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Revista signos

On-line version ISSN 0718-0934

Rev. signos vol.35 no.51-52 Valparaíso  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342002005100005 

Revista Signos 2002, 35(51-52), 73-78

LITERATURA

Hacia una teoría, y un testimonio, del exilio republicano: "Las Vueltas" de Max Aub*

 

Eduardo Godoy Gallardo

Universidad Católica de Valparaíso

Universidad de Chile


RESUMEN

La revisión de las tres piezas dramáticas de Max Aub que llevan por título Las vueltas entrega una serie de elementos que permiten configurar el temple de ánimo del exiliado que vuelve a su tierra de origen. Se plantea, también, como un testimonio del contraste existente entre la España que se dejó y la que se encuentra al reintegrarse a ella.


ABSTRACT

From the reading of the three dramatic works by Max Aub titled Las vueltas, we can appreciate a series of elements which allow us to deternine the character of the exiled who is retering to his homeland. They can also be considered as a testimonial of the contrast between the Spain he has left behind and the Spain he finds on his return.


 

Tres republicanos que vuelven a su espacio natural, España, protagonizan las piezas teatrales conocidas como Las vueltas de Max Aub: dos provienen de las cárceles españolas, y, el otro, de México. Son personajes cuya personalidad presente aparece configurada por las condiciones que han impreso en ellos tanto el exilio interior como el que tiene lugar en otras tierras.

Son piezas que pertenecen al teatro breve de Aub y que se incrustan en el teatro escrito por el autor ya en pleno exilio y, por lo tanto, pretenden, en alguna medida, mostrar el temple de ánimo del exiliado.

En las tres, nos encontramos con personajes que, después de años, se enfrentan a una sociedad española diferente de la que ellos abandonaron. Surge aquí lo que Marra-López llama "La España inventada y el problemático regreso"1, y, además, la doble condición de sentir el destierro2: en su propio suelo y en tierras ajenas.3

Las tres piezas en su edición definitiva aparecen encabezadas por las siguientes palabras:

"Que yo sepa no he estado en España4 desde el primero de febrero de 1939. Las obras ­o la obra­ que siguen, escritas en 1947, 1960 y 1964, suceden allí y, más o menos, en esas fechas. Inútil decir que reflejan la realidad tal y como me la figuro. ¿Qué tienen que ver con la verdad? Daría cualquier cosa por saberlo: por eso las publico.

"Las reúno porque pertenecen a un motivo común. Bastará para darles unidad que los mismos actores interpreten los papeles principales de las tres piezas"5.

Las páginas que vienen a continuación pretenden desentrañar el mundo descrito y determinar algunos aspectos que conduzcan a una posible teoría al exilio.6

La vuelta: 1947

Ocho años ha permanecido encarcelada Isabel, una maestra de escuela y protagonista de esta primera pieza. La llegada imprevista a su casa la hace acompañada de una maleta vieja (p.11). Se enfrentará a su núcleo familiar, a su ex criada, a una discípula que representa a un número crecido de quienes fueron sus alumnas y a un hijo de un antiguo conocido.

La nota que destaca, en primer lugar, es que esa lejanía le significa la separación de todo lo que es suyo; en otras palabras, lo que fue suyo. Su marido, Diego, vive con su criada, Paca, la que se ha convertido en la dueña de casa y, además, es considerada madre por su hija, Anita. El diálogo que se establece en esta brevísima permanencia significa el despojo de todo lo que ha sido suyo: casa, marido, hija.

El primer encuentro se realiza con Anita a quien dejó al tener dos años, y hoy la encuentra con diez. Con su inocencia aclara su situación: "Mi mamá no es mi mamá. Mi mamá es otra señora" (p. 11), y al preguntarle a quién quiere más, contesta que a las dos. La situación ambivalente que vive la pequeña queda de manifiesto al querer acompañar a la criada al irse ésta de casa.

El segundo encuentro decidor es con Paca, la criada hoy conviviente de su marido. Es una nueva situación espacial que vive Isabel: al llegar a su casa, lo hace con emoción (p. 11) se acota, y ahora una situación anímica diferente al decir que: "...esta no es mi casa, sino la de mi marido" (p. 17).

