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International Journal of Morphology

versión On-line ISSN 0717-9502

Int. J. Morphol. vol.36 no.3 Temuco set. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-95022018000301028 

Articles

¿Algunos Epónimos y Topónimos como Coincidencias Terminológicas?

¿Some Eponyms and Toponyms as Terminological Coincidences?

Jorge Eduardo Duque-Parra1  3 

John Barco-Ríos1 

Alejandro Restrepo-Bustamante2 

1 Departamento de Ciencias Básicas, Programa de Medicina, Universidad de Caldas, Caldas, Colombia.

2 Departamento de Programa de Medicina, Universidad de Caldas, Caldas, Colombia.

3 Programa de Medicina, Universidad de Manizales, Manizales, Colombia.

RESUMEN:

Los epónimos y los topónimos se han utilizado desde hace siglos en la anatomía para nombrar muchas estructuras corporales, pero curiosamente algunos de estos nombres también figuran en la literatura no morfológica, por lo que se plantea si se trata de meras coincidencias terminológicas. Se analizó el origen etimológico de los términos céfalo, tórax, ilión, meninge, nervios y pedio, que aparecen en la literatura no morfológica desde antes de nuestra era y se comparó con el significado que se les da en la terminología anatómica. Algunos términos usados en la anatomía aparentemente no son considerados como epónimos o topónimos, sin embargo, varios personajes históricos y ciertos lugares geográficos tienen coincidencialmente esos mismos nombres. Por tanto, se plantea la posibilidad que tales términos hayan pasado inadvertidos y que realmente hacen parte de la eponimia morfológica. Por lo tanto, los términos céfalo, tórax, ilión, meninge, nervios y pedio son epónimos y topónimos poco conocidos, aunque cabe la posibilidad que sean simples coincidencias terminológicas.

PALABRAS CLAVE: Epónimo; Topónimo; Terminología anatómica

SUMMARY:

Eponyms and toponyms have been used in anatomy for centuries, to name many body structures, but interestingly some of these names also appear in the nonmorphological literature, so it is being considered if they are only terminological coincidences. The etymological origin of the terms cephalus, thorax, ilium, meninx, nerves and pedius, which appear in the non-morphological literature of before our era, was analyzed and compared with the meaning given in anatomical terminology. Some terms used in anatomy apparently are not considered as eponyms or place names, however, several historical figures and certain geographic locations coincidentally bear those same names. Therefore, the possibility arises that such terms have gone unnoticed and that they are really part of the morphological eponyms and toponyms. Therefore, the terms cephalo,thorax, ilium, meninge, nerves and pedius are eponyms and little-known toponyms, although it is possible that they are simple terminological coincidences.

KEY WORDS: Eponym; Toponym; Anatomical terminology

INTRODUCCIÓN

El término epónimo puede recibir dos interpretaciones, según el contexto al que se haga referencia: una lo hace para llamar al arconte de quien tomaba denominación el año, como en los fastos romanos la tomaba de los cónsules (Plutarco, 1920), y la otra se refiere al término para designar estructuras anatómicas. En este último sentido, la palabra epónimo está compuesta del prefijo griego epi que significa sobre y el sufijo ónyma que significa nombre, y es utilizado para designar un órgano o una estructura particular por el nombre de la persona (Mascaró y Porcar, 1983) que la descubrió o el que inicialmente la describió; por lo tanto, el epónimo puede asimilarse como un sobrenombre (Duque et al., 2016).

