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International Journal of Morphology

On-line version ISSN 0717-9502

Int. J. Morphol. vol.21 no.3 Temuco  2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-95022003000300009 

Int. J. Morphol., 21(3):237-244, 2003.

REVISIÓN DEL PLEXO VENOSO VERTEBRAL EN EL PERRO

REVIEW OF THE VERTEBRAL VENOUS PLEXUS IN THE DOG
*Marcelo Gómez Jaramillo & **Larry Freeman


GÓMEZ, J. M. & FREEMAN, L. Revisión del plexo venoso vertebral en el perro. Int. J. Morphol., 21(3):237-244, 2003.

RESUMEN: El plexo venoso vertebral en el perro es una extensa red vascular que se extiende a lo largo de la columna vertebral. Este sistema venoso se divide en tres componentes que se comunican entre sí; el plexo venoso vertebral interno; el plexo venoso vertebral externo y las venas basivertebrales. Debido a la creciente importancia clínica de este plexo venoso en medicina veterinaria, así como en medicina humana, el propósito de este artículo es revisar la literatura en relación con la anatomía, principales aspectos fisiológicos y clínicos del plexo venoso vertebral canino.

PALABRAS CLAVE: 1. Plexo venoso vertebral; 2. Médula espinal; 3. Venas; 4. Canis familiaris.


INTRODUCCIÓN

Antecedentes Históricos: Vesalius y posteriormente Sylvius son citados como los primeros anatomistas en haber observado, en cadáveres humanos, emisarias venosas procedentes del canal espinal (Batson, 1957). Sin embargo, Batson, asigna a Willis créditos por haber descrito y representado, aunque inexactamente, el plexo venoso a través de todo el canal vertebral. Vieussens produjo posteriormente ilustraciones más detalladas, no obstante, el primer y más completo estudio anatómico sobre las entonces llamadas venas vertebrales, fue realizado por Gilbert Breschet en los Laboratorios de Anatomía de Travaux, en París, entre 1828 y 1832 (Parkinson, 2000). Durante el mismo período, Cruveilheier (1834-1836) destacó la importancia de los plexos venosos internos como un sistema de drenaje sanguíneo colateral, luego de la obliteración de la vena cava inferior (Groen et al., 1997). Después de estas observaciones, el conocimiento en relación a estas venas fue olvidado por alrededor de dos siglos (Groen et al.). Sin embargo, en 1940 apareció el primero de los artículos de Batson relacionados con las propiedades de este plexo en la diseminación de metástasis. Batson demostró la importancia clínica de esta red venosa carente de válvulas que, posteriormente, fue conocida con el epónimo de venas de Batson. Mediante inyecciones con medio de contraste en la vena dorsal del pene de cadáveres humanos y de monos, Batson encontró que existen conexiones entre las venas pélvicas y los senos venosos craneales, vía el plexo venoso vertebral y que baipasean las venas cavas superior e inferior (Groen et al.). Estos experimentos proveyeron suficiente evidencia relacionada con la distribución de metástasis del cáncer prostático a la columna vertebral y al espacio epidural, por medio de este plexo venoso. Traducciones al español de este primer trabajo fueron publicadas en México (Peña, 1943) y posteriormente en Chile (Rahausen, 1944).

Numerosos investigadores han realizado trabajos relacionados con el drenaje venoso de la columna vertebral, en perros. Entre ellos, Hofman en 1901 realizó una extenso estudio comparado de las venas del cerebro y médula espinal de varios vertebrados, desde Pisces a Perissodactyla, incluyendo también Canis familiaris (Reinhard et al., 1962). Dräger (1937) hizo los primeros aportes en el estudio de las venas espinales en caninos, sin embargo, sus trabajos fueron ignorados (Batson). Luego Worthmann en 1956 realizó un completo estudio anatómico y fisiológico del sistema venoso vertebral en perros. El describió anastomosis entre las venas basivertebrales y ramas extravertebrales de las venas epidurales, conocidas ahora como plexo venoso vertebral externo. Reinhardt et al. describieron el plexo venoso vertebral interno en el perro y sus conexiones con las venas occipitales, vertebrales y cervicales profundas. Crock, en 1960 realizó un detallado estudio sobre la distribución venosa intraósea de las vértebras del perro, utilizando para ello técnicas radiológicas y de diafanización. Beron (1964) también describió el plexo venoso vertebral ventral y un arcodorsal venoso localizado a nivel de los forámenes intervertebrales. Su trabajo también caracterizó las venas vertebrales y sus conexiones, así como también, los plexos vertebrales venosos externos dorsal y ventral. Wieboldt (1966) describió, posteriormente, las venas extravertebrales de la columna vertebral en caninos y felinos domésticos.

