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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.30 n.41-42 Valparaíso  1997

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09341997000100010 

 

Revista Signos 1997, 30(41–42), 151–158

LITERATURA

Rodolfo Modern: poeta y antólogo de su propia lírica



Fabiana Inés Varela

Universidad Nacional de Cuyo

Argentina





El ahondamiento en la poesía de Rodolfo Modem resulta para el lector una tarea sorpresiva y grata, aunque no exenta de dificultades, pues se trata de encarar una obra densa que es reflejo de la vitalidad del poeta, de sus inquietudes más íntimas. Es a la vez, una profundización progresiva y circular en tomo a interrogantes esenciales que abordan el enigma del ser, de la vida, de la muerte, del tiempo: temas raigales al hombre y frente a los cuales la indiferencia no es posible. La poesía de Modem resulta un "asedio a lo real" según las certeras palabras de Santiago Kovadlof, lo real entendido como aquello que existe verdadera y efectivamente, aquello que constituye el núcleo íntimo y vital de todo aquel que, alejado de apariencias y vanidades, intenta sumergirse en la indagación de lo importante. El poeta no rehuye este destino explícitamente buscado sino que, munido de un singular acervo cultural, va sondeando progresivamente lo esencial. De esta manera, desde el oxímoron de una poesía intelectual, Rodolfo Modern conjuga la meditada reflexión en torno a los grandes temas que el hombre irremediablemente se plantea, con la expresión del goce vital, de la alegría del cotidiano vivir, buscando rescatar el instante evanescente.
Rodolfo Modern nació en Buenos Aires en 1922. Doctor en Derecho y Ciencias Sociales y en Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, fue profesor titular por concurso de Literatura Alemana en las Universidades Nacionales de La Plata y Buenos Aires. Su amor por los estudios germánicos ha cimentado una importante labor crítica ensayística en este campo en el que destacamos títulos como El expresionismo literario (1957), Historia de la literatura alemana (1961), La naturaleza en la obra de Georg Büchner (1968), La literatura alemana del siglo XX (1969), Estudios de literatura alemana (1974), Hispanoamérica en la literatura alemana y otros ensayos (1989), Franz Kafka (1993) y Narrativa y teatro alemán del siglo XX (1995), a los que se suman las logradas versiones de Elegías de Duino y Sonetos a Orfeo de Rainer María Rilke. La intensa actividad intelectual se completa con una fecunda labor creadora que comprende los principales géneros: narrativa breve (Sostenido por bemoles, 1977; El libro del señor Wu, 1981; El día que murió nadie, 1986; Fin de temporada, 1990; La señora Hellgaarth sale de paseo, 1991 y El hombre de confianza, 1995), teatro (Penélope aguarda, en colaboración con Jorgelina Loubet, 1972 y Teatro completo: Ligeramente infernal, Trompetas para el inocente, El linaje, 1993) y poesía (Distanciado cíelo, 1963; Levántate y canta, 1968; Rueda en el espejo, 1971; Así, de esta manera, 1974; Andanzas de Odisea, 1975; De lámparas y de fuentes, 1978; En blanco y negro, 1981; Ascensión de lo grave, 1987; Existencia común, 1989; Asedio del Ángel, 1990; Telón de fondo, 1992 y Tiempo de espera, 1995). Su seria trayectoria en la cultura argentina ha sido razón suficiente para su incorporación como miembro de número de la Academia Argentina de Letras.
Es nuestro propósito realizar un primer acercamiento a la poesía de un creador de singular trayectoria en el panorama actual de la lírica argentina. Sugerir temas y motivos nucleares, indicar posibles caminos interpretativos, estimular el interés por esta vasta obra son los objetivos perseguidos y somos conscientes de que sólo esbozamos un breve apunte que no agota la complejidad de esta poesía de hondo contenido reflexivo.
Hemos elegido como vía de acceso a la obra lírica de Rodolfo Modern su Antología poética 1963–19951, publicada en 1996, libro que presenta tres décadas de ininterrumpida labor creadora desde Distanciado cielo, publicada en 1963, hasta Tiempo de espera, de 1995. En ella, el autor rescata aquellos poemas que considera más representativos y esenciales de cada etapa de su trayectoria lírica. El itinerario es más selectivo en los inicios, ya que rescata unos pocos poemas de sus primeros libros, pero se amplía hacia la etapa final como si el poeta maduro no quisiera cortar las posibilidades del canto del momento que transita. Es, en muchos sentidos, una summa poética, más que una antología, pues el poeta, desde una decantada madurez, ha elegido con precisión aquellas composiciones que mejor lo definen; esto permite tener un acceso prácticamente completo a la obra poética del autor, para poder deleitarnos con su evolución pero también para poder observar que el núcleo inicial se ha mantenido intacto y que ciertos temas, ciertas preocupaciones y un mismo modo de enfrentar el material vivido para poetizarlo van persistiendo a lo largo de las décadas.

