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Revista de ciencia política (Santiago)

On-line version ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) vol.29 no.1 Santiago  2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2009000100008 

REVISTA DE CIENCIA POLÍTICA / VOLUMEN 29/ N° 1 / 2009 / 143 -163

Dossier

Sobre la vitalidad del poder. Una genealogía de la biopolítica a partir de Foucault y Canguilhem

The Vitality of Power. A Genealogy of Biopolitics with Foucault and Canguilhem

 

MARIA MUHLE

Bauhaus-Universität Weimar


RESUMEN

Este texto propone una genealogía de la biopolítica a partir del pensamiento de Michel Foucault y en tanto que noción filosófico-polltica, para lo cual parte no sólo de la noción de política, sino también y principalmente de la de vida. La hipótesis del texto es la siguiente: Para entender lo que biopolítica significa hay que tomar en serio el constato por parte de Foucault de una noción de vida indeterminada que es correlato de las técnicas de poder-saber. Esta noción de vida surge en la ruptura epistémica en torno a 1800, y lleva a una apertura de la noción de biopolítica bajo el nombre de gubernamentalidad, en tanto que la vida no es sólo el objeto de la biopolítica, sino que también le sirve de modelo para su funcionamiento.

Palabras clave: Biopolítica, gubernamentalidad, vida, Foucault, Canguilhem.

ABSTRACT

This text proposes a genealogy of biopolitics based on Michel Foucault's thought, and on an understanding of it as a philosophico-political notion. In order to elaborate this genealogy, the text takes as its starting point not only politics but also life, as the second component of the term. The hypothesis is the following: To understand what biopolitics means, we have to take seriously Foucault's assertion of an indetermination of life, as the correlate of power and knowledge. This notion emerges in the epistemic break that takes place around 1800 and that entails the opening up of the notion of biopolitics under the name of govemmentality, implying that life is not only the object of biopolitics but also serves as its model.

Key words: Biopolitics, govemmentality, life, Foucault, Canguilhem.


 

I. BIOPOLÍTICA - UN CONCEPTO POLÉMICO

La noción de biopolítica ha conocido en los últimos años un auge notable: no sólo el pensamiento político y la filosofía política parecen haber tomado un interés creciente en esta noción, sino que también la política 'real' ha descubierto el potencial de este término. En este contexto, la biopolítica se ve ligada más y más a una reflexión sobre el desarrollo de las "ciencias de la vida" y de las posibilidades crecientes de la manipulación de los fenómenos de la vida por las biotecnologías: Tanto las discusiones sobre el aborto y el aumento de la longevidad como el diagnóstico genético de preimplantación y los experimentos con células madre parecen relevar de la biopolítica entendida como una política administrativa que regula la vida biológica de las poblaciones. Esta regulación se ve acompañada de una reflexión moral y del establecimiento de un sistema de valores respecto de la vida que se refleja en las discusiones sobre el derecho (biológico) a la vida y el imperativo omnipresente de vivir (más tiempo y con mejor salud) y que da lugar, en último término, a una confusión entre la biopolítica y la bioética.1

Para entender cómo la biopolítica ha venido a englobar estas técnicas tan variadas del poder contemporáneo, es útil considerar lo que biopolítica significaba antes de ser únicamente sinónima con procedimientos bioéticos. Ya que, sin dejar de englobar estas técnicas, la biopolítica es antes que nada un concepto filosófico-político que se refiere a una forma y a una modalidad del poder contemporáneo, tal como lo demostró Michel Foucault en sus escritos y seminarios de la segunda mitad de los años 70.2 Para entender lo que biopolítica significa no es por lo tanto suficiente, como quiero mostrar, investigar las técnicas administrativas de un estado de bienestar, sus normas de salud, sus leyes respeto a la fecundación artificial, etc. Al contrario, el entendimiento del funcionamiento de estas técnicas precisa de una investigación de la noción de biopolítica desde un punto de vista filosófico-político. Para llevar a cabo esta investigación, es preciso interrogar la fórmula, adelantada por Foucault en La voluntad de saber, de un poder que "hace vivir" en vez de "hacer morir",3 así como los cambios y las consecuencias que conlleva tal noción de poder 'positivo' para una analítica del poder.

En lo que sigue quiero proponer unos elementos de una genealogía de la noción de biopolítica que se enfocará en la relación, implicada en el término mismo, entre política y vida (tíos). Esta relación se puede designar con dos atributos que se condicionan mutuamente: Primero, la relación que establece la biopolítica con la vida es positiva (el poder no hace morir, sino hace vivir); y es, segundo, intrínseca, es decir que no hay exterioridad entre la vida y el poder. El poder no se enfrenta a la vida para someterla, sino que se adentra dentro de los procesos de la vida para gobernarlos mejor desde su interior mismo.

 

Para apoyar esta tesis, presentaré en un primer lugar de forma breve la definición 'canónica' que da Foucault de la biopolítica en La voluntad de saber en 1976. Aquí Foucault entiende la biopolítica como un polo del nuevo poder sobre la vida de la población, es decir que la determina por su referencia a la vida como su objeto y mantiene de este modo una cierta exterioridad entre vida y poder. En los años siguientes, Foucault mismo dará paso, aunque de forma implícita, a una reformulación y apertura del concepto de biopoder bajo el nuevo nombre de gubernamentalidad: Las técnicas gubernamentales no se definen sólo por su relación a un objeto concreto, la vida de la población (y ya no al individuo disciplinario y al sujeto de derecho), sino por la calidad misma de esta relación que es positiva y no represiva, intrínseca y no extrínseca. Con lo cual es en los análisis de la gubernamentalidad que la comprensión de la biopolítica como un gobierno de la vida a partir de la vida misma cobra todo su sentido. Las técnicas biopolíticas aumentan la vida, la protegen, la regulan -en breve: hacen vivir, sin por lo tanto dejar de gobernar los procesos vitales, o, más bien, los gobiernan regulando, protegiendo, aumentando.

Este desplazamiento al interior del pensamiento del propio Foucault respecto de la biopolítica se deja explicitar de forma más clara si se enfoca el análisis sobre un término de la relación biopolítica -saber, la vida, que va a ocupar la parte central de este texto. Roberto Esposito habla en este contexto de una oscilación insuperada en el pensamiento de Foucault que da lugar a dos interpretaciones de la vida, una interpretación productiva y positiva y otra negativa y trágica. Mientras que la primera interpretación adjudica a la vida un poder intrínseco que resiste al biopoder, tal como proponen Antonio Negri y Michael Hardt, la segunda interpretación, propuesta por Giorgio Agamben, radicaliza las teorías tanatopolíticas en la noción de "vida desnuda" que es el objeto de las técnicas biopolíticas. Es preciso hacer notar que el propio Esposito, a pesar de tomar sus distancias con la postura de Negri y Hardt, parece defender una noción afirmativa de la biopolítica que ha de ser pensada como una política de la vida. Foucault, al contrario, opera con una noción de vida que él no determina (ni de forma positiva adjudicándole un poder inherente, ni tampoco ex negativo como vida desnuda). Es una noción de vida abierta a las determinaciones que aportan las técnicas y estrategias de poder y de saber. Es una vida que carece de un estatuto ontológico, ya que es 'producida' por la constelación de poder-saber en la que está sumergida, o, para usar la fórmula de Foucault en Las palabras y las cosas "surge" en la ruptura epistémica en torno a 1800. Las ciencias de la vida como una noción dinámica, sometida a cambios y variaciones y será presentada en este texto a través del pensamiento de Xavier Bichat y de su reinterpretación por parte de Georges Canguilhem: La vida está sometida a un proceso permanente de determinación y de redeterminación. Este constato de la determinabilidad constante y será permanente de la noción de vida va a abrir un nuevo campo de aplicabilidad no sólo para la investigación científica, sino también para las técnicas de poder que se refieren a la vida tomando en cuenta su dinámica propia.

