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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.32 n.45-46 Valparaíso  1999

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09341999000100009 

Revista Signos 1999, 32(45-46), 73-81

LINGÜISTICA

¿Cómo acercarnos a la comprensión auditiva en español?



Eugenia Alfonso C.

María Jeldres V.

Universidad Católica de Valparaíso
Chile

Universidad de Chile
Chile



Como se sabe, la concepción de la lengua que se tiene a fines del siglo XX difiere bastante de la que se había tenido hasta la década de los 60, momento en el cual la idea de lengua empezó a cambiar gracias al aporte de disciplinas tales como la filosofía del lenguaje, la sociolingüística, la psicolingüística, la didáctica de las segundas lenguas, la ciencia cognitiva y la lingüística del texto. Hasta esa época la finalidad de la clase de lengua era aprender sobre la lengua, entendiéndose esto como aprender la gramática de la lengua, es decir, el conjunto de conocimientos, tales como la fonética, la ortografía, la morfosintaxis y el léxico de la lengua que había que analizar, memorizar y aprender. Saber una lengua equivalía a demostrar esos conocimientos a través de determinadas actividades gramaticales, tales como el análisis sintáctico, la transcripción fonética, los dictados, las conjugaciones verbales y otras.

Hoy en día, gracias al advenimiento de nuevas teorías en diversos campos relacionados con el lenguaje, saber una lengua involucra el uso de una lengua con un propósito determinado. La lengua se concibe como un medio múltiple para satisfacer nuestras necesidades, a través de ella hacemos preguntas, respondemos, invitamos, sugerimos, ordenamos, ofrecemos, rehusamos, etc. (Austin, 1962).

De acuerdo a Cassany (1994, p.84) aprender lengua significa "aprender a usarla, a comunicarse, o, si ya se domina algo, aprender a comunicarse mejor y en situaciones más complejas o comprometidas que las que ya se dominaban". El mismo autor señala que la gramática y el léxico sólo debieran constituir instrumentos técnicos para conseguir el propósito de comunicación.

Como se puede observar, en la actualidad la lengua se concibe desde una perspectiva funcionalista y comunicativa, idea que ha dado un nuevo rumbo no sólo a las investigaciones, sino también a la enseñanza y aprendizaje de idiomas. Cualquier método didáctico moderno o proyecto educativo debe considerar este moderno marco de referencia.

En nuestro país, esto se estaría reflejando en los nuevos planes y programas con que el Ministerio de Educación pretende implementar la nueva Reforma Educacional. Así es como en el capítulo III "Objetivos Fundamentales y Contenidos Mínimos Obligatorios para la Formación Común en la Educación Media", en el subsector curricular de Lenguaje y Comunicación dedicado a la Lengua Castellana y Comunicación se puede apreciar este nuevo planteamiento comunicativo ilustrado a través de su objetivo general que pretende "...desarrollar al máximo las capacidades comunicativas de los estudiantes para que puedan desenvolverse con propiedad y eficacia en las variadas situaciones de comunicación que deben enfrentar" e incentivar "a los alumnos y las alumnas a que valoren el lenguaje y la comunicación como instrumentos tanto de crecimiento personal y participación social como de conocimiento, expresión y recreación del mundo interior y exterior" (pág. 57). El mismo documento resalta la importancia comunicativa del lenguaje al subordinar "...la enseñanza histórico-literaria y lingüístico-gramatical a las necesidades de desarrollo de las habilidades de comprender y producir diversos tipos de discursos orales y escritos contextualizados significativamente por los estudiantes" e incluir "la apreciación meditada de la información proveniente de los medios masivos de comunicación" (pág. 58).

