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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) vol.35 no.2 Santiago set. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2015000200003 

Artículos

 

Elites políticas y trayectorias políticas militantes. El espacio sociopolítico de la izquierda chilena*

Political Elites and Political Trajectories of Elite Party Members. The Political Space of the Chilean Left

 

HERNÁN CUEVAS VALENZUELA

Universidad Diego Portales

* Esta investigación contó con el apoyo del proyecto Fondecyt Regular "Las élites políticas en Chile: sociología del personal gubernamental, parlamentario y partidario (1990-2010)" N° 1100877. Agradezco a Javier Torres y Lucas Perelló por su valiosa ayuda durante la investigación y en la elaboración de tablas. El artículo se benefició de los comentarios de colegas, investigadores y estudiantes, especialmente en las conferencias de IPSA Madrid 2012 e ICA 54 Viena 2012. Mención especial merecen Claudia Cerda Becker y los evaluadores anónimos de RCP. Mi mayor gratitud es para con los encuestados y entrevistados del estudio.


RESUMEN

Este artículo estudia los fenómenos de las "trayectorias políticas militantes" y lo que llamamos "migraciones políticas". El objetivo es analizar las trayectorias políticas militantes de políticos profesionales de izquierda identificados como miembros de la élite partidista, gubernamental y estatal y que ocuparon posiciones de dirección formal en partidos políticos e instituciones del Estado. El artículo desarrolla una estrategia teórica y metodológica innovadora que combina el análisis descriptivo de datos cuantitativos y el análisis interpretativo de los significados, lo que permitió explorar las narrativas de políticos profesionales sobre sus propias trayectorias.

Palabras clave: Élites, militancia, trayectoria política, análisis de narrativas.


ABSTRACT

This article studies the political trajectories of members of the elite. In particular, it analyzes 2 types of political trajectories of leftist politicians who hold some of the highest positions of authority in political parties, the government and as political representatives in Congress. The article develops an innovative theoretical and methodological strategy that combines descriptive analysis of quantitative data about the political elite with interpretative analysis of meanings in an exploratory study of politicians' narratives about their own political trajectories.

Key words: Elites, political membership, partisanship, political trajectories, narrative analysis.


 

I. INTRODUCCIÓN

Este artículo se inscribe en un proyecto mayor que estudia los fenómenos de las trayectorias políticas militantes y lo que llamamos "migraciones políticas" en un período de cinco décadas. Nuestro objetivo general es estudiar las trayectorias políticas militantes de los miembros de la élite partidista, gubernamental y estatal que ocuparon posiciones de dirección formal en partidos políticos e instituciones del Estado de Chile de manera persistente en el tiempo entre 1990 y 2010.

El artículo es una primera aproximación al fenómeno poco estudiado de la trayectoria militante de los políticos profesionales en Chile. Por razones de espacio nos concentramos en el estudio más detallado de dos tipos de trayectorias políticas militantes características del espacio sociopolítico de la izquierda, que se ha caracterizado históricamente por su fluidez y marcadas identidades ideológicas.

En términos generales, distinguimos entre trayectorias de militancia partidista y trayectorias no-partidistas. Solo las primeras son el objeto de este artículo. En segundo lugar, estudiamos las trayectorias políticas militantes tanto desde el punto de vista de sus continuidades y/o discontinuidades en el tiempo, como también en términos ideológicos y espaciales, es decir, como cambios interpartidos políticos, persistencia de la militancia, o cómo dejar la militancia. En tercer término, estudiamos los patrones individuales o grupales de la persistencia o movilidad, intentando descubrir tipos de secuencias características, configurando de este modo diferentes tipos de trayectorias políticas. Por último, y estrechamente relacionado a lo anterior, analizamos estos patrones de persistencia o movilidad y los tipos de trayectorias políticas en relación a las coyunturas históricas específicas que crearon ventanas de oportunidad para migrar.

II. MIEMBROS DE ÉLITE, CAMPO POLÍTICO Y MILITANCIAS POLÍTICAS

Tres cuerpos de literatura y sus respectivas preguntas han sido de importancia en la realización de este estudio: la literatura contemporánea sobre elites políticas, la literatura sobre militantismo, y la literatura sobre cambio de partido. Es hasta cierto punto sorprendente que no exista mayor contacto entre estas, con la excepción de un puñado de autores (Alcántara, 2012; Savicki, 2011; Offerlé, 1999; 2012). A continuación abordaremos cada una de manera breve.

Si bien la teoría contemporánea de élites no se encuentra entre aquellas que conforman el mainstream de la ciencia política, el concepto de élite se ha consolidado tanto en su lenguaje como en el de la sociología política (Bellamy, 2001; Blondel, 1987; Scott, 2001). En Latinoamérica, los estudios sobre élites han tenido en tiempos recientes una relativa importancia en la explicación de los procesos de transición desde regímenes autoritarios de tercera ola democratizadora (Huntington, 1991; Przeworski, 1986; 1991; Highley y Gunther, 1992), en los estudios de congruencia entre ciudadanos y sus representantes (Siavelis, 2009), en el estudio del rol de las comunidades epistémicas, grupos y redes de profesionales y expertos con influencia o directa participación política (Dezalay y Garth 2005; Silva, 2010) y en el estudio de la importancia de agentes políticos individuales (Whitehead, 2009; Alcántara, 2012).

Solo de manera reciente se ha comenzado a indagar en la formación de la élite política en Chile. Un antecedente relativamente reciente es el estudio del PNUD (2004), que tenía como propósito generar un mapa del poder en Chile y describir las imágenes o representaciones del desarrollo nacional, por lo que entre los factores estudiados consideró a las élites económicas, políticas, sociales y simbólicas chilenas.

En lo que se refiere a la élite política, están los estudios de Alcántara y Luna (2004), quienes realizan un análisis comparado de las ideologías partidarias de los parlamentarios y de Cordero y Funk (2011) que indagaron con detalle en las características sociológicas de los parlamentarios chilenos. Recientemente Gárate (2011) estudió a los economistas como una comunidad epistémica que influye en el Estado. Con un enfoque similar, Joignant (2011) sostiene que existió entre 1990 y 2010 un elenco de miembros de la élite con alto capital cultural que le dieron continuidad a los diferentes gobiernos de la alianza de centro-izquierda denominada Concertación de Partidos por la Democracia (en adelante Concertación). Por su parte, Fuentes y Moyano (2011) estudian el rol de los así llamados centros académicos independientes y más recientemente de los denominados think tanks. Estos estudios tienen en común el interés por comprender la relación establecida entre las actividades de gobierno y el desarrollo y aplicación de conocimientos expertos de carácter práctico.

En relación a los enfoques teóricos y metodológicos de la militancia hay una escasa literatura (Gaxie, 1980; 2005; Pudal, 2011). Algunos autores proponen la existencia de configuraciones de militancia como tipos ideales. En primer lugar está el paradigma del "militante heroico" cuyo héroe colectivo está constituido por "grupos militantes". Otro tipo de militancia es la pragmática que se sostiene sobre disposiciones más electoralistas y cuestiona las motivaciones heroicas (Pudal, 2011: 20). Junto con esta dimensión marcada por lo heroico o pragmático de la militancia, es necesario considerar la dimensión de las variadas retribuciones de la militancia: simbólicas, terapéuticas, laborales, financieras, aspiracionales, culturales, de capital social, por nombrar solo algunas. Otro aspecto interviniente en el tipo de militancia es el relativo grado de burocratización y jerarquización, o descentralización e informalidad, de las organizaciones partidarias. Finalmente, el tipo de organización influye en la experiencia de militancia: el valor de la individualidad vis-á-vis, la colectividad, el compromiso y su intensidad, y la alternación entre períodos de alta lealtad e interés y momentos de repliegue del compromiso militante.

Un tercer tipo de literatura que es en parte pertinente para nuestros intereses aborda la movilidad interpartidaria. La mayor parte de esta se ha desarrollado en relación a los problemas de institucionalización de los sistemas de partidos, la disciplina parlamentaria y los incentivos institucionales que la facilitan o la inhabilitan (Barrow, 2007). Sin embargo, no tenemos suficientes estudios acerca de los significados otorgados por los propios miembros de las élites políticas a sus experiencias (necesariamente subjetivas) de movilidad interpartidaria, de persistente identificación con el partido político y lealtad militante, o de independencia respecto de los partidos y organizaciones políticas. Esta investigación pretende contribuir a llenar ese vacío. En la investigación se utilizaron métodos mixtos, entre los que sobresalen los métodos narrativos, junto con el análisis descriptivo de datos cuantitativos recabados por medio de un cuestionario aplicado a miembros de la élite política en Chile. Pero antes de abordar estos aspectos metodológicos es necesario decir algo acerca de lo que entendemos por campo político y trayectoria sociopolítica.