Así se puede observar la ampliación de la noción de biopolítica, que ya no se define únicamente por su referencia a los fenómenos vitales, sino también por su relación intrínseca con estos mismos fenómenos y con su dinámica específica. La biopolítica se adentra y se inscribe dentro de los procesos de la vida y de sus variaciones permanentes. Esta relación a la vez positiva e intrínseca se deja entonces de la forma siguiente: La biopolítica no sólo se refiere a la vida como su objeto, sino que imita la polaridad específica de la vida tal como la introducen las ciencias de la vida en torno a 1800. Las ciencias de la vida no proponen un concepto de la vida, sino que están constantemente definiendo y redefiniendo los procesos vitales, su extensión, su campo de aplicabilidad y sus límites. Así la vida oscila entre dos tendencias fundamentales, una tendencia a la autoconservación, es decir, al establecimiento de un equilibrio homeostático (una concepción organista) y una tendencia a la autosuperación de las normas establecidas (una concepción "vitalista" o "neo-vitalista"). La "vida" tal como aparece en la ruptura epistémica en torno a 1800 oscila entre estas tendencias, contrarias pero a la vez inseparables. La vida es, por lo tanto, un concepto polémico, la vida es polaridad.

La biopolítica debe tomar en cuenta esta polaridad en el interior de los procesos vitales para gobernar la vida: No se refiere ni a una noción de vida puramente biológica, que reduce la vida a su dimensión orgánica, ni tampoco a una vida de auge vitalista sometida a una fuerza vital. Esta última ha der ser diferenciada, como recuerda Canguilhem siguiendo a Bichat, de los principios vitales "clásicos", a saber el ánima de Stahl, el arché de van Helmont el pincipio vital de Barthez como causa primera de los fenómenos vitales. El vitalismo reformulado por Canguilhem y Bichat entiende la fuerza vital al contrario como "un principio permanente de reacción", que es por lo tanto inseparable de su entorno y de su tendencia a constituir un equilibrio interno. La vida es por lo tanto el conjunto polémico de estas tendencias. Es este concepto polémico de la vida, tal como mostraré, que estará a la base de una comprensión ampliada de la biopolítica que imita la doble dinámica de la vida para gobernarla mejor.

Esta definición ampliada de la biopolítica consolida la tesis foucaltiana de la omnipresencia del poder y plantea el problema de las formas de resistencia posibles. Si bien hay que tomar en serio la tesis de la omnipresencia del poder, sobre todo bajo su forma post-soberana, es decir, intrínsecamente ligado a los procesos de la vida y de la sociedad, este no implica necesariamente que no haya resistencia posible contra el poder. Sin embargo, esta resistencia no puede venir de la vida misma entendida de forma positiva como un poder vital. Contrariamente a lo que dice Gilíes Deleuze, Foucault no propone una escapatoria del poder por vía de la vitalidad de la vida, ya que esta vitalidad siempre forma parte del funcionamiento de la biopolítica. Según Foucault, las resistencias al poder se deben articular más bien bajo la forma de "contra-discursos" o "contra-conductas" que aparezcan dentro del poder y deben ser pensados a partir del mismo poder, sin que esta intrincación 'neutralice' su fuerza de resistencia. Esta problemática de la resistencia se esbozará brevemente en la última parte de este artículo.

II. EL NACIMIENTO DE LA BIOPOLÍTICA SEGÚN MICHEL FOUCAULT

Con el fin de proponer una genealogía de la biopolítica presentaré brevemente las distintas ocurrencias de la noción de biopolítica en la obra. Para ello me apoyaré en los trabajos, libros y seminarios de Foucault de la segunda parte de los años 70. La primera aparición del término "bio-política" (aquí todavía con un guión que abandonará en los años siguientes) se sitúa en el último capítulo de su libro La voluntad de saber del año 1976, titulado "Derecho de muerte y poder sobra la vida". Ese mismo año Foucault desarrollará la noción en sus seminarios en el College de France bajo el título En defensa de la sociedad, y continuará sus análisis en los años siguientes (de 1977 a 1979) en dos cursos, Seguridad, territorio, población y El nacimiento de la biopolítica, en el mismo College de France donde se acentuará la oscilación frente a la noción de biopolítica.4

En La voluntad de saber Foucault introduce un poder sobre la vida que distingue del derecho de muerte encarnado por el poder soberano. Este poder sobre la vida se ha desarrollado de dos formas principales que, según Foucault, no son antitéticas, sino que más bien constituyen los dos polos de un mismo cambio del poder que ahora se ve definido por su positividad.5 El primer polo está constituido por las disciplinas -una "anatomo-política del cuerpo humano" que se centra en "el cuerpo como máquina"-6 a las que Foucault ha consagrado una de sus obras principales, Vigilar y castigar, publicada en 1975 junto con sus seminarios del curso 1974/1975, titulados Los anormales.7 El segundo polo del poder sobre la vida -la biopolítica- se desarrolla un poco más tarde, hacia la mitad del siglo XVIII: Es una forma de poder que se centra en el cuerpo-especie, en el cuerpo atravesado por la dinámica de lo viviente y que sirve de soporte para los procesos biológicos.8 Este cuerpo-especie es gobernado gracias a una "serie de intervenciones y controles reguladores: una biopolítica de la población".9

Foucault concluye esta primera presentación de un poder sobre la vida de la forma siguiente:

"Las disciplinas del cuerpo y las regulaciones de la población constituyen los dos polos alrededor de los cuales se desarrolló la organización del poder sobre la vida. El establecimiento, durante la edad clásica, de esa gran tecnología de doble faz -anatómica y biológica, individualizante y especificante, vuelta hacia las realizaciones del cuerpo y atenta a los procesos de la vida- caracteriza un poder cuya más alta función no es ya matar sino invadir la vida enteramente".10

Esta definición presenta la biopolítica como una faz del poder sobre la vida y por lo tanto todavía ligado de forma intrínseca al poder disciplinario. Partiendo de esta primera definición, que se puede considerar como la definición clásica de la biopolítica, quiero mostrar sus variaciones a lo largo del pensamiento de Foucault, con el fin de contrarrestar la reducción de la biopolítica a una simple política cuyo objeto es la vida que ha dado lugar, entre otros efectos, a la generalización del término en su versión (bio-)ética. Como ya se ha dicho, Foucault mismo oscila implícitamente entre dos nociones de biopolítica y pasa de esta noción, que todavía es restringida y ligada a las técnicas disciplinarias, a una noción más amplia que acabará por llamar en sus seminarios de los años 1978 y 1979 gubernamentalidad. En éstos diferenciará las técnicas biopolítica o gubernamentales de manera contundente de las técnicas disciplinarias, al distinguir entre la normacíón disciplinaria que individualiza y la normalización biopolítica que constituye y regula poblaciones en su globalidad. Esta oscilación respecto de una determinación de la biopolítica y de sus técnicas se ha de analizar a la luz del descubrimiento (todavía implícito) por parte de Foucault de las implicaciones de una noción de 'simple vida', entendida como correlato de las técnicas biopolíticas y gubernamentales. Para entender biopolítica en un sentido amplio que permita analizar sus implicaciones para una teoría del poder contemporáneo habrá que partir de dos enunciados.