El tercer encuentro la pone en contacto con Nieves, una antigua alumna. Con su presencia se establece la diferencia que va de ayer a hoy, pues Nieves plantea una situación vital en que predomina el miedo, la delación y la hipocresía: "...antes la gente estaba alegre. Se divertían. Ahora todos andan callados (...) Entonces cantábamos otras canciones (...) salga lo menos posible de casa y no se fíe de nadie..." (pp.15-16). Nieves, cuyo padre está encarcelado, es un testimonio de la resistencia interna que pervive en la sociedad española en que se vive.

El cuarto encuentro es con Damián, su marido, Isabel manifiesta la diferencia entre lo que esperaba encontrar y la realidad: "En presidio se hace una muchas ilusiones. Y se deja seducir por las cartas" (p.18). El diálogo muestra a un Damián entregado a las circunstancias en que está inserto, es acomodaticio y conformista. Se confrontan dos actitudes diferentes: Isabel protesta violentamente ante la insinuación de su marido en cuanto a alejarse de sus antiguos compinches, así los llama, y de su participación en política: "...¿De dónde salgo? ¿Quién me ha robado la niñez de mi hija? ¿Cuándo la veré crecer? ¿Quién me robó a mi marido? (...) Y menos mal que nosotros todavía vivimos, pero ¿y los muertos? ¿Crees que se van a quedar tan tranquilos? ¿Que no van a resucitar para cobrarse de tanto asesino? ¿Qué había hecho yo? Pertenecen a un sindicato..." (p.20); Damián, en cambio, permite que su hija integre las juventudes falangistas y reprocha la persistencia de su mujer en las ideas que la llevaron a la cárcel: "­A lo mejor eres de las que se hacen ilusiones de que los de México o los de Francia llegarán aquí algún día con el maná. Vas aviada: aquellos solo piensan en hacerse ricos con el dinero que robaron" (p.23).

En Damián, ve Isabel a uno de aquellos "...que carecen de sexo, los que van a donde los mandan sin rechistar jamás, los esclavos" (p.28), a la vez que protesta por la educación dada a su hija que su marido defiende en nombre de la libertad de elegir: "-¿Que escoja una vez malbaratada, deshecha, fabricada por esta gente que solo quiere obediencia, disciplina, vida oscura? ¿A eso le llamas tú libertad?" (p.27)

El quinto encuentro es con Miguel, a quien conoció de niño y es hoy integrante del bando de los vencedores, el que le da diferentes consejos que concretan el espacio vital que delineó Nieves: "...Salga lo menos posible de casa" (p.22) y respecto a su antigua alumna: "Es una amistad que no le conviene" (p. 22).

Por medio de Miguel se da otra connotación de Damián: participa en el estraperlo, junto a cuatro generales que lucran con las necesidades del pueblo. En Damián, surgen las antiguas ideas que permanecen adormecidas en él: "­Si hace algunos años me hubiesen dicho que yo andaría metido en un negocio de esta...de esta índole" (p.25), pero es más fuerte la situación económica y social.

El sexto encuentro es con un cabo de la Guardia Civil que, por otro proceso pendiente, viene a buscarla y conducirla, de nuevo, a la cárcel. Ante esta nueva situación, Damián reacciona con una leve actitud de protesta, ante lo cual, Isabel dice: "-Me da gusto verte despertar...Pero a fuerza de hablar y de oír, la gente se olvida de cómo son las cosas. No hay nada peor que la costumbre (...) Para vosotros, la falta de libertad, la muerte, no tienen importancia, es lo de siempre. Detuvieron a ese...fusilaron a aquel, y dormir tranquilos" (pp. 29-30).

Luego de estos cinco encuentros con la realidad de hoy, Isabel recoge su maleta (p. 30) y sigue las órdenes del cabo.