La teoría del campo de Pierre Bourdieu es una teoría acerca de la diferenciación y especialización espacial y funcional del mundo social (Lahire, 2005; Thompson, 1991). La diferenciación funcional que han experimentado las sociedades modernas en procesos de democratización ha influido en que el campo político se constituya como una esfera relativamente autónoma conformada por élites, o en los términos más característicos de Bourdieu, por agentes políticos "profesionalizados" (Bourdieu, 2005; Wacquant, 2005). Las organizaciones políticas especializadas y los políticos profesionales se distinguen crecientemente de la masa de ciudadanos profanos, a pesar de que en democracia las élites dependen en última instancia de su apoyo. La especialización de la política y los intereses particulares contribuyen a esta separación (Bourdieu, 1991; 2005).

La relativa autonomía del campo político se manifiesta también en una lógica propia y característica del campo, la que determina tanto aquello que está en juego en él como también la forma que adquiere dicho juego. El principal juego (enjeux) de los agentes políticos "profesionalizados", y que caracteriza la interacción propia del campo político, es la competencia por el monopolio de las posiciones institucionales de autoridad o influencia, y el logro y mantención del prestigio y popularidad (capital simbólico).1

El campo político es, por lo tanto, un espacio social relativamente cerrado y crecientemente especializado y autónomo. Este "microcosmos" social -el campo político- se halla estructurado como un campo de poder. En él, las posiciones de influencia y toma de decisión formales e informales son relativamente monopolizadas por los políticos profesionales y las organizaciones políticas especializadas. Las luchas por el control de dichas posiciones y el poder se expresan en conflictos, dominación, e intentos de control monopólico de los bienes del campo; pero también se expresan en variadas formas de resistencia. La lógica agonística de la política se expresa tanto en la competencia entre políticos y organizaciones de orientaciones diferentes como en las luchas ideológicas y políticas intrapartidos, en la configuración de facciones y/o tendencias internas en disputa, las que en ocasiones terminan conformando nuevos referentes organizacionales -sean estos nuevos partidos o movimientos políticos-. Como veremos, ambas dimensiones son determinantes en el análisis de las trayectorias políticas individuales y grupales.

El campo político es más bien cerrado, en tanto pone barreras de entrada para aquellos que no forman parte de la élite política (ya sea por su origen, acumulación de capital social, capital cultural, generación, género, etnia y raza, ciudadanía y nacionalidad, etc.) y les impone como costo de entrada la adquisición de y adhesión a cierto habitus de élite, es decir, a un conjunto de disposiciones que funcionan como un marco inconsciente y estructurante de las prácticas y actitudes, inclinando a los agentes -a los miembros de la élite- a pensar y actuar de un modo determinado. A su vez, cada partido político puede, al menos en parte, ser visto de este modo como un campo poseedor de un habitus propio.2 Por ello, los cambios de militancia suelen enfrentar a los agentes individuales y/o grupales con la necesidad de adaptarse al habitus político de la organización política receptora. Los cambios de trayectoria y militancia también pueden favorecer cambios objetivos al interior de la estructura de posiciones de la organización receptora, abriéndose de este modo la oportunidad para producir una reconfiguración de su campo de poder.

Ahora bien, el campo político es un espacio social que incluye además de los políticos profesionales a un conjunto de agentes políticos -no todos ellos constitutivos de la élite de políticos profesionales- y sus relaciones. Esta distinción es especialmente importante para comprender la política en las democracias de masas, en las que si bien las élites constituyen los agentes fundamentales del campo político, estas nunca pueden cerrarse sobre sí mismas completamente. Es característico del campo político en democracias el que las élites políticas mantengan una interdependencia con el entorno de votantes, con la opinión pública y sus productores, los medios de comunicación y comentaristas políticos, los intelectuales públicos, los centros de estudio y universidades, las ONG, las organizaciones políticas de masas y sus militantes ordinarios y, finalmente, con los ciudadanos comunes y corrientes, los movimientos sociales y sus activistas.

En cada sociedad los niveles de autonomía y cierre del campo político es diferente. Además de las características institucionales y la misteriosa lógica de la representación política estudiada por Bourdieu (1991; 2005), el nivel de cierre, exclusividad y separación de las élites políticas parece ser otro de los factores determinantes de la autonomía del campo político. La evidencia existente sobre Chile tiende a indicarnos que la élite es bastante cerrada (PNUD, 2004), cuestión que tiende a corroborarse con los datos recolectados por nuestro estudio sobre educación de los encuestados, sus padres e hijos.

Otra categoría central de nuestro análisis es la de trayectoria política militante. Distinguimos entre biografía de vida, trayectorias sociopolíticas y trayectorias políticas militantes. Mientras por la primera entendemos el relato de los variados aspectos y franjas de experiencia de la vida de las personas, por la segunda entendemos el trayecto que los agentes realizan entre dos o más posiciones en el espacio político a lo largo del tiempo que, en este caso particular, determina sus posiciones en el campo político. Es la tercera categoría, la trayectoria política militante, la que es nuestro foco de mayor atención. Con ella aspiramos a describir y explicar una delimitada franja de la experiencia de los agentes en el campo político, es decir, su trayectoria militante, y en especial en este artículo, los movimientos de los agentes entre partidos.

Las trayectorias sociopolíticas son estructuradas por las condiciones sociohistóricas del campo político y no por la pura voluntad y capacidad de los agentes. Uno de los factores fundamentales en la formación de las trayectorias es la acumulación -o potencial pérdida- de distintas clases de capital -económico, social, cultural, simbólico (Bourdieu 1986)- y su conversión en capital político disponible y movilizable. Los agentes políticos co-construyen en interacción con otros agentes sus trayectorias acumulando -o perdiendo- capital a lo largo del tiempo. Si bien la interacción en el campo político es de carácter eminentemente agonístico, la competencia en el mismo puede seguir diferentes estrategias, incluyendo también formas de cooperación.

En esta perspectiva, en una democracia la pertenencia a un partido político puede ser un capital político de importancia. En efecto, en democracia los políticos profesionales compiten y cooperan al interior y entre partidos políticos. Estos últimos monopolizan ampliamente -aunque no por completo- la formación y distribución de algunos bienes y recursos políticos fundamentales como son los programas políticos, las ofertas ideológicas, el reclutamiento del personal burocrático, la organización de la maquinaria política electoral, la oferta de candidatos y la formación de gobiernos (Gaxie, 1980; Offerlé 1999; 2012). Los partidos políticos también monopolizan la distribución de su membresía política y fijan procedimientos tanto para la adquisición de su militancia como también las regulaciones para su mantención; e incluso aplican sanciones que incluyen la pérdida de la militancia (la expulsión). Esto parece ser importante pues uno de los factores que atrae la militancia a los partidos políticos es que funcionan como una marca de identidad y un repositorio de capitales económico (dinero y financiación), social (relaciones), cultural y simbólico (distinción y prestigio) que se ofrece a sus miembros. El partido inviste a sus militantes más notorios al hacerlos parte de su historia colectiva, de su memoria; al hacerlos partícipes de sus programas, valores e ideologías; y les proyecta su imagen pública. Por esto la membresía es ya un capital político importante y valorado por los políticos profesionales. En consecuencia, las posiciones de militancia de los agentes en el campo político y los movimientos que realizan en él en términos de cambios de militancia constituyen un factor muy influyente en su trayectoria política.3

En las próximas secciones usamos datos recolectados por medio de cuestionarios acerca de las militancias políticas, independencia, lealtades o adhesiones, que los propios agentes encuestados ordenaron en el tiempo. Como estos datos pueden ser distribuidos longitudinalmente, es posible mostrar los movimientos, persistencias o cambios realizados por los agentes, tanto individualmente como en términos agregados, por grupos o partidos políticos. Estos datos nos ayudan a configurar el contexto general del fenómeno de las trayectorias políticas militantes. Por limitaciones de espacio, en este artículo nos concentraremos en un primer momento en las trayectorias de los agentes encuestados que se movieron hacia los principales partidos de izquierda en el período, el Partido Socialista de Chile (PS) y el Partido por la Democracia (PPD). Concebimos a estos como partidos receptores finales. En un segundo momento atendemos a dos trayectorias significativas: 1) Trayectoria Partido Comunista (PC)-Partido por la Democracia (PPD) y 2) Trayectoria Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)-Partido Socialista (PS). Esto reduce nuestro objeto de estudio a dos tipos de trayectoria política militante del espacio sociopolítico de la izquierda.

