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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.36 n.54 Valparaíso  2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342003005400004 

Revista Signos 2003, 36(54), 177-182

LITERATURA

La textura picaresca y meta-picaresca en Moll Flanders de Daniel Defoe

Picaresque and Meta-Picaresque Traits inDaniel Defoe's Moll Flanders

 

Andrés Ferrada
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Chile

Dirección para Correspondencia


RESUMEN

En su novela Moll Flanders de 1722, el autor inglés Daniel Defoe elabora un espacio narrativo caracterizado por su propia impostura y la de la protagonista. Mientras el autor transforma deliberadamente su dimensión de autor en la de editor, Moll experimenta mutaciones físicas, sociales y morales en un contexto episódico que revela tanto la picardía del personaje como la de su creador. Ambos procesos están caracterizados por la simulación, uno de los rasgos esenciales al momento de evaluar la textura picaresca de la obra.

Palabras Clave: impostura, relato episódico, manipulación narrativa, rasgos picarescos.


ABSTRACT

In Daniel Defoe's 1722 Moll Flanders it is possible to appreciate how the author constructs a narrative context that features his own imposture and that of his protagonist. While the author deliberately transforms his authorial dimension into an editorial one, Moll experiences physical, social, and moral mutations within the episodic progression of the events which conveniently exposes the picaresque traits of both author and character. Both processes are geared by the act of simulation, a key element at the moment of assessing the picaresque texture of the work.

Keywords: imposture, episodic progression, narrative manipulation, picaresque traits.


 

INTRODUCCION

Antes de iniciar la discusión que da título al presente trabajo, creo necesario referirme a la estructura episódica de la obra de Daniel Defoe. Dicha estructuración no sólo evidencia un acabado tratamiento formal de la novela, sino también los modos en que dicho enfoque narrativo potencia la sucesión cronológica de las picarescas aventuras y desventuras de Moll Flanders. Tanto una lectura detallada de la novela, como las evaluaciones literarias decimonónicas de que ha sido objeto, permiten aseverar que uno de sus rasgos formales distintivos es la progresión episódica de los eventos.

Los sucesos de la novela ocurren en la Inglaterra del siglo XVII, en la ciudad de Londres y su tristemente célebre prisión de Newgate, Bath, el condado de Lancashire y las plantaciones de tabaco en la colonia inglesa de Virginia en Estados Unidos. La trama se divide esencialmente en dos partes. La primera (y más extensa) se concentra en el rol de esposa de la heroína, mientras que la segunda expone su iniciación y desenvolvimiento en el mundo criminal. La primera parte se compone de cinco episodios principales que terminan ya sea con la muerte o el distanciamiento de uno de los esposos. Dos de estos episodios son de particular interés en cuanto a su nexo con eventos posteriores. Uno de ellos se refiere al tercer matrimonio de la protagonista con su propio hermano, Humphrey, sin que ellos lo sepan. Ambos deciden trasladarse a Virginia y es aquí donde Moll, previa confesión de su madre, descubre el vínculo incestuoso que la une a su marido.

La segunda parte desarrolla las peripecias de Moll en su papel de ladrona. Los eventos relatados en esta sección conducirán a su arresto en la prisión de Newgate, a su reencuentro con James, su cuarto esposo, en el mismo recinto carcelario y a su expatriación a la colonia sureña de Virginia, en Estados Unidos donde se reunirá con su familia. Eventualmente, entonces, las experiencias criminales de Moll originan una conexión relativamente orgánica con dos de los episodios principales de la primera parte, facilitando así una conclusión causal de la trama.

En cuanto a su estructura, Moll Flanders asume algunas de las convenciones formales propias de la biografía criminal, un sub-género narrativo ampliamente difundido durante los siglos XVII y XVII que, en ocasiones, rivalizaba con las producciones literarias ficticias. Durante el período muchas ejecuciones solían acompañarse con la venta de la biografía del sentenciado, en la que se enfatizaba el arrepentimiento del mismo con un fin moralizador. Por tal razón la publicación de las biografías se limitaba sólo a aquellas en las que su autor se confesaba un "verdadero penitente." La organización de la novela de Defoe, tanto estructural como temáticamente, se centra en las memorias de una Moll Flanders ya madura en las que, a diferencia de la biografía criminal, no encontramos indicios claros de su arrepentimiento ni tampoco asistimos a su muerte. En tal sentido, el manejo interpretativo que el autor realiza en torno a los propósitos edificantes de la biografía criminal se convierte en una transgresión al servicio de los rasgos picarescos evidenciados en la caracterización de la protagonista. Como veremos más adelante, el desenfadado y la indulgencia convergen generosamente en la evaluación retrospectiva que Moll hace de su vida.

Cuando Moll se encuentra recluida en Newgate recibe la visita de Paul Lorrain, clérigo de la prisión que la persuade al arrepentimiento. Moll recuerda que éste, "[...] trató con todo el poder de su investidura hacer que confesara mi crimen (aunque ni siquiera sabía el porqué yo estaba allí), enfatizando que sin mi arrepentimiento Dios no me perdonaría [...]. Sus palabras no me dieron el menor consuelo; y al ver cómo la pobre criatura me sermoneaba sobre la confesión y la penitencia para después encontrarlo borracho con brandy al mediodía sentí ganas de no verlo más"1. Es un ministro enviado por una de sus amigas el que, al parecer, la incita con mayor éxito al arrepentimiento. "El", reflexiona la protagonista, "avalaba sus discursos con pasajes de las Escrituras, que habrían hecho arrepentirse al pecador más grande" (Defoe, 1994: 156-157). De este modo, la novela Moll Flanders parodia tanto el concepto de conversión espiritual como el de castigo social, ambos ingredientes fundamentales de la biografía criminal.

Considerada en su unicidad y en relación con las obras noveladas de Defoe, Moll Flanders sintetiza los elementos narrativos y temáticos más sobresalientes en la carrera literaria del autor:

a) Una propensión sistemática al juego de roles y la impostura.

b) Un realismo minucioso de carácter prosaico que, en casos extremos, convierte a la realidad social en espejo de la ficción, invirtiendo así el paradigma mimético. En este sentido, Moll Flanders se convierte en una narración subversiva en la que la naturaleza imita al arte.

Ferrada, A. / La textura picaresca y meta-picaresca en Moll Flanders de Daniel Defoe

c) Una acabada relación de las transacciones económicas entre los personajes mediante una cuidadosa y generosa descripción de ganancias y pérdidas monetarias.

Rasgos picarescos presentes en el autor y su personaje

La sensibilidad visionaria que caracteriza a Defoe como novelista adquiere tonos magistrales a partir de 1719, año en que se publica The Strange Surprising Adventures of Robinson Crusoe, probablemente la más famosa de sus obras narrativas. El siguiente año vería la publicación de una secuela titulada Farther Adventures of Robinson Crusoe y la colección de ensayos Serious Reflections on The Strange Surprising Adventures of Robinson Crusoe. A éstas se sucederían Moll Flanders en 1722 y Roxana en 1724. Además del corpus canonizado de novelas, Defoe elaboró una serie de ensayos, tratados y crónicas en los que abordó con ironía y lucidez crítica las complejas realidades políticas, sociales y religiosas de su tiempo. El hecho que la producción narrativa de Defoe es tan variada como prolífica explica la evidente desorganización presente en la estructura general de sus obras noveladas, y la noción recurrente que la perspicacia narrativa del autor favorece más bien el cúmulo de detalles en cada episodio que la concordancia de los mismos a lo largo de la obra. En tal sentido la escritura de Defoe en Moll Flanders se caracteriza por una concentración minuciosa en aspectos discretos que arrojan luz sobre las motivaciones de la protagonista.

Otro aspecto de particular interés referido al tratamiento narrativo de Defoe o su postura frente a la ficción que crea lo encontramos en la sinopsis de la novela. En ella, Defoe adopta la persona pública de un editor que nos dará a conocer:

"Las fortunas y desgracias de la famosa Moll Flanders, nacida en Newgate, y quien durante una vida de más de tres décadas de continuas aventuras [...] fue prostituta doce años, esposa en cinco ocasiones (en una de ellas de su propio hermano), ladrona otros doce, una extraditada criminal en Virginia ocho años, para finalmente convertirse en una mujer adinerada, de vida honesta y una penitente hasta el día de su muerte." El editor concluye la sinopsis con la breve pero sugerente indicación: "tales hechos escritos a partir de sus propias memorias" (Defoe, 1994: vi).

Esta sinopsis advierte la autenticidad de la historia que adquiere un carácter verosímil al igual que el prefacio, en el que Defoe, asumiendo la impostura de un editor, clarifica que su intervención se ha limitado a recopilar y editar las supuestas memorias. En este sentido, el editor reconoce haber alterado parte de las memorias, reemplazando algunos términos por "palabras más decorosas, ya que la copia que llegó a mis manos ostentaba un lenguaje más digno de la prisión de Newgate que de una que se dice Penitente y Arrepentida, como ella misma asegura más adelante".

Probablemente el significado más próximo al contexto narrativo de Moll Flanders de los términos pretensión y pretender es el que registra el Johnson's Dictionary en su edición de 1755, treinta años después de la primera publicación de la novela en 1722. En él se define el concepto pretender de la siguiente forma: "Aseverar con falsa o verdadera intención una determinada proposición [o postura]. El término se emplea casi siempre con un dejo de censura" (Hibbert, 1998: 122).

Es precisamente el acto de pretender ser lo que no se es en esencia mediante el disfraz de la apariencia el fenómeno que expande los criterios evaluativos de la obra de Defoe. En consecuencia, en lugar de concentrarse en la progresión de las aventuras y desventuras de la heroína en el desarrollo episódico de la trama, tanto la obra como el proceso de lectura se enriquecen críticamente al cuestionar:

a) primero, un relato que se hace pasar por historia,

b) segundo, la mutación de Defoe en la estructuración de su ficción al despojarse de su rol de autor y disfrazarse con el de editor y

c) tercero, el supuesto arrepentimiento de la protagonista, expresado con el epíteto de "penitente" pero jamás actualizado en una postura ética consecuente con la profusa aparición del mismo en los capítulos finales de la novela.

Dicho cuestionamiento es potenciado por el propio "editor" en la página que presenta el título y la sinopsis de las "memorias", y en la que nos invita a convertirnos en esos lectores "que saben cómo leer el relato". Es evidente que el juego deliberado que Defoe propone con el fin de ensombrecer los límites entre ficción y realidad admite no sólo una interpretación meta-ficticia de la obra, sino que también sugiere la dimensión picaresca del propio autor frente a su narración. De esta forma, tanto el escritor como su escrito logran aquella anhelada "otra identidad" gracias a la composición en forma de memorias de la novela que, a fin de cuentas, evidenciaría también un carácter meta-picaresco. En otras palabras, y sólo considerando la plausibilidad de esta perspectiva, podríamos definir Moll Flanders como una novela picaresca originada conceptual y técnicamente mediante una de las estrategias pícaras por excelencia: la impostura.

Ahora bien, a nivel ficticio la sustancia picaresca de la novela se evidencia en los diferentes roles que la heroína asume a lo largo del relato. Uno de los rasgos constitutivos de su carácter es la aspiración; el deseo de convertirse en otra a través de la negación consciente de su propio yo que dará paso, eventualmente, a la formalización de una nueva persona pública que es la de una dama. El término en inglés es el de gentlewoman, designación que también experimentará una mutación de significado para la protagonista durante las diferentes etapas de su vida. Así es como en su temprana juventud Moll asocia el término exclusivamente con el logro de independencia económica que le permitirá ganarse su propio pan. Para ello intenta emular el ejemplo de una lavandera que es, en realidad, una reconocida prostituta.

Más tarde, sin embargo, y a medida que Moll logra llevar a cabo un par de rentables matrimonios, la connotación del término gentlewoman adquiere un atractivo diferente asociado no sólo al estatus económico, sino también a la aventajada postura social que éste confiere. Consecuentemente, Moll aspirará a materializar el concepto tal y cual lo concebía la sociedad inglesa del siglo XVII: a saber, aquella mujer legalmente vinculada a una familia acomodada que, a diferencia de las hijas bastardas o huérfanas no reconocidas, goza el nombre, título, educación y patrimonio material ya sea de sus padres o esposo.

A decir de algunos críticos, Moll se fabrica a sí misma a medida que cuenta su propia historia. El acto narrativo se convierte así en el eje principal que estructura tanto la dimensión socio-económica como psicológica de la protagonista. Es evidente que el relato mediante el cual Moll se cuenta a sí misma se caracteriza por un rico subjetivismo circunscrito en la auto-referencialidad propia de la experiencia y la voz en primera persona. Al considerar estos hechos advertimos que la intromisión del narrador en Moll Flanders, ya sea con el fin de clarificar, expandir o comentar el relato del personaje, es un mecanismo imposibilitado por la narración retrospectiva de la protagonista.

En otras palabras, la deliberada organización de la novela mediante la figura ficticia de un editor inhibe los intentos de intromisión propios de los recuentos novelados a partir del punto de vista de un narrador omnisciente. Por lo tanto, es precisamente la transformación consciente del autor en editor el recurso que minimiza los niveles de omnisciencia en la novela. Tal minimización es sólo aparente, debido a que Defoe no renuncia a sus prerrogativas, sólo las transfiere y acomoda a la figura mediática del editor creando así el rasgo fundamental que define la sustancia ficticia de su obra Moll Flanders: a saber, un espacio narrativo que se estructura en torno a las memorias autobiográficas de una protagonista que manipula omniscientemente los episodios de su propio relato. ¿Quién, si no ella misma, conoce mejor que nadie las aventuras y desventuras de su propia vida a través de la progresión hermosamente prosaica de los eventos?

Al considerar los puntos expuestos con anterioridad, es posible establecer que Defoe logra enmascarar su omnisciencia asumiendo la identidad de un editor que, al igual que nosotros los lectores, accede a Moll Flanders a través de la lectura de las memorias que ella misma confecciona. Mientras el editor realiza cuidadosas enmiendas al relato original para depurar su tosquedad lingüística sin tergiversar el contenido, el lector dilucida la atrayente articulación de roles que subyace bajo los disfraces de Moll, las pretensiones de su editor, y la propia picardía de Daniel Defoe en su dimensión de autor. También es posible apreciar que la estructuración de la persona pública de la protagonista se crea y recrea en una serie sucesiva de eventos que son, en sí mismos, el ejercicio de una narración encubierta por el novelista. Es decir, la formalización de la novela involucra la creación ficticia de un rol en el que el autor pretende ser el editor de la historia de una mujer llamada Moll Flanders. En tal sentido, la impostura de la heroína se genera a partir de la propia impostura artística del autor.

Por otro lado, el personaje que se hace llamar Moll Flanders y que jamás revela su identidad real, ni siquiera cuando asume el punto de vista de una penitente, interpreta su rol a la perfección, al punto de creer que ella es, en esencia y apariencia, Moll Flanders, una dama. Como mencioné con anterioridad, tal creencia se debe al aporte de Defoe que logra, picarescamente, transar su dimensión de autor por la de editor. Utilizo en forma deliberada el término "transar", con el fin de enfatizar que dicho cambio de identidad es intencional y pretende enmascarar el juego de la ficción con una memoria aparentemente verosímil. En efecto, la novela combina un tipo de realismo similar al de la crónica periodística con un manejo satírico de los hechos de actualidad. No es coincidencia, entonces, que la innegable atracción que la narración ejerce en el lector contemporáneo se deba, entre otras cosas, al encubrimiento de la ficción con elementos realistas que privilegian, paradójicamente, la impostura, la representación y la imitación.

