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Atenea (Concepción)

versión On-line ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  no.518 Concepción dic. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-04622018000200187 

RESEÑAS

Les consuls, agents de la presence française dans le monde (XVIIIe-XiXe siècles) .

Mildred Lesmes G. 1  

1Magíster en Literatura hispanoamericana; Magíster en Historia; Doctoranda en Historia y ci vilizaciones comparadas, Universidad París-Diderot, París VIII. Investigadora en el Laboratorio ICT (Identités, Cultures et Territoires), ED 382 (Economies, espaces, sociétés; civilisations: pensée critique, politique et pratiques sociales). Profesora temporal Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad de Caen, Caen, Francia

Fabrice, Jesné. (dir.)., Les consuls, agents de la presence francaise dans le monde (xviiie-xixe siècles). ., , Rennes: Presses Universitaires de Rennes, 2017. 186p. ISBN: 978-2-7535-5353-8.

Los cónsules se han convertido en los últimos años en objeto de estudio para los historiadores, sin embargo, una investigación interdisciplinar podría llegar a develar la importancia de estos funcionarios del Estado como agentes de transferencias culturales, de circulaciones políticas y como acto res decisivos de espacios transnacionales.

Este texto, dirigido por Fabrice Jesné y con la colaboración de investigadores del Centro de investigaciones en Historia internacional y Atlántica de la Universidad de Nantes, publicado en el 2017, responde a las inquietudes contemporáneas de abrir el marco nacional para escribir una historia transnacional o global. De esta manera, el cónsul, en tanto funcionario de Estado, se revela como un vector de transformación permanente en las relaciones entre las naciones y como actor en la construcción de un mundo conectado.

Los nueve trabajos de investigación presentados en este libro ofrecen temas y variables de estudio a los investigadores de todas las áreas del conocimiento en cuanto a la llamada "globalización", preconizada durante los últimos tiempos. A pesar de que los trabajos de investigación presentados hacen referencia únicamente al caso francés, es decir a la actuación y presencia de cónsules franceses en el extranjero, esta obra hace, implícitamente, un llamado desde la Historia a las otras disciplinas. Se puede avistar en cada capítulo las transferencias culturales, las circulaciones políticas y las apuestas económicas que el oficio de agente consular implicaba durante los siglos XVIII y XIX. Para el caso de América Latina, este trabajo se hace necesario y su lectura puede inspirar investigaciones interesantes, ya que aborda los espacios transatlánticos como puntos claves para el ordenamiento del mundo.

El libro está organizado de manera cronológica, abarcando desde el siglo XVIII hasta principios del siglo XX, permitiendo que el lector comprenda las transiciones que se dieron temporalmente. Asimismo, el transitar geográfico de cada apartado del texto ofrece la posibilidad de recorrer el mundo, como lo hicieran estos agentes consulares, pasando de la Península Ibérica a Rusia, luego del Mediterráneo -Nápoles y Sicilia- al Pacífico, Canadá, Estados Unidos y Djeddah. Este recorrido territorial le permite al lector enterarse de las estrategias que debieron utilizar los cónsules franceses para hacerse un lugar en culturas tan diversas, con sistemas políticos disímiles y con instrucciones precisas sobre la presencia que Francia debía ganar en el mundo.

Una de las cualidades de este trabajo es el haber abordado la figura del cónsul, haciendo notable su presencia en la política internacional. Sin dejar de lado la importancia del agente diplomático, el agente consular es visibilizado, notándose más claramente su actuación e injerencia en la construcción de las relaciones internacionales.

De las nueve colaboraciones de investigación que presenta este libro, hemos decidido retomar algunos aspectos de seis de ellas, con el propósito de mostrar la variedad en los temas y en los espacios geográficos que se abordan.

Uno de los capítulos del texto, el de Géraud Poumarède "Escribir la historia de los consulados del siglo XIX: una empresa de legitimación", explica el nacimiento del oficio consular y cómo estos representantes del Estado fueron modelando su labor a medida que el comercio, la instalación de nacionales en territorios extranjeros y las diligencias de documentos fueron apareciendo. Lo que en un primer momento fue un oficio para el comercio, se convirtió en la gerencia de connacionales, y en resolución de problemas de derecho marítimo e internacional. La profesionalización se da en el siglo XIX cuando varios espacios coloniales fueron abiertos y cuando la distancia hacía que el cónsul fuese el representante de la autoridad de su país en tierras extranjeras. Es así como el cónsul pasa de sus funciones de notariato a ejercer una influencia social, y en muchos casos a ser un actor político decisivo.

Para entender cómo el agente transita por este proceso de evolución, tanto al interior de su profesión como al exterior en la construcción de los Estados-nación o de otros espacios imperiales, el trabajo de investigación "Una figura transitoria en las fronteras de un imperio colonial: León Roches", sirve de ejemplo. Cónsul de Francia de 1845 a 1867 en Tánger, Trieste, Trípoli, Túnez y Yokohama/Edo (Japón), logra ascender de cargo y pasar de agente consular a agente diplomático. Su experiencia en estos países le llevó a escribir un libro, Treinta y dos años a través del Islam, obra cumbre por la cual ganó renombre en Francia. Sin embargo, esta es una de las tantas habilidades de este agente consular que supo con audacia y maestría desarrollar una diplomacia de influencia en el norte de África.