De lo anterior se desprende que el proceso de enseñanza-aprendizaje de la lengua en nuestro país debe cambiar su énfasis, apuntando a que los alumnos utilicen la lengua con fines comunicativos. Dentro de una metodología comunicativa existen aspectos que le son propios y que difieren sustancialmente de las prácticas anteriores. Así, por ejemplo, el profesor y los alumnos asumen roles y responsabilidades que no han adoptado anteriormente: El profesor aparece como facilitador y comunicador en la sala de clases enseñando a los alumnos a utilizar estrategias que les permitan planificar, monitorear y evaluar su aprendizaje, poniendo al alumno en contacto con el lenguaje real en sus diferentes variedades (geográficas, sociales, estilísticas, verbales, no verbales, oral, escrito, etc.) a fin de que éste lo utilice como parte de su formación lingüístico-comunicativa. El alumno, por su parte, aprende a ser responsable de la parte que le corresponde en el proceso educativo involucrándose activamente en el proceso de aprendizaje como emisor o receptor de comunicación real al expresarse a sí mismo (a través de sus ideas, opiniones, sentimientos, etc.) y responder a los demás en diversos tipos de situaciones; trabajando en forma colaborativa con sus pares para ayudarse unos a otros, compartir conocimientos en las tareas educativas tanto dentro de la sala de clases como fuera de ella, profundizar en sus propias habilidades para llevar a buen término la solución de problemas, etc.

Esta nueva visión de la enseñanza-aprendizaje del lenguaje, sin embargo, no debería abandonar los aspectos propiamente lingüísticos, tales como la morfosintaxis, el léxico, la ortografía, etc., que proporcionan a los alumnos los conocimientos necesarios de la lengua para alcanzar competencias de comprensión y producción de textos en lengua materna oral y escrita.Estas competencias de comprensión y producción se logran a través del desarrollo de las cuatro habilidades lingüísticas o macrohabilidades, a saber, hablar, escuchar, leer y escribir. De ellas, la comprensión auditiva es el conjunto de destrezas que menos atención ha recibido por parte de investigadores y docentes de lengua materna como consecuencia el conocimiento que existe sobre comprensión auditiva hoy en día ha sido mayoritariamente aportado por investigadores interesados en mejorar las metodologías de lenguas extranjeras. Especialmente importantes han sido los estudios en comprensión de lectura que han sido transferidos a la investigación del proceso auditivo, también en lenguas extranjeras.

En términos globales, la comprensión es considerada como un proceso cognitivo de alto nivel, en el cual intervienen diversos sistemas (de memoria y atencionales), de procesos mentales (de codificación y percepción) y de operaciones inferenciales sustentadas en los conocimientos previos y en factores contextuales (de Vega, 1984).

El proceso de comprensión auditiva en la comunicación verbal involucra activamente a los participantes en ella, pues éstos deben adscribir significado al mensaje oral a través de procesos de decodificación y de inferencia (Brown, 1990). En el proceso de decodificación el oyente otorga significado a la cadena de sonidos que recibe, logrando así una primera aproximación a la comprensión del mensaje. En forma casi simultánea y mediante procesos de inferencia, el oyente va logrando una comprensión coherente del texto. En esta interacción verbal, el oyente no cumple un rol pasivo, por el contrario, desde su comienzo se involucra participativamente al atribuir significados a lo que oye. Así es como una vez iniciada la interacción el oyente trata de entender lo que escucha, anticipando lo que oirá y tratando de descubrir cuál es la intencionalidad del mensaje. Con este propósito el oyente activa un conjunto de conocimientos lingüísticos y no lingüísticos que guarda en su memoria de largo plazo. (Alfonso y Jeldres, 1996).

La enseñanza del español en los colegios enfatiza el aprendizaje gramatical sistemático, considerando a veces el desarrollo de dos de las cuatro habilidades lingüísticas, entiéndase, comprensión escrita y producción escrita y desestimando totalmente la comprensión auditiva como parte del proceso enseñanza-aprendizaje de la lengua. Se da por supuesto que por ser hablantes nativos del español podemos escuchar y comprender sin mayor dificultad puesto que a partir de nuestro nacimiento nuestra primera aproximación al lenguaje es a través del sentido de la audición.

En el campo de la enseñanza de lenguas, por mucho tiempo se le consideró una habilidad pasiva, pero la ciencia cognitiva ha demostrado que los procesos de comprensión oral no ocurren exclusivamente debido a lo que el hablante dice, sino también al conocimiento, tanto lingüístico como de mundo, que el oyente posee y que le permiten establecer relaciones con el mensaje recibido. En otras palabras, el oyente escucha comprensivamente cuando construye significados que le permiten interpretar lo que escucha. Más aún, su rol puede verse incrementado, especialmente en la interacción comunicativa, al tener que asumir el rol de hablante colaborando, a través de la entrega de feedback, y participando en la conversación.