El primer enunciado atañe a la relación entre política y vida, es decir, de forma concreta a la relación entre las técnicas biopolíticas y los fenómenos de la vida tal como Foucault los presenta: la vida de las poblaciones, su desarrollo demográfico, su estado global de salud o de enfermedad, etc. La hipótesis que quiero defender con respecto a esta relación es la siguiente: Las técnicas biopolíticas no sólo se refieren a la vida en tanto que su objeto, es decir, desde el exterior, sino que imitan o mimetizan la dinámica propia de la vida y se inscriben dentro de los procesos vitales. Imitar se debe entender aquí en el sentido en el que Aristóteles habla del arte como imitación de la naturaleza, que no copia sino que intenta encontrar el sentido de una producción. Así, las técnicas biopolíticas adoptan la lógica interna de la vida como modelo de su funcionamiento y establecen de este modo una relación de exterioridad interna con los fenómenos vitales. Esta relación no ha de confundirse con un modelo orgánico de la sociedad, sino sigue más bien una lógica del "como si": Las normas del biopoder funcionan como si fueran vitales (y no simplemente orgánicas), es decir, toman el funcionamiento vital de los procesos de la vida, que a su vez sigue una doble dinámica de autoconservación y autosuperación, como modelo, exteriorizándolo en normas sociales. La relación entre las técnicas biopolíticas y la vida es por lo tanto doble, ya que la vida es a la vez objeto y modelo de funcionamiento para la biopolítica.

El segundo enunciado atañe a la noción misma de vida que puede servir de objeto y de modelo a las técnicas biopolíticas, es decir, la vida con la que estas técnicas mantienen una relación positiva e intrínseca. Foucault se abstiene de dar una definición de la noción de vida, y se limita a comentar su surgimiento en la ruptura epistémica que tiene lugar alrededor de 1800 de la manera siguiente: "Del punto de vista arqueológico, lo que se establece en aquel momento [1800] son las condiciones de posibilidad de una biología".11 Si la biología era desconocida hasta aquel momento, la razón para ello es simple: "es que la vida misma no existía. Solo existían seres vivos"12 que aparecen dentro de la sistemática de una historia natural. Es por tanto en la ruptura de una forma de saber donde van a surgir las condiciones de posibilidad para pensar la vida y, por lo tanto, "la vida" misma. En Las palabras y las cosas, Foucault introduce esta comprensión de la vida como fundamentalmente abierta a determinaciones por parte de las constelaciones de saber: Las ciencias de la vida operan con una noción de vida indeterminada, sometida a cambios, a errores y desviaciones que se define, ex negativo, por su relación con la muerte, a cuya amenaza está expuesta permanentemente. Esta vida no puede ser determinada de forma fija, sino debe ser entendida como un proceso, como una noción dinámica. Lo que es preciso mostrar en lo que sigue es que las técnicas biopolíticas participan de este mismo movimiento de re-definición de la noción de vida, ya que no se 'enfrentan' a una vida que existe más allá de sus constelaciones históricas de saber-poder, sino que 'invaden' una vida calada por esas mismas técnicas y constelaciones, una vida correlativa que por consiguiente carece de estatuto ontológico, una vida que es indeterminada y abierta a determinaciones y normalizaciones desde el exterior. Por ello, no sólo las condiciones de posibilidad de una biología se establecen en torno a 1800, sino también las de una biopolítica.

La indeterminación de la noción de vida ha dado lugar a varios intentos de remediar a esta indeterminación que se ha entendido como una imprecisión. Entre éstos se encuentran las reinterpretaciones de la biopolítica por parte de Agamben, quien propone una lectura ontologizante de la noción de vida en su concepto de "vida desnuda", y por parte de Antonio Negri, quien adjudica a la vida un "poder vital", es decir, una fuerza de resistencia interna frente a las técnicas del biopoder. Quiero mostrar aquí que, en oposición a estos intentos de concretización de una definición de la vida que no existe en el pensamiento de Foucault, hay que tomar esta indeterminación en serio, ya que en ella radica la agudeza del pensamiento de la biopolítica de Foucault: No se trata ni de un olvido ni de una inexactitud, sino de una indeterminación intencional que se opone por un lado a una interpretación de la vida en términos de su fuerza situándola más allá de las técnicas de poder, y por otro a una reformulación ontológica de esta misma indeterminación en términos de un despojo radical de la vida.

Como ya hemos dicho, la fundamental positividad de la relación entre el poder y la vida, así como la comprensión de la vida como correlato de las constelaciones de poder y saber darán lugar, a lo largo de los análisis de la biopolítica por parte de Foucault, a una ampliación de la comprensión de este mismo poder. Si bien parece que en La voluntad de saber Foucault determina la biopolítica como aquel poder cuyo objeto son los procesos vitales (de una población, es decir, a nivel global), él mismo ampliará esta comprensión en sus seminarios de los años siguientes, ya que allí se concretiza la relación positiva entre vida y poder -la vida ya no es sólo objeto del biopoder sino que las técnicas de este poder mimetizan la doble dinámica de la vida, es decir, establecen con ella una relación de exterioridad interna. La doble relación de la biopolítica con la vida, que es a la vez su objeto y su modelo, y la específica comprensión de la vida que pueda dar lugar a esta doble relación, llaman a un análisis "genealógico" de la biopolítica, es decir, a un análisis de las correlaciones entre las formas de saber y las formas de poder que se cristalizan en un mismo fenómeno: la vida.

III. VIDA DINÁMICA VS. VIDA DESNUDA

Es interesante constatar que Foucault no tematiza la noción de vida salvo en pocas ocasiones, y en ninguna da una definición de lo que habría que entender concretamente por "vida", ni en contextos epistémicos ni en el contexto biopolítico o gubernamental. La vida para Foucault es puro correlato de las formas de poder y saber; es, al igual que el trabajo y el lenguaje, un cuasitranscendental, como dice en Las palabras y las cosas, y no parece precisar un estatuto ontológico propio. Es probable que sea esta indeterminación de la noción de vida en el pensamiento de Foucault la que haya incitado a Agamben en su libro Homo Sacer. El estado de excepción y la vida desnuda a pensar aquella vida a la que se refiere la biopolítica como vida desnuda. Si bien esta interpretación viene a llenar una laguna de la obra foucaltiana respecto a la definición de la noción de vida, desemboca necesariamente en una comprensión restringida de la biopolítica que no deja apreciar las sutilezas de sus mecanismos. Por lo tanto, será preciso mostrar que para entender lo que es la biopolítica para Foucault, no basta con proceder a una determinación cada vez más precisa de la vida que está implicada en la biopolítica, ya que tal intento de determinación supondría un olvido o una imprecisión por parte de Foucault y dejaría de lado el hecho de que esta indeterminación es intencional. Si al contrario se parte de la presunción que la indeterminación de la vida es intencional -si se adopta una noción de vida indeterminada y abierta para determinaciones y normalizaciones desde el exterior como doble correlato de las técnicas biopolíticas- se debe rechazar cualquiera de las interpretaciones 'esencialistas' que se han hecho de la vida en este contexto. Además, estas interpretaciones van en contra de la hipótesis mimética respecto de la biopolítica necesaria para proporcionar una comprensión satisfactoria del funcionamiento de estas técnicas de poder. Porque una vida esencialmente definida, es decir, transhistórica e insensible a las influencias y condiciones externas y por lo tanto inaccesible a cambios y variaciones, no puede servir de modelo a las técnicas biopolíticas presentadas por Foucault, que gobiernan los procesos vitales globales desde su interior.

En lo que sigue quiero distinguir, siguiendo aquí a Esposito, dos tendencias en las interpretaciones de la biopolítica que se cristalizan en una interpretación respectivamente positiva o negativa de la vida, para contrarrestarlas con la comprensión de una vida en términos de dinámica o de normatividad vitales en el pensamiento de Canguilhem que, según quiero mostrar, servirá de modelo a la biopolítica en sentido amplio.

