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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) vol.35 no.1 Santiago  2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2015000100007 

Artículos

 

La Ciencia Política en Uruguay: Entre la profesionalización, la partidización y el fantasma del "Movimiento Perestroika"*

Political Science in Uruguay: Between Professionalization, "Partidización" and the Specter of "Perestroika Movement"

 

ADOLFO GARCÉ

Instituto de Ciencia Política, Universidad de la República

CECILIA ROCHA CARPIUC

Instituto de Ciencia Política, Universidad de la República

* Agradecemos a todos quienes nos ayudaron a recopilar la información que presenta el artículo: Manuela Abraham, David Altman, Juan Bogliaccini, Diego Luján, Andrés Malamud, María Ester Mancebo, Rafael Piñeiro, Nicolás Schmidt, Daniela Vairo y a la Unidad de Asesoramiento y Evaluación de la Enseñanza de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República. También agradecemos los comentarios de Paulo Ravecca a la primera versión de este texto. Nos resultaron también muy pertinentes y útiles los realizados por un lector anónimo gracias a la gestión de RCP.


RESUMEN

La ciencia política uruguaya tuvo un desarrollo "tardío, intenso y asimétrico" (Garcé, 2005). Durante los últimos diez años, la intensidad se mantuvo. La disciplina siguió expandiéndose y diversificándose, convirtiéndose en una profesión cabal. En términos generales, las asimetrías reportadas en ese momento han tendido a corregirse. Al mismo tiempo, han aparecido nuevos desafíos y se han instalado debates intensos. En particular, estamos discutiendo cada vez más abiertamente sobre tendencias hegemónicas y amenazas al pluralismo académico. Otro asunto está requiriendo mayor examen y discusión: la tendencia a la "partidización" de los cientistas políticos.

Palabras clave: Ciencia política, Uruguay, desarrollo institucional, pluralismo.


ABSTRACT

Uruguayan political science had a "late, intense and asymmetrical" development (Garcé, 2005). During the last ten years this intensity remained. The discipline continued to expand and diversify until becoming a full profession. Asymmetries reported ten years ago tended to be corrected. At the same time, new challenges emerged, as well as heated debates about the discipline. In particular, we are discussing more, and more openly, about hegemonic tendencies and threats to academic pluralism. Another issue is also requiring further examination and discussion: the "partidización" of political scientists.

Key words: Political science, Uruguay, Institutional Development, Pluralism.


 

I. INTRODUCCIÓN

La ciencia política uruguaya se hizo esperar. En verdad despegó recién a partir de la década del noventa del siglo pasado. Pero siguiendo las huellas de algunos "pioneros" (como Aldo Solari y Carlos Real de Azúa), y gracias al concurso de diversas instituciones (públicas y privadas) y al esfuerzo de un puñado de "padres fundadores" (César Aguiar, Luis E. González, Jorge Lanzaro, entre otros), lo hizo enérgica y exitosamente. Durante los últimos diez años esta tendencia ascendente se sostuvo. La ciencia política uruguaya siguió expandiéndose y diversificándose, convirtiéndose en una profesión razonablemente bien remunerada. Las asimetrías reportadas en ese momento han tendido a corregirse. Sin embargo, una de ellas, la existente entre el prestigio interno y la influencia externa de sus investigadores, se mantiene. Al mismo tiempo, han aparecido nuevos desafíos. Uno de los más importantes es el de la partidización. Nuestra disciplina se construyó en diálogo con los partidos políticos, pero al mismo tiempo tomando distancia del intelectual-militante partidario típico de la década del 60. Esto está empezando a cambiar. Últimamente se han instalado debates intensos. En particular, la ciencia política uruguaya, como otras de la región, discute cada vez más abiertamente sobre la espinosa cuestión de la "hegemonía del mainstream". El fantasma del "Movimiento Perestroika", que conmovió hace más de una década la ciencia política norteamericana, circula por nuestros corrillos y pasillos con tonalidades propias, animando debates sobre qué ciencia política tenemos y queremos.

El texto se nutre de estudios previos realizados por quienes escriben y otros autores sobre la ciencia política Uruguay y en la recolección de información realizada específicamente para el artículo, con la finalidad de actualizar los datos disponibles sobre el estado de la disciplina en nuestro país. La siguiente sección presenta ofrece un panorama descriptivo de la ciencia política uruguaya en tres dimensiones: i) enseñanza; ii) investigación; y iii) profesión. La tercera parte retoma las cuatro "asimetrías" enfrentadas por la disciplina señaladas por Garcé (2005) y reflexiona sobre su evolución en la última década. El cuarto apartado aborda nuevos desafíos. Finalmente, en las conclusiones, se advierte sobre algunos riesgos, oportunidades y límites de la expansión del campo en el país.

II. EVOLUCIÓN INSTITUCIONAL

Enseñanza

Una característica de la oferta de formación de grado en ciencia política en el Uruguay es que sigue estando concentrada en dos sentidos. En primer lugar, a diferencia de lo que ocurre en otros países de América Latina, existen solo dos caminos para obtener la Licenciatura en Ciencia Política: en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República (FCS/UdelaR), única universidad pública del país, y en la Universidad Católica del Uruguay (UCUDAL), donde la carrera aparece como una opción entre otras en el marco de una Licenciatura en Ciencias Sociales. En segundo lugar, ambos programas son presenciales y se dictan en la ciudad capital, Montevideo, por lo que la oferta de grado en ciencia política está centralizada territorialmente. Esta no es una característica exclusiva de la disciplina, sino que responde a factores más estructurales de la educación universitaria en el país, asociados a la escasa población que tiene (en comparación con otros países de la región1) y al hecho de que la mitad de ésta reside en Montevideo. La única opción de formación fuera de la capital que incluye contenidos de ciencia política es la Licenciatura en Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Sede de "Regional Norte" de la UdelaR instalada en 2002 en la ciudad de Salto, que brinda tres materias obligatorias destinadas exclusivamente a temas de la disciplina.2

El interés por este campo de conocimiento ha seguido creciendo. Un indicador de ello es la presencia de asignaturas sobre ciencia política en otras carreras y facultades como la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, la Facultad de Ciencias Económicas y la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UdelaR, así como en otras universidades privadas como la Facultad de Ciencias Empresariales y Economía de la Universidad de Montevideo (UM) o la Facultad de Administración y Ciencias Sociales de la Universidad ORT).3 Otro indicador es el progresivo (aunque tímido) incremento del número de politólogos que egresan año tras año. Considerando el total de egresos de las dos carreras que están funcionando, desde la década del noventa y hasta el presente, se registran 296 licenciados. La mayor parte estudió en la UdelaR, que cuenta con una veintena de egresos por año (gráfico 1);4 en UCUDAL egresan un promedio anual de algo menos de dos licenciados.5 En la FCS/UdelaR, la carrera es superada por las licenciaturas en sociología y trabajo social (gráfico 2).

 

Gráfico 1. Egresos de la Licenciatura en Ciencia Política de la FCS/UdelaR,
1994-2014 (Números absolutos)

Fuente: elaboración propia según datos del ICP (febrero 2015).

 

Gráfico 2. Egresos de la FCS/UdelaR según Licenciatura, 2014
(números absolutos)

Fuente: elaboración propia según datos del Sistema de Gestión de Bedelías
(febrero 2015).

 

La reforma del Plan de Estudios concretada en 2009 en la FCS/UdelaR supuso dos grandes cambios en la enseñanza de la ciencia política en esta facultad.6 Uno de ellos refiere precisamente a la cuestión del egreso y el trabajo final que se exige para culminar la carrera y obtener el título. Dando cuenta de la maduración de la profesión y de las crecientes necesidades de formación profesional (como se verá más adelante), se decidió instrumentar la modalidad de pasantías laborales, que consisten en una práctica profesional concreta en alguna institución gubernamental, organización social o empresa, como una alternativa a la elaboración de la monografía final de naturaleza académica. Si bien al finalizar la experiencia quienes opten por la pasantía deben presentar un informe final de 40 páginas máximo que requiere ser defendido ante un tribunal, como en el caso de la monografía, se espera que esta nueva opción facilite el egreso de estudiantes que prefieren una veta más profesional que académica.7

La segunda transformación tuvo lugar en los contenidos temáticos privilegiados en el grado, presenciándose un crecimiento del área de estudios de Estado y políticas públicas. Mientras que la historia política, la teoría política y las cuestiones vinculadas al estudio del gobierno, las elecciones, las instituciones y los partidos ocuparon un papel relevante desde el inicio de la carrera, los referidos a Estado y políticas públicas aparecían en versiones anteriores del Plan de Estudios (1988 y 1922) como elementos aislados, puntuales y desarticulados (Bentancur y Mancebo, 2013). En 2009, la malla pasó a componerse por los siguientes módulos con una cantidad de créditos similar entre sí: "Estado y políticas públicas"; "Teoría Política"; "Instituciones Políticas y Actores"; "Sistema Político Nacional" y "Metodología de la Investigación" . Cabe señalar que este giro hacia el Estado y las políticas como objetos de estudio también fue constatado en la licenciatura brindada por la UCUDAL (Buquet, 2012).

En relación con la formación de posgrados específica en ciencia política, no ha habido cambios, manteniéndose en funcionamiento solo la Maestría en Ciencia Política, existente desde 1997 y con un total de 47 egresos, y el Doctorado en Ciencia Política creado en 2005, que cuenta con cinco egresados y 16 estudiantes activos a la fecha, ambas dictadas en la FCS/UdelaR.8 No obstante, se ha generado una interesante oferta de alternativas de posgrados, diplomas y maestrías sobre temas afines: el Diploma en Género y Políticas Públicas y la Maestría en Historia Política (iniciada en 2014, en colaboración con Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación y con el Archivo General de la Universidad) de la UdelaR; el Posgrado y la Maestría en Comunicación Política y Gestión de Campañas Electorales y la Maestría en Políticas Públicas (iniciada en 2014) de la UCUDAL; el Diploma y la Maestría en Políticas Públicas y Género de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) (en convenio con FLACSO México) y el Posgrado y la Maestría en Políticas Sociales del Centro Latinoamericano de Economía Humana (CLAEH).9

Asimismo, es preciso mencionar como nueva posibilidad de formación el ambicioso emprendimiento del Centro Metodológico de la UCUDAL, la Escuela de Invierno de Métodos y Análisis de Datos, que ha tenido una buena acogida en su primera edición (2014) y está orientada a personas con formación de grado concluida, participando una importante cantidad de politólogos. Esta cuenta con la presencia de profesores locales y extranjeros y replica una modalidad de estudios que se ha expandido en la región en los últimos años, siguiendo experiencias como la de la "Escuela de Verano en Métodos Mixtos" que se ha realizado en Santiago de Chile o de "IPSA-USP Summer School on Methods and Concepts in Political Science and International Relations" de São Paulo, Brasil.

Investigación

El Instituto de Ciencia Política de la UdelaR (ICP), que sigue siendo el principal epicentro de desarrollo de la disciplina, continuó su fortalecimiento durante la última década. El número total de docentes que aparecen en su planta se mantiene en torno a los 60, al igual que en 2005;10 y también como entonces, un tercio de ellos realiza solo actividades docentes. No obstante, se incrementaron de manera importante quienes tienen dedicación total, ascendiendo hoy a la mitad del plantel. Otra característica de sus integrantes es que el 60% tiene cargos efectivos, es decir, son estables en la institución, de modo que puede asumirse que están haciendo su carrera académica en esta. La tabla siguiente muestra otro dato sobre el perfil de los docentes, la distribución de docentes según el grado; como se puede apreciar, existe una concentración en los niveles intermedios (grados 2, profesores asistentes y grados 3, profesores adjuntos).

 

Tabla 1. Docentes del ICP según grado académico

Fuente: elaboración propia según datos del ICP (febrero 2015).

 

Los cuerpos académicos de las universidades privadas son más pequeños pero se han consolidado, contando con investigadores que tienen formación doctoral. En el Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la UCUDAL trabajan seis profesores de tiempo completo (cinco de los cuales poseen formación en ciencia política o temas afines) y dos docentes de tiempo parcial de otras disciplinas. La UM, por su parte, cuenta con cuatro politólogos en su plantel docente, concentrados en la Facultad de Comunicación y en las áreas de estudio y docencia de comunicación política y opinión pública, entre quienes se encuentra un referente de la ciencia política uruguaya, Luis Eduardo González. El CLAEH, finalmente, cuenta con áreas de trabajo asociadas a temas de la ciencia política (Gobernabilidad democrática, Políticas Sociales, Investigación y Políticas Públicas) y programas de formación en los que trabajan docentes vinculados a la disciplina, inclusive entre sus autoridades.

Una novedad de la última década ha sido la creación del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) en el año 2007 en la órbita de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII, ley 18.172), con el objetivo de "fortalecer, expandir y consolidar la comunidad científica nacional, acompañado de la tarea de categorizar y evaluar periódicamente a todos los investigadores y estableciendo un sistema de incentivos económicos".11 En marzo de 2009 se incorporó al primer grupo de investigadores en el sistema y a partir de entonces se ha venido haciendo una convocatoria anual a nuevos ingresos, reingresos o ascensos dentro del mismo. El SNI se estructura en seis áreas de conocimiento, entre las que se incluye "Ciencias Sociales" como la segunda más importante en cantidad de investigadores (21%), luego de "Ciencias Naturales y Exactas" (36%). Dentro de esta categoría, a su vez, se ubica la subárea "Ciencia Política", entre otras siete (Psicología, Sociología, Economía y Negocios, Derecho, Geografía Económica y Social, Comunicación y Medios y otras Ciencias Sociales).12 La siguiente tabla muestra la distribución por nivel de los investigadores activos del sistema que seleccionaron como área principal de trabajo "Ciencia Política" y su relación con el total de investigadores del área "Ciencias Sociales".

 

Tabla 2. Investigadores activos del SNI según Nivel
(Área Ciencias Sociales/Subárea Ciencia Política)

Fuente: elaboración propia según buscador de investigadores del SNI (13-2-15).13

 

El 74% de los investigadores activos en el SNI tienen como institución principal al ICP, confirmando que este sigue siendo el principal núcleo de desarrollo académico de la ciencia política uruguaya. Además, quienes ocupan los niveles II y III pertenecen en su totalidad al ICP, reflejando la acumulación de largo plazo de este centro en la evaluación de la disciplina. No obstante, en el sistema también hay investigadores asociados a la UCUDAL y la UM, confirmando lo antedicho respecto de que estos son los dos centros privados donde la ciencia política está teniendo un despegue interesante. No ocurre lo mismo con el CLAEH. Aunque fue uno de los centros privados que aportaron sustantivamente al nacimiento y desarrollo de la ciencia política en Uruguay y cultiva desde hace décadas la disciplina, no tiene investigadores en el SNI que lo referencien como institución principal (Buquet, 2012).

Finalmente, cabe hacer una breve referencia a los canales de publicación disponibles a nivel nacional. La Revista Uruguaya de Ciencia Política (RUCP) sigue siendo el principal medio de publicación especializado de trabajos académicos en Uruguay. Su gravitación interna es muy relevante. Un indicador de ello es que el 75% de los censados por Asociación Uruguaya de Ciencia Política (AUCIP) en 2013 señaló leerla y más de un 65% afirmó que en términos de formato, nivel académico y precio, la publicación es muy buena o buena (AUCIP, 2013). La revista ha logrado mejorar su periodicidad e incorporó un número más al que habitualmente lanzaba por año, que surge de convocatorias regulares para la presentación de propuestas temáticas. Además, ha procurado cumplir con estándares internacionales para publicaciones científicas. En 2006 estableció el sistema de arbitraje y fue incluida en diversos índices internacionales (ProQuest, SCIELO Social Science English Edition, SCIELO Uruguay, LATINDEX Sistema Regional de Información en Línea, EBSCO / Fuente Académica y REDALYC Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal) logrando situarse como referente, al menos, en el ámbito regional (Buquet, 2011). No obstante, no ha logrado acceder a los sistemas de registro internacionales más prestigiosos como ISI Thompson y Scopus.

Otra novedad de los últimos años es que se han creado publicaciones específicas para subáreas de la disciplina, como "Crítica Contemporánea. Revista de Teoría Política" (2011) y "Revista Contemporánea: Historia y problemas del siglo XX" (2010) enfocada en temas de historia política, ambas vinculadas a docentes del ICP.

En cuanto a la publicación en formato de libros, Uruguay no cuenta con editoriales académicas como otros países latinoamericanos, restringiendo la posibilidad de generar debate estrictamente académico por esta vía. Hay editoriales que publican con frecuencia materiales elaborados por politólogos, pero que se consideran pueden ser de interés general para la ciudadanía (por ejemplo, Fin de Siglo, Trilce o Banda Oriental).

Profesión

Según Chasquetti (2013), la creación de asociaciones académico-profesionales es una consecuencia del desarrollo de la Ciencia Política en cada país. Refleja, por tanto, la existencia de una masa crítica de profesionales y académicos, y de niveles mínimos de legitimidad de la disciplina. Una de las más importantes novedades de la evolución de la ciencia política uruguaya de la última década fue precisamente la conformación de la Asociación Uruguaya de Ciencia Política (AUCIP). Su gestación inició en el año 2005, vinculada a la necesidad de organizar a los egresados de ciencia política de la UdelaR para su representación en los órganos de cogobierno de la facultad. En 2006 se realizó el primer congreso uruguayo de ciencia política en el cual se fundó formalmente la asociación y se aprobaron sus estatutos (Buquet, 2012).

La AUCIP se ha propuesto convertirse en un espacio de encuentro entre personas e instituciones a fin de estimular el desarrollo de la ciencia política en Uruguay; explicita como sus objetivos "promover el desempeño libre y autónomo de la profesión de acuerdo con los requisitos de idoneidad y responsabilidad ética por los que velará; potenciar la demanda y la oferta de la ciencia política, procurando diversificar y extender los ámbitos de ejercicio profesional; y proporcionar a sus socios toda la información disponible relacionada con la disciplina y favorecer su inserción laboral y desarrollo profesional, estimulando el perfeccionamiento permanente de sus cualidades técnicas de acuerdo con las exigencias que plantean la academia y el mercado laboral".14

La cantidad de asociados registrados a AUCIP alcanza los 355, aunque solo la mitad se mantiene como socio activo, cumpliendo con sus aportes al día.15 Asimismo, la asociación ha ido incrementando en cantidad y mejorando en calidad los beneficios ofrecidos a sus socios. A modo ilustrativo, durante el 2014 brindó becas y apoyos económicos para actividades de formación nacionales e internacionales; realizó cursos y actividades propias con matrícula preferencial para socios; estableció precios diferenciados para ellos en los Congresos Uruguayos de Ciencia Política y en congresos de asociaciones con convenio (SAAP, ACCP, ABCP, PSA); entregó un ejemplar de la RUCP con el pago de la cuota anual a cada socio;16 además de ofrecer beneficios sociales como facilidades para estudiar inglés, comprar libros, entre otros.17 El censo más reciente confirmó, además, que existe una correspondencia bastante alta entre las expectativas de los socios sobre lo que debería brindarles la asociación y lo que esta efectivamente ofrece.18

Pero sin lugar a dudas, la iniciativa más importante a cargo de AUCIP es la organización bianual del Congreso Uruguayo de Ciencia Política, el cual progresivamente ha aumentado el número de participantes hasta lograr posicionarse como una referencia regional. En su última edición recibió 475 propuestas de participación en el congreso, un número bien alto si se considera el pequeño tamaño de la comunidad académica. Del total de ponencias y posters que se presentaron en el evento, una porción importante correspondió a politólogos extranjeros, especialmente de brasileños (40%) y argentinos (17%). Cabe agregar que la AUCIP se ha postulado para ser sede del próximo congreso de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política en 2017 (AUCIP, 2014).

III. CUATRO "ASIMETRÍAS" Y SU DESIGUAL EVOLUCIÓN

En su contribución a la Revista de Ciencia Política en 2005, Garcé señaló cuatro "asimetrías preocupantes" sobre el desarrollo de la ciencia política uruguaya. Algunas se han corregido. Otras, como se verá a continuación, menos.

El impacto: alta audiencia en Uruguay versus baja influencia internacional. La que menos cambios ha mostrado es la primera de las asimetrías reportadas en ese momento: "los politólogos uruguayos -se dijo- son mucho más escuchados y leídos en Uruguay que entre sus pares de América Latina y del resto del mundo" (Garcé, 2005: 241). Desde nuestro punto de vista es positivo (tanto para la disciplina como para el sistema político y la ciudadanía) que los politólogos sigan siendo escuchados en Uruguay. Sin embargo, debido a la internacionalización de los procesos de construcción de las ciencias, es igualmente necesario que los cientistas políticos que trabajan en Uruguay sean leídos por sus colegas en otras partes.19 La información disponible sugiere que esto todavía ocurre muy poco.

El estudio de Altman (2011) sobre la productividad de los departamentos de ciencia política latinoamericanos muestra un panorama preocupante para el ICP que, como ya se señaló, sigue siendo el principal epicentro de la producción politológica en el país. Su análisis, que se basa en la presencia en el Social Sciences Citation Index and the Arts & Humanities Citation Index, ambas bases del ISI-Web of Knowledge (WoK), coloca al ICP en el lugar 19 de un ranking de 21 centros estudiados.20 A tono con lo anterior, al examinar los patrones de publicación de todos los politólogos incorporados en el SNI, se encuentra que si bien logran crecientemente publicar en revistas arbitradas internacionales, todavía lo hacen con mayor frecuencia en las indexadas a Latindex que en Scopus e ISI Thompson (Buquet, 2012).21

Uno de los factores que pueden estar influyendo en ello es el hecho de que en el ICP no existen incentivos específicos para que sus integrantes busquen publicar en revistas indexadas en estos sistemas de registro, independientemente del reconocimiento entre pares que ello pueda traer aparejado.22 El SNI tampoco lo ha privilegiado explícitamente a la hora de evaluar a un investigador, aunque en los curriculum vitae que emite el sistema (CVUy) se marca automáticamente la indexación de la revista en la cual el investigador publicó determinado artículo, lo que indicaría que, al menos en términos simbólicos, está comenzando a ser importante el tipo de revista en la que se publica.

