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Estudios atacameños

versión On-line ISSN 0718-1043

Estud. atacam.  no.57 San Pedro de Atacama  2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-10432018005000703 

ARQUEOLOGÍA

Arquitectura y materialidad de la interacción social en la comunidad aldeana del Chañarcito, Los Molinos, La Rioja

Architecture and materiality of social interaction in the village community of Chañarcito, Los Molinos, La Rioja

Pablo Cahiza1  5 

María Lourdes Iniesta Di Cesare2  5 

Gabriela Sabatini3 

María José Ots4  5 

1IAyE, FFy L UNCuyo, Av. Ruiz Leal s/n Parque Gral. San Martín, Mendoza, ARGENTINA (CP 5500, CC 131). Email: pcahiza@mendoza-conicet.gob.ar

2IAyE, FFy L UNCuyo, Av. Ruiz Leal s/n Parque Gral. San Martín, Mendoza, ARGENTINA (CP 5500, CC 131). Email: liniesta@mendoza-conicet.gob.ar

3CRILAR-CONICET, Entre Ríos y Mendoza, Anillaco, La Rioja, ARGENTINA. Email: gsabatini@crilar-conicet.gob.ar

4IAyE, FFy L UNCuyo, Av. Ruiz Leal s/n Parque Gral. San Martín, Mendoza, ARGENTINA (CP 5500, CC 131). Email: mjots@mendoza-conicet.gob.ar

5INCIHUSA-CONICET, Argentina

Resumen:

En este artículo proponemos un acercamiento que combina miradas sobre la espacialidad y la materialidad de la comunidad aldeana del Chañarcito, La Rioja (600 al 800 DC). Nuestro enfoque genera información sobre los paisajes sociales en el piedemonte oriental de la Sierra de Velasco, postulando el surgimiento de mecanismos de reproducción de desigualdades sociopolíticas y prácticas de interacción social, representado en la construcción de espacios públicos -plataforma- y en el consumo diferencial de objetos cerámicos. La identificación de usos compartidos de patrones arquitectónicos, técnicas constructivas y de estilos cerámicos, contribuye asimismo al entendimiento sobre la construcción de identidades comunitarias en el área. El análisis parte de una perspectiva local que se inserta a su vez en el contexto regional y macrorregional de las sociedades formativas que se desarrollaron hacia la segunda mitad del primer milenio DC.

Palabras claves: comunidad; espacialidad; materialidad; formativo; La Rioja

Abstract:

In this paper we propose an approach that combines perspectives on the spatiality and the materiality of the Chañarcito village community, La Rioja (600 to 800 AD). Our focus generates information on the social landscape in the eastern foothills of the Velasco Mountains, and supports the emergence of reproduction of socio-political inequalities mechanisms and practices of social interaction, represented in the construction of public spaces -platform- and the differential consumption of ceramic objects. The identification of shared uses of architectural pattern, constructive technologies and ceramic styles, contributes to the understanding on the construction of community identities in the area. The analysis is based on a local perspective that is also inserted in the regional and macro-regional context of the formative communities that developed in the second half of the first millennium.

Keywords: community; spatiality; materiality; formative; La Rioja

Introducción

Entre 600 y 800 años DC se materializa en el piedemonte oriental del norte de la Sierra de Velasco -La Rioja- un proceso de concentración demográfica, expansión de la explotación agrícola y construcción de espacios ritualizados de uso público que dan como resultado la conformación de paisajes sociales aldeanos.

Nuestros trabajos iniciales tuvieron como punto de partida la resolución de un diseño de investigación arqueológica multiescalar, focalizado en el estudio de la espacialidad humana. Para ello desarrollamos un plan microrregional de prospecciones intensivas en la cuenca del río Los Molinos -Castro Barros, La Rioja- (Figura 1). A partir del mismo reconocimos dos grandes agrupaciones de locaciones arqueológicas, las que fueron asignadas a dos pulsos temporales distintos. Por un lado, en el sector sur de la cuenca se identificó una asociación espacial de sitios con arquitectura residencial y campos de cultivos aterrazados que ocupaban parte del piedemonte. Por otro lado, en el sector correspondiente a las quebradas identificamos una concentración de locaciones residenciales de menor tamaño y asociadas a áreas de molienda (Cahiza, 2015). Interpretamos estas configuraciones espaciales como el producto de dos paisajes comunitarios diferenciados temporalmente: el primero asociado a conjuntos cerámicos Ciénaga, Allpatauca y Aguada, y el segundo a estilos Aguada más tardíos.

Figura 1 Localización de Los Molinos, Castro Barros, La Rioja. 

En este trabajo presentamos los resultados de nuestras intervenciones de relevamiento y excavación en el sitio El Chañarcito, emplazado en el piedemonte y sector sur de la cuenca del río Los Molinos, el de mayor tamaño y complejidad. Abordaremos la espacialidad residencial y las características morfoestilísticas del conjunto cerámico como reflejo de las prácticas de interacción social, así como su relevancia en una escala local. Analizaremos diferentes elementos del paisaje social construido, abarcando la edificación de sectores de uso público, probablemente ritualizados o de prácticas de reproducción simbólica, el uso de los recursos cerámicos y la intencionalidad de participación en prácticas de mayor o menor visibilidad.

