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Revista de ciencia política (Santiago)

versão On-line ISSN 0718-090X

Rev. cienc. polít. (Santiago) vol.38 no.1 Santiago abr. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/s0718-090x2018000100051 

Artículo

El apoyo a la democracia en los parlamentos latinoamericanos. Análisis del demócrata ambivalente*

The Support for Democracy in Latin America's Parliaments: An Analysis of the Ambivalent Democrat

Asbel Bohigues1  *

1Universidad de Salamanca, España

RESUMEN

Este artículo tiene como objetivo analizar el perfil de la élite legislativa latinoamericana que no apoya incondicionalmente la democracia: los demócratas ambivalentes. Aunque diversos estudios han entrado a analizar el papel de la élite en los procesos democráticos, no se conoce cómo son los demócratas ambivalentes de este selecto grupo político. Así, este análisis, sin dejar de lado el contexto ni las diferencias entre países, permitirá conocer los valores y actitudes característicos de los diputados que, en determinadas circunstancias, apoyarían gobiernos autoritarios. Los resultados muestran que, al contrario de lo establecido por la literatura, no son marcadamente radicales, desconfiados ni intolerantes.

Palabras clave: diputados; gobierno autoritario; democracia; ambivalencia; personalidad autoritaria

ABSTRACT

Previous studies of support for democracy have emphasized the views of the populace. By contrast, this article analyzes the profile of Latin American legislative elites who do not support democracy unconditionally: the ambivalent democrats. Although several studies have analyzed the role of elites in democratic processes, the nature and importance of ambivalent democrats remains poorly understood. Thus, this analysis, without ignoring context or differences between countries, examines the characteristic values and attitudes of those deputies who, under certain circumstances, would support authoritarian governments. Results show that, contrary to literature's statements, ambivalent democrats are not strongly radical, distrustful, or intolerant.

Keywords: deputies; authoritarian government; democracy; ambivalence; authoritarian personality

I. INTRODUCCIÓN

¿Cómo son los diputados latinoamericanos que apoyarían un gobierno autoritario en la región? Este trabajo trata de dar respuesta a esta pregunta al centrar el análisis en el perfil de la élite legislativa latinoamericana que no apoya incondicionalmente la democracia, es decir, los diputados que, aun habiendo sido electos en unas elecciones democráticas, apoyarían un gobierno autoritario en determinadas circunstancias.

La aceptación de los valores democráticos es una condición necesaria para la propia existencia de la democracia (Linz y Stepan 1996). Si esta no cuenta con un claro apoyo, difícilmente podrá consolidarse como régimen y hacer frente a futuros desafíos. Esa aceptación ha recibido distintos nombres a lo largo del tiempo, como apoyo difuso (Easton 1965) o efectivo (Ferrín 2012). La idea que se intenta reflejar es la misma: un apoyo que sea capaz de resistir vaivenes políticos, sociales o económicos y que, asimismo, asegure la supervivencia del régimen.

Sin un apoyo incondicional, el régimen democrático carece de legitimidad (Offe 2006), con lo que se vuelve factible el cambio hacia uno que goce de mayor sustento. Incluso con uno condicional que la legitime, en tanto cumpla ciertas condiciones, la estabilidad de la democracia peligra. Más allá de la importancia que tengan los controles interinstitucionales (O'Donnell 2004) o evitar la concentración de poderes en unas pocas instituciones (Morlino 2012), la clave para que una democracia triunfe es que ha de convertirse en el único juego de la ciudad (only game in town) (Linz y Stepan 1996).

Entre quienes apoyan o no la democracia, la élite política del país juega un papel fundamental. Tiene una clara influencia sobre las decisiones estratégicas que moldean las condiciones de vida en una sociedad (Hoffmann-Langue 2007), de manera que si las élites políticas del país no apuestan por el proceso democrático, difícilmente este podrá consolidarse. Es importante conocer a los miembros de la élite política, qué piensan o apoyan, y su perfil sociodemográfico (Coller et al. 2014). Son quienes deciden las políticas, las implementan y evalúan, aprueban leyes y dirigen la administración; en definitiva, tienen la capacidad de influir en los procesos de toma de decisiones, en las reglas del juego político (Anduiza 1999), mientras que la ciudadanía toma a esas élites y sus discursos como base para formar sus propias decisiones (Jacobs y Shapiro 2000). Aunque la élite no lo domina todo en política, aquello que proclame o defienda tendrá una clara influencia sobre los ciudadanos y el sistema político en general (Dahl 1961).

Diversos estudios enfatizan el rol de las élites en los procesos democráticos, la importancia de pactos, alianzas o de cómo pueden dificultar o favorecer la estabilidad diferentes actitudes. Linz y Stepan (1978) en los quiebres, Higley y Gunther (1992) en las transiciones o Pérez-Liñán y Mainwaring (2014) en la supervivencia de la democracia en América Latina constatan esa relevancia.

No obstante, estos trabajos no describen quienes ni cómo son los miembros de la élite que apoya con condiciones o rechaza la democracia, fenómeno que sí ha sido abordado a nivel poblacional (Maravall 1981; Botella 1992; United Nations Development Programme-UNDP 2004; Schedler y Sarsfield 2007).

Así pues, se ha constatado la importancia de este grupo en los procesos democráticos y se ha trabajado sobre las actitudes más o menos democráticas en la población. Pero no tanto acerca de las características de quienes presentan ambivalencia hacia la democracia en la élite.

Realizar un análisis del perfil de los diputados que, eventualmente respaldarían un golpe de Estado, contribuye a un mejor entendimiento de los apoyos a gobiernos autoritarios, al tiempo de conocer mejor las causas de inestabilidad de los regímenes democráticos desde una perspectiva centrada en la élite (Pérez-Liñán y Mainwaring 2014).

El objetivo, y principal contribución de este trabajo, es llenar ese vacío señalado en la literatura, aportando datos sobre el perfil y valores de quienes apoyarían un golpe de Estado desde el Parlamento, sin dejar de lado el contexto ni las diferencias entre países. Esto es, analizar la élite legislativa que no apoya incondicionalmente la democracia, para discernir cuales son los valores y actitudes característicos de los diputados que creen que un gobierno de tipo autoritario es mejor que una democracia en determinadas ocasiones.

Consecuentemente, este análisis permitirá comprender mejor —en el contexto latinoamericano—, los orígenes del apoyo a gobiernos autoritarios, puesto que pone de relieve qué valores y actitudes guardan relación con el apoyo a golpes de Estado por parte de la élite parlamentaria.

Para ello se utilizarán los datos de las entrevistas a diputados del Proyecto de Élites Parlamentarias (PELA)1 de la Universidad de Salamanca, tomando como rango temporal el período 1994-2014 en los siguientes países: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Venezuela.

En el siguiente apartado, se realiza un repaso a la literatura sobre apoyo a la democracia, el papel de la élite y los regímenes autoritarios. Luego, una vez expuesta la metodología del trabajo, se pasa a analizar los rasgos sociodemográficos, así como los valores y actitudes característicos de los diputados que apoyarían un golpe de Estado. Posteriormente se atiende a las diferencias del perfil por país y se presenta un resumen de este. Finalmente, hay un apartado de conclusiones.

II. ESTADO DE LA CUESTIÓN

El apoyo a la democracia

Para que un régimen sobreviva y se estabilice, necesita de una legitimidad sólida, es decir, de un claro apoyo que provea de una zona de seguridad democrática (Torcal 2008). No obstante, hay teorías que hacen hincapié en otros factores para la supervivencia de la democracia (Munck 2010). Por ejemplo, Lipset (1959) hablaba de las condiciones socioeconómicas, no necesariamente causas de la democracia. Autores que han defendido el impacto positivo de la modernización económica en la implantación de la democracia son Diamond (1992) y Przeworski et al. (2000).