La vuelta: 1960

Veintidós años permanece encarcelado Remigio antes de regresar a casa. Lo hace con la maleta ajada (p.33), que es réplica de aquella maleta vieja de la vuelta anterior. Sus hijos son ya mayores, pues ambos tienen 25 y 23 años, lo que se aprecia a través de todo el texto que es expresión, en este sentido, de dolor y agrado, por la lejanía y el encuentro, respectivamente.

La acción se desarrolla en una nueva casa, la que conoce al dedillo por una descripción hecha por su mujer y un dibujo de su hijo, pero añora la casa antigua: "-Si hubiéramos vuelto a la casa vieja, algún que otro vecino hubiese entrado a saludarme..."; de ella, de la vieja casa, dice Elisa que lo único que pudo sacar es la cama, la que adquiere, en los recuerdos de ambos, toda una simbología de afecto, refugio y seguridad.

Se encuentra con un Madrid cambiado, del cual se sostiene, irónicamente, que "-Han cambiado poco los nombres de las calles" (p. 36). Su mujer insiste en que no debe hacerse ilusiones con las circunstancias en que ahora le tocará vivir.

A pesar del cálido ambiente que lo rodea, se vislumbra un posible quiebre dentro de su núcleo familiar al establecerse que entre sus dos hijos hay diferencias en lo referente a posiciones políticas: mientras Carmen participa en grupos clandestinos contra el régimen imperante, de Manuel se dice que "...Va a lo suyo. Lo demás, los demás no le importan" (p.39).

La llegada de Carlos, un amigo, que viene presuroso a visitarlo, clarifica aquella advertencia de su mujer en cuanto a no hacerse ilusiones con su reencuentro con la España de hoy. Se produce un contraste violento entre lo que Remigio ha esperado recuperar al salir de la cárcel:"...tantos días, tantas noches pensando en este momento, en la libertad recobrada, en poder volver a trabajar (...) a andar por la calle, en poder torcer a la derecha o a la izquierda, según te dé la gana" (p.44), y lo que Carlos le aconseja: "...he venido a verte para decirte, para ordenarte, que te estés quieto, que no te muevas, que no veas a nadie, que no intentes relacionarte con ninguno de nosotros" (p. 45).

Lo anterior lo lleva al convencimiento de que es un hombre muerto. Lo dice textualmente: "-Estoy muerto. ¿Te das cuenta? Muerto, quemado, dilo como quieras. No puedo ver a nadie, y menos a mis amigos, y más si piensan como yo..."(p.48).

Remigio toma conciencia de la situación que debe enfrentar y su única posibilidad de hacer su vida consiste en adecuarse a ella y recogerse en el interior de su casa, a la cual espera no lleguen las turbulencias de afuera. Le dice a Elisa que lo único que les queda es"-Querernos. Callando, no sea que se entere la gente y nos denuncie por ser felices" (p.49).

La vuelta: 1964

Esta tercera vuelva es antecedida por algunas palabras del autor:

"Nada de lo que sigue es invención. Me lo refirió ­con puntos y comas mi hermano- Se negó a escribirlo consecuente con su convicción de que los españoles ­los exiliados- no tenían por qué exhibir públicamente sus diferencias, como si la literatura española no fuese, ante todo, apercibimiento de unos contra otros, más encomendado a las manos del instinto que al caletre. Lo único que hice en honor a su memoria, es respetar la octava posterior a su fallecimiento. Evidentemente esta versión no es teatro, como él tuvo, en cierto momento, intención de que lo fuera; pero se parece bastante a la verdad. Váyase lo uno por lo otro.

Rodrigo entró en España el 24 de enero de 1964 ­tal como lo cuenta­ por la frontera de Portugal. Falleció de un infarto, exactamente dos meses después; acababa de cumplir sesenta y tres años" (p. 53).