CARACTERÍSTICAS DEL LENGUAJE ORAL

Aunque el lenguaje oral y el lenguaje escrito presentan características particulares que les son particulares, ellos comparten también aspectos que les son comunes. Así es como ambos cumplen una función comunicativa que se manifiesta a través de los actos de habla (Austin, 1962), es decir, a través del lenguaje oral o del lenguaje escrito podemos conseguir algo: ordenar una bebida ("una Coca Cola, por favor"), quejarse ("¡no puede ser!"), agradecer ("muchas gracias"), prohibir ("no virar derecha"), ofrecer ("se vende huevos"), dar una instrucción ("raspar aquí"), etc. El conjunto de los actos de habla es el conjunto de acciones verbales realizables a través de una lengua y debería constituir el corpus de objetivos de aprendizaje en la sala de clases.

Otra característica común a ambas manifestaciones del lenguaje humano es la relacionada con aspectos del texto en cuanto unidad de la actividad comunicativa, tales como tipo de texto, estructura textual, nexos lógicos y otros. Tanto el lenguaje oral como el escrito se manifiestan a través de una serie de textos: narraciones, descripciones, exposiciones, etc. Sus estructuras incluyen ideas principales o centrales e ideas secundarias. Las formas lingüísticas que marcan la articulación del texto (organizadores y conectores) son similares (Van Dijk, 1978).

La funcionalidad del lenguaje, tanto oral como escrito, puede manifestarse a través de diversos estilos: formal e informal. En cambio, en la forma escrita predomina la variedad formal como estándar, lo que se observa en manifestaciones tales como periódicos, cartas, circulares, avisos, panfletos, etc. No ocurre lo mismo en el lenguaje oral, en el cual ambos registros tienen el mismo nivel de importancia, con un nivel de mayor ocurrencia para el registro informal. El lenguaje oral está determinado por la situación en que se produce la interacción comunicativa, de tal manera que el hablante se expresará de manera distinta si se encuentra en su casa, en el trabajo, en una reunión social, etc. (Brown y Yule, 1983).

Otra característica particular del lenguaje oral es que se manifiesta en una diversidad de variedades geográficas y sociales. Así es como el oyente enfrenta diferencias dialectales distintas de la forma estándar de Chile, por ejemplo, el español de España, el español de Perú, el español de Centro América, etc. En cuanto a las variedades sociales, el lenguaje oral puede estar determinado por la edad de los hablantes y así es como el de los adultos, quizás más parecido al lenguaje escrito, suele ser diferente del lenguaje de los jóvenes. Otros factores importantes que inciden en el lenguaje oral son la clase social a la que pertenece el hablante, la ocupación y el sexo; así por ejemplo tenemos el español de Chile urbano, el del campo, el de la clase alta, el de la clase baja, el lenguaje de los jóvenes, etc.

Desde el punto de vista lingüístico, el lenguaje oral es espontáneo y se manifiesta de forma simple, incompleto, agramatical, repetitivo, cambiante, etc., de tal manera que la información transmitida no se organiza en forma compacta. La sintaxis aparece pobremente estructurada, repleta de anacolutos, frases inacabadas, circumloquios, elipses; el vocabulario carece de especificidad, existiendo gran utilización de expresiones interactivas ("bien", "es decir", "o sea", "eh", etc.), onomatopeyas y frases hechas ("poing", "uac", etc.), y el hablante utiliza pausas que le ayudan a relacionar su discurso especialmente en la interacción comunicativa, influida por reacciones o respuestas del interlocutor u otros factores. Así mismo el lenguaje oral va acompañado de códigos no verbales: la fisonomía y los vestidos, el movimiento del cuerpo (de la cabeza, de las manos, de las piernas), la conducta táctil, rasgos paralingüísticos, el espacio de la situación, etc. Todos estos elementos aportan información, lo que permite, por un lado, que parte del discurso quede sin enunciarse y, por otro, que lo enunciado no necesite ser explícito. (Brown y Yule, 1983).

Finalmente, la esencia del lenguaje oral reside en su sistema fónico, segmental y suprasegmental. Este último está constituido por elementos determinantes para el significado de los actos de habla, como son la entonación de enunciados, el acento, las pausas, etc. Por ejemplo, el enunciado "Fuiste al cine", producido con una entonación ascendente implica interrogación por parte del hablante; si la misma oración es declarada con entonación final descendente implica afirmación. Como se puede apreciar, esta forma de lenguaje no es solamente sonidos, palabras, frases y oraciones, ellos se combinan con un propósito pragmático, de manera que el oyente percibe el texto oral no sólo como una unidad lingüística, sino principalmente como una unidad de significado.

