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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) v.26 n.1 Santiago  2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2006000100009 

 

Revista de Ciencia Política / Volumen 26 / Nº 1 / 2006 / 152 - 157

EN LAS URNAS

LAS ELECCIONES LEGISLATIVAS Y MUNICIPALES DE 2006 EN LA REPÚBLICA DOMINICANA.

Ernesto Sagás

Southern New Hampshire University, Estados Unidos.


Resumen

Para las elecciones legislativas y municipales de 2006 en la República Dominicana se elegirían 32 senadores (uno por cada una de las 31 provincias del país más el Distrito Nacional), 178 diputados a la Cámara Baja (electos proporcionalmente), y 151 síndicos (o alcaldes) con sus respectivos cabildos (para un total de 934 regidores). El oficialista Partido de la Liberación Dominicana (PLD) logró una contundente victoria a nivel legislativo, lo que le da el control del Senado y la Cámara de Diputados durante los próximos cuatro años, mientras que los partidos de la oposición (representados en la Gran Alianza Nacional) perdieron importantes plazas. El PLD también obtuvo una mayoría de los municipios del país.


Abstract

For the 2006 legislative and municipal elections in the Dominican Republic, 32 senators (one for each one of the country's 31 provinces plus the National District), 178 representatives to the lower house (elected proportionally), and 151 mayors with their respective city councils (for a total of 934 city council members), were to be elected. The incumbent Dominican Liberation Party (PLD) achieved a major victory at the legislative level, which now gives it control over the Senate and the House for the next four years, while the opposition parties (represented in the Grand National Alliance) lost important enclaves. The PLD also won a majority of the country's municipalities.

PALABRAS CLAVE • República Dominicana • Elecciones legislativas • Elecciones municipales • Partidos políticos


 

I. INTRODUCCIÓN

El 16 de mayo de 2006 la República Dominicana llevó a cabo sus terceras elecciones legislativas y municipales desde que las reformas constitucionales de 1994 las separaron de la elección presidencial por un margen de dos años (la próxima elección presidencial se llevará a cabo en 2008). Estas elecciones representaron un triunfo para el Partido de la Liberación Dominicana1 (PLD) y específicamente para el Presidente Leonel Fernández, quien ansiaba obtener la mayoría legislativa que su partido necesitaba desde que él asumió el poder en 2004. La oposición, dividida y en algunos casos desmoralizada, perdió el control de ambas cámaras legislativas y de la mayoría de los ayuntamientos municipales.

II. EL CONTEXTO ELECTORAL Y LA CAMPAÑA

La crisis poselectoral de 1994 propició varias reformas a la Constitución dominicana, una de las cuales fue la separación de las elecciones legislativas y municipales de las presidenciales, convirtiéndolas así en verdaderas elecciones de medio término (Hartlyn, 1998; Sagás, 2001). Desde entonces se han llevado a cabo elecciones legislativas y municipales en 1998, 2002 y las más recientes en 2006. Para estas últimas elecciones, se elegirían 32 senadores (uno por cada una de las 31 provincias del país más el Distrito Nacional), 178 diputados a la Cámara Baja (electos proporcionalmente) y 151 síndicos (o alcaldes) con sus respectivos cabildos (para un total de 934 regidores), quienes habrán de servir períodos de cuatro años a partir de agosto de 2006. La ley electoral dominicana no contempla límites a la reelección para puestos legislativos y municipales. El día de las elecciones, los votantes marcan con lápices dos boletas de papel (una para los puestos legislativos y la otra para los puestos municipales) y los votos son contados a mano tras el cierre de los colegios electorales a las 18 horas. Aunque los partidos políticos presentan listas de candidatos en la boleta, a los votantes sólo se les permite seleccionar candidatos individuales dentro de estas listas en el caso de los diputados (una modalidad llamada "voto preferencial" que ha sido parte del sistema electoral dominicano desde 2002), mas no así en el caso de los regidores.

