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Estudios atacameños

versión On-line ISSN 0718-1043

Estud. atacam.  no.57 San Pedro de Atacama  2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-10432018005000502 

ARQUEOLOGÍA

Recolección y manejo de recursos forestales nativos, en especial del algarrobo (Prosopis) en la región de Fiambalá, Catamarca (Argentina)

Collection and handling of native forest resources, especially from algarrobo (Prosopis sp.) in the region of Fiambalá, Catamarca (Argentina)

Diego Andreoni1  2  1  2  3  4  5 

1CONICET- División Arqueología, Museo de La Plata, Universidad Nacional de La Plata, Paseo del Bosque s/n° (1900) La Plata, ARGENTINA. Email: andreondieg@hotmail.com

2 CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) Argentina

3 Instituto de Antropología de Córdoba - CONICET Universidad Nacional de Córdoba, Av. H. Yrigoyen 174 (5000) Córdoba, ARGENTINA. Email: bernarda.marconetto@gmail.com

4 Instituto de Antropología de Córdoba Universidad Nacional de Córdoba, Av. H. Yrigoyen 174 (5000) Córdoba, ARGENTINA. Email: veromors@yahoo.com.ar

5 Universidad de Buenos Aires, Instituto de las Culturas (UBA-CONICET), Facultad de Filo sofía y Letras, Moreno 350, CP 1091 C.A.B.A., ARGENTINA, nratto@filo.uba.ar

Resumen:

Se evalúa el proceso de selección y utilización de recursos leñosos en la región de Fiambalá (Departamento Tinogasta, Catamarca), tanto por las poblaciones que habitaron la región a lo largo del primer milenio de esta era como de la incaica. Se realizó el análisis antracológico de carbones procedentes de sitios arqueológicos en distintos contextos (residenciales y productivos), los cuales están emplazados en diferentes sectores y altitudes de la región (1500 a 1900 msnm). Los resultados dan cuenta de un uso intensivo del algarrobo (Prosopis sp.) en combinación con otras especies a lo largo del lapso considerado. Además, relacionamos y contextualizamos los resultados obtenidos con estudios previos realizados en el marco del Proyecto Arqueológico- Chaschuil Abaucán y en otras áreas del Noroeste Argentino. Discutimos el uso del algarrobo como especie cultivada, proceso que se consolida en la etapa incaica.

Palabras claves :  madera; Prosopis; Formativo; Tardío-Inca; Argentina

Abstract:

Management process, selection and use of woody resources in the region of Fiambalá (Department Tinogasta, Catamarca) is evaluated, both by the populations who inhabited the region throughout the first millennium of the era as the Inca. The anthracological analysis of charcoals from archaeological sites in different contexts (residential and productive), which are located in different sectors and altitudes in the region (1500-1900 masl) was performed.

The results show intensive use of algarrobo (Prosopis sp.) in combination with others species throughout the period considered. Besides, we relate and contextualize the results with previous studies in the framework of Archaeological Project Chaschuil-Abaucán and other areas of the Argentine Northwest. We discuss the use of algarrobo as cultivated species, a process that is consolidated in the Inca period.

Keywords: Wood; Prosopis sp.; Formative; Late-Inca; Argentina

Introducción

Desde sus comienzos, a mediados de la década de 1990, el Proyecto Arqueológico Chaschuil-Abaucán (en adelante PACh-A) encaró el desafío de com prender la diversidad cultural y ambiental del pasa do del oeste catamarqueño a través de la adopción de una escala espacial y temporal amplia y el desa rrollo de distintas líneas de investigación (produc ción, distribución y consumo de objetos cerámicos y líticos, lenguajes visuales, organización del espacio, funebria, consumo de recursos animales y vegetales, producción de alimentos, memoria social y estudios paleoambientales, entre otros), las cuales se articula ron con otros saberes aportados por las comunidades locales (Ratto, 2013, 2015). En este largo proceso, las sociedades del primer milenio tuvieron un papel central y protagónico por constituir los grupos loca les cuyos modos de vida se produjeron y reproduje ron entre los siglos I y XIII, tanto en las tierras bajas como en las altas de la región (Ratto et al., 2014). Esa continuidad se materializó en la repetición de prácticas que se transmitieron, reprodujeron, resig nificaron y/o se perdieron a lo largo del tiempo y que lograron ser definidas a través del estudio de objetos, restos y lugares para conocer cuáles conti nuaron y cuáles cambiaron a lo largo del desarrollo temporal del extenso proceso cultural. Sostenemos que estas regularidades perduraron en el tiempo más allá del lapso fijado por la periodificación cultural tradicional del Noroeste Argentino (en adelante NOA) catamarqueño (ca. 500 AC-900/1000 DC) y fueron en parte favorecidas por la ocurrencia de eventos naturales que generaron inestabilidad am biental en el fondo de valle (Ratto et al., 2013). Esto provocó su abandono y desocupación por cientos de años hasta su recomposición y repoblamiento por la conquista incaica, con la cual ingresan a la región nuevas prácticas, tanto propias del incario como de las poblaciones movilizadas en el marco de su estra tegia de dominación (Orgaz y Ratto, 2015; Ratto, 2013; Ratto y Boixadós, 2012).

En este contexto, los estudios arqueobotánicos tu vieron un rol importante dentro de las distintas líneas de evidencia implementadas por el PAChA para configurar el proceso sociohistórico regional, los cuales fueron realizados aplicando una perspec tiva etnobotánica (Pérez y Ratto, 2004) y arqueo- botánica, tanto de macrorrestos vegetales (Ratto et al., 2010, 2014) como de microrrestos (almidones) y ácidos grasos (Lantos et al., 2015). No obstante, hasta el momento no se había indagado de forma sistemática el proceso de selección y utilización de recursos leñosos en la región. En esta dirección, en el presente trabajo nos proponemos establecer qué cri terios intervinieron en la selección y utilización de los recursos leñosos a partir del análisis antracológi- co de distintos contextos, productivos y residencia les, recuperados en sitios arqueológicos emplazados en diferentes cotas altitudinales del valle de Fiamba- lá, los cuales dan cuenta de un amplio lapso que se extiende desde el Período Formativo hasta el Inca. Nuestros objetivos particulares son conocer: a) si las continuidades en las prácticas sociales que eviden cia el registro arqueológico para momentos de las sociedades del primer milenio (Formativo) también están reflejadas en el registro antracológico; b) los cambios y/o continuidades en el manejo de los re cursos leñosos producidos por la ocupación incaica; c) el impacto que tuvo en las estrategias de selección y utilización de los recursos leñosos dicha conquista, y d) cuál fue el rol del algarrobo (Prosopis sp.) en los distintos contextos (domésticos y productivos) y en las diferentes ocupaciones del valle.

