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Revista signos

versão On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.38 n.58 Valparaíso  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342005000200003 

Revista Signos 2005, 38(58), 177–194

ARTÍCULOS

Niveles y modos de integración de conocimientos previos en la comprensión de lectura

Levels and modes of integration of previous knowledge in reading comprehension


Gerardo del Rosal

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
México

Dirección para correspondencia


RESUMEN: Desde una perspectiva socio–constructivista es bien sabido que la calidad de la lectura depende en buena medida de la densidad, amplitud y pertinencia de los vínculos que pueda establecer un lector entre sus conocimientos previos y los propuestos por el texto. Esto pone en el centro de la atención de la investigación los siguientes cuestionamientos: ¿qué mecanismos y qué recursos desencadenan estos procesos?, ¿cómo sabe un lector qué segmentos de la red de conocimientos debe poner en juego y en qué momento? Con base en lo propuesto en la gramática cognitiva y en la teoría de los géneros discursivos, consideramos que dicho proceso implica la integración significativa de esquemas de interpretación válidos para las comunidades con las que se interactúa. La actividad del lector oscila entre el apego y el abandono de los esquemas de significación compartidos por los miembros de las comunidades invocadas por el contexto de la lectura. Para iniciar la exploración de estos temas, en el presente trabajo intentamos rastrear cómo diferentes construcciones lingüísticas invocan distintos marcos esquematizados de interpretación.

Palabras Clave: Espacio discursivo actualizado, marcos de interacción esquematizados, focalización, posicionamiento, teoría de los géneros discursivos, modelo de fusión conceptual.


ABSTRACT: Within a socio–constructivist approach it is well known that the quality of reading depends on the density, range and relevance of the connections a reader can establish among her/his previous knowledge and those on the text. Consequently, research on this area must pay attention to the following points: what are the mechanisms and the resources that trigger these processes? How does a reader know which aspects of her/his knowledge must be set on stage and at what time? On the grounds of some proposals offered within cognitive grammar and genre theory, we assume that this process implies the meaningful integration of interpretative frames which are valid for the communities (s) he is interacting with. The activity of the reader oscilates between the observance and the abandonment of the frames shared by the communities invoked. To start the study of these points, in this paper we track the ways in which different linguistic constructions invoke different schematized frames of interpretation.

Key Words: Current discourse space, interaction schematized frames, focalization, positioning, genre theory, conceptual blending model.





INTRODUCCIÓN

El reconocimiento de la importancia de la imaginación en la comprensión del mundo y en su simbolización ha abierto nuevas maneras de abordar el estudio de la significación. La idea de que las relaciones entre las representaciones mentales y las situaciones representadas están mediadas por procesos imaginativos, ha puesto en el centro de la atención las dimensiones sociales e individuales de estos procesos que atribuyen sentido a la experiencia (Lakoff & Johnson, 1980; Johnson–Laird, 1983; Johnson, 1987; Lakoff, 1987; Langacker, 1987, 1991). El lenguaje, en tanto que uno de los procesos a través de los cuales damos sentido a la experiencia, también es de naturaleza social e individual. Pero, ¿cómo se hace presente lo social y lo individual en las imágenes lingüísticas? De acuerdo con la plataforma socio–cognitivista lo social no solo permea a los recursos materiales del lenguaje, sino a los procesos mismos. Dicho de otra manera, no basta con establecer que las relaciones entre significados y significantes están socialmente convencionalizadas, los significados mismos están mediados socialmente en la medida en que son efectos de procesos de construcción de significaciones. Desde una perspectiva socio–semiótica, la construcción de significaciones es concebida como "un proceso social intersubjetivo […] un acto colaborativo, a veces conflictivo, pero siempre de negociación" (Halliday & Matthiessen, 1999: 2).

En este marco de consideraciones una teoría de la construcción de significaciones a través del lenguaje no solo debe dar cuenta de los procesos cognitivos que permiten a un individuo configurar distintas representaciones lingüísticas a partir de una situación vivida o simbolizada y de los parámetros a partir de los cuales jerarquiza la pertinencia de las diferentes imágenes, también debe dar cuenta de los trasfondos socioculturales que hacen posibles las distintas imágenes, las valoraciones que se les asignan y las posibilidades de modificación de dichas plataformas. El enunciante moldea sus significaciones en interacción con los esquemas de las comunidades con las que se identifica o con los esquemas de aquellas de las que quiere distinguirse. Apegarse a dichos esquemas o innovarlos constituyen los polos entre los cuales gravita la actividad de quien construye significaciones. La subjetividad de la significación depende de la distancia adoptada frente a esquemas más o menos compartidos intersubjetivamente.

