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International Journal of Morphology

versão On-line ISSN 0717-9502

Int. J. Morphol. vol.31 no.2 Temuco jun. 2013

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-95022013000200034 

Int. J. Morphol., 31(2):570-574, 2013.

 

Mejoras del Porcentaje y Distribución Abdominal de Masa Grasa en Mujeres con Discapacidad Intelectual tras Entrenamiento Aeróbico de 10 Semanas

 

A Short Training Program Reduced Fat Mass and Abdominal Distribution in Obese Women with Intellectual Disability

 

Francisco J. Ordonez*; Gabriel Fornieles*; Miguel A. Rosety*; Ignacio Rosety*; Antonio J. Diaz*; Alejandra Camacho**; Manuel Rosety*; Natalia Garcia* & Manuel Rosety-Rodriguez*

* Escuela de Medicina del Deporte, Cadiz, España.

** Hospital SAS Juan Ramon Jimenez, Huelva, España.

Dirección para correspondencia:


RESUMEN: En la actualidad se acepta que la obesidad es un grave problema de salud pública. La situación es aún más preocupante entre las personas con discapacidad intelectual, especialmente entre las mujeres. Afortunadamente recientes estudios sugieren la utilidad del ejercicio como estrategia frente a la obesidad. Sin embargo, la mayoría de estos estudios utilizan grupos mixtos (hombres y mujeres) o varones, siendo escasa la información sobre un grupo homogéneo de mujeres. Por consiguiente nos planteamos como hipótesis que un programa de entrenamiento de 10 semanas podría reducir el porcentaje de masa grasa y la distribución abdominal en mujeres obesas con síndrome de Down. En nuestro estudio participaron 20 mujeres adultas (18-30 años) con un cociente intelectual de 50-69 según la escala Stanford-Binet y diagnóstico citogenético de trisomía 21. Todas presentaban obesidad definida como IMC>30 kg/m2. Once de las participantes se asignaron aleatoriamente al grupo experimental y desarrollaron un programa de entrenamiento de 10 semanas de tipo aeróbico con 3 sesiones/semana. El porcentaje de masa grasa se determinó mediante impedanciometría bioeléctrica (Tanita TBF521). Para obtener el índice cintura/cadera se midieron las circunferencias de la cintura y la cadera utilizando una cinta antropométrica. Nuestro protocolo fue aprobado por un Comité de Ética Institucional. Nuestros resultados confirman que el ejercicio aeróbico redujo significativamente el porcentaje de masa grasa, el índice cintura/cadera y el perímetro de la cintura (p<0,05). Por el contrario no se observaron cambios en el grupo control. Concluimos que un programa de entrenamiento de 10 semanas consiguió mejorar la composición corporal de mujeres obesas con síndrome de Down. Futuros estudios longitudinales bien conducidos y controlados son necesarios para conocer el impacto de esta mejora en el manejo clínico de este grupo.

PALABRAS CLAVE: Síndrome de Down; Obesidad; Mujer; Masa grasa; Índice cintura/cadera.


SUMMARY: Recent studies have reported obesity prevalence in people with intellectual disability is even higher than in the general population what may finally lead to impair their health status and increase healthcare costs. Fortunately several studies have reported regular exercise may improve body composition in obese people with and without intellectual disability. To the best of our knowledge this is the first study conducted exclusively in female participants with intellectual disability, in an attempt to keep our sample homogeneous. To date, many studies focused on the influence of regular exercise in people with intellectual disability have recruited mixed (males and females) groups in order to increase their sample size to strengthen research designs. Therefore, we assessed the influence of a 10-week aerobic training program on fat mass percentage and indices of obesity in women with Down syndrome. To get this goal, twenty obese young women with Down syndrome volunteered for this study. Eleven were randomly assigned to perform a 10-week aerobic training program, 3 sessions/week, consisting of warming-up followed by a main part in a treadmill (30-40 min) at a work intensity of 55-65% of peak heart rate and a cooling-down period. Control group included 9 age, sex and BMI matched women with Down syndrome. Fat mass percentage and fat distribution were measured. This protocol was approved by an Institutional Ethics Committee. When compared to baseline, fat mass percentage, waist circumference and waist to hip ratio were significantly reduced after training. Conversely, no changes were reported in controls. It was concluded a 10-week training program reduced fat mass in obese adult women with Down syndrome.