En el presente trabajo entendemos que las estrate gias de selección y utilización de los recursos com bustibles están enmarcadas en los patrones genera les de abastecimiento de otros bienes (p.e., líticos, faunísticos, arcillas para producción cerámica, entre otros). El proceso de selección de los recursos leño sos consiste en discriminar entre una variedad de plantas cuáles son las más adecuadas para realizar diferentes tareas. Entendemos que la sola presencia de una planta leñosa en un ambiente no es criterio suficiente para que ésta sea considerada como leña, lo que define su recolección es su futura aplicación. Esta aplicación está condicionada por diversas cues tiones: las propiedades de la madera (p.e., quími cas, físicas, mecánicas, organolépticas, dimensiones, entre otras); los múltiples usos que de una planta pueden presentar (p.e., medicinales, alimenticios, materia prima para producir tecnología, vestimen ta, construcciones, entre otros); su valor simbólico y las necesidades de reproducción social del grupo (Andreoni, 2014; Ciampagna, 2014; Marconetto, 2008; Pique í Huerta, 1999). Habitualmente se supone que la recolección de madera para leña se orienta principalmente a la selección de madera muerta, no obstante, los ciclos de producción na tural de madera muerta pueden ser superados por los ritmos de recolección de leña según la duración y dimensiones de las ocupaciones, la frecuencia y la intensidad de las combustiones, entre otros facto res naturales y antrópicos (Andreoni, 2014; Marconetto, 2008; Pique í Huerta, 1999). En este sentido, en determinados contextos sociales las estrategias de selección de madera son diversas; pudiendo por medio de distintas técnicas silvícolas incrementar la disponibilidad de recursos maderables e incluso la producción de frutos silvestres obtenidos de un mismo taxón (p.e., poda y almacenamiento, tala sis temática, tolerancia o protección de ejemplares sil vestres, erradicación de competidores, implantación bajo condiciones de cultivo, entre otros).

La región de Fiambalá está delimitada al este por las sierras homónimas, al oeste por las Sierras de Narváez, al norte por la cordillera de San Buenaven tura y al sur, arbitrariamente, por el río El Puesto (Figura 1). El sector bajo es atravesado por el río Fiambalá o Abaucán que nace al norte del pueblo de Medanito (Catamarca) y desagua en la provincia de La Rioja; por lo cual constituye una de las cuencas hídricas más grandes de Argentina (28.200 km2), ya que recibe numerosos afluentes a lo largo de su recorrido. Esta región presentó en el pasado una di námica particular producto de la acción volcánica y fluvial, que actuó configurando distintos escenarios paleoambientales. En este sentido, hacia los 2000 años AC comienza un período de transición fluvial donde se pasa de una dinámica de acumulación a la actual de encajonamiento de los cauces de ríos y ero sión. El consecuente descenso del nivel de base de los cursos de agua debió haber impactado de forma negativa en las poblaciones agropastoriles del norte del valle de Fiambalá. De igual modo, la dinámica fluvial del río La Troya pudo haber afectado a las po blaciones asentadas en el sector meridional del valle (Ratto et al., 2013). Estos procesos influyeron tanto en las poblaciones del primer milenio como en los incas y españoles. Adicionalmente, el valle tuvo una importante actividad volcánica que arrojó una gran masa de material no consolidado a la superficie te rrestre, lo que modificó la topografía de la región. No obstante, es probable que estos eventos catastró ficos no sucedieran ni en tiempo de las poblaciones del primer milenio, ni durante el Estado inca. Estos procesos se retroalimentaron con otros como la ac ción eólica y la dinámica fluvial, que afectaron en di ferente grado a las poblaciones del valle. El impacto de estos procesos sobre la vegetación es actualmente difícil de establecer. Es probable que en momentos de las poblaciones formativas y el Período Inca las condiciones fueran distintas a las actuales, no en tér minos fitogeograficos, sino más bien en cuanto a las frecuencias de los taxones presentes en cada ambien te. Lo más llamativo es el aparente hiatus ocupacional que se registra entre 1000 y 1250 DC, momento para el que no se han registrado asentamientos en el fondo del valle (Ratto et al., 2013).

La fitogeografía actual de la región de Fiambalá fue incluida en el dominio chaqueño, Provincia de Monte (Cabrera, 1976; Morello, 1958). En líneas generales la vegetación corresponde a un monte xerófito, diferenciándose distintas unidades. La pri mera de ellas son los bosques de algarrobo (Prosopis flexuosa) que crecen siempre vinculados a los cur sos de agua y a napas freáticas (plantas freatofitas). En el bolsón de Fiambalá éstos se desarrollan en las proximidades del río homónimo y se extienden por el río Chaschuil hasta los 2000 msnm, aproxima damente. Otros recursos vegetales asociados a los algarrobales son chañares (Geoffroea decorticans), atamisque (Atamisquea emarginata) y quillay (Brede- meyera colletioides), entre otros (Czajka y Vervoorst, 1956; Vervoorst, 1951). Fuera del dominio de los bosques de algarrobo se extiende la estepa arbusti va conformada principalmente por jarillas (Larrea cuneifolia, L. divaricata y en menor proporción L. nitida), acompañadas de otros arbustos como brea (Cercidiumpraecox), usillo (Tricomaria usillo), reta ma (Bulnesia retama), ala de loro (Monttea aphylla), monte negro (Bougainvillea spinosa), tala de burro (Grabowskia duplicata) y huañil (Proustia ilicifolia). El estrato herbáceo está compuesto por Allionia in- carnata, Junellia longidentata, Verbena critbmifolia, entre otros (Czajka y Vervoorst, 1956; Vervoorst, 1951). Esta estepa arbustiva se extiende tanto hacia el este como hacia el oeste de los bosques de algarro bo, aproximadamente hasta los 3000 msnm.

