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On-line version ISSN 0718-0764

Inf. tecnol. vol.30 no.4 La Serena Aug. 2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-07642019000400199 

ARTICULOS

Análisis del Papel del Educador en el Postconflicto. Un Acercamiento desde la Percepción de la Ciudad de Barranquilla, en Colombia

Analysis of the Role of the Educator in the Post-conflict. An Approach from the Perception of the City of Barranquilla, in Colombia

Carlos Pérez-Guardo1 

Jorge Tafur-Cabrera2 

German Molina-Padilla2 

Hugo Hernández-Palma3 

1() Departamento de Humanidades, Universidad de la Costa - CUC, Barranquilla-Colombia (e-mail: cperez@cuc.edu.co)

2() Facultad de educación, Corporación Universitaria Latinoamericana, Barranquilla-Colombia

3() Programa Administración de Empresas, Universidad del Atlántico, Barranquilla-Colombia

Resumen:

El objetivo del presente artículo es analizar, el papel del educador en esta nueva etapa para Colombia que demanda de todos los actores involucrados, un especial esfuerzo, dinamismo y compromiso. Para lograr que esta fase de reinserción sea exitosa, se deben desarrollar programas estratégicos que garanticen no solo la capacitación de todas las partes de interés, sino también mecanismos de inclusión que promuevan la paz en los contextos educativos. Por lo anterior, se analiza mediante un enfoque descriptivo/cuantitativo la percepción de las familias y funcionarios de organismos oficiales, sobre el papel del educador en este periodo de postconflicto. Se discute y se reflexiona sobre los programas de intervención en el momento actual en las instituciones de educación a nivel nacional. Entre los hallazgos se encuentra que la comunidad considera clave la labor docente para la construcción de la paz. La principal conclusión es que el docente es un agente de transformación, siempre que cuente con el apoyo y orientación de las políticas institucionales y del Estado para la construcción de la paz.

Palabras clave: postconflicto; construcción de paz; educación; innovación pedagógica

Abstract:

The objective of this article is to analyze the role of the educator in this new stage for Colombia, which demands a special effort, dynamism and commitment from all the actors involved. To achieve this reintegration phase, strategic programs must be developed that guarantee not only the training of all stakeholders, but also inclusion mechanisms that promote peace in educational contexts. For this reason, a descriptive/quantitative approach is used to analyze the perception of families and employers of official bodies of the role of the educator in this post-conflict period. Reflections and discussion on the intervention programs at the current time in education institutions at the national level, are presented. One of the findings is that the community considers teaching to be key to peace building. The main conclusion is that teachers are agents of transformation, provided that they have the support and guidance of institutional and state policies for peace building.

Keywords: post conflict; peace building; education; pedagogical innovation

INTRODUCCIÓN

En los últimos treinta años, se han desarrollado procesos de posconflicto en varias partes del mundo, como resultado de negociaciones de paz entre gobiernos e insurgentes, algunos de los ejemplos más representativos, se conocen como Angola, El Salvador, Filipinas, Guatemala, e Irlanda, entre otros (Ruiz, 2015). El posconflicto se entiende entonces, como aquella situación en la que el estado de guerra ha finalizado, contemplando no solo el cese al fuego y las hostilidades, sino también la transformación de las actitudes de las fuerzas insurgentes, quienes dejan de ver a la violencia como herramienta de lucha política (González, 2017). Un nuevo estado en donde el posconflicto prime, debe contemplar el inicio de un nuevo orden social, una reorganización de la comunidad política impactada por la negociación política del conflicto armado, integrando en un mismo espacio a los actores insurgentes y a la sociedad civil (González, 2017). Los cambios requeridos por la sociedad no son fáciles, requieren transformaciones en todos los contextos que ofrezcan alternativas de desarrollo que impidan la retoma de las acciones de violencia para buscar y reclamar por lo que se ha acordado, es por ello que la educación adquiere un factor de mayor relevancia en tanto se convierte en el mecanismo para enseñar, a una sociedad en transformación, una nueva forma de hacer las cosas. Autores como Infante (2014) destaca a la educación como fuente de protección física, psicológica y cognitiva; es una realidad que las situaciones de conflicto generan inseguridad para los profesores y los estudiantes, en muchos casos, las amenazas, secuestros, vetos, además que la utilización de campos minados, limitan el desarrollo del ejercicio educativo en las zonas de conflicto. En cuanto a la protección psicológica, esta se ve manifestada en la capacidad que tienen los estudiantes para expresarse, expandir sus redes sociales y acceder a sus rutinas de estudio, generando sentido de pertenencia y valor (Peñas et al., 2015).