Desigualdad e interacción social en comunidades aldeanas

En parte del Noroeste Argentino (NOA) las sociedades aldeanas del período formativo desarrollaron paisajes sociales basados en la diferenciación arquitectónica de espacios de uso doméstico y otros de uso público, en los que predominaba el ejercicio sobre los recursos simbólicos de la comunidad durante el primer milenio DC. Este modelo estaba anclado en profundas raíces andinas y alcanzó una expresión ampliamente difundida con recursos monumentales como montículos y plataformas durante el Período de Integración Regional Aguada. El complejo simbólico se completaba con los conjuntos artefactuales en los que adquirían una gran relevancia las representaciones felínicas y de personajes como el sacrificador (González, 1998; Gordillo 2007; Scattolin, 2006, entre otros).

Este proceso ha sido identificado como el del inicio de la materialización de la desigualdad social en el NOA (Laguens, 2004). Gran parte de las actuales provincias de Catamarca (valles de Ambato, Hualfín y Abaucán) y La Rioja (valles y bolsones del Velasco y Famatina) fueron el ámbito geográfico en el que se habrían dado cambios sociopolíticos y económicos iniciados probablemente en Ambato hacia el tercer siglo DC que posibilitaron el surgimiento de situaciones tendientes al establecimiento de una desigualdad social acentuada. Las características extra-locales de este complejo en el norte de La Rioja llevaron a identificarlo como un tipo de desarrollo particular, el sector “meridional” de las sociedades Aguada (González, 1998).

Entendemos la desigualdad como el acceso diferencial a recursos materiales y sociales (McGuire, 1983, p. 93). Las tensiones entre igualdad y jerarquización siempre han estado presentes en los grupos humanos, acentuándose a partir del desarrollo de comunidades sedentarias de base productiva. Estas tensiones tienen diferentes características espacio-temporales, configurando un fenómeno multidimensional en el que cada sociedad experimenta diversos y múltiples tipos de desigualdad que operan a diferentes escalas, afectando a individuos y grupos en distintas formas (Russell, 2016). El reconocimiento de situaciones asimétricas de poder equivale a diferenciación, y la legitimación de la diferenciación resulta en jerarquía social. La estratificación ocurre cuando la jerarquía es institucionalizada y replicada (Price y M. Feinman, 2010).

Por otra parte, ponemos el foco en la escala local, la de las “comunidades”. Su definición es extremadamente amplia, pudiéndosela ubicar en una escala intermedia entre la que se interesa por unidades domésticas y aquellas que lo hacen en unidades políticas regionales o estatales (Yaeger y Canuto, 2000). Se reconoce un componente espacial desde una doble perspectiva: por un lado en términos de espacialización y residencia compartida, y por otro, como interacción social, es decir, co-residencia y copresencia (Hegmon, 2002, p. 266).

Si bien desde la práctica arqueológica se ha puesto más atención en los aspectos materiales que reflejan a las comunidades como constructos “socio-espaciales” (Kolb y Snead, 1997), sus características están relacionadas con una elaboración colectiva en la que la interacción entre sus integrantes resulta la variable de mayor importancia. La co-presencia está fuertemente relacionada con la co-residencia, y se constituye a partir de la rutinización y la relación habitual de las prácticas diarias en un contexto de vida en común y de instituciones sociales que favorezcan esa interactuación. La interacción social supone el campo en donde las relaciones se actualizan y reproducen, es el espacio en donde se introducen cambios, en donde se fundan las vinculaciones sociales, un fenómeno situado en un contexto espacio-temporal específico (Marc y Picard, 1992). La construcción de arquitectura pública a partir de la apropiación u orientación de la labor colectiva podría ser interpretada como representativa de un espacio de actividades grupales y de interacción social en el manejo del mundo simbólico de la comunidad. Otros espacios, patios de grandes dimensiones y acceso restringido podrían ser definidos como semipúblicos, ámbitos de interrelación menos amplia pero colectiva.

Espacialidad de las comunidades locales de Los Molinos

El espacio comunitario del Chañarcito

A partir del análisis espacial del área relevada en nuestros trabajos de prospección, delimitamos cinco conglomerados de locaciones arqueológicas (Cahiza, 2015). Entre éstos identificamos en el área sur del cono aluvional del arroyo Los Molinos un sector concentrado de edificaciones y terrazas de cultivo denominado “El Chañarcito” (S28º45’49.2’’ W66º57’04.5’’) -el conglomerado 5- (Figura 2). Este espacio está integrado por 21 locaciones arqueológicas y representa el sector de mayor concentración y cantidad tanto de construcciones como de campos aterrazados. Su frecuencia distribucional está compuesta por sitios residenciales (n=6), espacios aterrazados de uso agrícola (10) y morteros (2), combinaciones de locaciones residenciales asociadas a espacios aterrazados para uso agrícola (4) y espacios aterrazados asociados a morteros fijos (2).