Ahora bien, al considerar las incursiones de Moll como una criminal (disfrazada de dama y otras, muy a su pesar, de pordiosera), es posible apreciar que el fingimiento es nuevamente un elemento crucial que determina la encrucijada moral del personaje. Al respecto, uno de los episodios más emblemáticos es el robo del collar a una niña. A medida que Moll conduce a la niña a través de un callejón y toma la joya sin que ésta se dé cuenta, la idea de matar a su víctima se hace patente:

"Aquí, recuerdo, el Diablo se me metió en la cabeza con la idea de matar a la niña en el oscuro pasaje para evitar que gritara, pero la ocurrencia me asustó de tal manera que desistí en el acto, conminando a la criatura a que regresara a su hogar" (Defoe, 1994:192).

El episodio es tan ilustrativo como clarificador. En primer lugar demuestra cómo la protagonista elude la responsabilidad que le cabe en sus propios actos. La lectura que se desprende de la reflexión de Moll plantea que no es ella a quien debemos culpar, sino al Diablo, un agente externo indeseable pero en ocasiones extremadamente seductor. Es decir, el sub-texto que el lector logra inferir se convierte en la coartada perfecta con la que Moll sancionaría la transgresión. En segundo lugar, el concepto de auto-justificación (bastante idiosincrásico y, podríamos decir, "a la Flanders") queda al descubierto: es preferible mil veces robar antes que matar. Y mil veces conferir favores sexuales que mendigar. Y otras mil prostituirse que la vergüenza de vestir harapos remendados.

Sin embargo, la pícara y fingida duplicidad moral de la protagonista no se agota en la particularidad objetiva del episodio. La fabricación de un raciocinio que le permite soslayar el hurto hace que Moll transforme mal por bien al meditar que "habría sido una buena idea increpar a los padres de la criatura por su negligencia, al dejar que el pobre corderito vuelva a casa por sí sola, enseñándoles a ser más cuidadosos la próxima vez" (Defoe, 1994: 164). Anteriormente mencioné la "encrucijada moral de la protagonista". Rectifico: Moll reduce cada determinación ética y/o moral a una simple opción de alternativas escogiendo siempre aquella que, aún siendo mal menor, constituye el máximo de dividendos o ganancias. Debido a su agudizada capacidad de adaptación, para Moll no existen las encrucijadas infranqueables ya que siempre habrá alguna forma de salir del paso. Forma que es, la mayoría de las veces, un plan, una estrategia, un cuento, un engaño, un urdir.

Los hechos presentados con anterioridad nos conducen a una problemática de índole interpretativo que surge al examinar el tono irónico originado por las reflexiones de Moll en torno a sus aventuras y desventuras. ¿Es la ironía presente en algunos episodios un plan deliberado de Defoe o corresponde, más bien, al efecto producido por la discrepancia cultural de nuestra sensibilidad contemporánea con la del siglo XVII? Una lectura pormenorizada de la novela demuestra que la mayoría de las instancias irónicas se producen debido a una disparidad entre los pensamientos de la protagonista y sus actos. El episodio del robo del collar de la niña es un caso ejemplar de este tipo de divergencia. ¿Debemos leerlo considerando el tono irónico que subyace entre líneas o simplemente como una advertencia que Defoe hace a los padres a ser más precavidos con las pertenencias de los hijos?

Ian Watt, en su ya clásico trabajo The Rise of the Novel, sugiere que este tipo de episodios estructuran un espacio irónico con el que Defoe deja al descubierto "la ceguera de Moll ante su propia deshonestidad espiritual y moral." La aserción no sólo me parece lúcida, sino también pertinente con el plan de movilidad social que la protagonista persigue a lo largo de toda la novela, cuya realización exige un máximo de acción y un mínimo de cuestionamientos. Para Moll dicha movilidad adquiere sentido al originar un progreso económico directamente proporcional al riesgo que implica llevar a cabo un determinado acto de simulación.

