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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.40 n.65 Valparaíso  2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342007000300002 

Revista Signos 2007, 40(65), 475-479

DOCUMENTOS

Discurso de celebración del 40º Aniversario de Revista Signos. Estudios de Lingüística y de su incorporación al indexador Thomson ISI

Una instalación científica mayor

Alfredo Matus

Director, Academia Chilena de la Lengua


Haec dies quam fecit Dominus: exultemus et laetemur in ea! Este es el día que hizo el Señor. ¡Regocijémonos en él! No es para menos. Para eso nos hemos reunido en este mediodía otoñal. Para celebrar, para celebrar lo que ya es, por sí mismo, célebre, es decir, “famoso” o, como dice el Diccionario de la Academia, “que llama la atención por ser muy singular y extravagante”. Solo que aquí, de “extravagante” nada. Aunque sí algo, y mucho, si atendemos a la 2ª acepción “excesivamente peculiar u original”. O si recordamos al viejo Unamuno, quien aconsejaba: “Extravaga, hijo mío, extravaga cuanto puedas, que más vale eso que vagar a secas. Los memos que llaman extravagante al prójimo, ¡cuánto darían por serlo!” Y es que la excelencia siempre constituye una extravagancia en este mundo de medianías, un salirse del rebaño y de la grey, seres gregarios y arrebañados como somos. Y al que se aparta de la grey se le ha llamado, desde antiguo, y con toda propiedad, egregio. Un acontecimiento egregio es lo que ahora celebramos.

Y es que la Revista Signos, ya egregia con toda la legitimidad etimológica de este término, empezó a salirse de la grey hace 40 años. Corría el año de 1967. Era la época del comienzo de los desarrollos científicos modernos, aquí en Chile, para muchas disciplinas humanistas: lo fue para los estudios literarios, lo fue para los estudios lingüísticos. En 1963 habíamos tenido la Iª Reunión de Lingüística y Filología de América Latina, encuentro internacional significativo, realizado en el Hotel O’Higgins de Viña del Mar, del que habría de salir la Asociación de Lingüística de América Latina (ALFAL), y, más tarde, la Sociedad Chilena de Lingüística (SOCHIL), que tanto impacto habrían de producir en el desarrollo de las ciencias del lenguaje entre nosotros. Me recuerdo de fguras eminentes como Manuel Alvar, Criado de Val, Lope Blanch y tantos otros. En esta reunión porteña se fraguaría mi primer viaje de estudios de postgrado a Tübingen (Alemania), bajo la tuición del gran Eugenio Coseriu.

Y al decir una revista egregia no nos estamos refiriendo a un formato material de un número determinado de folios, de una encuadernación específica, de una tipografía y composición especiales. Estas son circunstancia ancilares, instrumentales que, por cierto, cuentan, siempre que están al servicio de unos contenidos de por sí valiosos. Al decir una “revista” y al celebrar, como lo hacemos, una publicación que hemos considerado egregia, estamos celebrando a sus creadores, de ayer y de hoy, a sus realizadores que son los que la han alentado y la alientan día a día, los que la sostienen en su espíritu y sus finalidades, los que cotidianamente la construyen y la insufan de significación y sentido, los que la proyectan en el tiempo, más allá de la contingencia, en fin, los que la hacen “extravagar” y llegar a su actual excelencia, tras un largo camino sostenido de crecimiento y planificada maduración.

Una publicación de estas características, en cualquier lugar del mundo, no surge por generación espontánea. Es el resultado de una larga paciencia, de una sostenida fatiga, de una férrea voluntad de rigor, de estricta ética, de compromiso severo, irrenunciable, con un ámbito disciplinario lingüístico-literario y, más tarde, ceñidamente lingüístico. También es producto, por qué no decirlo, de un hedonismo radical, de una erotike mania, según la expresión orteguiana, de un deseo erótico, de un impulso desordenado, pasional, por las ideas, por el conocimiento fundado, por la verdad científica. Labor quintaesenciada, en fin, de legítima Universitas.