Junto con los datos agregados o por grupos o partidos obtenidos por medio del cuestionario, realizamos entrevistas narrativas a cinco políticos que antes fueron encuestados como parte del censo de la élite. Ellos nos otorgaron información acerca del significado que le dan a sus experiencias de cambio y militancia política. Así, las trayectorias sociopolíticas adquieren un sentido a la vez más profundo, completo y complejo a partir de nuestra interpretación de los relatos de los agentes. Esta forma de estudiar las trayectorias sociopolíticas, y en particular los cambios de militancia, presta atención tanto a la dimensión temporal usando los datos del cuestionario que se prestan para ordenamientos longitudinales en secuencias temporales (como son los años de ingreso y egreso de militancias) como en su dimensión interpretativa usando los relatos de los agentes entrevistados.4

Los estudios sobre narrativas sostienen que la experiencia humana, tanto colectiva como individual, adquiere sentido por medio de relatos (Bruner, 1987, 1994; Plummer, 2001; Ricoeur, 1984; Taylor, 1989).5 Es sobre la base de discursos narrativos que los agentes individuales, pero también las organizaciones y colectivos, dan sentido a sus experiencias y las ordenan en forma de secuencias comprensivas y explicaciones causales y contextuales (Czarniawska, 1998, 2004; Plummer, 2001).

Las narrativas son expresiones discursivas ordenadas en el tiempo que siguen ciertas estructuras de sentido típicas. Consecuentemente, los estudios de narrativas suelen identificar estructuras significativas que funcionan como narrativas sociales (Plummer, 2001; Rustin, 2000; Wengraf, 2000). En esta misma línea, proponemos distinguir entre lo que llamaremos narrativas causales contingentes, narrativas político-morales, y narrativas contextuales. Las narrativas causales contingentes ofrecen interpretaciones acerca del origen de la militancia, de los cambios de la militancia, sus causas, episodios específicos y su impacto en la vida política de los agentes. Estas narrativas intentan orientar y fijar el sentido de la experiencia por medio de interpretaciones causales. Este sentido causal es, sin embargo, siempre construido y es, por tanto, necesariamente contingente. Por su parte, las narrativas político-morales dan cuenta de los cambios (o continuidad) en la identidad política del agente, de su estatus moral como persona o colectivo confiable y respetable cuando se trata del cambio o continuidad propios o de otros representados como cercanos. Con frecuencia sucede lo contrario cuando se trata de un individuo o grupo percibidos como un otro, especialmente cuando es percibido como amenazante o con el que se compite. Por último, las narrativas contextuales se caracterizan por ofrecer contextos comprensivos que revelan conexiones realizadas por los entrevistados entre su experiencia y los asuntos más generales del contexto histórico, cultural y sociopolítico.

Estos tres tipos de narrativas no son excluyentes. De manera frecuente las encontramos entrelazadas en el relato general de los agentes. Pero vale la pena distinguirlas analíticamente, pues cada una cumple su función ordenadora y significativa por medio de una estrategia diferente. Además, todas contribuyen en mayor o menor medida a representar las experiencias del agente y su relación dialéctica con el contexto.

Los relatos de adhesión, lealtad o identificación con un partido, si bien son interesantes, no presentan la complejidad de los relatos de cambio de militancia. En efecto, los cambios de militancia son momentos especiales, ya que implican una apuesta de riesgo e incertidumbre que somete a cuestionamiento las lealtades de los agentes y su habilidad de mantenerlas y los expone ante sus pares y grupos de referencia como sujetos cuya confiabilidad puede ser cuestionada o, si tienen éxito, reafirmada. Dejar la militancia, emigrar a otro partido o participar de la creación de un nuevo referente partidario son todas situaciones en las que la identidad, capitales y experiencia cotidiana del político se ven amenazadas. Los agentes migrantes, por medio de su relato, lidian tanto con los riesgos creados por sus decisiones de cambio como con las críticas de que pueden ser objeto. Con frecuencia intentan fijar el significado del cambio de militancia por medio de una narrativa autojustificatoria que se orienta a legitimar sus decisiones, a minimizar y controlar el daño que se pueda provocar a su imagen y, en lo posible, a mantener o incrementar su prestigio político. Sin embargo, normalmente no pueden evitar que el cambio de militancia sea un asunto polémico cuyo significado no pueden controlar en su totalidad. De hecho, el significado del cambio de militancia se vuelve un objeto de la lucha política.

Esta clase de relatos sobre cambio de militancia tienen el potencial de hacer visibles, por medio de la movilidad de los agentes individuales, modificaciones en la identidad política de los colectivos. En efecto, los relatos individuales no solo significan la relación de la persona consigo misma y su biografía, sino que también sus relaciones con su medio social (Czarniawska, 1998, 2004; Plummer, 2001) y, en este caso, con las organizaciones políticas y su medio institucional y contexto histórico.

III. METODOLOGÍA

La multidimensionalidad de lo que hemos denominado trayectoria sociopolítica y cambio de militancia, y en especial su significado, no pueden ser abordados solo con datos longitudinales de militancia, ingresos, egresos y cambios de militancia. Si bien son necesarios para comprender el contexto espacial y temporal del fenómeno, estos deben ser complementados con datos de carácter cualitativo-narrativo, sin los que no podríamos acercarnos al problema del significado de las trayectorias políticas militantes y sus cambios. De este modo, cada método y el tipo de datos que ofrece nos otorga un particular ángulo del fenómeno. Es por medio de su acoplamiento en diferentes fases de la investigación que logramos una perspectiva a la vez más integral y general de las trayectorias sociopolíticas y los cambios de militancia en la izquierda chilena (Elliott, 2004; Mason, 2006; Read y Marsh, 2002). Además, una estrategia como la que aquí seguimos permite abordar las diferentes dimensiones del fenómeno superando las dualidades macro y micro, objetiva y subjetiva, privada y pública, individual y colectiva, que frecuentemente bloquean el análisis social (Bourdieu, 2007).

En un inicio intuimos que las trayectorias de migración partidaria obedecerían principalmente a factores subjetivos, personales e ideológicos (variables independientes) de las trayectorias de cambio de militancia en la izquierda chilena (lo que llamaríamos variable dependiente). Sin embargo, a poco andar se hizo evidente que un diseño de investigación tradicional con un enfoque centrado en variables habría sido de poca utilidad para una situación que en la práctica no ha sido previamente estudiada. En tales circunstancias, lo recomendable es un diseño de investigación más tentativo, flexible, de carácter exploratorio y descriptivo (Babie, 2010; Mason, 2002). En su fase de entrevistas en profundidad el propio proceso de investigación nos confirmó que la determinación de variables a priori habría sido una estrategia inadecuada. Como se verá, nuestro estudio muestra que junto con factores subjetivos, personales e ideológicos que intervienen en la producción de trayectorias de migración sociopolítica, tienen una gran fuerza explicativa factores organizacionales de los partidos, y otros de contexto histórico general asociados a eventos y tendencias de cambio de nivel nacional y mundial. Nuestro enfoque narrativo muestra cómo los agentes otorgan sentido desde sus propios mundos e intereses a los factores sociales como los recién mencionados, conectándolos con sus biografías por medio de relatos concretos.

Pero esto no trae por consecuencia que solo podamos referirnos a las particularidades de las biografías políticas de los entrevistados. En efecto, nuestro análisis ofrece una tipología de trayectorias sociopolíticas basadas en los datos objetivados provistos por el cuestionario y una tipología de narrativas o patrones de interpretación basados en los relatos obtenidos por las entrevistas. Estas tipologías de trayectorias sociopolíticas y narrativas no aspiran a ser definitivas, sino más bien a generar un marco interpretativo de referencia. En otras palabras, son herramientas conceptuales de carácter heurístico que facilitan la comprensión del fenómeno. A su vez, sirven para elaborar preguntas e hipótesis para futuros estudios que seguirán a este.

Los datos cuantitativos analizados fueron obtenidos mediante un cuestionario aplicado a un universo censal de 590 individuos, de quienes 386 respondieron satisfactoriamente. Los encuestados se desempeñaron con regularidad en el campo político entre el 11 de marzo de 1990 y el 11 de marzo del 2010. Con el propósito de delimitar adecuadamente la élite política, el estudio estableció que los agentes debían ocupar con frecuencia algunas de las más altas posiciones institucionales y organizacionales del Estado, el Congreso o los partidos políticos. La excepción fueron los Presidentes de la República y los Ministros de Estado, quienes debido a la importancia de las posiciones que alcanzaron fueron incluidos en el universo censal.

Las posiciones consideradas incluyen a la Presidencia y los más importantes cargos de su confianza, como Ministros de Estado, Subsecretarios, máximas autoridades de los más importantes servicios públicos y empresas estatales. También se incluyeron cargos de elección popular como diputados y senadores que se desempeñaron en más de un período o que también tuvieron algún otro cargo de importancia. Finalmente, también se consideró a aquellos que se desempeñaron en las más altas posiciones de alta dirección partidaria por tiempos muy prolongados y/o que además tuvieron algún cargo de importancia en el Estado. La recolección de datos cuantitativos se desarrolló a lo largo de varios meses entre los años 2010 y 2011. El cuestionario constaba de más de 40 preguntas cerradas y abiertas, las que abordaban una gran variedad de dimensiones. En este artículo nos ocupamos solo de aquellas que dicen directa relación con la experiencia de militancia política y trayectoria sociopolítica.