KEY WORDS: Down syndrome; Exercise; Women; Obesity; Waist to hip ratio.


 

INTRODUCTION

Si la prevalencia de la obesidad en la población general es preocupante, la situación es aún más alarmante entre personas con alguna discapacidad, especialmente de tipo intelectual (de Winter et al., 2012; Ojeda & Cresp, 2011).

Este hecho podría explicarse, al menos en parte, por un estilo de vida sedentario, con escasa atención al desarrollo de cualquier tipo de actividad física (O´Neill et al., 2005). Paralelamente presentan hábitos nutricionales poco saludables tanto desde el punto de vista cuantitativo (ingesta diaria muy por encima CDR) como cualitaitvo (consumo excesivo azucares refinados y mínimo de frutas, verduras y fibra, etc.) (Draheim et al., 2007). De este modo se establecería un círculo vicioso en el que la inactividad favorece la ganancia de peso lo que a su vez reduce aún más sus posibilidades de participación en actividades físicas y recreativas.

Tomando en consideración el aumento en la esperanza de vida de las personas con retraso mental, la obesidad y sus patologías asociadas podrían comprometer la salud y calidad de vida de quienes la presentan (de Winter et al., 2011). También representa un alto coste (medicamentos; consultas; ingresos) para los debilitados sistemas públicos de salud (Tenenbaun et al., 2012). Por consiguiente sería necesario concretar estrategias que permitan reducir la obesidad y sobrepeso en este grupo poblacional (Hamilton et al., 2007). Afortunadamente, al revisar la literatura especializada se observan resultados esperanzadores cuando se aplican programas de intervención basados en ejercicio físico (Elmahgoulab et al., 2011; Ordonez et al., 2012; Rosety-Rodriguez et al. 2010). Las novedades que aporta este trabajo son un programa de corta duración, para facilitar su cumplimiento. También haber elegido un grupo poblacional homogéneo, mujeres con Síndrome de Down que a pesar de han recibido menor atención en la literatura.

Por lo anteriormente expuesto, nos planteamos como hipótesis que un programa de entrenamiento aeróbico de solo 10 semanas sería suficiente para reducir el porcentaje de masa grasa y sus índices de distribución abdominal en mujeres con Síndrome de Down.

MATERIAL Y MÉTODO

En nuestro estudio participaron 20 mujeres adultas (18-30 años) con un cociente intelectual de 50-69 según la escala Stanford-Binet y diagnóstico citogenético de trisomía 21. Todas presentaban obesidad definida como IMC> 30 kg/m2. Once de las participantes se asignaron aleatoriamente al grupo experimental y desarrollaron un programa de entrenamiento de 10 semanas de tipo aeróbico con 3 sesiones/semana. Cada una de la sesiones se estructuró en calentamiento (10-15 minutos), parte principal desarrollada en un tapiz rodante durante 30-40 minutos (incrementando 2 minutos y 30 segundos cada 2 semanas) a una intensidad del 55-65% de su frecuencia cardiaca máxima (incrementando 2.5% cada 2 semanas) y vuelta a la calma (5-10 minutos). Todas las sesiones fueron supervisadas para asegurar que la intensidad de entrenamiento era la adecuada. El grupo control (n=9) estaba formado por personas ajustadas en sexo, edad, índice de masa corporal que no desarrollaron ningún programa de actividad física. Todos los participantes vivían en sus propios domicilios, habiendo superado un reconocimiento médico pre-partcipación. Debemos descartar sesgos atribuibles a diferencias en la ingesta calórica porque los padres y/o tutores recibieron información (Heller et al., 2011). Además ningún participante declaró hábitos tóxicos (alcohol y/o tabaco).

El porcentaje de masa grasa se determinó mediante impedanciometría bioeléctrica (Tanita TBF521). Para obtener el índice cintura/cadera se midieron las circunferencias de la cintura y la cadera utilizando una cinta antropométrica (Holtain Ltd.). Un colaborador ayudaba al investigador-antropometrista a mantener la posición de la cinta por el lado opuesto al de lectura en estas dos últimas medidas.

