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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) vol.32 no.3 Santiago  2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2012000300015 

REVISTA DE CIENCIA POLÍTICA / VOLUMEN 32 / N° 3 / 2012 / 753 - 756

RECENSIONES

John P. McCormick (2011), Machiavellian Democracy

(New York: Cambridge University Press)

 

HUGO TAVERA
Pontificia Universidad Católica de Chile.


 

Machiavellian Democracy nos demuestra, una vez más, que leer hoy a Maquiavelo no es un anacronismo. El mérito de McCormick es que consigue lo anterior sacando a la luz una interpretación alejada de los cánones y convencionalismos de la reflexión política vinculada a la obra del florentino. En efecto, el Maquiavelo que este libro nos presenta no es el pensador amoral fundador de la modernidad política -lectura sostenida por Leo Strauss y sus seguidores-, así como tampoco uno de los exponentes ilustres de la tradición del republicanismo -interpretación defendida por los autores pertenecientes a la llamada Escuela de Cambridge. No es tampoco aquel que sospecha de toda forma de gobierno (arche) privilegiando en cambio aquellos "momentos democráticos" en los que se expresaría el deseo del pueblo de no ser gobernado (anarche). Según McCormick, a diferencia de lo que proponen estos esquemas de interpretación, Maquiavelo fue, por su énfasis en la participación activa del pueblo en el gobierno, un pensador populista y profundamente antielitista.

Sobre este último aspecto, ciertamente, hasta hace no mucho tiempo el nombre de Maquiavelo parecía consagrado, en todos los idiomas, a expresar los desvíos y las fechorías de la política más astuta, criminal incluso. De hecho, es posible que buena parte de su notoriedad provenga del hecho de habérsele asociado con consejos nada piadosos acerca de cómo un Principe puede manipular al pueblo con el objeto de mantener su dominio politico. Para McCormick, sin embargo, una lectura más atenta de su obra, y en particular de Los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, sugeriria justamente lo contrario. Asi pues, de acuerdo a este autor, la ensenanza más original transmitida por el pensador florentino, y hasta ahora pasada por alto por los comentadores y criticos de su obra, no seria cómo manipular al pueblo sino más bien cómo controlar a las elites. La principal pretensión de Machiavellian Democracy es por lo tanto resucitar para nuestra época la lección olvidada de Maquiavelo, esto es, que "los recursos de los ciudadanos ricos y la amplia discrecionalidad que poseen los titulares de cargos públicos representan las principales amenazas a la libertad en una república" (viii-ix).

Al proponer esta original interpretación McCormick hace dialogar de un modo bastante sugerente el pensamiento y las preocupaciones de Maquiavelo con las de la teoria democrática contemporánea. Nada más actual en este sentido que el desvelo que provoca a algunos teóricos de la democracia la cuestión de la accountability. Sobre esto, no resulta exagerado afirmar que las democracias representativas contemporáneas están siendo acosadas desde hace tiempo por una crisis de accountability politica. Las elecciones, el mecanismo privilegiado de control politico en las democracias representativas, últimamente han venido siendo juzgadas insuficientes para inducir a los representantes a actuar en conformidad con los intereses de sus representados (Przeworski, Stokes and Manin 1999; Stokes 2001). Se ha demostrado, asimismo, su incapacidad para mitigar la influencia de los recursos de las elites socioeconómicas en la toma de decisiones politicas. McCormick senala ya desde temprano en su libro que Maquiavelo consideraba que, junto a los mecanismos de selección y representación, la participación directa del pueblo en el gobierno era fundamental para llevar a cabo un adecuado control de las elites. Según McCormick, para el autor de Los Discursos no era posible contener las ambiciones politicas de las elites ni hacerlas responsables ante el pueblo a través de las elecciones únicamente. Se requeria para ello de mecanismos y arreglos sociales extra-electorales que al mismo tiempo facilitaran la participación directa del pueblo en los asuntos de la república. Sin duda uno de los aspectos más relevantes de la interpretación de McCormick acerca del florentino es que, de acuerdo al primero, Maquiavelo habria vinculado estrechamente la capacidad para controlar a las elites con una participación activa, feroz acaso podriamos decir, del pueblo en los asuntos de la ciudad.

Machiavellian Democracy se divide en tres partes. En la primera McCormick expone algunas consideraciones generales, expuestas por Maquiavelo en El Príncipe y en Los Discursos, acerca de la naturaleza y roles respectivos de la elite y el pueblo en una ciudad. Como se sabe bien, Maquiavelo sostenia que toda ciudad o república está compuesta por dos humores (umori) contrapuestos y encarnados por grupos sociales bien diferenciados: los Grandi y el popolo.1 En oposición a los historiadores clásicos y escritores de su tiempo Maquiavelo no caracteriza a los Grandi en términos de su probidad moral o de sus logros meritorios. Al contrario, acerca de los Grandes lo que importa desde el punto de vista politico, pensaba Maquiavelo, es que poseen un gran deseo de dominar al popolo. El deseo principal del pueblo es, en cambio, el de no ser dominado.

