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Estudios pedagógicos (Valdivia)

versión On-line ISSN 0718-0705

Estud. pedagóg.  n.24 Valdivia  1998

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-07051998000100007 

 

Estudios Pedagógicos, Nº 24, 1998, pp. 89-97

ENSAYOS

 

EDUCACION HOLISTICA POR MEDIO DEL ARTE: UNA TAREA INGENTE, VIGENTE Y URGENTE *

Holistic education through art: an urgen and current task

 

Prof. Víctor Valembois

Este axioma a toda hora habrás de meditar:
la ciencia de vivir es el arte de amar.

Rubén Darío, en 1915, en el
álbum de una señorita nicaragüense

* Reelaboración a partir de ponencia para el “Primer Encuentro Internacional de Educación Holística”, organizado por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile (UACH), los días 18-20 de noviembre de 1998.


Resumen

Este trabajo arranca con dos observaciones: en tiempos de globalización es conveniente recordar que este término no es el único que envuelve tendencias de lo total, sino que está en un campo donde también justamente su aplicación a lo pedagógico se vuelve crucial.
Enseguida, se aplica un enfoque global-holístico a una reciente novela norteamericana, traducida como La meta. El personaje principal sale victorioso de un doble reto, el del cierre de su empresa y el hundimiento de su matrimonio. Concluyo que la globalización informativa externa debe aunarse a un proceso de asimilación interna, en la línea del Dr. Decroly. Termina este aporte con unas reflexiones sobre la validez del arte en sí y como vehículo de enseñanza holística.

Abstract

The paper starts with two observations: having in mind the ultimate globalization, it is necessary not to forget that, in strict reference to educational tendencies, this is not a unique concept referring to perspectives of totality.
Net an application is considered, taking the recent American novel The goal written by Eliyahu Goldratt. Science an Arts, which originated in different hemisferic parts, are brought together in this novel in a surprisingly new educational perspective. The conclusion is the need of an internal globalization that, curiously remembers the precepts of Dr. Decroly. The paper ends with considerations on the still valid and helpful role of arts as a vehicle of holistic education.


 

1. LO HOLISTICO, ¿CUESTION DE SEMANTICA?

Así como las palabras viven y mueren con las comunidades que les dan sentido (y adquieren su significado a partir de su referencialidad dentro de éstas), constantemente surgen otras etiquetas para legitimar objetos nuevos, relaciones distintas, connotaciones sutiles. En definitiva, las palabras, productos y expresiones de los hombres, al igual que todas sus manifestaciones y sus mismos valores, sufren de inflación y de devaluación, hasta que otro grupo humano revitaliza determinadas búsquedas y ciertos términos, en una utopía por definición inalcanzable.

Así pasa con vocablos relativamente nuevos como lo holístico y lo global. La palabra “globalización” es una etiqueta “distinta” que recubre empeños seculares en la historia de la humanidad. En el mundo unipolar que resultó de la debacle del imperio soviético y que coincide con la fabulosa expansión de los nuevos medios tecnológicos de comunicación, por doquier se hace sentir con cierto triunfalismo el impacto de lo norteamericano. Prevalecen y se hacen sentir como norma (y únicas posibles, porque la norma se vuelve normal) sus estructuras, sus soluciones y hasta su captación/expresión lingüística de lo anterior. De allí que el adjetivo “global” esté de moda. Se trata de un “nuevo” adjetivo sobre molde anglosajón: por ejemplo en español (el de América Latina, no el peninsular) prevalece ahora el calco de “global”, a partir del modelo “made in USA”. “Mundial” (como se dice en francés y en España) constituye un término más latino para lo mismo. La tendencia uniformante se manifiesta entonces hasta en el léxico, dando a su vez pie a más y más “pensamiento único”.