Para las elecciones de 2006, había 5,3 millones de votantes inscritos, distribuidos a través de 166 distritos electorales (para las elecciones legislativas) y 151 municipalidades (para las elecciones locales). La abstención (históricamente alrededor del 50%) ha sido el mayor reto para las elecciones de medio término, pues los votantes sienten que éstas no son tan importantes como las elecciones presidenciales (sobre todo, teniendo en cuenta que la República Dominicana tiene un fuerte sistema presidencialista), y en muchos casos éstos apenas conocen el gran número de candidatos que compiten por varios puestos2.

Los tres partidos políticos dominicanos mayoritarios (y sus aliados de las minorías) se organizaron en dos grandes alianzas: la Gran Alianza Nacional (GANA) y el Bloque Progresista. La GANA3 fue una alianza entre los dos grandes partidos de la oposición, el Partido Revolucionario Dominicano4 (PRD) y el Partido Reformista Social Cristiano5 (PRSC), para apoyarse mutuamente en aquellos distritos en donde podían vencer al oficialista PLD. Cabe resaltar que esta es la primera vez que estos dos enemigos ideológicos, quienes se enfrentaron desde los años sesenta hasta finales de los noventa (a veces violentamente), aúnan fuerzas. Este acuerdo fue facilitado por la desaparición física de los líderes tradicionales carismáticos de ambos partidos: José Francisco Peña Gómez del PRD y Joaquín Balaguer del PRSC. Además, ambos partidos han sufrido divisiones internas tras la muerte de sus grandes líderes, y hace poco, deserciones de algunos de sus miembros al PLD, lo cual los ha debilitado. Finalmente, ambos partidos se han visto amenazados por la contundente victoria de Leonel Fernández en la elección presidencial de 2004 (Sagás 2005) y sus aún altos niveles de popularidad. Motivados por la idea de que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo", el PRD y el PRSC dejaron a un lado sus viejas diferencias ideológicas y algunas rencillas de último minuto para firmar el pacto popularmente conocido como la Alianza Rosada6. El Bloque Progresista fue organizado por el oficialista PLD en alianza con partidos minoritarios y sectores disidentes del PRSC. A pesar de que esta alianza no contaba con otro partido mayoritario, ésta se valió de la popularidad del Presidente Fernández (quien participó activamente en la campaña) y de los recursos del poder (lo cual es una vieja práctica en la política dominicana).

La campaña electoral discurrió con normalidad, aunque marcada por el dispendio de sumas millonarias en publicidad, sobre todo, en enormes vallas publicitarias en las principales avenidas del país y en anuncios televisivos caracterizados por los ataques personales y la falta de ofertas políticas. La "campaña sucia" matizó el ambiente político y alentó un vez más la abstención entre un electorado que apenas conocía a muchos de los candidatos. Las principales encuestas reflejaron este desarraigo a sólo un mes de las elecciones al mostrar que apenas la mitad de los encuestados tenía la intención de votar. De hecho, más del 75% de aquéllos que expresaron la intención de votar lo iban a hacer siguiendo líneas estrictamente partidistas en una elección donde ambas alianzas se encontraban en un empate técnico ("Encuesta Gallup-Hoy").

III. LAS ELECCIONES Y SUS RESULTADOS

El 16 de mayo de 2006 los dominicanos acudieron a votar en colegios abiertos (donde los electores pueden votar en cualquier momento dentro del horario establecido). Hubo pocos incidentes durante el día de las elecciones, con la excepción de algunos tiroteos entre seguidores de ambas alianzas. Sin embargo, el período postelectoral se caracterizó por la lentitud en el conteo de los votos y de errores en las actas. Inclusive hubo alegaciones de dislocación de electores y de fraude en algunos municipios, lo que obligó a la Junta Central Electoral (JCE) a tomar medidas apropiadas. La JCE fue también objeto de reclamaciones, pues sus miembros se veían bastante divididos e incapaces de actuar colegiadamente. Todavía a más de una semana de finalizados los comicios, aún no se sabían los resultados finales.

