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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) v.23 n.2 Santiago  2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2003000200009 

Revista de Ciencia Política / Volumen XXIII/ Nº 2 / 2003 / 177-214

ARTÍCULOS

El pasado que nos pesa:
La memoria colectiva del
11 de septiembre de 1973*

Jorge Manzi,

Ellen Helsper,

Soledad Ruiz,

Mariane Krause,

Edmundo Kronmüller

Pontificia Universidad Católica de Chile


Resumen

El presente artículo muestra los resultados de una encuesta de opinión pública acerca del 11 de septiembre de 1973 y el Régimen Militar, aplicada a 792 personas de la Región Metropolitana. La muestra contempló participantes de distintas orientaciones ideológicas y de tres generaciones políticas: quienes cumplieron 18 años antes de 1973, los que lo hicieron entre 1974 y 1989, y los que llegaron a esa edad a partir de 1990. Los resultados confirman que se trata de una fecha que posee importancia subjetiva para la mayoría de las personas. Los análisis revelaron que las diferencias generacionales son relativamente menores. La posición ideológica subsiste como un factor fuertemente diferenciador del recuerdo que se tiene sobre este período de la historia chilena, aunque también se constataron convergencias inesperadas entre personas de distintas posiciones.

Abstract

This paper presents the results of a public opinion poll about the 11th of September of 1973 and the military regimen, applied to 792 persons from the Metropolitan Region of Santiago. The sample included participants of different ideological orientation and three political generations: persons who turned 18 years old before 1973, those who did it between 1974 and 1989, and finally, those who turned 18 from 1990 onwards. The results confirmed that the 11th of September of 1973 remains subjectively relevant for most people of the three generations. The analyses revealed mild generational differences. The ideological position continues to be a key factor in differentiating perceptions and memories about this historical event, although unexpected similarities among people from different political perspectives were found in some of the issues.

PALABRAS CLAVE • Chile • Memoria Colectiva • Memoria Social • Cognición Política


EL PASADO QUE NOS PESA: LA MEMORIA COLECTIVA DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973

El 11 de septiembre de 1973 es el hecho histórico ampliamente considerado en Chile como el más significativo de la segunda mitad del siglo XX y, posiblemente, de todo ese siglo. A casi treinta años de ese día, esta fecha sigue teniendo vigencia en la política nacional, los medios de comunicación y la opinión pública. Varias razones pueden explicar su gran impacto. En primer lugar, significó una ruptura violenta con la tradición democrática de nuestro país, que interrumpió drásticamente el proceso de cambios que se había acelerado a partir de los años sesenta. Por otro lado, tuvo como consecuencia graves violaciones a los derechos humanos, dejando una profunda huella, especialmente en sus víctimas, cuyas secuelas perduran hasta hoy. Por último, la intervención militar produjo transformaciones económicas, sociales y culturales que modificaron de manera fundamental el carácter del país (Moulian, 1997; Jocelyn-Holt, 1999).

Además de sus efectos macro-sociales, estos episodios tuvieron profundos efectos psico-sociales, incluso, en personas que no se encontraron directamente involucradas o afectadas por ellos (Ruiz, 2003). El impacto de ellos se manifiesta, claramente, en la dificultad que ha tenido nuestra sociedad para asimilarlos, situación que se expresa aún hoy en discusiones sobre cómo denominarlos, cómo recordarlos (Tocornal, 2000) y, más recientemente, en cómo tratarlos en los textos de estudio.

Por otro lado, la sorpresa y trascendencia de lo ocurrido el 11 de septiembre de 1973, transforman esta fecha en un evento de significación autobiográfica, con características propias de lo que ha sido denominado una memoria de flash (Finkenauer et al., 2000). El recuerdo vívido y persistente de los hechos define un antes y un después en la vida de muchas personas, determinando un cambio o interrupción del proyecto vital, asociado, generalmente, a una tendencia a volver repetidamente sobre ellos.

En síntesis, las profundas transformaciones que conllevó el Golpe Militar, tanto a nivel político y económico como psicosocial, han quedado en la memoria de todos los chilenos, conformando la memoria colectiva de uno de los hitos más relevantes de la historia de nuestro país.

MEMORIA COLECTIVA

Desde sus inicios la noción de memoria colectiva ha combinado al menos dos condiciones: la naturaleza social de muchos eventos que se mantienen activos en el recuerdo de una gran cantidad de integrantes de una sociedad, y el carácter social de las influencias que inciden en su interpretación y evocación.

La idea de que la memoria tiene un carácter social encuentra uno de sus antecedentes en Bartlett (1932), quien propuso que ésta es esencialmente constructiva, y no reproductiva, lo que significa que ella no es estable, sino que es una recreación del pasado. Dichas recreaciones tienen una dimensión colectiva, pues al recordar hechos de la vida cotidiana, la importancia de los factores sociales se intensifica, siendo muchas veces las instituciones sociales y características culturales de los grupos las que determinan de manera central las formas del recuerdo.

En la misma línea, Halbwachs (1925/1992, 1998) propuso por primera vez la noción de "memoria colectiva", refiriéndose con ello a la memoria de los miembros de un grupo que reconstruyen el pasado a partir de sus intereses y marcos de referencia presentes. Esto implica entender a ésta como una actividad social, no tanto por su contenido, como por ser compartida por una colectividad y, sobre todo, porque los procesos de intercambio social de los recuerdos, que se producen mediante la comunicación interpersonal, influyen de manera fundamental en la construcción y mantención de ellas (Páez et al., 1998). Así, el recuerdo de un acontecimiento es compartido por los miembros de un grupo, que modifica su representación del pasado en función de las tareas y necesidades presentes, cumpliendo, entre otras cosas, funciones de cohesión grupal (Jedlowsi, 2000) y permanencia de la identidad (Ramos, 1989).

La naturaleza social y grupal de lo vivido tiene como consecuencia que los sucesos evocados frecuentemente no confluyen en una sola memoria, sino en una pluralidad de ellas, muchas veces contrapuestas. Ejemplos de esto son las divergencias de las imágenes que se tienen del Holocausto en Alemania Oriental y Occidental (Koonz, 1996) y de la dictadura militar argentina (Jelin y Kaufman, 1998). Para el caso chileno, esto ha sido confirmado por estudios de corte cualitativo, que indican la existencia de distintas memorias según la posición política de los grupos entrevistados (Tocornal y Vergara, 1998; Prado, 2002; Ruiz, 2003).

MEMORIA COLECTIVA E IDENTIDAD SOCIAL

El carácter usualmente conflictivo de las memorias sociales es fácilmente comprensible si se considera que en ellas se manifiestan muchos de los procesos estudiados en relación con las identidades sociales. Si los grupos producen representaciones de la realidad en función de las necesidades asociadas a su identidad, tal como lo plantea la Teoría de la Identidad Social (Tajfel y Turner, 1986), es lógico suponer que la memoria que se genera y activa en cada grupo esté, al menos parcialmente, al servicio de tales propósitos.

De este modo, es posible deducir que las representaciones del pasado, se construirán de modo de asegurar una identidad social positiva. Desde esta perspectiva, no sólo adquieren sentido aquellos acontecimientos que son recordados por determinados grupos, sino también aquellos que son olvidados, pues muchas veces se negarán hechos que afectan negativamente la identidad endogrupal (Silvana de Rosa y Mormino, 2000).

Adicionalmente, la selección y reconstrucción de ciertos episodios del pasado, facilita la definición y preservación de las fronteras grupales. Esto se manifiesta en la acentuación de la percepción de semejanzas con miembros del propio grupo y la agudización de las diferencias con miembros de otros grupos (Eiser, 1990).

Frecuentemente los procesos asociados a la identidad social conllevan tanto un sesgo intergrupal positivo (la tendencia a favorecer al propio grupo), así como el prejuicio y la discriminación hacia miembros de exo-grupos. Dichos fenómenos se exacerban en presencia de conflictos de intereses entre los grupos, produciéndose una rigidez de las fronteras grupales y una polarización intergrupal (Doise, 1986).

Cuando los conflictos intergrupales son graves y sostenidos en el tiempo, se genera gran emotividad en las partes, lo que determina una intensa percepción de amenaza, incremento de la desconfianza e intolerancia intergrupal (Kramer, 1998; Sullivan et al., 1981). En casos extremos, cuando se produce violencia intergrupal aguda, es frecuente observar ciclos y escaladas de victimización y venganza (Staub, 2001), que perpetúan la violencia.

