SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 issue522Discurso del Sr. Rodrigo T. Rojas MackenzieIntervención de Fabienne Bradu, autora del libro author indexsubject indexarticles search
Home Pagealphabetic serial listing  

Services on Demand

Journal

Article

Indicators

Related links

  • On index processCited by Google
  • Have no similar articlesSimilars in SciELO
  • On index processSimilars in Google

Share


Atenea (Concepción)

On-line version ISSN 0718-0462

Atenea (Concepc.)  no.522 Concepción Dec. 2020

http://dx.doi.org/10.29393/at522-115dppl10115 

HETEROGÉNEA

PRESENTACIONES Y DISCURSOS

Discurso del Sr. Pedro Lastra

Sr. Rector de la Universidad de Concepción, Dr. Carlos Saavedra

Autoridades de esta Universidad

Sres. profesores y estudiantes:

En las páginas que aparecen como prólogo a este libro, y que Fabienne quiso situar ahí generosa y cordialmente desprendiéndolas de lo que en su origen no fueron sino parte de una charla de homenaje al maestro de vida y poesía que fue para mí Gonzalo Rojas, y de reconocimiento a la extraordinaria tarea realizada por ella al salvar de tan largo como ominoso olvido lo que fueron los memorables Encuentros de Escritores, conté algunas circunstancias y momentos relacionados con ellos. Están, pues escritos ahí, y no tendré que referirlos ahora reiterativamente. Se trata aquí de una expresión de gratitud a Fabienne y a quienes han hecho posible este invalorable rescate, desde el animador esfuerzo cotidiano de la Fundación Gonzalo Rojas, y el interés renovado del Fondo de Cultura Económica y de la Universidad de Concepción.

Yo sé que esta no es -ciertamente- la historia de mis emociones, como dice el narrador de uno de los cuentos más famosos de Borges, pero ocurre que esta presentación celebratoria de las circunstancias y resultados de los Encuentros de Escritores Chilenos y Americanos, organizados por Gonzalo Rojas entre 1958 y 1962, editados -por fin- por el Fondo de Cultura Económica y que deberemos desde hoy al fervor hispanoamericanista, a la inteligencia y entusiasmo de Fabienne Bradu, suscita reacciones de esa naturaleza. Rodrigo Rojas y yo fuimos testigos de esas horas, desde distancias diferentes, desde luego: Rodrigo las vivió día a día; yo, en otros momentos pautados en diversos períodos, aquí y allá, a veces entre viaje y viaje de Gonzalo, que por ese tiempo recorrió casi todos nuestros países en cumplimiento de esa misión participativa que se había impuesto.

Todo esto sucedió hace mucho tiempo, desde los preparativos hasta las realizaciones; porque le oímos a Gonzalo imaginar tales Encuentros por lo menos desde 1956. Y al fondo, en sus diálogos, siempre estaban aquellas grandes tareas culturales que en el siglo XIX comenzaron a definir nuestra identidad. Y por eso pienso a menudo cómo sería deseable que en estos tiempos sombríos y sórdidos que vivimos la lección de Gonzalo Rojas volviera a reanimarnos.

Que más de sesenta años después podamos asistir a la reconstitución, si no de todas -obviamente una imposibilidad- a la mayor parte y en todo caso a las principales escenas de esos encuentros con personajes venidos de muchos lugares; que podamos escucharlos otra vez, como diría Quevedo, "escucho con mis ojos a los muertos", y todo esto sin el menor patetismo, sino en la serenidad de la lectura, es lo que deberá este país y este continente a nuestra admirada Fabienne Bradu.

Aquellos Encuentros de Escritores Chilenos de 1958, en Concepción y Chillán, y los Americanos en Concepción en 1960 y 1962, nunca dejaron de estar presentes sin embargo para muchos de nosotros, aunque los sobrevivientes seamos cada vez menos, como es natural (hace pocas semanas nos dejó José Miguel Oviedo, cuya participación registra este libro).

Yo quiero evocar aquí conversaciones y recuerdos de esos Encuentros con maestros y amigos en los más diversos lugares: con José Antonio Portu-ondo y Alejo Carpertier en la Habana en 1966; con José María Arguedas, y muy a menudo, en Lima y en Santiago; con Allen Ginsberg en un homenaje a Neruda en Nueva York en 1974; con Carlos Fuentes en Carolina del Sur en 1978, y así, con tantos otros escritores y artistas como Guayasamín, por ejemplo, a quienes nos acercó Gonzalo. Y creo que es bueno señalar que en tales casos siempre se insinuaba una pregunta, de manera manifiesta o implícita, sobre el silencio chileno alrededor de esas memorables reuniones americanas, pues también se sabía que el resultado de los Encuentros nacionales del 58 se había publicado oportunamente en la revista Atenea, antes de que finalizara ese año. (Pero la verdad que yo tengo para mí es que seguramente ninguno de sus familiares, ni el mismo Gonzalo, como después Fabienne, perdieron nunca la esperanza de que esa hora de la restitución, que es precisamente esta, llegaría).

Yo confieso que pertenecí casi siempre a los escépticos y esto no sin multiplicadas razones cuyos fundamentos omitiré, y esto fue así hasta que

Profesor ypoeta Pedro Lastra . Concepción, 18 de enero de 2020. 

me encontré una tarde -Berta Inés Concha mediante- con Fabienne Bradu emergiendo de los subterráneos de nuestra Biblioteca Nacional. Y mientras tomábamos un café en esa Biblioteca, y la escuché y la vi tan fervorosamente entusiasmada y comprometida con esa tarea, y en posesión de un saber tan completo y ordenado de aquellos acontecimientos, como si los hubiera presenciado -y esta es una impresión que se siente muy vivamente en la lectura de este libro- supe que esa tarea iba a ser realidad más temprano que tarde, es decir aquí y ahora.

A propósito de esto, permítanme detenerme un momento en esta recensión: al releer en este libro las 156 páginas, por cierto harto más que introductorias, escritas por Fabienne con un recuento de los antecedentes de la cultura chilena y su detenida y precisa información sobre cada uno de los cuatro Encuentros; la información biobibliográfica de los participantes; el comentario de sus presentaciones y las resonancias que ellas tuvieron por ejemplo en la prensa favorable o cuestionadora de la época, el inmediato calificativo que se me ocurre para hacerle alguna justicia a su trabajo es la palabra: Sorprendente.

Yo no dudo de que ustedes compartirán muy pronto esa impresión. Y no es necesario que indique ahora ningún lugar de este libro o algún momento en particular. Rodrigo y yo fuimos testigos presenciales de una parte considerable de esos sucesos dispuestos tan sabiamente por Gonzalo Rojas. De mí sé decir que si hubiera intentado alguna vez reconstruirlos con parecida plenitud no habría logrado sino el dibujo más o menos saliente de esos contornos y sentidos que Fabienne logra, se diría que sin esfuerzo, a ser tan nítidos como reveladores.

Quedamos en deuda muy larga con ella y con el Fondo de Cultura Económica por procurarnos un acercamiento tan vivo y ejemplar a la gran lección que nos dejó Gonzalo Rojas, al incitarnos a continuar la averiguación hacia el descubrimiento de nuestro propio ser.

1Poeta y académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile. Director de la revista Anales de Literatura Chilena.

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons