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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.36 n.53 Valparaíso  2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342003005300001 

Revista Signos 2003, 36(53), 3-18

LITERATURA

"La fuente escondida": rescate y aporte de la producción lírica española en Chile por los españoles exiliados*

"La fuente escondida": Reinstatement and contribution of Spanish lyric production in Chile

 

Eduardo Godoy Gallardo

Universidad de Chile

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso


RESUMEN

Se quiere mostrar uno de los aportes culturales que el exilio republicano trajo a Chile: la creación de una Editorial, Cruz del Sur. Se ha escogido la colección La fuente escondida como representativa de dicho aporte que, además, significó un verdadero rescate ­desde Chile­ tanto de autores como de obras del Siglo de Oro español que permanecían en el olvido.

Palabras claves: lírica clásica, rescate, aporte, republicanos, vinculación España-Chile (Hispanoamérica).


ABSTRACT

The article's author wants to show one of the cultural contributions which the republican exile brought to Chile: the creation of Cruz del Sur Publishing House. "La fuente escondida" has been selected as an example of that contribution, one which meant a reinstatement ­from Chile­ of both authors and literary works of the Spanish Golden Age, that had been consigned to oblivion.

Keywords: classical lyric forms, preservation, heritage, republicans, relationship between Spain and Chile (Spanish american).


 

Los republicanos españoles que llegaron a Chile en condición de exiliados a consecuencias de la guerra civil (1936-1939) dejaron profundas huellas en distintas facetas de nuestra vida cultural: en Historia (Leopoldo Castedo); en Periodismo deportivo (Isidro Corbinos); en Filosofía (José Ferrater Mora); en Pintura (José Machado); en Pedagogía (Vicente Mengod, Eleazar Huerta); en Crítica del Arte (Antonio Rodríguez Romero); en periodismo (Vicente Mengod); en Arte Escénico (Margarita Xirgu, Santiago Ontanón); en Artes Gráficas (Mauricio Amster); en Literatura en sus distintas manifestaciones: Teatro (José Ricardo Morales); Novela (Pablo de la Fuente, Cástor Navarrete, Luis Magaña, Modesto Parera); Crítica literaria especializada (Eleazar Huerta); Educación Parvularia (Matilde Huici)... y otras.

Mención aparte merece la creación de la Editorial Cruz del Sur. Creada por Arturo Soria, tuvo como figuras centrales a José Ricardo Morales y a Mauricio Amster, tanto en la elección de las obras a publicar como en el diseño respectivo.

Dos fueron las líneas temáticas que centraron las colecciones de la Editorial: la primera de ellas bajo la denominación de Biblioteca Nuevo Mundo y que estaba integrada por Colección de Autores Chilenos (director José S. González Vera); Colección de Autores Peruanos (director Ricardo Latcham), Colección de Autores Bolivianos (director Mariano Latorre); Colección de Autores Argentinos (director Enrique Espinoza), Colección de Autores Colombianos (director Eduardo Carranza); Colección Residencia en la Tierra, obra poética de Pablo Neruda (director Juvencio Valle); la segunda estaba centrada en la producción española: La fuente escondida (director José R. Morales), Razón de vida (director José Ferrater Mora) y Divinas palabras (director José R. Morales).

En esta doble preocupación editorial se percibe la necesidad de integración que los exiliados sienten a la nueva tierra que los cobija: aquí está presente lo que posteriormente planteará el novelista Francisco Ayala en ¿Para quién escribimos nosotros? Y el crítico R. Marra-López al preocuparse de lo por él llamado testimonio americano (Literatura Española fuera de España, 1939-1961). Creemos que Carlos Bascuñán y Sol Serrano aciertan al sostener que la razón de ser de la creación de la Editorial obedecía a "la necesidad intrínseca de arraigarse, que coexiste en el exiliado con la nostalgia de la patria perdida que lleva a éste a descubrir el nuevo mundo. Y cómo ese "descubrimiento", sumado a la tradición que los exiliados portaban, da lugar a un proceso fundacional y simbiótico entre lo español y lo americano (La idea de América en los exiliados en Chile, Atenea. N°465, 1992, p. 129).