Figura 2 Relevamiento topográfico del conglomerado 5. El recuadro señala y amplifica El Chañarcito y los espacios productivos.  

El área que abarca el conglomerado 5 es de 0,5 km². El sector norte del conjunto fue utilizado preponderantemente para el emplazamiento de espacios productivos -algunas veces asociados a locaciones residenciales pequeñas, p.e. “Terraza 5”-. Los 14 espacios productivos tienen un rango de superficies entre los 500 y los 17000 m², y un total cercano a las 5 ha, aunque no descartamos que otros sitios con terrazas emplazados en sectores más alejados también hayan sido parte del componente productivo (Cahiza, 2015).

En el sector sur del conjunto, la presencia de locaciones residenciales es mayoritaria, allí se localizan 9 de las 10 identificadas. Éstas fueron categorizadas como “recintos simples” -cuando presentan uno o dos recintos de dimensión techable de posible funcionalidad como habitación-, “recintos compuestos” -habitaciones asociadas a uno o más espacios abiertos denominados patios-, y “recintos complejos” -combinaciones de recintos habitacionales y patios que conforman sectores. Pueden presentar otros espacios públicos tales como plataformas, rampas y espacios de tránsito interno-.

En la Tabla 1 se pueden observar las frecuencias de cada una de estas categorías y las superficies de los espacios que podrían haber funcionado como habitaciones, patios y plataformas. La categoría de recintos complejos aglutina el 68,2% de las superficies correspondientes a habitaciones y el 60% de las de patios, lo cual podría representar una concentración de las superficies residenciales.1

Postulamos que este conjunto arquitectónico multifamiliar podría ser definido como una pequeña aldea, al estar compuesto por elementos arquitectónicos domésticos, públicos y productivos. Esta distribución concentrada de espacios residenciales podría relacionarse con uno de los aspectos centrales de la definición de comunidad: la co-residencia, que en ámbitos de los conjuntos residenciales complejos, especialmente en El Chañarcito, alcanzó los niveles más intensos. Es en este sector donde las posibilidades de interacción social dada por distancias menores entre los integrantes de la comunidad, es acompañada por la construcción de espacios de uso simbólico/ritual que reflejarían acciones de integración e identidad comunitaria a lo que nos referiremos más adelante.

Tabla 1 Distribución de frecuencia y superficies (m²) de espacios residenciales (habitaciones, patios y plataformas) y terrazas de cultivo. 

Categorías recintos N sitios N hab. Sup. Hab. (m 2 ) N patios Sup. patios (m 2 ) N Plataformas Sup. Plataformas (m 2 ) Sup. Terrazas asociada (m 2 )
Recintos simples en terrazas de cultivo 3 5 69.6 10466
Recintos compuestos 3 6 100.8 6 537.5
Recintos compuestos en terrazas de cultivo 1 3 50 17641
Recintos complejos 3 20 473.2 7 806.1 1 68
Terrazas 10 20074
Morteros 1
Total 21 34 693.6 13 1343.6 1 68 48181

El espacio construido del Chañarcito

El Chañarcito está integrado por cuatro sectores residenciales -patios y habitaciones-, representados por construcciones de piedra con plantas rectangulares y trapezoidales (Figura 3). Éstas se articulan entre sí mediante separaciones de entre 5 y 20 m. También presenta un sector definido por nosotros como de probable uso público, representado por una plataforma de planta trapezoidal que posee un lado abierto hacia las edificaciones domésticas. A estos sectores puede accederse desde el este por una rampa, y su prolongación configura un espacio de circulación que da una apariencia de organización aproximadamente ortogonal.

El edificio principal fue denominado Sector I y posee una superficie aproximada de 530 m². Su lado mayor (este-oeste) tiene una longitud de 35 m y el norte-sur de 18 m. Está compuesto por nueve recintos de los cuales, sobre la base de su tamaño, forma y los contextos y desechos registrados en las excavaciones del sitio, proponemos que seis fueron habitaciones y tres patios (Figura 4a, e y f).

Figura 3 El Chañarcito. División de sectores y distribución de áreas excavadas. 

Figura 4 Reconstrucción 3d de El Chañarcito con los posibles flujos de circulación interna. Detalle de excavación en SI R3(a). Plataforma (b y c). Rampa (d). Entierro humano en R8 (e). Excavación SI R9: detalle de muros, vano, escalón e impronta de poste (e). 

Los sectores III y IV también forman parte del conjunto residencial. Separados del primero por escasos metros, constituyen agrupaciones aisladas e incluso individuales de recintos. El Sector III está compuesto por un único recinto de 4 x 3,6 m, en tanto el Sector IV es integrado por un conjunto de tres recintos -dos habitaciones y un patio- con una superficie total de 47 m².

Continuando hacia el oeste, pendiente arriba, se observa otro sector de edificaciones múltiples -Sector V-. Con una superficie de 298 m², tiene características similares al Sector I y está asociado a dos morteros fijos.