Una aproximación de esta naturaleza quizá permita dar cuenta de fenómenos aparentemente paradójicos, pero que encontramos cotidianamente: ¿cómo es que un mismo individuo puede significar de diferentes maneras una misma situación en contextos diferentes? y, por otra parte, ¿cómo es que sujetos diferentes tienden a recurrir a procesos de significación semejantes cuando se encuentran en contextos similares?

En el presente trabajo abordamos algunos de los aspectos de una teoría de la significación de esta naturaleza. Partimos de la idea de que los modos de construir significaciones están regulados por los esquemas que los hablantes se forman a partir de la experiencia en interacciones previas. La relación entre los esquemas y su implementación ha sido sistemáticamente abordada desde dos ángulos diferentes: la gramática cognitiva los organiza a partir de los marcos conceptuales, mientras que la gramática sistémico–funcional los organiza en función de las prácticas socioculturales. En el ámbito de la gramática cognitiva se rastrean las relaciones entre marcos esquematizados de diferentes niveles de abstracción y sus instanciaciones; así, Langacker (1999, 2001) propone que la explicación de un "espacio discursivo actualizado" debe contemplar los "marcos de interacción esquematizados" a los que responde dicho espacio. En el marco de la gramática sistémico funcional una enunciación se define como materialización de matrices semióticas multidimensionales que corresponden a los múltiples estratos de organización de la interacción (Halliday & Matthiessen, 1999: 97–98). Esas matrices están organizadas en los géneros discursivos y en los registros. Sin embargo, estimamos que únicamente la consideración de ambos enfoques permitirá dar cuenta de los complejos juegos de relaciones entre distintas bases esquemáticas que subyacen a una imagen particular.

Ahora bien, las relaciones entre esquemas e instanciaciones han sido utilizadas para problematizar la construcción de las categorizaciones; sin embargo, nos parece que también abren la posibilidad de estudiar la configuración de las significaciones. Se ha aceptado que dichos esquemas operan como bases a partir de las cuales se construyen los perfiles de significación pretendidos, pero ahora quisiéramos preguntarnos acerca de cómo establecemos qué porciones de esas bases esquematizadas deben ser explicitadas y cuáles pueden ser dejadas de manera implícita. Es decir, asumiendo que es el conocimiento de las bases esquemáticas el que permite a los interlocutores interpretar las enunciaciones de un individuo, resulta congruente pensar que es la organización sociocultural de las redes mentales la que delimita el posible contacto entre los interlocutores. Las posibilidades de contacto también están motivadas por la manera como se ponen en juego las bases esquematizadas: los elementos relevantes son evocados de manera explícita, mientras que los de trasfondo deben ser derivados de las bases. Pero estas derivaciones no pueden ser dejadas al azar, también deben estar reguladas de alguna manera si se espera que los interlocutores lleguen a configurar imágenes mentales semejantes a las evocadas por el enunciante. ¿Cómo se delimita lo que queda a cargo del esquema en estos procesos de construcción colaborativa de significaciones? Es decir, ¿cómo se regula la complementariedad entre las construcciones lingüísticas y los esquemas evocados?

Para dar cuenta de esta complementariedad revisaremos algunos de los planteamientos formulados en torno a la "indeterminación" (opacidad, ambigüedad) de las construcciones lingüísticas. No es de extrañar que hasta ahora se haya privilegiado los enfoques de las imperfecciones de toda enunciación, ya que solo se ha considerado de manera estrecha las relaciones entre los recursos lingüísticos y sus referentes. Pero una vez invalidada esta consideración, la postulación de mecanismos imaginativos favorece el rastreo de la codeterminación de los múltiples sistemas intelectivos que intervienen en la construcción de significaciones.

En el ámbito de la lingüística cognitiva la actividad lingüística de un individuo se percibe como regulada por marcos de interacción esquematizados. Langacker (2001) los caracteriza como patrones esquematizados de acción relacionados con las situaciones de uso del lenguaje que pueden ser activados o no. Esta noción aporta elementos importantes para abordar la caracterización de los engranajes entre lo verbalizado y lo no verbalizado en toda enunciación al establecer la distinción entre valores de significación básicos y valores incrementados (augmented)1. Las expectativas, las apreciaciones, los supuestos, las intencionalidades, los objetivos, etc., serían algunos de los valores incrementados.

En la medida en que los valores básicos de una construcción lingüística son determinados en función de sus conexiones con las situaciones de interacción en las que ocurren, la evocación de esos valores pone en movimiento los engranajes que activan otros dominios de la experiencia, tanto temáticos, como apreciativos, como textuales. Dada su vinculación con los entornos de uso, los valores incrementados, que pueden ser de naturaleza grupal, comunal o social, son cancelables (Langacker, 1998). Su activación estaría regulada por los marcos de interacción esquematizados.

Otras dimensiones de las relaciones entre lo explícito y lo implícito salen a la superficie si consideramos el tratamiento que este autor hace de la naturaleza contextual de la significación. De acuerdo con Langacker, el polo semántico de una construcción está constituido por el espacio de anclaje (ground) y por el espacio discursivo actualizado (current discourse space). El espacio al que queda anclada la enunciación abarca su situación inmediata: los participantes y las circunstancias; en cambio, el espacio discursivo actualizado abarca los conocimientos de los interlocutores acerca de los elementos evocados y de sus relaciones (Langacker, 2001). La naturaleza de los valores básicos y de los incrementados varía de un interlocutor a otro. Es decir, los esquemas de interacción esquematizados a considerar no deben ser solo los del enunciante, sino los de los distintos interactantes.

"This contextual understanding is a function of both the lexeme's abstracted meaning and the CDS to which it is applied; it is probably never precisely the same on any two occasions, since the CDS is never precisely the same… It is a major reason why language exhibits only partial compositionality" (Langacker, 2001: 164).

En un espacio discursivo actualizado, entonces, es necesario descubrir los índices de los marcos esquematizados que dan lugar a la escenificación discursiva de una situación y que la sustentan. Consideremos, por ejemplo, la siguiente enunciación tomada de las secuencias de intercambios motivados por la decisión del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de marchar a la Ciudad de México para exigir el reconocimiento constitucional de los derechos indígenas2:

1. ¿Por qué tenemos que darles entrada en momentos críticos, donde probablemente el sector financiero internacional pueda leerlo de otra manera? (Raúl Picard, Presidente de CANACINTRA. Reforma, 20, enero, 2001).

Es evidente que esta declaración está construida en reacción a declaraciones previas de otros enunciantes. Sin embargo, lo que nos interesa mostrar es que la parcialidad de los recursos puestos en juego está calculada para orientar las maneras de combinarlas. La nueva perspectiva -los posicionamientos de los empresarios- emerge gracias a la reorganización de las posturas de otros sectores sociales. La interpretación de este espacio discursivo requiere la actualización de los múltiples espacios de anclaje evocados mediante la implementación de los marcos esquematizados de la interacción política. El espacio discursivo actualizado está integrado por estos distintos espacios.

Las formas "¿por qué?", "–les" y "el sector financiero internacional" invocan los escenarios apreciativos a partir de los cuales le interesa al enunciante reorganizar la apreciación de la situación relevante; la pronominalización de los dos primeros les atribuye el valor de participantes reconocidos en la situación topicalizada, mientras que la sustantivación le permite integrar a los últimos como nuevos participantes. El posicionamiento del enunciante se construye por referencia a estos horizontes de interpretación: desacuerdo con la decisión zapatista "dar entrada a"3, insatisfacción con la actitud presidencial "por qué tenemos que"4 y coincidencia con la apreciación empresarial "pueda leer". La modalidad en presente de indicativo proyectada sobre la forma "tenemos que" abre un espacio de inconformidad en el escenario de la autoridad en el que está anclada la apreciación, mientras que el presente subjuntivo empleado en "pueda" detona los valores inferenciales negativos ligados al escenario virtual cuya concreción trata de impe. Las relaciones establecidas entre la escena focalizada y los escenarios invocados hacen que la estructuración interrogativa de la enunciación adquiera el valor incrementado de una reclamación ante la actitud presidencial y de una exhortación a los otros sectores de la sociedad para que modifiquen su actitud ante la resolución del EZLN.



Figura 1. Dominios integrados al espacio discursivo actualizado.

En el marco de la lingüística sistémico–funcional las predisposiciones de los individuos a interactuar y a significar de maneras determinadas están motivadas por las preferencias de los grupos a los que pertenecen o a los que quieren pertenecer. Los interactantes construyen sus significaciones sobre la base de y en función de los patrones convencionalizados de interacción. La plenitud de la significación resulta de la relación dialógica de los sistemas de esquemas.

"This chain of inter–stratal realizations bridges the gap between the semiotic in high–level cultural meanings and the material, either in speaking or in writing, through a series of intermediate strata" (Matthiessen, 1993: 226).