¡Bien por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso que, con auténtica visión y sorprendente premonición, ha sabido cobijar y estimular una empresa que hoy alcanza, públicamente, el máximo reconocimiento que una revista especializada puede alcanzar en el mundo científico! Fea es la voz indexación. Aparece en el Diccionario Oficial y procede del verbo indexar que vale tanto como “registrar ordenadamente datos e informaciones, para elaborar su índice.” Si fea es la palabra, como todas las que han pasado por el tamiz del inglés, con perdón por la subjetividad entrañada en esta valoración, enorme es la entidad de su contenido cuando se trata de un índice internacional del más hondo calado científico, puesto que se establece con parámetros objetivos, medibles y comparables en el concierto internacional de la producción de las ciencias.

La Revista Signos ha ido progresivamente alcanzando niveles superiores de reconocimiento. En 2002, la Academia Chilena de la Lengua celebró públicamente los valores superiores de esta publicación, en materias de investigación científica, al otorgarle el Premio Alonso de Ercilla y Zúñiga. Lo hizo intuitivamente, sin aplicar medidores, reglas, escuadras, romanas, balanzas ni pesas. Pero, cuidado, que la intuición también constituye un poderoso camino hacia la verdad, está en la base del conocimiento y forma parte consustancial del quehacer teorético y científico. Y la Academia otorgaba este apreciado galardón, apoyada por el enorme prestigio del que ya gozaba la revista desde hacía tiempo. Después, y pronto, vendrían los respaldos objetivos a esta intuición, los respaldos mensurables, medibles y pesables, los de las cifras, los recuentos, las estadísticas, los estándares. Es así como, ya en 2004, la Revista Signos culmina su ascenso progresivo a las alturas alcanzando literalmente el scielo, con ese ce iniciales: el renombrado índice ScIELO (Scientific Electronic Library On Line), para culminar su imparable elevación, en enero de 2007, año de su cuadragésimo aniversario, en que es indexada en el Thomson Internacional Scientific Index, el famoso y apetecido isi.

Hay que recordar que, en el año 2005, se escindían las dos tradicionales orientaciones de la revista, la literaria y la lingüística, ambas con potente personalidad en su trayectoria, creándose la hoy denominada Revista Signos. Estudios de Lingüística, con tres números al año, y dedicada exclusivamente a las ciencias del lenguaje y a algunas interdisciplinas, con especial focalización temática en las áreas de la Psicolingüística, la Lingüística del Texto y del Discurso, y la Lingüística Aplicada. Para apreciar, con serenidad y real dimensión, lo que verdaderamente significa todo esto, en el ámbito ya tan especializado de las indexaciones, que constituyen, al fin de cuentas, estrictos procesos de acreditación internacional de las publicaciones especializadas, no puedo dejar de leer lo que dice un documento, en el que se especifica que la Revista Signos. Estudios de Lingüística ha logrado de este modo convertirse en (y cito):

-  La primera revista de lingüística en español, en el mundo, indexada por Thomson Scientific.

-  La única revista de lingüística en español, en el mundo, con tres números al año.

-  La única revista chilena indexada bajo la categoría Language and Linguistics en las dos bases de datos de Thomson Scientific.

-  La revista chilena número 13 indexada por Thomson International Scientific Index (fuente: CONICYT).

-  La única revista latinoamericana de lingüística indexada simultáneamente en dos bases de Thomson Scientific: Arts & Humanities y Social Science Citation Index.

-  La única revista de lingüística en español indexada por las bases de datos más importantes del mundo en el ámbito científico: Thomson ISI y ScIELO.

