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Estudios atacameños

versión On-line ISSN 0718-1043

Estud. atacam.  no.47 San Pedro de Atacama  2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-10432014000100001 

EDITORIAL

 

Inician el volumen 47 de Estudios Atácamenos, Arqueología y Antropología Surandinas — correspondiente al primer semestre de 2014— dos trabajos de bioantropología realizados en San Pedro de Atacama (norte de Chile). En el primero, María Antonietta Costa y Agustín Llagostera realizan un análisis molecular por amplificación del ADN de leishmaniasis, enfermedad detectada en cinco cráneos de mujeres procedentes del cementerio Coyo Oriente, perteneciente al período Medio. Puesto que esta enfermedad tiene un origen trasandino concluyen que estas mujeres fueron originarias de regiones endémicas al oriente de los Andes, y sugieren que el cambio de residencia pudo deberse a matrimonios exogámicos patrilocales. En el segundo, José Cocilovo, Héctor Varela y María Fuchs evalúan la calidad de vida a través del dimorfismo sexual en el cráneo en forma global para la población prehispánica de San Pedro de Atacama, y en forma particular, tomando en cuenta su distribución en cada período cultural. Ellos analizan 624 individuos adultos, con y sin deformación artificial procedentes de varios sitios que cubren los períodos Formativo, Medio e Intermedio Tardío, utilizando las pruebas ANCOVA y MANCOVA. Sus resultados indican que los cambios en las condiciones de vida registrados durante 60 generaciones con otros marcadores (patologías, traumas, violencia) no influyeron sustancialmente en el crecimiento y desarrollo normal del cráneo en ambos sexos. A continuación, Magdalena García, Alejandra Vidal, Valentina Mandakovic, Antonio Maldonado, María Paz Peña y Eliana Belmonte evalúan el rol de las plantas al interior de las aldeas formativas Pircas, Caserones (quebrada de Tarapacá), Ramaditas y Guatacondo (quebrada de Guatacondo), caracterizando la diversidad de rubros en los cuales se utilizan, relevando sus contextos de consumo y ahondando en los aspectos tecnológicos y sociales ligados a la producción de artefactos. Además, documentan un bosque sepultado en la quebrada de Tarapacá (norte de Chile), el cual debió ser importante para la recolección de maderas y alimentos durante la ocupación de las aldeas, obteniendo muestras de troncos datados por C14 y analizados dendrocronológicamente. Los autores constatan que junto con las semejanzas que manifiestan las cuatro aldeas, relacionadas fundamentalmente con su orientación agrícola y forestal, ambas quebradas muestran expresiones diferentes del período Formativo en aquella región. Posteriormente, Alejandra Elías expone las tendencias tecnológicas registradas en conjuntos líticos provenientes de sitios con fechados posteriores a ca. 1100 AP, emplazados al final del río Punilla y en los sectores intermedios de los ríos Las Pitas y Miriguaca (Antofagasta de la Sierra, Puna Meridional argentina), comparándolas con la información disponible procedente de sitios formativos emplazados en esos mismos microambientes. Estas son discutidas concibiendo el proceso tecnológico lítico como un conjunto de técnicas y productos materiales imbricados no solo en condiciones tecnológicas y materiales particulares, sino también asociados a una comprensión compartida y socialmente contextualizada, cruzados por diversos significados políticos, identitarios y de estatus. Continúan Jimena Roldán, Marta Vattuone y María Marta Sampietro quienes estudian las alteraciones antrópicas producidas por el uso sostenido de los campos de cultivos prehispánicos tardíos ubicados en Yasyamayo (valle de Santa María, Tucumán, Argentina), y su relación con las condiciones ambientales del momento de su ocupación. Utilizando métodos provenientes de las geociencias, observan una clara diferencia entre las tierras cultivadas y aquellas naturales, e incluso registran la utilización de abono. Les sigue Luis Cornejo, quien apoya con nueva metodología el valioso trabajo de Virgilio Schiappacasse (1999), quien propuso que el dominio inca en Chile fue bastante anterior a la tradicional fecha propuesta por Rowe. Cornejo aporta una base de datos actualizada de fechas, tanto de C14 como de termoluminiscencia, y con un método analítico centrado en la acumulación de probabilidades que desde esa base de datos pudo construir. Con ello, propone que la imposición incaica en Tarapacá habría ocurrido en la década de 1410 DC, mientras que en Atacama comenzaría en 1380 DC; en el Norte Semiárido, parece desarrollarse a partir de 1370 DC, mientras que en la Zona Central ocurriría hacia 1390 DC. Finalmente, Carlos Mondaca y Alberto Díaz examinan cómo algunos proyectos educativos propiciados en teoría por el Estado chileno, no lograron materializarse en los pueblos cordilleranos y en los oasis de la actual región de Antofagasta, quedando solo en el papel, pues su concreción fue asumida por la población local junto con el municipio de Calama. Así, dejan en evidencia el rol que las agencias y agentes locales tuvieron en la resolución de problemas y demandas educativas de los habitantes de Atacama durante las primeras décadas del s. XX.

Carolina Agüero
Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo R. P. Gustavo Le Paige
Universidad Católica del Norte

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