1. Esposito: Una política de la vida

Respecto de las lecturas de los escritos biopolíticos de Foucault, Esposito habla de una "oscilación insuperada entre una lectura positiva y productiva de la relación entre política y vida y otra lectura negativa y trágica"13 que han sido radicalizadas por Negri y Agamben respectivamente. Esposito encuentra la razón de esta oscilación en la originaria separación entre política y vida en el pensamiento de Foucault: De esta separación resulta que los dos polos van a ser conectados ulteriormente y de manera que uno siempre va a ser expuesto a la captación por el otro, ya sea la vida por el poder (Agamben) o el poder por la vida (Negri). En el primer caso esta captación da lugar a un "poder absoluto sobre la vida", en el segundo caso da lugar a un "poder absoluto de la vida". Para ejemplificar esta oscilación escribe Esposito en Bios:

"Si el totalitarismo fuera el resultado de lo que le precede, el poder habría siempre encerrado la vida dentro de una sujeción inexorable. Si fuera su deformación temporal y contingente, esto significaría que la vida es a la larga capaz de vencer todo poder que quiera violentarla. En el primer caso la biopolítica se resolvería en un poder absoluto sobre la vida, en el segundo en un poder absoluto de la vida".14

Esposito mismo reacciona a este clivaje interno del pensamiento foucaltiano de la biopolítica con la introducción de lo que él llama "el paradigma inmunitario", dentro del cual el vector negativo y el vector positivo de la biopolítica encuentran una articulación interna, ya que la inmunización es una forma negativa de protección de la vida:

"Por consiguiente, la negación no es la forma de una sujeción violenta ejercida por el poder desde fuera sobre la vida, sino la manera paradójica por la cual la vida se protege a sí misma al cerrarse contra lo que la envuelve, contra lo otro".15

Esta dialéctica habita toda comunidad, y a la vez la protege e inhibe su desarrollo. Ahora bien, Esposito no permanece en este nivel analítico de la descripción de las estrategias inmunitarias y de su dialéctica interna, sino que propone una escapatoria de esta misma dialéctica. Para ello llama a una relectura de la política a partir de la noción de vida, es decir, a una revitalización de la política que permita enunciar un concepto afirmativo de biopolítica y contrarrestar la reducción de la vida a vida desnuda llevada a cabo por la vertiente tanatopolítica del siglo XX. En último término, dice Esposito, si se piensa la vida en su complejidad irreducible, en la radicalidad de sus cambios y variaciones, lo vital puede ser más que el objeto de la vida; puede ser su sujeto, y así dar lugar a una política de la vida. Esta política afirmativa no se ha de confundir con la disolución de la política en la vida que defienden Negri y Hardt en su interpretación de la biopolítica en Empire16 donde proceden a una redefinición de la terminología foucaltiana en la que "biopolítica" viene a significar una forma de política resistente. Esta política se determina a través de su dimensión productiva y está basada en la positividad y productividad propia de la vida. Este poder de la vida se opone a la forma de poder sobre la vida que es designado por el "biopoder".

Esposito se distancia de esta disolución del poder en la vida, al igual que rechaza la disolución de la vida en el poder, y propone una política de la vida que engloba la paradójica dinámica entre la positividad de la vida (el poder de la vida) y la negatividad del poder (el poder sobre la vida). Hay que superar esta oscilación entre una interpretación positiva y negativa de la biopolítica sin dar paso a la imposición de un término sobre el otro. Concretamente, Esposito propone solucionar la oscilación foucaltiana por medio de la introducción de la noción de inmunidad como articulación interna de la tendencia negativa (la destrucción violenta de la vida por el poder) y de la tendencia positiva (la protección de la vida por su propia fuerza). En el paradigma inmunitario y en analogía con los análisis de Foucault de las técnicas de vacunción la vida se protege al exponerse a su contrario: Para proteger la vida de la muerte, la estrategia inmunitaria implanta o integra la misma muerte dentro de la vida y da lugar a una intrincación y mediación interna de las dos tendencias sin disolver una en la otra.

No obstante, las consecuencias que extrae Esposito de esta afirmación le alinean con el intento de concretizar la noción de vida implícita en el pensamiento de Foucault que llevan a cabo Agamben y Negri. Si bien la estrategia inmunitaria de mediación interna entre la tendencia destructiva y la tendencia productiva no está sin recordar la noción de vida adelantada por Canguilhem como conjunto polémico de una tenedencia de autorregulación y otra de autosuperación que, según quiero mostrar, es el modelo de la biopolítica foucaltiana, Esposito se distancia de los análisis de Foucault al querer encontrar una "escapatoria" de la biopolítica. Es en este sentido que comparte con Negri la afirmación de una política de la vida. Tal determinación de una noción afirmativa de biopolítica -ya sea por la disolución de la política en los procesos vitales (tal como Esposito la atribuye a Negri y de lo cual parece distanciarse) ya sea por la transposición al interior de la vida misma de su dialéctica entre autoprotección y destrucción, tal como propone Esposito para pensar la política a partir de la vida- tiende a rearticular y concretizar una noción de vida que Foucault deja explícitamente sin definir, sino como correlato de las técnicas del poder-saber.

Como ya se ha dicho, esta redefinición y concretización de lo que Foucault deja indeterminado no puede dar lugar a un entendimiento del sentido amplio de la biopolítica. Es por tanto preciso apuntar dos cosas: Primero, que la noción de vida tal como la presenta Foucault, a saber, como correlato de las técnicas de poder-saber, no puede servir de soporte para una fuerza vital que resista al biopoder ni tampoco para una política afirmativa, ya que Foucault se mantiene siempre en una dimensión analítica del poder y no hace propuestas enfáticas sobre "lo político". Segundo, que la particularidad de la noción de biopolítica, tal como la propone Foucault, es justamente de absorber aquellas variaciones y desviaciones de la vida, en las que Esposito ve su potencial afirmativo (no ya el poder de la vida, sino una política de la vida), al integrarlas en un funcionamiento global de la población. Por lo tanto, si la dinámica de la vida es presente en el seno de las estrategias biopolíticas, no constituye un más allá de estas estrategias sino que más bien es parte integrante de la misma.

2. Agamben: La vida desnuda como sustancia biopolítica

La aceptación de un concepto de biopoder omnipresente, que engloba los procesos vitales y los invade hasta en sus más mínimos detalles, no quiere decir sin embargo que se ha de adoptar una postura tal como defiende Giorgio Agamben respecto a la vida desnuda y a la vinculación íntima entre técnicas biopolíticas y estrategias de poder soberano. En Homo Sacer Agamben propone una interpretación de la biopolítica que le lleva a estipular una relación de identidad estructural entre ésta y el poder soberano. En su introducción a este libro, Agamben anuncia que su estudio concierne "la intersección secreta entre el modelo jurídico-institucional y el modelo biopolítico".17 La inclusión de lo que él llama la vida desnuda en el ámbito de lo político constituye el núcleo del poder soberano, cuya "prestación originaria" es "la producción de un cuerpo biopolítico".18 El poder soberano produce espacios de excepción dentro de los cuales toda vida es vida desnuda, despojada de sus cualidades, que Agamben identifica con la "sustancia biopolítica absoluta".19 La afirmación de que existe una relación necesaria entre biopolítica y poder soberano culmina en la conclusión provocadora y bien conocida según la cual "el paradigma biopolítico de Occidente es hoy en día el campo y no la polis (la cité)".20 En el campo, poblado por los homines sacri que pueden ser matados pero no sacrificados, se aunan la excepción soberana hecha regla y el paradigma biopolítico en la producción de vida desnuda. El cuerpo biopolítico producido por el poder soberano se identifica a esta vida desnuda, aquella zoe que, de acuerdo con Aristóteles, se distingue de la vida que conlleva distintas cualidades, el bios. La vida desnuda, según la entiende Agamben, sería algo así como el origen transcendente de la política moderna, y no habría diferencia alguna entre el funcionamiento del poder soberano y las técnicas biopolíticas.