La plataforma -Sector II- es de forma trapezoidal y posee uno de sus lados abiertos, se encuentra sobreelevada en sus lados norte y este a una altura de aproximadamente 1,20 m. Se accede a la plataforma y al Sector I desde el sector bajo del este por una rampa de unos 5 m de longitud (figura 4b y c).

Realizamos excavaciones en el Sector I (R3 (8m²), R8 (3m²) y R9 (16m²)), en el Sector II (3m²) y en el Sector III (2,5m²) (Figuras 3 y 4), totalizando 32,5m². Como resultado obtuvimos la identificación en estratigrafía de un componente ocupacional único, ubicado a una profundidad variable de entre 40 y 60 cm de profundidad sobre el estrato rocoso del piedemonte, debajo de contextos de relleno y derrumbe.

El Sector I articula espacios que posiblemente tenían una funcionalidad pública o semipública como el patio R1, con otros espacios de acceso más restringido. Un ejemplo de ello es el conjunto arquitectónico de los Recintos 8 y 9, la esquina NE de SI. La unidad del conjunto está dada por acceso a R9 desde R8, un espacio jerarquizado por la presencia de un entierro humano, por el momento el único del sitio (ver Figura 4).

Las paredes de las edificaciones son de apariencia robustas -entre 60 y 80 cm de ancho- y fueron construidas en hileras dobles de piedra sin argamasa. Pudimos observar en las áreas excavadas que los arranques de los muros fueron iniciados con bloques colocados en forma vertical. El Recinto 3 fue definido a partir de sus características arquitectónicas como un patio. En el vano de la puerta identificamos una estructura rectangular de piedras que podría haber funcionado como un fogón, de allí se extrajo una muestra de carbón que fue datada en 1300±60 años AP cal 681 a 857 DC (LP- 2952, carbón vegetal) (Figura 4a). En el mismo sector de la puerta relevamos un artefacto de molienda descartado, incluido como elemento constructivo del muro.

La excavación del R8 definió un contexto de relleno, derrumbe y piso de ocupación. Por debajo de éste detectamos un entierro humano de un individuo joven, probablemente masculino, en posición decúbito lateral, en un estado avanzado de meteorización y sin ajuar funerario (Figura 4e). El contexto fue datado con carbón asociado en 1330±70 años AP cal 659 a 841 (LP- 2959, carbón vegetal).

El R9, contiguo al anterior, fue excavado en forma completa (Figura 4f). Se pudo definir la puerta con escalón de acceso desde R8 (tapada por el derrumbe) y una estructura de combustión rectangular construida con piedras. Un hoyo hallado en el centro del recinto podría ser atribuido a la impronta del área de apuntalamiento de un poste o columna. Identificamos un componente estratigráfico inicial de relleno eólico, seguido inmediatamente por el derrumbe de los muros de la habitación, el piso ocupacional y el estrato natural del piedemonte. La presencia de concentraciones de materiales, especialmente cerámicos, con una alta integridad -cada concentración representa una o dos vasijas cerámicas con porcentajes de reconstrucción por remontaje que van aproximadamente del 30 al 100%- sostiene la posibilidad de un abandono rápido de la habitación. El registro específico del recinto ha sido abordado en otro trabajo (Cahiza et al., 2017). Allí presentamos los resultados de análisis de interpolación Kriging con el objetivo de representar la distribución intrasitio de materiales cerámicos y óseos y determinar intensidades diferenciales de depositación. A partir de ello se identificaron dos áreas de concentración de materiales cerámicos y óseos (identificados mayoritariamente como camélidos) en torno al vano de la puerta, en los ángulos SO y NO.

Las tres cuadrículas excavadas en el sector central de la plataforma (Sector II) fueron las únicas que no presentaron derrumbe. Esto confirmaría una mayor integridad del estado de conservación de los muros perimetrales y una menor altura, dada la posible ausencia de techumbre y las necesidades de visibilidad.

Finalmente, en el Sector III excavamos parte del Recinto 1, confirmando la estratigrafía general del sitio y su nivel ocupacional único. Identificamos allí una estructura de piedra con posible funcionalidad de almacenamiento.

Los conjuntos cerámicos del Chañarcito

Repertorios morfo-estilísticos y consumo de recursos cerámicos

Nuestros objetivos principales en torno al análisis de los conjuntos cerámicos del Chañarcito son la identificación de los repertorios morfo-estilísticos, el patrón diferencial de consumo de esos recursos y la integración de este contexto aldeano con el microrregional. No pretendemos introducirnos en definiciones cronoculturales, sino tender al reconocimiento de la variabilidad, diferenciación e interacción social y cultural de una comunidad aldeana del Noreste de la Sierra de Velasco.