Finalmente, tras 18 boletines y la solución de impugnaciones (proceso que se extendió por más de tres semanas), se dieron a conocer los resultados finales. De unos 3,1 millones de votos emitidos (para una abstención del 42%), el PLD obtuvo 1,38 millones (el 46,4% de los votos válidos), el PRD obtuvo 931 mil (el 31% de los votos válidos) y el PRSC obtuvo 326 mil (el 10,9% de los votos válidos). El PLD logró una contundente victoria a nivel legislativo (ver tabla 1), lo que le da el control del Senado y la Cámara de Diputados durante los próximos cuatro años, mientras que los partidos de la oposición (representados en la GANA) perdieron importantes plazas (incluyendo bastiones partidistas, como el caso del PRSC en San Pedro de Macorís). La nueva mayoría legislativa del PLD le permitirá al Presidente Fernández implementar su agenda política durante los próximos dos años, y quizás aún más allá, pues desde ahora se perfila como un candidato seguro para buscar la reelección en 20087. Sin embargo, el PLD no obtuvo los dos tercios en ambas cámaras que se necesitan para poder modificar la Constitución. Mientras que el PLD tiene dominio absoluto del Senado, aún requiere de 22 votos en la Cámara de Diputados, lo cual lo obligaría a negociar (probablemente con el PRSC) cualquier modificación constitucional en el futuro.


En cuanto a las elecciones municipales, el PLD de nuevo fue el gran triunfador, aunque no tan decididamente como a nivel legislativo. De 151 municipios en el país, el PLD obtuvo 67, el PRD 52, el PRSC 28, y los otros partidos minoritarios lograron los restantes cuatro. Estos fueron quizás los más disputados de todos los comicios, pues muchas veces implican la eventual repartición de plazas en regiones pobres del país y con alto nivel de desempleo. Como consecuencia de lo escaso del botín político a nivel municipal (sobre todo, en pueblos pequeños del interior), las luchas dentro y fuera de los partidos tienden a ser agudas y, en algunos casos, violentas. Aunque la victoria del PLD a nivel municipal no parece tener mayor trascendencia inmediata (excepto por la repartición de cargos a sus seguidores), ésta eventualmente podría implicar que el oficialismo pase a controlar la Liga Municipal Dominicana, la cual es un gran cofre de recursos que generalmente se utilizan con fines de financiar proyectos a nivel local y así garantizar la lealtad de líderes regionales.

IV. CONCLUSIONES

Las elecciones legislativas y municipales de 2006 apuntan a una consolidación del PLD como el nuevo partido dominante en el sistema político dominicano. Mientras que por décadas el enorme PRD dominó la política dominicana, tanto en el poder como en la oposición, éste ha sufrido dos reveses consecutivos que han mermado sus simpatías entre el electorado dominicano. La controversial administración de Hipólito Mejía (2000-2004) y sus empeño por buscar la reelección (a pesar de que reiteradamente había prometido no hacerlo), dividió al PRD, llevando a la salida de líderes importantes (como Hatuey DeCamps) y al fraccionamiento en tendencias de aquéllos que se quedaron. La desastrosa gestión económica de Mejía, quien gobernó durante la peor crisis económica del país desde la "década perdida" de los ochenta, enraizó entre el electorado dominicano la percepción de que el PRD es un mal administrador; percepción histórica que también se nutre de las pobres gestiones del PRD entre 1978-1986. De hecho, el PRD (el más grande partido de masas en la historia dominicana) ha sido más unido y coherente en la oposición que en el poder, de ahí la consabida expresión que "sólo el PRD derrota al PRD". En este último caso, el fracaso electoral del PRD obedece a los mismos factores que llevaron a su derrota en la elección presidencial de 2004 y que aún se mantienen vigentes: la división intra-partidista y la erosión de su popularidad entre el electorado. Por último, el sector dominante dentro del PRD se lanzó a forjar a cualquier costo una alianza electoral con su enemigo tradicional (el PRSC), lo cual desencantó a muchos de sus simpatizantes ideológicos, los cuales veían en la GANA una "alianza con el diablo" motivada sólo por el oportunismo político. En otros casos, muchos dirigentes medios del PRD fueron desplazados y vieron sus aspiraciones políticas tronchadas por la alianza con el PRSC, a pesar del intenso trabajo de campo que habían estado haciendo por años. Muchos de estos dirigentes, disgustados, decidieron abstenerse de votar por la GANA y le pidieron a sus seguidores hacer lo mismo. De esta manera, el PRD perdió votos y lealtades en un fallido intento por ganar unos pocos puestos políticos.