Pero aparte de la envolvente tecnología, no hay nada nuevo bajo el sol de las relaciones humanas, de los afanes de superación, caída y redefinición. Pareciera que el hombre sigue siendo el mismo; sólo las etiquetas cambian. Al lado de los términos “globalización” y lo “global” que figuran por doquier, bueno es ahora, desde un punto de vista filológico, observar que este vocablo, aparentemente triunfante, sigue rivalizando con otras varias expresiones de tipo totalizante, que no totalitario. A nivel de adjetivos siempre, baste evocar aquí lo “católico” (= sobre toda la tierra), lo “ecuménico”, lo “universal” y precisamente lo holístico. En última instancia no existen los sinónimos, ya que la lengua no es sino connotaciones, matices; pero todas esas expresiones caben dentro de un mismo campo semántico de lo espacialmente abarcador, a escala mundial “universal”1. El término de lo global, en boga, no es sino el penúltimo reciclaje al respecto antes de finalizar el siglo. Triste es corroborar que no por más integrado que esté el mundo resulta más íntegro...

Pero no es este el lugar para teorizar sobre la recurrente utopía de la universalización, tan vieja como la humanidad, eso sí con sorprendentes facetas nuevas en esta última ola. Todo aquello no deja de tener su tremendo impacto en los procesos de captación del mundo. Si, según la clásica definición de Brecht, la forma no es sino la organización del fondo, la omnipresente comunicación tecnológica debe entonces también informar todos nuestros procesos de transmisión de información. Uno de los mayores al respecto sigue siendo la educación formal, aunque día tras día su impacto va menguando vertiginosamente: el último informe de Desarrollo Humano, de Naciones Unidas, evidencia algo que ya sabíamos, que los gastos militares se mantienen encima de los de educación. Pero cuál no sería nuestra sorpresa al descubrir ahora que los gastos conjuntos en la industria de la cosmetología superan los dedicados a la enseñanza básica2. ¿Será que gracias a lo virtual asistimos a una nueva revolución copernicana, en la cual el parecer es más importante que el ser?

Ahora bien, en la educación, ¿estamos preparados para lo que Capra y Gorostiaga afirman no constituye otra época de cambios, sino a un cambio de época?3 La pregunta no es nueva: ya Alexandre Dumas hijo, el siglo pasado, en son de broma se preguntaba que siendo que los niños nacen tan inteligentes que hay tantos adultos tontos, eso quizá se debía (se debe) a la misma educación... De allí la importancia de este Encuentro de reflexión internacional sobre lo holístico, aplicado a la educación.

2. TAREA URGENTE: LA ESTRUCTURACION INTERNA DE LA INFORMACION

La globalización, como sea que se defina, se nos tira encima, desde fuera, y curiosamente en este aspecto también se nos ha inculcado que el norte se sitúa arriba4. Que es un proceso inevitable resulta claro. La pantalla del televisor, aunada a la de la computadora, pronto quizá reunidos en un solo artefacto doméstico, son los competidores directos del sistema educativo tradicional. Lo ideal sería que fueran aliados, cosa del campo de los deseos bien intencionados, porque la red de imágenes y de valores que nos envuelve tiene una organización y una meta que no van precisamente en la línea de agentes de cambio, en términos del gran Paulo Freire5, fallecido en 1997. Todo lo contrario, por lo general, su encadenamiento a intereses mercantiles favorece seres serviles, atrofiados. Al igual que la comunicación de masas, aparenta ser dialogal, además de promover la participación y la igualdad, pero en realidad representa un sistema esencialmente dirigista e impositivo. A no dudarlo, esta educación informal, en cientos de canales y a través de la tremenda autopista informativa, a lo largo de veinticuatro horas, se nos abalanza y nos está endoctrinando cómo debemos pensar, expresarnos y hasta sentir (desde el gusto más sencillo hasta la más refinada percepción artística).

En comparación, es curioso observar cómo la misma educación formal, la de los pupitres y de la pizarra, pese a ser defendida por creativa, liberadora, en su terminología suele denotar un carácter altamente represivo. Si no, veamos el dirigismo que esconde su léxico. El profesor es el que “habla ante” y los infantes son los que “no hablan”. El docente (el que dirige), sea un docto doctor (el que instruye) o el licenciado (el que tiene licencia para ello) “enseñan” (recorren un camino preestablecido) y “educan” (es decir: dirigen). Desde ese punto de vista, esa educación se vuelve autoritaria además de clasista, contraria a su imagen de panacea para todos los males. Evidentemente entonces, muchas veces es parte del problema. Sería simple política de avestruz ignorar la educación informal, la de la calle, de los anuncios por doquier, la de la familia misma –en la medida en que ésta existe, con tal cantidad de hogares jefeados unipersonalmente–. Absurdo resulta también, en la suposición que existieran los medios para aquello, sería retomar todas las recetas de presentación y de embalaje que utiliza la educación informal. Imposible competir con lo radicalmente diferente.

