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Revista signos

On-line version ISSN 0718-0934

Rev. signos vol.35 no.51-52 Valparaíso  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342002005100019 

Revista Signos 2002, 35(51-52), 295-297

RESEÑAS

Promis, José: La Literatura del reino de Chile (Editorial Puntángeles, Valparaíso, 2002, 642 páginas)

Eddie Morales Piña

Universidad de Playa Ancha

Chile


 

El libro del profesor y crítico literario José Promis, La Literatura del reino de Chile constituye una valiosa antología de textos de la denominada época colonial chilena y que, sin duda, será un instrumento de consulta para todos aquéllos que se interesen por conocer los comienzos de nuestra literatura. El libro del profesor Promis nos permite hacer unas breves reflexiones en torno a la literatura colonial que el propio crítico va dilucidando en el estudio previo que encabeza la antología, como también en las entradas explicativas a cada uno de los discursos coloniales antologados.

Primeramente debemos dejar aclarado el concepto de «literatura colonial», que ha sido acuñado para designar los textos escritos entre el «descubrimiento» del Nuevo Mundo y los discursos generados en el llamado barroco hispanoamericano. En otras palabras, cuando se habla de literatura colonial hispanoamericana -incluido lo chileno-, estamos insertando la producción escritural a partir de 1492 con los escritos colombinos hasta la producción poética de la Décima Musa de México. Si nos atenemos a la conceptualización actual de lo que se entiende por discurso literario, obviamente que las primeras manifestaciones discursivas no son en sentido estricto literatura. Para el caso chileno, la teorización acerca de un concepto de literatura y su función, sólo acaece en 1842; en otras palabras, a partir de esa fecha puede considerarse que existe una literatura nacional.

Los escritos de los primeros siglos denominados coloniales, es decir, de los documentos colombinos hasta las crónicas, cartas y relaciones, constituyen textos altamente referenciales cuyo propósito esencial fue dar cuenta de los hechos concretos del descubrimiento y de la conquista de América a la metrópoli, y cuyo lector inmediato e histórico fue el monarca español. Por tanto, la finalidad de estas manifestaciones discursivas fue servir de fuente de canalización de informaciones referidas al Orbis Novus. De acuerdo a las categorías textuales, estos discursos han sido clasificados en diarios, cartas, crónicas, relaciones. El canon colonial se inaugura de acuerdo a estas categorizaciones con el Diario de Cristóbal Colón y con las Cartas que éste escribió a la Corona. Más adelante, los conquistadores serán pródigos en la escritura de cartas de relación, como Valdivia y Cortés, además de las historias de relación y crónicas, como las de Jerónimo de Vivar o de Alonso de Góngora Marmolejo para el caso de nuestra historia.

Se desprende del modo escritural con que los primeros enunciantes del discurso colonial dan cuenta del mundo recién descubierto, una imagen de América que se contamina con la cosmovisión de la realidad que los descubridores y conquistadores traían desde Europa. Así, por ejemplo, la visión colombina corresponde a la de un hombre de las postrimerías del medievo; por eso es que su visión es providencialista de la historia. El discurso de Colón y del resto de los «escritores» coloniales incorpora todas las fuentes discursivas y cosmovisiones del imaginario europeo. De este modo, el discurso referencial se fue poco a poco ficcionalizando. La presencia del imaginario medievalista se hizo presente y los textos se plagaron de monstruos y de una iconografía que vino a complementar la visión de la realidad recién descubierta.

A la luz de la lectura actual de estos primeros escritos coloniales, ciertamente que estos hoy están adscritos a la categoría de literarios por cuanto son leídos y reactualizados como ficciones que han tenido una fuente metadiscursiva real. Para comprender a cabalidad dichos enunciados se requiere de la reactualización del horizonte de expectativas que esos escritos satisfacieron. De allí, entonces, que esta antología del profesor Promis no sólo recoge los textos del ámbito de la prosa, de la poesía y del teatro virreinal en Chile, sino que también tanto la introducción como las entradas explicativas a los textos, permiten contextualizarlos como correspondientes a las distintas etapas históricas en que se ha dividido metodológicamente la época colonial en Chile, esto es, especialmente textos correspondientes al renacimiento, al manierismo y al barroco. Es decir, los textos antologados van desde las cartas de Pedro de Valdivia hasta el anónimo Coloquio de La Concepción que recuerda a los autos sacramentales barrocos. Fundamentalmente, las reflexiones histórico-literarias de José Promis en el interior de la antología resultan indispensables en la reconstitución del denominado horizonte de expectativas, para que los lectores actuales (lectores no históricos del enunciado) puedan desentrañar el sentido de las obras que se proponen como lecturas significativas de Colonia.