"Inventario"

El poema "Inventario" fue publicado en el tercer libro poético de Rodolfo Modern, Rueda en el espejo de 1971. En él, se realiza una detallada enumeración de aquellos bienes de su existencia que merecen ser rescatados por su intrínseco valor. El resto, como afirma el mismo poeta, es sólo "polvo de estrellas derrumbadas".
La lista es extensa y conviven en ella elementos heterogéneos que intentan dar expresión verbal a un complejo mundo de intereses y valores que dan sentido a la singular existencia del yo lírico:

El lecho tibio, donde la amada espera.
San Juan de la Cruz, Buda y Laotsé.
Una copa de cristal, bellamente tallada. Y vino del Rhin adentro, apartando alegre sus inhibiciones.
El aula, con la densa atención de tus discípulos que creen tu palabra.
La chispa en el yunque o el cerebro del Platón.
Los picos nevados. También la roca lisa y firme, muy arriba.
Ardillas y leones, y el humor que la comunidad de los pingüinos manifiesta.

La enumeración por momentos resulta dispar y hasta caótica en un intento por expresar la totalidad de una experiencia vital inefable que se rehusa a ser fijada por medio del lenguaje. Sin embargo, podemos distinguir ciertos núcleos significativos que apuntan a resaltar ciertos campos de interés que se reiteran a lo largo de su trayectoria poética, como por ejemplo el amor y los afectos familiares ("Un pañuelo con lágrimas cuando los padres han muerto"), la amistad ("Aroma del café bebido con amigos que te critican amorosamente"), la labor cotidiana ("El aula, con la densa atención de tus discípulos que creen en tu palabra"), la literatura, la música y la cultura toda ("El contrapunto, el universo riguroso de Paul Klee, los seres / alados de Chagall, y la torre de Hölderlin junto al Neckar, en Tubinga"); la naturaleza ("El nardo: tallo y flor"), lo trascendente espiritual ("El éxtasis, cuando estás por disolverte en el regazo generoso, múltiple y reiterado del Todo").
El poema se va gestando a partir de imágenes y conceptos de aparente simplicidad ("Nobles arrugas en el semblante del campesino") que al combinarse en la totalidad confonnan una realidad mucho más oscura e inasible. Luz de las partes, oscuridad del todo, del juego de las imágenes surge un núcleo difícil de penetrar que vela –en definitiva– la búsqueda final del poeta. Rodolfo Modern es un poeta de claroscuros en el que si bien algo se revela al lector, algo también –al mismo tiempo– se va ocultando, va conformando un elemento medular cada vez más difícil de penetrar, una realidad que es asediada pero a la que no se logra asir definitivamente. Este juego de luces, el contrapunto entre claridad y oscuridad será una constante, como veremos, a lo largo de toda su obra.

El ámbito de la luz

El espacio luminoso de la poesía de Rodolfo Modern está dado por una serie de motivos que aparecen a lo largo de su obra y que en el poema "Inventario" podemos reconocer en aquellos versos que aluden a la literatura, al amor, a la música y a la experiencia de lo trascendente. Todos ellos constituyen un eje ascendente que eleva al poeta hacia alturas de éxtasis y que otorga un especial sentido a su experiencia vital y al mismo quehacer poético.

"Don Quijote conversando amablemente con Sancho por los caminos de España"