En esta ocasión nos referiremos sólo a una de esas colecciones: La fuente escondida. Integrada por diez volúmenes que vieron la luz entre 1943 y 1947 recoge textos y autores en ese período riquísimo que es el Siglo de Oro español: Romancero espiritual, de José de Valdivielso (publicado el 10 de mayo de 1943); Del crudo amor vencido, de Francisco de la Torre (10 de julio de 1943); Ocio manso del alma, de Francisco de Figueroa (1 septiembre de 1943); Orfeo, de Juan de Jáuregui (30 de diciembre de 1943); De tal árbol, tal fruto, de Autores anónimos (28 de marzo de 1944); La dulce lira, de Luis Barahona de Soto (26 de abril de 1944); Por la región del aire y la del fuego, de Juan de Tarsis y Peralta, conde de Villamedian (20 de diciembre de 1944); La vena rota, de Salvador Jacinto Polo de Medina (29 de diciembre de 1944); Admiración de maravillas, de Pedro Espinoza (12 de noviembre de 1946) y Jardines compuestos, reúne textos de Sebastián Francisco de Mediano y de Franciso de Rioja (12 de mayo de 1947).

En la declaración que el ensayista coloca para justificar la colección, sostiene: "...Algunos de los autores que en ella aparecen no tienen ediciones posteriores a las de su tiempo; otros, la mayor parte, carecen de recientes estudios que los justifiquen desde punto de vista actuales. No nos mueve en nuestro trabajo un afán exhumatorio de antiguos restos, suerte de arqueología literaria al alcance de laboriosos eruditos. Lo pasado, pasado. Pero lo eterno por vivo, debe ser revivido en cada época" (En las últimas páginas de cada texto).

José R. Morales lo ha reiterado en su Autobiograma (Revista Anthropos. N° 133, 1992, p. 24): "A mi manera de ver la Editorial Cruz del Sur representó, en uno de sus aspectos, la necesidad del desterrado de mantener su raíz originaria -su lengua, sus autores, sus clásicos- pero, además, significó nuestro afán de incorporarnos plenamente al país que nos acogía, sirviéndole con vigor, según nuestro leal saber y entender"

Lo que viene a continuación es una reseña crítica y expositiva de los diez volúmenres que integran la colección La fuente escondida.

I

José de Valdivielso (1560? ­ 1638) es autor de un libro que refleja la espiritualidad española del tiempo y que centra el interés de José Ricardo Morales en el texto que abre la colección que comentamos: Romancero espiritual del Santísimo Sacramento (Toledo, 1612). Es autor, además, de doce Autos Sacramentales, dos Comedias divinas, un poema narrativo y obras menores; pero es la mencionada, en primer lugar, su obra más representativa.

Del Romancero espiritual, ha dicho Alonso Zamora Vicente (Diccionario de Literatura Española, Revista de Occidente, Coordinado por G. Bleiberg y J. Marías, 1964, pp. 799-800): "Supo, como Lope de Vega, adivinar el extraordinario valor de las letrillas populares, que maneja con extraordinaria habilidad () Es una colección de poemillas, en los que se adaptan los cantares infantiles, los villancicos, etc., a los temas sacros de la Eucaristía. Las canciones populares toman, por la finura de su manejo, nueva vida poética, de tonos amables", a la vez que el prologista sostiene que: "La ternura fue su fuerte. Muy a su gusto se le siente en la evocación de escenas humildes divinas personas ­Jesús, María y José-, familiar con la que fuera Sagrada, infantil hasta la ingenuidad, tanto que, si de algo peca es de inocencia. Delicado, tierno () careció del aliento suficiente para coronar sus poemas extensos -Sagrario de Toledo, Vida del Patriarca San José- cuya intención aleccionadora, edificante, se le desvae al construir tan dilatadas e inseguras obras" (p. 9). Respecto a su relación con las canciones amorosas, de corte popular, y su vinculación con su versión a lo divino, toca de plano el problema de la tradicionalidad. Morales sostiene que: "Escrito el Romancero Espiritual cuando las seguidillas adquirieron su mayor variedad, dotadas por entonces de música peculiar; convertidos los villancicos en opereta sacra, al incluirlas en las representaciones lírico-religiosas, y transformadas las ensaladillas con el criterio unitario de las artes barrocas, en Valdivielso la tradición no era traición a su tiempo ni al pasado, sino voluntario trabajo sobre formas pretéritas, revividas con diferente acento, luminosamente puestas al día" (p.12).