La memoria colectiva es un componente central de los procesos intergrupales descritos. En situaciones de conflicto y violencia, como las que se analizan en este estudio, el recuerdo y el olvido usualmente expresan, mantienen y en ocasiones agudizan el conflicto (Staub y Bar-Tal, 2003).

GENERACIONES POLÍTICAS

El estudio de la memoria autobiográfica, así como el conocimiento en torno a la socialización política, conducen también a suponer que ciertos grupos han debido quedar más fuertemente afectados por estos hechos. La literatura científica muestra que los sucesos que ocurren durante la etapa de consolidación de la identidad personal (adolescencia tardía hasta adultez temprana) mantienen una alta presencia en la memoria individual (Erikson, 1974; Conway, 1996).

El carácter potencialmente asociado a generaciones de la memoria social también deriva de los estudios en socialización política, especialmente la teoría de "ciclos de vida", que coinciden en definir a la etapa de la adolescencia tardía o de la adultez temprana como el período más decisivo para perfilar opiniones, actitudes y orientaciones en torno a lo político (Steward y Healy, 1989; Sears, 1990). Esta etapa en la vida no es importante solamente para formar actitudes u orientaciones políticas, también es el período en el cual las personas muestran mayor acuerdo con comportamientos políticos más extremos y desviados (Watts, 1999). Estos fenómenos indican que la adolescencia es un período importante para la formación de una identidad política que sigue vigente en etapas posteriores.

La significación subjetiva de los hechos históricos que afectan a distintas cohortes etáreas también ha sido empleada para comprender la emergencia de distintas generaciones. Desde esta perspectiva, las generaciones pueden ser definidas a partir del contexto y de los acontecimientos socio-históricos que les corresponde vivir. Las investigaciones realizadas en el tema muestran que los acontecimientos sociales marcan diferencialmente a distintas generaciones, incidiendo en sus actitudes, creencias, expectativas, valores, etc. (Duncan y Agronick, 1995; Schuman y Scott, 1989; Stewart y Healy, 1989).

En el caso de Chile, se pueden concebir al menos tres contextos socio-históricos que pueden haber afectado, diferencialmente, a distintos grupos generacionales que coexisten actualmente en nuestra sociedad:

• El período de cambios acelerados y fuerte politización de la sociedad chilena que ocurrió desde los años sesenta hasta el golpe de Estado en 1973.

• El período del régimen militar (1973-1990).

• El período de retorno a la democracia (desde 1990 en adelante).

En consecuencia, combinando los argumentos anteriores, se puede asumir la existencia de tres generaciones políticas claramente diferenciadas: la de quienes se socializaron políticamente antes del régimen militar, la de quienes se socializaron durante dicho régimen y la de quienes lo hicieron en el período de retorno a la democracia. Dado que la etapa más relevante para la socialización política es la adolescencia tardía o la adultez joven, en este estudio se empleó como criterio de referencia el momento en que las personas tenían 18 años. Así, la primera generación se definió como la de aquellos que cumplieron 18 años entre 1960 y 1973, la segunda, la de quienes llegaron a esa edad entre 1974 y 1989 y, finalmente, la más joven quedó conformada por los que cumplieron 18 años a partir de 1990.

De acuerdo a los argumentos expuestos hasta aquí, la hipótesis central de este estudio sostiene que se espera encontrar importantes diferencias en el contenido de la memoria colectiva entre grupos definidos desde dos criterios: la identificación política y las generaciones políticas.

MÉTODO

En este estudio se aplicó una encuesta cara a cara en la Región Metropolitana ejecutada por encuestadores entrenados de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ellos se presentaban en la casa de los encuestados con identificación personal e identificación de esa universidad. Los integrantes de la muestra participaron voluntariamente y de manera anónima. El trabajo de terreno se efectuó entre el 25 de noviembre y el 30 de diciembre del 2000.

MUESTRA

Para este estudio se definió como universo muestral a adultos residentes en la Región Metropolitana. El muestreo fue hecho de manera polietápica, a partir de un muestreo probabilístico de manzanas, estratificado por nivel socioeconómico (NSE) y uno por cuotas al interior de cada manzana (cuatro encuestas por manzana, con un reemplazo). El tamaño previsto para la muestra fue de 900 casos. La muestra final alcanzó 792 casos. El margen de error de la encuesta fue de un 3,5%, si se la hubiera obtenido al azar simple (con un 95% de seguridad).

La muestra contemplaba tres generaciones políticas: quienes cumplieron 18 años antes de 1973 (de 44 a 60 años al momento de la encuesta), los que lo hicieron entre 1974 y 1989 (de 29 a 43 años) y aquellos que llegaron a esa edad a partir de 1990 (de 18 a 28 años). Además, se contemplaba una división igualitaria entre hombres y mujeres. Cada categoría (basada en edad, género y NSE) debía tener 50 casos, pues lo que interesaba era asegurar igual potencia estadística para las comparaciones entre grupos. Dado que la muestra no representa en forma proporcional el tamaño de los distintos grupos en la población, se emplearon ponderadores basados en datos censales para generalizar los resultados a la población de referencia.

MATERIAL

La encuesta tenía una duración de aproximadamente treinta minutos y tocó seis ámbitos temáticos relacionados con el golpe de Estado y el régimen militar.

Experiencia subjetiva en torno al 11 de septiembre. En este ámbito se evaluó (1) la importancia subjetiva atribuida a dicha fecha (usando una escala de tres puntos: desde ninguna importancia personal a mucha importancia personal); (2) las emociones que provocaba el recuerdo de los hechos y (3) la auto-percepción de conocimiento en torno a los hechos (empleando una escala de cuatro puntos).

Percepción de los hechos ocurridos en esa fecha. Aquí se evaluó la percepción de los encuestados con respecto al grado de violencia de la intervención militar, así como la opinión con respecto a la justificación de dicha intervención. Adicionalmente, se evaluó la percepción acerca del apoyo social que tuvo en su momento la intervención militar, el grado de resistencia que opuso la izquierda y la percepción acerca de la forma en que murió Allende (si fue suicidio o asesinato).

Percepción acerca de las causas del hecho. En este ámbito se indagó la percepción acerca de las causas generales del 11 de septiembre, ofreciendo un conjunto de opciones basadas en los resultados de un estudio cualitativo previo (Manzi et al., 2002). Se investigó también la percepción del rol de la Unidad Popular en el desencadenamiento del Golpe, las causas que motivaron la decisión de las Fuerzas Armadas, con opciones que también se basaron en el estudio cualitativo. La responsabilidad de actores individuales e institucionales fue evaluada mediante preguntas en las que se mencionaba a personas o instituciones, solicitando luego un juicio con respecto al grado de responsabilidad de cada uno en una escala de cinco puntos.

Percepción de las consecuencias posteriores del Régimen Militar. A los participantes se les pidió indicar si se habían producido ciertos cambios sociales, económicos, culturales y psico-sociales durante el periodo del autoritarismo y si estos eran consecuencias de dicho gobierno. Además, se comparó el período de la Unidad Popular y el de dictadura en un conjunto de aspectos (grado de amenaza experimentada por la población, desconfianza interpersonal, satisfacción general y bienestar económico).

Percepción en torno a las violaciones a los derechos humanos. Se profundizó en la responsabilidad por las violaciones a los derechos humanos, el carácter de la tortura durante el régimen de Pinochet, y cómo enfrentar el tema de los detenidos desaparecidos. También se planteó un dilema relativo al grado en que el desarrollo económico producido pudiera justificar los atropellos a tales derechos.

Proyección futura del 11 de septiembre. Esto incluía la evaluación de imágenes contrafactuales: ¿cómo sería Chile si no hubiera ocurrido el golpe de Estado? (empleando preguntas cerradas y abiertas). Se preguntó también por las enseñanzas que ha dejado la experiencia del 11 de septiembre al país. Finalmente, se preguntó sobre la probabilidad de un nuevo golpe de Estado en el mediano plazo.