Aun así, algunos investigadores se han tomado el trabajo de publicar sus artículos en revistas internacionales muy prestigiosas, y logrado que su producción sea referencia obligada al menos entre los colegas y estudiantes de la región. Por ejemplo, el Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de UCUDAL está mostrando una predisposición muy evidente a intentar revertir este escenario, logrando sus integrantes publicar en revistas con altos índices de impacto y editadas en inglés como Latin American Politics and Society o Latin American Research Review.23 Además, si se examinan la cantidad de citas recibidas por los politólogos que trabajan en Uruguay con Google Académico24 los resultados no son completamente malos: los 23 investigadores categorizados como Nivel I o superior en el SNI, obtienen en conjunto 7365 citas, es decir, cada uno alcanzaría en promedio 320 citas. No obstante, la lectura de estos datos debe ser cuidadosa, porque existe una concentración importante de citas en unos pocos investigadores (los cuatro más citados, que obtienen más de 500 citas cada uno, aportan el 60% del total de citaciones).

La demanda: estudios de procesos electorales versus análisis de políticas públicas. En segundo lugar, hace diez años se sostuvo que los "politólogos uruguayos son mucho más demandados por los medios de comunicación (generalmente para comentar y explicar procesos electorales) que por instituciones (...) involucradas en la elaboración y gestión de políticas públicas" (Garcé, 2005: 241). Esta segunda asimetría se ha corregido mucho. En este momento, hay más de tres decenas de politólogos trabajando en diversas agencias del Estado: Presidencia, Agencia Nacional de Investigación e Innovación, Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Ministerio de Relaciones Exteriores, Ministerio de Desarrollo Social, Ministerio de Industria, Energía y Minería, Ministerio de Salud Pública, entre otras.25

 

Gráfico 3. Perfiles profesionales de politólogos que declararon trabajar en forma
remunerada “ejerciendo solamente como politólogo/a o cientista social”

Fuente: AUCIP (2013).

 

Tabla 3. Politólogos que ejercen en el área de las ciencias sociales según lugar
de trabajo

Fuente: AUCIP (2013).

 

Esto se explica porque hubo cambios tanto en la oferta como en la demanda. Los politólogos aprendieron mucho sobre políticas públicas (aunque más sobre políticas vinculadas a la distribución del ingreso que sobre aquellas relacionadas con la creación de riqueza). Como ya se dijo, los contenidos sobre Estado y políticas públicas comenzaron a formar parte de los programas de grado y posgrado. Esto estuvo asociado a la constitución de un amplio plantel docente26 dedicado al cultivo de estas cuestiones tanto en el plano de la enseñanza como de la investigación. A modo de ejemplo, en los años noventa los artículos sobre la temática representaban menos de la quinta parte de los publicados en la RUCP, pero han ido ganando presencia a partir de los 2000, con un punto especialmente alto en el período 2010-2012 (Mancebo y Bentancur, 2013).

Por el lado de la "demanda", el Estado descubrió que los politólogos podían hacer un aporte distinto y complementario al de otros profesionales como economistas o sociólogos. El incremento de la demanda tiene un componente importante que trasciende a la disciplina (es decir, al incremento de la oferta, de los conocimientos que los politólogos acumularon en distintas áreas de políticas públicas). El ingreso masivo de politólogos al Estado es inseparable en términos analíticos de la conversión del Frente Amplio (FA) en partido de gobierno. Para explicar esta tendencia hay que tener en cuenta al menos tres factores. En primer lugar, el FA demandó expertos porque tiene una dotación genética iluminista: la izquierda uruguaya se vio durante décadas a sí misma como la encarnación de la Razón, enfrentada a la Tradición, a la mera emoción, encarnada en el Partido Colorado y el Partido Nacional.27 En segundo lugar, lo hizo porque, como todo partido que llega por primera vez al poder, temía equivocarse y desconfiaba de los funcionarios públicos. En tercer lugar, los expertos acudieron al llamado del FA porque, en su gran mayoría, especialmente los de la UdelaR, se sentían identificados política e ideológicamente con el nuevo partido gobernante. El proceso de convergencia entre UdelaR y la izquierda se remonta muchas décadas atrás, al menos hasta comienzo de los años treinta del siglo pasado (Gallardo, Garcé y Ravecca, 2010).

El estatus: prestigio social versus nivel de ingreso. En 2005 se dijo que existía una "asimetría importante entre el prestigio social y la visibilidad pública que ha logrado acumular la ciencia política y los bajos niveles de ingreso promediales de sus cultores" (Garcé 2005:242). También esta asimetría ha tendido a corregirse. Los ingresos de los politólogos han aumentado considerablemente, como puede verse en el gráfico. En este momento, el salario (antes de impuestos) del profesor titular (Grado 5) full time en UdelaR es de US$ 4000, y es de US$ 2500 si tiene una carga horaria de 40 horas semanales. Los académicos que, además, pertenecen al SNI, reciben un ingreso adicional (US$ 500 para los del Nivel III).28

 

Gráfico 4. Evolución del salario real en UDELAR, 1985-2014 (Base Oct.-Dic.1984 = 100)

Fuente: elaborado por Nicolás Schmidt según datos de UdelaR.

 

A mediados de 2013, según datos del censo realizado por AUCIP, el nivel de ingresos de los politólogos rondaba los US$ 2.000 mensuales líquidos. Quienes se desempeñan en el área de consultoría como su principal empleo tienen en promedio mayores ingresos que los demás. La mayoría de los censados (6 de cada 10) sostiene estar muy satisfecho o satisfecho con su situación laboral actual. En el otro extremo, poco menos de 3 de cada 10 manifiesta estar insatisfechos o muy insatisfechos. El nivel de insatisfacción con la situación laboral es mayor entre los académicos que en los demás perfiles laborales. Los más desconformes son los que están iniciando su carrera académica. Cabe destacar que en materia de género se mantiene la brecha salarial que registra el mercado laboral en general, ganando mejor los varones que las mujeres (más datos sobre este fenómeno disponibles en AUCIP, 2014).

La "fuga de cerebros": formación versus reinserción. Finalmente, en 2005 se señalaba "el contraste entre la relativa facilidad con la que, pese a la inexistencia de un sistema de becas (...), los graduados en ciencia política en Uruguay son admitidos en buenos programas de doctorado a nivel internacional y sus graves dificultades para retornar al país" (Garcé, 2005: 242). Durante esta década se han registrado algunos cambios relevantes también en esta dimensión. En primer lugar, se verificó una innovación institucional de indudable relieve: desde 2007 el Estado uruguayo dispone de un Sistema de Becas (Ley 18.172, artículo 304) que apoya a la formación de posgrado en el exterior al tiempo que incentiva explícitamente el retorno de los graduados.29 De todos modos, este sistema (como los proyectos de investigación de ANII, en general) prioriza disciplinas o temas que considera directamente vinculados al desarrollo productivo.30 En segundo lugar, aunque sigue habiendo uruguayos que no retornan a Uruguay una vez doctorados y que se insertan exitosamente en universidades de otros países, el incremento de ingresos y de oportunidades laborales hizo posible que otros sí pudieran regresar y obtener puestos bien remunerados. De todos modos, el problema de la "fuga de cerebros" no está solucionado definitivamente. Según datos de AUCIP (2013), la tasa de retorno de quienes terminan maestrías en el exterior es mayor a la de quienes obtienen doctorados. La "diáspora" uruguaya se concentra en países del Cono Sur y según el estudio de Freidenberg y Malamud (2013), las mayores posibilidades de desarrollo profesional que encuentran fuera del país sigue siendo la principal motivación para realizar sus carreras en el extranjero.