Dos líneas, entonces, son encontrables en su creación poética: por un lado la presencia de los temas sagrados: por otra, la de lo popular, pero ambas vinculadas estrechamente con la tradición.

Damos, a continuación, ejemplos de cada uno. De la línea sagrada un Villancico al encerrar al Santísimo Sacramento; de la segunda, unas Seguidillas:

a) Ya no verán mis ojos

cosa que las dé placer

hasta volveros a ver

 

Quien llenar pudo el deseo

Del bien que en vernos se encierra,

¿qué podrá ver en la tierra

que no le parezca feo?

En Vos cuanto quiero veo

Y sin Vos no hay qué querer

Hasta volveros a ver.

 

Cuando mirándoos estoy,

estoy otro del que fui,

que sin veros no me vi,

y mirándoos veo quien soy.

Tras Vos con los ojos voy,

pues no los he menester

Hasta volveros a ver.

 

Si os vais, divino manjar,

llevad mis ojos tras Vos,

que ojos que vieron a Dios,

¿qué pueden sin Dios mirar?

Veros, Señor, es gozar,

Y no veros padecer.

Hasta volveros a ver.

 

b) Libre ser solía,

vendido muero;

nadie fíe, madre,

de ingratos pechos.

 

Con fingido trato,

madre, un falso amigo

que cenó conmigo

en mi mismo plato

me vendió al ingrato

como a un cordero,

nadie fía, madre,

de ingratos pechos.

 

Dábale mi lado,

el plato le hacía,

con él repartía

el mejor bocado;

mas en buen mercado

vendió al hijo vuestro:

nadie fíe, madre

de ingratos pecho.

 

Sus plantas desnudas

lavé con mi llanto,

con ser Jueves Santo

Fue conmigo un Judas.

Con extrañas crudas

me dio traidor beso:

nadie fíe, madre,

de ingratos pechos.

II

El tomo siguiente está dedicado a Francisco de la Torre (¿1534?...), poeta salmantino cuyas obras fueron dadas a conocer por Quevedo en 1631, de quien Alonso Zamora Vicente (Diccionario de Literatura Española, cit. P. 775) sostiene que "es la figura más destacada de la escuela salmantina, con matiz pretarquista". Se incorpora una selección poética bajo la denominación de Del crudo amor vencido. Revisar su obra es entrar en relación con una serie de motivos caracterizadores de la lírica renacentista y, en especial, resuena la voz de Garcilaso de la Vega. Para José R. Morales, su poesía destaca no sólo por sus aspectos formales, sino que, también, por su temática: "Su originalidad reside, sobre todo, en los tiernos y delicadísimos motivos que incorporó a la lírica de entonces, muy próximo a algunos libro poéticos de la Biblia, especialmente al Cantar de lo Cantares. La noche, encubridora del amor cantada como a poco hicieron los místicos, las estaciones del año con su cambiante ropaje, invocaciones a los dioses, temas venatorios, ofrendas y sacrificios, ciervos heridos, tórtolas parleras, yedras caídas y arruinados troncos, aparecen en melancólica teoría, concediendo a su obra el más emocionado acento elegíaco" (pp. 12-13).

La noche, como refugio y confidente, las aves como depositarias de su dolor, la presencia de la tórtola solitaria y dolorida, el roble como símbolo del amor y la yedra desprendida y deshojada del olmo que la sustenta, las lágrimas que caen sobre las duras piedra, la doliente cierva herida recrean un escenario en donde resuena el amor dolorido, deseado y perdido.

Véase, por ejemplo, este poema centrado en la noche como depositaria del amor:

"¡Cuántas veces te me han engalonado,

clara y amiga noche! ¡Cuántas llena

de oscuridad y espanto, la serena

mansedumbre del cielo me has turbado!"

Estrellas hay que saber mi cuidado

y que se han regalado con mi pena,

que entre tanta beldad, la más ajena

de amor tiene su pecho enamorado.

 

Ellas saben amar y saben ellas

que he contado su mal llorando el mío

envuelto en las dobleces de tu manto.

Tú, con mil ojos, noche, mis querellas

oye y esconde, pues mi amargo llanto

es fruto inútil que al amor envío.

III

Ocio manso del alma es parte del primer verso de uno de los más significativos sonetos de Francisco de Figueroa (1536-1617?) del que se vale José Ricardo Morales para titular la entrega lírica del poeta en la colección que comentamos. Comparte la calificación de "divino" con Fernando de Herrera (1534-1587), y es uno de los excelentes líricos de su tiempo. Recoge la tradición poética italiana, en especial de Petrarca que le llega por medio de Garcilaso: "es un petrarquista integral, de formas y de motivos, pero a través de Garcilaso, cuyas huellas sigue con fidelidad. La naturaleza y la melancolía garcilasiana reaparecen en los versos de Figueroa (). Sin embargo, no se trata de un remedo garcilasista. Figueroa resucita y re-crea a Garcilaso, y el fondo de analogías no es otra cosa que mudo testimonio de admiración" (Alonso Zamora Vicente, Diccionario, cit., p. 298); pero, además, en su temática se advierte la huella de Quevedo, como lo anota el prologista: "La gloria que huye cual sueño o sombra, la caducidad de la existencia, la sepultura abierta, el tiempo agostando la vida, la resignación a hacerse polvo, son ideas que corresponden por entero al repertorio quevedesco, constituyendo a la par uno de los aspectos más inalienables de la poesía de Figueroa". (p. 12).

En ese temple de ánimo señalado que lo lleva a quemar sus obras. Las que se salvaron fueron editadas en Lisboa en 1626. De sus innumerables sonetos -cincuenta y nueve son los recopilados en esta edición- hemos seleccionado uno de raíz quevedesca:

Bien te miro correr, tiempo ligero,

cual por mar llano, despalmada nave,

antes volar, como saeta o ave

que pasan sin dejar rastro o sendero.

 

Yo dormido en mis daños perservero,

tinto de manchas y de culpas grave,

y siendo fuerza que me alivie y lave

llanto y dolor aguardo el día postrero.

 

Esta no sé cuándo verná; confío

que ha de tardar, y es ya quizá llegado,

y antes será pasado que creído.

Señor, tu soplo aliente el albedrío,

despierta al alma, al corazón manchado

limpia, y ablando el pecho endurecido.

IV

Juan de Jáuregui (1583-1641) construye un largo poema en torno al mito de Orfeo, "el cantor solitario", bajo su mismo nombre. Dicho mito nos remite a la historia del amante desconsolado que desciende al Hades para encontrar a su esposa Eurídice. Su origen se pierde en el tiempo y su nombre se encuentra, incluso, en poetas anteriores a Homero. Significativo es su incorporación en el libro X de las Metamorfosis de Ovidio y en el libro IV de las Geórgicas de Virgilio. Jáuregui recoge esta tradición en Orfeo, publicado en Madrid en 1624 y dedicado al Conde-Duque de Olivares. Para Manuel Altolaguierre se constituye en un verdadero monumento literario y en opinión del prologista-editor es "espléndida construcción, edificio de barroca facha en el que la pompa y el ornato verbales se aploman y cimentan sobre la firme estructura de las octavas, perfectas, limpias, hermosamente conseguidas" (p. 16).

El Orfeo de Jáuregui está compuesto por ciento ochenta y cinco octavas reales, las que se dividen en cinco cantos y se vincula con las Metamorfosis de Ovidio:

1. En el Canto Primero se relatan los esponsales de Orfeo y Eurídice, en los cuales junto al ambiente alegre y esperanzador, propio del momento, surgen los augurios que se concretan en el canto triste de un ave, de la tea nupcial que se apaga y la presencia de epítetos relativos con lo negativo. Los agüeros se cumplen al ser envenenada por una serpiente, pisada al huir a través del bosque, lo que da origen al canto triste y dolorido de Orfeo. Las últimas octavas se llenan de ese sentimiento y transmiten, similarmente, el dolor garcilasiano:

Tristezas canta que en el alma ofenden

en metros tan acordes y suaves

que el vuelo y la carrera le suspenden

condolidas las fieras y las aves.

Buscan su voz y su terneza aprenden

los troncos yertos, los peñascos graves;

las corrientes al métrico lenguaje

se impelen con retrógrado viaje.

