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Revista de ciencia política (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) vol.36 no.1 Santiago abr. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-090X2016000100018 

Recensiones

 

Juan Pablo Luna (2014). Segmented Representation. Political Party Strategies in Unequal Democracies. Oxford: Oxford University Press, 374 pp.

 

PATRICIO NAVIA

Universidad Diego Portales


 

EL ARGUMENTO

En Segmented Representation, Juan Pablo Luna aborda una cuestión esencial de la política y en especial de las campañas políticas modernas en democracias con sistemas de partidos estables, con niveles variables de identificación política y con crecientes niveles de voto personal. Los candidatos y los partidos segmentan sus mensajes y sus estrategias de representación para acomodarse mejor a las distintas realidades de sus potenciales bases de apoyo buscando, a la vez, mantener cierta coherencia y armonía en sus plataformas políticas.

Usando un ejemplo que demuestra su detallado conocimiento sobre la forma en que los partidos hacen campaña y llevan a cabo sus estrategias de representación política -no solo en tiempo de elecciones- Luna usa un clarificador ejemplo de lo que quiere decir cuando habla de "representación segmentada". Poco después de las elecciones de 2000, la UDI, el partido derechista que recién se había convertido en el partido con más votos en Chile, diseñó una singular estrategia para deshacerse de los perros callejeros -un problema endémico en las calles de Santiago- en las comunas de más ingresos. Aprovechando que la UDI controlaba varias de las alcaldías de más ingresos en la capital chilena, pero también tenía alcaldes en comunas de bajos ingresos, aparentemente alguien en el partido diseñó la estrategia de atrapar perros callejeros en las comunas de más ingresos y llevarlos a comunas de menos ingresos. A cambio, las comunas de más ingresos harían una retribución monetaria a las de menos ingresos para solventar la molestia de tener que ver aumentar su población de perros callejeros.

Si bien el ejemplo no explicita por qué el intercambio de perros callejeros por retribución monetaria entre una comuna rica y una de menos ingresos requiere que los alcaldes participantes pertenezcan al mismo partido -en el ideal neoliberal resulta lógico que emerja un mercado en el que comunas de distintos ingresos intercambien perros callejeros por otros beneficios- el punto que subraya Luna es que un mismo partido puede tener alcaldes que prometan eliminar perros callejeros en algunas comunas mientras que en otras los alcaldes de ese partido reciban perros callejeros. Un mismo partido promete cosas distintas, o ejecuta políticas opuestas, en distintos lugares, dependiendo de los intereses y demandas de las distintas bases de apoyo del partido. Pero incluso prometiendo, o haciendo, cosas distintas, el partido mantiene una cierta coherencia programática en sus posiciones a favor de una mejor calidad de vida en las ciudades.

El libro de Luna utiliza fundamentalmente los casos de Chile y Uruguay -dos países con un sistema de partidos institucionalizado y estable- y en particular las experiencias del Frente Amplio (FA) uruguayo y de la UDI en Chile. Luna compara los patrones de representación que existían antes de las experiencias autoritarias con los que se han desarrollado desde el retorno de la democracia en ambos países y, especialmente, en la forma en que el FA y la UDI buscan representar a sus diversas bases de apoyo. Pero las implicaciones del modelo teórico que presenta Segmented Representation y del refinamiento que ofrece Luna a la teoría sobre los distintos tipos de representación que existen entre los partidos y los votantes son aplicables a cualquier sistema de partidos en democracias desiguales. De hecho, Luna aplica su modelo a cuatro casos adicionales -el Partido Bharatiya Janata (BJP) en India, el Partido de los Trabajadores en Brasil (PT), ARENA en El Salvador y el Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia.

