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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) vol.35 no.3 Santiago dic. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2015000300002 

Artículos

 

¿Voto amarrado?
Personalización del voto y trayectorias electorales de los Senadores en Colombia
*

¿Whipped Vote?
Personalization of Voting Behavior and Electoral Paths of Colombian Senators

 

YANN BASSET

Universidad de Paris III-Sorbona Nueva

* El autor agradece los comentarios que se le hicieron en esta ocasión, así como las observaciones de los dos pares anónimos de la Revista de Ciencia Política. El anexo cartográfico fue realizado por el autor en base a los datos publicados por la Registraduría Nacional del Estado Civil. Se utilizó el software Philcarto y se agradece a su creador Philippe Waniez, que lo mantiene a disposición del público en su página web: http://philcarto.free.fr


RESUMEN

El artículo rastrea en una perspectiva de análisis electoral la existencia de lo que se conoce en Colombia como el "voto amarrado", base del poder supuesto de los representantes. Se selecciona un grupo de candidatos al Senado en función de su longevidad y se analizan sus votos sobre un período relativamente largo de tiempo para evaluar la estabilidad del caudal, su concentración territorial y su carácter más o menos autónomo con respecto a las organizaciones partidarias. Las evidencias empíricas muestran que si bien existen senadores con un voto relativamente estable, concentrado y autónomo en relación a los partidos, los casos no son tan frecuentes. Por otra parte, incluso para los casos más llamativos, matizan las ideas demasiado simples acerca del "voto amarrado", haciendo aparecer ciclos de estabilidad y concentración que parecen vinculados a la pertenencia a los partidos.

Palabras clave: Colombia, elecciones, Senado, clientelismo, voto amarrado, voto de opinión.


ABSTRACT

This paper tracks the existence in Colombia of what is widely known as "whipped vote" (voto amarrado). From the perspective of electoral analysis, whipped vote represents the base power of the so-called electoral bosses. The paper selects a group of Senate candidates according to their longevity and analyzes their votes over a relatively long period of time to assess the stability of the vote, its territorial concentration and its autonomy from party organizations. Empirical evidence shows that while there are senators with a relatively stable, concentrated, and party-independent vote, such cases are not so frequent. In addition the paper challenges conventional academic wisdom about "whipped vote", even for the most striking cases, evidencing cycles of stability and concentration, which appear to be linked to party membership.

Key words: Colombia, elections, Senate, patronage, whipped vote, conscience vote.


 

Las nociones de "voto de opinión" y de "voto amarrado", por poco científicas que sean, se constituyeron en unos tópicos del discurso político y de los medios de comunicación colombianos en las elecciones. El primero corresponde supuestamente al ideal cívico del elector que vota "a conciencia", mientras el segundo se asocia a prácticas irregulares como el clientelismo o la compra de votos, en las cuales el elector compromete su sufragio a favor de un candidato a cambio de una retribución en dinero, bienes o servicios. A pesar de que se da por descontado que el voto amarrado es la regla y el voto de opinión la excepción, este último es mucho más popular. Cada político electo suele asegurar que el suyo es "puro voto de opinión", mientras el "voto amarrado" y las prácticas ilícitas que se le asocia son unánimemente rechazados. Los comentarios de los medios también se dirigen preferentemente hacia el primero, tal vez porque la naturaleza misma del voto amarrado lo hace presuntivamente previsible y menos interesante.1

Por su parte, la academia mira con reticencia una dicotomía que se despliega sobre un evidente juicio de valor. El voto de opinión es un ideal complaciente de las élites intelectuales urbanas, y el voto amarrado se considera como sinónimo de atraso, cuando no de corrupción. Por esta razón, los académicos evitan el uso de estas nociones y las contadas excepciones se enfocan a criticar sus fundamentos empíricos.2 Aunque estas prevenciones son razonables, la amplia difusión de tales estereotipos nos parece justificar un análisis riguroso de los mismos desde los resultados electorales. Como siempre, los clichés mezclan cierta dosis de realidad y de exageraciones que se necesita desentrañar. En este artículo nos interesaremos por el menos estudiado: voto amarrado.

Existe una cantidad respetable de estudios sobre el tema conexo del clientelismo en Colombia, desde los trabajos pioneros y generales de Losada y Valencia, o Leal y Dávila (Losada y Valencia, 1984; Leal y Dávila, 1990), hacia análisis sofisticados de modalidades particulares y novedosas (Mejía, Botero, y Rodríguez Raga, 2008). Sin embargo, estos trabajos no incluyen un estudio sistemático de los resultados electorales que se asocian a esta modalidad. Muchas veces la descripción y el análisis de los mecanismos y de las modalidades del clientelismo apuntan más a sus efectos institucionales que a evaluar empíricamente su importancia, que se da implícitamente por evidente. La popularidad de la idea del voto amarrado se explica en buena parte por esta carencia.

En otras partes de América Latina la literatura sobre el clientelismo ha hecho grandes avances en este sentido buscando evaluar el impacto electoral del fenómeno en base a estudios antropológicos de terreno (Auyero, 2001), o en encuestas realizadas entre los intermediarios (Stokes et al., 2013). En este artículo haremos lo propio para el caso colombiano utilizando la perspectiva del análisis espacial, abierta en América Latina entre otros por Sonnleitner (2013) y Terron (2006).