 

2. En el Canto Segundo se acentúa el clima tenebroso, pues Orfeo baja a los infiernos en busca de Eurídice. La descripción de este espacio acentúa los rasgos lóbregos del ambiente, en que los gritos de los condenados alcanzan su grado máximo. Todo es sinónimo de lo horrible. Examínese, por ejemplo, esta estrofa:

Nunca por yerro de accidente en esta

laguna o risco, o selva retejida,

vil pece, tosca fiera, ave funesta,

gruta o cueva recoge, árbol anida;

el denso evaporar el aire infesta:

toda la estancia es odio de la vida

y en su distrito con silencio advierte

que se origina el reino de la muerte.

 

3. En el Canto Tercero, Orfeo logra recuperar a su esposa, pero se le impone una condición: no debe mirarla mientras regresa a casa, lo que no cumple y, por lo tanto, la pierda para siempre.

El instante preciso en que viola la promesa, se encuentra en estos versos:

Turbó el recelo acciones al sentido,

cegó prudencias al discurso inquieto,

tal que introdujo en la memoria olvido

que violó de Plutón el gran preceto.

Vuelve la vista, ¡ay triste!, inadvertido

y apenas mira el procurado objeto,

que anhelando los ojos su presencia

siglos fulminan de llorosa ausencia.

 

Las nueve estrofas, que cierran el canto ejemplifican el dolor de Orfeo por la pérdida de su amada.

4. El Canto Cuarto se concentra en el canto de Orfeo y en los efectos maravillosos que produce en su entorno. Toda la Naturaleza se conduele de su sentir y se siente solidaria de su dolor. Las treinta y nueve estrofas que componen el Canto transforman el espacio, y en él lo imposible se hace posible:

A pacíficos tigres y leones

seguro se avecina el corzo y gamo;

hacen las aves míseras y halcones

alcándara común de un solo ramo;

no maquinan asaltos los dragones

del conejuelo tímido al reclamo;

halla libre, con arrimo estrecho,

junto al galgo veloz guardado lecho.

5. La muerte de Orfeo es el tema del Canto Quinto, el que perece con el nombre de su esposa en sus labios:

La vida entre los últimos alientos

despide el labio que inspiró mil vidas

y el resonar "Eurídice" en voz clara

fue el alma que su pecho desampara.

Las causantes de su muerte son los Bacantes, las que por tal razón son transformados en árboles.

En este largo poema se han destacado sus cualidades literarias en relación con la práctica poética de entonces, a la vez que se ha hecho hincapié en el valor que el cultivo de la música y del canto tiene en manos del héroe.

V

La presencia de la poesía anónima y popular, nacida desde lo más íntimo del pueblo español, configura uno de los volúmenes seleccionados por José R. Morales bajo el título de De tal árbol, tal fruto. En él se recopilan un crecido número ­noventa para ser exactos­ de tales expresiones. Casi en su totalidad están motivadas por el sentimiento amoroso: el amado y la amada dan libre expresión a sus problemas íntimos generados por la presencia, espera y ausencia del otro; por la correspondencia plena o no del amante; por la melancolía, desengaño, alegría y pesar del encuentro o desencuentro; goces y amarguras; aceptaciones y desdenes: todo ello puede expresarse en apenas dos o tres versos y en poemas un poco más largos, pero siempre es la brevedad lo que los caracteriza: son breves chispazos que revelan el impacto instantáneo de la creación poética.

Daremos, a continuación, algunos ejemplos de esta antología, con el temor de dejar fuera a verdaderas creaciones artísticas:

1. Al cantar de las aves

mi amor se durmió;

¡ay Dios quien llegara

y le preguntara

qué es lo que soñó!

 

2. Cuando taño y repico al alba,

no repico ni taño al alba;

sino que taño y repico

a que salga mi lindo amor.

Sabed, mi dulce enemigo,

que ni taño al alba yo,

no es porque está cerca el día,

sino porque salgáis vos.

 

3. En la fuente del rosal

lavan la niña y el doncel.

En la fuente de agua clara

con sus manos lavan la cara,

él a ella y ella a él,

lavan la niña y el doncel.

 

4. A los baños del amor

sola me iré

y en ellos me bañaré.

Porque sane deste mal

que me causa desventura,

que es un dolor tan mortal

que destruya mi figura.

 

A los baños de tristura

sola me iré

y en ellos me bañaré.

 

5. Doncella no preguntéis

quién es de mí más querida,

que mejor la conocéis

que persona desta vida.