La ingente, vigente y urgente tarea de la educación consiste ahora sin duda en preparar básicamente para confrontar al educando con una globalización vivida como externa únicamente. Conviene enseñar en sus entrañas el mundo en que nos toca vivir. En esta cultura global que se viene no quedan pueblos sino mercados, las naciones se ven suplantadas por bloques comerciales, no hay ciudades sino shopping center, no existen relaciones humanas sino competencias mercantiles. Vivimos un mundo excesivamente informado y no por eso los medios de comunicación nos han ayudado a informarnos mejor, en profundidad. Por lo anterior, aquí quisiera confrontar ese enfoque, con uno más positivo y liberador de nuestra actitud al respecto. Si en la mundialización todo resulta ser imposición jerárquica y desde arriba, la gran tarea de la educación “tradicional” consiste en enseñar a observar cómo el individuo reacciona al respecto.

Frente a la acción intempestiva y omnipresente de la perspectiva comercial-económica (hasta con sus ribetes educativos) que se acaba de evocar, surge la necesidad de contestación. Se impone una vivencia de aquella –en forma de asimilación o de rechazo– de manera más interna e interiorizada. Por eso Freire adoptaba un enfoque inverso, ya no a partir del educador dirigista, sino desde el sujeto deseoso de apre(he)nder, coger un puñado de significados, antes de que se lance (o lo lancen) a interpretar el resto del mundo. En esta tarea tan voluntaria como inevitable, se encuentra condicionado en primera instancia por su respectivo con-texto, su cultura y su idioma.

En la historia de la pedagogía, sin duda se encuentran otros antecedentes a rastrear para esta perspectiva focalizada en el educando. El mismo Sócrates de Fedro lleva a una nueva vivencia desde el fuero interior. El texto clásico de Platón empieza con la pregunta que todos nos tenemos que seguir haciendo: “Mi querido Fedro, ¿adónde vas y de dónde vienes?”6, entendida esta inquietud, más allá de una vulgar ubicación espacial, como la reflexión clave acerca de la incorporación personal de un destino. En este mismo sentido, de adentro hacia afuera, y no al revés, va también el curioso antecedente del Dr. Ovide Decroly (1871-1932). Este neurólogo belga se especializó en la terapia de niños anormales, hasta que sus investigaciones desembocaron en toda una metodología pedagógica. Entre sus escritos se encuentra “La función de globalización y la enseñanza”7. Más allá de la coincidencia de título con la actual tendencia avasalladora mundial, la perspectiva científica adoptada merece rescate porque su método “activo” es esencialmente centrípeto. Decroly comprueba que la vida síquica no se establece como suma de sensaciones y representaciones aisladas. De allí su postulación de que desde muy niño, el conjunto de percepciones forma estructuras organizadas: es una unidad “global”8. Tiene que ver con lo holístico de la Gestalt de años pasados, pero es sorprendente que ya hace décadas el término existía, y no precisamente en el ámbito anglosajón, además de que su eje principal era de estructuración interior, contrariamente a lo externo, comercial, que lo caracteriza ahora.

3. UNA LECTURA HOLISTICA DE LA META, NOVELA SOBRE ORGANIZACION EMPRESARIAL ...Y ALGO MAS

Un caso interesante, como producto de literatura y como ensayo sobre los temas que se han abordado hasta ahora, lo constituye La meta de Eliyahu M. Goldratt. Se trata de una novela con todos los visos de un bestseller. Escrita y editada originalmente en 1992, en inglés, la traducción mexicana que manejo9 señala que es la quinta edición, con fecha 1996, y que “está cambiando los negocios norteamericanos”. Quisiera ahondar brevemente en la obra porque su temática y su estructura se prestan a subrayar la conveniencia de lo holístico.