O'Donnell (1973) criticó estas teorías por la relación lineal y directa entre desarrollo económico y democracia, puesto que un alto grado de modernización podría llevar a una dictadura y no a una democracia tal y como demostraron los casos argentino y brasileño a mediados del siglo XX. A pesar de las críticas, es indudable que factores como la desigualdad (Boix 2006) pueden jugar un rol fundamental en la explicación del éxito de un régimen democrático. De hecho, también se ha señalado en la literatura que un pobre desempeño económico puede llevar a la quiebra de la democracia (Diamond y Linz 1989; Diamond 1999; Przeworski et al. 2000).

La literatura también ha apuntado a las instituciones cuando se analiza la estabilidad democrática (Kapstein y Converse 2008). En el caso latinoamericano, marcado por el presidencialismo, un gobernante con poderes excesivos podría desestabilizar la normalidad democrática (Shugart y Carey 1992). Otros autores han resaltado la relevancia del marco internacional (Robinson 1996; Whitehead 1996). Incluso Kagan (2015) afirma que el éxito o fracaso de este tipo de régimen puede entenderse por el compromiso de la comunidad internacional con la democracia.

Por tanto, el éxito de una democracia no depende solo de variables económicas o institucionales, sino también del sustento que tenga de la población y los actores del sistema. Una democracia solo puede considerarse verdaderamente consolidada cuando cuenta con un alto nivel de apoyo y de legitimidad (Montero y Morlino 1993).

En los últimos años, a pesar de la erosión de la confianza y el descontento de la ciudadanía en las democracias industriales avanzadas, no se han producido quiebres democráticos porque la adherencia a las normas y los ideales en la democracia han aumentado al mismo tiempo (Dalton 2004). Es decir, aunque el apoyo específico a la democracia esté a la baja, el difuso se mantiene; la ciudadanía pide más dentro del sistema, pero no cambiar de régimen político (Booth y Seligson 2009; Norris 2011).

Ese descontento no es antidemocrático, sino que proviene de la tensión entre los ideales y el funcionamiento de las democracias, que acaba produciendo ciudadanos críticos (Norris 2011) no con los ideales de este tipo de régimen, sino con su ejercicio. Los críticos con el gobierno son, al mismo tiempo, los que más creen en la él (Dalton 2004), lo cual significa que este fenómeno no es una crisis ni un peligro para la democracia representativa, sino un reto (Fuchs et al. 1995).

En el caso de que hubiera más ciudadanos insatisfechos que satisfechos con los valores, las instituciones y el gobierno, como los casos de Honduras y Guatemala, eventualmente podrían enfrentarse ante un posible quiebre (Booth y Seligson 2009).

Así, no basta con que una amplia mayoría de la población apoye el régimen democrático. Para que este tenga un auténtico sustento, el apoyo ha de ser incondicional, que la población y los actores respalden la democracia independientemente de crisis económicas o períodos de inestabilidad política y social. También existe el apoyo condicional, según el cual se apoya a la democracia, pero no en todas las circunstancias. Con este planteamiento, la democracia es la mejor forma de gobierno en ocasiones, no hay una plena confianza en que un régimen de esta naturaleza vaya a resolver todos los problemas de la sociedad.

Los individuos que la apoyan con condiciones han sido conceptualizados como demócratas con adjetivos (Schedler y Sarsfield 2007), demócratas ambivalentes (69), cinismo democrático (Maravall 1981) o democratismo cínico (Botella 1992). La idea que se trata de reflejar es que hay un sector en la ciudadanía que no apoya enteramente a la democracia y todos sus elementos.

Por lo tanto, podría hablarse de dos tipos de apoyo: intrínseco (incondicional) o instrumental (condicional). Puesto que la democracia puede entenderse de distintas maneras (Diamond y Plattner 2008), se la legitima y apoya de distintas maneras. La diferencia entre ambos tipos de sustentos reside en qué se basa la evaluación del régimen democrático, si en los valores y derechos que representa o en el desempeño. Y podría hablarse, por tanto, de dos tipos de rechazo de la democracia: instrumental o autoritario.

Resulta fundamental entender el apoyo condicional, caracterizado por individuos que aceptan los valores democráticos, no mantienen necesariamente actitudes o ideologías extremas, ni desconfían de las instituciones. Son individuos que creen que la democracia es buena, pero que siguen teniendo como alternativa el apoyo a un gobierno autoritario.

La personalidad autoritaria

En línea con el apoyo y rechazo a la democracia, desde la psicología política y la filosofía se ha hablado de la personalidad autoritaria (Fromm 1941). Estudios posteriores han señalado que este tipo de personalidad es incompatible con los valores propiamente democráticos (Adorno 1950; Altemeyer 1996), como la importancia de las elecciones o el papel de los partidos, puesto que la personalidad autoritaria se caracteriza sobre todo por la intolerancia, la preferencia por fuertes liderazgos, el extremismo ideológico y el conservadurismo en cuestiones como el divorcio, el aborto o el matrimonio homosexual (Feldman y Stenner 1997).

De hecho, la escala usada por Altemeyer (1981) para medir el autoritarismo se llama Right-Wing Authoritarianism (RWA). No obstante, individuos con una ideología marxista también encajan en esta personalidad. Por tanto, los autoritarios se situarían en los extremos de la escala ideológica izquierdaderecha.

Otros factores señalados como explicativos de la personalidad autoritaria son los estudios (Altemeyer 2007): un alto nivel educativo reduce considerablemente la probabilidad de presentar rasgos autoritarios. También se ha apuntado a la religiosidad de las personas (Altemeyer 2007): un individuo creyente o religioso tiene mayores chances de ser intolerante hacia los demás.

El origen de la personalidad autoritaria también reside en la inseguridad percibida o en la ansiedad de sentirse amenazado (Rokeach 1960; Wilson 1973; Feldman 2003). El individuo autoritario se siente amenazado; desconfía de los demás, sean estos sus iguales, desconocidos o miembros de las instituciones. No obstante sí suelen confiar en organizaciones relacionadas con el orden social, como las fuerzas armadas o la policía.

Stevens et al. (2006) realizaron un estudio pionero sobre las actitudes autócratas y su naturaleza en las élites de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Venezuela, utilizando un indicador de agresión autoritaria inspirado en los trabajos de Altemeyer (1996, 1998). Es uno de los pocos estudios de la literatura que se preocupa, a nivel de élites, respecto de qué provoca este tipo de actitudes y qué consecuencias tiene. Stevens et al. (2006) concluyeron que la tesis de Altemeyer (1996) sobre la actitud autoritaria como característica personal (socially learned cluster of attitudes) tenía mayor fuerza empírica que la de Feldman (2003) que señalaba que la influencia de la personalidad autoritaria crece en caso de amenaza, mientras que aquellos miembros de la élite más autoritaria eran más propensos a determinado tipo de políticas relacionadas con la seguridad económica y el orden social.

Habiendo hecho este repaso sobre qué puede entenderse por rasgos autoritarios, puede concluirse que las personas cuya personalidad pueda ser clasificada como tal, difícilmente apoyarán un sistema plenamente democrático.

El papel de la élite

Precisamente el estudio de Stevens et al. (2006) puso de relieve la importancia de las actitudes (autoritarias) para la democracia por parte de la élite. Si —como se ha mencionado— es importante que la población crea que la democracia es the only game in town (Linz y Stepan 1996), no lo es menos para la élite política.