Por su parte, el PLD capitalizó la popularidad de Leonel Fernández y la utilizó como factor de "arrastre" para ganar votos en estas elecciones. Fernández se envolvió plenamente en la campaña, hasta el punto de que fue acusado de utilizar el poder y los recursos del Estado para ganar votos a los candidatos del PLD. De cualquier manera, el PLD es el gran triunfador de las elecciones de 2006 y su victoria (así como la de Fernández en 2004) obedece mayormente a la debacle del PRD. El PLD se vislumbra ahora como el nuevo partido mayoritario de la política dominicana, posición que podría mantener más allá de la elección presidencial de 2008 (en la cual Fernández tiene una buena posibilidad de ser reelecto). Ya hasta se habla de un posible re-alineamiento en el sistema político dominicano (Espinal, 2006). Ahora falta por ver si el PLD podrá mantener su unidad en el poder, lo cual resultó ser prácticamente imposible para el PRD. Sus posibilidades de mantener la unidad partidaria son buenas, sin embargo. Hace poco el PLD se abocó a revisar su estructura partidaria y llevó a cabo con gran éxito su convención nacional. La figura de Fernández domina al partido y aparentemente no hay visos de división. Este no fue el caso con el PRD y el PRSC, cuyas convenciones partidarias fueron aplazadas y cuando por fin se llevaron a cabo estuvieron plagadas de escisiones, conflictos y una obvia falta de legitimidad. Más que salir fortalecidos, tanto el PRD como el PRSC (y su institucionalidad partidaria) terminaron debilitados tras sus problemáticas convenciones.

Por último, el PRSC continúa debilitándose tras la muerte de su líder, Joaquín Balaguer, en 2002. Al menos dos sectores dentro del partido se disputan la herencia política de este caudillo electoral (quien ocupó la presidencia en siete ocasiones), mientras que otros líderes del PRSC (y sus seguidores) se han pasado al PLD y ahora ocupan importantes puestos en la administración Fernández8. El PRSC ganó algunas plazas sólo gracias a su alianza con el PRD en la GANA, o debido al fuerte liderazgo de algunos caudillos regionales (como el caso de Amable Aristy Castro en la provincia de La Altagracia).

A pesar de ésta ser la tercera vez en que se llevan a cabo elecciones legislativas y municipales por separado, los resultados demostraron que aún persiste un fuerte "efecto de arrastre" presidencial en las mismas. Sin importar la diferencia de dos años entre estas elecciones y las presidenciales, la figura del Presidente (y, sobre todo, de un Presidente con altos niveles de popularidad como Fernández) aún influye sobre sus resultados, más aún cuando éste se dedica plenamente a hacer campaña por los candidatos de su partido. Sólo el PLD estima que gastó más de RD$300 millones (unos US$10 millones) en la campaña. Y éstos sólo son gastos oficiales de campaña (mayormente en publicidad) que no incluyen las actividades oficiales del Presidente y su gabinete (las cuales a menudo se utilizan para hacer campaña). Todo esto para unas elecciones donde el abstencionismo ronda el 50%. Además, el llamado "carnaval electoral" parece nunca detenerse en la República Dominicana, pues ya la próxima elección presidencial está a la vuelta de la esquina (en mayo de 2008). Esto implica un enorme gasto en campañas electorales cada dos años y una dislocación de las actividades económicas, las cuales decaen durante el período electoral. Por último, se ha argumentado que las elecciones de medio término no son conducentes a la gobernabilidad, pues en algunos casos tronchan la agenda gubernamental del Ejecutivo (cuando éste pierde control de la legislatura tras dos años en el poder) o le atan las manos por dos años y lo obligan a intervenir activamente en la campaña electoral legislativa (cuando éste no controla la legislatura desde el comienzo de su mandato).