Anatomía del plexo venoso vertebral en el perro. El plexo venoso vertebral es una red venosa carente de válvulas, de paredes muy delgadas, desprovistas de fibras musculares, fácilmente distendibles y que recorren por completo la columna vertebral (Sturion, 1993). En su curso, este sistema venoso drena la sangre proveniente de los cuerpos y arcos vertebrales, músculos paravertebrales, médula espinal, meninges y las raíces espinales nerviosas (King, 1987; Barone, 1996). De acuerdo a su posición respecto al canal vertebral, este plexo venoso puede ser dividido en tres componentes: el plexo venoso vertebral externo o paravertebral, el plexo venoso vertebral interno o epidural y las venas basivertebrales (Zippel et al., 2001).

El plexo venoso vertebral externo (PVVE) que rodea la columna vertebral, presenta un componente dorsal y otro ventral. El plexo venoso dorsal externo (Plexus vertebralis externus dorsalis) está conformado por anastomosis entre venas intervertebrales y venas interespinosas ipsilaterales y contralaterales. También participan en su formación, tributarias de las venas epiaxiales superficiales y profundas. Las venas extraóseas que contribuyen al drenaje de la columna vertebral cervical en el perro, son: las venas vertebrales, cervical profunda, occipital y yugular interna (Sturion). En el resto del cuerpo este plexo esta representado por las venas ácigos derecha, hemiácigos izquierda, ilíacas internas, ilíacas externas y sacra media (Sturion; Evans, 1993). Su mayor desarrollo relativo lo alcanza a nivel de las regiones cervical y torácica craneal.

El plexo venoso vertebral ventral externo (Plexus vertebralis externus ventralis) no es muy desarrollado en el perro y sólo puede reconocerse por sus anastomosis, ventrales a los cuerpos vertebrales, con tributarias de las venas intervertebrales (Worthman, 1956a).

El plexo venoso vertebral interno (PVVI) es conocido también como senos espinales longitudinales, senos vertebrales, plexo venoso epidural o plexo meningorraquídeo (Tabla I). La Nómina Anatómica Veterinaria reconoce para los animales domésticos sólo un componente ventral del PVVI o Plexus vertebralis internus ventralis (Schaller, 1992). Este plexo está localizado ventrolateralmente en el espacio epidural, dentro del canal vertebral y aplicado a la superficie dorsal de los cuerpos vertebrales (Barone). El PVVI está compuesto por dos canales venosos longitudinales simétricos, de aproximadamente 2­4 mm de diámetro, avalvulares, los cuales se extienden desde el foramen magno hasta la cuarta o sexta vértebra caudal (Crock 1960, Sturion). En seres humanos el PVVI se compone de un plexo venoso vertebral anterior y uno posterior, presentando una mayor complejidad que en caninos (Groen et al.). Así, el componente anterior del PVVI en seres humanos, lo forman cuatro canales longitudinales, dos anteromediales y dos anterolaterales, mientras que el componente posterior lo forman dos canales longitudinales situados posterolateralmente en el espacio espinal epidural (Groen et al.).

Tabla I. Sinónimos para la nomenclatura anatómica oficial veterinaria y humana de los componentes del plexo venoso vertebral.