El estudio de las élites políticas, sus valores y opiniones es largo y extenso (Alcántara 2012). Sin embargo, la mayoría de los estudios que han tratado el apoyo a la democracia por parte de las élites políticas, subrayando el papel de las actitudes de los actores hacia uno u otro régimen político como aspectos a tener en cuenta, no entran a analizar a quienes no apoyan incondicionalmente la democracia.

Si bien trabajos como los de Higley y Gunther (1992), Berman (1998), Ollier (2009) o más recientemente Pérez-Liñán y Mainwaring (2014) siguen esa línea y tienen como eje central a la élite en los procesos de quiebre y transición democrático, no analizan pormenorizadamente un perfil, quiénes y cómo son los que apoyan un golpe de Estado; precisamente el principal aporte del presente trabajo.

Efectivamente, estos individuos son fundamentales para el establecimiento de esta forma de gobierno (Higley y Gunther 1992). Dahl (1971), respecto a la probabilidad de instaurar la poliarquía, apuntó que solo cuando se establecen pautas de competencia política y se asumen las riendas del gobierno sin miedo a represalias o violencia esta puede ser una opción.

Linz y Stepan (1978) concluyeron algo similar al analizar el quiebre de la democracia en países como España, Alemania o Italia en la primera mitad del siglo XX, constatando la importancia de que esta fuera the only game in town para la élite. Por su parte, O'Donnell (1978) habló de las amenazas que pueden suponer para la democracia las movilizaciones organizadas y dirigidas por las élites dominantes.

Higley y Gunther (1992) destacan que la clave para su consolidación reside en la moderación y llegada a un consenso por parte de las élites en torno a las reglas del juego democrático.

Más recientemente, Pérez-Liñán y Mainwaring (2014) afirman que la supervivencia de esta forma de gobierno en América Latina puede entenderse mejor atendiendo a las posiciones normativas de los actores sobre la democracia y la dictadura y a su radicalismo político. Concluyen que el papel de estos y sus posiciones respecto a la democracia es significativo, así como frente a variables clásicas como la economía o las instituciones.

La élite política está en el centro de la democracia. Sin dejar de lado variables económicas, institucionales o internacionales, una oposición semileal o desleal (Linz y Stepan 1978) podría desestabilizarla. Por eso mismo se ha de dar a este grupo la importancia que corresponde al estudiar las causas del éxito o fracaso de toda democracia.

El gobierno autoritario

En cuanto al fenómeno del gobierno autoritario, el régimen que apoyarían esos demócratas ambivalentes, para hacer frente a situaciones de crisis económica o inestabilidad política, ha sido estudiado a lo largo de los años (Linz 1975; Sartori 1992; Morlino 1995; Taibo 1997).

Tras repasar la extensa e inconclusa literatura (Cheibub et al. 2010) que trata de definir y operacionalizar este concepto, aquí se entiende por gobierno autoritario todo aquel régimen provisional (Sartori 1992); con un pluralismo limitado; no responsable; carente de una movilización política extensa (salvo algunas ocasiones); en el que un líder (o grupo) ejerce el poder dentro de unos límites formalmente mal definidos, aunque algo predecibles (Linz 1975; Morlino 1995); donde las elecciones, en caso de celebrarse, no son libres, ni justas (Donner et al. 2014), ni sirven como mecanismo real para elegir gobierno; donde derechos como la libertad de expresión, asociación u opinión están prohibidos (Dahl 1971), y en el cual la clásica separación de poderes es inexistente (Donner et al. 2014).

III. ASPECTOS METODOLÓGICOS

En este trabajo se clasifica a los diputados que no apoyan incondicionalmente a la democracia como demócratas ambivalentes (69). Estos individuos participan en el entramado institucional democrático como parlamentarios, aunque contemplan otro juego que no es tal; en los mismos individuos coexisten ambos aspectos. Por su parte, quienes nunca apoyarían un gobierno autoritario serán demócratas incondicionales.

Con el objeto de tener una mayor y mejor visión del perfil parlamentario ambivalente, se escogerán todos los casos de diputados que apoyen un gobierno autoritario de todas las bases de datos disponibles2 del PELA de la Universidad de Salamanca durante el período 1994-2014: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Rica, Colombia, Ecuador, El Salvador Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Venezuela.

En cuanto a la delimitación de la unidad de análisis, se toma la pregunta 3 del cuestionario (Tabla 1). Esta pregunta fue formulada de manera distinta en los estudios de la primera oleada de entrevistas del PELA, por lo que solo se tendrán en cuenta para este trabajo los cuestionarios disponibles para las oleadas 2 a la 6.

Tabla 1 Pregunta sobre el apoyo a la democracia en el PELA 3  

Pregunta Respuestas
¿Con cuál de las dos siguientes frases está usted más de acuerdo? La democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno
En contextos3 de crisis económica e inestabilidad política, un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático
NS/NC

Fuente: PELA

Se tomarán como ambivalentes a quienes respondan que, en determinadas circunstancias, es preferible un gobierno autoritario. Tomando las respuestas a esta pregunta, se obtuvieron suficientes casos para realizar el estudio: 253 ambivalentes frente a 6.076 incondicionales, dando un total de 6.329 diputados que componen el total de la base de datos del PELA entre 1994 y 2014.

En la pregunta hay un sesgo de deseabilidad social, puesto que no suele ser aceptable que un diputado proclame que, en ocasiones, se puede prescindir de la democracia. A pesar de las críticas que se puedan plantear, es la pregunta más directa y clara que pueda realizarse sobre el apoyo (difuso) a la democracia, contemplada también en proyectos como Latinobarómetro o Latin American Public Opinion Project, puesto que aquellos que no la apoyen sin condiciones tienen la posibilidad de alegar que, aun habiendo sido electos como legisladores en un proceso electoral, contemplan la posibilidad del gobierno autoritario como alternativa, lo cual refleja la ambivalencia del congresista.

Además, hay suficientes casos (253) para llevar a cabo un análisis exploratorio: son los diputados que declaran explícitamente que prefieren un gobierno autoritario en casos de crisis económica y/o inestabilidad política, a pesar de la deseabilidad social de la respuesta.

Como ya se mencionó, no se ha analizado antes detenidamente el perfil de los diputados latinoamericanos que ven ventajas a un gobierno autoritario: investigar el perfil no solo sociodemográfico, sino también sociopolítico de este segmento de la élite política de esta región contribuye a entender los orígenes de potenciales los golpes de Estado y complacencias con gobiernos autoritarios.

De esta manera, a pesar de las dificultades metodológicas señaladas, el presente trabajo —de manera exploratoria— pretende llenar un vacío en la literatura sobre democracia. La literatura clásica sobre este tipo de gobierno, tal y como se ha comprobado en el apartado anterior, se ha centrado especialmente en las condiciones socioeconómicas, las instituciones, el contexto internacional y geopolítico, además de la cultura política de la población, mientras que solo recientemente se ha prestado atención al papel de la élite en democracia y su centralidad en el sistema político (García et al. 2014: 136). Es en esta línea de investigación en donde se enmarca el presente trabajo, al analizar el perfil de la élite legislativa que apoyaría un gobierno no-democrático.

La valía de este análisis reside en que se está atendiendo al apoyo de la democracia en un grupo tan significativo como son los diputados, con datos obtenidos a través de entrevistas personalizadas en las que han manifestado que apoyarían un gobierno autoritario en determinadas circunstancias. Discernir qué valores y actitudes sostienen estos individuos, su evolución temporal y presencia por países, contribuye a ampliar el conocimiento sobre la consolidación y supervivencia de este tipo de gobierno, así como las motivaciones individuales de quienes le retirarían su apoyo a pesar de haber sido electos en él.