Finalmente, la protección cognitiva se deriva en tanto son tratadas las condiciones de vida que se generan por el desarrollo del conflicto, abriendo el camino para el fortalecimiento de las herramientas analíticas en niños y adultos, proporcionándoles habilidades para estilos de vida diferentes en un ambiente de posconflicto.

En el caso colombiano, y en busca de ejemplarizar lo expuesto, en Medellín se instauró el Sistema de Formación Ciudadana para la Participación (SFCP), que otorga los lineamientos para encausar los procesos formativos de la región para el desarrollo de habilidades y capacidades que faciliten el ejercicio de la ciudadanía y la participación democrática, manifestados en prácticas de convivencia, resolución pacífica de conflictos y ejercicios de control social (Salazar y Marín, 2017).Este sistema contempla la integración de tres dimensiones en los planes formativos, como son la cognitiva, la comunicativa, y la emocional y psicosocial; así mismo que pretende el desarrollo de las capacidades que se consideran útiles para el desarrollo de una nueva sociedad civil como son el juicio crítico, la afiliación, la praxis ética, el control sobre el propio entorno y la imaginación (Salazar y Marín, 2017). Es así como la educación se convierte en un factor transformador de las conductas afectadas por el conflicto armado, hacia una sociedad civil en donde prime la convivencia, la tolerancia, la resolución pacífica de conflictos, y el desarrollo de habilidades cognitivas que permitan la generación de nuevas oportunidades de crecimiento.

La educación, se considera en Colombia y a nivel universal como un derecho fundamental, promulgado junto con otros tan importantes como el derecho a la vida, a la libertad, a la igualdad, al trabajo y a la salud, solo por mencionar alguno de los más conocidos; y según lo contemplado en la declaración universal de los derechos humanos, todas las personas, sin importar su género, edad o condición social, tienen el derecho a recibir formación, a capacitarse e informarse de manera libre y obligatoria (Fajardo, 2017). En el territorio nacional, la educación está presidida por la Ley General de la Educación de 1994 y la Constitución Política Nacional de 1991 y mediante las iniciativas del Ministerio de Educación Nacional (MEN) se da curso a todos aquellos programas que sean necesarios, para dar a los ciudadanos todo lo requerido en los términos que se estiman necesarios (Marín et al., 2017). Teniendo en cuenta que la educación a que tiene derecho una persona es un factor trascendental, relevante y valioso para su desarrollo integral y para el progreso económico y social de las regiones, ciudades y municipios, se puede afirmar que no basta con que se pueda ir a una institución a recibir formación, se requiere además de un acompañamiento concordante con el contexto o momento histórico de cada comunidad para poder así aspirar a un desarrollo completo (Marín et al., 2017). Lo citado, toma especial importancia, pues a hoy en el país, se abre espacio al tema del postconflicto en todos sus escenarios, lo que exige que todos los organismos especialmente, los relacionados con la atención social, forjen ámbitos respetuosos e integradores que propicien la sana y armoniosa convivencia; abrir un nuevo panorama en el territorio nacional se entiende como una tarea de alto esfuerzo, compromiso y solidaridad que involucra todos los actores de interés (Pérez, 2014).

La educación, como herramienta para la apropiación de diversos conocimientos, permite al ser humano la comprensión del mundo y todo lo que se encuentra inmerso en él (Rodríguez, 2017), y su taxonomía simplemente contribuye a facilitar la asimilación de estos saberes, clasificados en campos, disciplinas y categorías, que las agrupan para favorecer el procesamiento de las matemáticas, el lenguaje, la naturaleza, las humanidades solo por nombrar algunas de la inmensa gama de estudios existentes (Velázquez, 2016). Sin embargo, existe en todo este conglomerado un grupo de orientaciones que analizan todo lo inherente al ser humano, su comportamiento, conducta, costumbres y métodos de adaptación, los cuales se hacen especialmente primordiales, cuando se dan procesos de violencia como los derivados durante un conflicto armado (Velázquez, 2016).