Traducido en términos más académicos, el voto amarrado apunta al tema de la personalización de la representación electoral en los cuerpos colegiales y, a través de la misma, a una limitación de la competencia electoral por la constitución de feudos estables en los cuales los políticos mantendrían cierta hegemonía electoral territorializada.

La idea según la cual la representación política de las regiones colombianas se canaliza casi exclusivamente a través de las figuras de políticos individuales va de la mano con la idea del voto amarrado. La personalización del voto se consolidó a partir del Frente Nacional de la mano del clientelismo y a la sombra del debilitamiento programado de las identidades partidarias. El estudio de Francisco Gutiérrez Sanín es el más completo que se haya hecho al respecto en una perspectiva histórica (Gutiérrez Sanín, 2007). Muestra cómo la fragmentación de los partidos tradicionales fue acompañada por una progresiva personalización de la representación. Acerca del plano electoral, esto se tradujo por el desmonte progresivo de los feudos electorales partidarios puestos en evidencia por Patricia Pinzón de Lewin en el primer estudio sistemático de geografía electoral que se realizó en el país (Pinzón de Lewin, 1989). Sin embargo, el debilitamiento de las hegemonías partidarias locales sobre el territorio no se tradujo necesariamente en una mayor competencia electoral. La idea del voto amarrado sugiere más bien que estos feudos siguen existiendo, pero que ya no son controlados por los partidos sino por políticos individuales que, en muchos casos, adquirieron autonomía mediante la constitución de las denominadas "microempresas electorales" (Pizarro, 2001), es decir, redes de clientelismo local personalizados.

Diez años después de la reforma política de 2003, que modificó profundamente las reglas electorales precisamente para volver a dar protagonismo a los partidos políticos colombianos, existe un relativo consenso en el mundo académico para señalar los éxitos de la misma. Esta reforma se adoptó después de que el sistema de partidos hubiera llegado, al cabo de una larga evolución, a unos niveles de fragmentación inmanejables. Consistió sobre todo en la adopción del principio de la lista única de candidatos por partido para las elecciones de los cuerpos colegiales, la creación de umbrales para la repartición de escaños en los mismos, la adopción de la fórmula d'Hondt, y la prohibición de la doble militancia.3

No obstante, los analistas señalan también los límites de la misma. Se enfatiza en particular el papel de la lista abierta, o con "voto preferente", para elegir representantes en los cuerpos colegiales. Opcional, pero en la práctica casi siempre utilizada por los principales partidos políticos, la lista abierta permitió reagrupar a los políticos en grandes organizaciones que se visualizan en las listas únicas, sin que ellos cedieran casi nada de la autonomía de la que gozaban con las reglas anteriores. De este modo, si los partidos recobraron visibilidad sobre la escena electoral, lo habrían hecho adaptándose al peso que adquirieron poco a poco los caciques electorales en detrimento de las organizaciones, sin tocar el poder de estos.

Esta personalización del voto implica tres características empíricamente observables y que estudiaremos sucesivamente a lo largo de este trabajo:

- Como fruto de la relación personal con su electorado, los políticos tienen un apoyo estable. Se da por descontado que se obtiene a través del clientelismo, aunque eso no excluya cierta dosis de reconocimiento al trabajo del político por su comunidad. En consecuencia, los votos que obtienen son relativamente estables y transferibles según la voluntad del político que puede negociar "sus" votos con otros políticos para una elección a la cual no es candidato a cambio de favores, particularmente para las elecciones para funciones ejecutivas. Por ejemplo, el político aportará "sus" votos a un candidato presidencial o a la gobernación del departamento a cambio de la promesa de puestos en la administración pública que alimentarán sus redes de clientes. La expresión de "voto amarrado" da perfectamente cuenta de esta idea de desposesión del elector con respecto a su sufragio en beneficio del electo.

- Los políticos tienen un apoyo electoral regionalizado. Como el poder del político es personal, se arraiga en un territorio particular que es generalmente la tierra que lo vio nacer. Esto implica que sus votos son concentrados en una región y que, por otra parte, el político es relativamente hegemónico sobre el plano electoral en dicha región. Esta propiedad resalta de paso el peso del localismo y regionalismo en Colombia a pesar de su centralismo oficial y explica que el voto amarrado se asocie al mundo rural cuando el voto de opinión se suele buscar en las grandes ciudades (Barreto Rozo, op. cit.).

- Finalmente, y como corolario, el voto amarrado no depende de un partido. El político podrá cambiar de partido según su voluntad e interés y arrastrar sus electores hacia su nueva organización. Esto implica que los partidos políticos no serían más que laxas confederaciones de caciques que se van constituyendo y reconfigurando elección tras elección. Esta última idea da cuenta de por qué la reforma política de 2003 sigue siendo considerada con escepticismo en muchos sectores de la opinión pública a pesar de los estudios académicos al respecto.

Resumiendo, la idea del voto amarrado apunta a una limitación de la competencia en las elecciones a cuerpos colegiales, a que se eligen siempre los mismos candidatos con los mismos votos gracias a la existencia de "feudos" electorales inmutables y personales.