Ya se ha mencionado la importancia que tienen los valores y actitudes para la democracia en todas sus facetas, tanto de la población como de las élites. Lo que piensen los individuos sobre la democracia condiciona su legitimidad y el apoyo de que goce, en especial por parte de la élite política (García et al. 2014: 143). Los valores pueden ser definidos como instrumentos mentales que utilizan los individuos para procesar la información que reciben y proporcionan una estructura mental que permite analizar y valorar la realidad. A su vez, las actitudes son orientaciones estables respecto a distintos objetos políticos o sociales o sobre los individuos mismos (Anduiza y Bosch 2004). Este trabajo pretende discernir cuáles son los valores y actitudes que acompañan a esa ambivalencia democrática en los miembros de la élite legislativa en Latinoamérica. Además, dada la importancia que se da a la confianza para la propia democracia (Putnam 2011) o para caracterizar a la personalidad autoritaria (Rokeach 1960; Wilson 1973; Feldman 2003), se toma a aquella como otro elemento aparte en este estudio.

El objetivo, por tanto, es atender a los valores y actitudes que caracterizan a quienes, teniendo representación en los parlamentos latinoamericanos, no creen plenamente en la democracia, explorando en los rasgos propios de la personalidad autoritaria antes planteados. Esto servirá para comprobar si quienes no siempre apoyarían a la democracia tienen rasgos autoritarios o si, por el contrario, no rechazan los valores democráticos, sino que simplemente no creen que el régimen democrático pueda resolver determinados problemas.

Para determinar el perfil de los diputados demócratas ambivalentes en los siguientes apartados, se usan como referencia los datos de la totalidad de los diputados y/o los incondicionales. Si solo se observa el grupo de los ambivalentes, podría deducirse que es característico de éstos algo que, en realidad, lo es del total del universo.

Siguiendo lo establecido por la literatura, se parte de la premisa de que aquellos que no apoyan plenamente la democracia, presentan rasgos autoritarios, valores y actitudes contrarios a la propia idea de democracia. Así, se parte de la hipótesis de que los diputados demócratas ambivalentes presentan rasgos autoritarios tales como el extremismo ideológico, actitudes negativas hacia instituciones representativas, la intolerancia (valores tradicionales) y la desconfianza, salvo en las fuerzas y cuerpos de seguridad.

En el caso de que no presenten marcadamente estos rasgos, significaría que no rechazan todos y cada uno de los valores e instituciones del régimen democrático, sino que optan por un gobierno autoritario como solución drástica ante determinadas situaciones económicas y políticas, teniendo, por tanto, un mayor contenido instrumental ese apoyo.

Teniendo todo esto presente, se han escogido las siguientes preguntas de los cuestionarios del PELA como indicadores de los valores y actitudes de los diputados:

  • Valores políticos. Autoubicación ideológica en la escala de 1 (izquierda) a 10 (derecha). En caso de que se sitúen en los extremos de la escala, significará que presentan el extremismo ideológico característico de la personalidad autoritaria.

  • Actitudes hacia instituciones representativas. Actitudes hacia partidos políticos y elecciones. Los partidos y las elecciones son los elementos distintivos de cualquier democracia; los primeros realizan funciones de socialización y reclutamiento de élites (Cotarelo 1985), además son la plataforma política desde la que actúan los diputados, por lo que se vuelven necesarios para el normal funcionamiento democrático (69). Por su parte, las elecciones son el momento en que los políticos se someten a la votación por parte del pueblo para rendir cuentas y que se produzca representación, gobierno y legitimidad (Anduiza y Bosch 2004). Negar la importancia de los partidos y las elecciones es negar una parte fundamental del régimen democrático. Si los diputados expresan una opinión contraria a estas instituciones representativas, podrán ser clasificados como autoritarios, mostrando su rechazo a determinados valores democráticos.

  • Actitudes hacia fuerzas y cuerpos de seguridad. Valoración del papel del ejército en una escala de 1 a 10, siendo 1 “muy negativo” y 10 “muy positivo”. Es característico de los diputados demócratas ambivalentes una muy buena valoración del ejército, en cuyo caso puede hablarse de rasgos autoritarios, ya que el ejército juega un papel fundamental en la constitución y mantenimiento de gobiernos autoritarios (Sartori 1992).

  • Valores morales. Creencias religiosas y actitud hacia el aborto. Para estas variables se mirará la cantidad de ambivalentes que se considera a sí misma creyente, así como la actitud hacia el aborto en una escala de 1 a 5, siendo 1 en contra y 5 a favor. Para poder hablar de un perfil conservador o tradicional del diputado ambivalente y, por tanto, con rasgos autoritarios, la mayoría de los ambivalentes deberían considerarse creyentes o ser intolerantes hacia el aborto, esto es, estar en las posiciones 1 y 2 de la escala.

  • Confianza. Se mide el nivel de confianza en escalas en que las opciones de respuesta son “ninguna”, “poca”, “alguna” y “mucha” para distintas organizaciones, que en este trabajo se han agrupado de la siguiente manera:

      -. Actores sociopolíticos: organizaciones de empresarios, sindicatos, iglesia, partidos políticos y medios de comunicación.

      -. Instituciones políticas: funcionarios, Parlamento, Presidente de la República, Poder Judicial y organismo electoral.

      -. Fuerzas y cuerpos de seguridad: fuerzas armadas y policía.

Una desconfianza generalizada hacia estas instituciones corroboraría la hipótesis central. No obstante, ocurre lo contrario para las fuerzas y cuerpos de seguridad, las organizaciones de empresarios y la iglesia católica: un alto nivel de confianza (alguna y mucha) es algo propio de aquellos que apoyan gobiernos autoritarios, puesto que estas organizaciones representan valores tradicionales y de orden (Stevens et al. 2006).

Tal y como se ha puesto de relieve, la literatura sobre el apoyo a la democracia y la personalidad autoritaria ha señalado estas variables como los factores clave para entender el origen y naturaleza del tipo de apoyo a la democracia, por lo que resulta pertinente tomarlas en cuenta. Utilizando herramientas de estadística descriptiva, se expondrán los datos para comprobar qué variables estarían relacionadas con el apoyo a la democracia y, por consiguiente, qué caracteriza a los diputados ambivalentes, para así testear la hipótesis del trabajo.

IV. LA AMBIVALENCIA EN SU CONTEXTO

En la Figura 1 se presenta, de manera agregada, la presencia de demócratas ambivalentes en los parlamentos. Para un mejor entendimiento de los datos y su contexto, se ha optado por promediar el porcentaje de diputados ambivalentes por oleadas del PELA.4 Planteado así, puede verse inmediatamente si la cifra es grande o pequeña en relación a la media regional.

Fuente: PELA

Figura 1 Evolución de los demócratas ambivalentes por país y oleadaLos países están agrupados en función de si ha habido un aumento (arriba/izquierda), un descenso (arriba/derecha), estabilidad en niveles bajos (abajo/izquierda) o estabilidad en niveles medios/altos (abajo/derecha).El Salvador en la quinta oleada corresponde a la legislatura 2009-2011. No se incluye Venezuela porque solo hay datos de una oleada. Media regional entre paréntesis. 

Nicaragua comienza la segunda oleada con una presencia muy elevada, pero disminuye rápidamente en las siguientes oleadas. Guatemala siempre se sitúa por encima de la media y con proporciones altas (en la quinta oleada se ubica tres veces por encima de la media). El Salvador, aunque comienza rondando la media, se dispara en la quinta oleada. El caso de Panamá en la cuarta parece anómalo, puesto que en la quinta el porcentaje de diputados ambivalentes cae bruscamente. Ecuador tiene un ascenso vertiginoso en tan solo una oleada, para luego bajar a unos niveles mínimos. Perú también pasa de niveles muy bajos a situarse como uno de los países con mayor presencia de diputados ambivalentes.