Basados en la información recogida se identificaron tipos de trayectorias políticas características del espacio sociopolítico de la izquierda. Luego de probar varias alternativas para comprender la gran variabilidad de trayectorias políticas militantes detectadas, se decidió prestar mayor atención a las posiciones de llegada -en este caso partidos políticos de izquierda o posición de político independiente- que a la primera militancia o al número de cambios de militancia.

La segunda fase del estudio constó de entrevistas narrativas realizadas a una submuestra de cinco individuos de 10 casos que hicieron dos tipos de trayectoria política militante: PC-PPD (cinco casos) y MIR-PS (cinco casos). La selección de los entrevistados persiguió tres criterios de validación: primero, que la selección de los casos de la submuestra fuera representativa en el sentido de 'tipicidad' de cada categoría o tipo de trayectoria; segundo, que la muestra total del estudio maximice la variabilidad de tipos de trayectorias a efectos de mostrar diferentes experiencias; y tercero, que con ella nos acercáramos al ideal de saturación teórica (Mason, 2002; 2006). El objetivo fue suplementar la identificación de tipos de trayectorias políticas con interpretaciones densas de la autocomprensión de los entrevistados de la experiencia de migración política. Esto nos permitió ofrecer una versión plausible y verosímil de la significación de las trayectorias políticas militantes estudiadas en el marco de sus contextos simbólicos e históricos más amplios (sobre esto ver Plummer, 2001 y Rustin, 2000).

Las entrevistas buscaron maximizar la dimensión narrativa de los relatos, de modo que se extendieron entre 1 hora y media y 3 horas y media. Las entrevistas debieron ser mínimamente estructuradas para combinar la riqueza narrativa con la comparabilidad, asegurándonos de ese modo que los temas de la investigación fueran abordados por los entrevistados. Debido a las restricciones de tiempo que impone el estudio de minorías selectas de políticos profesionales, con dos entrevistados debimos reunimos en dos ocasiones para cubrir los temas de interés. Para cuidar la confidencialidad de los datos e integridad de las identidades hemos intentado anonimizar hasta donde nos ha sido posible los relatos.6

IV. DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS DE LOS DATOS

Inicialmente analizamos las trayectorias políticas militantes de políticos de la élite para situar el contexto general del fenómeno, En las secciones subsiguientes estudiamos con mayor detalle las trayectorias políticas militantes del espacio sociopolítico de la izquierda con un especial foco en las trayectorias políticas militantes PC-PPD y MIR-PS.

Trayectorias políticas en la élite chilena

Los niveles de militancia y las trayectorias políticas de los agentes de élite son importantes, pues son indicativas del carácter militante de la élite, de la movilidad individual entre partidos políticos y la permeabilidad de los mismos y, en definitiva, de la forma en que la élite política es estructurada en parte por movimientos individuales y grupales que, a su vez, juegan en un campo de fuerzas ya estructurado.

Como era de esperarse en una cultura política como la chilena, de los 386 encuestados 361 militan o han militado en partidos políticos, lo que representa al 93% de nuestra muestra censal efectiva, siendo aquellos que se identifican como no-militantes solo un 7%. Además, de los 361 que militan, 190 tienen padres o madres que militaron en partidos políticos, lo que representa un 55%. Un dato interesante es que, de los 25 encuestados que nunca han militado, 16 tienen padres o madres que sí lo han hecho. Obviamente estos sujetos no se encuentran alejados de la política y es posible hipotetizar que, hasta cierto punto, son 'herederos' de la élite.

 

Tabla 1. Niveles de militancia de los miembros de élite y sus padres

Fuente: Elaboración propia con datos de la encuesta.

 

Algunos de los militantes entrevistados en profundidad destacan que la militancia política ocupaba un lugar relevante en sus hogares y mencionaron la experiencia militante de personas como padres, madres, hermanos y tíos o tías.

Si consideramos los años de ingreso a los partidos políticos, observamos tres períodos en los que se dan la mayor parte de los ingresos a la militancia. Alrededor de 1970, 1983 y 1989. El primer período de alto ingreso a la militancia coincide con la alta polarización y efervescencia política de fines de la década de 1960 e inicios de los años 1970 durante el gobierno de la Unidad Popular. El segundo coincide con la primera mitad de los años 1980, período de la más importante crisis económica que enfrentó el régimen militar de Pinochet que inauguraron las protestas masivas que iniciaron la estrategia de movilización social contra la dictadura, situación que fue una ventana de oportunidad aprovechada por los partidos políticos que se reestructuraron rápidamente y que hasta entonces no participaban de manera significativa del movimiento de protesta que había sido iniciado por sindicatos y estudiantes. Finalmente, el tercer período de altos ingresos a la militancia coincide con la preparación de las campañas políticas que pusieron fin a la dictadura y que iniciaron la transición a la nueva democracia. Nos referimos a las campañas de 1988 del plebiscito en que se sometió a ratificación o rechazo la continuidad del dictador, al plebiscito que sometió a ratificación una serie de reformas Constitucionales de 1989 y la primera contienda electoral para elegir Presidente y Congreso Nacional.

En lo que se refiere al egreso de militantes, se observan tres períodos. El primero (19691973) coincide con la alta polarización en la política nacional y dos sucesivas crisis en el Partido Demócrata Cristiano (PDC) que llevaron a su escisión y la formación del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y la Izquierda Cristiana (IC). El segundo período que toma buena parte de la década de 1980 tiene que ver con el proceso de reorganización del campo político partidista, y en especial con el largo proceso de unificación del socialismo y formación del PPD que atrajo a varios inmigrantes de otras fuerzas de la izquierda, el centro y la derecha. El tercer período (2007 y 2010) es menos agudo que los anteriores y parece tener relación con un nuevo cisma en el PDC que lleva a varios de sus dirigentes a formar el Partido Regionalista de los Independientes (PRI), y con el 'descuelgue' de dirigentes de la izquierda y la formación del Partido Progresista de Chile (PRO).

Es interesante constatar cómo la historia política nacional y la historia y culturas organizacionales de los partidos políticos se entreteje con las trayectorias individuales y de grupos de militantes. Como corroboramos en el análisis de las entrevistas, estos procesos de carácter nacional, ideológico, y los liderazgos y la dinámica electoral de los partidos políticos, parecen fijar un marco en el que los sujetos toman sus decisiones para iniciar su militancia, cambiar de partido político o dejar de militar.

La Tabla 2 presenta los partidos políticos en que militan o han militado los 361 agentes. Como varios encuestados tuvieron más de una militancia, los datos de la Tabla 2 presentan respuesta múltiples que superan con largueza el número de individuos (el promedio de militancias por individuo es de 1,4).

 

Tabla 2. Militancia en partidos políticos

Fuente: Elaboración propia con datos de la encuesta.

 

Gráfico 1. Militancia: Ingresos y egresos agregados

Fuente: Elaboración propia con datos de la encuesta.

 

Debido a que en el período estudiado la élite gobernante correspondió a partidos de centro-izquierda, los datos de la Tabla 2 muestran un claro predominio de militancias de esa orientación. En otras palabras, este predominio, en lugar de ser producto de un sesgo de la muestra, es una característica de la élite gobernante del período estudiado.

Por medio del cuestionario también se obtuvo información acerca de la historia y la trayectoria política y carrera militante de los entrevistados. En la Tabla 3 se presenta el número de cargos de dirección partidaria ocupados por miembros de la élite en los partidos políticos. Se aprecia que una mayoría -274 individuos- desempeñaron cargos de dirección de nivel regional o nacional en sus partidos. De los 361 individuos que han militado 87 (24%) sostuvo que nunca desempeñó cargos de dirección partidaria. Estos datos son un proxy de los capitales político y social de los agentes. Basándonos en la información provista por las entrevistas, es posible sugerir que la obtención de cargos y el relativo control de posiciones en la dirección de los partidos por parte de los miembros de la élite es el resultado de otros factores, como son la producción y reproducción de una cierta reputación positiva al interior de sus partidos y el desarrollo de suficientes redes intrapartido como para montar maquinarias electorales internas competitivas. Esto es importante, ya que en las democracias modernas, y en una cultura política como la chilena, los partidos políticos juegan un rol importante en la selección, investidura y promoción de algunos de sus miembros para formar parte de la élite gubernamental y estatal y, a pesar de su desprestigio en la opinión pública, aún dominan la selección de candidatos para el Parlamento (Siavelis, 2009).