El objetivo de este artículo es ofrecer elementos empíricos para evaluar la existencia del voto amarrado así concebido. Esto supone un estudio atento de los resultados de las elecciones a cuerpos colegiales. En cuanto a elecciones a función ejecutivas, la personalización es apenas lógica y obedece a dinámicas que encontramos en todas las democracias contemporáneas.4 Es mucho más problemática en los cuerpos colegiales, que son el ámbito natural en el cual se desenvuelven los partidos políticos en cuanto a sus funciones de representación. El voto amarrado, además, es más susceptible de manifestarse en las elecciones a cuerpos colegiales que en las elecciones para funciones ejecutivas, porque estas últimas se renuevan permanentemente por la prohibición de la reelección. El interés de los políticos electos en las corporaciones mediante voto amarrado está en la maximización y conservación de dichos votos y no en el prestigio que les traería una administración exitosa. Una vez que los tienen, una función ejecutiva no resulta interesante y puede ser incluso riesgosa. Para dichos políticos es mejor contribuir a hacer elegir otras personas a estos puestos para poder después presionarlas para obtener puestos y ventajas para sus clientes. Más específicamente, nos interesaremos en las elecciones al Senado, que constituyen el escrutinio de mayor importancia a cuerpos colegiales.5

En cuanto al horizonte temporal, precisaremos a continuación las diferentes escalas utilizadas, pero resulta obvio que la personalización del voto solo se puede observar en varios eventos electorales seguidos. Así, uno de los aportes de este estudio es observar la trayectoria electoral de ciertos senadores en un período relativamente más largo de lo que se analiza habitualmente en la literatura académica que se suele focalizar un evento electoral.

Se tratará entonces de evaluar hasta qué punto el voto de los senadores colombianos observado en un período largo ostenta las características de un voto amarrado personalizado: estabilidad, concentración regional y carácter independiente del partido.

Finalmente, llegaremos a la conclusión de que si el voto amarrado así concebido existe, resulta indispensable observarlo con una mirada un poco más realista y fundamentada de la que se sugiere habitualmente. Las características que se le presta no suelen ser corroboradas tan fácilmente en la realidad. En otras palabras, el juego electoral suele ser mucho más abierto, fluido e incierto de lo que se cree. No obstante, existen efectivamente ciclos de dominación electoral en territorios particulares, pero que suelen ser más cortos, complejos y cambiantes de lo que la hipótesis del voto amarrado sugiere. Más importante, las evidencias empíricas sugieren que el partido sí tiene importancia en estas dinámicas.

I. ESTABILIDAD DEL VOTO: LA REGLA Y SUS EXCEPCIONES

La primera característica asociada al voto amarrado es la estabilidad del caudal de votos de los representantes a cuerpos colegiales. Desde este punto de vista, este tipo de voto tendrá que ser encontrado con mayor facilidad observando las trayectorias electorales de los senadores de mayor antigüedad, cuyas postulaciones sucesivas permitan evaluar la evolución de sus caudales de voto en el tiempo.

Por supuesto, este método supone eliminar de entrada posibles casos de estudio de políticos que por cualquier razón interrumpieron en alguna ocasión sus postulaciones a reelección en el Senado. Los casos más llamativos son los de "dinastías políticas" que se "rotan" la curul entre miembros de una misma familia, como los Char o los Name de la costa Caribe. Algunos políticos también tuvieron que recurrir a esta práctica mientras el principal miembro del clan respondía frente a la justicia por diversos delitos, lo que lo inhabilitaba por lo menos temporalmente para volver a postularse al Senado. Con todo, este criterio de continuidad nos proporciona una "lista corta" substancial de senadores susceptibles de ser electos mediante voto amarrado.

Si observamos los nombres de los que fueron candidatos sin interrupción entre 1998 y 2010, es decir, a lo largo de cuatro elecciones seguidas, encontramos una lista de apenas 18 personas.6 De estas, solo ocho fueron constantemente reelegidos de 102 senadores por legislatura. De entrada, esta simple cifra tiende a relativizar la importancia del voto amarrado y la idea de la limitación a la competencia que se le asocia. Pero esto no es lo más importante. Si observamos la simple evolución de los votos de estos candidatos desde 1998 (Cuadro 1), constataremos que algunos registran una marcada volatilidad.7

 

Cuadro 1. Evolución de los votos de los 18 candidatos constantes desde 1998

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil.

 

Desde este punto de vista, existen dos casos extremos opuestos que podrían ser las excepciones que confirman la regla. Corresponden a personajes que, claramente, no tienen el perfil esperado del político asentado sobre un voto amarrado: se trata de Jorge Enrique Robledo y Carlos Moreno de Caro. El primero registra progresiones constantes que le permiten decuplar sus votos entre su primera postulación (fracasada) de 1998 y 2010. El segundo, al contrario, los divide por más de 10 y perdió de hecho su curul desde 2006. Así, Robledo pasó de ser el candidato menos votado al candidato más votado de la muestra, mientras Moreno de Caro recorría el camino inverso.

Hay que precisar aquí que Robledo es uno de los representantes de la izquierda colombiana y, como tal, hizo parte de una formación que después se fundió en el Polo Democrático Alternativo a partir de 2006. Al filo de las escisiones y peleas internas, se volvió la personalidad más visible de este partido y pudo reunir cada vez más votos de la izquierda. Estamos, por lo tanto, frente a un caso muy distinto del típico cacique con voto amarrado, en la medida en que Robledo tiene una tendencia ideológica claramente identificable y que la gran mayoría de sus votos obedecen a esta tendencia como tenderá a confirmarlo su relativa dispersión territorial (véase infra). Estaríamos entonces frente a un claro caso de "voto de opinión".