En resumen, desde una perspectiva global, el lenguaje oral es más coloquial, subjetivo, redundante, abierto, ágil, es inmediato en el tiempo y el espacio, los sonidos solamente son perceptibles durante el poco tiempo que duran en el aire, se presenta a una velocidad que el oyente no puede manejar y los enunciados parecen desaparecer cuando se les oye.

IMPORTANCIA DE LA HABILIDAD DE COMPRENSIÓN AUDITIVA

La comunicación verbal es un proceso básico para el desarrollo de la persona, constituye la fuente de la socialización y el aprendizaje, es en definitiva lo que hacemos continuamente mientras vivimos. La comunicación en todas sus formas ocupa un 80% del tiempo total de los seres humanos, ya sea en período de trabajo o de ocio, y como parte de ese proceso la comprensión auditiva cumple un rol fundamental, manifestado principalmente en acontecimientos trascendentales para la vida humana, como son la adquisición de lenguaje y la educación formal, y en todo tipo de relaciones humanas. Cassany (1994) señala que más del 45% del tiempo dedicado a la comunicación se concentra en escuchar a otros, un 30% se dedica a hablar, un 16% a leer y un 9% a escribir. Estos porcentajes confirman que de las cuatro habilidades lingüísticas, las orales son aquellas que más se practican y sorprende el alto porcentaje alcanzado por la comprensión oral, muy por encima de la expresión oral.

En cuanto a la adquisición del lenguaje materno, se sabe que al momento del nacimiento carecemos de conocimientos del lenguaje, sin embargo, es en los primeros cinco años de nuestra vida que alcanzamos gran parte del bagaje lingüístico que nos acompañará el resto de nuestras vidas. Así es como en este período descubrimos las reglas de fonología, sintaxis, semántica y pragmática, las cuales se consolidan, complementan, mejoran, etc., en el transcurso de nuestro crecimiento.

Especial importancia adquiere la comprensión auditiva en el ámbito educativo, en el cual llega a constituir el centro de todo aprendizaje y el tiempo utilizado en escuchar aumenta mucho más para los estudiantes. En la educación primaria, un 60% del tiempo dedicado a las actividades acádemicas se ocupa en escuchar, de allí en adelante el porcentaje disminuye puesto que los alumnos deben dedicar más tiempo a desarrollar las habilidades recientemente adquiridas, como son la lectura y la escritura. Esto redunda en el desarrollo de la comprensión oral, la cual no llega a alcanzar niveles de rendimiento comparables con aquellos de las otras habilidades lingüísticas. Así es como más adelante el estudiante ve dificultado su desempeño académico en situaciones propias del ámbito universitario, como son las charlas, los seminarios, las conferencias, los talleres y las clases expositivas. Algunas investigaciones llevadas a cabo en Estados Unidos han demostrado que el cuociente intelectual no resulta ser un factor tan determinante del rendimiento académico en la educación superior como lo es la competencia auditiva del estudiante.

Brown (1990) destaca la importancia de la comprensión auditiva al señalar que ésta configura el eje central de la formación del ser humano, desde su nacimiento hasta el término de su educación formal. Por lo tanto, mientras más se desarrolle esta habilidad, más productivo resultará el esfuerzo por aprender. Sin embargo, muchos de nosotros no hemos recibido ningún entrenamiento específico. R. Echeverría (1994), junto con destacar la importancia que escuchar tiene en lengua materna, manifiesta que dentro de un concepto tradicional del lenguaje y la comunicación, el fenómeno de escuchar no ha recibido la importancia que le corresponde como factor determinante de la comunicación humana.