La acción transcurre en una planta industrial en los Estados Unidos, en un tiempo indefinido, pero sensiblemente actual, contemporáneo. No creo, sin embargo, que perderá vigencia en veinte o cien años. Además, gracias a la verosimilitud interna y la inherente capacidad de trascender tiempo y espacio, el “mensaje” se decodifica de manera congruente y sugerente en algún país asiático, igual que en cualquier rincón latinoamericano. El arte se justifica no sólo por su resultado, el producto estético en sí, sino por el proceso que induce en los dos polos de su realización. Tanto por el lado del clásico “emisor” como del consabido “receptor”, se observa una reproducción sistémica de signos a base de la realidad, vista no a la manera de una fotocopiadora, sino con toda creatividad. Allí encontramos el tipo de asimilación participativa sugerida por Decroly. La gente no es una hoja en blanco. Curioso resulta por de pronto que un texto de esta índole tenga no una sino dos “introducciones”. Supongo que fueron redactadas por el mismo autor. En una, en forma muy moderna y diríamos “interactiva”, se invita explícitamente a la participación mediante el aporte de significados: “si podemos mejor entender nuestro mundo y los principios que lo gobiernan, sospecho que mejoraríamos nuestra forma de vivir”, se señala. En la segunda, la “introducción norteamericana revisada”, se recalca además que “la novela trata de la ciencia y de la educación”.

Respecto del enfoque científico, Goldratt retoma aquella diatriba de Capra contra el “sentido común” cartesiano y en aforismo proclama que “el sentido común no es tan común”; pero al contrario del austriaco, el cual hace su desarrollo en forma de ensayo10, aquí lo nuevo, logrado y atractivo, es la metodología escogida. Toda la trama se encuentra salpicada de reflexiones que más se suele encontrar en libros de administración empresarial y manejo industrial que en una obra literaria. Ni siquiera faltan gráficos y cantidad de cifras11. Hace más de un siglo, Henri Stendhal proclamó que los códigos napoleónicos le resultaban la mejor inspiración para su estilo artístico. Aquí Goldratt pareciera probar que una serie de estadísticas no necesariamente debilita un trabajo artístico sino que, como de veras ocurre en este caso, lo fortalece. Sin embargo, pese al marcado énfasis didáctico, tampoco es un libro de texto. Al contrario, lo fantástico es que aquello no opaca lo novelesco escogido como forma atractiva de exposición. La tesis sostenida también le agradaría al citado Capra, en el sentido de que nuestros parámetros heredados encasillan el concepto “ciencia” dentro de categorías demasiado limitadas, cuando en cambio se debería agrupar toda generación de sabiduría sistemática a partir de la observación de la naturaleza, del comportamiento humano o, en este caso concreto, de la máquina “NCX-10”. También Decroly echaba por la borda la clásica división de materias para abordar los asuntos de manera interdisciplinaria. Lo importante es el proceso deductivo, interno. Y allí interviene precisamente lo global. La novela visualiza que los razonamientos de “rendimiento” y “eficiencia” no pueden verse en forma separada, sino dentro del conjunto.

Pero al mismo tiempo de ensayar pasos renovados en la búsqueda del método científico, dentro mismo de la intriga, el novelista plantea también una serie de renovadoras ideas respecto del binomio enseñanza-aprendizaje. Señala por de pronto que “se ha abusado mucho de esas palabras (ciencia y educación), al grado de que su significado original se ha perdido en la bruma misteriosa del excesivo respeto”12. Desde este punto de vista, entonces, puede afirmarse incluso que esta novela no sólo trata de educación, sino que representa en sí un estupendo ejemplo de lo que los alemanes identifican como Bildungsroman, la novela donde, como en El Quijote, se presenta una evolución. Asistimos a un proceso de cambio significativo en el protagonista, Alex Rogo en este caso.

Para ello el narrador recurre a otro personaje, de nombre Jonah, que como Beatriz, la del gran Dante, se transforma en guía, aquí ya no en el infierno, sino aunque sea aprovechando una sala de espera en el aeropuerto o una llamada a larga distancia. El misterioso profesor de física, porque esa es su profesión, sólo aparece esporádicamente y su papel de ninguna manera consiste en dar respuestas con cucharita a partir de un mágico frasquito Gerber. Sirve de catalizador para las propias reflexiones que hace Alex. Con la ayuda de éste, toda la historia gira alrededor del descubrimiento gradual de una mecánica liberadora en el interior del individuo en cuestión, operativa a nivel de su planta de producción. ¿No es esa una enseñanza holística?