Además de estos ámbitos temáticos en torno al 11 de septiembre, la encuesta incluyó ítemes relativos a actitudes políticas y sociales. Estos se basaron en escalas preexistentes: la escala de tolerancia política se basó en la diseñada por Marcus y Sullivan (1981), la escala de valoración de la democracia tomó las preguntas empleadas por la Corporación de Estudios de Opinión Pública de Latinoamérica (1998), se utilizó una pregunta de dominancia social proveniente de una de las escalas diseñadas por Sidanius y Pratto (1999) y, por último, se aplicaron ítemes para medir autoritarismo basados en las escalas de Adorno (1950).

RESULTADOS

1) La experiencia subjetiva en torno a los hechos del 11 de septiembre

Un primer tema de interés, es establecer el grado en que los hechos del 11 de septiembre de 1973 poseen resonancia subjetiva en las personas. Esto fue indagado mediante tres preguntas que apuntaron a la importancia que los encuestados atribuían a los acontecimientos, a las emociones que les provocaba su recuerdo, así como al conocimiento que creen poseer acerca de ellos.

A treinta años de estos episodios, la mayoría de los encuestados siguen considerándolos personalmente relevantes. Menos de un quinto de ellos los considera sin importancia personal. En contraste, casi un 40% les atribuye mucha importancia, y un porcentaje algo mayor los considera de alguna relevancia. Se observan, sin embargo, diferencias estadísticamente significativas asociadas a la posición ideológica de los encuestados (Figura 1). El Once es claramente más trascendente para personas que se identifican políticamente con la izquierda o centro-izquierda, que con la derecha o centro-derecha2. Pero, a su vez, estos últimos le atribuyen más notoriedad a dichos acontecimientos que la que le atribuyen quienes no se identifican políticamente (c2(6)=65.32; p<.01). En suma, la mayor parte de nuestra sociedad coincide en otorgarle importancia subjetiva a estos hechos, lo que valida la suposición básica que orienta este estudio, puesto que la indagación acerca de la memoria colectiva sólo adquiere valor cuando se refiere a fenómenos que poseen significación social y psicológica.

FIGURA 1: Importancia subjetiva del 11 de septiembre según posición ideológica

Con respecto a las emociones que provoca el recuerdo de los hechos, se constató que la mayoría de los encuestados reportaba emociones negativas: pena, impotencia o rabia (Figura 2). En su conjunto, estas tres emociones representan al 75,2% de las respuestas registradas. En contraste, las emociones positivas (9,1%) y la indiferencia emocional (15,7%) son claramente minoritarias.

FIGURA 2: Emociones que provoca el 11 de septiembre (muestra total)

Este patrón, sin embargo, presentó importantes diferencias según la posición política de los encuestados: en este caso, en las personas de izquierda, centro y no alineadas políticamente predominan con claridad las emociones negativas, mientras que en la derecha se constata una ambivalencia, pues las respuestas se reparten de manera relativamente homogénea en las tres categorías en que fueron agrupadas (Figura 3) (c2(6)=272.8; p<.01). Nuevamente estos resultados respaldan la importancia subjetiva de los hechos, puesto que la indiferencia es una reacción marginal.

FIGURA 3: Emociones que provoca el 11 de septiembre según posición ideológica

Finalmente, se observa que un porcentaje relevante de los encuestados dice saber bastante o mucho de estos hechos, acontecidos casi treinta años atrás. En el conjunto de la muestra, un 41,2% corresponde a esta condición. En contraste, sólo un 17,2% estima que su conocimiento es casi nulo. La posición política es nuevamente relevante, pero lo que marca la diferencia en este caso es estar versus no estar alineado políticamente. Tal como lo muestra la Figura 4, en los tres grupos alineados políticamente, la mitad o más de los encuestados percibe que su conocimiento es alto, mientras que ello sólo ocurre en un poco más que un cuarto de los no alineados políticamente.

FIGURA 4: Auto-percepción de conocimiento sobre el 11 de septiembre según posición ideológica

2) La percepción acerca de los hechos del 11 de septiembre

El 11 de septiembre de 1973 ha quedado registrado para la gran mayoría de la población como un evento de carácter violento. De hecho, tres cuartas partes de los encuestados considera que los hechos de ese día fueron muy violentos, mientras que sólo un 5,4% los percibe como poco violentos (Tabla 1). Es interesante consignar que incluso para las personas que se identifican con la derecha política los hechos revisten un carácter violento, si bien en este grupo el porcentaje que los considera como muy violentos es claramente menor que en los otros grupos políticos (Figura 5).

TABLA 1: Percepción sobre el carácter de los hechos del 11 de septiembre

FIGURA 5: Grado de violencia del 11 de septiembre según posición ideológica

En contraste, no existe una apreciación compartida acerca del grado de justificación de los hechos de ese día: aproximadamente la mitad de las personas los evalúan como injustificados (47,3%), mientras que el resto de ellas le otorgan algún grado de justificación (Tabla 1). En esta pregunta se observan marcadas diferencias según la posición ideológica de las personas: para casi el 60% de los encuestados de derecha los acontecimientos tenían su razón de ser, para casi tres cuartas partes de los encuestados de izquierda fueron injustificados (Figura 6).

FIGURA 6: Grado de justificación de los hechos del 11 de septiembre según posición ideológica

Esta división en torno al grado de justificación de los hechos, también se aprecia en la percepción que tienen los encuestados acerca del nivel de apoyo que tuvo en su momento la intervención militar. Para el conjunto de los encuestados, la percepción media de apoyo al 11 de septiembre es de un 50%. Sin embargo, hay importantes diferencias asociadas a la posición ideológica (F(3,758)=47,19; p<.01); el apoyo percibido es marcadamente mayor en quienes se identifican con la derecha (64,8%) que en quienes lo hacen con la izquierda (41,4%) (Figura 7).

FIGURA 7: Percepción de apoyo social al 11 de septiembre (según muestra total y posición ideológica)

Es interesante consignar que en este caso las diferencias asociadas a la posición ideológica se polarizan cuando se considera a aquellos para quienes los episodios de esta fecha poseen gran relevancia personal (Figura 8). Estos resultados son concordantes con la investigación acerca del efecto intensificador que tiene la relevancia personal en las actitudes (Eagly y Chaiken, 1993).

FIGURA 8: Percepción de apoyo social al 11 de septiembre (según posición ideológica e importancia subjetiva)

Con respecto a los hechos ocurridos ese día, llama la atención que casi la mitad de los encuestados (49,1%) estima que Allende murió asesinado, mientras que el restante 50,9% considera que se suicidó. En esta pregunta se constató una muy fuerte desigualdad según el nivel socioeconómico de los encuestados: si el suicidio es mencionado por el 80% de los entrevistados de nivel alto, esta respuesta es emitida por menos del 40% de las personas de nivel bajo (Figura 9).

FIGURA 9: Creencias acerca de la forma en que murió Salvador Allende según nivel socioeconómico

Asimismo, se observaron marcadas diferencias entre personas de derecha o centro (más de tres cuartas partes de ellos nombraron el suicidio) en comparación con personas de izquierda o sin posición definida, grupos donde predominaron quienes consideran que Allende murió asesinado (Figura 10).

FIGURA 10: Creencias acerca de la forma en que murió Salvador Allende según posición ideológica

Cabe mencionar que este aspecto se asoció también fuertemente con el grado de conocimiento que las personas manifestaban sobre los hechos. Así, el suicidio predominó entre las personas que afirmaban tener mayor conocimiento, y el asesinato entre las que reportaban tener menor conocimiento. Si se controla el efecto del grado de conocimiento, se constata que la posición política sigue produciendo diferencias. En términos relativos, lo que cambia es el porcentaje que sostiene la idea del suicidio, que aumenta para todos los grupos políticos cuando se compara a quienes dicen saber más con quienes dicen saber menos (Figura 11).