Casi la totalidad del plantel de tiempo completo de los principales departamentos que investigan y enseñan en ciencia política posee títulos de doctorados. La mayoría de ellos se graduó fuera del país. El 80% de los docentes del ICP con dedicación total y título de doctorado31 hizo sus estudios en universidades extranjeras al tiempo que el 100% de los docentes de jornada completa del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la UCUDAL con título de doctorado en ciencia política o campos afines lo hicieron. Como muestra la Tabla 4, la mayor proporción de títulos se obtuvieron en Brasil, seguido por España y Estados Unidos; Uruguay aparece como opción en la misma proporción que estas últimas opciones. Las razones que tienen los politólogos uruguayos para realizar estudios de posgrado en el exterior son múltiples, destacándose la posibilidad de encontrar mejores fuentes de financiamiento, la decisión de especializarse en un área poco o nada trabajada en el medio local o la búsqueda de programas que se consideran de mejor calidad que la oferta local (Buquet 2012, Freidenberg y Malamud, 2010).

 

Tabla 4. Docentes de tiempo completo de ICP (UdelaR) y de DCSP (UCUDAL),
según país del título de doctorado

Fuente: elaboración propia según información de CV disponibles online e información
disponible en la página web de UCUDAL (fecha de consulta: 22/2/15).

 

En el ICP parece estarse verificando un cambio en el destino preferido por quienes optan por la región. Si consideramos toda la planta docente del ICP que está cursando estudios doctorales33 (15 en total), se visualiza que un tercio lo está haciendo en Uruguay (5), otro tercio en Argentina (5) y el resto se distribuye entre España, Canadá, Brasil y Chile. Argentina estaría desplazando a Brasil como alternativa en el Cono Sur. Aunque es temprano todavía para sacar conclusiones, puede estar operando en este cambio de tendencia la cercanía: al optar por Argentina, o más precisamente, Buenos Aires, los investigadores pueden conciliar la ampliación de sus oportunidades de formación con el mantenimiento del vínculo con la comunidad académica nacional y de sus lazos familiares.

IV. DESAFÍOS Y DEBATES

Al cabo de casi tres décadas de desarrollo intenso, la ciencia política uruguaya enfrenta desafíos complejos. Algunos vienen de lejos. Otros, como se verá enseguida, son más nuevos.

Nacionalización e internacionalización. La ciencia política uruguaya sigue enfrentada a un doble desafío. Por un lado, debe "nacionalizarse". Hasta la fecha, en esencia, es una disciplina eminentemente montevideana, tanto en lo referente a la formación (como se mostró) como en lo laboral. Según datos del censo AUCIP (2013), el 95% de los censados viven en el área metropolitana (Montevideo y alrededores). Algunos politólogos han logrado abrirse paso en los mercados laborales locales, por ejemplo, instalando sus propias empresas de investigación de opinión pública.34 Otros han ocupado cargos de gestión en gobiernos subnacionales. Sin embargo, sigue siendo muy difícil desarrollarse profesional o académicamente en ciencia política en otro departamento que no sea Montevideo. Por el otro, la ciencia política uruguaya debe "internacionalizarse". Como se dijo en la sección anterior, sigue siendo bajo el número de artículos publicados por politólogos uruguayos en las revistas académicas más prestigiosas, especialmente en las editadas en inglés.

De todos modos, la tensión entre nacionalización e internacionalización tiene una dimensión distinta a la meramente geográfica. El objetivo de internacionalizar la ciencia política uruguaya, esto es, de insertar la producción académica doméstica en la producción teórica internacional, tiende a chocar con el anhelo, muy arraigado al menos desde la Reforma de Córdoba en los sistemas universitarios latinoamericanos, de poner la producción científica al servicio de la solución de los grandes problemas del país. La tensión entre nacionalización e internacionalización tiene, por tanto, un alcance sustantivo y normativo de porte mayor. A su vez, una ciencia política nacional (conectada con su propia polis) está obligada a ser crítica, es decir, a ser capaz de poner de manifiesto los defectos, problemas y fracasos de la política uruguaya. Como señalaran, en especial, autores como Rico (2005) y Ravecca (2014), a la ciencia política uruguaya le ha costado demasiado ser crítica con su principal objeto de estudio.35

La tendencia a la partidización. Antes del quiebre de la democracia, durante la década del sesenta y comienzos de la del setenta, los universitarios uruguayos se volcaron a la militancia social y política y se enfrentaron con los gobiernos de los partidos tradicionales. Después de la dictadura, en la década del noventa, los primeros politólogos se alejaron de la militancia partidaria y firmaron la paz con los partidos tradicionales y sus sucesivos gobiernos. Fue de esta manera, realizando este doble movimiento, tendiendo puentes hacia todos los partidos y abandonando la militancia partidista, que la nueva disciplina se volvió creíble y apreciada por el público.

Aunque este tema merece ser investigado mucho más a fondo, hay buenas razones para pensar que, durante la última década, hemos empezado a recorrer el camino opuesto (Garcé, 2014a). El crecimiento del prestigio de la disciplina favorece que los partidos intenten comprometer políticamente a los politólogos. A su vez, no son pocos los politólogos que, sabiendo que los partidos son actores fundamentales en el sistema político, terminan involucrándose de modos distintos en la competencia partidaria. A veces, simplemente, declaran sus preferencias partidarias. Otras veces, llegan mucho más lejos y permiten que sus nombres sean incorporados como candidatos en las listas de los partidos.36 El creciente vínculo de los politólogos con el Estado en sus distintas modalidades que se dio bajo los gobiernos del Frente Amplio y sus implicaciones merecerían ser examinadas también bajo esta lupa, aunque no es lugar aquí para profundizar en ello. Hay un círculo que parece empezar a cerrarse. El impulso inicial hacia la autonomía respecto de los partidos podría estar empezando a perderse. A su vez, el sesgo hacia la partidización podría conspirar contra la capacidad de ciencia política uruguaya de analizar críticamente su entorno inmediato.37

Este tema nos remite a un asunto mucho más amplio. El camino de retorno hacia la partidización que empieza a esbozarse se entiende más claramente cuando se lo coloca en el contexto, más general, del Régimen Político de Conocimiento que prevalece en Uruguay (Garcé, 2014b). La centralidad de la política y el ardor de la competencia electoral, entre otros factores, convierten al conocimiento especializado en un arma fundamental en la lucha por el poder. A diferencia de lo que ocurre en otros países, la sociedad uruguaya se resiste a aceptar que pueda haber un conocimiento "apartidista" y con pretensión de neutralidad (esto es, indiferente a la competencia entre los partidos). Para muchos, la clásica separación weberiana entre las dos vocaciones, la del político y la del científico, es ficticia y, en el límite, si se nos permite el oxímoron, una auténtica impostura.38

Por cierto, la partidización de los politólogos no necesariamente impide que la disciplina prospere. El ejemplo de los Estados Unidos es, en este sentido, muy claro. Allí la ciencia política tiene un desarrollo extraordinariamente intenso sin que los politólogos le oculten al público sus preferencias en materia ideológica y político-partidaria. Pero nos inclinamos a pensar que uno de los pilares sobre los que se construyó la ciencia política en Uruguay está empezando a moverse con consecuencias difíciles de prever sobre su legitimidad y desarrollo futuro.

El debate sobre "hegemonías" y pluralismo. La ciencia política uruguaya nació recostándose de modo deliberado en un espectro diverso de visiones epistemológicas, teóricas y metodológicas. La forja fue plural.39 La trayectoria ulterior, sin embargo, muestra en este sentido tendencias contradictorias. Por un lado, el pluralismo se ha reforzado. Por el otro, se ha visto constreñido.