La identificación de atributos alfareros permite generar información comparable sobre procesos de producción, prácticas sociales y circuitos de interacción que se suscitan en un área durante un determinado lapso (Dietler y Herbich, 1998; Dobres, 2000). Por tanto, la decoración de una pieza encierra un conglomerado de pautas estilísticas que la hacen visible dentro de un contexto que adquiere sentido en la dinámica cultural. No solo se hace alusión al embellecimiento de la misma con fines estéticos, sino que es vista como una forma de expresión que se relaciona con la participación activa de los artefactos en la vida cotidiana. En este sentido, un estilo cerámico implica que quienes lo realizan comparten ciertos códigos y signos visuales, tanto de significación como de creencias; a la vez que dan sentido de pertenencia y contribuyen a dar identidad a un grupo (Braun y Plog, 1982; Gosselain, 1999; Janusek, 2005).

Analizamos el material cerámico teniendo en cuenta los atributos morfodecorativos, poniendo especial interés en los tipos de tratamientos superficiales, técnicas de decoración y representaciones. Realizamos la descripción de variables tecnoestilísticas y la cuantificación y distribución del conjunto alfarero (Rice, 1989; Shennan, 1992; Orton et al., 1997; entre otros).

Desde nuestro enfoque, la vasija cerámica constituye la unidad básica de análisis, susceptible de una observación más integrada y abarcativa, capaz de proporcionar información comparable a nivel intra e intersitio. Al componerse la muestra fundamentalmente de fragmentos (considerados como partes de un objeto acabado), procedimos al ensamblaje y remontaje de tiestos para la reconstrucción de las formas completas. De este modo, tuvimos en cuenta elementos diagnósticos como fragmentos de bordes y bases; y algunos indicadores estilísticos como los acabados superficiales en las caras externas o internas de la pieza y la presencia o ausencia de diseños decorativos en las superficies internas de formas abiertas, entre otros. A partir de estos resultados, logramos conformar un Número Mínimo de Vasijas (NMV) del registro cerámico.

Distinguimos dos conjuntos dentro de la muestra total, los que definimos como serie ordinaria y serie fina siguiendo la propuesta de Bugliani (2008). Los criterios para distinguir cada una de las categorías se relacionan estrechamente con los circuitos de consumo de determinados bienes, lo que a su vez conlleva al reconocimiento de estrategias de interacción, de estatus social, de normas culturales para la reproducción de poder y la cohesión ideológicaidentitaria, entre otros, más que a posibles funcionalidades de las piezas como se ha sostenido comúnmente, ya que muchas veces son destinadas a usos compartidos. En este sentido, el conjunto ordinario estaría compuesto por vasijas que son utilizadas en ámbitos de tipo privado, de acceso restringido y de poca visibilidad, ligadas posiblemente a prácticas domésticas y a actividades culinarias o destinadas al almacenamiento de sólidos. Por otra parte, la categoría llamada fina agruparía objetos utilizados en contextos de mayor visibilidad, envueltos en circuitos de movilidad y valoraciones sociales de consumo público, asociadas probablemente a prácticas ritualizadas, simbólicas, de entierros o intercambios. Estas piezas sobresalen por su aspecto cuidado y prolijo, son de pastas más compactas, con superficies pulidas y presentan tratamientos decorativos.

Dentro de cada serie, identificamos morfologías, reconociendo por un lado vasijas de forma no restringida o abiertas, entre las cuales mencionamos piezas de servicio o consumo, como pucos o platos; y por otro lado, vasijas restringidas o cerradas, como lo podrían constituir ollas, cántaros, contenedores y otras (Shepard, 1976).

En cuanto a los tratamientos superficiales, dentro de la serie ordinaria, solo se reconocieron acabados en alisado, mientras que en la correspondiente a la serie fina se establecieron pulido, incisión, pintura, pintura/pulido, incisión/pulido y pastillajes.

Los recursos de diseño fueron analizados a partir de la técnica -pintura, incisión y pastillaje- y la temática -repertorio de motivos geométricos o figurativos, en este último caso zoomorfos o antropomorfos-. Reconstruimos los motivos o unidades mínimas para el reconocimiento de una configuración mayor (guardas y registros) (Washburn, 1999). Asimismo, establecimos relaciones formales entre las decoraciones y las morfologías, las pastas, y las disposiciones en el panel de ejecución. Finalmente, determinamos las frecuencias de serie, forma y recurso estilístico y analizamos su distribución intrasitio.

Vasijas, series y representaciones del Chañarcito

El registro cerámico está compuesto por 5065 fragmentos, distribuidos principalmente sobre la plataforma -Sector II- (n=1687; %=33), y Recinto 9 (n=1487; %=29), y en menor frecuencia en el Recinto 8 (n=920; %=18), y en el Recinto 3 -Sector I- (n=315; %=6) y Recinto 1 -Sector III- (n=656; %=13). El cálculo de NMV representa una estimación total de 222 piezas, siendo la plataforma el espacio que contiene el mayor número de vasijas (n= 61; %=27), seguido por el Recinto 3 (n=50; %=23) y el Recinto 8 (n=45; %=20). La menor representación la constituyen R 9 (n=36; %=16) y el S IIIR1 (n=30; %14) (Figura 5).