En Chile, diez de sus diputados en la legislatura 1997-2001 (11,4% de la cámara) hubiera apoyado un gobierno autoritario. Todos los diputados ambivalentes chilenos pertenecen a los partidos Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN). Con el paso del tiempo, la cifra cae al cero.

Por esa concentración en partidos como la UDI y RN, resulta interesante también atender al partido político de los diputados, como los de corte fujimorista, el Frente Revolucionario Guatemalteco (FRG), el Partido Nacional Hondureño y el Movimiento V República de Venezuela (Anexo).

Llaman la atención especialmente los casos hondureño y guatemalteco porque, tal y como se ha mencionado, son también los países con más ciudadanos insatisfechos en democracia (Booth y Seligson 2009) y donde el número de ambivalentes crece en contra de la tendencia regional.

En este punto, se hace necesario hacer referencia al fenómeno de los partidos autoritarios sucesores (Loxton 2015) surgidos de los procesos de transición a la democracia y cuyos efectos sobre el régimen democrático son mixtos. Pueden impedir procesos de justicia transicional, provocar una regresión autoritaria o ayudar a mantener enclaves autoritarios, pero también promover la institucionalización del sistema de partidos e incorporar potenciales spoilers (Loxton 2015: 167). De entre los ejemplos citados por Loxton, están la UDI, el FRG y los partidos fujimoristas.

Así, una conclusión que puede extraerse es que, con el tiempo, se ha reducido el número de demócratas ambivalentes en las cámaras bajas latinoamericanas, aunque el patrón no sea uniforme por país (Chile y Perú frente a Honduras y Guatemala), en paralelo a la consolidación de la democracia (Munck 2010). Con el paso del tiempo, se acepta cada vez más sin condiciones la democracia, régimen que se mostró resiliente ante los vaivenes políticos, económicos y sociales de esos años (Kitschelt et al. 2010) y donde pareciera que los partidos autoritarios sucesores son cada vez menos autoritarios, tal y como muestra el caso chileno.

V. PERFIL SOCIODEMOGRÁFICO

A pesar de que el perfil sociodemográfico de la población a estudiar —los diputados— está ya caracterizado por el predominio de hombres, un nivel educativo medio-alto y una edad en torno a los 40-50 años, igualmente conviene tenerlo en cuenta antes del análisis del perfil sociopolítico, para así tener una imagen más completa del demócrata ambivalente (Tabla 2).

Tabla 2 Perfil sociodemográfico 

Género
Ambivalentes Incondicionales
Hombre (%) 85,3 81,1
Mujer (%) 14,7 18,9
Total 251 6.035
Chi2 2,746*
Edad
Media 46,03 (11,26) 47,76 (9,81)
Total 247 5.955
Diferencia de medias 1,737***
Nivel educativo
Ninguno (%) 0,4 0,1
Primaria (%) 0 1,0
Secundaria (%) 10,8 8,9
Universitario medio (%) 12,4 13,4
Universitario superior (%) 45,8 44,7
Postgrado (%) 30,7 31,8
Total 251 6.029
Chi2 5,078

Fuente: PELA

*p < 0,1,

***p < 0,01

Edad: desviación típica entre paréntesis. Asumiendo varianzas iguales (prueba de Levene significativa al 0,007)

Los ambivalentes son ante todo hombres. Sin embargo, la prueba de chi cuadrado no permite afirmar que haya una gran dependencia entre estas variables. La presencia de mujeres en los parlamentos latinoamericanos es baja, con lo cual no sorprende que los demócratas ambivalentes sean mayoritariamente hombres.

A su vez, los ambivalentes tienden a ser más jóvenes que los incondicionales y la diferencia entre las medias de edad entre los dos grupos, aunque no muy elevada, es estadísticamente significativa.

En cuanto al nivel educativo, no puede decirse que los diputados demócratas ambivalentes tengan uno bajo. Como el resto de la élite, este grupo que pone condiciones a la democracia está bien formado, sin diferencias significativas. Normalmente se ha asociado un mayor nivel educativo a una visión del mundo más abierta, tolerante y mayor rechazo a regímenes autoritarios (Chu y Huang 2007). Sin embargo, un nivel educativo en condiciones de desigualdad socioeconómica, como América Latina, puede ser más bien un síntoma de elitismo que de progreso social (Rivas et al. 2010). Puede que la educación a nivel poblacional sea un garante de progreso y apoyo a la democracia, pero a nivel de la élite estos datos indican que han de hacerse algunos matices.

VI. VALORES Y ACTITUDES

Ideología

Como se ha señalado, la personalidad autoritaria se caracteriza por el extremismo ideológico, tanto de derecha como de izquierda. La media ideológica de los ambivalentes se encuentra en torno al centro (Tabla 3), con lo cual pareciera que no son radicales. Falta por ver la distribución de estos diputados a lo largo de la escala para corroborar si efectivamente se sitúan en torno a este.

Tabla 3 Autoubicación ideológica 

N Media Desviación estándar Diferencia de medias
Incondicionales 5.939 4,97 2,09 0,644 ***
Ambivalentes 246 5,61 2,.24

Fuente: PELA

***p < 0,01, asumiendo varianzas iguales (prueba de Levene significativa al 0,049).

Así, en la Figura 2 puede verse cómo los ambivalentes se inclinan más hacia la derecha en comparación a los incondicionales, si bien la mayoría se ubican en el centro. Puede afirmarse, por tanto, que el perfil ideológico característico de los demócratas ambivalentes es de (centro) derecha.

Fuente: PELA

Figura 2 Distribución de la autoubicación ideológica 

A pesar de lo que se suele afirmar desde la literatura, aquellos que ponen condiciones a la democracia no son radicales. Una gran parte se sitúa en posturas de centro, aunque tiendan a la derecha. De hecho, si se compara esta media ideológica con la de los demócratas incondicionales (Tabla 5), la diferencia es estadísticamente significativa. Se corrobora, pues, que los demócratas ambivalentes no presentan rasgos ideológicos autoritarios. De ser así, en la Figura 2 se vería a los diputados agrupados en los extremos de la escala.

No puede obviarse la relación del elemento ideológico del partidario, lo cual lleva nuevamente al tema de los partidos a los que pertenecen los diputados (Loxton 2015). Como se ha visto, las mayores concentraciones de legisladores en la región se daban en partidos de derecha y/o vinculados a regímenes autoritarios, mayoritariamente también de derecha.

Así pues, los ambivalentes latinoamericanos son más de derecha que los incondicionales, pero no tanto como ha señalado la literatura como para poder afirmar que encajen en el perfil autoritario. Tampoco puede considerarse que sean radicales, en tanto se ubican ideológicamente —en su mayoría— en torno al centro-derecha político y no en los extremos.

Valores morales

Los diputados ambivalentes son mayoritariamente creyentes, pero esto no es algo característico de este grupo en concreto, dado el elevado porcentaje para la totalidad de diputados; otro alto porcentaje ocurre con el aborto (Tabla 4).

Tabla 4 Valores morales 

Creencias religiosas
Creyentes (%) 90,8 89,3
No creyentes (%) 9,2 10,7
Total 249 5.996
Chi2 0,543
Aborto
Ambivalentes Incondicionales
En contra (1) 47,1 43,9
(2) 9,5 9,1
(3) 14,9 17,7
(4) 13,6 13,0
A favor (5) 14,9 16,4
Total 242 5.915
Chi2 2,019

Fuente: PELA

Estos datos muestran, de nuevo, cómo tienen un perfil prácticamente idéntico al de los diputados incondicionales, sin diferencias significativas. Feldman y Stenner (1997) demostraron que los individuos con una personalidad autoritaria mantenían posiciones contra este tipo de medidas, al igual que contra el matrimonio homosexual. No obstante, no puede afirmarse que los diputados ambivalentes se caractericen por la intolerancia.

