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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.33 n.48 Valparaíso  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342000004800002 

Revista Signos 2004, 33(48), 13-19

LITERATURA

Ramón Díaz Eterovic como representante de la novela negra chilena

Clemens A. Franken Kurzen
P. Universidad Católica de Chile
Chile


RESUMEN

En la nueva narrativa chilena escrita entre los 80 y los 90, tal como en la Argentina, existe una fuerte tendencia a utilizar la forma detectivesca para enfrentar la realidad en ambos países durante los gobiernos autoritarios. Se realiza el análisis de dos novelas de Díaz Eterovic con dicha temática y se muestra, utilizando los planteamientos teóricos bajtianos que, en el caso de las novelas chilenas analizadas, se usa al concepto de "estilización" de los modelos norteamericanos (por ejemplo, Chandler, Hammett y MacDonald), que también se presenta en la experiencia argentina (en Osvaldo Soriano, por ejemplo).


ABSTRAC

In the new Chilean narrative of the 80's and 90's, just like in the Argentinian narrative, a strong tendency to use the detective format to get the reality of both countries during its authoritaric governments can be found. Based, above all, on the literary analysis of this two best detective novels ("Nobody knows more than the deads" (1993) and "Angels and lonesomes" (1996), I will show, using the bajtinian theoretical approach, that in the case of the detective novels of our chilean author we speak of a "estilization of Northamerican 'models'" (e.g. Chandler, Hammett and MacDonald), that, also, takes notice of the Argentinian experience (cf. e.g. Osvaldo Soriano).


 

El escritor chileno Ramón Díaz Eterovic nace en 1955 en la ciudad austral de Punta Arenas. En 1972 llega a Santiago donde estudia Ciencias Políticas, pero abandona pronto la carrera para trabajar como funcionario público en el INP (Instituto de Normalización Previsional), donde sigue prestando sus servicios hasta hoy.

Sus primeras dos obras son de poemas: El poeta derribado (1980) y Pasajero de Ausencia (1982). Durante la década de los ochenta publica también cuatro volúmenes de cuentos, pero sus obras más conocidas son, sin duda, sus seis novelas policiales con el detective Heredia como protagonista: La ciudad está triste (1987), Solo en la oscuridad (1992), Nadie sabe más que los muertos (1993), Angeles y Solitarios (1995) Nunca enamores a un forastero (1999) y Los siete hijos de Simenon (2000).

Ramón Díaz Eterovic pertenece junto con R. Ampuero, J. Collyer, G. Cohen, G. Contreras, L. Sepúlveda y otros a la 'generación del 80' o a la 'Nueva Narrativa Chilena' que se sirve a menudo del formato policial. Según R. Cánovas (1997:41), "El modo privilegiado por esta generación para rescatar el pasado es el relato de serie negra: un detective privado lleva a cabo una investigación en una sociedad en crisis. En el nivel subliminal, esta investigación es una reflexión sobre el pensamiento utópico".

En una entrevista del año 1994, Díaz Eterovic corrobora esta afirmación, considerando "la novela negra, policial, (...) 'la' posibilidad de hacer literatura realista".

Al igual que el escritor argentino Osvaldo Soriano, quien le mostró ya en los setenta la utilidad del género policial para tematizar la realidad social y política de su país bajo un régimen dictatorial, Díaz Eterovic se autocomprende dentro de la tradición literaria de la novela negra norteamericana, que agrega a los dos elementos clásicos ('misterio'1 y 'análisis'2) de la novela policial de intriga (Poe, Conan Doyle, Chesterton, etc.) la 'acción' violenta como tercer elemento. Desde su juventud lee sus máximos representantes (Hammett, Chandler, MacDonald, etc.) al igual como sus 'hermanos' europeos (Simenon y Vásquez Montalbán) y latinoamericanos (Taibo II, Giardinelli, etc.). Según Díaz Eterovic (1993:19),

 

los códigos de la 'novela negra' que surgiera en los Estados Unidos a comienzos del siglo XX (...) estaban presentes y vigentes en la realidad de un país como (Chile). Una atmósfera asfixiante, miedo, violencia, falta de justicia, la corrupción del poder, inseguridad: elementos que en Chile vivimos en años recientes y que aún ahora prevalecen con sus sombras y sus 'boinazos'.3

En su profundo ensayo El género policial chileno-argentino de los 䚠, Miriam Pinto (1998:76ss) considera el corpus literario del "ciclo de post-golpe" en Argentina, Chile y Uruguay como "un conjunto coherente" que se caracteriza tanto por "la imposibilidad, deliberada o no, de huir de la alegoría" y de la "metáfora", como por "una fuerte relación entre el medio y el delito", de tal forma que "el tópico de la violencia (...), es resemantizado ya que se trata de la violencia políticamente organizada desde los servicios de inteligencia" (83). Por esta razón M. Pino considera justificado hablar en el caso de Díaz Eterovic de "un nuevo género policial, aquel que Foucault4 define como la lucha entre dos inteligencias, la del criminal y la del detective criminal, detective/estado-detective/anti-estado" (87).