La total desnudez de la vida no admite por consiguiente que ésta sea correlato de formas de saber o de poder distintas de las medidas de excepción soberana: La vida desnuda es la negación de toda cualificación, la vida despojada de sus cualidades, des-nudada, ent-blofit. Es una noción transhistórica, no es un correlato, sino una categoría ontológica. En vez de buscar discontinuidades en la sucesión de las formas de saber y poder, Agamben pretende desvelar aquellos elementos escondidos o invisibles que determinan todas las formas de poder de manera latente. Se trata de una declaración sobre la esencia del poder, que desde siempre y a pesar de la coyuntura epistémica o histórica funciona de la misma forma -a saber, produciendo un estado de excepción y vida desnuda que lo habita.

Que la vida siempre esté expuesta al poder no es algo que Foucault niegue. Ni tampoco que haya interacción entre las técnicas soberanas de excepción y las técnicas biopolíticas. Pero simplemente, para Foucault, esta conjunción es una constelación momentánea, variable e históricamente localizable -por ejemplo en las políticas racistas- y no una necesidad estructural, tal como mostró en los seminarios de 1976.21 El malentendido de Agamben frente a Foucault se hace palpable en su pretensión de que Foucault no se ha dado cuenta del nexo fundamental entre biopolítica y poder soberano que pasa a través de la vida desnuda ya que "su muerte le ha impedido desarrollar todas las implicaciones de la noción de biopolítica".22 Esta observación puede parecer sorprendente, dado que Foucault, como sabemos, dedicó los seminarios que siguieron a la publicación de La voluntad de saber al nacimiento de la biopolítica y a las técnicas de seguridad, en los cuales desarrolló las implicaciones de la biopolítica. Pero en vez de aproximar la biopolítica desde el poder soberano, examina la distancia entre estas dos modalidades del poder, una distancia que se cristaliza en la noción de vida. El hecho de que haya un deslizamiento de la problemática biopolítica hacia las nuevas formas de gubernamentalidad no significa que Foucault haya dejado de interesarse por la biopolítica o que no haya sido capaz de percibir sus implicaciones soberanas. Al contrario, el análisis de la noción de población y de la economía liberal no constituye un desplazamiento sino más bien la continuación y la ampliación del análisis de la biopolítica. Para entender plenamente el sentido de esta afirmación habrá que interrogar el funcionamiento de estas técnicas biopolítico-gubernementales, ya que es aquí donde la relación mimética entre los fenómenos del poder y los fenómenos de la vida cobra todo su sentido.

La vida a la que se refiere la biopolítica, tal como la hemos presentado aquí, no puede ser entendida por lo tanto como una vida desnuda, radicalmente despojada de todas sus cualidades, y que no admite ser determinada de otra forma que negativa; tampoco puede ser identificada con una fuerza vital plenamente afirmativa o a un poder de discontinuidad y de ruptura que se sitúa más allá de las técnicas de poder, ya que también presenta una noción de vida fundamentalmente transhistórica e independiente de las condiciones de su aparición. Más bien, debe ser una noción de vida susceptible de cambiar, abierta a distintas dinámicas, una vida polarizada (por ejemplo, entre una comprensión organicista y una comprensión vitalista), cuya más importante determinación es su indeterminación y su interacción con las influencias externas, con el medio, con las formas de saber y poder que a la vez la constituyen. Tal noción de vida se encuentra, en torno a 1800, en el pensamiento de Xavier Bichat y en su reinterpretación contemporánea de Foucault por parte de Goerges Canguilhem.

3. Canguilhem: La polaridad de la vida

La articulación genealógica de un poder que gobierna los vivos presupone un saber de los vivos. En la coyuntura epistémica en la que surge la biopolítica, este saber se articula en torno a una noción de vida tal como la introducen la medicina, la biología y un cierto pensamiento vitalista a principios del siglo XIX: La vida se define por medio de su fundamental variabilidad, de su posibilidad de errar y desviarse. En este desvío se da a conocer lo que la vida tiene de propiamente vivo, su dinámica vital. En sus Recherches physiologiques sur la vie et la mort de 1800, Xavier Bichat establece en este espíritu una diferencia fundamental entre las ciencias de la vida y las ciencias de la naturaleza: Mientras que las leyes de la naturaleza son "fijas, invariables, constantemente las mismas en todo momento",23 las leyes orgánicas o vitales son variables, irregulares e inestables, ya que su objeto, la vida, está constantemente sometido a variaciones, errores, desviaciones y anomalías.

En su Anatomía general Bichat diferencia de este modo

"dos cosas en los fenómenos de la vida: Io el estado de salud, el estado de enfermedad; la fisiología se encarga de los fenómenos del primer estado, la patología tiene por objeto el segundo. La historia de los fenómenos en los cuales las fuerzas vitales tienen su tipo natural nos lleva a la historia de los fenómenos donde estas fuerzas son alteradas".24

Canguilhem reformulará esta oposición en su obra principal Lo normal y lo patológico del año 1943 como "hecho epistémico fundamental": Si bien puede haber (y hay) una patología biológica, no existe una patología física, química o mecánica, ya que no puede haber alteración en las fuerzas físicas. Mientras que los fenómenos físicos son indiferentes a su entorno, no existe, según Canguilhem, una "indiferencia biológica":

"El hecho de que lo vivo (le vivant) reaccione con una enfermedad a una lesión, a una infección, a una anarquía funcional, traduce el hecho fundamental que la vida [...] es polaridad y por lo tanto creación inconsciente de valores, que la vida es una actividad normativa. Por normativo se entiende en filosofía todo juicio que aprecia un hecho relativo a una norma, pero este modo de juzgar está subordinado a aquél que instituye las normas. En el sentido pleno de la palabra, normativo quiere decir aquello que instituye normas. Y es en este sentido que propondremos hablar de normatividad biológica".25

Canguilhem distingue entre dos sentidos de la norma que él relaciona con dos dinámicas de la vida, una dinámica normal, que tiende a mantener el equilibrio interno del organismo, y una dinámica normativa, que es creación de nuevas normas. La vida es habitada por esta doble dinámica: Es una doble actividad normativa, dado que por un lado se refiere de forma negativa o reactiva a las amenazas del entorno interior y exterior y a sus valores negativos, y por otro es una actividad positiva y creadora que produce su propio entorno y sus propias normas vitales.

La "normatividad vital" se despliega entre estos dos polos, entre la capacidad de la vida de mantener un funcionamiento normal del organismo y su impulso a sobrepasar esta normalidad alcanzada, a ser normativa. La vida normal es la vida normativa, es decir, aquélla que no está satisfecha con el equilibrio interno, sino que de forma permanente pone en duda la normalidad establecida para crear nuevas normas. La normalidad está fundada en la normatividad de la vida: Una vida que se mantiene en su equilibrio sin ponerlo a prueba sería, para Canguilhem, una vida patológica, prisionera de su normalidad y por lo tanto incapaz de ser normativa, es decir vital. Esta noción de vida en su polaridad activa-reactiva sirve de modelo de funcionamiento para un concepto de biopolítica en sentido amplio, es decir, como voy a mostrar en lo que sigue, a las técnicas de poder postsoberanas que engloban y las técnicas biopolíticas y las técnicas de seguridad gubernamental.

IV. BIOPOLÍTICA COMO VIDA

Para Foucault, la biopolítica es una modalidad de poder que sobredetermina en un momento histórico las otras modalidades de poder. Por lo tanto, propone una genealogía del poder que no aspira a desvelar elementos transhistoricos y estructurales o a descubrir un momento originario y fundador del poder en general, sino a analizar constelaciones concretas de poder-saber como condiciones de posibilidad de la constitución y de la imposición de regímenes de gobierno específicos. En vez de hablar del poder o de la política de la vida, o del poder sobre la vida, Foucault acabará hablando en sus seminarios de los finales de los años 70 de un gobierno de los vivos {gouvernement des vivants), para marcar la relación indisoluble entre poder y vida que sin embargo no lleva a la disolución ni de la vida ni del poder, sino a su necesaria intrincación. Por lo tanto, también habría que decir que la expresión misma 'poder sobre la vida', tal como Foucault presenta la biopolítica en La voluntad de saber, es ambigua, ya que todavía propone una exterioridad entre los procesos de la vida y del poder. No será hasta los seminarios sobre la gubernamentalidad cuando se resolverá plenamente esta ambigüedad en lo que venimos llamando el sentido amplio de biopolítica, es decir, en un poder que siempre está internamente ligado a la vida que adopta como modelo de funcionamiento: un gobierno de la vida.