A lo largo de la historia de la humanidad las guerras al interior o exterior de los países, ha tenido un papel protagónico y determinante en muchas etapas del desarrollo de la sociedad en general (Schumpeter, 2017). Muchas naciones, han pasado por periodos críticos y se han visto obligadas a afrontar situaciones complejas que han dejado como balance final gran número de víctimas (Cobban, 2015). La guerra es y ha sido, un obstáculo para alcanzar niveles de desarrollo socio-económico y patrones apropiados de calidad de vida, tanto en la ciudad como en el campo (May y Furley, 2016). Desde el sector de educación, se han venido analizando las distintas alternativas que las instituciones pueden ofrecer para el periodo de postconflicto, y los variados mecanismos que pueden contribuir, para que los planes de acción que se desarrollarán como técnica preliminar de las políticas de paz, puedan incitar a que, a través de la educación en todos sus niveles se fortalezca la solución de la problemática social, especialmente, en este nuevo momento de la historia de Colombia, un país que ha luchado por más de 50 años por alcanzar una armonización en temas de conflicto interno (Herrera y Rodríguez, 2016). Históricamente, se caracterizan las etapas de posguerra como el periodo de tiempo que prosigue a un conflicto, el cual puede ser parcial o total. Lo anterior puede interpretarse de muchas maneras o como un único atributo que evidencia el fin de una situación belicosa que involucra de muchas maneras a comunidades y sociedades enteras (Echavarría et al., 2015). En este sentido, el post conflicto en el país no envuelve el fin total o erradicación de grupos al margen de la ley, por el contrario, supone el comienzo de una nueva etapa, en donde las partes aceptan nuevas formas de mediación para generar nuevos encargos a las problemáticas sociales, donde las partes puedan armonizar sus diferencias (Tom, 2013).

Incuestionablemente, al hablar de paz en el momento actual se llega a ciertas emociones que se contradicen entre sí; no es fácil acoger a las personas que vienen de estar muchos años por fuera de la vida cotidiana por estar en una militancia al margen de la ley, pero no por ello dejan de ser individuos con derecho, debe reconocerse como personas que tienen derecho a recomponer sus escenarios pues como todos los demás connacionales, tienen los mismos beneficios que el resto de colombianos y que por encima de todo deben ser respetados (Justino, 2016). Lo anterior demanda que los procesos a desarrollar se hagan de manera responsable, transparente y con altos niveles de inclusión con el fin de garantizar la eficacia del mismo a todas las partes de interés en el territorio nacional (Osorio, 2016). Debe tenerse en cuenta que la educación en Colombia ha ido evolucionando de la mano con los diferentes factores que en el transcurso de la historia generaron marca y recordación en el subconsciente colectivo de la sociedad, siendo entonces el conflicto armado una de las causas que más ha influido en su transformación con el paso de los años (Calderón, 2016).

La educación en zonas rurales guarda diferencias importantes con la educación impartida en ciudades, siendo la primera dirigida potencializar las labores desarrolladas en el sector agrario y golpeada directamente por las situaciones generadas en el conflicto y la segunda aquella que se enfoca más en los aspectos industriales; ejemplo de otros conflictos analizados en países con conflictos similares dan cuenta de ello (Shah y Cardozo, 2014). Es importante que tanto educación como educador sean actores de calidad en la etapa del postconflicto (Barakat et al., 2013), puesto que, en gran parte de ello depende el tipo de individuos que en el futuro próximo y lejano dirija o haga parte de los diferentes estamentos sociales, y prepararlos de manera adecuada es un papel relevante que ubica al educador en un pilar base para el desarrollo de esta labor (Quaynor, 2016). Es entonces necesario que el educador cuente con las herramientas disponibles para su desarrollo también integral, y sean lo suficientemente aptos para echar sobre sus hombros tal responsabilidad (Van et al., 2014). El desarrollo de las competencias y habilidades de los educandos depende en gran medida de la preparación de los encargados de realizar la pedagogía (Lujan, 2016), y las particularidades que conllevan un postconflicto hace necesario que el educador se forme de manera integral para poder dar respuesta a las diferentes necesidades que presentan personas que han vivido o pasado por situaciones afectadas por la violencia desencadenada a lo largo de cincuenta años en todo el territorio nacional.