En el pasado los algarrobales debieron presentar una mayor extensión que la actual, como lo demuestran estudios históricos que dan cuenta de la intensa so breexplotación a la que fueron sometidos los bosques a causa de la industria minera y ferroviaria desde fi nes del siglo XIX y comienzos del XX (Rojas, 2013). En el valle de Fiambalá se pueden diferenciar los algarrobales silvestres, previamente mencionados, y un segundo bosque ubicado en la localidad de El Puesto-Anillaco (Salinas, 2006 Ms.). Según Palacios y Brizuela (2005), estos últimos fueron implantados por los pobladores precolombinos, presentando una llamativa afinidad entre individuos de localidades distantes. En condiciones similares de implantación se encontrarían otros algarrobales del NOA, como por ejemplo, en Belén (Catamarca), Quilmes (Tucumán) y Tolombón (Salta). Palacios y Brizuela (2005) sostienen que la ubicación y ordenamiento de estos árboles en esos lugares solo se daría si fueron culti vados, por lo que se los puede considerar como pa trimonio genético-cultural. Una de las características de este bosque es la presencia de diferentes especies de algarrobos Prosopis flexuosa, P chilensis y una for ma intermedia entre ambos (híbridos). Éstos se dis tribuyen de distintos modos, pudiendo encontrarse ejemplares maduros aislados en parcelas limpias, o forman cortinas rompe vientos que delimitan las parcelas despejadas o distribuidos uniformemente a manera de cultivo forestal (Salinas, 2006 Ms.). La sistemática de Prosopis sp. fue establecida por Burkart (1976), quien tras realizar una extensa revisión del género, divide las especies existentes en cinco sec ciones. En cada sección los taxones que la integran son similares morfológicamente y se hibridizan con facilidad, esto último se debe a que los algarrobos son genéticamente poliploides, confiriendo una gran plasticidad fenotípica que les permite adaptarse fá cilmente a distintas condiciones ambientales (Be- resford-Jones, 2011; Pasiecznik et al., 2001). Entre éstas, la sección definida por Burkart (1976) como Algarrobia es la de mayor importancia para el presen te trabajo. La misma incluye 35 especies nativas de Sudamérica de las 45 existentes. Esto llevó a Burkart y Simpson (1977) a proponer que el género se origi nó en el continente sudamericano y que las diferen tes especies responden a episodios de aislamiento que han producido una especiación parcial, inferencias que posteriormente fueron confirmadas por estudios moleculares (Beresford-Jones, 2011; Pasiecznik et al., 2001). Ahora bien, en términos adaptativos los alga rrobos presentan distintas características anatómicas y morfológicas que les permiten sobrevivir en con diciones de extrema aridez, entre las que podemos mencionar el desarrollo de extensos sistemas radicu lares, la presencia de hojas pequeñas que disminu yen la pérdida de agua por evaporación a la vez que facilitan la condensación de humedad durante las noches, entre otras (Beresford-Jones, 2011). Una de las características principales de los algarrobos, y por la cual son valorados por las poblaciones humanas, es que pueden ser consideradas plantas multipropósito, dado que permiten obtener distintos bienes de con sumo. Entre éstos, sus frutos son comestibles, su ma dera dura o semidura es un excelente combustible, además de ser utilizada para la construcción y sus ho jas y frutos poseen propiedades medicinales. Se suma a esto que, en términos ecológicos, son fijadores de nitrógeno en suelos y evitan su erosión (Beresford- Jones, 2011; McRostie, 2014; Pasiecznik et al., 2001, entre otros). Algunas de estas características han sido consideradas para explicar la existencia de Prosopis alba en Atacama. En este sentido McRostie (2014, 2016), tras un minucioso relevamiento del registro paleoambiental y arqueológico de macrorrestos y microrrestos, observa la ausencia de registro vincu lada a este taxón durante el Arcaico y su paulatino incremento a nivel de microrrestos y macrorrestos en el Período Formativo de Atacama (McRostie, 2014; 2016). En esta misma región ya se había propuesto la importancia del algarrobo y del chañar para los grupos del Arcaico y para las sociedades Formativas (Agüero y Uribe, 2011; Vidal, 2006). En la costa sur de Perú se ha propuesto una situación similar, para explicar los relictos de bosque de huarangos (com plejo Prosopis juliflora-P pallida)1 los cuales permi tieron el desarrollo de sociedades agropastoriles en contextos desérticos durante el Horizonte Medio de Nazca (ca. 1000 años DC) (Beresford-Jones, 2011; Beresford-Jones et al., 2011).

Figura 1 Sitios y localidades arqueológicas de proveniencia de las muestras antracológicas y su ubicación temporal relativa. 

Sitios arqueológicos y materiales

Sector norte de la región de Fiambalá

La localidad arqueológica de Palo Blanco es la única aldea formativa conocida y emplazada en el sector norte del valle de Fiambalá, a 1900 msnm, donde en la actualidad domina una cubierta vegetal formada por arbustos de monte bajo con presencia de jarilla (Larrea sp.), brea (Cercidiumpraecox) y retama (Bul- nesia retama), entre otras.

Los trabajos de investigación fueron iniciados en la década de 1960 (Sempé, 1976 Ms.), cuando se registraron cinco núcleos habitaciones (NH-01 a 05) construidos con muros de tapia y con diferen tes arreglos arquitectónicos. Éstos están compues tos por tres o cuatro recintos, predominantemente rectangulares, que se conectan entre sí y con el ex terior a través de pasillos más estrechos; en algunos casos están asociados con espacios más amplios que fueron interpretados como patios. Posteriormente, los trabajos fueron retomados por el Proyecto Ar queológico Chaschuil-Abaucán durante la década del 2000, cuando se realizaron intervenciones en el NH-03 y en un nuevo núcleo denominado NH- 06 con basural externo, los que fueron identificados mediante técnicas y métodos geofísicos (Bonomo et al., 2010; Martino et al., 2006), los que poste riormente fueron excavados (Ratto, 2007; Ratto y Basile, 2010).

Recientemente se han realizado excavaciones al sur del PB-NH4 (1540±60 años AP, es decir, 410. DC) donde Sempé (1976 Ms.) identificó un basural y cuya visibilidad actual resulta nula. El sondeo se practicó en un área rodeada de excavaciones asiste máticas realizadas por pobladores locales, evidencia das por depresiones en la superficie del terreno y por distintos tipos de materiales arqueológicos asocia dos (cerámica, lítico y óseo). El sondeo realizado no presenta en su estratigrafía evidencia de algún tipo de alteración reciente, por lo que se asume que los materiales recuperados son el resultado de procesos de depositación en los que no intervinieron las exca vaciones asistemáticas mencionadas anteriormente. Se alcanzó una profundidad máxima de 1.95 m res pecto del nivel actual del terreno y se identificaron seis capas estratigráficas naturales de distintos espe sores y características sedimentarias. Los fechados radiométricos indican concordancia en función de las profundidades de recuperación de las muestras (Tabla 1). Por lo expuesto, las muestras antracológi- cas analizadas provienen de NH-03 y NH-06 y de los basureros ubicados al este del NH-06 (Miyano et al., 2015) y al sur del NH-04, los cuales en conjunto cubren más de 1200 años, ya que se extienden desde 262 AC hasta 986 DC.