 

Tabla 3. Número de cargos de dirección partidaria ocupados en los partidos políticos

Fuente: Elaboración propia con datos de la encuesta.

 

Uno de los más interesantes fenómenos detectados a través de la encuesta ha sido la migración de individuos entre partidos políticos. Según los datos de nuestra encuesta los mayores receptores de inmigrantes políticos han sido el PPD y el PS. Quienes inmigran a estos partidos lo hacen desde organizaciones y culturas partidarias muy diferentes. Interesante es el caso del PPD, que recibe a personas que militaron en partidos ideológicamente tan distantes como el Partido Comunista y el Partido de Alianza de Centro (PAC, un partido de centro-derecha opositor al régimen de Pinochet disuelto en 1990). Si bien el PS también recibe migrantes del PPD, es más bien este último el que se beneficia importantemente de migrantes provenientes del primero. El PDC, en franco contraste con el PS y el PPD, no se beneficia con inmigrantes partidarios, sino que es un partido emisor de migrantes políticos.

En lo que resta de este artículo nos concentraremos en estudiar dos trayectorias políticas militantes específicas hacia el PPD y PS, que son los partidos de mayor captación de militantes migrantes.

Las trayectorias políticas militantes hacia el Partido por la Democracia (PPD)

El PPD se fundó el 15 de diciembre de 1987 como un partido instrumental para enfrentar el plebiscito de 1988 y contribuir a producir una salida institucional y pacífica de la dictadura del general Pinochet. Su gran éxito lo llevó a que se proyectara en el tiempo más allá de su fin inicial hasta verse hoy convertido en uno de los partidos con más militantes en Chile. Entre sus fundadores se cuentan Ricardo Lagos, Jorge Schaulsohn y otros conspicuos dirigentes de diferente raigambre ideológica, incluyendo políticos de derecha republicana, liberales, radicales, socialistas, comunistas y miristas. Con el pasar de los años su carácter de partido de nueva izquierda asociado a las luchas de los nuevos movimientos sociales como el ecologismo y el feminismo se ha ido fortaleciendo. Esto llevó a un entrevistado a sostener que la ausencia de ideología inicial ya no describe las características doctrinarias del PPD, pues en nuestros días sería claramente un partido progresista de izquierda.

Los años de mayor ingreso al PPD están en torno a su creación (1987). Por otra parte, el período de la Convergencia Socialista, la vigencia de la doble militancia PS-PPD, y las divisiones estratégicas en el PC chileno explican otro momento de altos ingresos desde el PS, el MAPU, el PC, la IC y otros partidos. En este mismo período también se produjo la emigración de algunos militantes que, ante la imposibilidad de continuar con la doble militancia -situación anómala que se prolongó durante la primera mitad de la década de 1990-, optaron por mantener la afiliación al PS. El fin de la doble militancia produjo la transferencia de militantes en ambas direcciones entre el PS y el PPD.

Como se ve en la Figura 2 que representa las emigraciones hacia el PPD, de los 66 encuestados que actualmente militan en el PPD solo 21 -poco menos de un tercio- han militado únicamente en el PPD. En consecuencia, la mayoría de los militantes del PPD son inmigrantes partidarios. Las trayectorias más frecuentes que recorrieron estos migrantes partidarios fueron: PS-PPD (total 16), MAPU-PPD (total 11) y PC-PPD (total 5). Dos subgrupos importantes hicieron un recorrido de 3 militancias: PDC-MAPU-PPD (3) y MAPU-PS-PPD (4). El individuo que tuvo más militancias hizo el recorrido PDC-MAPU-PS-PPD.

 

Figura 2. Trayectorias políticas militantes hacia el PPD

 

Sobre la base de nuestras entrevistas en profundidad y la constatación de que hay períodos de mayor inmigración, observamos que este proceso de cambio de partido no es de carácter individual, sino colectivo. Al respecto, un entrevistado señaló que "uno no se cambia solo, lo hace siguiendo a su grupo de trabajo". En este proceso de emigración partidista los liderazgos, los así llamados "lotes" y facciones o tendencias tienen gran importancia. Distintos entrevistados nos revelaron que de las "tendencias"7 del PC, que reflejaron diferencias estratégicas importantes frente al plebiscito de 1988, condujeron finalmente a un quiebre interno. En efecto, varios militantes y dirigentes notorios como Patricio Hales y Antonio Leal dejaron el PC y migraron en grupo al PPD. Al PS lo hizo una minoría, entre ellos, Fanny Pollarolo.

El factor afectivo parece ser fundamental en el proceso de cambio de militancia. Este marca un punto de inflexión en la subjetividad política del militante de élite. Debido a que el dirigente es por definición un sujeto público cuyo principal capital es su prestigio, el cambio de militancia lo somete a grandes riesgos, pues con ello se ve amenazada su credibilidad, su coherencia y su capacidad de ser leal. Por ello, el proceso suele ser acompañado por un sentimiento de incertidumbre. Además, los entrevistados significaron el cambio de militancia de manera ambivalente. Por un lado, el cambio de militancia es una pérdida de lazos, de confianzas, de amistades, de cargos y capitales políticos acumulados. Pero, por otra parte, al menos en el caso de aquellos que emigran voluntariamente, hay una valoración de haber hecho lo correcto. Un entrevistado que hizo la trayectoria PC-PPD señala al respecto que

...es duro romper con un partido político, es súper duro. (...) Porque igual tú compartiste un ideal y una ideología, un programa, trabajaste con un grupo de gente. (...) fue duro tomar la decisión de irse. O sea, incluso los que no fueron al PPD, los que se fueron a su casa o se fueron del país o no sé qué. Es duro decir, porque en el fondo es como una sensación de fracaso también. Como que fracasó tu proyecto porque yo quería hacer esto y no nos resultó, no tenemos espacio acá, nos tenemos que ir.

¿Qué estrategias narrativas siguen los agentes para justificar el cambio? Una que nos parece característica es mostrar una continuidad de ideales a los que se permanece fiel, ideales que, de algún modo, el partido político de origen dejó de representar cabalmente. El mismo entrevistado de la trayectoria PC-PPD señala que:

(...) en el caso nuestro hay una cuestión histórica, que es el '89. Se cae el muro de Berlín, nosotros. yo estuve en el sector del Partido Comunista que apoyó mucho la participación en el plebiscito [se refiere al plebiscito de 1988 en que la oposición derrotó a Pinochet], inventamos este cuento del 'no hasta vencer', que era como pa no estar en el arcoíris pero igual queríamos la vía democrática, que además nosotros la defendíamos como tradicional del Partido Comunista. O sea, recuerda que el Partido Comunista fue el que más apoyó a Allende en la cuestión electoral.

Como vemos, el entrevistado desarrolla una narrativa contextual para justificar su salida del PC al vincularla con la caída de los socialismos reales. Además, desarrolla una narrativa político-moral que autojustifica su posición y critica la estrategia del PC y su evaluación de la coyuntura postplebiscito de 1988. El siguiente párrafo es especialmente representativo de este último punto:

Cuando la juventud comunista decide en el Congreso que no se va a incorporar al gobierno democrático, que en el fondo el plebiscito y las elecciones del '89 fueron un hito pero no significaron realmente el camino a la construcción democrática porque los que acceden al poder son las mismas élites, yo sentí ahí que era una contradicción enorme. Porque el partido comunista había promovido la vuelta de la democracia, en eso estábamos ¿ya? Bueno, después vienen todos estos grupos más radicales [se refiere en especial al FPMR] y qué sé yo. Entonces yo sentí que no tenía espacio en ese partido y que tampoco era lo que yo quería hacer. Pero tenía tan esta cultura militante que tampoco me sentía como. ¿cómo uno se iba ir a la casa e iba a estar criticando todo desde afuera? O sea, hay que hacer algo y hay que ver cómo nos incorporamos y cómo nos reconstruimos.

El cambio de militancia es un proceso que puede tomar años y en el que participan factores que rechazan la militancia en el partido de origen y otros que atraen hacia el nuevo. Entre los factores de atracción se cuentan los acercamientos estratégicos de los dirigentes del partido de destino, que pueden estar interesados en reclutar a la dirigencia que tenía ya un espacio de reconocimiento en diferentes campos sociales. Así, por medio de la amable recepción de los jóvenes 'jotosos'8 que dejaron el PC, el PPD pudo hacerse rápidamente de un número de dirigentes universitarios destacados, posiciones que como partido joven no organizado territorial ni funcionalmente no tenía cómo proveerse.

Otros factores señalados por varios entrevistados como atractivos del PPD son: su falta de ideologismo, su frescura y apertura a la incorporación de nuevas temáticas, la variedad de perspectivas de su dirigencia, la presencia de una intelectualidad moderna y renovada, su agenda valórica liberal, la militancia temática, más flexible y de menor intensidad y exigencia.