METODOLOGIA

Para el cumplimiento del objetivo propuesto se ha optado por un diseño de investigación descriptivo/cuantitativo, lo que facilitó a partir de la aplicación de un instrumento (encuesta) tipo Lickert a un total de 55 participantes (familias, líderes cívicos y estudiantes de la ciudad de Barraquilla) seleccionados mediante la técnica de muestreo intencionado (Acharya et al., 2013), con la finalidad de recopilar la opinión que tienen sobre el papel de educador en la etapa del postconflicto colombiano. En palabras de autores como Paz (2014), los estudios descriptivos permiten nutrir las reflexiones sobre temas de corte social, pues al capturar información de las partes de interés sin intervenciones o influencias previas, se pueden llegar a precisiones sobre temas diversos a nivel general. Para el análisis de los datos se utilizaron gráficos para mayor ilustración de las opiniones recogidas.

RESULTADOS

Luego de realizar la tabulación de las encuestas se lograron acercamientos sobres aspectos puntuales que, a juicio de los encuestados, puede facilitar los escenarios de educación y los procesos articulados con los programas del postconflicto, desde el papel de las universidades, instituciones y los docentes en particular en el país. Los planteamientos consultados a los participantes, se realizaron en su escenario normal de operación o trabajo, con la finalidad de hacer de la labor investigativa un ejercicio espontáneo y concreto frente a las premisas a evaluar. En general las personas participaron de manera activa y positiva. De acuerdo a la Ley 1266 de 2008, la información se conservó de manera confidencial y solo para los fines previamente explicados, en concordancia con el manejo de datos y la ley de habeas data que opera en el país al día de hoy. Una de las primeras preguntas realizadas, hace referencia al nivel de relevancia que juega el papel del educador; se exploró en este primer contacto, sobre cómo ven las personas de la sociedad en general, el rol de este profesional, teniendo en cuenta que se están reincorporando tanto adultos, como niños y adolescentes a los programas de formación y capacitación en diferentes áreas que se vienen desarrollando activamente en algunas comunidades pertenecientes a las regiones más afectadas por el conflicto en Colombia; los resultados obtenidos se aprecian seguidamente en la figura 1.

Fig. 1: Papel del educador en programas de postconflicto 

Como se resume el 54,54% (n=30) considera que el papel del educador es altamente importante, el 27,27% (n=15) lo observa importante, mientras que un 11% (n=5) lo toma como algo importante y, un porcentaje del 7% (n=4) lo aprecia como no tan importante. Los porcentajes mencionados, permiten visionar que el papel del educador será hoy más que nunca tomado en cuenta y valorado, pues en la medida que el mismo impacta de manera positiva en sus estudiantes y grupos académicos, se define como factor de crecimiento o fortalecimiento de los programas diseñados para esta fase de gestión social que atraviesa la nación. Pasando a otro de los aspectos de mayor interés, se consultó la posibilidad de generar nuevos escenarios desde las iniciativas o labor del docente en los diferentes niveles de formación; en este apartado se quiso examinar si desde la óptica de los participantes, se podría suponer que los entornos pacíficos pueden crearse o dárseles formas desde las aulas, a lo que anterior respondieron de acuerdo a la ilustración que se muestra en la Fig. 2.

Fig. 2: Generación de nuevos escenarios para la paz desde el ejercicio del docente 

Ante este cuestionamiento los hallazgos permiten visualizar la labor del docente como algo crucial para dar paso a un nuevo ámbito educativo que promueva la paz, pues las personas que fueron encuestadas, precisan en un 63,63% estar muy de acuerdo, un 29% se encuentra de acuerdo y solo un 7,2% está en desacuerdo. Este tipo de hallazgos ratifica la percepción inicial que da lugar a la investigación, pues sugiere que las partes de interés siguen viendo en el docente una fuente generadora de acuerdos y motivación para forjar un nuevo orden a nivel de convivencia.