Además de lo expuesto anteriormente, debemos reconocer el papel influyente que la comprensión auditiva ejerce sobre la expresión oral, su desarrollo indudablemente beneficia la otra parte de la comunicación verbal. La pobre capacidad de expresión oral que muestran los jóvenes hoy en día puede atribuirse entre otras razones al escaso entrenamiento sistemático en este conjunto de destrezas. Es bien sabido que los alumnos manifiestan serios problemas al intentar manifestarse oralmente (falta de fluidez y corrección, pobreza léxica e inmadurez sintáctica) y que están imposibilitados de llevar a cabo determinadas intervenciones orales más complicadas (disertaciones, leer en voz alta, argumentaciones, narraciones, descripciones, diálogos, entrevistas, debates organizados, etc.), las cuales constituyen actividades propias tanto del quehacer académico como del diario vivir. Basta con observar programas de televisión en que los jóvenes son entrevistados sobre diferentes temas o problemáticas de actualidad para comprobar su pobre desempeño discursivo.

Por todo lo anteriormente expuesto, el desarrollo de esta habilidad merece recibir un tratamiento sistemático dentro del proceso de enseñanza-aprendizaje de nuestra lengua materna con el objeto de que el alumno logre alcanzar un alto y completo grado de competencia comunicativa en su propio idioma.

DISCURSO ORAL

El discurso oral o input oral puede ser clasificado de acuerdo a factores tales como su forma y su uso.

De acuerdo a su forma, el lenguaje oral está determinado por su origen o procedencia y por su estructura global. De acuerdo a su uso, el lenguaje oral puede ser cotidiano o académico.

En lo referente a la forma del discurso oral, el origen del mismo puede determinar dos tipos de input: input natural e input grabado. El input natural es aquel característico de las interacciones verbales humanas, que se usa en situaciones propias de la vida cotidiana, destacándose por su espontaneidad, los hablantes se expresan a velocidad normal, algunas veces en forma rápida, y otras lentamente, se interrumpen, repiten enunciados y cometen errores; las oraciones no están bien estructuradas, son incompletas, con falsas partidas y vacilaciones; aparecen ruido y voces de fondo; la información se transmite en forma inconsistente. El input grabado está representado por registros sonoros de lenguaje natural, por una parte y de lenguaje preparado para ser escuchado, por ejemplo, las noticias, los reportajes, las obras de teatro, cuentos, poemas, etc., es decir, aquel que no permite la intercomunicación verbal directa. Este segundo tipo de input, fabricado, de carácter artificial, en términos generales, se caracteriza por su falta de naturalidad y de espontaneidad, el ritmo y la entonación aparecen como no naturales; la pronunciación es cuidadosamente lograda; la expresión oral es lenta, a veces monótona y demasiado estructurada; los enunciados son oraciones completas, con partidas y términos artificiales; no registra ruido ambiental y la información se entrega en forma compacta.

Respecto de la estructura global del input oral o superestructura (Van Dijk, 1978), esto es, tomando en cuenta su construcción para la función comunicativa que debe cumplir, el input oral puede clasificarse en input estático, input dinámico e input abstracto. El input estático (expositivo), es aquel tipo de texto oral en el cual las relaciones entre los diversos elementos (objetos, personas, hechos e ideas) son fijas, por ejemplo, descripción de un objeto, persona, etc., instrucciones para realizar algo, etc. El input dinámico (narrativo) incluye cambios de lugar o de tiempo, movimientos de personas o de relaciones entre ellas, por ejemplo, relatos de sucesos, narraciones de anécdotas, etc. El input abstracto (argumentativo) es aquel que presenta las ideas y creencias de personas, por ejemplo, justificación de alguna acción, manifestación de opinión, etc.

En lo que a uso se refiere, el lenguaje oral puede ser de tipo cotidiano, es decir, aquel que utiliza para comunicarse en el diario vivir, en la casa con sus padres y hermanos, en el colegio con sus pares y profesores, etc. El otro es el discurso académico, es decir, aquel que le permite desenvolverse en el ámbito de las asignaturas escolares.

Es importante destacar que el alumno, en términos generales, utiliza estos dos tipos de discurso oral -cotidiano y académico- directamente relacionados con las situaciones que él vive durante esa etapa de su vida. Por una parte, se comunica en situaciones informales con su familia, sus amigos, sus pares en el colegio, sus profesores, etc.; y por otra, en situaciones formales, especialmente en el ámbito académico, en las cuales está en contacto con materias específicas que demandan la utilización de terminologías especializadas que llegan a conformar lenguajes específicos.