De igual modo, todos los participantes realizaron una prueba de esfuerzo incremental máxima en tapiz rodante para determinar su consumo máximo de oxígeno (VO2max) y su frecuencia cardiaca máxima siguiendo un protocolo ampliamente utilizado con personas con síndrome de Down (Fernhall et al., 2009; Mendonca & Pereira, 2009). En una primera fase se fijó una velocidad de 4,0 km/h durante 2 min. A continuación se incrementó la pendiente un 2,5% cada 2 min hasta llegar a una pendiente máxima del 12,5%. A partir de ese momento la pendientese mantuvo constante, aumentando la velocidad 1,6 km/h cada minuto hasta llegar a la extenuación.

Todos los parámetros ensayados se determinaron 72 h antes de comenzar el programa de entrenamiento (pre-test) y 72 h después de su finalización (post-test). Los resultados se expresaron como media (SD) e intervalo de confianza al 95%. La comparación de medias se realizó mediante el test de la "t" de Student para datos apareados. El nivel de significación se situó a un nivel de p<0,05.

Desde un punto de vista bioético, nuestro proyecto se desarrolló de acuerdo a lo dispuesto en la Ley 14/2007, de 3 de julio, de Investigación Biomédica, habiendo sido aprobado por un Comité de Ética Institucional. En esta misma línea, antes de iniciar la experiencia, se celebró una sesión informativa con los participantes para detallarles razonadamente los objetivos y demás aspectos básicos del presente proyecto. Asimismo nuestro grupo diseñó un modelo de consentimiento informado que fue firmado por los padres y/o tutores cada participante.

RESULTADOS

Cuando se compara con los valores basales, observamos una reducción estadísticamente significativa del porcentaje de masa grasa tras completar el programa de entrenamiento (38,9±4,6 vs. 35,0±4,2%; p=0,041). Paralelamente índices de distribución de masa grasa abdominal como perímetro de la cintura (94,7±3,3 vs. 91,5±3,1 cm; p=0,044) y el propio índice cintura/cadera (1,12±0,006 vs 1,0±0,005; p=0,038) también disminuyeron significativamente. También encontramos una mejora de la capacidad aeróbica de las participantes, expresada como un aumento significativo del consumo máximo de oxígeno (20,2±5,8 vs. 23,7±6., ml/kg/min; p<0,001). Todos estos resultados se resumen en la Tabla I.

Por el contrario no se observaron cambios en ninguna de las variables ensayadas en el grupo control.

Tabla I. Influencia de un programa de entrenamiento aeróbico de 10 semanas en
el porcentaje y distribución de masa grasa de mujeres adultas con síndrome de Down.

DISCUSIÓN

Al revisar la literatura especializada se evidencia la utilidad del ejercicio regular en la promoción de la salud y calidad de vida de personas con síndrome de Down. La mayoría de estos estudios utilizan una población muestral mixta (hombres y mujeres) para aumentar la potencia estadística y la generalización de sus resultados (Cowley et al., 2011; Mendonca et al., 2011). También encontramos numerosos artículos que trabajan con grupos masculinos (Ordonez et al., 2012; Roseta-Rodriguez et al.). Precisamente el presente estudio es el primero que trabaja con un grupo homogéneo de mujeres con discapacidad intelectual, a pesar de que autores como González-Agüero (2011) y Ojeda & Cresp hayan concluido que la obesidad sea un problema aún más grave en mujeres. También merece ser destacado que nuestro tamaño muestral (n=20) es similar al de aquellos estudios existentes en la literatura con mayor serie (Cowley et al.; Mendonca et al., 2011; Ordonez et al., 2012).

Afortunadamente nuestros resultados confirman nuestra hipótesis y un programa de 10 semanas consiguió reducir la masa grasa total así como los índices de distribución abdominal.

Resultados similares han sido publicados tras programas de 6 meses (Vismara et al., 2010), 15 semanas (Elmahgoub et al.), 12 semanas (Ordonez et al., 2006). Merece ser enfatizado que la duración de nuestro protocolo fue solo de 10 semanas lo que de acuerdo con Mahy et al., (2010) podría facilitar el cumplimiento del programa y evitar abandonos.