Ahora bien, ¿cómo se explica que algunos individuos ex-PC se hayan mantenido activos en la política en el PPD y otros no? Un entrevistado tiene una sugerente interpretación:

Los que tenían esta idea ... más ideológica de los partidos son los que sufrieron más. Y terminaron yéndose, terminaron no participando porque después la política en la democracia es mucho más electoral y entonces es más difícil esta otra cosa más ideológica y programática.

Como vimos en la Figura 2, grupos significativos de dirigentes del MAPU, el PS, el PC y el PRSD se movieron colectivamente en el mismo período hacia el PPD. De este modo, entre las tendencias internas iniciales del PPD se manifestaba la pervivencia de estas redes sociales precedentes, con dirigentes 'jotosos' venidos del PC, otros liberales venidos de sectores del centro y la derecha democrática, otros del campo socialista y finalmente del campo socialdemócrata. Según un entrevistado, estas redes con raigambre ideológica no siguieron necesariamente activas en el largo tiempo, y los clivajes internos del PPD -que se manifiestan en sus procesos electorales- han ido variando hacia otros ejes de carácter más estratégico o, como señaló un entrevistado, ejes más "electorales" y no "ideológicos".

Es interesante notar que el tipo de militancia característica del PPD se aleja de la experiencia territorial tradicional de los partidos políticos chilenos de viejo cuño. Sus lazos y redes internas se construyeron sobre ejes temáticos que lo llevaron a vincularse activamente con la ciudadanía, activistas y movimientos sociales. Además, tanto sus líneas programáticas como su perspectiva valórica promueven una agenda cultural de rasgos liberales que no tenía precedente en el sistema de partidos chileno de la segunda mitad del siglo XX. Además de esta forma relativamente novedosa de vincularse a la sociedad civil, esta militancia temática tuvo como efecto el debilitamiento de las redes fundadas en militancias anteriores y la formación de nuevas redes temáticas más profesionalizadas.

En términos organizacionales el PPD fue también innovador, pues distinguió entre una amplia masa de adherentes y los militantes. Según un entrevistado, esta distinción era más afín con el clima cultural de los nuevos tiempos, menos ideologizado, más individualista y en la que los seguidores de los partidos no están tan dispuestos a realizar grandes sacrificios personales por causas políticas ni a ejercitar una lealtad de intensidad heroica. Esta clase de militancia tiene mucho que ver con el proceso descrito por Pudal (2011), quien explica el agotamiento del militantismo heroico y su reemplazo por nuevas clases de militancia más flexibles y menos intensas.

Al mismo tiempo, el PPD ha contado con liderazgos bien sintonizados con la lógica de la política mediática que vincula a los dirigentes directamente con la ciudadanía y con las controversias sociales emergentes de índole moral y medioambiental9.

Las trayectorias políticas militantes hacia el Partido Socialista (PS)

El PS de Chile se fundó en 1933 y ya desde sus inicios se caracterizó por un fuerte fenómeno de faccionalismo interno. Luego del golpe militar de 1973 fue proscrito y varios de sus dirigentes fueron perseguidos y reprimidos durante la dictadura de Pinochet. En ese período convivieron diferentes grupos socialistas con sensibilidades ideológicas distintas y apuestas estratégicas también diferentes para derrotar al dictador. Su recomposición tomó buena parte de la década de 1980 y primeros años de los 1990.

84 miembros de élite que participaron en nuestra encuesta militaron alguna vez en el PS. A partir de los datos sobre ingresos y egresos, distinguimos cuatro períodos de altos ingresos a la militancia: 1960 a 1962, 1970 a 1972, 1980 a 1986 y el último alrededor de 1992. Los dos primeros períodos corresponden a la politización de la década de 1960 y el posterior ascenso electoral del bloque de partidos de izquierda y la formación del gobierno de la Unidad Popular, en el que los socialistas tuvieron un alto protagonismo. El tercer período (1980-1986) se vincula a la reconfiguración del campo socialista en el que había un importante número de partidos y movimientos, varios de los cuales se autodenominaban herederos del PS de Chile. En consecuencia, varios de los militantes socialistas que ingresaron al PS por esos años lo hicieron a diferentes tendencias socialistas o lotes o facciones, aún no unificadas en el partido actual que se 'refundó' solo gracias a un largo proceso de convergencia del campo socialista. Para simplificar el conteo, la variedad de orientaciones socialistas del período post-1973 y anteriores a la Convergencia Socialista fueron contadas como militancia PS.

De los 59 militantes actuales del PS que fueron encuestados, 32 han militado solo en esta tienda política. El resto se compone de inmigrantes políticos provenientes de diferentes partidos. El partido que más ha aportado con militantes es el MAPU (8), seguido por el PPD (7), la IC (6), y el MIR (5). También en este caso se aprecian algunas trayectorias políticas militantes largas cuya militancia de origen fue el PDC y que tomaron la forma PDC-MAPU-PS, PDC-IC-PS, o incluso PDC-MAPU-PPD-PS (ver Figura 3).

 

Figura 3. Trayectorias políticas militantes hacia el PS

Fuente: Elaboración propia con datos de la encuesta.

 

Tanto la cultura organizacional de facciones tradicionales en el PS como su reclutamiento de dirigentes de diferentes partidos de origen han favorecido la formación de facciones informales y varias redes internamente diferenciadas y competitivas que no fueron anulada por el proceso de convergencia socialista.

Un miembro de la élite gubernamental y dirigente socialista que realizó una trayectoria de dos posiciones de militancia MIR-PS ha señalado que las facciones internas fueron y son importantes en la militancia del PS. Este faccionalismo hacía especialmente improbable la decisión de emigrar al PS. Al respecto, otro entrevistado señala:

(...) era mucho más difícil irse al Partido Socialista [que al PPD] ya que era un partido lleno de facciones, que tú no decidías irte al Partido Socialista, tenías que decidir a qué facción del Partido Socialista entrabas, porque si no no podías ingresar.

Otro entrevistado que provenía del MIR señala que su militancia era ideologizada, orientada a la praxis revolucionaria, pero no ortodoxa, y eso acercaba a los militantes del MIR al PS y no al PC. Otro aspecto común con otras militancias de izquierda de la década de 1970 fue su carácter "heroico", según el término usado por un entrevistado.

¿Cómo explican los propios agentes su salida del MIR? En primer lugar, hay que señalar que el ideologismo no cancela las diferencias internas. En el MIR convivían orientaciones diferentes: marxistas-leninistas, cristianos radicalizados, movimientistas, foquistas proguerrilla urbana, etc. A estas tendencias en disputa y a la tensión interna hay que agregar que hubo en el propio MIR distintas interpretaciones del golpe militar, del fracaso del gobierno revolucionario de Allende y de la manera cómo se debía enfrentar a la dictadura militar. Estas diferencias mostraban distintas posiciones estratégicas y tácticas, y no solo ideológicas. Estas divisiones internas en el MIR tienen que ver con diferentes narrativas del ciclo histórico del quiebre de la democracia. Según un entrevistado, el germen de la salida de varios militantes del MIR a fines de la década de 1980 se halla en la creciente credibilidad que estaba logrando la idea de la derrota institucional de la dictadura:

... el No [se refiere a la opción institucional y electoral de oposición a Pinochet durante el plebiscito de 1988], nosotros planteamos, (...) fue el punto de ruptura. Porque nosotros planteamos el No popular. Nosotros dijimos: hay que apoyar el No. Nelson [se refiere a Nelson Gutiérrez dirigente histórico del MIR] digamos, con nosotros.

El triunfo de la oposición en el plebiscito pavimentó el camino para la ruptura definitiva del MIR. ¿Cómo se significó ese momento de inflexión en que se dejó la militancia del MIR y se asumió la del PS? Un entrevistado manifiesta una opinión típica que presenta el proceso como, a la vez, una crítica a la estrategia que estaba siguiendo la dirección del MIR y como la participación en la convergencia de fuerzas políticas pertenecientes al campo socialista. En efecto, el MIR fue activo partícipe de la Convergencia Socialista junto con las facciones socialistas lideradas por Jorge Arrate, Clodomiro Almeyda, un número importante de exmilitantes del MAPU y algunos ex-IC. Un entrevistado señaló:

... nos unimos después al proceso de unidad socialista (...) nos fuimos al PS. Lo hicimos público (...) con mucha ruptura hasta el día de hoy. O sea, yo soy súper crítico de la política del MIR, pero no hablando de "qué terrible que tiraron balazos". Yo creo que cometieron una irresponsabilidad muy grande, el Plan Retorno [se refiere al plan que perseguía la rearticulación de los cuadros del MIR en el exilio y su vuelta al país] fue una irresponsabilidad mayor. Creo que la venida de gente acá fue absolutamente irresponsable. El MIR debió haber salido al exilio mucho antes, o sea haber sacado su gente. Y nosotros criticábamos mucho la militarización de la política, ese era un planteamiento que hacíamos, que el MIR había militarizado la política. Era una mirada en verdad infantil [la militarización]. Amparada en principios, no sé, pero ... fue una irresponsabilidad grande. (...) Llegamos [al PS] muy desprejuiciados y además muy críticos del MIR. En el documento que hacemos cuando nosotros ingresamos al PS, anunciamos, pusimos que hacíamos un llamado a superar el MIR.