Adoptando esta comprensión amplia de la biopolítica, Foucault evita lo que él llama en el seminario del día 7 de marzo de 1979 una "reducción" de las distintas formas de poder, a saber "la reducción del análisis de la seguridad social y del aparato administrativo que le subyace a un análisis de los campos de concentración mediante unos pocos desplazamientos y unas palabras con cuyo sentido se juega. Y la especificidad que exige el análisis se diluye en esta transición de la seguridad social a los campos de concentración".26

Para evitar esta disolución de la especificidad del análisis y para evitar diluir las diferencias que existen entre los mecanismos del estado de bienestar y los campos de concentración en un concepto de poder transhistórico y borroso, hay que analizar las singularidades concretas que correspondan a las distintas modalidades del poder.27

La hipótesis central del presente texto es que una noción amplia de la biopolítica es aquella cuyas técnicas se refieren de manera doble a la vida, no sólo como su objeto sino también como su modelo de funcionamiento.28 Esto quiere decir que las normas biopolíticas no sólo se aplican a fenómenos de la vida, sino que además mimetizan su dinámica, es decir, su doble normatividad tal como la presenta Canguilhem siguiendo a Bichat.

Esta hipótesis viene a confirmarse en los ya citados seminarios que Foucault da en los años 1978 y 1979 en el College de France subtitulados Historia de la gubernamentalidad. En ellos Foucault habla de las técnicas de biopolítica bajo el nombre de "técnicas de seguridad" que funcionan según el mismo esquema, el de la normatividad biológica. Con el fin de regular, controlar y gobernar la vida mejor, las técnicas de poder adoptan la dinámica inmanente de la vida y la exteriorizan, transponiéndola a las normas sociales. Este mecanismo se deja observar en los ejemplos que da Foucault del funcionamiento de las normas de seguridad que prevén las posibilidades vitales y las dejan autocontrolarse y autorregularse para que se autoconserven. Así, las vacunaciones contra la viruela siguen ese mismo principio, y sus técnicas puramente empíricas se basan en dos estrategias fundamentales para el funcionamiento biopolítico: Primero toman en cuenta el fenómeno en su realidad misma (a través de las estadísticas); y segundo incorporan o imitan la dinámica de su objeto de referencia.

La primera estrategia que las técnicas de vacunación toman prestada del funcionamiento biopolítico es su relación a la realidad empírica del fenómeno en cuestión, en este caso la epidemia, o concretamente la viruela: Las técnicas de vacunación se desarrollan en una relación de doble dependencia con las investigaciones estadísticas que indican, primero, cuáles son los grupos de población de alto riesgo y, segundo, fijan por escrito los éxitos de las técnicas de vacunación al reflejarlas en las curvas de mortalidad.

De esta forma se procede a lo que Foucault llama la normalización, que él distingue en el seminario del 25 de enero de 1978 de la normación disciplinaria. Esta última presupone un carácter puramente prescriptivo de la norma que está a la base de la definición de lo normal y de lo anormal. Los fenómenos se ven sometidos a la norma, son normados (normes).29 La normalización, por lo contrario, es un proceso dinámico y variable, y su norma es "un juego al interior de las normalidades diferenciales".30 El proceso de normalización abarca a la vida en su realidad misma, es decir, en su multiplicidad vital como entidad autorreguladora y autocreadora cuya dinámica interior encuentra su origen en los desvíos permanentes frente a las situaciones dichas 'normales'. Así escribe Foucault: "Lo normal es lo primero, y la norma se deduce de ello, o [en otras palabras] la norma se establece y desempeña su papel operativo justamente a partir de este estudio de normalidades".31 Y, como añade en una nota a pie de página: "La operación de normalización consiste en poner en juego diferentes distribuciones de normalidad en relación a otras".32

La segunda estrategia es la relación mimética que establecen las técnicas de poder con su objeto: Al estar la eficiencia de las técnicas de seguridad basada en la realidad misma de los fenómenos, es fundamental tomar en cuenta su dinámica propia. Así el principio de la lucha contra la viruela por medio de la vacunación es asegurar la salud al producir la enfermedad, es decir, al desencadenar en el cuerpo su autoinmunización. Un cuerpo sano es aquél que se protege de una posible enfermedad al iniciar un proceso inmunitario que ha sido provocado por la inyección, de tal forma que el fenómeno se suspenda a si mismo".33 Estas técnicas corresponden a un modelo de funcionamiento que no se basa en la negación, sino más bien en la captación de la dinámica de un fenómeno vital en su realidad misma que lucha para restablecer su equilibrio interno cuando éste se ve amenazado. La inmunología es el ejemplo más palpable de este mecanismo, pero también la lucha contra la hambruna y la teoría económica de los fisiócratas responden a esta misma dinámica del laísser-faíre.

Ahora bien, para entender como se generaliza este modo de funcionamiento del poder habrá que tomar en cuenta la emergencia de lo que Foucault llama un "personaje político absolutamente nuevo",34 la "población" como un "conjunto de procesos que hay que gestionar en lo que tienen de natural y a partir de lo que tienen de natural".35 Esta población, dice Foucault, "se extenderá desde el arraigamiento biológico por la especie hasta la superficie ofrecida por lo público. Desde la especie hasta lo público hay todo un campo de realidades nuevas -nuevas en el sentido de que son, para los mecanismos de poder, los elementos pertinentes, el espacio pertinente en cuyo interior y a cuyo propósito habrá que actuar".36

Las normas que existen en el interior de este dispositivo de seguridad no se refieren a un sujeto de derecho ni tampoco a un individuo disciplinario, sino a esta realidad nueva que es la población y que funciona como punto de intersección entre las normas vitales en sus aspectos autorregulativo y creativo y las normas sociales del poder que las imitan: "El juego incesante entre las técnicas de poder y su objeto poco a poco ha recortado en lo real y como campo de realidad la población y sus fenómenos específicos".37

Un año antes, en los seminarios titulados En defensa de la sociedad, Foucault ya había introducido la población como concepto fundamental para la biopolítica, ya que, en analogía a la noción de vida de Canguilhem, la población es sometida a variaciones, errores y azares. La población es un agregado a la vez natural, es decir vital, y social, es decir, producido por y sometido al poder. En este sentido, la tarea de la biopolítica (y de la gubernamentalidad) es introducir mecanismos de regulación

"que sean capaces de establecer dentro de esta población global con su carácter azaroso un equilibrio, de mantener una medida media, de establecer una forma de homeostasis y de garantizar una compensación. Se trata de establecer mecanismos de seguridad alrededor de este momento azaroso que es inherente a una población de seres vivientes para optimizar la vida".38

El juego azaroso, la dinámica vital, el elemento aleatorio de la vida debe ser enmarcado por las técnicas de poder postsoberanas, que si bien le permiten una aparente libertad, siempre lo hacen dentro de ciertos límites (que pueden llegar a ser muy amplios) que no se pueden sobrepasar. Si estos límites son transgredidos, la normalización 'liberal' se vuelve normacion disciplinaria, y la ilusión de libertad se desvela siendo nada más que la inscripción siempre creciente de la vida en los mecanismos de poder. Las técnicas de poder postsoberanas están atrapadas en el ciclo eterno de absorción de la normatividad vital, de manera que ésta es reducida a simple normalidad. Así el poder patologiza la vida en el sentido definido por Canguilhem: La reduce a su normalidad. Cuando el surplus de fuerza vital crea un desorden en la forma de poder, la vitalidad de la vida debe ser disuelta en el equilibrio interno, reduciendo lo vital a lo normal, que así se hace gobernable. Por lo tanto, la biopolítica y las formas de gubernamentalidad comparten una doble relación con los fenómenos de la vida que gobiernan y cuya dinámica propia imitan y transponen a las normas de poder, que a su vez funcionan como si fueran vitales para así gobernar la vida desde su interior y por lo tanto de forma más eficaz. La fuerza vital no es más que un elemento orgánico de la biopolítica que, al imitar la dinámica vital, imita el juego polarizado entre la creación y la conservación de los procesos vitales.