Es este entramado de sistemas de esquemas el que permite apreciar (en su doble sentido de distinguir y de valorar) la manera idiosincrásica por la que un sujeto aborda la construcción de significaciones, las posturas que adopta frente a la situación y frente a otros sujetos y su identificación con determinados grupos, comunidades, generaciones, etc.

"In a model of this kind…language, register and genre constitute the meaning potential that is immanent, from moment to moment as a text unfolds, for the social subjects involved, at the point in the evolution of the culture where meanings are being made" (Martin, 1997: 10).

En el marco de la lingüística sistémica funcional, la semiogénesis (Halliday, 1994) es un proceso multidimensional cuyo estudio requiere la consideración de los distintos sistemas que se ponen en juego. Con esta finalidad distingue tres estratos de relaciones que intervienen en la interpretación de la experiencia y que pueden ser caracterizados a partir de los sistemas que se activan para darle sentido: los sistemas interpretativo–valorativos de la comunidad, los filogénicos; los del sujeto, los ontogénicos; y los del texto, los logogénicos. Dadas sus diferencias de amplitud y accesibilidad, estos sistemas amplían o reducen las posibilidades de convergencia interpretativa y valorativa de sujetos distintos. Así, las dimensiones de significación que responden a esquemas de organización filogénica solo serán interpretables para quienes compartan dichos esquemas, es decir, para quienes formen parte de la comunidad que los sustenta. Otras dimensiones de significación estarán ligadas a esquemas de organización logogénicos. La confluencia de los procesos interpretativos y valorativos de este tipo de dimensiones es más amplia en la medida en que los elementos a relacionar para hacer emerger la significación se encuentran en el mismo texto. Las dimensiones de significación ontogénicas serían las menos accesibles, ya que los elementos a relacionar están ligados al historial de vivencias de un sujeto y, en consecuencia, difícilmente accesibles a otros sujetos.

Esta distinción, ideada en un primer momento para caracterizar diferentes ritmos y tiempos del desarrollo de las habilidades discursivas, abre opciones interesantes para abordar la explicación de la construcción colaborativa de significaciones. Las enunciaciones de los individuos son interpretables en tanto que instanciaciones de los sistemas de posibilidades abiertas por las prácticas comunitarias. Esto implica que su significatividad emerge por contraste con las posibilidades que no fueron puestas en juego, pero también que basta con que en la instanciación se proporcionen indicios acerca de las maneras de concebir la situación para que quienes comparten esos mismos sistemas aporten los otros elementos requeridos. Lo verbalizado funciona como detonador de procesos de complementación por parte de los interlocutores de la misma comunidad. De manera que compartir los esquemas que orientan las decisiones acerca de qué debe ser verbalizado y qué no, es la condición indispensable para colaborar eficazmente en la construcción de significaciones.

Si la perspectiva que se propone para significar de una manera determinada una situación no difiere sustancialmente de las prácticas interpretativas de la comunidad, el enunciante solo tiene que proporcionar indicaciones mínimas para desencadenar la evocación de los dominios experienciales compartidos; pero si la perspectiva a proyectar verbalmente plantea disonancias con lo esperado y lo sabido por los miembros de la comunidad, el enunciante debe proporcionar los elementos que permitan a los interlocutores configurar las nuevas imágenes mentales. La creación de la nueva imagen requiere la reorganización de las imágenes previas; la fuerza requerida para forzar la reorganización dependerá de la consolidación, la maleabilidad y la resistencia de las imágenes que se intenta modificar o sustituir.

De acuerdo con esta teoría de los géneros discursivos, la configuración y la interpretación de significaciones requiere la consideración de los estratos semiogénicos involucrados: los perfiles de las construcciones léxico–gramaticales deben percibirse sobre el trasfondo de las formaciones retóricas, y éstas, a su vez, sobre el trasfondo de las formaciones discursivas, los tipos de texto, los subgéneros y los géneros (Lemke, 1999). La estratificación de los modos de interpretar las situaciones y de interactuar en ellas se traduce en patrones de colaboración en la construcción de significaciones.

En la Figura 2 se pretende mostrar las relaciones entre los esquemas intelectivos y sus correspondientes patrones de enunciación. La estratificación de los niveles debe entenderse en el sentido de que los niveles de orden superior abarcan a los inferiores, pero el nivel inmediato inferior puede estar constituido por diversos sistemas con diferencias marcadas entre ellos.



Figura 2. Correlaciones entre modos de interpretación y modos de verbalización en función de entornos de interacción.

Así, por ejemplo, si tomáramos como nivel 1 los universos experienciales de la ciencia, en el siguiente nivel habría que ubicar tanto los de las ciencias reflexivas abstractas, los de las reflexivas concretas, los de las activas abstractas y los de las activas concretas (Becher, 1989). En el siguiente nivel habría que distinguir las rutinas de las humanidades de las de las ciencias sociales. Dentro de las ciencias sociales habría que diferenciar, en el nivel siguiente, las formaciones retóricas de la antropología, la etnografía, la sociología, etc. En el nivel siguiente, habría que diferenciar los hábitos intelectivos de las distintas escuelas de la etnografía. Y en el nivel siguiente, las tendencias que ha desarrollado un individuo en función de su experiencia. Como puede verse, la diferencia entre los distintos niveles no tiene que ver con la complejidad de los sistemas que los constituyen, sino con la amplitud de alcance. Los más externos son compartidos por más individuos, mientras que los que están más al centro formarían parte de la experiencia de grupos más reducidos. De manera que dependiendo del nivel intelectivo puesto en juego se requerirá más o menos información complementaria para lograr el contacto con los interlocutores. Así, dada la naturaleza idiosincrásica de los patrones ubicados en el centro de la figura requerirán una mayor elaboración para garantizar que estén al alcance de individuos que no comparten los esquemas.

Para ilustrar estas diferencias tomemos algunas muestras de un texto tomado de la revista cibernética "etcéter@. Política y cultura en línea". Dicho texto (Guillén, 2000) inicia con el título: "Entre genomas te veas". Los valores de significación de esta enunciación tienen un alto grado de indeterminación y no obstante logran una comprensión precisa gracias a que pone en juego un esquema genérico. Emplea el esquema intelectivo de un refrán para organizar los dominios de conocimientos vinculados con los genomas. La reorganización opera en la medida en que indica actitudes a adoptar frente a dicho tema. Es el conocimiento del refrán el que permite proyectar sobre este espacio discursivo los valores de significación. La estructura composicional resultante tiene un alto grado de indeterminación: ausencia de artículo en la frase nominal que evoca el dominio focalizado, una forma pronominal de segunda persona con un correferente identificable al azar que facilita la identificación de cualquier interlocutor, un espacio virtual proyectado a través del subjuntivo, un proceso con base semántica difuminada, una locación marcada solo a partir de puntos de referencia. Estos esbozos de caracterización desactivan una posible interpretación descriptiva y la transforman en señalamiento de cautela.

Comparemos esta forma de significar con un patrón de construcción de significaciones muy diferente. Más adelante leemos en el mismo texto:

2. Imagine usted que las compañías de seguros o las ecciones de recursos humanos tuvieran acceso a esa información y la utilizaran para negar pólizas o trabajo a aquellos que sean portadores de alguna deficiencia.

La colaboración requerida por esta construcción es diferente en la medida en que el enunciante está tratando de llevar a que los interlocutores adopten una postura semejante a la suya. Esto implica que el enunciante asume que los interlocutores no la comparten. Pero tomemos nota de los recursos utilizados: el uso del imperativo ubica la situación en el espacio de interacción inmediato (autor-lector), lo cual da mayor concreción a la forma pronominal elegida; las frases nominales evocan imágenes mentales bien delimitadas; el escenario virtual está anclado a los universos experienciales de los interlocutores y en consecuencia lo ubican en la dimensión de lo posible. Esta caracterización hace que funcione como justificación de la conclusión a la que el enunciante pretende llevar a los interlocutores. Si bien se apoya en los mismos niveles de interpretación que el ejemplo anterior, la dependencia de ellos es bastante menor. La actividad enunciativa está orientada a modificar esos esquemas de interpretación.

Así pues, el manejo de la colaboración resulta vital para el uso eficaz del lenguaje. El grado de indeterminación con el que un enunciante proyecta una situación tiene que ver más con el tipo de interacción que pretende entablar con el interlocutor que con las características de la situación. En otras palabras, la elección del grado de especificidad y de delimitación de la construcción está en función de la probabilidad de lograr el contacto epistémico con los interlocutores. Los esquemas de configuración de las construcciones, proporcionan una especie de andamiaje que ayuda a reinsertar los elementos faltantes para concluir la estructura compleja (Langacker, 1999).

La interacción complementaria de los participantes, que ocurre en los diferentes niveles de construcción de significaciones, opera a través de la proyección de conceptos y de esquemas. Por el momento intentaremos rastrear los procesos empleados en la configuración colaborativa de significaciones a nivel de secuencias enunciativas y a nivel de las construcciones enunciativas. Para ello nos apoyaremos en el modelo de integración conceptual propuesto por Fauconnier y Turner en 1994.

De acuerdo con el modelo de fusión (blending) conceptual la reorganización continua de los espacios mentales a lo largo de un discurso ocurre gracias a que es posible establecer nuevas conexiones entre los espacios en función de los conocimientos generales de trasfondo. Una fusión conceptual requiere dos o más espacios que aporten los ingredientes para la fusión (input), sus propios esquemas intelectivo–apreciativos, un espacio genérico que abarca estructuras comunes a los espacios a integrar en la red, y un espacio que emerge gracias a la fusión de algunos de los aspectos esquemáticos de los distintos espacios ingredientes (ver Figura 3).



Figura 3. Fusión conceptual (Fauconnier & Turner, 2004: 46).

Así pues, la fusión conceptual implica el establecimiento de mapeos parciales entre los modelos cognitivos de los distintos espacios y la proyección de aspectos de la estructura conceptual de un espacio a otro (Coulson & Oakley, 2000). El surgimiento de la nueva estructura ocurre gracias a los mecanismos de composición, complementación y elaboración de los espacios convocados para la integración. Además de lo sugerente que resulta la propuesta de estos mecanismos de fusión conceptual, Fauconnier y Turner (2002) plantean la necesidad de estudiar los principios y las presiones que guían la implementación de los procesos de fusión, las restricciones y las preconcepciones que subyacen al establecimiento de conexiones. Lo que sí está claro es que los procesos de fusión conceptual forman parte de los mecanismos a través de los cuales los individuos reproducen y transforman los esquemas configurantes de una comunidad.

La organización de las secuencias enunciativas también establece diferentes juegos de complementariedad entre aspectos de los esquemas evocados. La decisión de proyectar sobre el escenario discursivo solo algunas dimensiones de la situación en el centro de la atención descansa en la posibilidad de que los interlocutores reestablezcan los espacios genéricos en función de los marcos de interacción esquematizados. Para abordar el análisis de este nivel conviene aclarar que concebimos el discurso como una secuencia de escenarios parciales que se van complementando para sugerir una visión particular de una situación. Y que, en consecuencia, intentaremos dar cuenta de las características de la complementación entre los diferentes escenarios.

"Following a suggestion by Harder (1996), we might think of linguistic structures (of whatever size) as instructions to modify the current discourse space in particular ways. Each instruction involves the focusing of attention within a viewing frame. A discourse comprises a succession of frames each representing the scene being "viewed" and acted on by the speaker and hearer at a given instant" (Langacker, 2001: 151).

En el caso del texto sobre los genomas, por ejemplo, esto ocurre de la siguiente manera.

3. Entre genomas te veas. Privacidad, patentes, racismo e inmortalidad.

Esto de andar jugando con nuestras esencias tiene antecedentes añejos de respetabilidad desigual; recuerdo aún entre estremecimientos la película en la que el doctor Víctor von Frankenstein enfundado en una bata que más parecía camisa de fuerza, manipulaba, con cara de alienado, una máquina en la que se concentraba la fuerza eléctrica del huracán Rodrigo. ¿Para qué? Para que un gigante de cabeza aplanada y tornillos en las carótidas se pusiera de pie. El objetivo de don Víctor –hay que decirlo– no era el de manipular la energía sino la vida misma.

Párrafos atrás establecíamos que la significación de la frase que encabeza el artículo se construye tomando como plataforma un refrán. Ahora prestaremos atención a las secuencias de fusiones conceptuales que construyen la estructura de este discurso. Fauconnier y Sweetser (1996) distinguen tres funcionamientos entre los espacios que se ponen en juego para lograr las fusiones: algunos de los recursos lingüísticos tienen como función evocar el espacio cuya estructura se va a ir incrementando a lo largo del discurso, el espacio focalizado; otros índices evocan espacios a los que se anclan las apreciaciones y los puntos de vista, el espacio que determina la actitud; y otros establecen el espacio de entrada, el escenario elegido para a partir de ahí desencadenar los otros escenarios (Epstein, 2002).

A través de los procesos de fusión se organiza el desarrollo de las redes conceptuales que entretejen el discurso, pero también las redes conceptuales de este discurso con las de otros discursos. El texto que nos ocupa es altamente heteroglósico (Bakhtin, 1986) en la medida en que no solo está motivado por discursos previos sino que se construye en clara oposición a algunos de ellos. Los cuestionamientos proyectados en el discurso se sustentan en la modificación, por momentos incluso exagerada, de algunos de los motivos centrales de los otros discursos.