FIGURA 11: Creencias acerca de la forma en que murió Salvador Allende según autopercepción de conocimiento encuestados de Derecha e Izquierda

La resistencia armada de los partidarios de la Unidad Popular a la intervención militar es considerada como fuerte por un tercio de la población. Algo más de la mitad la evalúa débil (53,4%), mientras que el restante 13,4% estima que no hubo oposición con armas a dicha injerencia. Considerando que éste ha sido un aspecto tradicionalmente debatido como justificación de acciones de fuerza, no sorprende encontrar grandes diferencias según la posición ideológica de las personas. Así, en la derecha cerca del 60% estima que la resistencia fue fuerte, mientras que cerca del 60% de las personas de izquierda, centro y no alineados ideológicamente coinciden en considerar que la oposición fue débil (Figura 12). Complementariamente, cabe destacar que un porcentaje homogéneamente bajo de los encuestados de todas las posiciones ideológicas suscribe la idea de ausencia de resistencia. En otras palabras, hay un relativo consenso en torno a la existencia de una resistencia. Lo que provoca diferencias es el carácter de ella.

FIGURA 12: Percepción acerca del carácter de la resistencia de la izquierda según posición ideológica

3) La percepción de las causas del 11 de septiembre de 1973

Algo más de la mitad de los encuestados (51,8%) considera que la crisis económica (desabastecimiento e inflación especialmente) fue el elemento más importante que gatilló los hechos del 11 de septiembre. Las causas políticas, que se manifiestan en dos alternativas de respuesta (polarización y violencia política y falta de diálogo entre sectores políticos), reciben un 10% cada una, lo que permite deducir que para la mayor parte de la población el proceso político pareciera representar una causa menos relevante que la situación económica del país. Otro 20% de los consultados estima que causas atribuibles a las intenciones de los gestores de la intervención militar (ambición de poder) constituye la causa más relevante (Tabla 2).

TABLA 2: Percepción de las causas generales del 11 de septiembre

Tal como lo muestra la Figura 13, hay una percepción muy homogénea de todos los sectores políticos acerca del rol relativamente menor de las causas políticas. Así también, se aprecia que para todos los grupos los factores económicos son las más importantes, aunque para los encuestados de izquierda, la ambición de poder de los responsables de la intervención militar tiene una importancia significativamente mayor (c2(15)=62.83; p<.01).

FIGURA 13: Causas del 11 de septiembre según posición ideológica

Adicionalmente, se indagó acerca de la responsabilidad que pudiera haber tenido la Unidad Popular en la ocurrencia del 11 de septiembre. Puede concluirse que para la mayor parte de la población dicha coalición de gobierno tuvo alguna contribución. De hecho, sólo un 5,9% indica que no facilitó su ejecución. Las razones por las que se le atribuye un rol son, sin embargo, de diverso carácter (Tabla 3). Una cifra cercana al 50% de los encuestados coincide en mencionar tres tipos de causas: dos que aluden a mala gestión o incapacidad para controlar la situación política del país, y una que apunta a los intereses poderosos que resultaron afectados por las acciones de ese gobierno. En suma, según se deduce de la Tabla 3, la responsabilidad que se le adjudica a la Unidad Popular radica, fundamentalmente, en problemas de gestión o en los efectos que sus políticas tuvieron para otros grupos, más que por actuar al margen de la ley.

TABLA 3: Percepción acerca del rol del gobierno de la Unidad Popular en la ocurrencia del 11 de septiembre *

* Los porcentajes no suman 100% puesto que los encuestados podían mencionar más de un aspecto.

En contraste con otros ámbitos evaluados en esta encuesta, ésta es un área en que se aprecian importantes coincidencias entre encuestados de diferente signo político. Tal como muestra la Figura 14, al comparar las respuestas a esta pregunta de personas identificadas con la derecha y la izquierda, se observa un perfil relativamente semejante. Ambos grupos descartan en igual magnitud que el gobierno de la Unidad Popular no hubiera tenido un rol detonante en el 11 de septiembre. El único aspecto donde se aprecia una mayor divergencia es en la falta de respeto a las leyes, que es mencionado por casi un 45% de las personas de derecha y por sólo un 15% de los encuestados de izquierda (c2(3)=51.23; p<.01). En las restantes cuatro categorías de respuesta se observaron diferencias menores, aunque estadísticamente significativas en tres de ellas (la que resultó no significativa fue "perder el control de la situación política del país").

FIGURA 14: Rol del gobierno de la UP. Comparación Derecha vs Izquierda

Por otra parte, también se investigó la percepción acerca de la decisión tomada por las FFAA ese día. Tal como muestra la Tabla 4, la impresión mayoritaria de la población es que la decisión de éstas estuvo sujeta a varias influencias simultáneas. La presión de la población aparece como el factor que un mayor porcentaje de encuestados evalúa como teniendo alta influencia (61%), seguido muy cercanamente por la presión de grupos opositores a la Unidad Popular (58,5%). La presión del gobierno norteamericano también jugó un rol relevante. Finalmente, y en aparente contradicción con lo anterior, un 45,1% de los entrevistados considera que la decisión de intervenir la tomaron las FFAA por sí mismas.

TABLA 4: Percepción acerca del grado de influencia de diversos aspectos en la decisión de las FFAA de intervenir el 11 de septiembre

Este tema también produjo inesperadas coincidencias entre personas de diversa posición política. Tal como lo muestra la Figura 15, un porcentaje muy semejante de gente de derecha e izquierda (algo superior al 60%) estima que la presión de la población hacia las FFAA influyó "mucho" en la decisión de intervenir. Los dos grupos le otorgan una gran importancia también a la presión de grupos opositores a la UP (algo mayor para encuestados de derecha) (F(3,755)=3.29; p<.05). Las diferencias se manifiestan en la relevancia que se le da a la presión norteamericana (mayor para personas de izquierda) (F(3,717)=3.37; p<.05), y especialmente en la pregunta que planteaba la posibilidad de que la decisión la hubieran tomado las FFAA por sí mismas (F(3,720)=12.28; p<.01), donde se observa un mayor porcentaje de encuestados de izquierda suscribiendo esta alternativa.

FIGURA 15: La decisión de las FFAA. Comparación Derecha - Izquierda

3.a) La percepción de responsabilidad en los hechos

La responsabilidad de personas y grupos de diversa orientación política fue indagada en dos preguntas de la encuesta. El análisis de las respuestas muestra que la opinión pública organiza éstas según la posición política de ellos. Así, se produce un agrupamiento semejante de las explicaciones cuando se trata de personas y grupos que son percibidos como perteneciendo a la derecha (donde se incluye a personeros o instituciones de las FFAA), del centro o de la izquierda. En la mayoría de los casos, el perfil de las respuestas obtenidas difiere notablemente según la posición política de los encuestados. Las únicas excepciones son Eduardo Frei Montalva, la Iglesia Católica y la DC, en cuyos casos no se observaron diferencias estadísticamente significativas en el grado de responsabilidad atribuida según la posición política de los actores.

Tal como puede apreciarse en las Tablas 5 y 6, la población otorga en su conjunto un mayor grado de responsabilidad a las FFAA y a Augusto Pinochet (ambos reciben el mismo porcentaje). El compromiso atribuido a la izquierda se ubica en un segundo lugar. En este caso, sin embargo, es mayor el grado de injerencia que se le da a la coalición de gobierno (69%) que la que se atribuye a su principal líder, Salvador Allende (56,1%). Otros personeros de derecha (Sergio Onofre Jarpa y Pablo Rodríguez), así como de izquierda (Carlos Altamirano) son evaluados con un grado algo menor de responsabilidad, aun cuando la de Altamirano es la más alta entre todos los personajes sometidos a evaluación, con la excepción de Pinochet y Allende. Sin embargo, hay que hacer notar que en estos casos un porcentaje relativamente alto de los encuestados, especialmente más jóvenes, no responde, seguramente porque no recuerda el rol que tuvieron tales personeros3. De hecho, en el caso de Pablo Rodríguez casi la mitad de la muestra (48,7%) no entrega respuestas válidas.

TABLA 5: Evaluación acerca de la responsabilidad de personajes en la ocurrencia del 11 de
* Porcentaje calculado sobre el total de respuestas válidas, excluyendo a quienes indicaron que no sabían o que no respondían.0

TABLA 6: Evaluación acerca de la responsabilidad de grupos y países en la ocurrencia del 11 de septiembre

* Porcentaje calculado sobre el total de respuestas válidas, excluyendo a quienes indicaron que no sabían o que no respondían.

Por otra parte, las Tablas 5 y 6 revelan que la Democracia Cristiana es percibida con una responsabilidad menor en los hechos, tanto considerando la que se atribuye al partido en su conjunto (45,5%) como especialmente la que se otorga a sus principales líderes de la época: Eduardo Frei Montalva (22,2%) y Patricio Aylwin (31,8%).