Evidentemente, estas consideraciones no dejan de tener consecuencias sobre el tipo de rol que según Maquiavelo debiera tener cada clase en el gobierno de una ciudad. En efecto, según McCormick, cuando Maquiavelo discute esto en Los Discursos advertia que los Grandi no debian tener un rol prominente. Otra vez en contraposición a la sabiduria clásica, que propugnaba que en una república bien ordenada los nobles debian ejercer el liderazgo politico -incluso en aquellos regimenes de constitución mixta constituidos tanto por elementos aristocráticos como populares-, Maquiavelo fue el primero en asignar al pueblo lo que él mismo consideraba el rol politico fundamental, esto es, el de guardián de la libertad. Esta idea está expresada claramente en Los Discursos: "de modo que, si ponemos al pueblo como guardián de la libertad, nos veremos razonablemente libres de cuidados, pues, no pudiéndola tomar, no permitirá que otro la tome" (I, 5). Todo lo anterior explicaria, según McCormick, que Maquiavelo considerara a Roma como su modelo, pues el florentino entendia que ésta habia sido una república ordenada de este modo.

Siguiendo las consideraciones de los primeros capitulos en la segunda parte del libro McCormick comenta criticamente los arreglos sociales e institucionales, alternativos a los basados en elecciones, que Maquiavelo propugnaba en orden a contener el poder y la ambición de las elites. Esta parte del libro contiene un examen de las instituciones de distintas repúblicas, en particular Roma, a través de la lente de los análisis del propio Maquiavelo presentados sobre todo en Los Discursos. A pesar de la dificultad que representan Los Discursos para cualquiera que se acerque a ellos con la pretensión de separar sus consideraciones normativas de las descripciones históricas, un análisis detenido de este libro, como el que avanza McCormick, es capaz de extraer conclusiones interesantes acerca del tipo de orden constitucional preferido por Maquiavelo. Como lo sabe cualquiera que haya leido Los Discursos, Maquiavelo creia que todas las leyes que se hacen en favor de la libertad en una república nacen de la desunión entre los Grandes y el pueblo. Tomando esto como punto de partida McCormick avanza la conclusión de que una república debe estar ordenada de modo tal que permita la expresión abierta de la rivalidad entre las distintas clases sociales. Es desde este vértice óptico que McCormick interpreta muy detalladamente instituciones especificas de clase, en especial los tribunos de la plebe en Roma o los provosts que Maquiavelo proponia para la Florencia de su tiempo, asi como otros arreglos y mecanismos institucionales tratados por el florentino en varias partes de su obra, como el método de selección de cargos públicos por sorteo, las acusaciones públicas y los juicios politicos.

En la tercera parte McCormick distingue su interpretación sobre la obra del florentino de la que proponen los teóricos neo-republicanos, en particular de la de Philip Pettit. Para decirlo rápidamente, según McCormick, la teoria politica de Maquiavelo es más radicalmente democrática y anti-elitista que lo que se conoce comúnmente bajo el nombre de republicanismo. Desde este punto de vista, si bien el proyecto teórico de Pettit (1999, 2000) tiene la pretensión de ofrecer expresión filosófica al deseo de no ser dominado imputado al pueblo por Maquiavelo, su denegación del rol fundamentalmente activo que tiene el pueblo en el pensamiento del florentino senala una diferencia para nada menor entre la democracia maquiaveliana y el republicanismo de Pettit. Finalmente, el capitulo que cierra el libro realiza algo a lo que pocos autores en general se arriesgan. En este capitulo McCormick propone las caracteristicas principales de instituciones de "elite-accountability" para la Constitución de Estados Unidos. Si bien presentadas en términos muy tentativos y para nada exhaustivos, estas recomendaciones son consistentes con el espiritu anti-elitista de Maquiavelo presentado en los capitulos interpretativos previos del libro. En este sentido, estas propuestas pueden funcionar como un buen punto de partida para la discusión en torno al diseno de propuestas institucionales que fortalezcan los mecanismos de rendición de cuentas en las democracias contemporáneas.

En suma, Machiavellian Democracy es un libro que reabre el debate en torno al pensamiento de Maquiavelo trayendo a la luz aspectos no considerados anteriormente por comentadores y estudiosos de su obra. Al mismo tiempo, debido a su atención sobre los aspectos institucionales de los regimenes populares, es un libro con el cual los cientistas politicos y los teóricos de la democracia no podrán evitar confrontarse. Por si esto fuera poco, Machiavellian Democracy está escrito en un modo bastante claro que hace que su lectura no sea dificil, incluso para aquellos que no estén muy familiarizados con la obra del florentino. Todo esto convierte a Machiavellian Democracy en un libro actual y muy oportuno que debiera ser leido no sólo dentro sino también más allá de los muros de la academia.

NOTAS

1Los humores son deseos o inclinaciones politicas que caracterizan a los dos grupos principales de la ciudad y que establecen las bases de sus mutuas relaciones politicas.

REFERENCIAS

Maquiavelo, N. 2000. Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Madrid: Alianza.         [ Links ]

Pettit, P. 1999. Republicanismo: una teoría sobre la libertad y el gobierno. Barcelona: Paidós.         [ Links ]

Pettit, P. 2000 "Democracy, Electoral and Contestatory". En Designing democratic institutions. Shapiro, I.; Macedo, S. New York: New York University Press.         [ Links ]

Przeworski, A.; Stokes, S.; Manin, B. 1999. Democracy, accountability and representation. Cambridge: Cambridge University Press.         [ Links ]

Stokes, S. 2001. Mandates and democracy: neoliberalism by surprise in Latin America. Cambridge: Cambridge University Press.         [ Links ]


Hugo Tavera. Actualmente es estudiante del doctorado en Ciencia Politica de la Pontificia Universidad Católica de Chile. E-mail: hdtavera@uc.cl

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