El texto de Luna combina análisis histórico con herramientas cualitativas y cuantitativas que construyen una visión global convincente y un análisis detallado y profundo que muestran categóricamente la naturaleza segmentada de la representación que ejercen los partidos. La utilización de métodos mixtos confirma, una vez más, lo retrógrado que parece hoy dividir a la disciplina entre el método cuantitativo y el método cualitativo. La característica dominante del método investigativo en Segmented Representation es la rigurosidad y la formulación de preguntas e hipótesis que permitan tanto la replicación de su investigación como la aplicación de su método a otros casos.

LAS FORTALEZAS DEL LIBRO

Aunque parezca obvio decirlo, una de las principales contribuciones de este texto es la sugerencia de que la representación es segmentada. Aunque en este comentario me atrevo a tomar el concepto de la segmentación más allá de lo que hace Luna en el texto, creo que la capacidad de analizar el concepto de conexiones -linkages- desde la perspectiva de la segmentación de mensajes de campaña y de estrategias políticas permite enriquecer el concepto y abre una oportunidad para dar cuenta de las razones que explican la varianza en las estrategias de segmentación que utilizan los partidos en distintos distritos en el país y en distintos momentos históricos.

El acabado conocimiento que tiene Luna de los sistemas de partidos en Chile y Uruguay -tanto desde la perspectiva histórica como su evolución reciente- y el detallado trabajo de campo que ha realizado a través de los años para entender el funcionamiento de la UDI en Chile y del FA en Uruguay -pero también de otros partidos en ambos países-le permite ofrecernos una rica y profunda descripción de las estrategias y herramientas que utilizan los partidos para construir sus bases de apoyo y para relacionarse con sus potenciales votantes. Además, el texto entrega inteligentes e innovadoras contribuciones teóricas y metodológicas a la literatura que da cuenta del sistema de partidos, de las conexiones que existen entre partidos y votantes y de las formas de representación que producen y evolucionan, en las democracias modernas.

Adicionalmente, el texto de Luna constituye una valiosa contribución metodológica, aun para aquellos que pudieran no estar interesados en cuestiones de representación, en las estrategias electorales y políticas de los partidos o en las conexiones que existen entre partidos y sus electores. La estructura del libro es una interesante lección en metodología y construcción de preguntas de investigación. La acabada discusión teórica combina elementos de tradiciones positivistas en la ciencia política con escuelas que privilegian las explicaciones de sociología política y aproximaciones históricas comparadas. Al hablarle a distintas disciplinas y escuelas metodológicas, Luna inevitablemente deja insatisfechos a los más puristas en cada una de estas escuelas. Pero el texto demuestra que, en la medida que un autor sea capaz de hablar varios idiomas metodológicos a la vez, se abren espacios de diálogos entre aproximaciones metodológicas que a menudo se ignoran o incluso desprecian.

La utilización de métodos mixtos -con sofisticadas herramientas cuantitativas y cualitativas- muestra una admirable capacidad de poner una diversidad de herramientas al servicio de buscar respuestas para la pregunta de investigación. En una disciplina donde abundan los trabajos que buscan casos para poder utilizar las herramientas metodológicas aprendidas o textos que presentan sofisticados modelos que explican casos que nunca han existido, Segmented Representation parte desde la descripción de un problema y desde allí construye una sólida argumentación teórica que permite plantear un problema en un contexto de una literatura ampliamente desarrollada -aunque no carente de contradicciones y limitantes-. Una vez logrado ese objetivo, Luna hace uso de una variada gama de herramientas metodológicas cualitativas y cuantitativas para demostrar cómo los partidos segmentan sus mensajes, mostrando varianzas entre países, en distintos partidos dentro del mismo país y en un mismo partido en distintos momentos históricos, en su intento por articular mensajes que lleguen a bases distintas y potencialmente contrapuestas y a la vez mantener armonía y coherencia a nivel nacional en sistemas de partidos institucionalizados y estables.