Cabe destacar que, en general, los encuestados tienden a imputar más responsabilidad a grupos o instituciones que a líderes de las mismas instituciones. Esto se aprecia con claridad cuando se analiza la competencia de Allende y la UP (F1,750)=36.91; p<.01) o de los dirigentes de la DC (Frei Montalva y Aylwin) y su partido (F1,708)=141.44; p<.01). Sin embargo, ello no ocurre con Pinochet y las Fuerzas Armadas, donde se constata que ambos son vistos con niveles equivalentes de responsabilidad (F(1,761)=2.11; p>.05).

Por otra parte, llama la atención que para la opinión pública el rol de los empresarios y de grandes grupos económicos posee la misma relevancia que el de la Unidad Popular. A los enclaves políticos de extrema derecha y extrema izquierda, así como al Partido Comunista, se les atribuye una alta responsabilidad, aunque menor que la de quienes son vistos como protagonistas más directos de los hechos (FFAA y UP), o la de los empresarios. Complementariamente, otros grupos políticos como el PN y la DC, así como el Gobierno norteamericano, son percibidos como teniendo una alta responsabilidad también.

Entre los que son percibidos con menor injerencia destaca, especialmente, la Iglesia Católica, a la que sólo un 21,1% le atribuye una alta responsabilidad. A Rusia y otros países del bloque soviético sólo un 28% de los encuestados le adjudica una alta cuota de responsabilidad, mientras que el otro país relevante del bloque socialista, Cuba, es considerado como altamente culpable por un 39,4% de los casos.

En suma, los resultados muestran que para la opinión pública múltiples grupos e instituciones tuvieron una alta cuota de responsabilidad, destacándose especialmente el rol de los grupos y líderes políticos de derecha e izquierda. Destaca también la competencia que se atribuye a empresarios nacionales, así como a la intervención norteamericana4.

En este tema se observaron importantes diferencias según la posición ideológica de los encuestados. Si se focaliza la atención en los protagonistas personales (Augusto Pinochet y Salvador Allende) o institucionales (FFAA y UP), se aprecian, tal como lo muestra la Figura 16, diferencias consistentes entre personas identificadas con distintas posiciones políticas. Para los entrevistados de derecha, la Unidad Popular y Allende (en ese orden) poseen claramente mayor responsabilidad que las FFAA y Pinochet. Para los de izquierda esta recae, principalmente, en las FFAA y Augusto Pinochet. Cabe mencionar que ninguno de estos grupos niega que su sector haya tenido alguna responsabilidad. El centro político le asigna una responsabilidad equivalente a los protagonistas personales del 11 de septiembre, pero estima que la Unidad Popular tuvo una responsabilidad claramente mayor que las FFAA. Por su parte, los no alineados ideológicamente le asignan menor responsabilidad a los actores de izquierda.

FIGURA 16: Responsabilidad personas e instituciones

4) La percepción de las consecuencias posteriores

La encuesta indagó un conjunto de aspectos que pueden ser considerados como consecuencia del régimen que se inició el 11 de septiembre. Un procedimiento empleado para evaluar este aspecto consistió en mencionar un conjunto de fenómenos sociales, políticos y económicos, pidiéndoles a los encuestados que indicaran si éstos habían ocurrido, según su percepción, durante el Régimen Militar. En caso de obtener una respuesta afirmativa, se les solicitó que indicaran si lo consideraban una consecuencia de dicho régimen.

Tal como puede apreciarse en la Tabla 7, más de la mitad de los entrevistados estimó que todos los fenómenos indagados se habían producido durante el Régimen Militar. De hecho, de los 6 fenómenos, 5 de ellos son identificados como ocurrencias de ese período por más del 70% de la muestra. Destaca, especialmente, el miedo en la población, que el 87,2% estima se produjo durante ese período. El aumento de la brecha social entre ricos y pobres es también un aspecto que despierta un alto consenso (80%). Por otra parte, todos los aspectos mencionados fueron atribuidos en forma ampliamente mayoritaria al Gobierno Militar entre quienes consideraron que tales aspectos se habían producido.

TABLA 7: Evaluación de consecuencias del Régimen Militar

* Este porcentaje se basa en quienes indicaron que el fenómeno se había producido durante el Régimen Militar.

Al considerar la identidad política de los encuestados, se constató que en todos los casos hubo diferencias estadísticamente significativas al juzgar la ocurrencia de cada una de estas consecuencias. La Figura 17 muestra la comparación entre quienes se identifican con la izquierda y la derecha, observándose que la percepción se asocia a la valencia de los hechos juzgados: los acontecimientos positivos son considerados como más frecuentes por gente de derecha y los negativos como más frecuentes por gente de izquierda. La atribución de estos episodios al Régimen Militar también evidencia diferencias estadísticamente significativas según la posición política, aunque como se mencionó más arriba, la tendencia en todos los casos es a atribuir los hitos al autoritarismo. La única excepción corresponde a los conflictos políticos al interior de las familias, donde no se observaron desigualdades estadísticamente significativas en la adjudicación de responsabilidad al gobierno de Pinochet.

FIGURA 17: Consecuencias del Régimen Militar. Comparación Derecha vs Izquierda

4.a) Comparación de la Unidad Popular con el Régimen Militar

El estudio también indagó percepciones de la opinión pública en torno a aspectos ligados al bienestar subjetivo o material de las personas, comparando el período de la Unidad Popular con el Régimen Militar. Tal como se aprecia en la Tabla 8, la mitad de los encuestados coinciden en estimar que durante ese periodo la gente se sintió más amenazada y experimentó mayor desconfianza con respecto a los demás, que en el de la Unidad Popular. Sin embargo, un porcentaje equivalente también considera que durante el primero el bienestar económico fue mayor. Con respecto a cuán feliz era la gente en un período en comparación con el otro, se aprecia que las respuestas se reparten casi homogéneamente entre las tres opciones ofrecidas. Esto podría reflejar el hecho que en la percepción de la población durante el Régimen Militar (y probablemente también durante el período de la Unidad Popular, aunque no fue objeto principal de este estudio), se combinaron aspectos positivos y negativos5, lo que puede explicar la dificultad para evaluar en forma clara si la gente fue más feliz en un período o en el otro.

TABLA 8: Percepción comparativa acerca del bienestar subjetivo y material de la población durante la Unidad Popular y el Régimen Militar

La identidad política de los encuestados también se asocia a las respuestas a estas preguntas. En todas ellas se observaron diferencias estadísticamente significativas alineadas con la valencia del aspecto comparado. En el caso de la interrogante que alude a la experiencia más subjetiva, "¿cuándo la gente estuvo más contenta?", se observó una distribución marcadamente distintiva: la gente de derecha asoció este sentimiento positivo con el Régimen Militar, la de izquierda con la Unidad Popular, mientras que para los no alineados políticamente ello ocurrió por igual en ambos períodos (Figura 18).

FIGURA 18: Comparación UP-RM: ¿Cuándo estuvo más contenta la gente? (según posición ideológica)

En el caso de las experiencias negativas (sentirse amenazado o desconfiar de los demás), las personas de derecha lo asocian mayoritariamente al período de la Unidad Popular, mientras que las personas de izquierda y en menor medida los no alineados lo asocian mayoritariamente al Régimen Militar (Figura 19).

FIGURA 19: Comparación UP-RM: ¿Cuándo se sintió más amenazada la gente? (según posición ideológica)

Finalmente, en el caso del bienestar económico, se produce una tendencia mayoritaria en la derecha (especialmente), en el centro y en los no alineados a asociarlo con el Régimen Militar. En la izquierda, en cambio, se manifiesta una ambivalencia, donde casi un 31% de los encuestados vincula este aspecto al gobierno de Pinochet. En comparación, un 37% lo relaciona con la Unidad Popular (Figura 20).

FIGURA 20: Comparación UP-RM: ¿Cuándo tuvo mayor bienestar económico la gente? (según posición ideológica)

Es relevante destacar que en esta pregunta se produce una mayor polarización de opiniones según la posición ideológica de los encuestados que en la que sólo preguntaba por consecuencias del Gobierno Militar. Este hecho puede atribuirse al carácter explícitamente comparativo de la pregunta entre dos regímenes que representan, especialmente para la izquierda y derecha, referentes de identidad fundamental, a los que asocia una fuerte carga emocional.