Recientes estudios sugieren que el tejido adiposo tiene importantes funciones endocrinas, autocrinas y paracrinas. De manera más detallada, los adipocitos de la grasa visceral o abdominal jugarían un papel más importante que la subcutánea en la producción de citokinas proinflamatorias como demuestran los mayores niveles de ARNm encontrados en las primeras (Popko et al., 2010). Por consiguiente diversos estudios han encontrado una fuerte correlación positiva entre índices de distribución de grasa abdominal y los niveles plasmáticos de citokinas proinflamatorias en mujeres obesas con discapacidad intelectual (Ordonez et al., 2012) y sin discapacidad (Ackerman et al., 2011). El hallazgo de este tipo de correlaciones es de especial interés porque nos permitirá conocer el comportamiento de marcadores proinflamatorios de forma más económica, sencilla, rápida y no invasiva.

Aunque la mayoría de programas de entrenamiento existentes en la literatura son de tipo aeróbico (Mendonca & Pereira, 2009; Ordonez et al., 2006; Pitetti et al., 2007), se han publicado entrenamientos de fuerza que también consiguen reducir el porcentaje de masa grasa de los participantes. De manera más detallada se trata de programas de 12 semanas mixtos que incluyen actividades aeróbicas (3 sesiones/semana, 30 min, 65-85% VO2max) y de fuerza (2 sesiones/semana con 2 rotaciones a un circuito de fuerza de 9 estaciones, 12 repeticiones) (Mendonca et al., 2011).

La escasa atención que ha recibido el entrenamiento de fuerza en este grupo poblacional contrasta con los numerosos programas diseñados para pacientes sin discapacidad que presentaban obesidad (Valente et al., 2011), diabetes tipo 2 (Hazley et al., 2010), síndrome metabólico (Fatone et al., 2010) entre otros.

Ello podría atribuirse, entre otros factores, a la necesidad de un mayor número de monitores que supervise la correcta realización de cada ejercicio para evitar lesiones, encareciendo el programa. Sin embargo, futuros trabajos son aún necesarios ya que la mejora de la hipotonía podría facilitar su integración socio-laboral al ser la mayoría de ocupaciones profesionales de tipo mecánico.

También hemos observado una mejora de la capacidad funcional de los participantes, expresada como un aumento del consumo máximo de oxígeno. Sin embargo los valores han sido ligeramente menores que los referidos en varones con síndrome de Down, lo que podría explicarse al menos en parte, a la mayor duración del programa de entrenamiento y a la mayor masa muscular que generalmente presentan los hombres (Mendonca & Pereira). Y también son valores más bajos que los presentados por controles ajustados sin trisomía 21 debido a la deficiente economía de la marcha (Mendonca et al., 2010) y a la insuficiencia cronotrópica (Fernhall et al., 2001) que presentan las personas con síndrome de Down.

La implementación de estrategias preventivas basadas en la realización de actividad física resulta de especial interés en momentos de dificultades económicas para los sistemas públicos de salud como los actuales. Sin embargo, la actividad física conlleva riesgos inherentes como son las lesiones, especialmente a nivel músculo-esquelético. De hecho recientes estudios señalan que su incidencia es significativamente mayor en personas con discapacidad (Ramirez et al., 2009).

Afortunadamente no se registraron lesiones ni abandonos al finalizar nuestro programa de entrenamiento lo que sugiere que dicho protocolo fue eficaz además de ser seguro y fácil de cumplir por los participantes. Este hecho podría explicarse por la realización de un reconocimiento médico preparticipación. También porque hemos aplicado un programa específico para este grupo poblacional, que tiene en cuenta su insuficiencia cronotrópica, y no uno copiado dirigido a población general sana.

Todo ello es de especial interés ya que las lesiones y el disconfort asociado al ejercicio provocan abandonos a corto plazo y la consolidación de hábitos sedentarios a medio/largo plazo (Cowley et al.).

Finalmente concluimos que un programa de entrenamiento aeróbico de 10 semanas redujo significativamente la masa grasa total y su distribución a nivel abdominal en mujeres obesas con síndrome de Down. Futuros estudios longitudinales bien conducidos y controlados son necesarios para determinar el impacto de este tipo de mejoras asociadas al ejercicio en el manejo clínico de personas con síndrome de Down o cualquier otra discapacidad intelectual.

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Recibido : 05-05-2012
Aceptado: 26-11-2012

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