Otra de las cualidades de esta publicación, además de develar la figura del cónsul como agente político y cultural, es la apertura de la ventana de observación. En el caso del trabajo "Conectar dos mundos: el consulado de Francia en Cádiz en el siglo XVIII, interface entre Europa y las Indias", el lector puede situarse temporalmente a mediados del siglo XVIII y ver el gran espacio que era el mundo hispano, gran espacio que estaba vedado a las otras naciones europeas, pero que tenía una puerta de entrada, el puerto de Cádiz. Este puerto fue durante varios siglos el punto de conexión entre Europa y la América española. Nuevamente un estudio de caso, el de Jean Baptiste Patoulet, agente francés enviado a España, expone cómo Francia proveía casi el 40% de cargamento para América a través de flotas y galeones españoles. El agente consular consigna en sus memorias que de la totalidad de las telas, provenientes de Saint Malo, solo un tercio se quedaba en España, mientras el resto partía para el Nuevo Mundo. Este tipo de mercado llamó la atención de Francia, que puso en práctica todas las medidas para que el consulado francés en Cádiz pudiese hacerse un lugar en la Carrera de Indias.

Una vez que las Independencias americanas fueron un hecho, Francia se dará a la tarea de "conquistar" comercial y culturalmente este espacio. En 1815 la única presencia política francesa en el continente estaba en Brasil y en los Estados Unidos. Las incertidumbres sobre las revoluciones americanas y sobre el reconocimiento internacional de las nuevas repúblicas emancipadas de España hacen que Francia se acerque de manera precavida. A partir de la década de los veinte se ve la proliferación de consulados, legaciones y agencias consulares, sin que por ello se llegara al reconocimiento político de los estados nacientes. Se recluta personal neófito, el cual pudo hacerse a una carrera consular, como se ve en los análisis precedentes, y se nombran inspectores generales de comercio en los principales puertos de América Latina .

Las habilidades y competencias de estos funcionarios del Estado serían recompensadas con ascensos dentro de la carrera consular -de vicecónsul a cónsul de segunda clase, luego cónsul de primera clase- y a un aumento salarial, además de poder obtener el reconocimiento simbólico en la Legión de honor, al recibir una medalla de Oficial o Comandante. El caso de Adel Lacathon de la Forest, cónsul en los Estados Unidos, es fiel muestra de este tipo de funcionamiento, el cual se hace recurrente con casi todos los agentes consulares enviados al Nuevo Mundo. "Al margen del imperialismo, la red consular francesa en Estados Unidos (1815-1898)" es un trabajo de investigación que integra las disposiciones en política internacional de Francia hacia los Estados Unidos y gran parte de la América independiente, y muestra el caso de este canciller, nombrado en 1817, quien logra escalar los grados recibiendo la titulación consular gracias al manejo que hace de los consulados de Charleston y Baltimore, llegando a ser Inspector en Santiago de Chile y luego en Buenos Aires.

Otro de los espacios que parecía interesante, para el envío de agentes consulares franceses, fue la región del Pacífico. A pesar de las exploraciones hechas por los franceses desde principios del siglo XIX, las islas de Hawái y Tahití no tuvieron representación francesa hasta bien entrados los años treinta. En este caso, los agentes consulares -Dudoit y Moerenhout- estuvieron en alianza directa con los misioneros católicos enviados a las islas. El lector puede comprender en "Los cónsules franceses en el Pacífico durante el siglo XIX: agentes de un imperio francés en los Mares del Sur", las estrategias utilizadas por Francia para hacerse a una diplomacia cultural.

A pesar de la dificultad de imponerse ante la hegemonía económica de Gran Bretaña, el país galo se armó de sus agentes consulares, quienes, como en el caso de Arabia Saudita, lograron hacerse un lugar cultural y político en los nuevos espacios. La agencia consular de Djeddah se especializó rápidamente en un reto político religioso sujeto al peregrinaje a la Meca, sobre todo en la protección de los peregrinos musulmanes originarios del imperio. Cómo los cónsules lograron acompañar y sobrepasar a las autoridades coloniales en el control del flujo de peregrinos se presenta en el trabajo de Luc Chantre: "¿Constructores de Imperio? Los cónsules franceses de Djeddah en el siglo XIX (1839-1914)" (Jesné, p. 181).

Una de las grandes falencias de este libro son las imágenes; tratándose de recorridos geográficos, de diferentes temporalidades, de costumbres y culturas diferentes, el lector hubiese podido comprender visualmente a través de un mapa los recorridos que estos agentes consulares debieron transitar. Asimismo, las imágenes de las exploraciones hechas en el Pacífico o de la Meca en Arabia Saudita, habrían hecho de la lectura un momento de viaje, como lo propone el libro.

Cabe anotar, sin embargo, que este trabajo mancomunado es un llamado a realizar nuevas investigaciones en relaciones internacionales, historia diplomática y en estudios transnacionales y globales. Se hace una invitación a recorrer los siglos XX y XXI siguiendo a los cónsules y cancilleres -muchos de ellos escritores e intelectuales en el caso francés e hispanoamericano-, ya que estos pueden brindar luces para comprender las complejidades de la conformación del mundo contemporáneo.

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