El pluralismo "de hecho" se afianzó como consecuencia de la expansión de la disciplina, en el sentido de que cada vez hay más personas aportando a la construcción de conocimiento sobre distintos temas, desde una variedad de teorías y metodologías.

La ciencia política se ha vuelto más diversa, en primer lugar, desde el punto de vista de su objeto de estudio. Junto a los estudios tradicionales sobre instituciones políticas (sistema electoral, partidos, régimen político), han proliferado otros campos, como los estudios de políticas públicas, de género y política y de teoría política.

En segundo lugar, la ciencia política uruguaya es bastante diversa en términos de enfoques teóricos, aunque prevalecen claramente los diferentes "neoinstitucionalismos". Mientras que en los estudios sobre partidos, gobierno y elecciones predomina la variedad rational choice, en las investigaciones sobre estructuras del Estado y políticas públicas se dejan sentir con mayor vigor otras corrientes como el neoinstitucionalismo histórico (Rocha, 2012) o, más recientemente, el neoinstitucionalismo discursivo.

En tercer lugar, en términos metodológicos, siguen existiendo en la práctica aspiraciones y preferencias distintas entre los investigadores en relación con los diseños de investigación y las técnicas; a modo ilustrativo, solo basta con mencionar que al mismo tiempo que se empezó a hablar de experimentos, se vislumbraron intenciones de debatir sobre los usos y potencialidades de la etnografía en la ciencia política. Asimismo, aunque se ha procesado una creciente orientación "cuantitativista" en la producción politológica,40 en los hechos no son la mayoría quienes trabajan desde este lugar. Entre 2006 y 2012, solo un 15% de los artículos de la RUCP tenían un componente estadístico más "sofisticado" -no el mero uso de datos numéricos ilustrativos o estadística descriptiva- (Ravecca, 2014). Por tanto, desde el punto de vista de sus prácticas, esto es, de lo que efectivamente "hacen" los politólogos cuando investigan, se podría afirmar que la ciencia política uruguaya sigue siendo pluralista: sigue habiendo margen para que las personas hagan distintas cosas.

Pero se trata de un pluralismo incómodo, vergonzante, asediado. Es difícil definir la situación con precisión y sin cometer injusticias. Una forma que pretende ser constructiva y elegante de hacerlo es la siguiente: puede decirse que el pluralismo real (o más precisamente, la diversidad de hecho), el que persiste tesonero en el terreno de las prácticas, convive con un discurso que lo invalida y constriñe. En Uruguay, como en la academia norteamericana especialmente antes del "Movimiento Perestroika",41 se ha vuelto especialmente potente en términos discursivos una forma específica de entender qué es hacer "buena" ciencia política (o ciencia política "propiamente dicha"). Esta no se condice con la visión de otros integrantes de la comunidad académica de ir hacia una ciencia política "entendida en sentido amplio", como planteaba Bobbio (1982): como cualquier estudio de los fenómenos y de las estructuras políticas, conducido con sistematicidad y rigor, apoyado en un amplio y agudo examen de los hechos, expuestos con argumentos racionales, como opuesta a la mera "opinión" (Rocha, 2012).

Según el enfoque de quienes adhieren a la visión más acotada de la disciplina, distintas formas de trabajo están "vivas" entre los politólogos y funcionan en la práctica, pero no todas son igualmente válidas, o mejor, igualmente legítimas, "dignas" del reconocimiento que conlleva el rótulo de "ciencia política". Algunos a priori epistemológicos (el positivismo), algunos objetivos gnoseológicos (la inferencia causal),42 algunas corrientes teóricas (el neoinstitucionalismo rational choice), algunas cuestiones de método (la comparación de "N" grande, la formalización), algunas técnicas (las cuantitativas) y formas de procesar la información (la estadística), suelen ser consideradas "más científicas" y gozan, por tanto, de mayor prestigio y legitimidad.43 El "principled pluralism" (Keating y Della Porta, 2010) que en su origen caracterizó a la ciencia política uruguaya, está bajo asedio. El pluralismo se tolera, no se disfruta. Las "mesas" (para usar la ya clásica metáfora de Almond, 1988) siguen demasiado separadas. Sigue habiendo pocas "conversaciones" productivas entre quienes cultivan enfoques diferentes.

Desde luego, las fuertes tensiones entre una práctica crecientemente diversa y un discurso normativo con potentes pretensiones hegemónicas no son una peculiaridad del caso uruguayo. El malestar del "pluralismo constreñido" (Schram y Caterino, 2006), el debate sobre el pluralismo y sus amenazas, como se ha mencionado reiteradas veces, estremeció a la academia norteamericana en tiempos del "Movimiento Perestroika"; ha estado instalado en la ciencia política europea (Keating y Della Porta, 2010; Schmitter, 2010; por mencionar algunos ejemplos), y dice presente, también, aunque acaso más tardíamente, en América Latina.44

V. CONCLUSIONES: RIESGOS, OPORTUNIDADES Y LÍMITES DE LA EXPANSIÓN

La ciencia política uruguaya continúa su expansión. Se sigue ampliando la oferta de enseñanza de grado y posgrado. Se multiplican actividades de investigación y de publicaciones académicas. Pero la novedad más importante registrada en la última década es la transformación de la disciplina en una profesión razonablemente bien remunerada. Al incremento de los sueldos de los académicos hay que agregar la "conquista del Estado": los politólogos han pasado a ser demandados desde diversas estructuras estatales para colaborar con otros especialistas en la formulación, implementación o evaluación de políticas públicas.

La marcha ascendente de la disciplina generó nuevos desafíos. Uno de los más importantes es el de la partidización. Hace dos décadas, en los años de forja, era impensable que un politólogo declarara públicamente su preferencia política. En esos tiempos, el politólogo consideraba su deber acercarse a todos los partidos (para construir diálogos inteligentes) pero evitaba la militancia partidaria. Esto parece estar cambiando durante los últimos años. Los partidos presionan a los politólogos e intentan arrastrarlos a la actividad política (incorporándolos a listas de candidatos). Cuando no lo logran, esto es, cuando los politólogos optan por mantenerse en la vida académica, buscan que, de una manera u otra, declaren sus simpatías políticas. Política y ciencia política parecen querer volver a conectarse más estrechamente.

La expansión de la disciplina, como suele ocurrir, generó un incremento de las formas específicas de practicarla. La ciencia política uruguaya se ha vuelto más diversa que hace una década (nuevos objetos de estudio, nuevas preguntas, nuevas perspectivas teóricas). Pero estas prácticas académicas plurales chocan contra un discurso que constriñe los márgenes de lo legítimo y valorado, y que establece categorías, jerarquías, estándares, respecto de qué es hacer "buena" ciencia política y qué no, convirtiéndose así en un "pluralismo laissez-faire", un "pluralismo vacío", una convivencia incómoda de tolerancia mutua entre quienes adhieren a distintas perspectivas (Topper, 2005). Este debate ya es intenso y promete ser fecundo. Será preciso establecer canales apropiados para darlo de modo tal que redunde en un robustecimiento de la comunidad académica. Las discusiones sobre el establecimiento de criterios de evaluación de la investigación y la actuación en general de los profesores de los principales centros académicos será un momento fundamental para la discusión y definición de esta y otras cuestiones en debate.

Entre ellas, se encuentra otro de los desafíos planteados: la expansión de la ciencia política uruguaya sigue siendo más intensa dentro que fuera de fronteras. El prestigio ganado dentro del país es sensiblemente mayor al conseguido en el exterior. La ciencia política uruguaya ha hecho un importante esfuerzo por internacionalizarse. Sin embargo, es evidente que queda mucho camino por recorrer. De todos modos, el esfuerzo, tan necesario, orientado a la internacionalización no debería obstaculizar la igualmente imprescindible conexión, el compromiso, liso y llano, de la comunidad politológica uruguaya con su propio entorno inmediato.