LAS DEBILIDADES DEL LIBRO

Si bien el texto está bien escrito y logra presentar los argumentos de forma ordenada y clara, combinando con maestría las cuestiones teóricas y las implicancias empíricas de la representación que ejercen los partidos políticos y problematiza la forma simplista en que tradicionalmente entendemos esa representación, en especial en países que tienen sistemas de partidos estables e institucionalizados, creo que Segmented Representation peca de poco ambicioso en el rango de sistemas de partidos que busca explicar (aquellos en democracias desiguales). El libro también comparte las debilidades que en general tiene la literatura que busca clasificar las distintas formas de representación -conexiones o linkages, clientelistas, personalistas o programáticos-. Al establecer categorías excluyentes, estos modelos tienden a ignorar la coexistencia de distintos tipos de representación en un mismo sistema de partidos, en un mismo partido y de un mismo político.

En primer lugar, la decisión de Luna de condicionar su modelo de representación segmentada a sistemas de partidos en democracias desiguales parece innecesario y restringe artificialmente el conjunto de democracias para el que este texto constituye una contribución. Luna correctamente identifica que la segmentación en la representación requiere que haya heterogeneidad en esa sociedad en alguna dimensión en la que se materializa la representación. Luna restringe esa condición de desigualdad a cuestiones de ingresos económicos o desigualdad territorial. Personas con distintos ingresos tendrán distintas prioridades en las que se evidenciará esta diferencia -segmentación- en la representación. Pero la desigualdad se puede dar también en dimensiones distintas a las socioeconómicas o territoriales. En sociedades que presenten una alta heterogeneidad étnica o religiosa, estas diferencias en representación pueden aparecer con igual facilidad. En Estados Unidos, por ejemplo, los candidatos del Partido Republicano pueden segmentar sus mensajes dependiendo de los distritos y estados a los que aspiran representar. En algunos estados más rurales, los mensajes serán distintos que en zonas urbanas con más diversidad étnica. Un mismo discurso contra la inmigración puede ser articulado desde el temor a que la composición étnica de la sociedad cambie hasta una preocupación por el efecto negativo que tienen los inmigrantes en los salarios de los trabajadores menos calificados.

En ese sentido, hubiera bastado que Segmented Representation relajara el supuesto de que se requiere una democracia desigual y simplemente explicitara que basta con que la democracia sea heterogénea -desigual en alguna dimensión que no tiene por qué ser solo económica- para que la explicación de Luna sobre la representación segmentada se aplique a cualquier sistema de partidos institucionalizados y estables, independientemente de los niveles de desigualdad socioeconómica o territorial que existan en ese país.

Luna distingue dos tipos de desigualdad económica: territorial y socioeconómica. Como la representación de los partidos se produce en elecciones que se realizan en determinados distritos, la desigualdad territorial pareciera ser condición necesaria para que se produzca una representación segmentada. Aquí las diferencias que existen en el tamaño de los distritos entre Uruguay y Chile llevan a pensar que la variable que determina el tipo de representación está dada por la magnitud de los distritos. Adicionalmente, como hay más homogeneidad en los distritos en Chile que en Uruguay, resulta difícil distinguir si las diferencias en el tipo de representación que se producen en ambos países son producto de la magnitud de distrito o de la heterogeneidad de los distritos. El cambio en el sistema electoral en Chile, que producirá distritos de mayor magnitud y más heterogéneos, debiera ofrecer una inmejorable oportunidad para evaluar si los tipos de linkages que observa Luna se modifican cuando cambie la composición de los distritos tanto en su dimensión territorial como socioeconómica.