Sea justificada o no la calificación de un nuevo género policial, para Díaz Eterovic lo importante no es tanto la lucha entre las dos inteligencias, es decir la intriga violenta y la resolución del misterio, sino las reflexiones sobre el desencanto de un grupo de personas y meditaciones "acerca de los espacios de soledad que hay en una ciudad como Santiago, sobre la justicia en Chile, el poder aplicado en la política y el caso de los detenidos desaparecidos" (1994:4). Dicho con otras palabras, desde una posición de izquierda Díaz Eterovic quiere "entregar una radiografía de nuestra sociedad actual" y "reflexionar acerca de la marginalidad de una ciudad como Santiago" (1995:18). De esta forma, la novela negra de nuestro autor es básicamente una alegoría, y es el lector quien tiene que encontrar las significaciones ocultas del texto.

Su detective Heredia, su "alter ego" (cfr. el narrador-amigo-hermano de A. Dupin), es un hombre que se deja llevar por la corazonada, la intuición, el instinto. Es sentimental y nostálgico, desencantado y escéptico como su creador que vive en el centro de la ciudad de Santiago con los bares clandestinos, la miseria cotidiana, donde se vive, según él, un clima de violencia.

Siendo Heredia un auténtico anti-héroe, un hombre solitario, lacónico y de un realismo pesimista, muestra, sin embargo, en la tradición de los detectives duros Philip Marlowe (cfr. R. Chandler), Lew Archer, (cfr. R. MacDonald), una gran fidelidad a su principio ético de la verdad, la cual el poder suele avasallar. Sus cuentos son en definitiva una especie de ajuste de cuentas ético. Heredia, siendo un héroe quijotesco que surge desde la marginalidad y soledad, intenta "rescatar valores que mantienen en pie a las personas, tales como el amor, la solidaridad y el jugarse por el otro." (Díaz Eterovic,1995:194). El sabe amar fraternalmente en un mundo frío e individualista y termina generalmente con la tranquilidad interior de haber hecho todo lo posible por encontrar "algo de verdad y justicia" (ibid:192). Los esclarecimientos de los conflictos, sin embargo, no suelen ser totales, sino que el autor trata de mostrar que las soluciones sólo son superficiales ya que no cambian la sociedad y sus estructuras del poder (cfr. Pino, 1998:85).

Por ejemplo, en su novela Nadie sabe más que los muertos el detective Heredia logra descubrir la verdad y resolver el caso de un matrimonio joven de detenidos-desaparecidos, cuyo hijo nació en prisión y se supone que fue dado ilegalmente en adopción. El juez Cavens, que investiga el caso, le pide a Heredia secretamente su colaboración, dado que las instancias oficiales involucradas no la entregan. Con la ayuda siempre oportuna, a veces demasiado azarosa y efectiva de unos viejos amigos y de su infalible intuición, Heredia logra establecer que efectivamente el hijo fue entregado ilegalmente a padres falsos, es decir, a una (esteril) familia de militares. Así, al final de la novela, Heredia puede entregar el nieto a manos de sus abuelos verdaderos.

Estos cariñosos abuelos representan para Díaz Eterovic y su 'alter ego', máscara o "voz utópica", el detective Heredia, el "pasado auténtico" (Cánovas, 1997:83) del tiempo de la Unidad Popular, en el cual el autor y su personaje principal viven existencial y emocionalmente. Según confiesa ya tempranamente el desencantado Heredia, "lo único que se posee es el pasado" (10), que él trata de revivir en su memoria. El (esteril) presente neoliberal le parece repudiable, se siente marginado e intenta olvidarse de éste fumando cigarrillos "Derby", tomando Whisky "J.B." (16) y evocando tiempos pasados mejores en largos diálogos, es decir, monólogos, con su gato Simenón.

En su ensayo Nostalgia y Melancolía en la Novela Detectivesca del Chile de los Noventa, Guillermo García-Corales (1999:82) explica el sentir del detective Heredia, recurriendo a esclarededoras ideas de Julia Kristeva:

La fase psíquica más relevante de Heredia coincide con la del individuo nostálgico y melancólico, según lo describe Julia Kristeva en Black Sun: Depressión and Melancholia. Kristeva afirma que este individuo vive condenado al deseo y al recuerdo. Marginado de la verdadera vida, exiliado de la felicidad, padece de una condena perpetua que implica la obsesiva búsqueda de algo perdido que nunca encontrará de nuevo, con lo cual el yo que sufre la pérdida jamás puede resignarse. Por último, según Kristeva, la biografía del sujeto nostálgico se construye a través de repetidos signos de separación e inestabilidad con respecto a un presente inicuo; signos que constituyen los fragmentos de una eterna protesta (4-5).