Figura 5 Frecuencia porcentual de NMV (Número Mínimo de Vasija) según Recinto. 

La discriminación de frecuencias relativas de las series fina y ordinaria representaron 78% (n=178) y 22% (n=44) del total del conjunto del Chañarcito, respectivamente. Esta relación en la representatividad de las series es observada por igual en todos los recintos excavados, aunque la diferencia más notoria se manifiesta en la plataforma (92% fina y 8% ordinaria) y en R9 (89% y 11%), mientras que la menor diferencia -aunque igualmente relevante- fue en el R3 (69% y 31%) (Figura 6).

Figura 6 Distribución porcentual de tipo de serie -fina y ordinaria- según Recinto. 

Las formas más representadas de acuerdo a la serie de vasijas ordinarias son las de tipo cerradas o restringidas. La diferencia entre recipientes cerrados y los de tipo abiertos es mayormente notoria en el R3 (n=11 y 4, respectivamente) y en el S3R1 (n=7 y 2), mientras el R9 contiene únicamente piezas de tipo cerradas2 (n=4). El Recinto 8 es el que exhibe una diferencia menos significativa entre las formas (n=6 y 5). La discrepancia está marcada por la plataforma, ya que presenta un mayor número de recipientes de tipo abiertos (n=4) que cerrados (n=1).

Las vasijas correspondientes a la serie fina representan principalmente morfologías abiertas o no restringidas. El mayor número de piezas de estas formas abiertas se encuentra en la plataforma (n=48 abiertas y n=8 cerradas), seguido de R8 (n=23 y 11), S3 R1 (n=14 y 7) y por último el R9 (n=18 y 14). Caso contrario manifiesta el R3, donde hay mayor preponderancia de vasijas cerradas (n=20 vs. n=15) (Figura 7).

Figura 7 Distribución porcentual de formas cerradas y abiertas según tipo de serie por Recinto. 

Estos resultados mostrarían una asociación entre las vasijas consideradas “ordinarias” con las formas cerradas, en contraposición con las vasijas “finas”, más representadas en formas abiertas. Posiblemente los contextos de circulación y consumo de estos objetos indiquen un patrón diferencial en las prácticas y en el acceso social a dichos bienes. En el primer caso las piezas, entre las que reconocimos ollas y jarras, podrían estar siendo consumidas en contextos de tipo domésticos (usos culinarios, preparación de alimentos y almacenamiento de líquidos y/o sólidos), mientras que en el caso restante, la participación de los objetos estaría dada por cuencos y pucos en contextos de alta visualización, como festividades y otros actos en espacios públicos (Figura 8).

Figura 8 Formas cerámicas no restringidas (arriba) y restringidas (abajo) de los conjuntos del Chañarcito. 

En cuanto a los tratamientos superficiales, se registró un alto porcentaje de acabados en pulido (27%) y alisados (21%), seguidos por los decorados incisos (17%) e incisos/pulidos (15%), y en menor medida pintados (10%) y pintados/pulidos (10%).

La plataforma es la que contiene la mayor frecuencia de vasijas con pulido, ya sea aplicado solo o sobre pintura o incisión, y se observan algunos alisados de manera leve. El R3 y el R8 presentan igualmente un número alto de pulidos dentro de sus conjuntos, aunque en el primer caso el número de alisados es significativo, mientras que en el segundo caso, tantos los alisados como las incisiones representan un número importante. Los tratamientos en pintura, en cambio, son mayoría solamente en el contexto de R9, seguidos por las incisiones. Por su parte, el S3 R1 es el que presenta una distribución similar de piezas que poseen los distintos tipos de tratamientos identificados (Tabla 2).

Tabla 2 Frecuencia absoluta de vasijas (NMV) por tipos de tratamientos superficiales según Recinto. 

Tratamientos superficiales R3 R8 R9 Plataforma S3 R1 Total
Alisados 17 10 5 6 9 47
Pulidos 16 14 6 18 5 59
Pintados 6 1 10 1 4 22
Incisos 8 10 8 10 3 39
Incisos / pulidos 1 9 3 12 8 33
Pintados / pulidos 2 1 4 14 1 22
Total 50 45 36 61 30 222

Con respecto a las técnicas utilizadas para las representaciones, la incisión es la modalidad decorativa más recurrente, y su porcentaje es mayoritario en relación con los motivos elaborados en pintura (61%; n=72 y 39%; n=44, respectivamente). En ambos casos, hay un predominio de motivos geométricos, aunque en pintura también se manifiesta, en muy baja cantidad, un repertorio de diseños zoomorfos y antropomorfos. Asimismo, aparecen algunos pastillajes y modelados figurativos de cejas, ojos, orejas; y en este último caso también figurinas zoomorfas -pequeño fragmento de camélido-. Estos últimos se localizan exclusivamente en la plataforma y en el Recinto 9.