Dentro del discurso académico, el flujo lingüístico percibido oralmente por el alumno puede ser natural, es decir, lo que los hablantes dicen en situaciones propias de la vida académica como son las clases, las charlas, las disertaciones, discursos, sermones, debates, etc., o grabado, representado por las grabaciones de lenguaje natural y lenguaje especialmente preparado para ser escuchado, que se utiliza con fines pedagógicos.

Evidentemente, el primer tipo de input grabado -natural- presenta ventajas muy superiores al segundo tipo de input grabado -fabricado- tales como el acceso a una gran variedad de textos orales y tópicos (charlas, narraciones, debates, conversaciones, noticias, canciones, entrevistas, etc.) y el acceso a variedad de hablantes, acentos, dialectos, registros, situaciones y estados de ánimo (Underwood, 1989). Estas ventajas permiten que el alumno tenga acceso a la comunicación con rasgos propios de la interacción verbal, en la cual los hablantes entregan una representación de lenguaje real y espontáneo, con sus titubeos, falsos comienzos e incluso, sus errores. De esta manera el alumno puede escuchar a hablantes manifestando ideas, opiniones, estados de ánimo, etc., a través de distintas formas permitiéndole incrementar el bagaje lingüístico en su propia lengua.

DISCURSO ORAL O INPUT ORAL


SUGERENCIAS METODOLÓGICAS

Considerando, por una parte, las características del lenguaje oral y, por otra, el rol que a la habilidad de comprensión auditiva le corresponde en el proceso de aprendizaje de la lengua materna es posible presentar algunos lineamientos metodológicos que promuevan el desarrollo sistemático de esta habilidad.


En la nueva concepción de la enseñanza de la lengua materna, donde el objetivo fundamental es el desarrollar habilidades que permitan una comunicación efectiva, ágil, directa, rápida, expedita, etc., tanto a nivel escrito como oral, las actividades metodológicas deberían encauzarse directamente hacia ese fin. Para lograr la congruencia de ambos aspectos del proceso de enseñanza-aprendizaje, es decir, objetivos-actividades, es importante que el alumno enfrente situaciones propias de la vida real. De ahí que se sugiera el uso de materiales que contengan input grabado, ya sea natural o fabricado. Más aún, considerando la gran variedad de recursos tecnológicos (radio, televisión, video, grabadoras, películas, computadores, etc. ) a los cuales el profesor puede acceder.

En lo que a comprensión auditiva se refiere, habilidad que constituye la contrapartida a la expresión oral en la comunicación verbal, proponemos un papel activo y participativo del alumno. Así, por ejemplo, se debe desarrollar en él un interés por escuchar lo que dicen los demás y, quizás más importante, un interés por aprender a escucharse a sí mismo. De la misma manera, se debe fomentar la expresión oral de ideas y opiniones, tanto propias como ajenas, que le permitan al alumno organizar su pensamiento en forma lógica y coherente, a fin de alcanzar un razonamiento crítico y reflexivo como parte de su formación integral como persona.

Las actividades metodológicas debieran considerar aquellas estrategias propias del auditor que participa en comunicaciones orales, tales como:

- el reconocimiento de elementos de la secuencia acústica, tanto lingüísticos (palabras, enunciados, expresiones, otras conversaciones, etc.) como no lingüísticos o ambientales (bocinas, coches, silbidos, sirenas, etc.).
- la selección de elementos que parezcan relevantes, de acuerdo a los conocimientos gramaticales e intereses
- la interpretación de las formas seleccionadas anteriormente de acuerdo a los conocimientos de gramática y del mundo en general.
- la anticipación a lo que se va a escuchar (palabras, ideas, opiniones, etc.), a partir de las entonaciones, de la estructura del discurso, del contenido, etc.
- la inferencia a partir de la información que nos entregan otras fuentes, tanto verbales como no verbales en el discurso
- la retención de determinados elementos del discurso a fin de utilizarlos en la interpretación y reinterpretación de otros elementos del discurso, como también el almacenamiento de datos más generales y relevantes.

En términos generales, es nuestra opinión que el desarrollo de la habilidad de comprensión oral puede llegar a producir buenos logros si se establece una adecuada estructuración de las actividades académicas en función de los objetivos, tanto específicos como generales, la cual debería incluir la práctica constante que enfatice la comprensión y no el resultado del ejercicio mismo, en otras palabras dar más importancia al proceso de comprensión mismo.


REFERENCIAS

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