En cuanto a Moreno de Caro, se trata de un político de origen conservador que se dio a conocer como fundador de una corporación universitaria que pondría después al servicio de sus ambiciones políticas como candidato a la alcaldía de Bogotá en dos oportunidades en los años 1990 antes de llegar al Senado. Moreno de Caro hizo su carrera presentándose como "independiente" con un discurso antipolítico que denunciaba la corrupción de la clase política en términos histriónicos.8 Su renuncia al Senado en 2000 para aspirar al Concejo de Bogotá empezó a alienarle el apoyo de los electores, y la reforma política de 2003 lo perjudicó por su insistencia en presentarse a nombre de un partido "personal" llamado "Dejen Jugar al Moreno". Perdió entonces su curul en 2006 antes de ser nombrado Embajador en Sudáfrica por el presidente Uribe. En 2010, su última tentativa para volver al Senado dentro de las filas conservadoras se saldó con un rotundo fracaso. Así, el caso de Moreno de Caro es un típico ejemplo de los efímeros fenómenos mediáticos de antipolítica que se presentan de vez en cuando en América Latina y, como tal, tampoco responde a la imagen del político regional asentado sobre un voto amarrado. Muestra también de paso que el "voto de opinión" no siempre se conforma con la imagen cívica y virtuosa que se le presta. De este modo, la inclusión de estos dos casos en la muestra nos sirve sobre todo de punto de comparación.

Para medir la estabilidad del voto de forma más precisa podemos recurrir al coeficiente de variación que se presenta en el Cuadro 29 y que confirma que Robledo y Moreno son claras excepciones, lo mismo que Jaime Dussán, exdirigente del sindicato de maestros y cuya base electoral corresponde en buena parte a este sector y no a una clientela vinculada a una región particular. Se puede discutir por supuesto si eso corresponde a un caso de voto de opinión o a una modalidad particular de voto amarrado. Se trataría de una modalidad distinta de voto corporativista que no se conforma con el modelo de voto amarrado tal como se suele entender, es decir, como un voto estable, regionalizado y personalizado.

 

Cuadro 2. Coeficiente de variación del voto de
los senadores (1998-2010)

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos
de la Registraduría Nacional del Estado Civil.

 

Al otro extremo, los que se acercan más al tipo ideal del político con voto amarrado se ubican en la parte baja del cuadro y, consistentemente, el mismo cuadro sugiere que los senadores que se hicieron reelegir sin interrupción (filas en gris) tienden a ser los que tienen un voto más estable. Así, los candidatos más serios a ser senadores electos en virtud del voto amarrado desde el único criterio de la estabilidad del voto parecen ser Juan Fernando Cristo, Piedad Zuccardi y Roberto Gerlein. Senadores como Carlina Rodríguez y Antonio Guerra de la Espriella podrían también entrar en esta categoría, pero sus insuficientes caudales de voto, que les hicieron perder las elecciones en por lo menos una oportunidad, sugiere que la estabilidad del voto no es suficiente.

II. LA CONCENTRACIÓN TERRITORIAL DEL VOTO

Pasamos ahora al segundo criterio de identificación del voto amarrado: el de la concentración regional. La concentración del voto se mide generalmente a través de indicadores estadísticos construidos sobre el modelo del coeficiente de Gini de concentración de ingresos que evalúa hasta qué punto el voto de un candidato se concentra en pocos municipios. Sin embargo, estos indicadores no nos parecen suficientes para identificar una concentración regional, en la medida en que el voto se puede concentrar en pocos municipios sin que sean municipios de una misma región. Por ejemplo, un senador que tiene un voto marcadamente urbano podrá tener coeficientes de concentración elevados sin que esto traduzca una concentración regional. Acudiremos entonces a un indicador de concentración geográfico: el coeficiente de Moran-1. Este indicador mide en realidad hasta qué punto el voto de un candidato en un municipio alcanza porcentajes similares en municipios inmediatamente vecinos. De este modo, un Moran-1 elevado indicará que los municipios vecinos arrojan un porcentaje sensiblemente igual de votos, sea que el senador es muy débil o muy sólido en la región. Esto corresponde a un voto regionalizado. En cambio, un voto disperso territorialmente arrojará un coeficiente de Moran-1 más bajo o eventualmente negativo.10 El Cuadro 3 muestra los coeficientes de Moran-1 para nuestro grupo de candidatos en las últimas elecciones calculados a nivel municipal (2010).

 

Cuadro 3. Coeficiente de Moran-1 del voto de los
candidatos al Senado en 2010

Fuente: Cálculos y elaboración propia a partir de los
resultados electorales proporcionados por la Registraduría
Nacional del Estado Civil a nivel municipal.