5) La percepción en torno al tema de los derechos humanos

La encuesta también incluyó cuatro preguntas referidas al tema de los derechos humanos. Una de ellas indagó acerca del carácter que se le atribuye a la tortura, observándose que un porcentaje algo superior a la mitad (52,4%) estima que la tortura fue una práctica común de los organismos de seguridad del Régimen Militar, mientras que un 46% considera que este mecanismo correspondió a excesos ocasionales de algunos funcionarios de organismos de seguridad. Es decir, se aprecia que en torno a las dos visiones predominantes acerca del carácter de las violaciones a los derechos humanos (que tuvieron un carácter sistemático versus que correspondieron a excesos esporádicos con responsabilidad individual de sus hechores) hay una distribución de las opiniones con un leve predominio de la visión que le atribuye un carácter sistemático. Por otra parte, esta misma interrogante permite apreciar que el número de personas que niega la existencia de violaciones a los derechos humanos, es muy pequeño. Aunque se ofreció como alternativa la opción "en Chile no hubo tortura", sólo un 1,6% de la muestra la eligió. En otras palabras, hay un claro consenso acerca de la existencia de violaciones a los derechos humanos, subsistiendo un debate sólo en torno a su carácter.

Otra pregunta indagó específicamente acerca de la atribución de responsabilidad en torno a las violaciones a los derechos humanos. Nuevamente, se aprecia que las respuestas se reparten entre dos opciones, que reflejan aproximadamente las mismas posturas que se mencionaron en el párrafo anterior: un 44,1% atribuye dichas violaciones al Gobierno Militar, mientras que un 41,9% las adjudica a los individuos que las cometieron. Las FFAA como institución aparecen como responsables para un porcentaje menor de los encuestados (9,9%). Otra vez, un porcentaje muy bajo (1,4%) niega la existencia de estas violaciones, y así también un porcentaje pequeño (2,7%) considera que otros son responsables de dichas violaciones (Tabla 9).

TABLA 9: Percepción de responsabilidad por violaciones a los derechos humanos

Las diferencias ideológicas emergen con fuerza en este tema que ha tenido un impacto emocional muy profundo en nuestra sociedad. Tal como lo muestran las Figuras 21 y 22, la izquierda y la derecha poseen opiniones marcadamente diferentes cuando se trata de explicar el carácter y responsabilidades asociadas a las violaciones a los derechos humanos. El centro, así como los no alineados políticamente se encuentran, en esta materia, en una posición claramente intermedia. La importancia de las diferencias ideológicas en este ámbito confirma el rol de identidad que juega la memoria colectiva. Pocos aspectos repercuten con tanta fuerza, pasión y polaridad en ésta como aquellos en los que se manifiesta el conflicto intergrupal en forma violenta. El recuerdo de la victimización es difícilmente superable, así como las interpretaciones polarizadas en torno a su ocurrencia.

FIGURA 21: Opinión acerca del carácter de la tortura según posición ideológica

FIGURA 22: Atribución de responsabilidad por violaciones de DDHH según posición ideológica

Con respecto al tema pendiente más importante en materia de derechos humanos, la situación de los detenidos desaparecidos, se solicitó a los encuestados expresar con cuáles de las soluciones que se han planteado estaban de acuerdo6. Tal como puede apreciarse en la Tabla 10, tres cuartas partes de los encuestados concuerda con la necesidad de averiguar el paradero de estos. El juicio a los culpables es también importante para casi el 60% de la muestra. En cambio, la idea de dar por superado el tema es seleccionada por sólo un cuarto de la muestra. La aplicación de la ley de Amnistía o el otorgamiento de perdón son opciones aún menos frecuentes. Así, se observa que para la mayoría de la población lo fundamental es conocer la verdad sobre estos hechos y aplicar justicia. La posibilidad de producir un cierre de este tópico, en alguna de las formas ofrecidas en la encuesta, representa un enfoque claramente minoritario.

TABLA 10: Soluciones que se consideran preferibles para enfrentar la situación de los detenidos desaparecidos

Por último, también en torno a esta temática, la encuesta indagó si en la percepción de la opinión pública las violaciones a los derechos humanos pudieran estar justificadas, considerando el desarrollo económico que vivió el país durante el Régimen Militar. Para un 81,3% de los encuestados, dicho desarrollo económico de ninguna manera justifica las violaciones a los derechos humanos. Para un 15% hay una justificación parcial, mientras que sólo un 3,7% afirma que el desarrollo económico justifica completamente las violaciones a los derechos humanos. Es importante agregar que en esta materia las diferencias ideológicas son claramente menores. Estos resultados revelan, por tanto, un importante consenso ético en nuestra sociedad, en torno al valor primordial de los derechos humanos, y a la necesidad de no subordinarlos a otros objetivos sociales.

6) La proyección futura del 11 de septiembre

Las imágenes contrafactuales han sido empleadas frecuentemente en el estudio de hechos históricos. Con este procedimiento se busca conocer representaciones acerca de cuál podría haber sido la evolución histórica si cierto evento no se hubiera producido. Este tema fue analizado con preguntas donde se solicitaba a los encuestados imaginar cómo sería Chile en lo económico, político, social, cultural o a nivel individual, si los acontecimientos del 11 de septiembre no hubieran ocurrido.

Los resultados generales muestran que la mayoría de los encuestados (59%) cree que el país sería mejor en lo cultural. En las restantes dimensiones ninguna de las categorías de respuesta supera el 50%, aunque hay tendencias relativamente marcadas. En lo económico se percibe que sería peor (49%), en lo social habría mayor igualdad (49%), en lo político sería más democrático (44%) y la gente sería más alegre (44%). Cabe hacer notar que el patrón de respuesta difiere marcadamente según la posición política de los encuestados.

De acuerdo a lo apreciado en la Figura 23, el único aspecto consensual es el cultural, donde todos los grupos políticos mencionan con mayor frecuencia la opción que indica que el país estaría mejor.

FIGURA 23: Imágenes contrafactuales. ¿Cómo sería Chile en lo cultural?

En lo económico, los grupos de derecha, centro y no alineados concuerdan en que Chile estaría peor (Figura 24). La excepción la hace la izquierda, que presenta un patrón de respuesta ambivalente (es decir, sus respuestas se reparten entre las tres opciones: sostener que el país estaría peor, que estaría mejor o que estaría igual).

FIGURA 24: Imágenes contrafactuales. ¿Cómo sería Chile en lo económico?

Con respecto a lo social, la izquierda tiene una clara visión (habría mayor igualdad), mientras que para los otros grupos hay una mayor ambivalencia, con una tendencia de la derecha a sostener que habría menos igualdad, y lo contrario para el centro o los independientes. En lo político las opciones son más claras: para la derecha el país sería menos democrático, mientras que para la izquierda sería más democrático. Los otros dos muestran clara ambivalencia. Finalmente, cuando se pregunta por cómo sería la gente, se constata que sólo la izquierda muestra una tendencia dominante: sería más alegre (Figura 25). En los otros tres grupos la respuesta más frecuente no llegó al 50%, con signos de ambivalencia: la derecha fluctúa entre que la gente estaría más triste o que estaría igual, mientras que los otros dos grupos son aún más ambivalentes.

FIGURA 25: Imágenes contrafactuales. ¿Cómo sería la gente hoy en Chile?

La encuesta profundizó también acerca de las lecciones que para la opinión pública deja la experiencia histórica del 11 de septiembre de 1973. Tal como lo muestra la tabla 11, la lección más importante se refiere a la tolerancia política, que es mencionada por un 60% de los encuestados como la principal lección. Otra afirmación relacionada (que el exceso de politización lleva al conflicto y la violencia) aparece en segundo lugar. La tercera lección, en orden de importancia, se refiere a la capacidad de gestión del gobierno (entendiéndose que no se debiera otorgar poder a personas sin preparación). Esta lección se conecta con los dos aspectos que la mayor parte de la gente asocia a la gestión de la UP. En general, las enseñanzas que aluden a una de las partes involucradas en la crisis de 1973, son consideradas como lecciones por un porcentaje minoritario de los entrevistados.