El título emerge de dos procesos de fusión: en el primero de ellos el enunciante decide proyectar el espacio de atención, "genomas", sobre un esquema de estructuración sobre el cual normalmente no aparece un refrán. El esquema de estructuración invalida una posible lectura descriptiva de la construcción e induce un valor de consejo. La única entidad proyectada en este primer escenario está muy esquematizada. La ausencia de artículos induce una conceptualización de "genomas" no vinculada a algún espacio de anclaje en particular con la finalidad de que se la pueda relacionar con cualquier tipo de dominio de experiencia. La explotación de los niveles de significación ideacionales es reducida a su mínima expresión y, en cambio, se explotan los niveles interpersonales (Halliday, 1994). A través de este enunciado el enunciante define el contrato interaccional (Charaudeau, 1995) para todo el discurso. Es decir, delimita los roles de los participantes: el enunciante solicita cautela a los interlocutores para entrar en contacto con el dominio experiencial focalizado, y establece el tono con el que se lo va a tratar. Por otra parte, frente a las posibles expectativas de que dicho dominio fuera tratado de acuerdo con los esquemas propios de las disciplinas que trabajan dicho dominio y/o frente a las expectativas de que fuera tratado con la formalidad de los asuntos "serios", la selección de un esquema de estructuración popular como el refrán establece una distancia que refuerza el llamado de cautela.



Figura 4. Dinámica de fusión de espacios de título.

En el segundo momento de la construcción del título, el espacio fusionado es puesto en contacto con otro que evoca una serie de implicaciones de la decodificación del genoma. La selección de estos espacios se explica en la medida en que fortalecen los vínculos con los interlocutores, ya que tocan aspectos que les incumben de manera ecta. Además de abrir espacios que servirán para configurar justificaciones para la cautela aconsejada, simultáneamente abren expectativas acerca de los espacios de base para la elaboración del espacio de atención. Al igual que en el espacio anterior, estas entidades también son proyectadas de manera muy esquemática; no van acompañadas de artículo para no vincularlas a ningún espacio de anclaje particular. El nivel de categorización con el que son abordadas las ubica en el nivel de lo `virtual'5; este procedimiento amplía las posibilidades de contacto con los interlocutores al no requerir la adopción de una perspectiva única.

4. Esto de andar jugando con nuestras esencias tiene antecedentes añejos de respetabilidad desigual.

En el caso del enunciado con el que se abre el desarrollo del espacio focalizado (4), el enunciante propone una reorganización interesante de este dominio.



Figura 5. Dinámica de fusión de espacios en enunciado inicial.

La situación en el centro de atención es retomada desde una plataforma apreciativa moralizante. Los "genomas" son reinterpretados como "esencias" y su investigación como`"jugar con". La nueva imagen ubicada en el espacio de atención trae consigo un sistema de valores. El enunciante proyecta el juicio negativo (White, 1997) como si fuera compartido por todos los participantes en la medida en que la ancla en sus respectivos espacios experienciales mediante el adjetivo posesivo "nuestras". Su categorización corresponde al dominio estructural. Esta conceptualización se refuerza mediante la construcción "Esto de...". Este esquema de estructuración trata el juicio como si fuera retomado de otro discurso e insertado en el escenario que está construyendo el enunciante (ver Figura 6).

Figura 6. Integración de espacios discursivos.

Al primer juicio, el enunciante agrega otro que activa criterios de validación propios del dominio de las ciencias y que establecen el tono de los primeros espacios de base. Los valores proyectados están anclados en los sistemas del propio enunciante y, en consecuencia, aparecen como no identificables para los interlocutores. En realidad la evocación de la noción de "antecedentes" anuncia lo que va a aparecer en las etapas siguientes del discurso. Mediante la valoración "desigual" abre espacio para la exposición del caso no tan respetable de Frankenstein y del más respetable de Dolly.

CONCLUSIONES

Como puede verse en los casos revisados, la recategorización de los conceptos a lo largo del discurso orienta los niveles de interacción modulando la coparticipación de los interpretantes mediante la regulación de los procesos de categorización, la inducción de procesos de fusión conceptual y la estructuración de la integración conceptual. A través de estos procesos, el enunciante moldea y modula los entornos de la configuración de significaciones de los interlocutores. La caracterización de dichos entornos requiere centrar la atención en las relaciones de complementariedad que se proponen entre los esquemas enunciativos que se actualizan y aquellos que les subyacen. Ambos constituyen los espacios discursivos actualizados. Los valores particulares que cobran las unidades varían dependiendo de los niveles de fusión o integración conceptuales en los que sean considerados. De ahí que resulte conveniente rastrear esos diferentes niveles en los que se va estratificando la construcción de significaciones.