NOTAS

1 Según el Instituto Nacional de Estadística, la población de Uruguay es de 3.286.314 habitantes de los cuales 1.319.108 residen en Montevideo.

2 Plan de Estudios, http://www.unorte.edu.uy/fccss/ciencias_sociales (22-2-15).

3 A diferencia de otros países de la región, la ciencia política en Uruguay no ha tenido como a una de sus subdisciplinas a las relaciones internacionales. En el principal centro de formación terciaria, la UdelaR, la Licenciatura en Relaciones Internacionales se brinda en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y presenta una mayor carga de créditos destinados a asignaturas jurídicas que a las del Área Política (ver http://www.fder.edu.uy/rrii/rrii-ciclos-inicial-y-estudios-orientados.pdf 17-3-15). La Licenciatura en Estudios Internacionales de la Universidad ORT, por su parte, incluye solo una materia vinculada a procesos políticos de Uruguay y otra a política exterior uruguaya, pero en este caso claramente las relaciones internacionales no son percibidas como una opción dentro de la ciencia política, sino que esta aparece, por el contrario, como un contenido instrumental (ver http://facs.ort.edu.uy/licenciatura-en-estudios-internacionales/plan-de-estudios, 17-3-15)

4 La matrícula de la FCS/UdelaR ha oscilado, en los últimos años, entre aproximadamente 700 y 1000 estudiantes por generación (Datos ofrecidos por la Unidad de Asesoramiento y Evaluación de FCS, febrero 2015). Debido a que las inscripciones no se realizan por carrera no es posible estimar cuántos ingresan con la intención de cursar la Licenciatura en Ciencia Política.

5 Datos del sistema de registro de egresos de UCUDAL (período 1990-marzo 2014).

6 La Licenciatura de Ciencia Política de la UdelaR ha contado, hasta la fecha, con tres planes de estudio (1988, 1992 y 2009).

7 Reglamento Pasantías Educativas en Facultad de Ciencias Sociales (s/f) y Plan de Estudios, FCS/UdelaR (2009).

8 Datos otorgados por las coordinaciones de ambos programas académicos (consulta: febrero 2015).

9 En 2006 se conformó una Maestría en Políticas y Gestión Pública, de la Facultad de Ciencias Económicas y de la Administración y la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, en convenio con la Oficina Nacional del Servicio Civil, de carácter profesionalista, destinada a ofrecer formación a administradores públicos, pero desde hace algunos años no está funcionando. Esta oferta "acercaba", de algún modo a la ciencia política como disciplina a la administración pública, pero fue una iniciativa puntual. La administración pública no se ha constituido en Uruguay como un campo de estudios dentro de la ciencia política contundente como ocurre en otros países.

10 De acuerdo con los datos reportados por Altman (2011: 78), el ICP ya era en 2011 el departamento de ciencia política más numeroso de América Latina.

11 http://www.sni.org.uy/ (25-2-15)

12 http://www.sni.org.uy/listado_de_investigadores (13-2-15)

13 http://buscadores.anii.org.uy/buscador_sni/Inicio.action (13-2-15)

14 http://www.aucip.org.uy/index.php/institucional.html (27-2-15). Para una mirada comparada de las asociaciones de ciencia política de la región en términos de objetivos pero también estructura, tipo de socios y otras cuestiones, consultar Chasquetti (2013).

15 Información ofrecida por tesorería de AUCIP (febrero 2015).

16 Si bien la AUCIP no creó una revista académica propia como hacen otras asociaciones de la región, consagró en el 2005 un convenio con el ICP con el objetivo de distribuir la RUCP. El acuerdo establece que la AUCIP compra a costo ejemplares de la RUCP y los obsequia a sus socios cuando pagan la cuota anual (Chasquetti, 2013: 304).

17 http://www.aucip.org.uy/index.php/institucional/2-documentos/128-convenios.pdf (27-2-15)

18 Los socios privilegian en un 80% los beneficios asociados a actividades académicas y en un 70% los vinculados a la promoción de la inserción laboral, al tiempo que los beneficios sociales o culturales son los menos valorados (AUCIP, 2013).

19 Los politólogos uruguayos más citados no trabajan en Uruguay. Entre ellos, simplemente a modo de ejemplo, puede mencionarse a Emanuel Adler (Universidad de Toronto), Francisco Panizza (London School of Economics and Political Science) y Juan Pablo Luna y David Altman (Pontificia Universidad Católica de Chile).

20 En general, resulta más dificultoso para los investigadores que trabajan en América Latina publicar en revistas indexadas a este tipo de sistema de registros, debido a que estos concentran publicaciones anglosajonas, que en muchos casos no tienen interés en difundir la producción local o regional y debido a que la mayoría solo acepta publicaciones en idioma inglés; en consecuencia, los egresados de universidades del primer mundo son los más aptos para publicar en las revistas más prestigiosas y los investigadores de América Latina que divulgan los resultados de sus investigaciones en español o portugués compiten con desventaja en ese ámbito (Buquet, 2013). Empero, en el estudio de Altman referenciado todos los centros estarían en igualdad de condiciones para enfrentar esos obstáculos, ya que son todos de América Latina.

21 Buquet (2012) también compara el comportamiento de politólogos con otros cientistas sociales y encuentra que si bien los primeros tienen una propensión menor que los economistas a publicar en revistas indexadas a ISI Thompson y SCOPUS, lo hacen en mayor medida que los investigadores del campo de la sociología. Asimismo, sintetiza el comportamiento de publicación señalando que un politólogo nacional medio ha publicado siete artículos en revistas arbitradas, once capítulos de libro en Uruguay, cinco capítulos de libro en el exterior, tres libros en Uruguay y medio libro en el exterior.

22 No se remunera por artículo como en otros países. No hay diferencia en términos de carrera académica entre publicar en español en una revista prestigiosa a nivel regional y publicar en inglés en una revista "top" a nivel global.

23 La lista de publicaciones puede verse en: http://www.ucu.edu.uy/es/dcsp/publicaciones#.VPI63HyG83l (28-2-15).

24 Las citas y los índices de impacto se obtuvieron por medio del programa Publish or Perish. Harzing, A.W. (2007) Publish or Perish, disponible en: http://www.harzing.com/pop.htm (27-2-15).

25 Según datos del CENSO 2013 de AUCIP, sobre un total de 275 socios censados, hay 115 que declaran trabajar solamente como politólogos. De estos, 52 trabajan en universidades y 33 en distintas oficinas del Estado.

26 Cabe notar que casi la mitad de los docentes del ICP pertenecen al área de Estado y Políticas Públicas (Rocha, 2012).

27 Remitimos al lector interesado en profundizar en el vínculo entre izquierda, razón y tradición, a Caetano y Rilla (1995). Ver también Garcé y Yaffé (2014: 124-125).

28 El profesor full time también tiene una carga horaria de 40 horas, pero su salario es mayor para compensar su dedicación exclusiva a UdelaR.

29 Establece la página web de ANII "Becas para realizar maestrías y doctorados en Áreas Estratégicas en el exterior" que "los becarios deberán firmar un compromiso de retorno al país luego de finalizada la beca y residir en él por un período que duplique el tiempo de su residencia en el extranjero". Ver: http://www.anii.org.uy/web/node/84 (28-2-15).