La historia se centra en un café madrileño el 2 de febrero de 1964 y es protagonizado por Rodrigo que es identificado como Mi hermano en el diálogo dramático. Es, no cabe duda, la personificación del propio Aub que, después de ventiocho años, ha vuelto a España. El café tiene un rol protagónico desde el comienzo. Es un espacio que adquiere connotaciones simbólicas; en primer lugar, es el punto de encuentro con Mariana, con quien en el pasado tuvo una aventura amorosa y con quien intercambió algunas cartas: ambos hechos se han perdido en el tiempo; luego es el espacio que permaneció intacto en el recuerdo en sus años de cárcel: "...siempre soñé volver a sentarme en ese diván con Domenchina, con Chabás, con Canedo, con Azaña" (p. 57). La respuesta de Mariana, a esa esperanza, es dura y definitiva: "­Han pasado a la historia" (p. 57).

Este encuentro con Mariana se produce a escasos días de regresar a España. En este breve tiempo, nueve días, Rodrigo ha podido observar los cambios que se han producido en la sociedad española y en su propia familia. Sobresale el carácter acomodaticio de sus connacionales, lo que los ha convertido en piedras (p. 58), ya que no se enteran de nada, ni nada les importa. Mariana clarifica lo que sucede "­Esto no tiene nada que ver con lo que conociste. Y tú sigues siendo el mismo" (p. 59), a la vez que lo caracteriza lapidariamente: "...eres un fantasma, un aparecido" (p. 58).

Mariana es una escritora que ha permanecido en España y en ella se clarifica el exilio interior, lo dice claramente: "...Desterrados no lo érais vosotros; desterrados, nosotros...", y entrega su testimonio que va dando cuenta de lo que ha sucedido en su entorno: "...No sabrás nunca lo que fue esto, de 1940 a 1950. Las cárceles llenas. El miedo. El hambre. No poderse mover. No escribir (...) Pasé años enteros sin ver a nadie, sin saber de nadie. Esa soledad se fue enconando. Era la única evidencia de que uno no había muerto entre tanto muertos (...) Fueron años desesperados, sin más salida que los muros, aunque tuviésemos los huesos cargados de esperanza (...) Me acostumbré a la porquería, pero ya no soy yo" (pp. 64-65).

El diván del café con el que soñaba Rodrigo está ocupado por varios intelectuales de ahora, los que se caracterizan por su conversación banal y sin sentido. El intercambio de opiniones entre Rodrigo y los ahora ocupantes del diván, entrega una imagen de lo que es la España actual y una crítica a los que participaron en la guerra civil y a los exiliados que vuelven. Se plantea, también, una crítica fuerte al cultivo de la literatura y a la crítica respectiva. Sobre los exiliados, uno de los contertulios lo dice claramente : "-La mayoría están enterrados, no desterrados, enterrados" (p.84), a lo que Rodrigo compara con el cuento de la alondra del budista de Renán y que le hace sostener que de él solo quedan residuos (p.84) del hombre que fue. Al ser tratado de maestro por Carlos, uno de los que llegan al café ("...actor, autor, director de cine, cuentista, aprendizaje de novelista, crítico, empresario, editor..." (p. 55), Rodrigo muestra su profundo desaliento: "­¿Maestro de qué? ¿De quién? Maestro de nada y de nadie; como no sea del tiempo perdido" (p.108).

La reunión es interrumpida por la llegada de Juana, esposa de Rodrigo, la que le comunica que la policía les ha notificado que disponen de veinticuatro horas para abandonar España. Se produce una protesta generalizada de los contertulios y se propone redactar un escrito, el que se supone será firmado por figuras representativas tales como Laín, Lapesa, Buero Vallejo, Casona, Sastre, Sánchez Ferlosio, Cela, Hierro ...significativamente se nombra al poeta Rosales con signos de interrogación.

El camarero que escucha lo que dicen los tertulianos dice: "­Perdonen los señoritos, pero ustedes parecen tontos..." (p. 114) con lo que se alude a la escasa probabilidad que lo propuesto tenga efecto.

Tan solo ocho días dura la tranquilidad para Rodrigo.

La revisión de estas tres piezas teatrales señala la imposibilidad de integración a la nueva sociedad, tanto para los que abandonaron España como para los que permanecieron en ella: se está en presencia de lo que la crítica ha denominado exilio, propiamente tal, y exilio interior. Se detecta una visión de mundo negativa en que no hay lugar para la esperanza; sin embargo, hay una frase que pronuncia Carlos, el amigo de Rodrigo, en La vuelta: 1960, que es transcrita en cursiva, que indica que las ideas no mueren: "No pueden destruir el trigo ni extinguir la fecundidad de la tierra" (p. 44).