Para dar cuenta de cómo una construcción enunciativa, generada a partir de las bases experienciales de un individuo, puede motivar la reorganización de las bases experienciales de otros debemos considerar cómo se ubican las imágenes conceptuales con respecto a dichas bases. De acuerdo con los marcos teóricos revisados y con los casos analizados hemos observado tres conjuntos de opciones: la proyección lingüística de la situación que motiva la atención desde la plataforma experiencial del enunciante; su proyección desde una plataforma común a los interlocutores; y la proyección sin vinculación a una plataforma específica. En el caso de la construcción desde una perspectiva subjetiva, el enunciante debe construir los espacios que faciliten el acceso de los otros a esa perspectiva; debe apoyarse en un dominio experiencial accesible al interlocutor. La construcción desde una perspectiva intersubjetiva requiere una posterior elaboración que dé lugar a la reorganización que le interesa al enunciante. En el tercer caso, la construcción que deja al azar la vinculación con las bases experienciales tiene que ser reorientada para que sea el propio enunciante quien la ancle en el dominio experiencial que le parezca pertinente. Estos esquemas de organización moldean y modulan la coparticipación de los interlocutores en la construcción de las significaciones.

Para caracterizar los niveles de complementariedad de las construcciones discursivas es necesario dar cuenta de la distancia establecida entre la perspectiva individualizada y los repertorios de conceptuación propuestos como base, los niveles de permeabilidad entre dichas percepciones y su arraigo en la experiencia de los interlocutores. Es decir, la explicación de los procesos de significación puestos en acción en un momento determinado requiere la consideración de los niveles de intersubjetividad6 considerados para la negociación de las interpretaciones. Un enfoque de esta naturaleza aborda los procesos de construcción de significaciones no solo como medios para el intercambio de puntos de vista, sino como mecanismos que regulan la vida social en la medida en que constituyen los recursos privilegiados para la proyección de perfiles identitarios, por un lado, pero también para la integración de los individuos a una comunidad o su exclusión.



NOTAS

1 Augmentation: A fundamental mechanism of language change that occurs when a conventional linguistic unit comes to be employed with some consistency in usage events having certain features in common. Through schematization, entrenchment, and conventionalization, these additional specifications can be added to the basic linguistic unit, producing an augmented linguistic unit that incorporates them. The basic unit is thus a component of the augmented unit, but may also remain accessible for independent use (Langacker 1998: 5).

2 Esta opinión se inserta en el debate suscitado en los medios masivos de comunicación en torno a la decisión de autorizar o no que algunos representantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) salieran del territorio del conflicto para que asistieran y participaran en el debate parlamentario sobre el reconocimiento constitucional de los derechos de los pueblos indígenas en la Ciudad de México. Ante la actitud reacia del poder ejecutivo a condenar e impe dicho intento, algunos de los representantes empresariales sintieron la necesidad de llenar lo que para ellos era un vacío de poder.

3 La exclusión del grupo de los zapatistas se construye mediante la metáfora "adentro–afuera". Si hay que "dejarlos entrar" es porque se los concibe como ajenos al dominio pertinente.

4 Pone en juego la distinción entre la obligación impuesta por una entidad externa y la decisión personal.

5 Langacker (1987) distingue la categorización estructural, aquella que ubica el concepto en el dominio de los conocimientos generales del mundo; lo ubica en el dominio de la manera de ser de las cosas. En el otro extremo señala la categorización concreta, la cual queda anclada a una experiencia particular. Y en un ámbito intermedio ubica la categorización virtual, que se caracteriza por no estar ligada a una experiencia identificada. Evoca algunas de las múltiples instanciaciones, eso la distingue de la categorización estructural, pero no señala a algunas en particular; por eso dice que su anclaje queda al azar. La ventaja de este procedimiento es que deja al interlocutor la posibilidad de proponer con cuáles las identifica. La atención no se centra en la coincidencia de las imágenes evocadas, sino en que sean del mismo tipo.

6 En lugar de adoptar la distinción propuesta por Langacker (1987) entre procesos de construcción subjetivos y objetivos, parece más pertinente sustituir la noción de `objetivo` por `intersubjetivo` en la medida en que lo que está en juego es el grado en que una perspectiva es compartida por los otros participantes en la interacción.


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ección para correspondencia: Gerardo del Rosal Vargas (grosal@siu.buap.mx). Tel.: (522) 229 55 00 Ext. 5706. Fax: 229 56 81. Postgrado en Ciencias del Lenguaje, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. 2 Oriente 410, Centro Histórico, Puebla, Pue. 72000, México.

Recibido:
23–III–2005 Aceptado: 17–VIII–2005

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