Con estos resultados, se puede inspeccionar que a nivel de actores sociales y familias el rol e iniciativas del docente y en general de los entornos educativos, son apreciados como algo relevante para favorecer una nueva etapa en la comunidad colombiana en general. Una vez reseñada la percepción de los participantes sobre el papel del docente, se indagó sobre las iniciativas que más proyección o acogida por parte de los encuestados, pueden tener calado en todos los ambientes o instituciones, compilándose los resultados, a continuación, en la figura 3. Es importante precisar que cada uno de los integrantes que participaron en la investigación, aunque mostraron posiciones claramente definidas, coincidieron en puntos de interés que a nivel general pueden servir de insumo para futuros análisis especialmente, con aquellos que busquen realizar acercamientos para programas de intervención social en ciertas zonas del país.

Fig. 3: Iniciativas que favorecen la paz desde los escenarios educativos 

Al contemplar las respuestas de los actores que participaron en la investigación, se puede afirmar que para el 65,45% (n=36) las iniciativas más contundentes serían las deportivas, seguidamente se ubican las lúdicas y artísticas con un 21,81% (n=12) y finalmente se tienen las literarias con un 12,72% (n=7). De esta manera, se puede establecer que las iniciativas de mayor valoración son las que comprenden la interacción de los estudiantes con oportunidades donde puedan participar de forma conjunta con su ámbito de interés. Consecutivamente, se examinó sobre la frecuencia que se estimaría conveniente para el desarrollo de las iniciativas, ante lo cual se ofrecieron diferentes alternativas, a las cuales respondieron de forma segura, como aparece en la figura 4.

Fig. 4: Frecuencia de iniciativas educativas para el postconflicto 

Según los participantes de esta investigación las actividades deben realizarse de forma periódica, pues es lo que puede garantizar que los escenarios se vean influenciados de manera positiva. Para el 27,27% (n=15) se deben realizar semanalmente, el 45,45% (n=45) estima que se deben realizar de forma quincenal, mientras que el 18,18% (n=10) y el 9,09% (n=5) sugieren que se realice de manera mensual y bimensual. Lo enunciado evidencia que las personas o individuos encuestados ven en la frecuencia o seguimiento permanente, una oportunidad para la mejora de los procesos en el postconflicto, esto sugiere entonces que los docentes deben ser promovidos, capacitados o insertados a los planes o estrategias educativas para de esta manera responder a las nuevas demandas que se viene generando en el escenario nacional.

DISCUSIÓN FINAL

Al reflexionar sobre las respuestas encontradas durante la aplicación del instrumento y al contrastar con los postulados que recientemente se han dado a conocer para contemplar el rol de la educación en el periodo del postconflicto, se exponen seguidamente los aspectos más relevantes derivados de esta investigación, contrastando con los hallazgos y posiciones de los diferentes autores. Inicialmente, se puede decir que los educadores están llamados a cumplir un papel protagónico dentro de los planes y programas que se desarrollaran en el país en las fases de reinserción (Ellis, 2016), pues de forma contundente los integrantes, tanto de los organismos del Estado como las familias del común, observan en el profesorado agente clave que puede facilitar mediante las iniciativas escolares, nuevos ámbitos y ambientes conciliadores donde prime un enfoque para la integración de los individuos que provienen de los grupos al margen de la ley y que han encontrado en los programas de educación una opción para rehacer sus vidas conforme a las disposiciones del Estado para tal fin. Lo anterior ha sido estudiado por autores como Guerra y García (2017), quienes han enunciado que en la medida que se retomen las raíces intrínsecas de educación, sociedad y personas, se lograran altos niveles de sensibilización para forjar cambios representativos en la actualidad. Las iniciativas educativas se aprecian como favorecedoras de escenarios de paz, observando que aspectos como el deporte, la lúdica y en general todo aquello relacionado con la interacción (Vega y Bajaj, 2016), pueden fortalecer las estrategias globales que se impulsan en el país a fin de poder cumplir con las propuestas fijadas para fomentar los nuevos contextos de inclusión, armonía y respeto hacia todos los actores involucrados en el proceso (Rubin, 2016).