En segundo lugar está la cuestión de la clasificación de los linkages (conexiones). En general, aunque reconocen que las clasificaciones que se presentan son tipos ideales y no descripciones objetivas, la literatura sobre linkages entre partidos y electores supone que estos linkages son mutuamente excluyentes y fáciles de observar. Por ejemplo, a menudo se clasifica a los linkages como programáticos o no programáticos. Pero la realidad de la política -como por cierto bien demuestra Luna cuando discute los casos específicos de Chile y Uruguay- son bastante menos puros. Un político que promete combatir la delincuencia está desarrollando una relación que puede ser programática para aquellos que creen que la delincuencia es un grave problema pero que no se ven directamente afectados por la delincuencia, pero es también clientelista o particularista para aquellos que se ven expuestos a la delincuencia en forma cotidiana y quieren que el gobierno logre mejoras en la seguridad ciudadana. De igual forma, cuando un político promete bajar (o subir) los impuestos, esa promesa puede ser programática para algunos electores que no se verán afectados por el cambio en las tasas impositivas y a la vez particularista para otros que sí tendrán que pagar más impuestos o se verán beneficiados con la reducción de impuestos.

Peor aún, para un elector de altos ingresos y posiciones de izquierda, el alza de impuestos representará a la vez un costo para su bolsillo (un golpe negativo en su relación particularista) y una satisfacción programática dadas sus preferencias. El mismo votante pudiera pasar de celebrar el aumento de impuestos que redundará positivamente en la reducción de la desigualdad en el país a lamentar ese aumento cuando le toque hacer su declaración de impuestos. Los linkages no solo pueden a la vez ser programáticos y no programáticos sino que lo programático y no programático varía dependiendo del día en que el elector se aproxima a las promesas de campaña o a las políticas públicas adoptadas por los gobiernos.

Con todo, la contribución de Luna constituye una mejora respecto a los modelos más rígidos de linkages que existen actualmente. Al plantear que la representación es segmentada -y que por lo tanto los linkages también lo son- Luna permite que distintos tipos de linkages coexistan y, mejor aún, que esa coexistencia sea extensible incluso al nivel individual. Es verdad que Luna no llega a plantear esto en el libro. Para él, la segmentación de los linkages se da a nivel distrital, y responde a segmentación territorial y socioeconómica. Pero su modelo permite especular que la segmentación también puede funcionar a nivel familiar o incluso individual. Un partido puede prometer educación gratuita para todos, independientemente de los ingresos familiares. Dentro de una misma familia, una persona que ya estudió puede estar a favor de esa promesa porque gusta de la idea de que todos tengan las mismas oportunidades y otro miembro de la familia puede estar a favor porque se verá beneficiado personalmente por la gratuidad en la educación. Aunque la promesa sea la misma, la justificación para la promesa refleja distintos tipos de linkages -justicia social en un caso, beneficio personal en el otro- que se dan entre el partido y sus electores.

LOS DESAFÍOS QUE DEJA PLANTEADOS ESTE LIBRO

Al abrir el debate sobre la forma en que la representación está segmentada y cómo los partidos diseñan e implementan estrategias que, buscando coherencia en sus mensajes a nivel nacional, hablen a distintos grupos de electores con mensajes atractivos que permitan potenciar los distintos tipos de linkages que existen, Luna deja abierta una invitación para testear su teoría con otros partidos en Chile, Uruguay, el resto de América Latina o cualquier sistema de partidos con distintos niveles de institucionalización en distintos momentos históricos. Es más, sugiero que la forma en que plantea la segmentación de los mensajes también permite evaluar si este fenómeno se da solamente en democracias desiguales o si es extensible a democracias con otras formas de desigualdad o heterogeneidad.

Como uno de los textos más importantes aparecidos en los últimos 2 años -el libro fue publicado en la segunda mitad de 2014- Segmented Representation postula a convertirse en un texto clásico sobre la representación en el sistema de partidos en Chile y Uruguay. Sus contribuciones teóricas y los métodos mixtos utilizados por Luna también lo ubican como un texto de referencia para cualquier futuro estudio sobre el funcionamiento de los sistemas de partidos y sobre las relaciones que se producen entre los partidos y sus votantes.

 


Patricio Navia es cientista político, profesor titular de ciencia política, Universidad Diego Portales; Master Teacher of Liberal Studies, New York University. E-mail: patricio.navia@nyu.edu.

 

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