 

Ella es de la presencia

cual vos misma se demuestra;

no hay alguna diferencia

de su persona a la vuestra.

Por ende no preguntéis

quién es de mí más querida,

que mejor la conocéis

que persona desta vida.

 

6. Quiero dormir y no puedo

que el amor me quita el sueño.

 

Manda pregonar el Rey

por Granada y por Sevilla

que todo hombre enamorado

que se case con su amiga.

 

Quiero dormir y no puedo

que el amor me quita el sueño.

 

Que todo hombre enamorado

que se case con su amiga;

¿qué haré, triste cuitado,

que era casada la mía?

 

Quiero dormir y no puedo

que el amor me quita el sueño.

VI

La dulce lira recoge la producción poética de Luis Barahona de Soto (1548-1595), poeta andaluz que destacó por sus Las lágrimas de Angélica (Granada, 1586) en que desarrolla lo sucedido entre Angélica y Medoro en Orlando furioso de Ariosto; este es uno de los libros que se salvan de ser quemados en el escrutinio de la biblioteca de don Quijote: al reconocerlo dijo el cura: "-Llorárales yo () si tal libro hubiera mandado quemar, porque su autor fue uno de los famosos poetas del mundo, no sólo de España" (El Quijote, capítulo V, 1605).

 

Se seleccionan dos fábulas, cuatro madrigales, ocho sonetos, una canción, una elegía y una égloga. En ellas se aprecia que siguió los modelos de Garcilaso y de sus continuadores castellanos "en especial ­señala el prologista­ con Francisco de la Torre y Francisco de Figueroa" (p.12).

Se ha seleccionado un madrigal de corte amoroso; en él se aprecia una gradación que va desde el primer verso al último que se convierte en una verdadera explosión:

Los ojos puso en mí más que solía

aquella que a los míos fue tan cara,

y vióme allá en su cara

puestos los que faltaban en la mía.

Rióse, como aquella que sabía

más de mi corazón que si hablara,

y conoció a la clara

el mal que remediar ya no podía.

Cubrió sus ojos una luna llena

de amoroso rocío

y una piadosa pluvia sus mejillas;

soltó de risa bien copiosa vena

y en ella de piadoso humor un río.

¿Quién vio en amor tan grandes maravillas?

VII

Juan de Tassis y Peralta, conde de Villamediana (1582-1622). Sus Obras fueron publicadas póstumamente en 1629. Se recoge un muestrario poético con la denominación de Por la región del aire y la del fuego, verso de uno de sus poemas. Alonso Zamora Vicente (Diccionariocit, p. 822) destaca que fue: "un satírico punzante, agresivo, que atacó, sin recato, a toda clase de personas, sobre todo las destacadas en política"; pero desarrolló, también, una línea radicalmente diferente que es la que se muestra preferentemente en esta revisión de su poesía realizada por José Ricardo Morales.

El prologista sostiene que esta selección tiene un doble valor: "Inédito en su casi totalidad desde el siglo XVII, los sonetos recogidos en las hojas que se siguen, ramo de los más preciados que el conde compuso, cercioran sobradamente de cuál hondura y cuánta perfección supo darles Villamediana, en cuya forma lírica, como en ninguna otra, su lozano talento prorrumpe y verdea" (p. 11)

Se ha señalado, siempre, como prueba de su maestría compositiva el soneto escrito con ocasión de la muerte de la reina Margarita:

Del cuerpo despojado el sutil velo,

como parte inferior la tierra esconde,

el alma no, que Dios la tiene donde

de gloriosa virtud alcanza el vuelo.

 

Y aunque a las prendas que dejó en el suelo

ya con mortales voces no responde,

al común llanto en ira corresponde,

si irá de común llanto llega al cielo.

 

Que la por virtudes y por fama,

una vida mortal y transitoria

por dos eternas vidas ha trocado,

ya las lágrimas culpa, que derrama

el ciego y tierno afecto lastimado

que no repite el llanto con su gloria.

VIII

La vena rota es el título que resume la producción poética seleccionada de Salvador Jacinto Polo de Medina (1603-1676), poeta murciano que publicó obras importantes en su época, de las que cabe mencionar Academias del Jardín (1630), Ocios de la soledad (1633) y El gobierno moral, A. Lelio (1657) entre otros.