Regularmente, las antologías en uso que recogen parte de la producción textual de los siglos coloniales no sólo en nuestro país, sino también en el resto de Hispanoamérica, han focalizado su interés en textos canónicos escritos por conquistadores o por clérigos de diferentes órdenes religiosas que llegaron acompañando a aquéllos, o bien, escritos por religiosos desde otras circunstancias históricas; estamos pensando, por ejemplo, en los jesuitas expulsos de las colonias americanas por Carlos III y que produjeron su obra en tierras de Europa, como Manuel Lacunza, Juan Ignacio Molina y Alonso de Ovalle. Por el contrario, la antología de Promis ha procurado insertar entre los textos antológicos algunos que se refieren a la escritura de mujeres, fundamentalmente de aquellos generados al interior de los espacios conventuales. Estos textos se fundan como «historias de vidas» y respondieron casi siempre a los requerimientos de los confesores de las monjas coloniales. En este sentido, resulta valiosísima la incorporación de la llamada Relación autobiográfica de Sor Ursula Suárez como una muestra significativa de la escritura monjil entendida en esta época (como también en la tradición europea medieval), inserta en las denominadas «labores de mano» de las religiosas, ya que el texto escrito por mandato se convertía en una suerte de entramado o tejido lingüístico, es decir, en un nuevo bordado que la mayor parte de las veces el confesor convertido en censor iba haciendo en él tachaduras y enmiendas. Agrega Promis en la antología, un texto de Sor Tadea García de la Huerta, titulado Relación de la inundación que hizo el río Mapocho de la ciudad de Santiago de Chile en el monasterio de Carmelitas, titular de San Rafael, el día 16 de junio de 1783; se trata de un poema tipo romance escrito en versos octosilábicos y que da cuenta de lo sucedido ese día en el convento.

La estructuración de la antología comprende, por tanto, textos que se agrupan del modo siguiente:

a) Prosa Virreinal: incorpora textos de Pedro de Valdivia, Jerónimo de Vivar, Alonso de Góngora Marmolejo, Pedro Mariño de Lobera, Alonso González de Nájera, Santiago de Tesillo, Alonso de Ovalle, Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, Diego de Rosales, Juan de Barrenechea y Albis, Sor Ursula Suárez,

Fray Juan Bernado Bell, Pedro de Córdova y Figueroa, Fray Miguel de Olivares, Juan Ignacio Molina, Felipe Gómez de Vidaurre, Vicente Carvallo y Manuel Lacunza.

b) Poesía Narrativa Virreinal: comprende textos de Alonso de Ercilla, Pedro de Oña, Diego Arias de Saavedra, Anónimo sobre Las guerras de Chile, Melchor Jufré del Aguila y Pancho Millaleubu.

c) Versificaciones virreinales: selecciona textos de autores conocidos como Oña, Núñez de Pineda, varias versificaciones de autores anónimos y de otros menos conocidos, así como de frailes.

d) Teatro Virreinal: antologa el anónimo Coloquio de La Concepción

e) Fuentes de referencia: procedencia de los textos y bibliografía seleccionada.

Sin duda que la antología de José Promis es un trabajo que viene a satisfacer una necesidad incuestionable, por cuanto como lo decíamos más arriba está destinado a servir de apoyo a la docencia de nivel de Enseñanza Media y superior. Además, el volumen servirá de lectura provechosa para todo lector interesado que quiera adentrarse en el conocimiento de nuestros escritos coloniales. La introducción de Promis a la obra es una documentada visión de los usos y costumbres coloniales relacionadas con la educación, la lectura, la escritura, la cotidianeidad. Del mismo modo, las entradas a cada texto seleccionado y al respectivo autor están en consonancia con el propósito de contextualizar este tipo de textos, muchas veces desconocidos o ignorados. Las notas a pie de página complementan lo anterior, ya que no sólo entregan información pertinente respecto del léxico utilizado por los escritores coloniales, sino también acerca de la cultura de la época.

En sentido estricto, la antología La Literatura del reino de Chile tiene el gran mérito de compendiar en un solo volumen los textos generados durante la Colonia; pero no solamente los textos o discursos canónicos sino también aquéllos injustamente olvidados o marginados por la crítica. Como lo hicimos notar en las líneas precedentes, la incorporación o ampliación del canon colonial con figuras como Sor Ursula Suárez o el texto milenarista del Padre Lacunza apuntan a una visualización más global y totalizante del fenómeno escritural de la Colonia, que abre para el lector especializado la posibilidad de estimular el diálogo interdisciplinario.

Hay que dejar constancia que los textos de los autores antologados constituyen selecciones muy bien escogidas de las obras y que, a través de ellos, se busca iluminar el sentido global de la obra de los cuales provienen. De este modo, el potencial lector que ingrese a los textos tendrá una visión panorámica de la literatura colonial chilena que necesariamente llevará, además, a la investigación e indagación en los distintos aspectos de la cultura colonial. En definitiva, la lectura del trabajo de José Promis permitirá al lector interesado no sólo tener el placer de reactualizar discursos de un pasado aparentemente remoto, sino también de descubrir ciertas recurrencias en nuestro devenir histórico.

 

 

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