Sector medio de la región de Fiambalá

En este sector destaca la localidad arqueológica de Mishma, emplazada en los alrededores del Zanjón de Apocango a 1750 msnm, la que está compues ta por 10 sitios reportados por Sempé (1976 Ms.), quien realizó en algunas recolecciones de material superficial, y en otros, excavaciones mediante la técnica de trincheras. Las muestras antracológicas provienen de los sitios enumerados como 1, 2 y 7. Los dos primeros (Mishma-1 y Mishma-2) no pre sentan un patrón arquitectónico definido, posible mente debido al uso de materiales perecederos en su construcción (Sempé, 1976 Ms.); sin embargo, identificó grandes fogones de donde extrajo mues tras de carbón y otros restos vegetales carboniza dos (abundantes semillas de chañar y algarrobo, así como marlos de maíz). En ambos sitios se recupera ron en superficie fragmentos cerámicos de caracte rísticas tecno-morfo-decorativas del Período Tardío y en menor medida del Temprano. En cambio, el otro sitio (Mishma-7) presenta una arquitectura de finida por dos grandes núcleos arquitectónicos (IV y V) en buen estado de preservación, los cuales con forman varios recintos de muros dobles y simples, circunscritos por un muro perimetral (Orgaz et al., 2007; Sempé, 1983). Los estudios de tecnología ce rámica realizados en los últimos años determinaron la presencia de un número mínimo de 35 piezas cerámicas en Mishma-7, donde el material incai co representa el 14,3% y el de filiación Tardía el 85,7% (Orgaz et al., 2007). Los fechados radiomé- tricos con los que cuenta esta localidad informan que Mishma-2 y Mishma-7 se ubican en el siglo XV, pero Mishma-1, a diferencia de lo sostenido por Sempé (1976 Ms.), remite a momentos forma- tivos (ver Tabla 1).

Actualmente en la localidad existe una estepa de ar bustiva xerófita abierta, con un suelo arenoso com pacto, cubierto por una capa delgada de ripio. La vegetación es baja y rala, observándose brea (Cerci- dium praecox) y retama (Bulnesia retama). En pros pecciones realizadas se documentaron tocones de algarrobo (Prosopis sp.) en los alrededores de Mish- ma-7, lo que hace pensar en la posible existencia de bosques en las inmediaciones del sitio al momento de su ocupación.

Sector sur de la región de Fiambalá

En este sector del valle se destacan el sitio incaico Batungasta, los Hornos de La Troya y la aldea La Troya-V50 (LT-V50), cuyas dataciones radiométri- cas dan cuenta de una ocupación del espacio, como mínimo, desde el siglo IV a momentos hispano-indígenas (Ratto, 2013) (ver Tabla 1).

Tabla 1 Fechados radiométricos de los sitios de proveniencia de las muestras analizadas 

* En Batungasta solo se consignan los fechados de momentos incaicos, el resto son hispano-indígenas y puede consultarse en Ratto (2005).

La instalación inca de Batungasta se encuentra emplazada en la cuenca inferior del río La Troya, afluente del Fiambalá, a 1480 msnm. Presenta di versas estructuras arquitectónicas de formas rectan gulares, circulares y poligonales, entre las que se ha llan dos grandes plazas, recintos y cierres de recintos que definen sectores hipotéticamente abiertos (Orgaz et al., 2007; Orgaz y Ratto, 2015). Las dataciones radiométricas indican que su edificación fue en el siglo XV, pero continuó en época histórica (Ratto, 2005). Sin embargo, debido a los intensos procesos de formación, no pudo establecerse una ocupación previa a la inca dentro del área del entramado de la instalación, pero sí en su periferia sur, donde se em plazó la aldea LT-V50 de tiempos formativos (Ratto et al., 2013; ver más adelante).

Batungasta es el asentamiento de mayores dimensio nes en el oeste de Tinogasta y su relevancia regional está dada por las actividades desarrolladas tanto de eventos festivos como de producción alfarera (Orgaz et al., 2007; Ratto et al., 2002). Por un lado, el comensalismo político pudo establecerse a partir del análisis de su arquitectura pública y de la evidencia artefactual cerámica. El análisis de esta última de terminó la existencia de un número mínimo de 75 piezas compuestas por aríbalos, aribaloides, platos pato, ollas pie de compotera, pucos y vasijas de ta maños varios. Las piezas de filiación inca represen tan un 25%, mientras que las locales alcanzan un 72% (Orgaz et al., 2007). Además, el sitio funcionó como centro de manufactura que proveyó de bienes a los sitios incaicos localizados en la alta cordillera andina (Ratto et al., 2002). Pero la producción de cerámica se registra desde tiempos anteriores al in cario, dado que el alfar de La Troya fue explotado a lo largo del tiempo en función de la articulación de diferentes líneas de evidencia, destacándose: a) estudios de procedencia de materias primas cerámi cas; b) excavaciones en estructuras de combustión (hornos) de forma circular y de ojo de cerradura o pera, localizadas en la periferia del sitio ubicadas temporalmente en los siglos VII y XV (ver Tabla 1), los cuales son denominados Hornos de La Troya; c) alta frecuencia de fragmentos cerámicos defectuo sos; d) existencia de un bosque relictual de algarrobo (Prosopis flexuosa y P chilensis) que fuera implantado por las poblaciones prehispánicas (Palacios y Brizue- la 2005), y e) abundante disponibilidad de bancos de arcilla en el área de La Troya (Feely, 2011; Ratto et al., 2002, 2004, entre otros).

En los Hornos La Troya, contexto productivo, se registraron 60 estructuras de combustión, aisladas y/o asociadas, las que presentan tres tipos de for mas: a) circular; b) pera u ojo de cerradura, y c) sub- cuadrangular (Feely 2011). Se analizaron muestras provenientes de los hornos circulares (BATH-31/2, BATH-35 y BATH-36) y forma de pera u ojo de cerradura (BATH-24/2 y BATH-03), siendo los pri meros más tempranos que los segundos (ver Tabla 1). Se aclara que otros hornos fueron intervenidos, pero el carbón recuperado solo fue suficiente para realizar un fechado radiométrico.

Por último, la aldea LT-V50 se emplaza en el mar gen derecho de un brazo inactivo del río La Troya, a unos 4 km al sur del sitio Batungasta. La insta lación está localizada dentro de un ambiente de barreal bisecado por antiguos cursos de agua y, en algunos sectores invadidos por sedimentos eólicos que forman médanos en pequeña escala. En terreno se visualizan segmentos de muros de tapia sin con tinuidad espacial ni definición certera de las formas de los recintos debido al mal estado de preservación, pero se estima que cubren una superficie de 200 m x 100 m, aproximadamente. Una de las caracterís ticas de estos muros de tapia es que contienen pe queños carbones en su interior, hecho que también fue registrado en uno de los núcleos habitaciona- les (NH-06) de la localidad arqueológica de Palo Blanco (Ratto y Basile, 2010). Estos rasgos arqui tectónicos están asociados con una alta densidad de fragmentos cerámicos en superficie, los cuales por sus características tecno-morfo-decorativas remiten a las poblaciones del primer milenio (Feely y Ratto, 2009). Además, se asocia con estructuras de forma circular, las que fueron interpretadas como hornos para la producción de cerámica (Feely, 2010; Ratto, 2005). El registro y la recuperación de material or gánico permitió obtener los fechados radiométricos que ubican temporalmente a la instalación entre 640 a 790 DC (ver Tabla 1).