A lo largo de la historia, los epónimos han desempeñado un papel lingüístico significativo en la terminología técnica y científica, permitiendo registrar en ella los nombres de aquellos investigadores que han dedicado sus vidas al descubrimiento científico, pero infortunadamente en otros casos no ha sido así, lo que ha conducido a errores. En el campo de las ciencias médicas, la eficacia semántica de la terminología empleada ha conducido a un debate de larga data (Duque-Parra et al., 2006), ya que es común entre los clínicos y académicos el uso de un lenguaje morfológico basado en epónimos (Goic, 2009), los cuales no tienen ningún valor descriptivo ni informativo sobre alguna estructura anatómica particular (González-López, 2010; Duque Parra et al., 2014). Este uso irracional de la eponimia quizá se deba a que muchos profesionales de la salud desconocen o han olvidado que existe una terminología anatómica internacional, la cual establece, entre otras cosas, que casi todas las estructuras morfológicas se denominen con una sola palabra, que el lenguaje empleado sea el latín, que el término concentre la información y descripción de la estructura y que se eliminen las eponimias (Roa et al., 2016); además, propende por unificar la comunicación entre dichos profesionales y facilitar el proceso enseñanza-aprendizaje (Duque Parra et al., 2016). Pero además de los epónimos, el lenguaje médico también hace uso de topónimos (del prefijo griego tópos que significa lugar y el sufijo ónymo para nombre) para nombrar ciertas estructuras anatómicas relacionadas con lugares geográficos, que tampoco le brindan al lector ninguna información estructural ni funcional de lo que se está estudiando, por lo que también deben ser abolidos del lenguaje morfológico. Curiosamente, en algunas narraciones contenidas en textos antiguos de literatura no anatómica se mencionan ciertos nombres que pudieran ser asimilados como epónimos y topónimos, pues se vinculan con estructuras anatómicas vigentes, como sucede con los términos céfalo (Jenofonte, 2014), tórax (Crivellato & Ribatti, 2007), ilión (Manfredi, 1999; Ceceña, 2014), meninge (Plutarco), nervios y pedio (César, 1971).

DISCUSIÓN

En la terminología anatómica internacional se hace referencia al término céfalo, que figura con el código A12.3.08.015 (FCAT, 1998), cuando se nombra a la vena cefálica; no hay otra estructura en dicha terminología que lleve este nombre. El término griego Kephalee hace referencia a la cabeza (Cadavid, 1942). Esto se deduce al menos de los tratados Hipocráticos, donde se hace referencia a este término en el texto De Capitis Vulneribus -sobre las heridas en la cabeza- (García, 2003). Pero curiosamente también se identifica el término céfalo vinculado con el nombre de un famoso legislador de Corinto presente en la batalla de Crimiso (Plutarco). Lo anterior nos plantea la incógnita de saber si primero existió el término céfalo para designar lo que queda dentro de la cabeza, o si el nombre se usó inicialmente para designar a una persona, como el legislador romano citado. El término latino para cabeza es caput, -itis (Mir, 1986; De Miguel & De Morante, 1954).

En igual sentido, en la terminología anatómica internacional aparece el término tórax con el código A01.1.00.014 (FCAT). Este término también es de origen griego y hace referencia al pecho (Cadavid). Coincidentemente, Jenofonte cita que: “Habiéndose levantado Torax…dijo que si una vez salían del ponto, tendrían a su disposición el Quersoneso, que era tierra fértil y rica para el que se quisiese quedar a vivir en ella…” (Jenofonte). De otro lado, con sentido diferente al de nombre de persona, Parménides cita que el alma estaba formada por material ígneo que se localizaba en el tórax (Crivellato & Ribatti). Por tanto, el término tórax se asimila como nombre de persona y también como elemento corpóreo; pero surge de nuevo el interrogante: ¿cuál fue primero? En el latín figura el término pectus, que significa pecho (Mir).

El término romano ilium aparece en la terminología anatómica con el código A02.5.01.009 (FCAT), que al castellanizarse se nombra como ilion (Chatain, 1967), el cual corresponde a un elemento óseo de la pelvis (Lippert, 2005) que continúa creciendo entre los 5 años y la pubertad (Yusof et al., 2013). La historia griega nos cuenta que Troya o Ilión es una ciudad antigua, ubicada actualmente en Turquía, donde se celebró la famosa guerra de Troya. También se cita en la literatura que Ilión heredará la antigua Troya (Manfredi; Ceceña). El primer asentamiento griego en ilion se remonta al siglo VIII, asociado con el culto de Atenea Ilias, mientras que en Herodoto el país es llamado TroiasIlias (West III, 2012). Por lo anterior, ¿podría inferirse que el término ilión es un topónimo?.