30 Las "áreas consideradas estratégicas" son: Software, servicios informáticos y producción audiovisual; Salud humana y animal; producción agropecuaria y agroindustrial; Medio ambiente y servicios ambientales; Energía; Educación y desarrollo social; Logística y transporte; Turismo. Ver: http://www.anii.org.uy/web/sites/default/files/files/Bases%20Posgrados%20en%20el%20Exterior%202014(1).pdf (28-2-15).

31 De los 32 docentes con dedicación total, solamente dos no poseen título de doctorado; 23 ya lo obtuvieron y siete lo están cursando (relevamiento propio, febrero 2015).

32 Buquet (2012) hace notar el hecho de que de los cuatro doctorados en Estados Unidos, solo uno se desempeña en el ICP, mientras que los otros tres lo hacen en universidades privadas, mostrando la apuesta de dichas instituciones por captar uruguayos formados en Estados Unidos, que en términos generales, han sido difíciles de repatriar, de acuerdo con lo que muestran Freindenberg y Malamud (2010).

33 En UCUDAL todos los docentes tienen ya su título de doctorado.

34 Es el caso de las consultoras Ágora en Salto y Dígitos en Maldonado, ambas fundadas y dirigidas por politólogos.

35 Recientemente se ha argumentado que la democracia uruguaya brilla más cuando se la mira de lejos que cuando se la observa de cerca. Ver: Caetano (2014) y Garcé (2014c).

36 A modo de ilustración de la tendencia a la partidización vale la pena mencionar los ejemplos siguientes. Gerardo Caetano y Constanza Moreira, dos de los colegas más reconocidos, fueron propuestos por José Mujica en 2007 para presidir el Frente Amplio. Caetano no aceptó la nominación pero Moreira sí. De todos modos, no logró ser elegida. Dos años después Mujica la incorporó a la lista al Senado de su fracción, el Espacio 609. En 2014, luego de diversas disputas con dirigentes de este sector, Moreira organizó su propia fracción (Casa Grande) y compitió contra Tabaré Vázquez por la nominación presidencial. Finalmente, fue reelegida como senadora. Conrado Ramos, otro académico de prestigio, fue incorporado por el presidente Vázquez, en 2005, a su equipo de asesores. En 2007 lo designó subdirector de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto. Ramos fue removido de este cargo al comienzo de la presidencia de José Mujica y, poco después, abandonó el Frente Amplio. Fue candidato a la vicepresidencia por el Partido Independiente en 2014. Desde luego, hay también ejemplos en otros partidos.

37 La partidización agravaría la falta de sentido crítico. Podría ser vista, incluso, como una nueva manifestación de la mencionada acriticidad. Debemos este punto a Ravecca. Comunicación personal.

38 La brillante argumentación de Ravecca (2014) sobre la relación entre ciencia y política se acerca a este enfoque. Él sostiene que, aunque no haya que confundir ciencia con ideología, bajo el manto de una supuesta "neutralidad" científica, los politólogos trafican posicionamientos políticos que no se explicitan, pero que tienen fuertes implicaciones.

39 También Ravecca (2014) ha señalado que hubo algunas ausencias significativas en la "forja inicial". En especial, señaló y buscó explicar el "desdén" por el marxismo que caracterizó a la ciencia política uruguaya durante los años de su establecimiento y primera expansión.

40 Rocha (2012) y Ravecca (2014: 42) registran un aumento en el tiempo de la presencia de los datos numéricos en los artículos publicados en la RUCP (mayor uso de gráficos o tablas confeccionados tomados de otros autores, gráficos o cuadros uni o bivariados elaborados por el propio autor, correlaciones/regraciones o similares), lo que implica en nuestro contexto, como señala Ravecca, "un desplazamiento significativo".

41 El "Movimiento Perestroika" tuvo lugar en Estados Unidos a partir de un e-mail anónimo recibido en el 2000 por el equipo editorial de la American Political Science Review (firmado por "Mr. Perestroika"), abogando en favor de un mayor pluralismo metodológico. La crítica estaba dirigida hacia la implantación hegemónica de lo que definía entonces como la corriente principal de la ciencia política en dicho país; según autores que debatieron el tema, esta estaba caracterizada por el énfasis empirista y cuantitativista; el culto a la estadística y las matemáticas; los modelos formales y el enfoque de la elección racional; el relegamiento de la teoría política a los márgenes; la investigación orientada por el método más que por problemas sustantivos y la consecuente escasa aplicabilidad de sus conocimientos; y la poca reflexión sobre los supuestos ontológicos y epistemológicos que informan sus esfuerzos (Kaska, 2001; Shapiro, 2002; Marsh y Savigny, 2004; Monroe, 2005). Recientemente las discusiones epistemológicas, ontológicas y metodológicas de la ciencia política norteamericana han desplazado su atención hacia las implicancias de dos "revoluciones" que están teniendo lugar en dicho contexto y que ahora se asocian al "mainstream" disciplinario: la obsesión con la "credibilidad", vinculada a la obtención de inferencias causales seguras, provenientes de la corriente experimental; y la revolución de la "big data", movimiento que enfatiza cómo la creciente habilidad para producir, recolectar, almacenar y analizar grandes cantidades de datos transforma nuestra comprensión del mundo político. Empero, en los ámbitos de discusión sobre la ciencia política latinoamericana tienen menos eco estas tendencias que el listado de cuestiones vinculadas al mainstream que denunciaba el "Movimiento Perestroika".

42 Ver Luna (2015).

43 En entrevistas realizadas a politólogos del ICP, Rocha (2012) encontró la existencia de un conjunto de investigadores que sí perciben una creciente "hegemonía" de tipo "excluyente" de ciertas visiones que pone en riesgo el pluralismo que caracterizó como hecho y "valor" al desarrollo de la profesión en este centro. En un sentido similar, un entrevistado por Ravecca (2014:45) reflejó este clima de "lo que es valorado" cuando afirmó: "en el artículo que voy a publicar dentro de poco voy a presentar unos cuantos cuadros, a ver si me quieren más".

44 Sin ir más lejos, estas discusiones ya se percibían, en sus distintas aristas, en aquella edición de la Revista de Ciencia Política del 2005 en artículos sobre distintos países (ver Rocha, 2014). Solo por considerar algunos ejemplos: Amorim Neto y Santos (2005:102) nos contaban sobre las "dos escuelas que no se comunican entre sí, una empírica y otra normativo-filosófica" de la ciencia política brasileña; Loaeza (2005: 201) explicaba, en relación con la investigación cuantitativa y cualitativa, que en México "se reproduce el mismo debate que se desarrolla entre ambas escuelas en el ámbito internacional..."; mientras que Leiras et al. (2005: 8), señalaban que en Argentina había algunos colectivos "más cercanos al mainstream norteamericano" que convivían con otros de "firme interés y una lectura informada de los autores clásicos de la tradición política occidental".

 

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Instituto Nacional de Estadística: http://www.ine.gub.uy        [ Links ]

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Sistema Nacional de Investigadores: http://www.sni.org.uy/        [ Links ]

Universidad ORT, Facultad de Administración y Ciencias Sociales: http://facs.ort.edu.uy        [ Links ]

 


Adolfo Garcé García y Santos es Doctor en Ciencia Política por la Universidad de la República (UdelaR). Profesor Agregado en Régimen de Dedicación Total en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, UdelaR. Investigador Nivel II de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). E-mail: adolfo.garce@cienciassociales.edu.uy

Cecilia Rocha Carpiuc es Licenciada en Ciencia Política y Diplomada en Género y Políticas Públicas. Becaria de la Organización de Estados Americanos (OEA) para realización del Doctorado en Ciencia Política, Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Profesora Asistente del Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, UdelaR. Candidata a Investigador de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). E-mail: cecilia.rocha@cienciassociales.edu.uy

 

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