Nomenclatura Oficial a,b Sinónimos
Plexo venoso vertebral interno Plexo venoso epidural (Chun, 2002)
(Plexus vertebralis internus ventralis)a Venas epidurales (Manaka., 2003)
(Plexus venosus vertebralis internus anterior et posterior)b Plexo venoso meningorraquídeo (Okumura et al., 1994)
Senos espinales longitudinales (King, 1987)
Venas vertebrales longitudinales (Singh et al., 1982)
Senos vertebrales (Pluhar et al., 1997; Applewhite1999)
Plexo venoso intrarraquídeo (Testut & Latarjet, 1979)
Senos columnares vertebrales (Nickel et al., 1986)
Plexo de Batson (Le Ban et al., 2001)
Circelli venosi (Rhault, 1962)
Venas intraespinales (Frantz et al., 1986; Rusell et al., 1984)
Plexo venoso vertebral externob Plexo venoso paravertebral (Zippel et al., 2001)
(Plexus vertebralis externus dorsalis et ventralis)a Venas longitudinales prevertebrales (Ibokuro et al., 2001)
(Plexus venosus vertebralis externus anterior et posterior) Plexo venoso extrarraquídeo (Testut & Latarjet, 1979)
Venas intervertebrales Venas radiculares (Macnob et al., 1976)
(Vv intervertebralis)a,b Venas pediculares (supre e infra) (Gershater, 1988)
Venas de los forámenes laterales (Manaka et al., 2003)
Venas foraminales (Grenier et al., 1990)
Venas Basivertebrales Venas vertebrales intraóseas (Demodion et al., 2000)
(Vv. basivertebrales)a,b Venas basilares (Genevay et al., 2002)

*También usados como sinónimos generales del plexo venoso vertebral.
a Término en latín de acuerdo a Nomina Anatomica Veterinaria (NAV, 1994).
b Término en latín de acuerdo y número único de identificación de acuerdo a la Terminología Anatómica (FCAT, 2002).