 

NOTAS

1 Marra-López, R.: Narrativa española fuera de España. 1939-1961 (Guadarrama, 1963, p. 123).

2 Se ha denominado de diferentes maneras al que es obligado a abandonar su tierra por razones políticas: exiliado, desterrado, transterrado, conterrado, emigrado. Son términos que tienen un referente común, pero que denotan, también, claras diferencias. Véase, al respecto, entre otros, a Javier Rubio: La emigración de la guerra civil de 1936 a 1939. Historia del éxodo que se produce con el fin de la Segunda República Española (Librería Editorial San Martín, Madrid, 1977, pp. 728-731) y lo acotado por Milagros Román S. en Luis de Llane (ed.): El último exilio español a América (Editorial Mapfro, 1996, pp. 19-33).

3 Múltiples son los acercamientos que se han realizado al respecto. Sólo quiero mencionar dos que me parecen pertinentes: para el primero, el desolador panorama que presenta el poeta Angel González: "El exilio en España y desde España" (J.M. Naharro-Calderón, (ed). El exilio de las Españas de 1939 en las Américas: ¿adónde fue la canción?, Anthropos 1991, pp. 195-209); para el segundo, el lúcido y esclarecedor ensayo del dramaturgo José Ricardo Morales: "El saber del regreso", en Ensayos en suma (Biblioteca Nueva, 2000, pp. 155-168).

4 La visión que se da de España, como se señala, es desde afuera, sin la experiencia directa. Francisco Yndarain ha tratado el tema ("Resentimiento español. Arturo Barea", Arbor N 85, 1953, pp. 73-79) al comentar La raíz rota de Arturo Barea.

5 Cito por la edición de enero de 1965 de Joaquín Mortiz, p. 11. La primera, La vuelta: 1947, fue publicada en Sala de Espera, México, 1948.

6 En las tres piezas, los espacios juegan un rol significativo: La casa antigua, que es definida como ajena; la casa nueva, que hace añorar a la que se tuvo, y el café, con su diván, que ahora ocupa otra gente. Sobre la utilización de los espacios en el teatro del exilio de Max Aub, véase: Claudia Ortego Sanmartín: "Lugares y espacios del destierro en el teatro del exilio de Max Aub" (Max Aub y el Laberinto español, tomo 1, Valencia 1996, pp. 299-310).

 

REFERENCIAS

González, Angel. El exilio en España y desde España. (J.M. Naharro-Calderón, (ed). El exilio de las Españas de 1939 en las Américas: ¿adónde fue la canción?, Anthropos 1991, pp. 195-209)        [ Links ]

Marra-López, R. Narrativa española fuera de España. 1939-1961 (Guadarrama, 1963, p. 123).        [ Links ]

Morales, José Ricardo. El saber del regreso. En Ensayos en suma (Biblioteca Nueva, 2000, pp. 155-168).         [ Links ]

Ortego Sanmartín, Claudia. Lugares y espacios del destierro en el teatro del exilio de Max Aub. En Max Aub y el Laberinto español, tomo 1, Valencia 1996, pp. 299-310.         [ Links ]

Román S., Milagros. En Luis de Llane (ed.): El último exilio español a América (Editorial Mapfro, 1996, pp. 19-33).         [ Links ]

Rubio, Javier. La emigración de la guerra civil de 1936 a 1939. Historia del éxodo que se produce con el fin de la Segunda República Española. Librería Editorial San Martín, Madrid, 1977, pp. 728-731.        [ Links ]

Yndarain, Francisco. Resentimiento español. Arturo Barea. Arbor N 85, 1953, pp. 73-79.         [ Links ]

 

*Ensayo escrito bajo el marco del Proyecto Fondecyt N 1020792: La escritura del exilio republicano en Chile. Claves de una literatura desarraigada.

 

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