De la primera, dice José R. Morales: "es producto de una curiosa modalidad social que el arte poético originó en algunas sociedades españolas a fines del siglo XVI y a principios del siguiente. Acostumbróse, por entonces, a reunir en competencia a varios poetas, quienes celebraban justas sobre temas dados, o bien, daban a conocer, valiéndose de ese medio, sus últimas producciones líricas. Generalmente, las dichas fiestas se celebraban en torno a un vate de renombre, quien les daba autoridad y a cuya personal preceptiva correspondían las obras leídas. Un vivo sentido de escuela se advertía en muchas Academias () se sigue un procedimiento característico del barroco -la mezcla de prosa y verso- pasándose insensiblemente de la una al otro mediante el tema unificador que los enlaza. Constituye, por lo tanto, una antología de distinto poetas, ocultos algunos bajo seudónimos que los hacen de difícil identificación, y tiene el gran mérito de ser una de las mejores muestras de producción de grupo que nos resta de dicha época" (p. 10). Ocios de la soledad es considerado "valiosísimo por la original manera de rehuir el consabido Beatus ille de Horacio, motivador de mucha de nuestra poesía campestre..." (p. 13), a la voz que Lelio ­personaje a quien va dirigido­ El gobierno moral "...representa uno de los tipos del ideal humano de la Contrarreforma, parangonable con los imaginados por Gracián, tácita respuesta de la nueva época al hombre característico del Renacimiento, creado por Maquiavelo" (p.15).

Como ejemplo de su poesía, entregamos el Soneto a un amante preso:

Prisionero infeliz, donde no expira

aura suave ni apacible viento,

mis penas lloro, mis desdichas siento,

que hiere un mal cuando otro se retira.

 

Pájaro así que en libertad se mira,

solo a su voz y a la del aire atentos

lamenta la pasión, gima al tormento,

cuando el perdido bien preso suspira.

 

Rigor fue de fortuna, que previno

-Tirana siempre de mi amor al fuego-

inhumana crueldad, bárbaros lazos.

 

Oh rapaz, tú en vitoria peregrino,

¿por qué permitas, pues te sigo ciego,

cadena injusta a mis amantes brazos?

IX

La obra de Pedro de Espinosa (1578-1650) es agrupada bajo la denominación común de Admiración de maravillas y se compone de Sonetos, Fábula de Genil, Canciones, Psalmos y Soledades. La crítica ha destacado sus Soledades: Soledad de Pedro de Jesús (nombre adquirido al optar por la vida religiosa) y Soledad del Gran Duque de Medina Sidonia. Este último, según el prologista es "concebida como una variante de la Soledad anterior, en cuyo nuevo poema recrea la ordenada naturaleza del huerto que trabajara con sus manos" (p. 9).

Destaca, también, en Las flores de poetas ilustres (1605), que ha sido calificado como "un verdadero monumento de la sensibilidad lírica de la época" (Diccionario ...cit. p. 270). En esta Antología están presentes tanto poetas muertos (Fray Luis de León, Camoens y otros), como vivos (Quevedo, Góngora, Lope de Vega).

Como representativo de su arte poética, transcribimos los primeros veintiséis versos del Psalmo primero que revelan la admiración ante el proceso creativo divino:

Pregona el firmamento

las obras de tus manos,

y en mí escribiste un libro de tu ciencia;

tierra, mar, fuego, viento

publican tu potencia

y todo cuanto veo

me dice que te ame

y que en tu amor me inflame;

mas mayor que mi amor es mi deseo.

Mejor que yo, Dios mío, lo conoces;

sordo estoy a las voces

que me dan tus sagradas maravillas

llamándome, Señor, a tus amores.

¿Quién te enseñó, mi Dios, a hacer flores

y en una hoja de entretalles llena

bordar lazos con cuatro o seis labores?

 

¿Quién te enseñó el perfil de la azucena,

o quién la rosa coronada de oro?,

reina de los olores,

y el hermoso decoro

que guardan los claveles,

reyes de los olores,

sobre el botón tendiendo su belleza?

 

¿De qué son tus pinceles,

que pintan con tan diestras sutileza

las venas de los lirios?

..........

El Salmo, en su totalidad, es un verdadero canto de amor y admiración ante la Creación.