En su recorrido por el canal vertebral, a nivel de los espacios intervertebrales, estos dos troncos venosos divergen entre sí, contactándose con los pedículos vertebrales y se aproximan o convergen medialmente a nivel medio de los cuerpos vertebrales, donde se unen a las venas basivertebrales (Worthman). De esta forma, el plexo presenta un patrón morfológico constante de configuración romboidal (Fig. 1.). A nivel de la unión atlanto-occipital, el PVVI comunica con los senos venosos interbasilar y basilar (Evans). Caudal al foramen magno y en su paso por el atlas, el PVVI alcanza su máximo desarrollo, adquiriendo una forma ampulada y, después de la cuarta vértebra cervical, el plexo presenta una apariencia homogénea e invariable (Worthman, 1956a; Evans). A nivel de la apertura torácica craneal, el plexo muestra una clara reducción en su diámetro, el cual se mantiene, sin embargo, constante a través de la columna torácica y lumbar craneal. En relación al quinto segmento lumbar, estos senos venosos longitudinales muestran una nueva y progresiva disminución en su calibre para, finalmente, fusionarse dentro de la cuarta o sexta vértebra caudal o bien terminar como pequeñas vénulas en la musculatura adyacente (Worthman, 1956a). Algunos ramas prominentes del PVVI constituyen las ramas interarcuales, que forman las más prominentes conexiones entre los componentes izquierdo y derecho (Evans, Barone). Estas afluentes venosas interarcuales fueron inicialmente denominadas afluentes arcuadas por Ellenberg & Baum (1934). Las ramas interarcuales suelen ser incompletas entre los segmentos vertebrales desde la quinta a septima vértebra cervical, así como también, entre los segmentos vertebrales localizados entre la novena torácica y séptima vértebra lumbar (Worthman, 1956a). A veces, estas ramas transveras dorsales suelen estar presentes en estos segmentos pero en forma incompleta. Cuando están presentes, estos afluentes venosos atraviesan el ligamento interlaminar y se unen al plexo venoso dorsal externo a través de las ramas interespinosas (Fig. 2) (Barone; Henninger, 1991). Algunos autores consideran a estas ramas interarcuales como componentes de un plexo venoso vertebral dorsal interno, no obstante, otros autores dudan de la existencia de tal componente (Smuts, 1977). El PVVI normalmente rodea la salida de los nervios espinales formando una especie de cojinete protector a nivel de esta región (Smuts). A nivel de cada forámen intervertebral, el PVVI de ambos lados comunica mediante las venas intervertebrales con venas ubicadas fuera del canal vertebral o plexo venoso vertebral externo (Sturion). Estas venas también son conocidas, en seres humanos, como venas infrapediculares (Gershater; Sturion) (Tabla I). A este nivel, las venas intervertebrales también reciben afluentes de la médula espinal por medio de las venas espinales dorsales laterales y la vena espinal ventral (Frewein et al., 1994). La primera vena intervertebral que drena el PVVI, emerge desde el foramen intervertebral del atlas y se comunica con las venas occipitales que recorren la parte ventral del atlas a nivel de las escotaduras alares. A este nivel se une a las venas condiloídeas y cerebrales ventrales para formar la vena yugular interna (Evans). De la segunda a la octava venas intervertebrales cervicales, el drenaje se realiza en la venas vertebrales localizadas en el canal transverso (Worthman, 1956a). Debido a la ausencia de foramen transverso en la séptima vértebra cervical, la vena vertebral se ubica ventral a su proceso transverso. Generalmente, la segunda vena intervertebral cervical es simple y las otras siete restantes, dobles. Las venas vertebrales desembocan a nivel del tronco venoso costocervical y éste a su vez lo hace en la vena cava craneal, o bien, en el tronco braquiocefálico (Evans). En la zona torácica, ramas intervertebrales simples conectan el plexo venoso interno con cada una de las ramas intercostales de la vena ácigos. Estas conexiones se producen en el punto más dorsal de los espacios intercostales de cada lado (Worthman, 1956a). En la zona lumbar, las venas intervertebrales emergen desde su foramen respectivo como un vaso doble que, rápidamente, se une para formar una sola vena lumbar. Así, venas lumbares izquierda y derecha se dirigen ventral y cranealmente a cada lado de los cuerpos vertebrales para drenar en la vena ácigos derecha, vena cava posterior, ilíaca común, iliolumbar o sacra media. Ramas provenientes de estas afluentes lumbares de cada lado se unen regularmente debajo de los cuerpos vertebrales para formar un tronco común que luego se vacía en las venas extravertebrales (Worthman, Evans, Barone).


Fig. 1. Represen-tación esquemática del plexo venoso vertebral cervical en el perro (vista dorsal).
a.Rama transversa;
b.Vena intervertebral;
c. Plexo venoso vertebral interno;
d. Plexo basilar;
e. Vena intervertebral;
f. Vena interarcual;
g. Vena vertebral;
Ilustración hecha por el Dr. Marcelo Gómez, modificada de Nickel et al., 1975.


Fig. 2. Ilustración del plexo venoso vertebral a nivel de la cuarta vértebra cervical canina. a. Vena interarcual; b. Vena vertebral; c. Plexo venoso vertebral interno; d. e. Ganglio espinal; f. Ramas musculares interespinosas.
Ilustración hecha por Dr. Marcelo Gómez. .

El plexo venoso interno de la región sacral drena por medio de la vena glútea craneal o la vena pudenda interna en las venas ilíacas internas derecha e izquierda (Sturion). La primera vértebra sacra drena a través de sus forámenes sacrales ventrales hacia una rama intervertebral de la vena glútea craneal. Los senos venosos del tercer segmento sacral drenan por medio de ramas intervertebrales en la vena pudenda interna de cada lado. El PVVI en la región coccígea drena casi en forma exclusiva mediante las venas intervertebrales en la vena coccígea media, que es la continuación caudal de la vena sacra media. Koblik & Ster (1981), utilizando caterización transyugular percutánea en perros, observaron el plexo venoso interno a nivel lumbosacro, ellos encontraron variaciones en la localización anatómica de la vena sacra media así como la presencia de válvulas en su terminación que luego fueron confirmadas por disección.