 

Los datos muestran que en 2010, por lo menos, unos tres candidatos tuvieron un voto muy disperso que no corresponde a lo que esperaríamos de un voto amarrado. Se trata de Luis Elmer Arenas, Jairo Clopatofsky e Iván Name que, de hecho, no resultaron electos en esta oportunidad. En estos casos, la cantidad limitada de votos afecta el Moran-1 a la baja. Otros candidatos registraron una concentración geográfica muy moderada de los votos como Piedad Córdoba, Juan Fernando Cristo, Jaime Dussán o Jorge Enrique Robledo que son todas figuras públicas ampliamente reconocidas a nivel nacional por distintas razones. Para los dos últimos, por lo menos, se confirma que no estamos frente a nuestro tipo ideal del político con voto amarrado. El caso de Piedad Córdoba se les asemeja. Se trata también de una figura identificada no solo con una tendencia ideológica marcada, sino también con su defensa de la comunidad afrocolombiana, lo que le permite obtener votos en toda la costa Pacífica en municipios en que dicha comunidad es mayoritaria. El caso de Juan Fernando Cristo es un caso mixto en la medida en que tiene un voto estable pero no concentrado, probablemente porque su carrera se asocia de manera estrecha con el aparato del partido Liberal que dirigió. Los candidatos que parecen conformarse al modelo del político con voto amarrado son sobre todo una vez más Piedad Zuccardi, quien obtiene lo esencial de sus votos en Bolívar, Jorge Aurelio Iragorrí, en Cauca, y Antonio Guerra de la Espriella, en Sucre. Cruzando las dos variables estudiadas hasta ahora en una matriz de dos entradas, obtenemos el Gráfico 1.

 

Gráfico 1. Perfil del político con voto amarrado según estabilidad y regionalización

Fuente: Eleboración propia

 

Los políticos que más se acercan a un perfil de voto amarrado tal como lo hemos definido se ubican en el cuadrante superior izquierdo del gráfico, caracterizado por un coeficiente de variación del voto débil y una importante concentración geográfica. Es efectivamente ahí donde se concentran la mayor cantidad de nombres de nuestra muestra.

El cuadrante inferior izquierdo corresponde a un perfil de figuras nacionales que gozan de un reconocimiento antiguo, como Juan Fernando Cristo que presidió el Partido Liberal, y Piedad Córdoba, figura de la izquierda de este mismo partido que abandonó recientemente.

El cuadrante inferior derecho corresponde a personalidades nacionales que benefician de un reconocimiento que ha variado en el tiempo. Es llamativo que los dos candidatos más representativos de esta tendencia sean Jorge Enrique Robledo y Jaime Dussán, dos figuras de la izquierda. La razón de la inestabilidad de sus votos tiene que ver probablemente con la ausencia de una organización nacional estable de la izquierda en el período estudiado, pero también con el hecho de que este voto "ideológico" no se focaliza tanto sobre personas.

Carlos Moreno de Caro es el único en ocupar el cuadrante superior derecho con un voto inestable y concentrado. Como lo señalamos, Moreno de Caro construyó su base de operación en Bogotá y su popularidad tendió a desbordarse en los municipios limítrofes, pero no se trasladó a otras regiones. Manifiesta la existencia de un fenómeno de opinión localizado en un espacio urbano.

Finalmente, es interesante constatar que existe un grupo de políticos con muy baja concentración y coeficientes de variación medios. Se trata de unos políticos relativamente débiles respecto de sus colegas que sufrieron varias derrotas durante los cuatro procesos analizados. La baja concentración de sus votos se explica en buena medida porque, como lo anticipábamos (véase nota 10), el coeficiente de Moran es sensible al caudal total de votos. El insuficiente caudal de votos de estos candidatos afecta la concentración a la baja. De todos modos, aunque no lo hayamos adoptado como criterio, la cantidad general de su voto parece demasiado limitada para que se les considere como políticos asentados en un voto amarrado, en todo caso, en el ámbito de la política nacional. En realidad, se trata de figuras con alcance regional limitado.

III. EL PAPEL DEL PARTIDO EN EL ÁMBITO ELECTORAL

El último criterio que habíamos retenido para definir el voto amarrado es su relativa autonomía respecto de los partidos sobre el plano electoral. Este criterio es en buena medida algo que se deriva de los anteriores. Sin embargo, quisiéramos en esta última sección mirar un poco más en detalle unos casos que arrojarán luces acerca de la relación con los partidos. Esto nos permitirá hacer un estudio más profundo sobre un período más largo. Por razones de espacio, hemos seleccionado dos casos dentro del grupo que corresponden potencialmente al perfil del político con voto amarrado: Roberto Gerlein y Jorge Aurelio Iragorrí.

La mayor razón para interesarnos en estos dos senadores es que son los más antiguos ocupantes del Senado, en el que han sido electos sin interrupción desde 1974 para Gerlein, y 1986 para Iragorrí. Así, en sus casos, podremos tomar en cuenta dos elecciones más, las de 1991 y 1994. Por otra parte, ambos tienen trayectorias partidarias interesantes e inversas.

A pesar de su origen conservador, Gerlein se alejó temprano de su partido para presentarse a nombre de un denominado "Movimiento Nacional". Por otra parte, empezó su carrera en el departamento del Atlántico que tiene una marcada tradición liberal. No obstante, como se trata de un departamento muy poblado, Gerlein pudo ocupar de cierto modo un "nicho" agrupando las minorías conservadores del departamento y, con el pasar del tiempo, en buena parte de la costa Caribe. A partir de las elecciones de 2006, Gerlein volvió al partido Conservador para no ser perjudicado por la reforma política de 2003 que castigaba las listas pequeñas.