TABLA 11 : Las lecciones del 11 de septiembre de 1973 para la sociedad chilena

* Los porcentajes no suman 100%, pues los encuestados podían expresar su adhesión por más de una afirmación.

Es interesante verificar que las lecciones históricas que afirman los encuestados muestran menores diferencias según posición política, que en otros aspectos estudiados en la encuesta. Esto sugiere que la forma en que los hechos han ido siendo elaborados en nuestra sociedad han producido una relativa convergencia. Así por ejemplo, la lección referida a la tolerancia es manifestada por un 60% o más de todos quienes tienen posición política.

Diferencias generacionales

En general, los análisis efectuados en el conjunto de temas evaluados con la encuesta revelaron que las tres generaciones consideradas no parecen tener memorias colectivas marcadamente diferentes. Las divergencias observadas entre los grupos etarios, cuando se manifestaron, resultaron ser menores que las observadas según la posición política de la muestra. A continuación se destacarán aquellos aspectos en los que se observaron diferencias importantes entre las tres generaciones.

El aspecto que más distingue a cada una de ellas es su auto-percepción con respecto al grado de conocimiento que dicen tener de los hechos (Figura 26). En esta variable hay una clara progresión lineal: en el grupo más joven sólo un 23% dice saber bastante o mucho, porcentaje que sube a un 42% en la generación intermedia y a un 61% en la mayor.

FIGURA 26: Auto-percepción de conocimiento sobre el 11 de septiembre según generación

La importancia subjetiva de los acontecimientos del Once mostró leves diferencias entre las generaciones: mientras en los dos grupos mayores la proporción de personas que le atribuye gran importancia es equivalente a la que le da alguna relevancia, en el grupo menor disminuye el porcentaje que le proporciona gran significado (Figura 27).

FIGURA 27: Importancia subjetiva del 11 de septiembre según generación

En la otra dimensión subjetiva -las emociones que provoca el recuerdo de esta fecha- se observa que en los tres grupos etáreos dominan con claridad las emociones negativas. La única diferencia detectada es que en el grupo mayor disminuye el porcentaje que se manifiesta indiferente emocionalmente, con relación a lo que ocurre con los otros dos grupos. En suma, se constata que los hechos tienden a provocar mayor resonancia subjetiva en el grupo que era mayor de edad al momento de los sucesos (Figura 28).

FIGURA 28: Emociones que provoca el recuerdo del 11 de septiembre según generación

La imagen que las distintas generaciones tienen de los episodios muestran algunas diferencias de interés: el grupo más joven le otorga menor justificación al golpe de estado y lo considera más violento (Figura 29). Así también, estima que la resistencia armada de la izquierda fue más fuerte. Además, éste considera que el porcentaje de apoyo al golpe fue menor (46%) que el que proyectan las otras dos generaciones (54%). En suma, pareciera que la generación más distante de los hechos tiene una imagen más negativa de los mismos, proyectando en ellos mayor conflictividad.

FIGURA 29: Grado de justificación de los hechos del 11 de septiembre según generación

En cuanto a la responsabilidad atribuida a diferentes actores e instituciones, los jóvenes atribuyen más responsabilidad a las FFAA y a Pinochet, mientras que consideran que el gobierno de la Unidad Popular y Allende tenían menos responsabilidad. Esta relación entre generación y responsabilidad no se debe a diferencias ideológicas de los grupos etáreos.

Los encuestados de distintas generaciones políticas también coinciden en atribuir a las causas económicas un rol preponderante (Figura 30). Sin embargo, se aprecia que este rol tiende a aumentar su importancia relativa para las personas mayores. Al mismo tiempo, aumenta la relevancia atribuida a la ambición de los gestores de la intervención militar a medida que disminuye la edad de los grupos generacionales. Nuevamente, las causas políticas poseen un rol homogéneamente secundario para todos los grupos etáreos.

FIGURA 30: Causas del 11 de septiembre según generación

También en las consecuencias del 11 de septiembre de 1973 se observan diferencias generacionales. Aunque las evaluaciones fueron similares entre estos grupos, los jóvenes consideraron en mayor medida que disminuyó la actividad cultural (85%), que se observó miedo en la población (93%), que no aumentó el orden y la seguridad ciudadana (35%) y que no mejoró la calidad de vida (54%). En general, no hubo diferencias entre las generaciones al comparar los periodos del Régimen Militar y el gobierno de la Unidad Popular. Sin embargo, la mayoría de los jóvenes percibieron que durante el régimen militar la gente se sintió más amenazada, mientras que en las otras generaciones está percepción existió en menos de la mitad de las personas. Lo anterior coincide con los resultados encontrados acerca de la evaluación de los hechos, donde los jóvenes evaluaron al golpe de estado como más conflictivo y negativo que las otras generaciones.

De manera concordante con lo anterior, para los jóvenes la tortura tiene un carácter más sistemático, atribuyéndole nuevamente características violentas y negativas al gobierno de Pinochet (Figura 31).

FIGURA 31: Opinión acerca del carácter de la tortura según generación

Por último, respecto a las imágenes contrafactuales, se encontraron diferencias solamente en cuanto a lo político y el estado de ánimo de las personas. Los jóvenes, en comparación con las otras generaciones, estiman que la gente sería más alegre y que Chile sería más democrático.

CONCLUSIONES

La primera constatación relevante es que el tema del 11 de septiembre de 1973 representa un evento que reviste importancia subjetiva para una mayoría de las personas de todas las generaciones, especialmente para quienes se identifican con alguna posición ideológica. En contraste con el desinterés que, en general, suscitan temas de la esfera política, éste mantiene una alta significación no sólo en el plano social, sino también en la esfera personal.

Los hechos de ese día, y especialmente sus antecedentes y consecuencias, poseen para nuestra sociedad un carácter complejo, donde se combinan múltiples aspectos de valencia positiva y negativa. Claramente, no hay una versión única y simple de los acontecimientos. Sin embargo, este estudio también permite constatar que las visiones que tienen sobre el pasado personas de diversa posición ideológica no son tan polares o incompatibles como usualmente se asume. Claramente hay aspectos donde las discrepancias se manifiestan con fuerza, pero se constatan, asimismo, sorprendentes convergencias incluso de gente identificada con la izquierda y la derecha política. Por lo demás, aunque el pasado pudiera dividirnos, se aprecia que las lecciones que esta experiencia histórica deja son relativamente concordantes.

Con respecto a los hechos, hay un consenso relativamente amplio acerca del carácter violento de ellos, aunque no existe una concordancia semejante con respecto al grado de justificación de los mismos, aspecto donde se manifiestan fuertes diferencias según la posición ideológica de las personas. El apoyo que se estima tuvo el golpe de estado, también difiere según la posición ideológica; sin embargo, la divergencia observada es menor que la que se podría haber anticipado atendiendo al rol legitimador que tiene el apoyo a la intervención militar.

La resistencia armada de los partidarios de la Unidad Popular a la arremetida militar también fue indagada, especialmente por el debate que tradicionalmente ha generado, así como por su rol en la justificación de acciones represivas. Se constataron en este caso diferencias consistentes con las posiciones que han existido tradicionalmente: en la derecha se enfatiza que la resistencia fue fuerte y duradera, mientras que en la izquierda y en el centro, lo contrario. Es interesante que en este aspecto los no alineados ideológicamente coinciden con la apreciación de la izquierda y el centro.

Con respecto a la muerte de Allende, sorprende confirmar que para el conjunto de los encuestados hay una división casi exacta entre quienes estiman que se suicidó y quienes creen que lo mataron. Este aspecto se asocia a fuertes diferencias según la posición ideológica de los encuestados. Lo interesante de este resultado en términos de memoria colectiva y su relación con la identidad social, es que en torno a este aspecto se produce una polarización del recuerdo que no se corresponde con la existencia de un debate público o experto sobre el hecho. Es relevante mencionar que el debate acerca de la forma en que murió Allende fue un símbolo de la división política luego del golpe de estado, por lo que su persistencia en el tiempo tiene un claro carácter identitario.