Pero a su vez, los ex-MIR participan de la convergencia socialista activamente, interviniendo en la lucha entre facciones por hegemonizar ese proceso, por lo que gestionaron alianzas con otros grupos socialistas:

Un grupo [de ex-miristas] construyó una relación muy muy fuerte [en el PS]. Yo la tenía con el Cloro [se refiere al histórico dirigente del PS Clodomiro Almeyda], nos hicimos grandes amigos, de verdad. Y el viejo me tenía harto respeto, bueno, yo le tenía harta admiración. Era uno de los líderes de la izquierda chilena. Y un grupo grande de cabros se puso clorista. Y el Cloro de alguna manera hegemonizaba con liderazgo todo lo que era la izquierda socialista, y el PS Almeyda el Cloro lo condujo.

Si bien, según un entrevistado, no ingresaron más de 300 militantes provenientes del MIR al PS, ellos contribuyeron con una red de organizaciones sociales que el MIR siempre copó y controló, con dirigentes universitarios, dirigentes poblacionales y algunos dirigentes de notoriedad nacional que participaron de la renovación socialista, como Carlos Ominami, quien llegó luego a ser Ministro de Economía del primer gobierno democrático de Patricio Aylwin y senador del PS.

Quienes transitaron del MIR al PS vivieron una experiencia ambivalente en su cambio de militancia, que no solo incluye una narrativa de rasgos político-morales autojustificatoria de su salida y crítica de quienes siguieron otras estrategias que la institucional frente a la dictadura. La salida también presenta rasgos de pérdida y sufrimientos. Desde luego, la salida implicó que relaciones y amistades de años fueron destruidas, pero tal vez más sobresaliente, un entrevistado señala el sentimiento de "derrota política" y de no haber podido evitar la radicalización y militarización de la organización. Según este entrevistado, fue esta derrota al interior del MIR la que trajo por consecuencia terribles pérdidas humanas durante la dictadura que podrían haberse evitado. Vemos que, como ocurrió con la experiencia de los que hicieron la trayectoria PC-PPD, también quienes militaron en el MIR y emigraron al PS vivieron el proceso de manera ambivalente: como una pérdida en ciertos aspectos y una ganancia en otros.

V. CONCLUSIONES TENTATIVAS

Las trayectorias políticas militantes de migración partidaria analizadas sugieren que estas no ocurren por decisiones voluntariosas de individuos aislados. Si bien no negamos que eso sea posible, nos parece interesante notar que los cambios tienden a ser de grupos. Nuestros entrevistados y los datos agregados indican precisamente este carácter colectivo de la migración partidista. Y hay buenas razones para que ello sea así. Por una parte, los costos de emigrar se aminoran si un número suficientemente significativo de los dirigentes de un partido deciden dejar el partido de origen. No parece posible determinar ex ante cuál es la masa crítica para que ello sea racional, pero parece razonable pensar que la emigración de un grupo que conforma una red asegura que los agentes activos seguirán movilizando y compartiendo su capital social en la nueva organización, al menos inicialmente o durante el tiempo que les lleve construir nuevas redes de apoyo en el partido receptor.

Parece sugerente explorar el modelo de Albert Hirschman (1970) sobre exit, voice y loyalty para analizar las condiciones de posibilidad que hacen más o menos probable la estrategia de salida voluntaria (y/o expulsión) implícita en toda emigración en un contexto organizacional en que la lealtad (loyalty) juega un rol importante. El principio de loyalty, como señalara Hirschman, hace costosa la estrategia de exit y aumenta las posibilidades de que los individuos se inclinen por la práctica crítica de voice, permaneciendo en sus organizaciones. Los relatos recogidos nos sugieren que explorar la frustración y fracaso en las estrategias de voice de los agentes versus las de exit es clave. El análisis de costo/ beneficio de los distintos cursos de acción de los agentes -simplificados como exit o voice-debe ser complementado con el estudio del proceso de debate estratégico, de controversia ideológica y de búsqueda de persuasión discursiva vivido en las organizaciones partidarias inmediatamente antes de su escisión, expulsión o migración voluntaria de algunos de sus dirigentes. Estos debates, usualmente aparecidos en relación con eventos críticos nacionales o de carácter interno de los partidos, abren ventanas de oportunidad para el desarrollo de tácticas de voice o exit que los agentes exploran.

En ambas trayectorias detalladas vemos que las hipótesis de los estudios acerca de las retribuciones de la militancia son relevantes (Pudal, 2011). Nuestros entrevistados admiten que los partidos políticos son espacios de sociabilidad en los que los individuos encuentran una fuente de identidad y pertenencia. Además, los dos casos detallados (PC-PPD y MIR-PS) muestran trayectorias en las que los partidos receptores podían transferir recursos y capitales importantes para los inmigrantes, aminorando así los costos de ser un recién llegado (que es usualmente jugar el papel poco deseable de, como afirmó un entrevistado, ser "cola de león"). En ambos casos, estos movimientos de trayectoria fueron procesos especialmente dinámicos en los que los partidos receptores no estaban constituidos aún como campos de fuerzas completamente estructurados y hegemonizados por grupos de poder ya consolidados. Es posible que esta sea una de las condiciones para inmigrar con éxito. Esto puede ayudarnos a explicar a qué se debe que algunos grupos del MIR hayan decidido participar de la Convergencia Socialista, y que los ex-PC -justificando históricamente su recelo hacia el PS- no lo hayan hecho, sino que hayan preferido en gran parte pasar al PPD.

Si bien el período de incorporación de los militantes del MIR al PS no es muy distante en tiempo al período de incorporación de los militantes escindidos del PC, estos son cualitativamente distintos en lo que se refiere a la estructuración del campo de fuerzas del PS. Debido a que la emigración del grupo del PC ocurrió cuando las facciones del PS ya tenían el campo de fuerzas bastante estructurado, el PPD ofrecía una verdadera alternativa, pues era aún un espacio abierto, no monopolizado y que además ofrecía perspectivas auspiciosas tanto para quienes querían desarrollar una carrera política en el Parlamento, como para quienes querían desempeñarse en tareas de dirección en agencias gubernamentales y el gobierno.

Las narrativas causales, político-morales y contextuales se combinan en el relato de los agentes que realizaron estas trayectorias políticas militantes. En ambas trayectorias estudiadas -PC-PPD y MIR-PS- existe un mismo discurso que identifica como causa de la emigración voluntaria según los entrevistados su desacuerdo con la radicalización de sectores importantes de los partidos de origen (el PC y el MIR) que enjuiciaban con escepticismo la nueva democracia política conquistada en las urnas. Ambas trayectorias políticas militantes de migración partidaria se afirman en una narrativa político-moral que identifica no solo errores conceptuales, ideológicos o estratégicos de las direcciones de sus partidos de origen o sectores importantes de los mismos, sino que además señalan a una culpa moral en el otro -su ex-partido de militancia-que los separa profundamente, estableciendo respecto de su anterior partido una frontera política (piénsese en el caso del relato sobre la "irresponsabilidad" del MIR). En ambos casos se critica las estrategias insurgentes, el menosprecio por la lógica de la negociación política, y se critica el escepticismo del MIR y el PC respecto de la democracia política.

También en ambos casos se vinculan los cambios de militancia a procesos globales de cambio cultural y transformación ideológica asociados a la revaloración de la democracia política y la caída del eje del Este y de los socialismos reales. Como se demostró, la historia política nacional y los procesos de cambio ideológico y las características de las respectivas culturas organizacionales de los partidos políticos son movilizados en los relatos concretos. En los relatos de los agentes se entretejen sus vivencias personales y colectivas, que reflejan tanto sus trayectorias individuales como las de sus respectivos grupos de referencia, con la historia interna de los partidos, y con eventos y procesos de carácter nacional y estructural, e incluso de carácter internacional. En la propia interpretación de los agentes son los procesos sociales y políticos los que parecen condicionar el marco de sus decisiones de emigrar hacia otros partidos. Estos relatos funcionan como narrativas que vinculan las experiencias a contextos explicativos de mayor escala y que condicionan los procesos biográficos individuales.