Que Heredia es un "sujeto nostálgico" queda comprobado en la novela Nadie sabe más que los muertos por el hecho de que la soledad, que lo alimenta y destruye al mismo tiempo, es interrumpida temporalmente por un encuentro fortuito con una joven representante del sexo femenino. Se trata de Claudia, alias Fernanda, que pasa con él la noche siguiente al día que se conocieron casualmente, como ingenuamente cree nuestro héroe, en un céntrico Burger Inn. Ella se muda pronto donde él y le ayuda en su investigación, pero no tanto por amarlo, sino por pertenecer a un grupo de judíos que investigan sobre las actividades de antiguos jerarcas nazis y que, al igual que Heredia, está detrás de las huellas del alemán Dieter Kurtz, un ex colaborador de Eichmann en Auschwitz. Ante un Heredia perplejo que se considera un "perdedor" (152), con el cual cuesta convivir, tres amigos de Claudia-María Fernanda la presentan como la "compañera Heldermann" (158s). La conclusión de Heredia: "No se puede tener dos amores sin engañar" (160), no lo libera de la melancolía y tristeza que siente por otra desilusión amorosa.

Al igual que su solitario y desencantado colega norteamericano Philip Marlowe, que parece ser una parodia del investigador deductivo y razonante que no tiene a nadie consigo, no obstante haber buscado el amor y la amistad (cfr. Juan José Saex), también su adaptación chilena estilizada, Heredia, se caracteriza más por sus sentimientos, emociones y acciones que por sus raciocinios. Son más hombres sentimentales e intuitivos que racionales.

Queda por constatar en esta novela cierta falta de verosimilitud en la concepción del protagonista. En primer lugar, cuesta mucho creerle al experto en encuentros amorosos furtivos Heredia su ingenuidad respecto al 'amor' de Claudia. En segundo lugar, parece poco verosimil ­a menos que se supone la vigencia de un nuevo género policial, como lo sugiere M. Pino­ el "juego perverso con la legalidad, al concebirse una acción conjunta de un juez (supuestamente recto) y de un detective con prontuario". Queda, sin embargo, como rescatable, aunque tal vez algo unilateral, su inquietante "mirada gris sobre el paisaje santiaguino, una constatación de la falta de vida, del desgaste, de la tristeza y soledad de los chilenos" (Cánovas, 1997:83).

Una mayor verosimilitud alcanza su siguiente novela policial Angeles y solitarios (1995), alabada unánimemente por la crítica literaria chilena. La historia tiene lugar a mediados de los noventa y se desencadena a partir del aparente suicidio de María Fernanda Arredondo, la ya conocida periodista y ex amante de Heredia, que ya no persigue ex jerarcas nazi, sino traficantes internacionales de armas. Averiguar si fue asesinada, se convertirá casi en una 'vendetta' y cruzada personales que terminarán involucrando a nuestro protagonista con oscuros poderes políticos, ex torturadores y una mafia internacional de fabricación de armas químicas. La gran urbe de Santiago corresponde, por una parte, a 'un mundo que huele mal', como diría R. Chandler, con sus calles sucias y llenas de bares añejos, donde existe un mundo marginal sólo conocido por algunos, y, por otra parte, a una megápolis marcada por el tráfico con drogas y con armas. A través del detective Heredia, el autor denuncia la corrupción, la violencia y la falta de honestidad que puede haber tras quienes tienen el poder y atentan contra la sociedad. Según Patricia Espinoza (1996:4),

 

Díaz Eterovic, a partir de esta figura agobiada, endurecida y sensible, construye un verdadero símbolo del sujeto moderno. Sin poses de posmo ni de chico malo, surge esta figura anticuada y pasada de moda. Un idealista acérrimo, decadente y oscuramente vital, que intenta sobrevivir en medio de la incertidumbre, con una ética absolutamente retro. La novela así, se inscribe en una oleada revival de realismo neorromántico y existencialista.