Por su parte, Iragorrí es originalmente un referente del Partido Liberal en el Cauca, departamento reputado más bien por su tradición conservadora. De este modo encontró, como su colega Gerlein, un nicho en la posibilidad de unificar el liberalismo de su región detrás de su nombre. Como varios políticos liberales, Iragorrí decidió apoyar a Álvaro Uribe después de su elección a la Presidencia en 2002 dejando el partido Liberal que escogió la oposición. Entró entonces en el flamante Partido Social de Unidad Nacional, más conocido como partido de la U, que apoyó a Uribe durante sus dos mandatos, y después a Juan Manuel Santos. Así, si Gerlein había dejado su partido original para volver a sus filas en 2006, Iragorrí recorrió el camino inverso.

Ambos senadores corresponden bastante bien al perfil del cacique regional susceptible de asentarse sobre un voto amarrado tal como lo hemos definido. En el estudio cartográfico que anexamos a este artículo podemos seguir sus trayectorias electorales desde 1991. Los mapas del voto de ambos muestran tal como podíamos esperar una fuerte concentración de voto en el departamento respectivo (sobre los cuales los mapas hacen un zoom) y, además, un patrón de repartición geográfico relativamente estable en el tiempo. Se confirma visualmente lo que nos indicaban las estadísticas en las dos secciones anteriores. No obstante, aun con casos extremos como Gerlein e Iragorrí, el voto no se reproduce de manera absolutamente idéntica cada cuatro años. Existen variaciones sutiles que conviene analizar.

En el caso de Gerlein, uno observa una tendencia al repliegue sobre el feudo del Atlántico al paso de las elecciones (véase los mapas en el anexo cartográfico). Esta táctica desde luego parece haberle funcionado al senador que registra una tendencia al alza en su caudal de voto como lo muestra el Cuadro 1. En 1991, Gerlein tenía, además de sus votos tradicionales en el Atlántico, un caudal respetable en el departamento vecino de Magdalena. En 1994 y 1998 registró incluso una tendencia a expandirse a La Guajira o a Córdoba, otros departamentos de la costa Caribe más lejanos de Barranquilla, mientras perdía los votos ganados en Magdalena y se debilitaba incluso en el Atlántico. En 2002 perdió su presencia en Córdoba, pero incursionó en César mientras seguía relativamente débil en su bastión del Atlántico. Finalmente, 2006 marca un giro que se confirmó en 2010. En esta fecha Gerlein se recentró en su departamento de origen donde logró recuperar mucho del terreno perdido en la década pasada. En particular, se fortaleció en Soledad, la aglomeración vecina de Barranquilla, donde alcanzó por primera vez más de 10.000 votos en 2010.

De este modo, el voto de Gerlein registra una importante ruptura en 2006, fecha en la que el voto se concentra después de más de una década de relativa dispersión en toda la costa Caribe y más allá. Como lo muestra el anexo cartográfico, el coeficiente de Moran-1 que, en 1991 todavía se ubicaba a 0,53, registró un brusco descenso a 0,22 en 1994 y se quedó entre 0,3 y 0,35 en las dos elecciones siguientes. Solo en 2006 vuelve a subir a 0,43 antes de volver a caer levemente en 2010.

Iragorrí recorre un camino inverso. Durante la década de 1990 sus votos estuvieron muy concentrados en el Cauca, y si logra votos en las ciudades de Bogotá y Cali tienden a disminuir a lo largo del tiempo. En su caso, la tendencia cambia progresivamente en 1998 y sobre todo en 2002 cuando incursiona en el departamento vecino de Nariño y empieza a recuperar votos en Bogotá. A la inversa, empieza a perder terreno en su propio departamento. 2006 sigue dicha tendencia con un voto que sigue bajando en Cauca, mientras Iragorrí logra recuperar votos en distintos puntos del territorio, en particular las capitales departamentales, probablemente a través de alianzas con políticos locales. Hay que anotar que esta táctica de dispersión no resultó muy exitosa, en la medida en que su total de votos cae a su nivel más bajo desde 1994. Finalmente, en 2010 Iragorrí vuelve a centrarse en su departamento y se recupera en nivel de voto.

Por lo tanto, Iragorrí registra una trayectoria electoral bastante distinta a la de Gerlein. Cuando en la década de 1990 este buscaba expandirse a departamentos vecinos, aquel siguió firmemente arraigado en el Cauca, lo que se tradujo en coeficientes de Moran-1 muy elevado, de 0,62 en 1991 y 1994. Después este coeficiente bajó paulatinamente hacia 0,42 en 2006, antes de volver a 0,55 en 2010.

Las trayectorias que acabamos de describir se pueden leer también a partir de los coeficientes de Pearson del voto de una elección a otra (Gráfico 2).

 

Gráfico 2. Correlaciones espaciales de los votos de una elección a otra para
Gerlein e Iragorrí

Fuente: Elaboración propia.

 

Vemos que el voto de Gerlein tiende a volverse cada vez más estable a lo largo del tiempo a medida que se recentra sobre su bastión del Atlántico, particularmente desde su elección de 2006. A la inversa, el de Iragorrí se vuelve inestable a lo largo del tiempo, particularmente a partir de 2002, fecha en que empieza a incursionar en terrenos ajenos a sus departamentos. Esto nos permite inferir que más allá del nivel general de voto de ambos senadores, las bases territoriales de Gerlein se consolidaron mientras que las de Iragorrí se debilitaron, en particular desde 2002.

Este estudio de dos trayectorias electorales solo nos permite concluir sobre algunas hipótesis que necesitarían ser comprobadas con otros casos. Pero podemos emitir tres propuestas al respecto:

En primer lugar, las trayectorias electorales de los políticos más veteranos del Senado no son tan estables ni tan limitadas a una región como solemos creer. Parece que existen oscilaciones entre dos tipos de fases: unas de estabilidad y concentración sobre un territorio, y otras de inestabilidad y expansión en nuevos territorios.