Actitudes hacia las instituciones representativas

Las diferencias respecto del resto de diputados en la consideración sobre partidos y elecciones son claras: los incondicionales coincidirían más con la idea de que los partidos son fundamentales en democracia y que las elecciones son el mejor medio para expresar preferencias políticas (Tabla 5).

Tabla 5 Opinión sobre partidos y elecciones 

Sin partidos no puede haber democracia Las elecciones son el mejor medio de expresar preferencias políticas
Ambivalentes Incondicionales Ambivalente Incondicionales
Nada de acuerdo (%) 12,0 8,4 5,6 1,1
Poco de acuerdo (%) 15,5 11,2 10,1 5,7
Bastante de acuerdo (%) 24,3 22,3 27,4 25,9
Muy de acuerdo (%) 48,2 58,1 56,9 67,3
Total 251 6.049 248 6.051
Chi2 12,067*** 53,3***

Fuente: PELA

***p<0,01

Por esto, puede afirmarse que los demócratas ambivalentes se caracterizan por creer menos en las dos instituciones más visibles y representativas de la democracia liberal. Aun así, no presentan rasgos autoritarios: no reniegan mayoritariamente de los dos pilares básicos de toda democracia, algo propio de la personalidad autoritaria.

Actitud hacia el ejército

Los diputados demócratas ambivalentes valoran positivamente al ejército (Tabla 6). Esto va en consonancia con la imagen que tienen aquellos que apoyan un régimen autoritario: ven en el ejército el liderazgo, la profesionalidad y la estabilidad que no encuentran en la democracia.

Tabla 6 Valoración del ejército5  

N Media Desviación estándar Diferencia de medias
Incondicionales 5.737 6,63 2,24 0,361 **
Ambivalentes 245 6,99 2,35

Fuente: PELA

**p < 0,05, no asumiendo varianzas iguales (prueba de Levene significativa al 0,5)

A pesar de la pequeña pero significativa diferencia entre las medias, queda claro que el ejército está bien valorado por todos los diputados, pero mejor por aquellos ambivalentes. Quienes no apoyan incondicionalmente la democracia valoran mejor el ejército.

Confianza

La personalidad autoritaria, incompatible con las partes esenciales de la democracia, está intrínsecamente ligada a la desconfianza. A continuación se muestran los niveles de confianza de los diputados demócratas ambivalentes en actores sociopolíticos, instituciones políticas y las fuerzas y cuerpos de seguridad (Tabla 7).

Tabla 7 Confianza 

Ninguna Poca Alguna Mucha Total Chi2
Organizaciones de empresarios Ambivalentes 12,0 33,2 39,2 15,6 250 14,869***
Incondicionales 8,0 40,3 41,5 10,1 6.040
Sindicatos Ambivalentes 28,7 51,8 14,7 4,8 251 48,927***
Incondicionales 14,8 49,5 29,0 6,7 6.025
Iglesia católica Ambivalentes 6,5 27,0 37,5 29,0 248 1,328
Incondicionales 6,5 24,6 40,9 28,0 6.015
Partidos políticos Ambivalentes 10,8 52,2 25,7 11,2 249 48,696***
Incondicionales 4,1 41,6 43,1 11,2 6.033
Medios de comunicación Ambivalentes 17,3 40,6 30,9 11,2 249 13,338***
Incondicionales 10,7 38,8 38,7 11,8 6.021
Funcionarios Ambivalentes 12,5 51,6 31,5 4,4 248 10,436**
Incondicionales 9,0 45,6 38,3 7,1 5.985
Parlamento Ambivalentes 4,8 32,5 42,6 20,1 249 18,015***
Incondicionales 2,8 22,8 48,7 25,7 6.020
Presidente Ambivalentes 9,8 22,4 39,0 28,9 246 4,431
Incondicionales 9,9 23,1 33,0 33,9 6.020
Poder Judicial Ambivalentes 17,2 49,2 22,4 11,2 250 33,746***
Incondicionales 8,7 42,4 35,0 13,9 6.042
Fuerzas armadas Ambivalentes 8,2 25,0 41,8 25,0 244 3,897
Incondicionales 7,9 30,7 39,6 21,8 5.764
Policía Ambivalentes 23,0 38,3 30,2 8,5 248 15,219***
Incondicionales 14,3 45,4 31,8 8,6 5.981

Fuente: PELA

***p < 0,01;

**p < 0,05

Los ambivalentes no se decantan claramente por una desconfianza generalizada de las instituciones aquí analizadas. Las pruebas de chi-cuadrado dejan claro que los ambivalentes desconfían en mayor grado que los incondicionales de sindicatos, partidos, medios de comunicación, funcionarios, Parlamento, Poder Judicial y policía, a la vez que confían más en las organizaciones de empresarios.

Los datos sobre fuerzas armadas y policía muestran una situación un tanto paradójica: los ambivalentes confían mayoritariamente en las fuerzas armadas pero no en la policía y, como se ha dicho, las diferencias en la policía son significativas, no así para las fuerzas armadas.

Por tanto, no impera la desconfianza y, aunque haya una clara vinculación entre las variables expuestas (confianza y apoyo), los niveles de (des)confianza según qué organización no son tan elevados —como cabría esperar— en el caso de que los demócratas ambivalentes fuesen autoritarios.

VII. EL DEMÓCRATA AMBIVALENTE POR PAÍS

A continuación se presenta una figura producida con la técnica de análisis multivariante aplicada —el HJ-Biplot (Galindo 1986)—, poco utilizada en el ámbito de las ciencias sociales, aunque con notables excepciones (Rivas 2015). Más allá de sus múltiples usos, se ha recurrido a esta técnica porque permite sintetizar toda la información sobre las relaciones entre variables y las posiciones de los diputados (agrupados por país) en una única figura, lo cual facilita la visualización e interpretación de la información.

Así, el HJ-Biplot provee de una representación gráfica simultánea sobre la relación entre un conjunto de variables y la posición de grupos, en este caso diputados ambivalentes por país, de observaciones con perfiles similares en un plano de dimensión reducida (Figura 3).6

Fuente: elaboración propia a partir de PELA

Figura 3 Ambivalentes por país 

Se incluyen las variables con una calidad de representación igual o superior a 400 (0 mínimo, 1.000 máximo), cifra a partir de la cual ya puede considerarse que la variable tiene un nivel de representación aceptable, lo cual significa que presenta suficiente variación en los casos (Tabla 8). Así, se incluyen la actitud hacia el aborto, edad y la confianza en el Presidente, la iglesia, las fuerzas armadas, las organizaciones de empresarios y el Poder Judicial.7

Tabla 8 Análisis multivariante con HJ-Biplot: varianza explicada y contribuciones relativas de los factores 

Eje 1 Eje 2
Autovalor 55,66 24,37
Varianza explicada 53,82% 23,26%
Varianza acumulada 53,82% 77,08%
Contribuciones a las variables
Confianza Poder Judicial 529 12
Confianza organizaciones de empresarios 849 50
Confianza fuerzas armadas 582 200
Confianza iglesia 503 370
Confianza Presidente 717 135
Edad 544 6
Aborto 21 860
Contribuciones a los casos
Bolivia 608 241
Brasil 960 7
Chile 486 287
Colombia 510 219
Costa Rica 132 213
Ecuador 922 4
El Salvador 128 318
Guatemala 732 31
Honduras 25 792
México 0 406
Nicaragua 275 0
Panamá 670 35
Perú 114 46
Paraguay 783 36
Venezuela 0 792
República Dominicana 678 227

Fuente: elaboración propia a partir de PELA

Asimismo se ha realizado un análisis de clusters para agrupar los perfiles de los países (Tabla 9).