El verso elegido se extiende plácido en un diálogo que se aproxima a la eternidad: ayer y hoy, siempre Don Quijote y Sancho. Aquí nos acercamos y logramos atisbar la dimensión que la literatura adquiere en la obra de Modern: diálogo que logra abolir el tiempo.
Rodolfo Modern es lector atento, lúcido y lúdico, para quien la lectura es una vasta experiencia vital que lo transforma y lo invita a un diálogo pleno de interrogantes que tiene en sí el germen de una respuesta formulada como poema. Es también una pasión que abarca amplios aspectos de su vida: enseñanza, crítica y creación.
Esta pasión literaria se refleja en otros versos de "Inventario", por ejemplo "Shakespeare, esa conciencia eterna y fulgurante, jugando con sus criaturas". Volveremos a encontrar la presencia del poeta inglés en diversos poemas a lo largo de su obra, como en "Monólogo séptimo de Hamlet" o en "Verona", donde los ecos de Julieta se imbrican con la eterna presencia del Dante. Otras lecturas de la literatura universal son fuente de su creación poética como lo testimonia el libro Andanzas de Odiseo (1975), gestado en diálogo con Hornero. En él Odiseo es símbolo y cifra del hombre, viajero errante, cuya vida es un peregrinar continuo e incierto.
Si bien en "Inventario" no se hace mención explícita a la literatura alemana, numerosos poemas atestiguan de modo directo su pasión germánica, "Georg Trakl" (Rueda en el espejo), "Novalis" (Así de esta manera), "Holderlin" (Telón de fondo), y nos ponen de modo evidente frente a sus poetas predilectos. Son estos tres nombres los representantes de una lírica profunda y espiritual, decididamente romántica o con una fuerte impronta del romanticismo. En ellos, Modern parecería encontrar ecos de sus propios interrogantes y quizás también atisbos de respuestas que invitan a su vez a formular nuevas preguntas.

"Todo Mozart"

"No leo música y tampoco la ejecuto..." afirma sin titubear el poeta en "La música del Ángel" pero la música –"(...) Mozart y Brahms vienen nutriéndome década / tras década..."– es sin duda un camino privilegiado para acceder a estados colindantes con lo místico donde el tiempo, que todo lo corroe, logra ser conjurado en un instante sublime que es vivido en toda su intensidad:

En el jardín,
aires de Wolfgang Amadeus Mozart.
Divina soledad
y breve, ay, el aguijón
del tiempo inmóvil. ("Tibio atardecer de enero")

La música acompaña también estados anímicos que abarcan un amplio registro desde la melancolía frente al paso del tiempo, hasta la extrema alegría donde la maravilla del cotidiano vivir ha de expresarse generosamente en canto. El poema "Blues" evoca el ritmo melancólico del jazz a través de imágenes que instaurar la monocromía del azul, símbolo de la tristeza: "Temblor de los azules / que existían / y luego grises veladuras llanto / pausado venturoso sobre vidrios / y ramajes..." Este juego cromático y musical es un vehículo para expresar el dolor del yo lírico frente al inevitable paso del tiempo: "".Un tiempo vasto / de recuerdos gargantas / con mudez oh cuanto otoño / en las espaldas".
Pero también la alegría se expresa en un canto ("... el respirar / excede las palabras...") pues el verbo es limitado y el ritmo del canto se acompasa con el ritmo propio de la vida: el respirar. En esta visión optimista, toda la creación es musical: "El mundo es un violín, y el arco roza el cordaje con instinto de fecundación. (...)". ("Canto"). Además, la música, cuando es parte intangible de la creación, deja entrever en sus armónicas notas la sutil presencia de lo trascendente dentro de lo cotidiano. Esta presencia abre la realidad, la amplía y enriquece y permite al poeta acceder a otro ámbito de conocimiento:

Cuando el aliento del Ángel corre por su flauta
de plata, ébano y zafiro, mi intimidad se tiñe
con infancia, llego al origen, las aves cierran su garganta,
los peces vuelan sobre el agua, y sé lo que no sé. ("La música del Ángel").

"El lecho tibio, donde la amada espera"

Si bien en "Inventario" el poeta privilegia imágenes serenas de un amor en la plenitud del abandono: "...los dedos / de la amada sobre la superficie del lago en la barca que se mece", una ligera recorrida por los poemas que en la Antología poética hablan sobre el amor, permite observar una realidad más honda y más compleja, en constante tensión con el lenguaje que se manifiesta limitado en el intento de aprehenderla.
Sería posible hablar de un itinerario poético que busca, desde diferentes ángulos, definir el amor, en un esfuerzo por fijar en la escritura su ser evanescente. En el poema "Callado amor" de su primer libro Distanciado cielo, encontramos un inicial y aún vacilante acercamiento al amor, realidad que intenta delimitar a través de comparaciones que estructuran el poema:

Como una clara brisa que se oculta tras el alba
[...]
Como sedienta abeja
en cálices vedados,