El análisis narrativo considera al relato como un discurso organizado (inicialmente por el agente-narrador), el que es reorganizado luego por el analista. De este modo se pretende entrelazar eventos, procesos y agentes en el tiempo, formando así las secuencias narrativas significativas que son características de este tipo de análisis y que se hallan en estado de latencia ya en la acción de relatar del entrevistado.

Cada relato recolectado es una versión de la realidad y expresa el punto de vista del agente, quien edita lo que cuenta retórica e interesadamente y, sin embargo, lo maneja como si fuera una descripción objetiva. Sabemos que los relatos no son objetivos, ni imparciales y que, en cambio, son selectivos e interesados. Se trata de las interpretaciones estratégicas de un agente político. En este sentido, las narrativas sobre militancia (o no-militancia) no deben ser confundidas con la realidad, pero tampoco deben ser tomadas como meras fabulaciones.

También hemos aprendido que los cambios de militancia son procesuales, y si bien tienen factores gatillantes que catalizan el movimiento, las condiciones de posibilidad de los mismos muchas veces tienen largos períodos de incubación. Así, el plebiscito de 1988 fue en ambas trayectorias estudiadas un punto de inflexión y a la vez una experiencia de epifanía para los agentes individuales. Pero para que este evento fuere interpretado de ese modo, condiciones discursivas y de comprensión previas fueron necesarias. La renovación socialista, la autocrítica y la valoración de la democracia política son parte importante de dichas condiciones de posibilidad.

Finalmente, si bien nuestros datos nos muestran un gran número de individuos que deciden dejar de militar (esta es la trayectoria más numerosa y que hemos dejado pendiente para futuras indagaciones), no deja de ser cierto que muchos políticos profesionales continúan en sus propios partidos, y que otros, bajo ciertas condiciones, están dispuestos a realizar cambios de militancia de resultados inciertos. Es decir, no se van de la política partidista, sino que cambian de 'residencia' política.

El cambio de militancia es un proceso que tiene sus restricciones. Debemos considerar explicaciones complejas que deben incluir variables históricas, organizacionales e institucionales que acentúen los costos (o beneficios potenciales) del cambio de militancia. Entre los costos están los castigos a la conducta indisciplinada de parlamentarios díscolos, o el rol de las comisiones o tribunales de ética de los partidos que pueden imponer sanciones, y la influencia que pueden ejercer los partidos políticos sobre los gobiernos. Los sistemas electorales, las leyes relativas a partidos políticos y elecciones y las prácticas de formación de pactos electorales y nominación de candidatos, también afectan las probabilidades de éxito de los aspirantes a cargos de representación. En el período estudiado, dejar de militar -la estrategia de exit- imponía al político altos riesgos. Finalmente, también hay que considerar los altos costos para quienes se desvinculan de partidos en términos de pérdida de confianza política y desprestigio y la consiguiente disminución de sus oportunidades para obtener futuros cargos de confianza. En efecto, el prestigio entre los pares y la imagen pública del político profesional constituyen un importante capital simbólico. El político requiere gran esfuerzo para adquirirlo y mantenerlo, pues parece ser un capital escurridizo: fácil de perder y muy difícil de recuperar. Por ello, como se ha sugerido en varios puntos en este artículo, por medio de sus relatos los entrevistados representan sus decisiones sobre el cambio de militancia enfatizando grandes motivaciones y principios, y minimizando el rol del cálculo estratégico, y motivaciones egoístas y de beneficio para la propia carrera política. No nos es posible determinar en qué grado los agentes se conducen a partir del análisis de los costos y beneficios de la acción. Sí podemos afirmar una nota de cautela y sospecha respecto de las motivaciones expresadas en los relatos, que minimizan los motivos egoístas y de sobrevivencia política. Será necesario explorar en futuras investigaciones -tal vez a partir de entrevistas con agentes que han dejado la política activa- el lugar que ocupa la racionalidad utilitaria en la construcción de la carrera, trayectoria y lealtad militante del político.

También parece necesario ponderar los criterios de racionalidad con que normalmente analizamos la conducta política, de manera de pensar lo que es razonable para los agentes en términos de racionalidad limitada (March y Olsen, 1984). Estos modelos representan mejor la incertidumbre de la situación de cambio de militancia y la información imperfecta con que cuentan los agentes cuando toman la decisión de emigrar. Junto con lo anterior, es también importante considerar los aspectos afectivos y de formación de identidad de la militancia política. Sin su consideración, cualquier relato acerca de los cambios de militancia será insuficiente. En relación con este punto, es necesario reconsiderar los factores discursivos de estos procesos, que reflejan los puntos de vista y marcos de referencia que delimitan tanto las identidades como las estrategias y tácticas de los agentes.

Finalmente, es imprescindible desarrollar una teoría más acabada acerca de las trayectorias políticas militantes en la que converjan en un diálogo fructífero los niveles de análisis estructural y narrativo. Este artículo se ha propuesto dar un primer paso en esa dirección. Quedará al lector juzgar si logramos de modo al menos incipiente dicho objetivo.

NOTAS

1 El capital político puede ser visto como una especie del capital simbólico. La centralidad que adquieren en las democracias contemporáneas los medios de comunicación de masas que vehiculizan la imagen del político, las prácticas de cultivo y cuidado de la imagen, las estrategias de control de daños y la importancia política que han adquirido las evaluaciones de opinión pública y el escándalo (Thompson, 2000) -trátese de la vida personal o eventos de corrupción- sugieren que el prestigio (su logro, mantención o pérdida) está en juego en el campo político.

2 Sobre el concepto de habitus ver Bourdieu (2008). Sobre el habitus en el campo político, ver Bourdieu (1991 y 2005).

3 El relativo desprestigio en que han caído los políticos profesionales, los partidos, las instituciones y la actividad política parece estar modificando las formas de acumulación y transformación de capitales en el campo político. Este parece ser un proceso de carácter mundial (Hay, 2007), del que Chile no es una excepción. En efecto, se ha vuelto frecuente observar a políticos profesionales que se declaran técnicos o no políticos. Estos afirman representar a la mayoría de ciudadanos independientes con los que se identifican y se definen como defensores del bien común frente a los parciales intereses partidistas que representarían los políticos militantes. Además de la evidencia de múltiples encuestas de opinión que se refieren al desprestigio de la política,  estudios recientes detectan algunas áreas temáticas de creciente incongruencia entre las opiniones de la ciudadanía y sus representantes políticos (ICSO-UDP, 2011). Las elecciones primarias presidenciales de 2013 en Chile son indicativas del relativo éxito de políticos no militantes, como es el caso del economista y ex ministro de Hacienda Andrés Velasco quien se autodefinió durante su campaña como independiente y distante de los partidos políticos y de lo que denominó "la vieja política" y la "política tradicional" (http://www.andresvelasco.cl/ [22-08-2013]).

4 Elliott (2005) ofrece una serie de interesantes estrategias para emprender dicha clase de estudios mixtos.

5 La ciencia política no ha desarrollado una metodología narrativa interpretativa equivalente a lo que sucede, por ejemplo, en la sociología (i.e., Czarniawska, 1998; 2004; Plummer, 2001). El concepto de narrativas analíticas de Bates et al. (2000) no se refiere a la misma clase de problemas y no presenta utilidad para el fenómeno aquí estudiado. La situación de olvido de las metodologías narrativas en la ciencia política queda demostrada por la revisión de Patterson et al. de 1998 en el Annual Review of Political Science. Esta publicación periódica no contiene posteriores revisiones del tema. Los manuales más usados de métodos en la disciplina tampoco incluyen el análisis de narrativas. Marsh y Stoker (1995; 2001) constituyen solo hasta cierto punto una excepción, pues incluyen aproximaciones afines (en su primera edición, un capítulo de análisis del discurso y en su segunda edición un capítulo sobre metodología interpretativista).

6 Este criterio ético general de la investigación cualitativa adquiere mayor urgencia en el caso de las entrevistas a miembros de élite política activos.

7 Según un entrevistado, la tradición de centralismo democrático no permitiría hablar de facciones en el PC.

8 En la jerga política chilena el término jotoso alude a los militantes de la Juventudes Comunistas de Chile (JJ.CC.)

9 Tal es el caso de dirigentes como Guido Girardi, Ricardo Lagos Escobar, Francisco Vidal, el entonces PPD Nelson Ávila y los más recientes liderazgos de Ricardo Lagos Weber y Carolina Tohá.

 

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Hernán Cuevas Valenzuela es PhD. de la Universidad de Essex, Reino Unido. Actualmente se desempeña como Investigador Adjunto de ICSO, Universidad Diego Portales, Santiago de Chile. Anteriormente se desempeñó como profesor de la Escuela de Ciencia Política de la misma institución. 
E-mail: hernan.cuevas.icso@gmail.com.

 

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