Otro elemento sorprendente realza ese trabajo artístico. Es la interferencia, voluntaria, entre la intriga profesional y otra, de tipo matrimonial. El remedio encontrado, mejor dicho, generado, no sólo resuelve los problemas globales de la ensambladora, sino también la vida emocional del personaje. El autor señala que “me atreví a intercalar en la trama del libro una lucha de vida familiar, asumiendo de (sic) algo bastante común para cualquier gerente que, en cierta medida, se encuentra obsesionado con su trabajo”. Eso se hace hasta en las telenovelas y cantidad de programas televisivos baratos, pero Goldratt utiliza el recurso folletinesco para ir más allá. Igual, Cervantes recurrió a la gastada y ramplona novela de caballería para crear su perenne obra de arte. Ahora bien, no sorprende que la obra, por la vía de la lectura y la conversación, llegó a ser comidilla hasta en “salas de consejo, universidades y en las propias fábricas”. Pero lo atractivo en el contexto que nos ocupa es que “sin embargo, jamás se pensó que La Meta sería leída con avidez por las esposas”13. En honor a la verdad, ésta representa quizá la parte menos lograda en términos artísticos, porque Julie, la cónyuge, no resulta sino un personaje esquelético, estereotipo de “ama de casa”. El narrador incluso simplemente deja de ocuparse de ella en la construcción de los últimos capítulos. Sin que hubiera que esperar un clásico happy end de película romántica, el final de la novela francamente para nada resulta logrado.

Pero aquí, bajo el punto de vista de la atención a la totalidad interior, a nosotros nos interesa sobremanera. Desde el inicio, el libro invita a la participación creativa del lector14. Resulta particularmente reconfortante al respecto ver cómo ciertos pasos metodológicos sugeridos para Al por el legendario Jonah, en aplicación a su problema empresarial, en realidad, y por los dos tipos de intriga entrelazados, también se aplican a la búsqueda de armonía entre este directivo empresarial y Julie. Nuevamente también en arte el sistema total (¿o diremos “global” u “holístico”?) es algo más que la suma de sus partes y el conjunto de la creación permite este tipo de dilucidaciones que no sé –y no importa– si Goldratt ha previsto intencionalmente. Es el caso, por ejemplo, de la aseveración (del maestro) según la cual “la productividad no tiene significado alguno si no sabes cuál es tu meta” (p. 39). Más tarde esa verdad adquiere una nueva y sugestiva resonancia cuando los esposos discuten sobre “¿cuál es la meta del matrimonio?” (p. 270), para desembocar en una reconfortante –pero existencial– conclusión de capítulo (el número 27): “luego hacemos esas cosillas placenteras que nos hacen pensar que todas las reconciliaciones hacen que la agonía de un pleito casi valga la pena”.

En el proceso de crecimiento no sólo hacia la meta de la empresa, sino la personal del protagonista, un episodio con los hijos juega un gran papel. Nada menos tres capítulos (los 13, 14 y 15, dentro de una totalidad exacta de cuarenta) describen un paseo con ellos, en ausencia de la esposa que le mandó al padre una fatídica nota de distanciamiento. Es en esta excursión donde, en sintomático enredo teórico-práctico, se demuestra la conveniencia de la labor en equipo, de la oportuna y hasta la requerida asimilación interior de las relaciones interpersonales. Globalidad interna he llamado a esta figura, clave también en el método holístico. Y desde luego la relación del varón con la mujer, aquí de Al y de Julie, constituye la primera, elemental, pero además esencial comunicación intercultural.