La venas basivertebrales, de apariencia simple o doble, atraviesan canales óseos ubicados dentro de los cuerpos vertebrales que conectan anastomosis profundas del PVVI con ramas extravertebrales de la región. En imágenes transversas por tomografía computarizada sin contraste, las venas basivertebrales se aprecian como estructuras lineares hipodensas (radiolúcidas) localizadas en la parte media de los cuerpos vertebrales y que pueden ser confundidas con lesiones líticas o fracturas (Tehranzadeh et al., 2000). En la región cervical, ramas de las venas vertebrales a nivel del canal transverso, se dirigen caudoventralmente atravesando el músculo longus colli para, finalmente, anastomosarse con las venas basivertebrales (Crock et al., 1984). A nivel de los segmentos torácicos, estas venas basivertebrales pueden estar ausentes. En la región lumbar estos vasos alcanzan su mayor desarrollo, mientras que en los segmentos sacrales y caudales de la columna vertebral están prácticamente ausentes. Aparentemente, el tamaño del cuerpo vertebral está relacionado al tamaño de estos vasos, permitiendo así un adecuado drenaje venoso (Groen et al). En relación a su distribución, las principales ramas de cada vaso basivertebral se dirigen hacias las metáfisis de los cuerpos vertebrales para establecer anastomosis con venas epifisiarias (Smuts). Crock et al. y posteriormente Brunner et al. (1989) demostraron que a nivel de la epífisis de los cuerpos vertebrales existe una red venosa postcapilar que drena en el denominado sistema venoso subarticular epifisiario, el cual, a su vez, se conecta por medio de múltiples tributarias con el PVVI y el PVVE. Las venas basivertebrales emergen a través de numerosos forámenes localizados a la izquierda o derecha de la línea media ventral de los cuerpos vertebrales para confluir en ramas del PVVE. Las venas basivertebrales se unen a ambos PVVI en forma directa o mediante las anastomosis transversas o venas retrocorporeas. Estas venas intraóseas permiten, mediante inyección directa de medio radiopaco dentro de la sustancia esponjosa o hueso canceloso de los cuerpos vertebrales o procesos espinosos de las vértebras, la visualización regional del plexo venoso vertebral, técnica radiológica conocida como venografía vertebral transósea o intraósea (Blevins, 1980; Singh et al.).

Fisiología y aspectos clínicos del plexo venoso vertebral. Junto a la función normal de drenaje venoso del plexo vertebral, se sabe que esta red venosa actúa también como una vía colateral de retorno sanguíneo hacia el corazón, en caso de oclusión u obliteración del sistema venoso caval (ver Fig. 3). Además, la sangre proveniente de la cavidad abdominal puede ser redirigida hacia este plexo venoso en casos de aumento de la presión intraabdominal inducidos ya sea por tos, reflejo de defecación (Batson), micturición (Worthman, 1956b) tumores abdominales, posición de las vísceras, preñez, respiración y la aplicación de presión manual externa (Zippel et al.). Suzuki et al., (1992) utilizando fluoroscopía en perros en posición supina, observaron que con presiones intra-abdominales por sobre los 25 mmHg, el flujo sanguíneo venoso de la vena cava caudal comienza a drenar en los plexos venosos vertebrales. En seres humanos, el levantamiento de objetos, actividad de los músculos abdominales y la maniobra de Valsalva pueden también contribuir a este fenómeno (Zippel et al.). El rol del plexo venoso interno en la reabsorción de fluido cerebroespinal, también ha sido mencionado (Zenker et al., 1994). Otros autores han sugerido que el plexo vertebral venoso podría actuar en el mecanismo de control de temperatura de la médula espinal, de manera similar a la de los senos venosos de la duramadre en el cerebro (Smuts, Zenker & Kubik, 1996). Su flujo venoso también puede ser influenciado por estrés gravitacional debido a la postura. De hecho, en humanos y otros primates se ha demostrado que en posición erecta, el plexo venoso vertebral constituye la mayor vía de drenaje sanguíneo cerebral (Valdueza et al., 2000). Otra función no menos importante del plexo estaría relacionada a su capacidad mecánica hidráulica de absorción de impactos, protegiendo así la médula espinal durante los movimientos de la columna vertebral (Parke, 1991).