X

La escogida producción de dos poetas, Sebastián Francisco de Medrano y Francisco de Rioja, configuran el tomo que lleva el título de Jardines Compuestos. El primero vive entre los años 1570-1607 y el segundo entre 1583 y 1659.

La poesía de Medrano se compone de 34 odas y 52 sonetos y su temática abarca tópicos amorosos, elegíacos y ascéticos. Una visión desencantada del mundo caracteriza su temple poético, pareciera que todo se destruye con el peso del tiempo: como muestra de lo afirmado ahí está su A las ruinas de Itálica (p. 22):

Estos de pan llevar ahora,

fueron un tiempo Itálica, este llano

fue templo, aquí a Teodosio, allí a Trajano

puso estatuas su patria vencedora.

 

En este cerco fueron Lamia y Flora

llama y admiración del vulgo vano;

en este cerco al luchador profano

del aplauso esperó la voz sonora.

 

¡Cómo feneció todo! Ay, más seguras,

a pesar de fortuna y tiempo, vemos

éstas y aquellas piedras combatidas.

 

Mas si vencen la edad y los extremos

del mal piedras calladas y sufridas,

suframos, Amarilis, y callemos.

 

Francisco de Rioja es un poeta en que predominan los motivos barrocos del desengaño y la tristeza, a la vez que lo embarga un profundo sentido de la naturaleza, el que se expresa en su preferencia por las flores (A la arrabalera, Al clavel, A la rosa amarilla, Al jazmín, A la rosa), por las estaciones (Al verano), al efecto del paso del tiempo (A las ruinas de una ciudad sepultada en el mar, A las ruinas de la Atlántida), la admiración por lo pequeño y por el dominio de la fugacidad del tiempo.1

A la rosa es una composición que ilustra lo que se sostiene:

Pura, encendida rosa,

émula de la llama

que sale con el día,

¿cómo naces tan llena de alegría

si sabes que la edad que te da el cielo,

es apenas un breve y veloz vuelo?

Y no valdrán las puntas de tu rama,

ni púrpura hermosa,

a detener un punto

la ejecución del hado presurosa.

El mismo cerco alado

que estoy viendo riente,

ya temo amortiguado,

puesto despojo de la llama ardiente.

Para las hojas de tu crespo seno

te dio Amor de sus alas blandas plumas,

y otro de su cabello dio a tu frente.

¡Oh fiel imagen suya peregrina!

 

Bañóte en su color sangre divina

de la deidad que dieron las espumas.

¿Y esto, púrpura flor, esto no pudo

hacer menos violento el rayo agudo?

Róbate en una hora,

róbate licencioso su ardimiento,

el color y el aliento;

tiendas aun no las alas abrasadas

y ya vuelan al suelo desmayadas.

Tan cerca, tan unida

está al morir tu vida,

que dudo si en sus lágrimas la aurora

mustia tu nacimiento o muerta llora.

 

CONCLUSION

La revisión que se ha realizado de los diez volúmenes que conforman la colección La fuente escondida de la Editorial Cruz del Sur certifica uno de los aportes claves al conocimiento de un momento ­y de un género literario­ importante a la cultura chilena. El Siglo de Oro español marcó pautas en el desarrollo literario y esta muestra es prueba palpable de ello: los autores seleccionados van desde 1534, fecha de nacimiento de Francisco de la Torre, hasta 1676, fecha de muerte de Salvador Jacinto Polo de Medina: entre esos años se plasma una manera de ver y sentir que configuran en forma definitiva el espíritu hispánico. Además, el volumen número cuatro trae un repertorio lírico popular y anónimo, cuyas raíces se hunden en el Medioevo y se proyectan hacia el Renacimiento, Barroco y Manierismo de los siglos siguientes.

Por otro lado, editar producción lírica en Chile, en esos momentos, no sólo significó trasladar ese sentimiento hasta esta tierra para reencontrarse con él, sino para proyectarla hacia Chile, en una clara y concreta conexión espiritual.

 

NOTAS

1 Durante largo tiempo se le atribuyó la autoría de dos composiciones consideradas clásicas: Canción a las ruinas de Itálica y la Epístola moral a Fabio, ambas autorías han sido desechadas por la crítica moderna.

 

*Ensayo redactado en el marco del Proyecto Fondecyt N° 1020-792

 

 

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