De allí también que, después, cuando ya la comunicación tanto lingüística como no lingüística en la pareja se halla restablecida, Julie asume un papel importante en el progreso hacia su objetivo. A esta altura se encuentra un pasaje alusivo a Sócrates y su método de aprendizaje. Surge explícitamente el paralelo entre Jonah y el filósofo del “conócete a ti mismo” porque la novela constituye una apología y aplicación de la ironía socrática, la interrogación constante más allá de las supuestas evidencias, método para orientarse correctamente hacia la meta, llámese empresa o matrimonio. The goal es el sugerente título de una novela, traducida como La meta, pero que quizá en equivalencia pedagógica habría que conocer como “El objetivo”. La pregunta es: en nuestra enseñanza y en nuestra vida, ¿tenemos objetivos claros? Por eso, como se ha señalado, el desdichado filósofo se transforma en el primer antecedente de la globalización interior. La fuerza de su método y lo iconoclasta de su resultado llevaron a su entorno a exigirle que bebiera la cicuta. La avasallante influencia de la educación no formal no puede ser nuestra cicuta moderna.

4. VALIDEZ DEL ARTE (Y SU ENSEÑANZA-APRENDIZAJE) EN TIEMPOS DE GLOBALIZACION

¿Cómo lograr una globalización humana o, mejor todavía, un humanismo global? Esa es la pregunta. La educación con un enfoque holístico es un arma poderosa para enfrentar ese reto: el arte, por provenir de una captación no analítica, sino de síntesis, implica y favorece una visión integradora, sensible, más allá de lo únicamente racional y únicamente verbal. Frente a la sociedad hiperinformada, el pedagogo costarricense Francisco Gutiérrez constata que no es posible dialogar con los medios15. Frente al exceso de actividad, conviene oponer la reflexión de los grandes. Decía Fromm que “…la actividad, en el sentido utilizado por Spinoza, Goethe, Marx y el budismo, es algo completamente diferente del estar ocupado o, como se diría en inglés, estar “busy”16. Frente a la mitología de la producción, hay que recordar el caso patético de Chile: productividad no es lo mismo que producción. Esta, centrada en producto, se opone a lo otro, orientado hacia el hombre, con el producto como medio. El hombre productivo es el que se confronta activamente con el mundo y para quien esa relación es una necesidad interior. Se impone volver a interiorizar todo con criterios simplemente humanos, y el mercado también en última instancia está al servicio del hombre, de la mujer y del niño.
Frente a la globalización externa, en principio envolvente, despersonalizada y alienante, su vivencia holística es un antídoto peligroso, en contra de los que sacan provecho de la alienación orquestada mundialmente. “Ser o no ser” sigue siendo la cuestión. Ahora todo aquello viene en nuevo empaque de lo global, con sus versiones “por dentro” y “por fuera”, no son excluyentes sino complementarios. El arte puede ser un instrumento de búsqueda en este sentido. Señalaba Flavia Paz que “función del arte sería, pues, restituir al universo su espesor humano y sagrado como esfera intermedia entre la ciencia y Dios”17. Igual que la ciencia tiene su método científico para descubrir su verdad, la novela encuentra otra, no necesariamente inferior, todo lo contrario. De manera que también se complementan. En este sentido, conviene al contrario estimular también la interacción de las culturas: no sólo entre personas de diferente formación, idioma, etc., sino además a partir de la superación de la barrera entre una cultura “científica” y otra, casi opuesta, la “humanística”, incluyendo lo literario y otras ociosidades. Como lo demuestra Goldratt, las perspectivas en cuestión no tienen por qué rebotar entre sí. No se observa repudio entre método y amor, como no hay choque entre arte y realidad. En la novela la complementariedad de las intrigas en ambos casos subraya la necesidad de la globalización interior, en este caso, por la vía del arte redentor. Cobra vida la superación ciencia-vida, que ya tan poéticamente proclamaba Rubén Darío.

NOTAS

1 Todavía habría que añadir el término “enciclopédico”, muy en boga durante la Ilustración, con un intento de abarcar, vía la pedagogía “todo” el saber en un solo círculo. Ahora también el adjetivo de lo “transnacional” apunta a una ruptura de fronteras hacia una escala planetaria. Van surgiendo nuevos términos como “netizen”, una contracción típicamente gringa de “net” y “citizen”, es decir ciudadano de la red. No incorporo aquí los términos de socialismo y de comunismo porque históricamente estos movimientos llamados internacionales fueron los primeros en establecer muros de contención en las dos direcciones. El llamado marxista universal de “proletarios del mundo, uníos” se vio así prontamente sepultado por el establecimiento de fronteras desde la misma revolución de octubre hasta el odioso muro de Berlín. Igual en la isla de Fidel, el modelo aprovechó la insularidad precisamente como aislamiento; también la revolución cultural de Mao, en la práctica resultó concretarse en la medida en que establecía barreras aislantes frente al mundo exterior. En cambio, en los movimientos apuntados, no hubo contradicción entre su teoría y su práctica de pasar a escala planetaria.