Tabla 9 Clusters de los ambivalentes 

Cluster Países
1 Colombia
2 Chile, El Salvador, Honduras, Perú, República Dominicana
3 Venezuela
4 Costa Rica, México
5 Bolivia, Ecuador, Guatemala, Nicaragua, Panamá, Paraguay
6 Brasil

Fuente: elaboración propia a partir de PELA

Cada cluster representa un tipo de perfil, caracterizado por un mayor o menor valor en las variables tenidas en cuenta. A modo de ejemplo, los ambivalentes venezolanos presentan una alta aceptación del aborto y confianza en las fuerzas armadas y el Presidente de la República, mientras que los de Bolivia, Ecuador, Guatemala, Nicaragua, Panamá y Paraguay presentarían valores bajos para edad, confianza en las diversas instituciones y actores, pero un mayor rechazo del aborto.

La inclusión de este análisis multivariante y la clasificación por países, enriquece todavía más el análisis de los datos al proporcionar las especificidades de los diputados ambivalentes agrupados por país. Se están analizando 17 países distintos y es obvio que hay diferencias entre ellos, por lo que no puede ignorarse un análisis de este tipo. La técnica multivariante HJ-Biplot permite atender esas diferencias y clasificar perfiles observando dónde se sitúan respecto de los vectores (variables) al mismo tiempo.

Teniendo en cuenta que el objetivo es caracterizar a los demócratas ambivalentes, este apartado complementa el análisis agregado de los diputados con las particularidades del perfil de la ambivalencia democrática por país.

VIII. RESUMEN DEL PERFIL DEL DIPUTADO DEMÓCRATA AMBIVALENTE

A continuación se presenta un resumen del perfil del diputado ambivalente en base a los datos analizados en los anteriores apartados (Tabla 10). Se ha optado por dividir las variables en dos grupos: las que han presentado diferencias significativas y las que no.

Tabla 10 El perfil del diputado demócrata ambivalente 

Con diferencias Sin diferencias
Variable Valor Diferencia Variable Valor
Edad 46,03 Más jóvenes Género (hombres) 85,3 %
Autoubicación ideológica 5,61 Más de derecha
Opinión sobre los partidos 72,5 % Menos importantes Estudios universitarios 88,9 %
Opinión sobre las elecciones 84,3 % Menos importantes
Valoración del ejército 6,99 Mejor Creyentes 90,8 %
Confianza en organizaciones de empresarios 54,8 % Mayor
Confianza en sindicatos 19,5 % Menor A favor del aborto 28,5 %
Confianza en partidos políticos 36,9 % Menor
Confianza en medios de comunicación 42,1 % Menor Confianza en la iglesia 66,5 %
Confianza en funcionarios 35,9 % Menor
Confianza en Parlamento 62,7 % Menor Confianza en Presidente 67,9 %
Confianza en Poder Judicial 33,6 % Menor Confianza en fuerzas armada 66,8 %
Confianza en policía 38,7 % Menor

Fuente: PELA

Nota: para las preguntas sobre partidos, elecciones y confianza, se han sumado, por un lado, las opciones “algo de acuerdo” y “muy de acuerdo” y, por otro, “alguna confianza” y “mucha confianza”. En aborto se han sumado las opciones de respuesta 4 y 5.

Este cuadro permite ver concretamente qué es característico y qué no. En comparación a los incondicionales, los diputados demócratas ambivalentes son más jóvenes, inclinados a la derecha, mayoritariamente hombres y creyentes, con un elevado nivel de estudios, valoran positivamente el papel del ejército, tienen en buena consideración a partidos y elecciones y no desconfían generalizadamente de las instituciones. A la vista de estos datos, no parece que se caractericen por los rasgos autoritarios planteados más arriba.

IX. CONCLUSIONES

Este estudio ha permitido construir el perfil del diputado demócrata ambivalente en América Latina. Los hallazgos demuestran que hay una serie de variables estadísticamente significativas relacionadas con el apoyo a la democracia, pero también que el perfil de los ambivalentes no es muy distinto al de los incondicionales. El objetivo era describir aquellos individuos que no creen al cien por cien en la democracia, al tiempo de averiguar si se trataba de individuos con rasgos autoritarios. Puede afirmarse, a la luz del análisis de estos datos, que los diputados demócratas ambivalentes no presentan estos rasgos autoritarios tal y como podría esperarse tras la revisión de la literatura.

Esto significa que el rechazo de la democracia, o al menos la falta de apoyo incondicional, no proviene de personas radicales, intolerantes y desconfiadas, quedando así refutada la hipótesis que lo mantiene. Son diputados electos en el marco de unas elecciones libres y justas, más jóvenes, de derecha, que confían menos en las instituciones, aunque más en los empresarios, valoran menos a los partidos y las elecciones, y que contemplan un juego diferente al democrático. El rechazo y apoyo a la democracia es más complejo en el nivel de la élite política que a nivel poblacional.

Cuando se habla de rechazo de la democracia, se suele pensar en rasgos y características que coinciden con los de la personalidad autoritaria. Este estudio demuestra que no es así, que no por apoyar eventualmente un golpe de Estado uno es autoritario: no son extremistas —de hecho la mayoría se ubica en la centro-derecha ideológica— ni intolerantes. Se trata de individuos sin características demasiado sobresalientes, que apoyarían un gobierno autoritario, pues señalan que si el gobierno democrático no consigue atajar una crisis, política o económica, es mejor uno autoritario.

El rechazo a la democracia tendría un origen más bien pragmático, en la línea de lo señalado por Loxton (2015: 167) cuando afirma que las élites autoritarias pueden ver en la democratización una manera de mantener el poder, aunque cambie el tipo de régimen: celebran elecciones pero no necesariamente las pierden.

Tomando en cuenta el conjunto de información aquí analizada, pareciera que el origen del apoyo a gobiernos autoritarios en los legislativos latinoamericanos es más contextual y menos intrínseco y ligado a la personalidad autoritaria. Que disminuyan los diputados ambivalentes, aun con importantes excepciones, a lo largo de las dos décadas contempladas de consolidación de la democracia (Munck 2010), apunta en esa dirección.

Los que apoyarían un golpe de Estado desde el Parlamento no se caracterizan precisamente por lo que la literatura ha solido remarcar. Al igual que hay variedad de regímenes no-democráticos, hay multiplicidad de partidarios. Así como hay pluralidad de juegos, hay diversidad de jugadores, siguiendo con el símil utilizado por Linz y Stepan (1996).

La disminución de demócratas ambivalentes en los parlamentos latinoamericanos tiene su mejor ejemplo en Chile, donde actualmente ningún diputado contempla ese juego alternativo al democrático. Así, en un primer momento la mayor presencia de ambivalentes respondería al fenómeno de los partidos autoritarios sucesores (Loxton 2015), pero como ya se ha hecho hincapié, el paso de los años disminuye esa pulsión autoritaria en la élite legislativa (por ejemplo, la UDI en Chile). Con el reemplazo generacional, la época en que un gobierno de corte autoritario era una opción, parece que va quedando atrás. La mayoría se ha socializado en democracia; y ése es para ellos the only game in town.