En el conjunto total de patrones incisos (Tabla 3), la mayoría se encuentran en la plataforma (59%), seguidos de R8 (19%), S3 R1 (69%) y R9 (44%) y en menor medida en el R3 (53%). Los diseños visualizados y sus variantes muestran, de mayor a menor porcentaje, patrones rectilíneos (16%), reticulados (12%), triángulos solos o combinados (12%), ondas (9%), círculos solos o entre bandas (5%), punteados entre bandas (4%) y líneas entre figuras (3%).

En cuanto al repertorio de motivos con esta técnica, hemos reconocido dos claros patrones relacionados con la profundidad y el ancho del trazo de la incisión. Esto se relaciona con la intencionalidad del alfarero -selección de determinado tipo de vasija, pasta y panel para la ejecución y de la herramienta utilizada-, lo que nos permite acceder a ciertas normas regulares de composición. Por una parte, identificamos algunos motivos como los triángulos, elaborados con una incisión más marcada y profunda sobre pastas grises, semicompactas, sobre cuellos y cuerpos de superficies externas de vasijas cerradas y abiertas y de paredes gruesas. Asimismo, los patrones de círculos, líneas entre figuras y reticulados, se muestran de manera similar sobre vasijas de pastas grises, aunque la profundidad del trazo varía. Por otra, los diseños en ondas, y excepcionalmente algunos reticulados, son ejecutados de manera suave y ligera sobre los bordes y cuellos de vasijas cerradas de pequeños y medianos tamaños, de pastas naranjas, de alta compactación y paredes muy delgadas.

Las configuraciones geométricas plasmadas con pintura manifiestan bandas rectas verticales, horizontales y oblicuas, y escalonadas, las que representan el 8% del total de los diseños con esta técnica, seguida de triángulos (5%), bandas semicurvas y picos (3%) y por último, los peines. Igualmente, hay una alta frecuencia de motivos no identificados (8%).

Los patrones en pintura (Tabla 3) se encuentran principalmente en los R9 y R3 (56% y 47%), luego en la plataforma (41%), S3 R1 (31%) y por último en el R8 (10%). Asimismo, el R9 manifiesta motivos de escalonados y picos, y fundamentalmente diseños figurativos. Éstos se hallan en tres piezas cerámicas, de las cuales dos contienen motivos zoomorfos, concretamente imágenes de felinos estilizados en vasijas globulares de gran tamaño sobre pastas naranjas, y la tercera una representación antropomorfa de ojos humanos, cejas y posiblemente lágrimas, en vasijas restringidas de tamaño mediano, sin cuello. En el caso de los motivos felínicos, se observan en una pieza dos “jaguares” de grandes proporciones, cuyo cuerpo contiene círculos concéntricos que posiblemente representen manchas, plasmado en todo el panel de la pieza (desde el borde hasta la base), sin restricción por campo (Figura 8 y Tabla 3).

Tabla 3 Frecuencia absoluta y porcentual de NMV por repertorio de motivos con técnica incisa y pintada según Recinto. 

Discusión

Espacialidad y Arquitectura

Un análisis general de la arquitectura del Chañarcito nos permite evaluar que su ingreso no es restringido y las posibilidades de acceso son múltiples. Sin embargo, la pendiente suavizada, flanqueda por los muros del Sector I y Sector II -plataforma- presenta este corredor jerarquizado en el espacio arquitectónico y fija una circulación principal con orientación este-oeste (ver Figura 4).

El sentido del flujo de tránsito del SI es interno, separando en distintos grados de visibilidad las actividades de sus habitantes del mundo externo a la edificación. El acceso al conjunto solo puede ser realizado por el vano presente en el R1, el espacio de mayores dimensiones y que podría ser considerado como semipúblico. La altura aparente de sus muros (estimación cercana a un metro) le otorga algún grado de visibilidad externa. Esta característica se mantiene en el R3, en el que además se pudieron realizar algunas actividades relacionadas con la preparación de alimentos. Desde allí o desde el R7 (aún no hemos identificado el vano de la puerta bajo el derrumbe de los muros) se ingresa al R8 y de éste al R9, en donde pudimos identificar el vano de la puerta, que además contaba con un escalón de piedra previo a una estructura rectangular del mismo material que probablemente funcionaba como fogón. Los recintos 8 y 9 se presentan como unidad dentro del conjunto habitacional del Sector I. Los muros norte y este -de altura estimada cercana a los 2 m- lo aíslan del espacio externo del SI, las actividades realizadas en esos recintos carecen de visibilidad, configurando un espacio privado.

Por su parte la plataforma o Sector II es de acceso libre, con alta visibilidad desde todos lados, especialmente desde el norte y el este, donde la depresión del terreno configura un pequeño anfiteatro natural. Sugerimos que esto podría definirla como un área donde la posibilidad de interacción social en un ámbito institucionalizado es más abierta y fluida -aunque dirigida- que en los espacios domésticos o semipúblicos, especialmente de los sectores I y V (ver Figura 4).