Ahora sólo queda por ver cómo Leonel Fernández utilizará el mandato que ha recibido por parte del electorado dominicano y si llevará a cabo los cambios profundos que requiere la sociedad dominicana. Pues como bien lo descubrieron Hipólito Mejía y el PRD, el control sobre el Ejecutivo y la Legislatura no garantiza la reelección. Todo lo contrario, de ahora en adelante Fernández, y no la oposición, será en última instancia el responsable de todo lo bueno y lo malo que pase en el país. Y he ahí el gran reto del poder.

NOTAS

1 Partido de centro-izquierda, originalmente basado en lineamientos ideológicos de liberación nacional. Sin embargo, desde mediados de los años noventa se ha convertido en un partido centrista-moderado. Véase a Jiménez Polanco (1999) para un estudio exhaustivo sobre los partidos políticos dominicanos.

2 De hecho, la ley electoral dominicana permite que los candidatos incluyan su apodo en la boleta, para así facilitar su identificación por parte del electorado.

3 La intención del acrónimo es obvia.

4 Partido social-demócrata de centro-izquierda. Miembro de la Internacional Socialista.

5 Partido social-cristiano de centro-derecha.

6 Llamada así por la mezcla de los colores partidistas del PRD y el PRSC, el blanco y el rojo, respectivamente.

7 La Constitución dominicana (modificada en 2002) permite al Presidente buscar la reelección por un sólo término adicional consecutivo, tras el cual no podrá volver a optar por la presidencia jamás. Si el mandatario decidiese no buscar la reelección, pierde su única oportunidad.

8 Como el caso del actual canciller Carlos Morales Troncoso, quien fuera vicepresidente de la República durante uno de los gobiernos de Joaquín Balaguer.

REFERENCIAS

Espinal, Rosario. 2006. "De amores y desamores políticos". Clave Digital 23 de mayo (www.clavedigital.com).         [ Links ]

Hartlyn, Jonathan. 1998. The Struggle for Democratic Politics in The Dominican Republic. Chapel Hill, N.C.: University of North Carolina Press.         [ Links ]

Hoy, 18 de abril. 2006. "Encuesta Gallup-Hoy: Alianzas están empatadas" (edición digital, www.hoy.com.do).         [ Links ]

Jiménez Polanco, Jacqueline. 1999. Los partidos políticos en la República Dominicana: Actividad electoral y desarrollo organizativo. Santo Domingo: Editora Centenario.         [ Links ]

Sagás, Ernesto. 2001. "Las elecciones de 1994 y 1996 en la República Dominicana: Coyuntura política y crisis postelectoral en el ocaso de los caudillos". Revista Mexicana del Caribe VI(II): 155-191.         [ Links ]

Sagás, Ernesto. 2005. "The 2004 Presidential Election in the Dominican Republic". Electoral Studies 24 (1): 153-157.         [ Links ]

Ernesto Sagás es Catedrático Asistente de Ciencias Políticas en Southern New Hampshire University. Es el autor de Race and Politics in the Dominican Republic (2000), y coeditor de The Dominican People: A Documentary History (2003) y Dominican Migration: Transnational Perspectives (2004).

(E-mail: e.sagas@snhu.edu)

 

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