V. VIDA Y RESISTENCIA

La cuestión que se plantea inevitablemente con esta lectura de la noción de biopolítica en la obra de Foucault es la pregunta por una escapatoria posible frente a tal forma de poder positivo y omnipresente. ¿Cuáles son los modos de resistencia posibles frente a las técnicas de la biopolítica, y cuáles propone Foucault? Para contestar la segunda pregunta, primero hay que decir que Foucault no trata explícitamente la cuestión de la resistencia en relación al biopoder si no es para desvelar su intrincación cuasiorgánica con el poder mismo. Así, presenta la identificación de la simple afirmación del sexo con la resistencia al poder como una ilusión creada por el poder mismo: La presunta revolución sexual, así se puede resumir una de las tesis fundamentales del libro, no significa la liberación del sujeto dominado sino su mayor inscripción en las técnicas del poder. De la misma manera hay que entender el breve análisis que hace Foucault del derecho a la vida, inconcebible para las estrategias jurídico-soberanas de poder, y correlato de la total ocupación de la vida por el poder. Este derecho a la vida, al cuerpo, a la salud, a la felicidad, a la satisfacción de las necesidades, que parece ser una respuesta al poder sobre la vida y una protección frente a este poder, es en último término un componente orgánico del mismo.39 El derecho a la vida y sus derechos adyacentes (que se deslizan hacia el imperativo a vivir) canalizan una resistencia aparente que en realidad sigue las vías trazadas por el mismo poder, es decir, que forma parte orgánica de la estrategia biopolítica.

Frente a estas alternativas erróneas remite al lector en unas pocas líneas de La voluntad de saber "a los cuerpos, los placeres, los saberes en su multiplicidad y su posibilidad de resistencia".40 Esta enunciación un tanto imprecisa da pocas pistas para entender lo que podría ser una resistencia al poder, pero ha dado lugar a varias lecturas positivas del 'último' Foucault, ligando una aparente ruptura en la teoría del poder (entre biopolítica y gubernamentalidad) al tercer desplazamiento teórico hacia las tecnologías del sí y una vuelta al sujeto en los dos últimos tomos de la Historia de la sexualidad.'41

No podemos adentrarnos aquí más en esta compleja problemática de una relectura del último Foucault a la luz de una presunta vuelta al sujeto. Sería preciso mostrar que esta vuelta al sujeto no constituye una respuesta política al dilema del poder en el pensamiento de Foucault.42 Por falta de tiempo, simplemente quiero apuntar aquí una pista fundamental que da Foucault para pensar la resistencia en términos de contraconductas. Estas se desarrollan dentro de un paradigma de poder omnipresente como es aquel de la biopolítica y de la gubernamentalidad y no constituyen su borde exterior.

En su relectura de la obra de Foucault Deleuze escribe, respecto a su teoría de poder, lo siguiente:

"Cuando el poder se vuelve biopoder, la resistencia viene a ser poder de la vida, poder vivo que no se deja encerrar en especies, en un medio o en las órbitas de este o aquel diagrama. La fuerza que ha venido desde el exterior: ¿no sería una idea específica de la vida, un cierto vitalismo, en los que culmina el pensamiento de Foucault?"43

Deleuze afirma aquí la existencia de una fuerza vital positiva en la vida que es fundamentalmente resistente y no se deja captar por las técnicas biopolíticas. Con esta afirmación no sólo identifica el soporte de la resistencia con la vida, que es, como hemos visto, una operación inadmisible para Foucault, sino que sobre todo localiza la resistencia al poder en el exterior de ese mismo poder, en una fuerza que viene desde fuera. Con ello Deleuze deja de lado dos puntos cruciales en la analítica del poder de Foucault: Por un lado, no concibe que la biopolítica adopta la dinámica de la vida, y que, por consiguiente, la resistencia vital se encuentra necesariamente en una proximidad más que peligrosa con la dinámica del poder; por otro, no toma en serio la ubiquidad del poder postsoberano que se ha adentrado en la vida de la población, en la sociedad, en aquellos espacios que tradicionalmente habían sido reservados a la vida no-política, los espacios privados, la intimidad del hogar, las relaciones sociales.

Respecto al primer punto, la productividad de la vida que se encuentra en el centro de la mira en esta interpretación de Deleuze parece a primera vista estar cerca de la noción de vida normativa de Canguilhem. Sin embargo, tal analogía olvida que la noción de vida que sirve a la biopolítica de modelo es una noción doble, polarizada entre dos tendencias y que no absolutiza un polo de la misma: Según Canguilhem, no hay autorregulación sin autosuperación, y viceversa. La homeóstasis se produce gracias a los desvíos del organismo, pero estos desvíos no se reducen a una pura dimensión orgánica, sino que transgreden el ciclo de autoequilibrio del organismo. La noción de vida es doble porque está fundamentalmente determinada por esta polaridad. El poder sobre la vida, en sus formas biopolítica y gubernamental, se refiere a la vida en su polaridad, es decir, abarca las dos dimensiones -orgánica y vital- de la vida. Por lo tanto, la fuerza vital no es una alternativa al poder sino un momento del mismo. No hay exterioridad al poder; pero, como dice Foucault, esto no quiere decir que no haya resistencia posible, simplemente ésta ha de ser pensada de forma distinta. Así, para Foucault, las tácticas productoras de desvíos han de ser entendidas como un paso más hacia la inscripción de la vida en el seno del poder postsoberano que adopta los rasgos de una democracia inmunitaria, es decir, de un poder que tiende a inmunizar la vida en su totalidad, inscribiéndola en las formas de poder hasta tal punto que la producción de diferencias es la última vuelta de este mismo poder.44

Precisamente el funcionamiento del biopoder que imita la dinámica de la vida tal como se ha presentado aquí hace transparente esta afirmación. La operación gubernamental del biopoder consiste en reducir el potencial normativo de la vida a su equilibrio normal desde el momento que este potencial dinamico-normativo tiende a transgredir los límites admisibles para el buen funcionamiento de la gubernamentalidad, o, para mantener la metáfora biológica, cuando la fuerza creadora y la tendencia a la autosuperación superan la tendencia autorreguladora y de autoconservación (homeostática) de la vida. La biopolítica en su comprensión amplia se caracteriza por su capacidad de hacer frente a esta doble dinámica que es efecto de la doble noción de vida autorreguladora y transgresiva. Por consiguiente, no se puede hablar de un poder de la vida que se impone o sobrepasa al poder sobre la vida, ya que estas dos dimensiones son inseparables. La biopolítica deja libre juego a las tendencias creadoras de la vida siempre y cuando se puedan integrar en el equilibrio global de la población. Si sobrepasan los límites de la integrabilidad y amenazan con volverse ingobernables, su normatividad ha de ser reducida a su normalidad en defensa de la sociedad.