El término meninge, que en la terminología anatómica figura con el código A14.1.01.001 (FCAT), deriva del genitivo griego singular de méninx (meningos) que significa membrana (Cadavid). Se trata de las tres membranas que recubren el cerebro (Decimo et al., 2012) y otros elementos del sistema nervioso central. Plutarco hace referencia a la isla de Méninx (otros textos, la traducen al castellano como Meninge), citada por el viaje de Mario el Romano (Plutarco). Sin embargo, en los tratados hipocráticos ya se menciona el término meninge (García). Entonces, ¿cuál fue primero?, ¿acaso el término meninge corresponde a otro topónimo?.

Otro término epónimo de origen latino relacionado con el sistema nervioso es el de nervus, que aparece en la terminología anatómica con el código A14.2.00.013 (FCAT), traducido al castellano como nervio. Los nervios son elementos que conducen excitabilidad y potenciales motores gracias a sus diversos canales iónicos (Farrar et al., 2013). Cayo Julio César lo nombra en su libro sobre la guerra de las Galias, cuando dijo que los nervios de la Galia eran considerados los más fieros. Posteriormente, Plutarco también se refiere a ellos en el mismo sentido, cuando escribió que los nervios de la Galia son feroces y belicosos. No obstante, en los tratados hipocráticos se utiliza el término nervio (García).

Finalmente, el término pedio se deriva del latín clásico pes -en singular- o pedis -genitivo-, que significa pie -de una persona- (Mir). En la terminología anatómica aparecen los términos dorsum pedis y digiti pedis con los códigos A01.1.00.045 y A01.1.00.046, respectivamente (FCAT). Por otro lado, la historia cuenta que Quinto Pedio era el sobrino nieto del emperador romano Cayo Julio Cesar, quien lo nombró como delegado durante la Guerra de las Galias (Plutarco). El término pedio se utilizó para designar a un músculo de la parte anterior del pie (Hollinshead, 1983) que actualmente se identifica en la Terminologia Anatomica como extensor corto del pie (FCAT). Surge entonces el interrogante: ¿el nombre Pedio apareció primero para designar personas o para nombrar algunas partes corporales?.

Ninguno de los términos nombrados atrás aparecen en textos de epónimos (Forbis & Bartolucci, 1998), lo que pudiera dar a entender que realmente no son epónimos sino coincidencias terminológicas, por lo que deberían conservarse dentro de la terminología anatómica internacional. Pero también debe tenerse en cuenta que los epónimos comenzaron a ser implementados entre los siglos XVI-XVII, aunque algunos de los epónimos más antiguos se remontan al primero y segundo milenio antes de nuestra era (Ponte Hernando, 2014), lo que nos permite deducir que los epónimos y topónimos surgieron como una forma de comparar un personaje histórico o un sitio geográfico con la forma o función de ciertas estructuras anatómicas.

CONCLUSIÓN

En la literatura no morfológica, donde se relatan eventos históricos relacionados con ciertos personajes y regiones geográficas, aparecen algunos nombres que son semejantes a los términos empleados para designar estructuras anatómicas. Si muchos de los epónimos comenzaron a ser implementados en los textos relacionados con las ciencias morfológicas entorno a los siglos XVI-XVII, los términos céfalo, tórax, ilión, meninge, nervios y pedio, que se pensaba que no eran epónimos sino coincidencias terminológicas, en realidad si lo son.

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Recibido: 20 de Febrero de 2018; Aprobado: 22 de Mayo de 2018

*Correspondencia a: Email: jorge.duque_p@ucaldas.edu.co

Dirección para correspondencia: Dr. Jorge Duque Parra Departamento de Ciencias Básicas Programa de Medicina Universidad de Caldas Sede principal. Calle 65 No. 26-10. Manizales - COLOMBIA

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