Metodología

Para la identificación de los restos antracológicos se utilizó una metodología estándar (Andreoni, 2014; Marconetto, 2008; Pique í Huerta, 1999, entre otros), la cual consistió en la identificación taxonó mica de los carbones arqueológicos por medio de la comparación con muestras de referencias de especies leñosas que crecen en el NOA. La unidad de análisis seleccionada fue cada uno de los carbones estudia dos (Pique í Huerta, 1999), los cuales fueron frac turados a mano para el reconocimiento de los rasgos diagnósticos en corte transversal (CT), longitudina les tangencial (CLT) y radial (CLR). Los estudios se realizaron con Microscopio Óptico con luz de incidencia con un máximo de aumento de 50X. Las determinaciones fueron realizadas en dos momentos y con diferentes muestras de referencia. Por una par te, se utilizó la colección depositada en el IDACOR (CONICET-Universidad Nacional de Córdoba). Por otra, fue utilizada la colección de maderas del Laboratorio 129 de la División de Arqueología Mu seo de La Plata, que cuenta con especies leñosas que abarcan la Diagonal Árida Argentina. La cantidad de carbones analizados en cada sitio y contexto fue variada, ya que en aquellos casos donde la muestra era reducida se analizó el total; mientras que en los contextos con gran cantidad de carbones se obtuvo una submuestra definida a través de la utilización de la curva de riqueza específica (Andreoni, 2014; Marconetto, 2008; Pique í Huerta, 1999).

Los datos se presentan y sintetizan utilizando dis tintas tablas y gráficos, donde en ambos casos se considera tanto la frecuencia absoluta de carbones (cantidad de carbones de cada taxón) como el volu men expresado en mililitros. Se realizaron dos agru- pamientos: a) el primero consideró la procedencia geográfica de las muestras (sectores norte, centro y sur de la región de Fiambalá); mientras que; b) el segundo, se realizó sobre la base de las dataciones disponibles que permiten definir dos bloques tem porales: el que remite al desarrollo de las sociedades formativas y el que dirige a las sociedades tardío- incaicas que se asentaron en la región después del 1300 DC, aproximadamente.

Resultados

En total se analizaron 324 carbones de los cuales se logró identificar el 98,5%. Se reconocieron 10 ta- xones, los cuales representan distintos porcentajes de la muestra total: Prosopis sp. (60%), Geoffroea de- corticans (11,7%), Bulnesia aff. retama (10,8%), La rrea sp. (4%), Lithraea aff. molleoides (3,7%), Aca cia caven/Prosopis ferox (3,1%), Schinus sp. (1,8%), Rhamnaceae (1,5%), Acacia sp. (1,2%), Cercidium praecox (0,6%), e Indeterminables (1,5%). Los re sultados se presentan en la Tabla 2 y en la Figura 2. En la primera se expresan en frecuencias absolutas (cantidad de carbones) y en volumen (ml), y en la segunda se expresan en porcentaje (%) del volumen de cada taxón en los distintos sitios analizados, los cuales se ordenan cronológicamente. En líneas gene rales se pueden realizar distintas apreciaciones, ba sadas en la presencia/ausencia de un taxón en cada contexto. A saber:

Prosopis sp es el género mejor representa do, identificándose en casi todos los sitios estudiados (excepto en NH-03 de Palo Blan co), durante toda la larga secuencia temporal de casi 1200 años, tanto en contextos resi denciales como productivos; además, junto con Geoffroea decorticans son los únicos dos taxones presentes en los tres sectores del área de estudio. Existen diferencias entre los taxones pre sentes en cada uno de los sectores (norte- centro-sur) de la región de Fiambalá. Se observa que Bulnesia aff. retama, Rhamnaceae y Cercidium praecox solo fueron iden tificados en la localidad de Palo Blanco, ubicada en el sector norte de la región; mien tras que Lithraea aff. molleoides y Larrea sp. en los Hornos de la Troya y Batungasta, res pectivamente, ambos localizados en el sector sur de la región. La riqueza taxonómica es mayor en sitios residenciales que en los productivos. Batungasta y Palo Blanco presentan siete taxones cada uno; mientras que en los Hornos La Troya solo la mitad o menos.

Si se consideran los tres sectores estudiados se ob servan variaciones tanto en los términos de canti dad de fragmentos, volumen y riqueza taxonómica (ver Tabla 2). Así, en el sector norte se identificó un total de siete taxones (Prosopis sp., Bulnesia aff. retama, Acacia sp., Geoffroea decorticans, Schinus sp., Rhamnaceae, Cercidium praecox). En términos de cantidad absoluta de fragmentos y de volumen, se observa que Bulnesia aff. retama es el mejor repre sentado, seguido de Prosopis sp. y en menor cantidad Rhamnaceae, Cercidium praecox, Geoffroea decorti cans y Schinus sp. En el sector central de la región se identificó Prosopis sp. y Geoffroea decorticans, donde esta última es la especie mejor representada en términos de frecuencia absoluta de fragmentos y volumen (ver Tabla 2 y Figura 2). En el sector sur se analizaron los carbones procedentes de contextos residenciales y productivos de los sitios Batungasta, Horno La Troya y LV-50, identificándose un total de siete taxones (Acacia caven/Prosopis ferox, Geoffroea decorticans, Larrea sp., Lithraea aff. molleoides, Pro- sopis sp., Rhamnaceae, Schinus sp.). En términos de número de fragmentos y volumen, es Prosopis sp. el género mejor representado seguido por Geoffroea de- corticans, Larrea sp., Lithraea aff. molleoides, Acacia caven/Prosopis ferox; finalmente en menor propor ción se identificó Rhamnaceae y Schinus sp.

Al comparar los resultados obtenidos, entre los con textos analizados observamos algunas diferencias, en primer lugar, la más evidente es la ya mencionada en términos de riqueza taxonómica. En segundo lugar, la identificación de distintos taxones en cada contexto, por ejemplo, Lithraea aff. molleoides está presente únicamente en los hornos, mientras que Larrea sp., Rhamnaceae, Schinus sp., solo en con textos domésticos. En los dos tipos de formas de los Hornos de La Troya (circular y forma de pera u ojo de cerradura) se identificó Prosopis sp. Entre los cir culares BATH-36 y BATH-35 fue el único género

Tabla 2 Resultado general de taxones identificados en la región de Fiambalá 

Nota: (Vol = volumen en ml y N° = número de carbones).