Después de todos estos respaldos objetivos a la intuición de la Academia, después de contar con estas seguridades mensurables, medibles, pesables, las de las cifras, los recuentos, las estadísticas, podemos afirmar con asertividad: “¿Ven? La Academia Chilena de la Lengua no se equivocó”. Claro que no se equivocó. No faltaba más, qué se creen ustedes. La Academia procede siempre sobre bases seguras y detenta casi la infalibilidad pontificia. En este caso, la Academia tampoco podía equivocarse al conceder uno de sus más significativos laureles. Y es que la Revista Signos constituye una carta segura, no es más que la manifestación, en lengua escrita, de un poderoso, de un “pregnante” quehacer científico, rigurosamente planificado y desarrollado, asimismo en estos últimos ocho lustros, por un sólido, maduro, excepcional grupo humano. Eso es lo que está por detrás de la Revista, el subtexto de sus textos. La generación y consolidación progresiva y paciente de un puñado de investigadores profundamente comprometidos con la semiótica lingüística en todas sus dimensiones, en el logos semantikos aristotélico, en los modi significandi de los escolásticos, concentrados en la indagación metódica de los procesos de producción y comprensión de los sentidos lingüísticos, a través de lineamientos claramente trazados, sin dispersión ni visiones panorámicas, delineados ascéticamente, desde los orígenes, dentro de los campos, como se dijo, de la Psicolingüística, la Lingüística del Texto y del Discurso y la Lingüística Aplicada. Detrás de todo esto lo que subyace es una compleja red de acciones consolidadas, de compactos proyectos formalizados de investigación, de una docencia nutrida por ese conocimiento nuevo, de programas de postgrado cimentados en la teoría dinámica de las más recientes discusiones en las ciencias del lenguaje, de intensa actividad y proyección internacionales en foros y congresos de la especialidad e interdisciplinarios, de génesis de una ya amplia bibliografía, de formación de discípulos e investigadores jóvenes, y un vastísimo en fin. Todo esto me recuerda movimientos lingüísticos significativos claramente homologables, como los del Círculo de Moscú, del Círculo de Praga, del Círculo de Copenhague, de la Escuela de París, de la Escuela de Tübingen, de la Escuela de Montevideo, por recordar algunos. Y es por eso, por lo que reconozco en este movimiento lingüístico coherente, de total consistencia interior y enraizado en los problemas lingüísticos de la educación idiomática chilena, proyectado hacia el futuro con limpieza de líneas, metas, marcos teóricos, ética y disciplina, una auténtica “escuela lingüística” a la que he propuesto llamar Escuela Lingüística de Valparaíso. Creada y soplada (infusión del espíritu) por esos pioneros que la fraguaron con visión y sabiduría, Marianne Peronard y Luis Gómez Macker, hoy tan presente, y continuada y encabezada por su actual inspirador y gestor infatigable, brillante discípulo de aquellos, Giovanni Parodi, e integrada asimismo por los destacados lingüistas Luis Ahumada, Nina Crespo, Juanita Marinkovic, Paulina Núñez, Omar Sabaj, Patricia Vargas y René Venegas, por nombrar solo a algunos de sus más importantes representantes. La Revista Signos no es más que la punta de un inmenso iceberg. Y lo que ahora estamos celebrando no es otra cosa que los cuarenta años de este gran movimiento lingüístico que, en su pronunciado desarrollo y consolidación, alcanza su máximo reconocimiento internacional, a través de la indexación en el isi, de uno de sus más importantes órganos de difusión.

Claro que no se equivocó. No faltaba más. La Academia, insufada por su gracia de estado (tal vez, el numen cervantino), procede sobre bases seguras. Aquí hay mucho prestigio acumulado durante años. Y, aunque el prestigio es una ilusión (procede de praestigium ‘fantasmagoría, juego de manos’, de donde su significado ‘fascinación o ilusión con que se impresiona a alguno’, del mismo origen que prestidigitación), la Academia no se deja llevar por juegos de manos, sino por juegos de palabras, por juegos de lenguaje, en el sentido wittgensteiniano. Por eso, la Academia Chilena de la Lengua no puede más que sumarse, muy fervientemente a este homenaje a la Escuela Lingüística de Valparaíso, a través de la celebración de los 40 años y de la indexación en isi de su principal órgano de difusión, la Revista Signos. Estudios de Lingüística, que con tanta vocación y perseverancia ha dedicado sus desvelos al estudio riguroso de esos “juegos de lenguaje” en que consiste nuestro humano decir. Si instalar signi-fica “poner o colocar en el lugar debido a alguien o algo”, instalación mayor es esta a la que hoy asistimos. Haec dies quam fecit Dominus: exultemus et laetemur in ea!

Santiago de Chile, 27 de abril de 2007

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