Respecto al segundo punto habrá que tomar en serio la afirmación de Foucault según la cual no puede haber una exterioridad al poder, en que igualdad, libertad y resistencia se situarían, y contrarresta la afirmación de una fuerza resistente que venga desde fuera del poder. Si bien Foucault se abstiene de defender una postura política en sus obras principales, sí lo hará en escritos, entrevistas y panfletos publicados en los Dits et Ecrits de forma postuma, que para Deleuze eran "la otra parte del pensamiento de Foucault", donde se podían trazar "líneas de actualización" que necesitan de una forma de expresión distinta de los grandes libros: "Son diagnósticos"45 Es en estos diagnósticos, sobre todo aquellos relacionados con su actividad en torno al Groupe d'information sur les prisons (G.I.P.), que Foucault propone una postura política afirmativa. Esta postura o este gesto político o de resistencia está siempre intrínsicamente ligado a las estrategias del poder.

Asi responde Foucault en una entrevista que le hace Jacques Ranciere en el año 1977 para la revista Les Revokes logiques:

"No hay relaciones de poder sin resistencias; aquellas son tanto más reales y más eficientes cuanto que se forman allí mismo donde se ejercen las relaciones del poder; la resistencia al poder no ha de venir desde fuera para ser real, pero no está cogida en la trampa porque es la compatriota del poder. Existe tanto más cuanto que está en el mismo lugar que el poder".46

La cuestión de la resistencia no se puede plantear fuera del análisis de las formas de poder; y han de ser planteadas bajo la forma de contra-conductas y de contra-discursos. No puede haber una "exterioridad del poder" en la analítica foucaltiana; la resistencia al poder está intrincablemente ligada a la dinámica misma del poder (sin por lo tanto desaparecer como resistencia), e inicia la interminable espiral de las estrategias de poder y de las contraconductas a estas estrategias. Estas contraconductas o contradiscursos no pueden por consiguiente venir de los intelectuales que desvelan las condiciones ideológicas en las que viven aquellos que están expuestos a las estrategias del poder. Tienen que venir más bien de aquellos mismos que están implicados, captados por el poder mismo. Así escribe Foucault respecto a su trabajo con el G.I.P.:

"Cuando los prisioneros empezaron a hablar, tenían su propia teoría de la prisión, del castigo, de la justicia. Lo que realmente importa es este discurso contra el poder, un contradiscurso expresado por los prisioneros (...) y no un discurso sobre la criminalidad".47

La resistencia al poder no viene de una teoría sobre la exclusión social, sino es ella misma una "teoría" que para Foucault es una "práctica no totalizadora, local y regional": Una "prise de parole"48 de aquellos que están implicados por el poder. Se han de establecer las condiciones sensibles, una distribución de lo sensible, para hablar con Jacques Ranciere,49 en la que sea posible oír este contradiscurso, percibir las contraconductas, que han de venir necesariamente desde dentro de las mismas estructuras de poder. Crear un espacio, un "escenario", donde esto sea posible, donde contradiscursos y contraconductas puedan aparecer, es un gesto político.


Notas:

1 Para esta discusión ver, entre otros, Geyer (2001) y la crítica de una eugenesia liberal por parte de Jürgen Habermas en Habermas (2005).

2 Para una visión de conjunto de la historia de la noción de biopolítica en el ámbito del pensamiento político hasta Foucault véase el primer capítulo de Bios de Roberto Esposito, intitulado "El enigma de la biopolítica", y aquí sobre todo el primer apartado "Bio/política". Cf. Esposito (2004: 3-16).

3 Foucault (1976:181).

4  Cf. Foucault (1976,1997, 2004a, 2004b). Estas notas se refieren a las ediciones originales francesas de las obras de Foucault. Las citas son traducidas por mí.

5 Cf. Foucault (1976: 182s).

6 Foucault (1976: 183).

7 Cf. Foucault (1975, 1999). Si bien el tema del seminario sobre Los anormales es el funcionamiento del poder disciplinario bajo su forma psiquiátrica, se puede apreciar aquí de manera más clara que en Vigilar y castigar el paso de la disciplina a la biopolítica. Por ello se puede decir que con Los anormales Foucault empieza su investigación del nacimiento de las formas de la biopolítica.

8 Cf. Foucault (1976: 183).

9 Foucault (1976: 183).

10  Foucault (1976: 183).

11  Foucault (1966: 281).

12 Foucault (1966:135).

13 Esposito (2008: 9).

14 Esposito (2004: 38).

15 Esposito (2008:10). Este mismo razonamiento está desarrollado de forma más extensa y elaborada en Esposito (2004: 41ss).

16 Cf. Hardt/Negri (2000: 47ss).

17 Agamben (1998:16).

18 Agamben (1998:16).

19 Agamben (2003: 41).

20 Agamben (1998:195).

21 Cf. Foucault (1997: 213-235).

22 Agamben (1998:14).

23 Bichat (1994: 121).

24  Bichat (1994a: 232).

25 Canguilhem (1966: 77); (yo subrayo, MM).

26 Foucault (2004a: 193).

27   Esto no significa que no haya interacciones entre los distintos regímenes de poder y que sus límites respectivos estén claramente trazados. Foucault no establece un tipología clara del poder sino que identifica distintas estrategias o prácticas del poder que se impongan sobre otras, las sobredeterminen, sin por lo tanto hacerlas desaparecer. Véase al respecto la entrevista con Ducio Trombadori del año 1980 donde Foucault propone un análisis genealógico de los campos de concentración, "uno de los instrumentos más importantes de los regímenes totalitarios" cuyo origen, sin embargo, sitúa en Inglaterra, "país poco susceptible de tendencias totalitarias". Foucault (2001b: 910). Para Foucault, esto es un ejemplo de la "transposición de una técnica de poder" posible e incluso necesaria. Foucault (2001b: 910). Así la coincidencia entre biopolítica y poder soberano no releva de una identidad estructural, sino de una complicidad de las prácticas, de las tecnologías de poder y de los dispositivos de normalización. Lejos de negar las posibles conexiones entre los regímenes, simplemente quiero subrayar que hablar de una identidad estructural no permite llevar a cabo un análisis concreto y específico de los distintos dispositivos de poder, de sus técnicas pero también de sus efectos en la sociedad.

28 He desarrollado esta hipótesis de forma más extensa en mi libro Una Genealogía de la biopolítica. La noción de vida en Foucault y Canguilhem. Cf. Muhle (2008).

29 Cf. Foucault (2004a: 58s).

30 Foucault (2004a: 65).

31 Foucault (2004a: 65).

32  Foucault (2004a: 65).

33 Foucault (2004a: 61).

34  Foucault (2004a: 69).

35 Foucault (2004a: 72).

36 Foucault (2004a: 77).

37 Foucault (2004a: 80).

38 Foucault (1997: 219).

39 Lemke (2007: 67).

40 Foucault (1976: 208).

41 Cf. Foucault (1984:13).

42 Me permito remitir a mi artículo "Tlebejischer' Widerstand vs. 'lebendige Macht'". En Virtualitát und Kontrolle. Hamburgo: Textem. 2009, así que a los trabajos de Martín Saar y Philipp Sarasin que, a partir de perspectivas distintas, leen las prácticas del sí de Foucault como una vuelta al sujeto y un "antídoto al poder". Cf. Saar (2007) y Sarasin (2005).

43   Deleuze (1986: 129).

44 Véase para la noción de democracia inmunitaria Brossat (2003).

45   Deleuze (2003: 325).

46   Foucault (2001b: 425).

47 Foucault (2001a: 1176).

48 Foucault (2001a: 1176).

49 Ver Ranciere, Jacques. La Mésentente. Paris: Galilee 1995.

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Maria Muhle Estudió filosofía y ciencias políticas en Madrid y París. Tesis en filosofía y ciencias de la cultura en Paris y Frankfurt/Oder. Academic Assistant at the Chair for History and Theory of the Artificial Worlds, Institute for Media Studies, Bauhaus-Universitat Weimar. [E-mail: maria.muhle® medien.uni-weimar.de]

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