Me parece acertado caracterizar la literatura policial de Díaz Eterovic como neorrealista y existencialista, como lo hizo, por ejemplo, Theodore Ziolkowski respecto a la obra de Hermann Hesse. Sin embargo, no puedo aceptar la calificación de retrógada a la postura ética de Heredia, ya que sus novelas más que detectivescas son novelas de un profundo y auténtico humanismo lleno de "nostalgia por el 'Otro mundo'" (García-Corales, 1999:85) y el frecuente "'planteamiento de problemas trascendentales'".5

Finalmente intentaré una definición bastante provisoria del tipo de asimilación de la novela negra norteamericana, reconocida ampliamente por la crítica como un elemento característico de la obra de R. Díaz Eterovic. Diferenciando de mayor a menor grado la presencia del discurso ajeno, M. Bajtín distingue seis diferentes formas de asimilación: imitación, estilización, variación, hibridación, parodización y polémica. Según mi parecer, en el caso de La ciudad está triste, la primera novela policial de Díaz Eterovic, se nota fuertemente la dependencia del modelo norteamericano y predomina la imitación, "porque toma en serio lo imitado, se apropia de él, asimilando inmediatamente la palabra ajena" (Bajtín, 1929:265). Desde su segunda novela Solo en la oscuridad en adelante, podemos constatar estilizaciones y, ante todo, variaciones de las novelas negras norteamericanas. Según Bajtín, se debe hablar de estilización cuando estamos frente a "una representación artística del estilo lingüístico ajeno", donde "la conciencia lingüística del estilista opera exclusivamente con el material del lenguaje que se estiliza; ilumina ese lenguaje, introduce en él los intereses lingüísticos ajenos pero no su material lingüístico ajeno contemporáneo" (Bajtín, 1989:177). Ahora bien, si el estilista no quiere solamente estilizar e iluminar el lenguaje ajeno, sino, además, introducir en el lenguaje ajeno su propio material temático y lingüístico, "ya no estamos ante una estilización, sino ante una variación (que frecuentemente se convierte en hibridación)" (ibid:179). De ninguna manera me parece posible hablar, en el caso de Díaz Eterovic, de una asimilación híbrida, dado que no se encuentra en sus novelas policiales una mezcla de dos puntos de vista y menos una yuxtaposición de dos estilos o visiones del mundo. Al contrario, predomina claramente la palabra, el lenguaje y el estilo ajenos. Según la terminología de T. Todorov (1984:70), habría que hablar de un discurso "convergente" o, con las palabras de E. Drucaroff (1996:121), de un discurso "monodireccional". De hecho, Ramón Díaz Eterovic asimila consciente y exitosamente el modelo de la novela negra norteamericana ­mediatizado por la experiencia argentina de un O. Soriano­ a la realidad chilena de las últimas décadas, manteniéndose dentro del modelo clásico establecido, estilizándolo y variándolo, pero no cambiándolo, por ejemplo, mediante la parodia o ironía.

NOTAS

1 Cfr. al respecto el ensayo de Richard Alewyn "Die Anfänge des Detektivromans", publicado en: Viktor Zmegac (ed.), Der wohltemperierte Mord. Zur Theorie und Geschichte des Detektiv-romans. Frankfort del Meno: Athenäum, 1971, pp. 185-202.

2 Cfr. al respecto el libro de Peter Nusser, Der Kriminalroman. 1980.

3 Se refiere aquí a un hecho histórico insólito de un ejercicio militar 'de enlace' en plena democracia a través del cual el Ejército chileno intentó ejercer presión indebida al poder político elegido democráticamente.

4 Cfr. Michel Foucault, Vigilar y castigar. Barcelona: Ed. Siglo XXI, 1987, pp. 73s.

5 Cita de Ernesto Livacic, en: Guillermo García-Corales, Diálogo a toda tinta con Ramón Díaz Eterovic. En: Pluma y Pincel, Mayo de 1993, pp. 38-39, p. 38.

 

REFERENCIAS

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Bajtín, Mijaíl. La palabra en la novela. En: M.B. Teoría y estética de la novela. Madrid: Taurus, 1989.         [ Links ]

Berger, Beatriz. Entrevista con Ramón Díaz Eterovic: El detective Heredia es mi alter ego. En: El Mercurio de Santiago, Suplemento 'Revista de Libros', n 248 (30 de enero de 1994), pp. 1 y 4-5.         [ Links ]

Cánovas, Rodrigo. Novela Chilena, Nuevas Generaciones. El abordaje de los huérfanos. Santiago: Ediciones Universidad Católica de Chile, 1997.         [ Links ]

Díaz Eterovic, Ramón. Angeles y solitarios. Santiago: Planeta, 1995.         [ Links ]

Díaz Eterovic, Ramón. Nadie sabe más que los muertos. Santiago: Planeta, 1993.         [ Links ]

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Espinoza, Patricia. Santiago de noche. En: La Epoca, Sección 'Literatura y Libros' del 11 de febrero de 1996, p. 4.         [ Links ]

García-Corales, Guillermo. Ramón Díaz Eterovic: reflexiones sobre la narrativa chilena de los noventa. En: Confluencia, vol. 10, n 2 (Spring 1995), pp.190-195.         [ Links ]

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