En segundo lugar, si estos senadores sacan lo esencial de su poder electoral de un bastión territorial, este funciona también como un limitante en la medida en que pierden votos cuando tratan de salir del mismo. Esto puede tener dos explicaciones. Es posible que la tentativa de incursión en otros territorios lleve el senador a descuidar sus votantes tradicionales que terminan apartándose o, al contrario, es posible que él mismo busque votos en otros territorios porque anticipa que no le va a ir tan bien como de costumbre en su territorio. En cualquier caso, el resultado suele ser desfavorable y muestra que aun los senadores con mayor trayectoria no tienen el voto tan amarrado como podríamos creer y que tienen que cuidarlo. Confirma también que la táctica ganadora para el candidato es la de la estabilidad y concentración. A Gerlein en los años 1990 como a Iragorrí en los años 2000 no les fue bien en sus tentativas de expandirse por fuera de sus tierras tradicionales. No obstante, el problema es que la elección de la estrategia parece condicionada.

Esto nos lleva al tercer punto que sugiere que los partidos importan más de lo que se podría creer. Aunque la idea requiere mayor confirmación, parece que no por casualidad Gerlein se fortaleció en su bastión precisamente cuando volvió al partido Conservador e Iragorrí se debilitó electoralmente justo cuando dejó el partido Liberal. Una posible explicación es que los partidos, sobre todo los tradicionales que no abdicaron totalmente la ambición de pesar sobre el juego electoral a través de los avales que otorgan, contribuyen a estructurar de manera más coherente los territorios electorales. Es probable que los partidos funcionen como garantía para los candidatos de que nadie más incursionará en sus tierras, salvo los adversarios tradicionales de otros partidos que, en realidad, no son la principal amenaza. Mientras Gerlein estuvo por fuera del partido Conservador, la tentación era grande para políticos de este partido de buscar el aval azul para disputarle el voto en territorios costeños tradicionalmente conservadores. Esto ya no es posible con Gerlein adentro del partido. En el caso de Iragorrí, haber dejado el partido Liberal dejó vía libre para otras candidaturas rojas en el Cauca. Por ser un partido joven y más flexible, la U no le otorgó garantía de que nadie iba a disputarle los votos tradicionalmente liberales en su terreno.

Esta hipótesis muestra por qué, a pesar del voto preferente, los partidos tienen una incidencia en el ámbito electoral. Los que tienen una organización antigua son capaces, en cierta medida, de proteger los feudos electorales de sus miembros de la competencia que podría surgir de filas afines.

IV. CONCLUSIÓN: ATADO, PERO NO TAN BIEN ATADO

Existen efectivamente políticos que registran un voto estable y regionalizado, relativamente independiente de las organizaciones partidarias, que corresponde al imaginario del voto amarrado. Dicho esto, este perfil no es válido para todos los políticos y los vaivenes de las candidaturas vuelven difícil la medición del fenómeno. Con todo, los datos parecen indicar que, contrariamente a lo que pensaríamos, son más la excepción que la regla.

Por otra parte, los políticos que mejor cumplen con el perfil del político con voto amarrado no están por encima de la competición electoral. El caudal de sus votos varía más de lo que uno podría pensar, incluso en sus tierras donde raramente logran 25% de los votos de un municipio, incluso de los más pequeños. La idea de que el voto amarrado vuelve a un político hegemónico en sus territorios tiene que ser definitivamente rechazada para la época reciente. Además, la concentración de sus votos parece funcionar también como un limitante. Si por cualquier razón un político se ve debilitado en su bastión, y eso pasa aparentemente con regularidad, tendrá muchas dificultades en compensar las pérdidas en otras partes.

Existe, por tanto, una incertidumbre inherente a los procesos electorales, aun para los políticos más veteranos, y la imagen del voto amarrado tiene que ser matizada. Desde este punto de vista, la idea de que pueden prescindir totalmente de las organizaciones partidarias parece también errónea. Aunque es poco probable que los partidos les ayuden a conseguir votos, contribuyen de manera decisiva en consolidar sus feudos electorales, estructurando los territorios y organizando la competencia, por lo menos, en el caso de los partidos tradicionales.

Estos resultados son apenas un esbozo, pero sugieren que el tema es complejo y que las ideas simples acerca del voto amarrado no se corroboran en la realidad. Por lo tanto, los analistas tienen razón en tomar distancia con esta noción, pero están en mora de describir y cuantificar más precisamente el fenómeno. Además de confirmar las tendencias sugeridas acá con otros casos, faltaría por estudiar la manera cómo se endosan los votos entre distintos tipos de elecciones en el seno de los territorios.

Sería importante también estudiar el fenómeno a un nivel territorial más fino, a partir del estudio de la trayectoria electoral de concejales en las grandes ciudades, aunque en este caso la geografía electoral encuentra la dificultad técnica de discriminar los resultados electorales con territorios suburbanos, en la medida en que los puestos de votación no corresponden a una división administrativa establecida.

NOTAS

1 Una simple búsqueda en la base de artículos on line del periódico El Tiempo, la más completa disponible en el país, arroja 299.028 entradas para la expresión "voto de opinión" y 97.043 para la expresión "voto amarrado". Búsqueda efectuada en http://www.eltiempo.com el 24 de julio de 2013.