Figura 2 Porcentaje del volumen en ml de cada taxón identificado en los distintos sitios estudiados en el valle de Fiambalá. 

identificado, mientras que en BATH-31/2 se asocia con Lithraea aff. molleoides. En los de forma de ojo de cerradura o pera es en BATH-03 donde Prosopis sp. se asocia a Geoffroea decorticans, Acacia caven/ Prosopis ferox, mientras que en BATH 24/2 se iden tificó junto con Lithraea aff. molleoides, aunque en este caso Prosopis sp. es el taxón mejor representado (ver Tabla 2, Figura 2).

Ahora bien, en términos cronológicos se observan algunas diferencias y similitudes en la utilización de recursos leñosos (ver Figura 2). En este sentido si se consideran las ocupaciones correspondientes al Período Formativo, se identificó un total de nueve taxones (Prosopis sp., Geoffroea decorticans, Acacia caven/Prosopis ferox, Lithraea aff. molleoides, Schinus sp., Acacia sp., Rhamnaceae, Cercidiumpraecox, Bul- nesia aff. retama); mientras que para momentos de la ocupación incaica se registró una menor rique za taxonómica (Prosopis sp., Lithraea aff. molleoi des, Geoffroea decortincans, Larrea sp., Schinus sp., Rhamnaceae). Es importante resaltar la presencia de Prosopis sp. en toda la secuencia temporal den tro de los tres sectores de la región. En los Hor nos de La Troya se observa una mayor riqueza en contextos productivos del primer milenio (Prosopis sp., Lithraea aff. molleoides, Geoffroea decortincans, Acacia caven/Prosopis ferox), con respecto a los más tardíos, donde solo se identificaron dos taxones (Prosopis sp. y Lithraea aff. molleoides). En cuanto a los contextos domésticos, se observan cambios o sustituciones de taxones, los cuales pueden estar vinculados a distintas actividades del grupo social o a distintas estrategias de abastecimiento de leña. En este sentido en los contextos del primer mile nio se identificó Cercidium praecox, Bulnesia sp. y Acacia sp. que están ausentes en el contexto residen cial incaico; mientras que Larrea sp. está presente en este último y ausente durante el primer milenio, los restantes taxones fueron identificados en ambos contextos temporales.

Discusión

Los estudios arqueobotánicos en la región de Fiam- balá aportaron nuevas evidencias para comprender su dinámica poblacional. El análisis antracológico constituye el primer estudio de macrorrestos carbo nizados provenientes de distintos contextos regiona les (residenciales y productivos), además de cubrir una amplia cronología que se extiende desde el 266 AC con las sociedades formativas hasta momentos de la ocupación incaica en la región. Estos estudios específicos pueden relacionarse con otros que tam bién fueron generados por la arqueobotánica, pero sobre otros tipos de macrorrestos, los cuales provie nen de la puna transicional y el piso altoandino de la región de Chaschuil (Pérez y Ratto, 2004; Ratto et al., 2010) y la de Fiambalá (Ratto et al., 2010).

Los registros arqueobotánicos provenientes de sitios ubicados en distintas ecozonas de las regiones de Chaschuil y Fiambalá evidencian la complementa- riedad de pisos ecológicos para lograr las estrategias de subsistencia, dada la presencia de especies propias de un ambiente en sitios emplazados en otros, tanto en contextos de las sociedades del primer milenio como la tardía-incaica (Ratto et al., 2010). Ejemplos de esto lo constituyen los postes y vigas de Prosopis sp. y frutos de Geoffroea decorticans y un bastón de caminante confeccionado en Larrea sp. en el sitio multicomponente Fiambalá I (5000 msnm), dado que todas son plantas nativas de pisos ecológicos del fondo de valle. Caso contrario lo constituye la recuperación de macrorrestos vegetales (Adesmia sp., Fabiana sp., y Parastrephia sp.), propias de pi sos de altura, que fueron recuperados como parte de una actividad ritual (challa fundacional) en el sitio residencial Batungasta, a 1480 msnm (Ratto et al., 2010, 2014, 2015). Estos casos constituyen ejemplos de la continuidad en el manejo de recursos vegetales silvestres y cultivados a lo largo del tiempo.

El análisis antracológico da cuenta de cambios y continuidades que coinciden con algunas tenden cias observadas en el registro arqueológico y arqueo- botánico regional. Quizás la más importante de las continuidades es la utilización de Prosopis sp. en to dos los sectores de la región de Fiambalá, tendencia espacial que continúa en el tiempo desde las socie dades del primer milenio hasta el Estado incaico, lo cual no es extraño dado que el registro antracoló- gico de Prosopis sp. se extiende desde el NOA has ta Patagonia (Andreoni, 2014; Ciampagna, 2015; Marconetto, 2008, entre otros). Además, el uso de la madera de Prosopis sp. tiene un amplio registro arqueológico en el NOA donde se lo ha identificado como material constructivo para postes o vigas en sitios emplazados en diferentes valles catamarque- ños (Capparelli et al., 2003; Marconetto y Gordillo, 2008; Valencia y Balesta, 2013). De igual manera, está presente en ambiente altoandino tanto en si tios residenciales como de gran contenido simbóli co (reservorio de leña de Prosopis aff. alba;Ratto et al., 2010). Las fuentes bibliográficas mencionan el uso de Prosopis sp. para la confección de múltiples artefactos, como por ejemplo, tarabitas (Raviña et al., 2007), implementos del complejo alucinógeno, agrícolas (Sprovieri y Rivera, 2014) y para la elabo ración de textiles, como es el caso de los torteros (Rodríguez, 2008). Una situación similar se aprecia en la utilización del algarrobo como materia prima para la preparación de alimentos y bebidas, lo que se evidencia a nivel de macro y microrrestos de este gé nero en diversos contextos de Argentina (ver Cappa relli et al., 2015; Giovannetti et al., 2008).