Si bien el amor es presentado como el elemento que sustenta la vida ("o la lenta corriente de la sangre / fluyendo silenciosa / por el nocturno canto del verano"), su presencia es soterrada, escondida, sólo perceptible por algunos, por ello el poeta puede hablamos de "ese callado amor que me sustenta".
Más adelante, en uno de sus últimos libros, Telón de fondo. el intento por definir el amor es más explícito en "Qué es esa cosa que llaman amor". El poema muestra un amplio abanico de posibilidades que dan cuenta de la gran complejidad y multiplicidad de la materia que se aborda. El poeta, en su madurez, reconoce en el amor una vasta experiencia de totalidad, de allí que juegue con la enumeración caótica para representarla: "es ala, letra, ambigua aureola". También intenta atrapar la esencia del amor a través de acciones que dan sólida idea de su inmenso poder: "De comienzo mueve el sol y otras estrellas", pero también de la capacidad de asumir lo ínfimo: "elige y sigue un camino, como la hormiga".
El amor es pasión ("y se abrasa en tu mismo fuego"), impulso ascensional ("sube al Everest, para estar más cerca,") e irrupción de lo divino en lo humano ("en los hombros, en la garganta, /sientes posarse la cálida mano de un dios"). Pero por encima de todo, el amor es la posibilidad de trascender el yo, de superar la soledad y el egoísmo en la donación suprema de la libre ofrenda:

cruzó los blancos muros de tu intimidad,
no agravia, licua la monocorde voluntad del Yo,
lleva tu carga, ofrenda su vida, si la quieres.

Modern da expresión lingüística a un amor que incluye la corporalidad y el espíritu en gozosa unidad. El hombre como ser total, alma encarnada, se entrega a la experiencia de una totalidad que no disocia sino que une. Este amor se expresa en "Llama del sexo", poema escrito en diálogo con "Oh llama de amor vivo" de San Juan de la Cruz, donde la unión mística es ahora unión carnal que resulta también síntesis de una unión, más plena:

Oh dulce llama del sexo.
Por los canales de la noche,
las lámparas felices.
Dos es una cifra de ecos infinitos
[...]
Oh participación de los ungidos
en ese saber del otro mundo de la rosa.

El amor, la música, la literatura constituyen elementos que apuntan a destacar un sentido vertical, ascendente dentro de la poesía de Rodolfo Modern. Todos ellos, de modos diversos, ofrecen una vía de acceso a fuertes experiencias vitales en las que el tiempo parece detenerse. El poeta puede así acceder a estados que cabría definir como contemplativos:

Contemplación del Rostro
que aniquila.
Tu lengua allí enceguece y alienado
cesó todo clamor y pena,
y esperanza,
como si eterna rosa te aspirara ("Unio Mystica")

Esta peculiar sensibilidad del poeta lo predispone a percibir dentro de la realidad cotidiana la presencia de una más vasta realidad espiritual. Todo un libro, Asedio del Ángel (1990) da testimonio de la irrupción del ángel–símbolo de lo celeste, de lo espiritual, de lo trascendente– dentro de la rutina diaria. Esta presencia transforma la existencia común al impregnarla de un nuevo sentido más pleno, más rico, más completo y verdadero:

Cuando el aliento del Ángel corre por su flauta
de plata, ébano y zafiro, mi intimidad se tiñe
con infancia, llego al origen, las aves cierran su garganta,
los peces vuelan sobre el agua, y sé lo que no sé. ("La música del Angel").

Sin embargo, esta presencia de lo espiritual y trascendente, sólo adquiere pleno sentido en la poesía de Rodolfo Modern cuando la vemos en relación con la cruel angustia que surge en el poeta al tomar plena conciencia del paso inexorable del tiempo.

El ámbito de la oscuridad

Junto a los temas ya destacados, que ofrecen una perspectiva luminosa de esta poesía, no podemos dejar de señalar su contrapartida necesaria, tendencia opuesta –y por momentos vencedora– que lleva hacia una oscuridad donde las respuestas nunca serán encontradas. Entramos en la zona donde la reflexión se ciñe en torno a los grandes interrogantes de siempre: hombre, vida, tiempo y muerte, temas que adquieren en la poesía de Modern una gravitación especial. Estamos, sin duda, frente al núcleo medular de esta poesía, el centro oscuro y difícil que es asediado constantemente por la reflexión lírica, sin alcanzar respuestas, salvo la visión fugaz de la luz cautivada en el instante.