No obstante, a pesar de ese descenso generalizado, en determinadas regiones, como Centroamérica, no es tan evidente esa disminución. Quizás en estos países el contexto político, económico y social no sea tan favorable para apoyar incondicionalmente la democracia y, por consiguiente, la lucha por la democracia, especialmente en estos países, no puede darse por resuelta (Munck 2010: 590).

En determinados contextos se podía acceder al poder vía elecciones o vía golpe de Estado: ésas eran las acciones posibles. Si los diputados ambivalentes son cada vez menos, significa que quienes siguen teniendo en mente un determinado juego político van perdiendo posiciones, puesto que el contexto cada vez es menos favorable.

Por tanto, además del análisis individual aquí realizado, señalando los vínculos con posiciones ideológicas, confianza, instituciones representativas, valores morales y rasgos sociodemográficos, no puede obviarse la importancia del contexto. Las trayectorias de los países y los partidos vinculados a regímenes autoritarios previos, la consolidación de la democracia y ausencia de dictaduras en el continente, así como el contexto específico en que se socializan los diputados, también contribuyen a explicar la postura de los ambivalentes.

Los retos de la agenda de investigación, actualmente van más encaminados hacia la calidad de la democracia (Munck 2010). Al atender a los rasgos de la élite partidaria de gobiernos autoritarios, los aportes aquí realizados resultan útiles a la literatura sobre regímenes autoritarios competitivos (Levitsky y Way 2002), poniendo el foco en sus potenciales apoyos, más instrumentales y menos autoritarios de lo que pueda intuirse inicialmente.

Se señaló al principio del trabajo que se estaba consciente de las limitaciones metodológicas que presentaban los datos, debido a la dispersión geográfica y temporal y el sesgo de la pregunta sobre el apoyo a la democracia. A pesar de ello, se han encontrado diferencias significativas entre grupos y se ha podido construir el perfil del diputado demócrata ambivalente, incluso por país. Esto aporta nuevas evidencias a la literatura, al permitir entender qué variables se relacionan, a nivel de la élite, con el apoyo a la democracia y cómo son quienes apoyarían un golpe de Estado desde el Parlamento.

*Una versión preliminar de este artículo fue presentada en el 8° Congreso de CEISAL (2016) celebrado en Salamanca (España). Estoy especialmente agradecido a Francisco Sánchez por sus sugerencias y consejos. También a Manuel Alcántara, Cristina Rivas, Fátima García Díez, Elena Martínez Barahona, Sebastián Linares y Aldo A. Martínez Hernández, así como a los revisores anónimos de RCP quienes, con sus valiosos comentarios, ayudaron a mejorar este artículo.

1El Proyecto Élites Parlamentarias Latinoamericanas (PELA) tiene como objetivo profundizar en el conocimiento de las actitudes, opiniones y valores de la élite parlamentaria latinoamericana. Tiene su origen en 1994, bajo la dirección de Manuel Alcántara y ha recopilado las percepciones y actitudes de los parlamentarios latinoamericanos en dieciocho países a lo largo de las distintas legislaturas.

2Uruguay es el único país en el que no se encontró ningún demócrata ambivalente.

3Nótese que la idea de provisionalidad de las dictaduras que remarca Sartori (1992: 85) está presente en la pregunta: el gobierno autoritario es transitorio, una solución a unos problemas para el país, que en cuanto desaparecen desaparecería ese gobierno autoritario.

4Aunque promediar en base a oleadas puede producir algunas diferencias por la distinta duración de las legislaturas en los países, la idea no es tanto ver la evolución por años concretos, sino las tendencias generales.

5Debido a que no cuenta con ejército propio, esta pregunta no se realiza en Costa Rica.

6Cada punto representa a los ambivalentes por país y cada vector una variable. Cuanto más próximos los vectores, mayor correlación, si son opuestos la correlación es negativa y si forman un ángulo de 90° no hay relación. Si los casos aparecen próximos en el gráfico, comparten un perfil similar. La relación entre casos y variables se realiza a partir de la proyección perpendicular de los puntos sobre los vectores (Rivas 2015). No se ha incluido Argentina en este apartado, porque se cuenta con un solo ambivalente.

7Al realizar esta selección de variables, los casos de Perú, Nicaragua y El Salvador cuentan con una calidad de representación inferior a 400 en los ejes 1 y 2.

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ANEXO

Anexo I

Diputados ambivalentes por país y partido

País (n) Partido político Ambivalentes
Argentina (1) Partido Justicialista 1
Bolivia (13) Acción Democrática Nacionalista 1
Movimiento de Izquierda Revolucionaria 1
Unidad Cívica Solidaridad 2
Conciencia de Patria 1
Nueva Fuerza Republicana 1
Movimiento al Socialismo 3
Movimiento Indígena Pachakuti 1
Poder Democrático Social 1
Plan Progreso para Bolivia 2
Brasil (4) Partido Progresista 2
Partido Trabalhista Brasileiro 1
Partido de la República 1
Chile (22) Renovación Nacional 9
Unión Demócrata Independiente 12
Otros 1
Colombia (11) Partido Liberal 1
Partido Conservador 3
Unidad Nacional 1
Partido Liberal Uribista 2
Partido de Integración Nacional 1
Otros 3
Costa Rica (5) Partido Unidad Social Cristiana 2
Partido Liberación Nacional 2
Partido Acción Ciudadana 1
Ecuador (22) Partido Social Cristiano 6
Democracia Popular 2
Partido Roldosista Ecuatoriano 2
Izquierda Democrática 1
Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik 1
Partido Renovador Institucional Acción Nacional 2
Alianza – Patria Altiva y Soberana 2
Otros 6
El Salvador (22) Alianza Republicana Nacionalista 6
Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional 3
Partido de Concertación Nacional 8
Partido Demócrata Cristiano 1
Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí 1
Centro Democrático Unido 1
Gran Alianza por la Unidad Nacional 2
Guatemala (36) Partido de Avanzada Nacional 2
Frente Republicano Guatemalteco 10
Unidad Nacional de la Esperanza 3
Gran Alianza Nacional 3
Partido Patriota 6
Partido Unionista 2
Unión del Cambio Nacional 1
Compromiso, Renovación y Orden 2
Libertad Democrática Renovada 2
Otros 5
Honduras (14) Partido Liberal 3
Partido Nacional 9
Unificación Democrática 1
Partido Libertad y Refundación 1
México (23) Partido Acción Nacional 8
Partido Revolucionario Institucional 11
Partido de la Revolución Democrática 3
Partido Verde 1
Nicaragua (15) Partido Liberal 7
Frente Sandinista de Liberación Nacional 5
Partido Conservador 1
Proyecto Nacional 1
Alianza Liberal Nicaragüense 1
Panamá (18) Partido Revolucionario Democrático 10
Partido Panameñista 4
Partido Socialista 2
Otros 2
Paraguay (5) Asociación Nacional Republicana 2
Unión Nacional de Ciudadanos Éticos 3
Perú (24) Alianza Popular Revolucionaria Americana 1
Unión por el Perú 2
Perú Posible 1
Alianza por el Futuro 13
Fuerza 2011 2
Partido Nacionalista Peruano 1
Otros 1
República Dominicana (11) Partido Revolucionario Dominicano 4
Partido de la Liberación Dominicana 4
Partido Reformista Social Cristiano 3
Venezuela (7) Movimiento V República 7

Fuente: pela

*

Asbel Bohigues es licenciado en ciencias políticas y de la administración por la Universitat de València y máster en ciencia política por la Universidad de Salamanca. Es docente e investigador predoctoral del Área de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Salamanca, con beca de Formación de Profesorado Universitario concedida por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de España. También es miembro del proyecto de Élites Parlamentarias de América Latina (PELA). Correo electrónico: asbogar@usal.es

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