Análisis arqueobotánicos realizados en Puente del Diablo y Huachichocana III permitieron observar en ambos sitios un aumento en el consumo de Pro sopis sp., fundamentalmente con el objeto de ela borar bebidas, añapa durante el Formativo y aloja durante el Tardío, preparación que se hace notable en el momento incaico en Huachichocana, en situa ciones de congregación social (Lema et al., 2012). Asimismo, es interesante la asociación de macrorres- tos ligados a estas bebidas en contextos funerarios. En Batungasta se identificaron artejos y semillas de Prosopis flexuosa, en contextos funerarios como Bebé de la Troya y restos de Prosopis afín P. nigra, P. flexuo- sa o híbridos (Ratto et al., 2010, 2014). El uso de Prosopis sp. para la preparación de bebidas, posible mente aloja, se evidencia en Batungasta por medio de la presencia de gránulos de almidón de este gé nero en fragmentos cerámicos y en aríbalos del sitio San Francisco (puna de Chaschuil) y por medio de estudios de ácidos grasos (Lantos et al., 2015).

En los registros arqueológicos que aquí estudiamos se identificó Prosopis sp. en todos los sitios, excepto en un núcleo habitacional de la localidad de Palo Blanco (NH-03), siendo además el taxón mejor representado en los tres sectores analizados y a lo largo de toda la secuencia temporal. Evidentemente “el árbol”, como se conoce al algarrobo, fue central en la organización social tanto de las sociedades del primer milenio como la tardía-incaica. La localiza ción de los sitios Mishma-7 y Batungasta en medio de los algarrobales (los cuales en tiempo históricos cubrían gran parte del fondo del valle), el cultivo del taxón (sensuPalacios y Brizuela, 2005) y el ma nejo de los bosques demuestran su relevancia en la organización social de las poblaciones que habita ron el valle. La importancia del algarrobo ha sido señalada por Capparelli (2004 Ms.) al analizar el registro arqueobotánico del Shincal, cuando ad vierte la ausencia de carbones de Prosopis sp. y la elevada cantidad de carporrestos de este género, por lo cual considera que, al menos en el valle de Hual- fin, los productos derivados del algarrobo debieron ser controlados por el Estado inca y que siguieron en importancia a la producción de maíz. Como se mencionó en la introducción, en otros sectores del área andina se ha propuesto el cultivo y manejo del algarrobo, como en Atacama (Agüero y Uribe, 2011; McRostie, 2014, 2016; Vidal, 2006) y en la costa sur de Perú (Bereford-Jones, 2011). Incluso se ha propuesto la domesticación del complejo Pro sopis juliflora-P pallida, no en sentido estricto, en tendiendo como plantas domesticadas aquéllas que dependen del hombre para su reproducción, sino más bien, vinculado a múltiples técnicas de manejo de los recursos silvestres que incluyen prácticas sil vícolas, las cuales pueden conllevar modificaciones fenotípicas tras sucesivas generaciones de selección y cultivo (Bereford-Jones, 2011). La presencia de algarrobales en zonas de cultivo en ambientes de sérticos trae aparejada -como indica Bereford-Jones (2011)-, una serie de ventajas: aporta nitrógeno y aumenta la fertilidad de los suelos, disminuye los efectos de la erosión eólica y fluvial con un sistema radicular bien desarrollado. A esto podemos agregar un incremento en la producción de leña de buena calidad, materia prima para la construcción y con fección de artefactos, además de ser un importante aporte en la dieta de los pueblos de la región, todo lo cual se evidencia en la región de Fiambalá desde tiempos formativos hasta la llegada del Estado in caico. Tampoco es un dato menor la consideración de los aspectos simbólicos y religiosos vinculados al algarrobo (Gentile, 2001; Karlovich, 2005).

Ahora bien, retomando el registro de Prosopis sp. en Fiambalá y considerando los Hornos de La Troya, en la periferia de Batungasta, se han registrado va riaciones en su utilización, tanto vinculadas a sus formas como a la cronología (ver Tablas 1 y 2). De un total de siete hornos datados, solo se realizó el análisis antracológico en cinco, ya que en los dos restantes el material fue utilizado para dataciones. Si bien la muestra es reducida, se pueden observar algunas tendencias preliminares. En primer lugar, se observa una continuidad en el uso de Prosopis sp. e independientemente de la forma o la cronología de los hornos. Esto es coincidente con la identificación de semillas de Prosopis nigra y carbones de Prosopis sp., que fueron recuperados en otras dos estructuras tipo pera u ojo de cerradura de los Hornos de La Troya, excavadas por Caletti (2005 Ms.). Las varia ciones se registran principalmente en los taxones acompañantes, ya que: a) en los hornos de forma circular (BATH-31/2, BATH-36 y BATH-35), Pro sopis sp. se encuentra solo o combinado con Lithraea aff. molleoides; mientras que, b) los de forma de ojo de cerradura o pera (BATH-24/2) y BATH-03), de cronología posterior al primer milenio, presentan distintas combinaciones de Prosopis sp. asociado con Geoffroea decorticans, Acacia caven/Prosopis ferox, y muy baja frecuencia de Lithraea aff. molleoides, entre las cuales el algarrobo en todos los casos es la planta mejor representada.

En el caso del horno circular BATH-31/2, el cual presenta las paredes fuertemente termoalteradas, es posible que la combinación de Lithraea aff. mo lleoides y Prosopis sp. permitiera alcanzar mayores temperaturas que el uso exclusivo de Prosopis sp., ya que Lithraea aff. molleoides se utiliza en la fragua de metales (Capparelli y Raffino, 1997). Adicional mente, creemos que la presencia de resinas facilita la producción de fuego, por lo tanto suponemos que la combinación de Lithraea aff. molleoides con Proso pis sp. debió permitir obtener temperaturas elevadas durante un mayor tiempo. Este aspecto tecnológico de la producción puede relacionarse con la mejor calidad de las piezas cerámicas del Período Forma- tivo, especialmente por su mayor compacidad. En cuanto a la procedencia de Lithraea aff. molleoides, es difícil de establecer. Según Capparelli y Raffino (1997) esta especie crece en determinadas quebradas y forma pequeños bosques acompañados de Prosopis sp., por lo cual debió ser trasladado hasta el sitio desde algún otro sector del valle que actualmente desconocemos. Mientras que en momentos de la ocupación incaica se combinaron distintas maderas locales, la frecuencia de Lithraea aff. molleoides es muy baja en comparación con el período anterior, lo que puede interpretarse de múltiples maneras, que incluyen procesos culturales de reutilización de las estructuras, a cambios en la organización social, en el acceso a los recursos, en aspectos netamente tecnológicos e incluso de procesos de formación pre y post-depositacionales, entre otros. A diferencia de lo registrado en los Hornos de La Troya, en el sitio incaico del Shincal se han recuperado ramas y tron cos Lithraea ternifolia y Bulnesia sp., pero en este caso se infiere que éstos formaron parte del techo de una estructura incendiada (Capparelli, 2004 Ms.).