"Los ojos de la noche"

Es nuestro título el segundo verso de "Inventario", aquel que abre, en cierto modo, el ámbito ideal de su poesía: la noche. En la oscuridad desaparecen los contornos de los objetos y se ordena una nueva realidad: "Secreto es el orden de la noche en el bosque" ("Nocturno"), allí la presencia de las cosas es una intuición que pasa a ser el material ideal de la reflexión poética.
Es también la noche espacio de lo infinito, momento propicio para la meditación, para enfrentar cara a cara el propio mundo interior. Momento de acallar el alma y dejar que resuene lo más íntimo:

De regreso
a la callada noche,
al aire serenísimo,
al trigo compartido
junto a la llama,
a la invocación de la sangre,
al soplo de Dios,
a la fuente ("Tema con Ritornello")

En el ámbito de la noche y de la reflexión han de aparecer con fuerza los temas que mayor desazón producen al corazón del poeta.

"La muerte con dignidad"

La poesía de Rodolfo Modern se ve traspasada por la extrema conciencia de un tiempo que transcurre y en su paso va corroyendo a seres y cosas, atrayendo de modo inexorable a la muerte:

muy lentamente el bosque de las horas
corrompe la carne del venado
y vas muriendo ("Muy lentamente").

El poema que cierra esta Antología poética resume y sintetiza este tema recurrente: el tiempo insaciable que devora la vida, de modo tal que al cerrar el libro su presencia continúa gravitando en nuestras vidas, recordándonos, en definitiva, que la materia que conforma nuestros días no es más que tiempo:

Por el hueco del mundo
corren brisas o huracanes
que agostan nacimientos,
que hacen florecer los prados de la muerte.

Allí son arrastrados
los tristes fragmentos de la historia, pasiones neblinosas,
finas caligrafías de la imaginación.

Por el hueco del mundo
corre el insaciable tiempo ("Síntesis").

Drama temporal donde sólo existe un único protagonista, el hombre, pobre ser, según lo define Modern. No somos más que una chispa, un instante entre dos misterios eternos, el del nacimiento y el de muerte, según dejan entrever los versos del soneto "Hombre":

Desde la roja esfera del misterio
destroza con ceguera su envoltura
y sale, pobre ser, a la aventura
por azar signado o el criterio

de superiores astros con imperio.
[...]
Y en el tiempo infinito canta el cielo
y llueve sobre tristes flores grises
y todo acaba puntualmente en hielo.

En este contexto, la vida es definida como camino o "rudo itinerario", y Odiseo figura simbólica del hombre viajero. Más adelante, la definición adquiere mayor angustia y la vida es concebida entonces como un "tiempo de espera":

En síntesis, la rueda muele
con indiferencia,
origen y final están previstos,
y lo del medio,
tiempo de espera, nada más.

Itinerario inexorable hacia la muerte –"con prisa voy y llanto / hacia el secreto / de ángeles o mudas calaveras" ("En medio del camino")–, la vida termina también en un misterio, en un interrogante que el hombre no puede develar sino hasta el momento final. Vacío o plenitud, el poeta no acierta sino a formular la duda.
Este breve recorrido por la poesía de Rodolfo Modern nos ha revelado a un poeta de claroscuros y tensiones entre dos ámbitos contrarios: luz –trascendencia / oscuridad– duda que pueden también sintetizarse en la oposición entre tiempo e instante. Ambas realidades conviven y se entrelazan para dar forma a una poesía reflexiva que se centra en interrogantes vitales, que no rehuye la hondura de las preguntas más tremendas que se suceden en el horizonte del hombre contemporáneo. Modern no formula respuestas irrefutables, pero su misma actividad de poetizar testimonia la grandeza del instante, la posibilidad de hacer frente a la corrosión que entraña el tiempo y acercarse de alguna manera a la eternidad. El quehacer poético –aun cuando su materia muchas veces sea oscuraentra así en el ámbito de la luz y, junto con el amor, con la música, se yergue en testimonio de la presencia de una realidad que, pregustada en el instante, tiene sabor a eternidad: "Un soplo, sólo uno / y la balanza más sutil/se desnivela. / La muerte, demorada, / el otoño anuncia la caída / de sus melancolías. Un soplo / puede horadar la piedra. // Retenedo / para besar la boca de los dioses" ("Soplo").




NOTAS

1Rodolfo Modern. Antología poética 1963–1995. Buenos Aires Ediciones Proa, 1996. 222 p.         [ Links ] Con una introducción de Santiago Kovadloff: "Modern o el asedio a lo real".
 

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