Otro episodio que expone el desenfadado oportunismo de Moll es aquel en que uno de sus amantes casados le escribe pidiéndole que terminen la relación. Al enterarse del impasse, la protagonista confidencia:

"La carta me llenó de dolor, como el peso de mil heridas; los reproches de mi conciencia fueron tales que ni puedo expresar, ya que lograba ver el alcance de mi crimen; y pensé que incluso podría haber sido menos dañino haber seguido casada con mi hermano, ya que no había delito alguno en nuestro matrimonio, en especial al considerar que ninguno de los dos conocía nuestro lazo de sangre" (Defoe, 1994: 206).

La ironía del pasaje es indiscutible y habla bastante bien de Moll como un personaje consecuente con su perspectiva moral. Ella es, podríamos decir, una mujer de una sola línea, línea que a veces se curva dependiendo del diseño del plan para conseguir un determinado fin.

Una problemática igualmente interesante en la obra de Defoe es aquella vinculada a la dimensión moral del personaje y su recepción en el público lector. El fingimiento de los argumentos de la protagonista permite a Moll Flanders auto-convencerse de que sus acciones, aún siendo socialmente censurables, adquieren cierto grado de admisibilidad moral. Ciertamente esta es una de las razones en que se apoya la indiscutible funcionalidad de sus interacciones con el resto de los personajes. Dicha funcionalidad atañe no sólo al pragmatismo que se impone sobre la expresión de sus sentimientos, sino también a la asimilación temporal de una persona o máscara pública para obtener usufructos específicos. No obstante, la evaluación crítica de sus transgresiones, además de generar juicios de valor, promueve reacciones de espontánea simpatía y, a veces, incluso compasión. Moll emerge así como una mujer inmensamente humana y falible, cuya más alta aspiración es ser el fiel reflejo de sí misma en cuanto al objetivo que se ha propuesto: convertirse en una dama.

La levedad con que la propia Moll evalúa sus actos es una estrategia que le permite posesionarse de una centralidad que, por razones de estatus económico y social, no le pertenece. En tal sentido observamos un desplazamiento social a la inversa que va de lo marginal a lo central. Ahora bien, esta centralidad, ya sea real o imaginada, es producto de un aprendizaje gradual de las relaciones de poder que dramatizan la co-existencia de personajes e historias heterogéneas que oscilan desde la áspera realidad de la prisión de Newgate a la gentileza de una burguesía adinerada en Bath. El fenómeno de iniciación adquiere así relevancia dentro del ámbito social en que se mueve la protagonista.

Finalmente, me parece que Moll Flanders, la novela, registra el proceso mediante el cual una iniciada se convierte en diestra manipuladora, no sólo de las situaciones, sino también del relato retrospectivo que da forma a sus memorias. En consecuencia, la credibilidad de los hechos narrados dependerá del reconocimiento previo de una serie de omisiones y transformaciones que la propia Moll genera, sin pretender necesariamente atraer la sensibilidad o simpatía del lector. Si consideramos que la memoria es selectiva, especialmente cuando se recuerdan eventos pasados, entonces tendremos que admitir que el supuesto ocultamiento de información como estrategia narrativa de la protagonista no es más que el resultado natural de un proceso de asimilación de experiencias a lo largo de su trayectoria picaresca. Trayectoria que se forja no sólo por su irrevocable afán de surgir asumiendo otras identidades, sino también por la manipulación constructiva del relato por parte de un autor que decide asumir la postura de un editor que se limita a exponer Las Fortunas y Desgracias de la Famosa Moll Flanders.

 

NOTA

1 Las traducciones de los pasajes de la novela como de las citas de los estudios críticos pertenecen al autor del presente trabajo.

 

REFERENCIAS

Defoe, D. (1994). The Fortunes and Misfortunes of the Famous Moll Flanders. New York: Penguin Classics.         [ Links ]

Hibbert, C. (1998). The English: a Social History 1066-1945. London: Pladin.         [ Links ]

Watt, I. (1956). The Rise of the Novel. New York: Chatto.         [ Links ]

 

Correspondencia: Andrés Ferrada (anferr@hotmail.com). Tel./Fax.: (56-32) 273382. Av. Brasil 2830, 10o piso, Valparaíso, Chile.

Recibido: 5 de marzo de 2003 Aceptado: 15 de julio de 2003

 

 

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