Fig. 3. A. Radiografia ventrodorsal con medio de contraste en un perro adulto que muestra obliteración de la vena cava posterior y visualización del plexo venoso vertebral interno (flecha) en el segmento toracolumbar.. Fig. 3. B. Tomografia computarizada de abdomen evidenció una masa hyperdensa de bordes irregulares dentro del lumen de la vena cava caudal sugerente de tromosis caval (flecha) (Fotografias cortesia de Dra Jeryl Jones, Department of Small Animal Clinical Sciences, Virginia-Maryland Regional College of Veterinary Medicine, Virginia Tech, Blacksburg, VA, USA).

En seres humanos y otros animales, la ruptura del PVVI ha sido asociada a la etiología de hematomas epidurales espinales espontáneos (Applewhite et al.; Groen et al.; Kreppel et al., 2003). Diferentes autores han postulado un "locus minoris resistentiae" que se rompe en casos que una excesiva presion intra-abdominal o intratorácica es transmitida hacia el plexo venoso epidural (Kreppel et al.). En perros, ciertos procedimientos clínicos, tales como punción subdural atlanto-occipital, para colección de líquido cerebroespinal, pueden resultar en hemorragias epidurales, debido a que en esta región el plexo es bien desarollado y rodea completamente el saco dural. Otras condiciones patológicas relacionadas a este sistema venoso en medicina humana y veterinaria, lo constituyen la dilatación congénita del plexo venoso cervical epidural, malformaciones arteriovenosas, radiculopatías, estenosis lumbosacra y embolismo fibrocartilaginoso (Rob, 2000; Hayashida, 1999; Cauzinille, 2000). La reducción del diámetro transverso del canal vertebral cervical, junto con el hecho que el PVVI alcanza su mayor desarrollo a este nivel en caninos, son características interesantes de considerar en la patofisiología de la mielopatía cervical estenótica canina. Metástasis espinales y paraespinales de cánceres prostáticos, feocromocitomas y osteosarcomas han sido reportados y explicados en la literatura veterinaria proucto del mecanismo de diseminación a través del plexo venoso vertebral, también conocido como mecanismo de Batson o embolismo paradójico (King). 


GÓMEZ, M. G. & FREEMAN, L. Review of the vertebral venous plexus in the dog. Int. J. Morphol., 21(3):237-244, 2003.

SUMMARY: The vertebral venous plexus in dogs is an extensive vascular network that extends along the entire length of the vertebral column. This venous system can be divided in three intercommunicating components; the internal vertebral venous plexus; the external vertebral venous plexus and the basivertebral veins. Because of the increasing clinical relevance of this plexus in veterinary as well as in human medicine, the purpose of this paper is to review the literature on the anatomy of the canine vertebral venous plexus and the main physiologic and clinical aspects related to it.

KEY WORDS: 1. Vertebral venous plexus; 2. Spinal cord; 3. Veins; 4. Canis familiaris


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Dirección para correspondencia:
Dr. Marcelo Gómez Jaramillo
Instituto de Anatomía Veterinaria
Facultad de Ciencias Veterinarias
Universidad Austral de Chile
Casilla 567,
Isla Teja
Valdivia
CHILE.

Telefono: 56-63- 221072.
e-mail: mgomez@uach.cl; mgomez@vt.edu

Recibido : 30-06-2003
Aceptado : 27-08-2003 


*Instituto de Anatomía Veterinaria, Facultad de Ciencias Veterinarias, Universidad Austral de Chile, Chile.
*Department of Biomedical Sciences and Pathobiology, Virginia-Maryland Regional College of Veterinary Medicine, Virginia Tech, Blacksburg, USA.

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