2 Informe del PNUD 1998.

3 Subyacen a todo mi escrito las reflexiones de estos autores, tan distantes en tiempo y espacio y sin embargo coincidentes en su crítica respecto de los cambios que se avecinan. Ver la referencia en bibliografía.

4 Ver “Mercator y la visión del mundo desde Occidente”, ponencia del suscrito sobre el geógrafo belga, en la Escuela de Estudios Generales, UCR, publicada en Revista Estudios 12: 173-180. UCR, San José, 1996.

5 Toda la reflexión pedagógica del brasileño está centrada en la educación como elemento coadyuvante en el proceso de cambio. Ver, entre otros, un texto menos conocido de Freire, con el mismo nombre de Cambio (Editorial América Latina, sin fecha).

6 Cito a partir de la versión del clásico por Hernán Mora, San José, Costa Rica, Mil copias Editores, 1996.

7 La fonction de la globalisation dans l’enseignement, ed. Lamertin, Bruselas, 1929, 58 pp. Una traducción española, a cargo de Navarro Madrid, se publicó en la Revista de Pedagogía de Madrid, en 1933.

8 Ver, entre otros, “Para una globalización interna” (nueva valoración del término desde el método Decroly), publicado en 1997 por la revista Estudios Pedagógicos 23: 65-74. Universidad Austral de Chile, 1997.

9 La traducción, deficiente por cierto en varios aspectos, dada de 1996. Ver referencia completa en bibliografía.

10 El estudio de Capra anticipa como en una década las similares deducciones de Goldratt. Ignoro si hay alguna interferencia del primero sobre el segundo.

11 Ver, por ejemplo, pp. 131-134, 157, 160-161, 247-49, etc.

12 En la “Introducción a la edición norteamericana”, antes de la novela propiamente tal.

13 Ver respectivamente en la “Introducción a la edición norteamericana” (para la primera cita) y (para la segunda) en la especie de Prólogo de presentación de “El Autor”.

14 Ver al principio de la “Introducción a la edición norteamericana”, la afirmación: “Buena suerte en la búsqueda de esos principios y en su propia comprensión de ‘la meta’”.

15 Ver su ensayo sobre la Incomunicación, publicado en la Universidad Nacional, en Costa Rica.

16 "Los problemas psicológicos y espirituales de la abundancia", en La sociedad tecnológica, Venezuela, Monte Avila Editores, 1975.

17 Se trata de la frase final de un interesante ensayo: "Función plural de la literatura al servicio del hombre", en Eidos, Madrid, Año XII, enero-junio 1966, Nº24.

 

Apartado 859
2050 San Pedro / Costa Rica
E-mail:valembo@sol.racsa.co.cr

 

BIBLIOGRAFIA COMPLEMENTARIA

CAPRA, Fritjof: “El punto crucial” (ensayo publicado en Estados Unidos bajo el título de “The turning point”). Ediciones Integral, Barcelona, 1985, 514 páginas.        [ Links ]

DECROLY, Ovide: La fonction de globalisation dans l’enseignement. Ed. Lamertin, Bruselas, 1929, 58 páginas.        [ Links ]

GOLDRATT, Eliyahu: La meta (a partir de novela original en inglés bajo el título “The goal”. Second revised edition, 1992, The North River Press, Massachusetts), 5ª edición, 1996, Ediciones Castillo, México, 408 páginas.        [ Links ]

GOROSTIAGA, Javier: “Centroamérica 2015”, en Mundialización y liberación, conjunto de ensayos filosóficos sobre la globalización y sus repercusiones especialmente en el Tercer Mundo. Editorial UCA, Managua, 1996, 357 páginas.        [ Links ]

 

 

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