2 Por ejemplo, Antonio Barreto Rozo hace unas críticas empíricamente fundamentadas al supuesto de que Bogotá se destaca por la importancia del voto de opinión respecto del resto del país (Barreto Rozo, Antonio, 2010).

3 Sobre la reforma política de 2003 y sus resultados, la literatura ya es sustancial. Se consultará en particular Botero, 2009; Gutiérrez Sanín, 2006; Hoskin y García, 2006; Hoyos, 2007; Rodríguez Raga y Botero, 2006; Pachón y Shugart, 2010. Antes de la reforma, cada partido podía presentar tantas listas como quisiese, no había umbral, y los escaños se atribuían por cociente y residuos. Este sistema había llevado a una multiplicación de listas tal que en la práctica, transformó el modo de elección en un sistema casi uninominal en el que salían electas las cabezas de las listas en orden de votación obtenidas por las listas (es decir, por residuos). La combinación de lista única por partido, umbral, y sistema d'Hondt más favorable a las listas más votadas proporcionó potentes incentivos para que los partidos se reagruparan.

4 Esto ha sido estudiado, por ejemplo, a través de la idea de "democracia de audiencia" de Bernard Manin (Manin, 1995).

5 Esta mayor importancia se fundamenta probablemente menos en las funciones propias del Senado que en el hecho de que los senadores son menos numerosos que los representantes a la Cámara, y que se eligen en circunscripción nacional desde 1991 (contrariamente a los representantes que se eligen en circunscripciones departamentales). Esto implica que los escaños del Senado son los que necesitan más votos (limitándonos a cuerpos colegiales), y por tanto los que demuestran mayor poder electoral y conllevan mayor prestigio.

6 Nos limitamos a los nombres de candidatos que hayan sido electos por lo menos una vez en estas cuatro oportunidades. Esto puede parecer una elección demasiado restrictiva, pero tiene el mérito de concentrar nuestra atención sobre casos potencialmente muy sólidos de voto amarrado, lo que es conveniente para nuestra argumentación que entiende mostrar que su importancia es menor de lo que solemos considerar, incluso en estos casos más sólidos.

7 Conviene precisar que se toman en cuenta acá los votos preferentes de los respectivos candidatos en 2006 y 2010. Para las elecciones anteriores, la práctica hacía que cada candidato importante conformaba una lista propia de la que solo él tenía la posibilidad de salir electo, y se toma en cuenta, en consecuencia, el voto de la lista. De hecho, los casos de listas que recibían suficientes votos para elegir más de una persona eran muy excepcionales. Durante la primera elección del Senado en circunscripción nacional, en 1991, se presentaron todavía listas "grandes" presentadas por los partidos que competían para elegir varios candidatos por escrutinio proporcional. La famosa "operación avispa" acabó muy rápidamente con esta práctica a partir de 1994, fecha en la que casi todas las listas se vuelven candidaturas uninominales en la práctica. Para nuestro análisis, por tanto, el cambio de sistema en 2003 no debería afectar demasiado la comparabilidad de los resultados, considerando que las personas inscritas en las listas detrás de sus cabezas respectivas antes de 2003 eran en realidad apoyos sin pretensiones de ganar una curul.

8 Una de las especialidades de Moreno de Caro era comparar sus colegas con animales, en particular, llevando gatos en el recinto del Congreso para "cazar las ratas" o alacranes para sugerir que se parecían a algunos de sus compañeros de curules.

9 El coeficiente de variación se calcula como la relación entre la desviación estándar y el promedio de votos sobre el periodo estudiado expresada en porcentaje (coeficiente de variación = desviación estándar/promedio*100).

10 El coeficiente de Moran varía de -1 a 1. Se utiliza el Moran-1 porque se examina la autocorrelación del voto sólo con los municipios inmediatamente vecinos. El Moran-2 examinaría la autocorrelación del voto con los vecinos de los vecinos, etc. Nótese que el inconveniente de Moran es que es sensible al total de votos en la medida en que un candidato con pocos votos tendrá más probabilidad de tener un coeficiente Moran bajo porque los porcentajes que logrará en los municipios donde tiene muchos votos no serán tan altos (y por tanto potencialmente no tan distintos al porcentaje obtenido en los municipios vecinos). Por otra parte, para el coeficiente de Moran, la configuración geográfica del bastión electoral no es indiferente. Un político que tiene sus votos concentrados en un departamento de forma compacta tendrá un coeficiente de Moran más elevado que los que tienen sus votos en departamentos con una geografía más caprichosa. No obstante, la ventaja es que permite rastrear concentraciones que no corresponden a la división administrativa. Sobre este indicador se puede consultar Minvielle y Souiah, 2003.

 

REFERENCIAS

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ANEXO CARTOGRÁFICO

 

 

 

 


Yann Basset es Doctor en Ciencia Política de la Universidad de Paris III-Sorbona Nueva, Profesor de las facultades de ciencia política y gobierno y de relaciones internacionales de la Universidad del Rosario, Investigador del Centro de Estudio Políticos e Internacionales (CEPI). Dirige el Observatorio de Procesos Electorales de la misma universidad y es autor de varios artículos y libros sobre temas electorales y de partidos políticos en Colombia. E-mail: yann.basset@urosario.edu.co

 

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