En consonancia con lo anterior, se destaca que estos resultados se alinean con los dados a conocer por Londoño (2017), quien ha hecho énfasis en la relación de las actividades deportivas con la influencia positiva hacia las comunidades que inician un proceso de reincorporación social y que por las características propias del proceso previo se pueden acoplar mediante este tipo de mecanismos. La impresión de la comunidad en general se encamina hacia la perseverancia y seguimiento constante de estas iniciativas, dado que se estima que en la medida que el acompañamiento y gestión sea decidido, se podrán procrear verdaderos y palpables cambios en las comunidades. Lo anterior, ha sido analizado en estudios previos, como el propuesto por Navarro y Romero (2017), quienes, en su exploración sobre el deporte y los beneficios para temas derivados del postconflicto, encontraron en esta articulación una oportunidad de mejora, siempre que se cuenten con planes para el corto, mediano y largo plazo. El docente debe tener la capacidad de saber enseñar utilizando herramientas pedagógicas adecuadas (Dawn, 2012), dado que no basta las competencias para lograr que el grupo obtenga los conocimientos definidos en los currículos, sino que la reflexión crítica y proactiva de cara a los hechos y realidades sociales debe ser un factor esencial en la formación de los jóvenes en las escuelas, aún más en ambientes en donde se hayan experimentado situaciones conflictivas generando heridas emocionales, que requieren del perdón y la reconciliación para poder garantizar una paz verdadera y duradera. Además de las actividades deportivas y las capacidades y competencias del docente para generar espacios de aprendizaje para superar el conflicto, la enseñanza a través de la perspectiva histórica es una herramienta útil para fomentar en los educandos el pensamiento crítico reflexivo, desde ambas partes e involucrados del proceso histórico (Ahonen, 2014). La música y la danza es otro elemento que en muchos casos promotores de bienestar para los niños que vienen de vivir situaciones estresantes de postconflicto (Kallio y Westerlund, 2016), coincidiendo con la perspectiva de los diferentes actores sociales estudiadas, las cuales señalan a las actividades artísticas y lúdicas como una iniciativa importante para promover la paz.

La literatura sugiere que, en las zonas de conflicto armado, las relaciones entre docente y alumnos llegan a ser más estrechas, orientadas mayormente a la búsqueda de apoyo emocional, por otra parte, estas se dan básicamente a través del uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) a través de las redes sociales; esta idea es sostenida por Ophir (2016) quien analizó la interacción de estudiantes y maestro en el escenario bélico de Israel y Gaza en el año 2014, encontrado además que este tipo de comunicación contribuye a liberar a la angustia y tensión que viven los jóvenes en ambientes hostiles y poco estables, en consecuencia, todo este proceso apoya significativamente a que los niños y adolescentes sean mucho más resilientes.

Las TIC están contribuyendo a crear estrategias pedagógicas innovadoras, tales como la narración digital, la cual es utilizada para lograr la exteriorización de las experiencias vividas y tener la capacidad para compartirlas con otros, facilitando el proceso que se requiere para superar las emociones que dejaron huellas negativas en los individuos, para dar paso a la comprensión y empatía en los demás (Gachago, 2015). En virtud de ello, el docente podrá apoyarse en la tecnología para fomentar prácticas que ayuden a los estudiantes a superar las situaciones de conflicto y a la par concientizar a otros. Asimismo, estudios sostienen que el docente es un agente activo e influye de manera importante en la mediación de las diferencias y posiciones, tanto a favor como en contra, que tienen los alumnos frente a la guerra y el conflicto; así lo destaca Davies (2012), quien expone al menos diez métodos pedagógicos para enseñar sobre la guerra y el conflicto, cada una de ellas con la capacidad para generar posiciones neutrales o positivas y de aprendizaje según el enfoque. En este aspecto, es importante destacar que las iniciativas que favorecen la paz desde el ambiente educativo, no solo son las deportivas tal como lo indican los hallazgos, sino que se deben apoyar en estrategias probadas en situaciones de postconflicto similares a las vividas en Colombia, por ende, la cultura de paz en las escuelas es una materia pendiente que se debe abordar con prontitud y celeridad.

