantees System

 

David Sáez1

1 Servicio de Neurología del Hospital Barros Luco-Trudeau.


El Sistema de Garantías Explícitas en Salud (GES), inicialmente conocido como AUGE, incluye 56 patologías, consideradas como prioritarias por la autoridad de salud. No es claro que factores han permitido calificar la prioridad de una determinada entidad, ya que se incluyen a patologías de alta ocurrencia y otras de mínima prevalencia. Por otra parte, los costos que incluye una enfermedad podrían haber inducido esta calificación, que estaba resuelta con la definición de la enfermedad como catastrófica. Hay situaciones completamente indefinibles, como la fibrosis quística cuya inclusión se debió a presiones y lobbies que incluyó a parlamentarios.

Iniciado este sistema en el año 2004, el GES recién incorporó desde el 2o semestre del año 2006, al infarto cerebral, como el primer cuadro neurológico y a algunas patologías relacionadas.

Luego en el año 2008 se incorporó como plan piloto, la enfermedad de Parkinson y la epilepsia no refractaria del adulto, obligatorias sólo para el sector público. Este plan asegura tiempo de atención y garantiza un copago que está limitado a un 20%, dependiendo del ingreso del paciente, asegurando una canasta básica de medicamentos. Estos insumos básicos no son óptimos, y dependen de los recursos financieros disponibles.

Éticamente significaría que, por lo menos, se aseguran las posibilidades de un tratamiento mínimo. Sin embargo, esta posibilidad ya se estaba cumpliendo en gran medida, tanto en el sector público, como más aún en el privado.

En el caso del accidente cerebrovascular isquémico, se garantiza la hospitalización del paciente, hecho que demostradamente disminuye la mortalidad y las complicaciones de esta patología. Aunque no se garantiza la entrada a una unidad de "stroke", que sería lo óptimo y, menos aún, la realización de trombolisis en los casos en que estuviese indicado, limitándose a señalarlo como una posibilidad. Aún más, el pago asociado a este diagnóstico, destinado a cubrirlo es limitado, siendo el promedio mucho menor a los gastos que implican la atención del paciente en lo básico. El desfinanciamiento sería mayor si se lograra hacer trombolisis, llegando a cubrir menos de un tercio del costo real. En el año 2008 los recursos para la mayoría de las patologías GES se agotaron antes del término del año, lo que contribuyó a un mayor desfinanciamiento del sector público, el que fue de conocimiento general a partir de Octubre del 2008, llevando a nuevas críticas sobre la verdadera capacidad de "gestión" del sector.

La incorporación, sólo para el sector público, de la enfermedad de Parkinson y la epilepsia no refractaria del adulto, garantizó la entrega de medicamentos respecto de la primera que incluyó: levodopa-inhibidor y el pramipexol. Si bien el garantizar sólo estos dos medicamentos ha sido objeto de críticas, hay que reconocer que aunque antes se contaba levodopa-inhibidor y a veces con bromocriptina ninguno de ellos frecuentemente estaba en el arsenal terapéutico básico de los hospitales. En ningún caso estaba garantizada su entrega y la mayor parte de las veces se contaba con el trihexifenidilo de escasa utilidad.

Lo lamentable es que el control de los pacientes GES del Parkinson estén entregados a la atención primaria. Son pacientes de tratamiento especializado, y se ha dejado establecido un solo control neurológico al año, que seguramente para un paciente equilibrado en su terapia, "luna de miel", podría bastar pero que es evidentemente insuficiente en pacientes que ya tienen elementos del síndrome de largo plazo que requiere especialistas.

Con respecto a la epilepsia, surgen varias interrogantes, si bien establece hechos comunes que ya contenían las antiguas normas, hay que destacar la enorme pobreza terapéutica que existe, ya que sólo se mantiene el arsenal terapéutico de los antiepilépticos clásicos, sin incorporar, siquiera como excepción, a las noveles drogas. Esto de inmediato pone de manifiesto, el desequilibrio con el que se ha enfocado las patologías neuro-lógicas, a nuestra manera de ver, en perjuicio de los pacientes. Otra preocupación sustancialmente mayor, es la garantía de un solo EEG anual. Vale preguntarse ¿qué utilidad tiene un solo EEG en el seguimiento de pacientes con ciertas epilepsias difíciles de tratar? No faltará quien me acuse de ignorar el tema, sin embargo, esta restricción traduce la carencia de inversión en la especialidad que, sin duda, producirá un colapso de los servicios públicos que controlan epilépticos aun con las restricciones injustas, obligando a la compra de servicios externos de electroencefalografía, desviando nuevamente fondos del sector público al privado por falta de una verdadera inversión.

Finalmente de manera piloto se incorporó en el Hospital Barros Luco Trudeau un programa nacional de esclerosis múltiple, que contempla el uso restringido de interferón en una de sus disponibilidades del mercado (Avonex R). Esto crea serios problemas para pacientes de otros sectores, en cuanto a ¿cuál o cuales serían los centros que en el futuro usarán el medicamento?, ¿cual sería el mejor medicamento a usar?. Además, por el costo del tratamiento, el número de pacientes a incorporar y ¿cómo distribuir la administración?. Todas preguntas debatidas en distintos foros, incluido nuestro último Congreso. Parece adecuado, como inicio, establecer un centro único y de acuerdo a como se desarrolle éste, ir habilitando nuevos centros, entre ellos, al menos los hospitales del Salvador, Barros Luco y Sotero del Río, los que debieran ser centros prioritarios, dejando al San Juan de Dios, San José y Arriarán San Borja, para una segunda etapa. En todo caso las normas deben ser comunes y consensuadas, en lo que significa una gran inversión económica y parece positivo haber partido con un establecimiento piloto, que no excluiría a pacientes de otros centros ni se les daría diferente trato.

Con respecto al interferón, único en uso, se han hecho sentir voces disidentes por esta preferencia, incluyendo a una fundación de pacientes, lo que parece ser la representación de una guerra comercial soterrada.

En todo caso, entendemos el GES como un proceso que debe ser monitorizado y perfeccionado, que ha significado un descanso económico de los pacientes, asegurándoles una atención basal que debe ser mejorada y enriquecida, igualando las posibilidades de acceso a un tratamiento de acuerdo a la "lex artis", haciendo verdad el principio ético de justicia. En este proceso no debe estar ajena la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía para garantizar la calidad en normas y protocolos, en la implementación y aplicación de este Sistema.

Finalmente, llama la atención que siendo la Neurología una especialidad de alta formación, en los distintos hospitales se esté intentando jibarizarla, incluyendo la especialidad dentro de los servicios de Medicina, limitando así la formación de especialistas tan necesarios.

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