Si comparamos las secuencias antracológicas gene radas en este trabajo y los antecedentes arqueobo- tánicos existentes (Ratto et al., 2010), observamos algunos cambios en los taxones utilizados para cada uno de los bloques temporales considerados. En este sentido, en la aldea formativa de Palo Blanco se re gistra una mayor diversidad de riqueza taxonómica, que incluye un amplio rango de maderas que pudie ron ser colectadas en las inmediaciones del sitio o en otros sectores del valle. Entre éstas se encuentran maderas con diversas aplicaciones como pueden ser iniciadores de fuego, como por ejemplo, Acantholip- pia aff. salsoloides (Ratto et al., 2010), para la obten ción de ceras (Cercidium praecox), junto con otras con diversas propiedades combustibles (Bulnesia aff. retama, Geoffroea decorticans, Rhamnaceae, Acacia sp., Schinus sp.), todas en contextos domésticos.

Por su parte, en el sitio incaico Batungasta existen claras diferencias entre los distintos contextos anali zados, aunque la riqueza taxonómica es menor con respecto a la aldea formativa. Además, de las ya men cionadas en el caso de los hornos para la producción cerámica, Larrea sp., Schinus sp. y Rhamnaceae se registraron en contextos domésticos; mientras que Fabiana sp. y Parastrephia sp., en otros vinculados a prácticas rituales. Entre estos taxones, Parastrephia teretiuscula y Fabiana squamata, conocidas como koba entre otros nombres vernáculos, son utilizadas como incienso o para sahumar el ganado en los flo reos realizados en el norte de Chile (Villagrán et al., 2003). En el NOA, las poblaciones de Antofalla (Ca- tamarca) destinan la leña de Paratrephia lepidophylla para el uso doméstico y Parastrephia quadrangularis para el sahumado en rituales ceremoniales de vene ración, agradecimiento y curación (Jofré, 2006). En Tebenquiche Chico la presencia de Parastrephia sp. en pozos excavados en una de las habitaciones, ha sido interpretada como una práctica de sahumado previo a la construcción de la vivienda (Jofré, 2006).

En la localidad de Mishma, la muestra analizada da cuenta de una baja riqueza taxonómica, donde Prosopis sp. fue el único taxón representado en el primer milenio (Formativo); mientras que Prosopis sp. y Geoffroea decorticans fueron identificados en momentos tardío-incaicos. Sobre el primer taxón ya hemos realizado extensas referencias, por lo que nos concentraremos en el segundo. Al respecto, Geoffroea decorticans (chañar) es un árbol que pro porciona madera dura a semidura que tiene múlti ples aplicaciones en la elaboración y confección de objetos domésticos y para la construcción, además de ser un excelente combustible. También es utili zado con fines medicinales, para la elaboración de tinturas y como alimento (Delhey, 1991). El chañar presenta un amplio registro arqueológico; en este sentido se ha identificado como material construc tivo en distintos sitios de Catamarca (Marconetto y Gordillo, 2008; Valencia y Balesta, 2013); como materia prima para la confección de tarabitas (Ra- viña et al., 2007); como leña en distintos sitios del valle de Ambato (Marconetto, 2008) y en diferentes sectores de la región centro-oeste (Andreoni, 2014); y como importante fuente de alimento según lo de muestra el registro arqueológico de carporrestos en Ambato (Marconetto et al., 2009). En la región de Chaschuil se han identificado semillas de Geoffroea decorticans en asociación a un fogón del Perío do Formativo (650-750 DC) del sitio Fiambalá 1 (5000 msnm) y en contextos funerarios tardíos del sitio Bebé de la Troya (Ratto et al., 2010, 2014).

En síntesis, los estudios antracológicos presentados evidencian una continuidad en las prácticas de se lección y utilización de leña, donde las diferencias observadas están dadas, por una parte, por los con textos del cual proceden (domésticos y productivos) y, por otra, por la oferta ambiental de recursos com bustibles de cada uno de los sectores de la región de Fiambalá. Sin embargo, se han evidenciado cam bios a lo largo del tiempo en los que se destaca la concentración en el uso de Prosopis sp. y la disminu ción en la riqueza taxonómica, en contextos incai cos, posiblemente vinculados a cambios en la orga nización social y en los mecanismos de apropiación que conllevó la conquista. Un aspecto relevante que se desprende de los estudios antracológicos y de los carporrestos vinculados a la selección/utilización de Prosopis sp. con múltiples usos, es la existencia de algarrobales cultivados en las proximidades del sitio Batungasta (actuales pueblos de El Puesto y Anillaco, Departamento Tinogasta, Catamarca). Con ello, podemos afirmar que el algarrobo fue cen tral en la subsistencia de las poblaciones, tanto del primer milenio como del Período Tardío-Inca. En cuanto al manejo de los bosques implantados, cree mos que durante el establecimiento del Estado inca en la región de Fiambalá el control de éstos pasó a sus manos. Sin embargo, es probable que las técni cas de manejo no fueran desconocidas por las socie dades formativas, dado que para este momento se han registrado procesos similares en otros sectores de la región andina (p.e., en San Pedro de Atacama y sur de Perú). La apropiación de los algarrobales llevada a cabo por el incario fue posible debido a que las poblaciones locales ya poseían conocimien tos sobre el manejo de los bosques. Entre ellos pue de incluirse la tolerancia de ciertos ejemplares en campos de cultivo, la eliminación sistemática de competidores, o prácticas silvícolas como la poda y el riego. Esto permitió el establecimiento de nuevas prácticas y la perpetuación de otras que pudieron haber sido desarrolladas desde tiempos previos a la llegada de los incas.

Agradecimientos

La investigación se realizó en el marco de una Beca Superior del primer autor en el marco del proyecto PICT-2012-0196 dirigido por la Dra. N. Ratto, en la cual se integraron estudios previos realizados bajo la supervisión de la Dra. B. Marconetto. Agradecemos especialmente a la Dra. Aylen Capparelli por la dis ponibilidad de los equipamientos y colecciones del Laboratorio 129 de la División de Arqueología del Museo de La Plata Facultad de Ciencias Naturales y Museo y al Lic. Luis Coll por realizar la Figura 1.

Referencias citadas

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1El complejo Prosopis juliflora-P. pallida fue definido por Pasiecznik y colaboradores (2001). Se trata de dos especies que tienen su origen en zonas tropicales de Centroamérica y/o Perú y poseen una gran afinidad genética y tolerancias similares (no resisten las he ladas); además de la morfología de sus frutos, hojas, flores y en la estructura del árbol, por lo cual el au tor las considera complejo Prosopis juliflora-P. pallida, definición que es aplicada por Beresford-Jones (2011) a los algarrobos de Perú

Recibido: 16 de Marzo de 2016; Aprobado: 10 de Diciembre de 2016

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