Con base en experiencias cercanas a las vividas por la sociedad colombiana, respecto a los retos de la educación en escenarios de postconflicto, se puede citar como ejemplo a Sudáfrica, en donde se han analizado las prácticas pedagógicas post-apartheid como elemento fundamental para comprender la complejidad que representa la reconstrucción social desde la mirada educativa; la cual requiere de la intervención de diversos actores sociales con estrategias bien definidas para actuar de manera coordinada, generando así un escenario en donde resulta difícil lograr la cooperación (Christie, 2016). De acuerdo a lo anterior, los resultados muestran que la importancia del docente en la generación de escenarios de paz es muy alta, sin embargo, Buchert (2013) fija una postura en la cual considera necesario e imprescindible realizar un análisis profundo sobre las interrelaciones de las distintas dimensiones sociales involucradas en la etapa del postconflicto, con la finalidad de diseñar objetivos claros en las políticas de los programas de educación con miras a transformar el contexto. Desde esta perspectiva, es posible profundizar la reflexión en torno al protagonismo que recae sobre el docente, ya que solo es un pequeño eslabón de una amplia cadena de actores sociales que deben actuar de forma sinérgica para obtener resultados a largo plazo.

Todas estas ideas llaman a la reflexión sobre el rol que debe tener el educador en tiempos de postconflicto en Colombia, a la luz de otras experiencias similares vividas en diferentes partes del mundo; concretamente, se plantea cómo, desde el aula de clases, es posible promover escenarios de perdón, reconciliación y paz verdadera que generen en el joven un pensamiento crítico reflexivo sobre la realidad y los hechos, desde una postura neutra e imparcial. Sin embargo, la literatura ofrece una visión compleja sobre este hecho, entendiendo que la responsabilidad del docente no es individual, sino que involucra procesos sociales de diversa índole, comenzado por su formación y las competencias que se le están brindando en la educación superior para enfrentar estas dinámicas, tal como lo han expuesto (Bekerman y Zembylas, 2014) quienes afirman que los profesores deben ser formados para convertirse en expertos en diseños críticos en el aula.

CONCLUSIONES

De acuerdo al trabajo presentado y a los resultados obtenidos, se pueden plantear las siguientes conclusiones principales:

1.- La percepción del educador como un agente de cambio en los escenarios de postconflicto está presente en la mayoría de los grupos sociales analizados. Este hecho indica que, desde esta perspectiva el docente no solo debe ser responsable por lograr proceso de enseñanza y aprendizaje exitosos, con estrategias didácticas pertinentes para impartir contenido dispuesto en los programas académicas, sino que su labor va más; implica poseer necesariamente una visión holística e integral del contexto, que le permita fomentar en sus estudiantes la reflexión con base en las diversas posturas y planteamientos.

2.- El rol docente en la generación de escenarios para la construcción de la paz es altamente valorado, colocando en él una importante responsabilidad. Sin embargo, a la luz de los contrastes entre la literatura y los hallazgos, es crucial establecer algunas consideraciones. En primer lugar, es un trabajo conjunto entre los diversos actores sociales, dado que su participación en los programas de integración y reinserción no garantiza por si sola el éxito de las estrategias que se implementen y, en segundo lugar, las prácticas docentes deben estar acompañadas de un diseño adecuado para la realidad que se esté interviniendo.

3.- Las TIC no solo están acompañando y contribuyendo a la mejora de los procesos y aprendizaje en los espacios educativos, también están favoreciendo la comunicación entre los estudiantes y alumnos, dinamizándola a través de los diferentes mecanismos que existen hoy día, fortaleciendo de forma significativa la relación entre ellos; este hecho, desde el punto de vista de apoyo psicológico, está promoviendo escenarios en donde los jóvenes están siendo más resilientes y consientes de la realidad de otros en su misma situación, ayudándolos a superar sus dificultades.

4-. Las actividades deportivas, el arte, la lúdica y la reflexión sobre los procesos históricos son consideradas estrategias positivas para impulsar la paz en los escenarios educativos en concordancia con los hallazgos en la literatura internacional, sin embargo, las actividades literarias no son percibidas de la misma forma. Ante esto, es necesario fomentar el interés por la lectura que es, a fin de cuentas, una de las herramientas más poderosas que tiene el ser humano para ejercer su capacidad reflexiva, crítica e interpretativa de la realidad, en función de mejorar su percepción sobre los hechos, sus causas y consecuencias.

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Recibido: 17 de Julio de 2018; Aprobado: 26 de Septiembre de 2018

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