Las percepciones y recuerdos adquieren mayor complejidad y menor polarización ideológica cuando se consideran las causas y consecuencias del Once. Se observa que en la mayoría de los encuestados existe una representación donde se combinan múltiples actores, de diverso signo y motivaciones, así como múltiples acciones y consecuencias de diversa valencia. Se aprecia una perspectiva menos simplista y maniquea que lo que se podría haber esperado. Por ejemplo, resulta interesante constatar que personas alineadas con la izquierda y la derecha no muestran opiniones marcadamente discrepantes cuando se considera el rol de la Unidad Popular o cuando se opina respecto de los factores que motivaron la decisión de las Fuerzas Armadas.

Con respecto a las consecuencias, se aprecia que para una mayoría de la sociedad el régimen militar se asocia con progreso económico y seguridad ciudadana, pero con aumentos en la inequidad social, con temor en la población y con limitaciones en el plano cultural. Este perfil complejo, que combina consecuencias de valor positivo y negativo, se aprecia tanto en preguntas que evalúan directamente las consecuencias, como en otras donde se compara al Régimen Militar con el gobierno de la Unidad Popular, así como cuando se interroga sobre lo que podría haber ocurrido con nuestro país si no hubieran ocurrido los hechos de ese día (imágenes contrafactuales).

Las violaciones a los derechos humanos son reconocidas por personas de todas las posiciones ideológicas. Donde se manifiestan las diferencias, sin embargo, es cuando se trata de establecer su carácter o la responsabilidad sobre las mismas. La identidad política emerge con fuerza en este tema que posee una alta carga emocional. En particular, se aprecia que tanto cuando se opina sobre la tortura, así como cuando se analiza las responsabilidades asociadas a las violaciones de los derechos humanos, las personas de derecha e izquierda se sitúan en posiciones claramente disímiles: mientras las personas de derecha consideran que estos actos constituyen excesos individuales, donde no existen responsabilidades institucionales, la gente de izquierda estiman que estas acciones corresponden a actos sistemáticos asociados al régimen militar. Las personas de centro o quienes no se identifican políticamente reparten sus respuestas en proporciones equivalentes entre ambas visiones. Lo que es consensual, sin embargo, es que no hay negación de la existencia de violaciones a los derechos humanos.

En relación con el tema pendiente más importante en materia de derechos humanos, la situación de los detenidos desaparecidos, se observa que para la mayoría de la población lo fundamental es conocer la verdad sobre estos hechos y aplicar justicia. La posibilidad de producir un cierre de este tema, en alguna de las formas ofrecidas en la encuesta, representa un enfoque claramente minoritario.

Finalmente, con respecto a la proyección futura de los hechos del pasado, se aprecia una amplia convergencia entre personas de diversa posición política. De hecho, para encuestados de todas las posiciones políticas, la principal lección que le deja el 11 de septiembre de 1973 a nuestra sociedad es que la intolerancia política puede llevar a las peores formas de violencia. Este consenso debiera ser una importante base para fundar y orientar la formación cívica de las nuevas generaciones de chilenos.

Frente a los dos ejes seleccionados para analizar la memoria colectiva, la posición ideológica y la generación, se observa que el primer eje tiene una importancia claramente mayor. Es evidente que el recuerdo de estos hechos, especialmente cuando se remite a los sucesos ocurridos el día del golpe de estado, suscita una fuerte polarización ideológica, aunque posiblemente ella hoy sea menor que la que existía algunos años atrás. Es interesante notar que el recuerdo del pasado en varias oportunidades reprodujo las diferencias entre los tres tercios que existían en el sistema político chileno de entonces. En general, el centro no aparece alineado con la izquierda (con la que está aliado hoy) ni con la derecha (con la que estaba aliado al momento del golpe).

Los no alineados representan un grupo especialmente interesante, pues como muchos estudios de opinión lo revelan, han pasado a constituirse en el sector políticamente más numeroso. Su perfil es, en general, consistente con el de un grupo que muestra desafección y rechazo hacia el sistema político, manifestando menor interés y conocimiento acerca de asuntos con connotaciones ideológicas, incluyendo el 11 de septiembre de 1973. Los resultados muestran que este grupo se ha distanciado de este pasado y de las oportunidades de informarse sobre el mismo. Sin embargo, es un grupo que mantiene una postura definida en el tema de los derechos humanos (pide verdad y justicia en proporciones equivalentes o superiores al centro político). En síntesis, es un grupo con un perfil distintivo, aunque tiende a compartir más opiniones con el centro y la izquierda que con la derecha. Por todas estas razones, cabe suponer que la desafección política de este grupo se ha producido luego de una mayor cercanía con la izquierda o el centro.

Finalmente, las diferencias generacionales son menos pronunciadas. Cuando aparecen, se manifiestan principalmente distinguiendo a la generación más joven de las otras dos. Esta posee una representación más negativa del pasado, atribuyendo mayor conflictividad y antagonismo entre los actores políticos. Es posible que las escasas diferencias generacionales puedan deberse a la reactivación del pasado político en el período previo al estudio, motivado entre otros aspectos, por el debate que produjo la detención de Augusto Pinochet en Londres y su posterior retorno a Chile, por la Mesa de Diálogo sobre derechos humanos, así como por la aparición de documentos y testimonios en torno al pasado.

 

* Este trabajo se basa en una encuesta llevada a cabo en el marco de un proyecto financiado por el Fondo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (FONDECYT #199-0546).

2 Aunque en la encuesta se empleó una escala que distinguía dos niveles en cada sector político, sus respuestas eran semejantes, por lo que se decidió agruparlos en una misma categoría. Los independientes y quienes indicaron no sentirse políticamente identificados también fueron agrupados en una categoría. Así, para los análisis se comparan cuatro grupos políticos: izquierda, centro, derecha y no alineados políticamente.

3 Dado que en general se observó un muy bajo porcentaje de personas que rehusaran contestar determinadas preguntas, debe presumirse que la falta de respuesta a esta interrogante revela ignorancia con respecto al personaje o su rol, más que reticencia a revelar su opinión sobre los mismos.

4 Al respecto, cabe destacar que en el mes previo a la recolección de los datos se habían publicado documentos que revelaban la intervención norteamericana en Chile durante el gobierno de Salvador Allende.

5 Tal como se verá más adelante, en la percepción de la gente, los aspectos positivos y negativos no necesariamente tienen peso equivalente. En particular, cuando se compara el bienestar económico con las violaciones a los derechos humanos.

6 Es importante considerar que los datos de esta encuesta fueron obtenidos antes que se entregaran al Presidente de la República los resultados del período establecido por los acuerdos de la Mesa de Diálogo para aportar antecedentes acerca del destino o paradero de los detenidos desaparecidos.

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Jorge Manzi. Psicólogo, doctor en psicología de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA). Profesor adjunto de la escuela de Psicología de la P. Universidad Católica de Chile. Sus áreas de investigación son la psicología política (socialización política, memoria histórica, identidad política) y medición educacional.

(E-mail: jmanzi@puc.cl)

Ellen Helsper. Psicóloga, actualmente cursa estudios de doctorado en la London School of Economics and Political Science. Sus temas de investigación se centran en la psicología de medios y opinión pública.

(E-mail: E.J.Helsper@lse.ac.uk)

Soledad Ruiz. Psicóloga, Magíster en Psicología de la Universidad Católica de Chile. Es profesora asociada de la escuela de Psicología de la P. Universidad Católica de Chile. Sus áreas de investigación son la psicología política (memoria histórica, representaciones sociales de procesos sociales) y la psicología comunitaria (transformaciones de la vida cotidiana e identidad).

(E-mail: msruiz@puc.cl)

Jorge Manzi, Ellen Helsper, Soledad Ruiz, Mariane Krause, Edmundo Kronmüller

Mariane Krause. Psicóloga, doctor en psicología de la Universidad Libre de Berlín. Profesor adjunto y actual directora de la escuela de Psicología de la P. Universidad Católica de Chile. Sus áreas de investigación son las creencias y teorías subjetivas, representaciones sociales, cambio psicoterapéutico y seguridad ciudadana.

(E-mail: mkrause@puc.cl)

Edmundo Krönmuller. Psicólogo, Magíster en Psicología de la Universidad Católica de Chile. Actualmente cursa estudios de doctorado en la Universidad de California en Riverside. Sus áreas de investigación son la psicología política y la psicología cognitiva.

(E-mail: ekronmul@puc.cl)


 

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