El patrón arquitectónico del Chañarcito tiene características similares a la de otros “recintos complejos” de Anjullón -Instalación 5- (Mercado, 1994) y Anillaco -Quebrada de Anillaco, Faldeos de Anillaco I y Anillaco 28- (Raviña y Callegari, 1992). Las edificaciones poseen una organización del espacio compuesto de construcciones integradas por conjuntos de recintos habitacionales, patios pequeños y un gran patio ubicado en una posición lateral. El Chañarcito y Faldeos de Anillaco I además poseen una plataforma y un montículo, respectivamente (Figura 9).

Figura 9 Planimetría comparativa de sitios residenciales de la categoría “Complejos”. El Chañarcito (a), Instalación 5 (Mercado 1994)(b), Anillaco 28 (c) y Faldeos de Anillaco I (Raviña y Callegari 1992)(d). 

La técnica constructiva de los muros, realizada con cimientos de grandes bloques colocados en forma vertical a partir de los cuales se levantaban las hiladas de piedra, también fue relevada en la cuenca de Los Molinos, en los sitios Terraza 5 y Loma de la Puerta, al igual que en Anillaco 28, Faldeos de Anillaco I, Quebrada de Anillaco (Raviña y Callegari, 1992), Uchuquita 1 y 3 en Anillaco (excavaciones en progreso, realizadas por Gabriela Sabatini), y en Instalación 5 de Anjullón (Mercado, 1994), para sitios datados entre el 400 y 800 DC (Cahiza, 2015).

Materialidad

El conjunto cerámico del Chañarcito muestra un alto porcentaje de piezas finas (78%) en relación con las ordinarias (22%). La serie fina se compone de vasijas en tonalidades grises y naranjas con un predominio de tratamientos superficiales en pulido (27%) e incisión (17%), seguido por la pintura (10%) y pintura/pulido (10%). Los motivos incisos (61%) de carácter geométrico reflejan rectilíneas, triángulos, ondas, círculos y punteados o figuras entre líneas, mientras que las representaciones en pintura (39%) muestran bandas rectas o curvas, escalonados, triángulos y otros no identificados. Asimismo, con esta última técnica se elaboraron patrones zoomorfos como felinos y antropomorfos de rostros humanos.

Las características del conjunto cerámico de pastas grises incisas, que representan aproximadamente el 41% del grupo decorado, en cuanto formas y representaciones podrían atribuirse a lo que se denomina en el contexto regional como estilo “Ciénaga”. No obstante, nuestro registro posee únicamente configuraciones geométricas, sin identificarse un repertorio figurativo como podrían ser imágenes de camélidos estilizados o personificaciones, registrados en otros sectores del NOA como el valle de Hualfín o Abaucán (provincia de Catamarca) (Balesta, 2015; Sempé 1980). Asimismo, los fechados radiométricos obtenidos de nuestras muestras de excavación indicarían que cronológicamente Ciénaga se habría desarrollado y permanecido más tardíamente en esta área de la provincia de La Rioja que en Catamarca.3

En cuanto a los conjuntos naranjas incisos con motivos en ondas y reticulados en cuellos y bordes (21%), se asemejarían a las tradiciones estilísticas “Allpatauca”. Estas vasijas tienen la particularidad de ser morfológicamente cerradas o restringidas, de mediano porte y con paredes muy delgadas y compactas (Raviña y Callegari, 1992). Por otra parte, las cerámicas naranjas pintadas de motivos abstractos y figurativos como felinos, anfibios y humanos (38%), se adscribirían a lo definido como “Aguada meridional” (González, 1998), en cuyo sector espacio-temporal los tipos grabados o incisos de pasta grises y cocción reductora constituyen la minoría (Kusch y Gordillo, 1997) o están ausentes, como en nuestro caso.

Si bien los estilos alfareros identificados para El Chañarcito pueden ser incluidos genéricamente dentro de los esquemas preestablecidos regionalmente, se destacan con una fuerte impronta local y con variantes microrregionales, distinguibles en el caso de la cerámica en algunos atributos tecnológicos y decorativos. Desde nuestro enfoque local y de las comunidades, esto nos permite avanzar en el conocimiento de la construcción de los paisajes sociales, mediante sus materialidades, entendidas como recursos simbólicos puestos en juego por los integrantes de las comunidades para la reproducción de identidades distintivas en un determinado espacio y temporalidad (Scattolin, 2007).

Asimismo, el repertorio de configuraciones y los tratamientos superficiales indicarían la gran inversión de trabajo en los acabados pensados para la manipulación de piezas en determinados ámbitos sociales. Estas cerámicas se distribuyen en particulares circuitos de interacción y contextos de alta visibilidad dentro de la comunidad. El espacio más relevante lo constituye la plataforma, en donde existe un alto número de piezas de formas abiertas o no restringidas, como cuencos, platos y escudillas, que sobresalen por sus decoraciones geométricas incisas de mayor o menor profundidad en su trazado. Por su parte, el Recinto 9 exhibe un conjunto fino mayormente representado con motivos en pintura geométrica y figuras humanas de ojos y cejas, y animales. La presencia de estos objetos en ambos sectores, y en comparación con SI R3 y S3 R1, que si bien contienen un número importante de piezas finas poseen el porcentaje más elevado de vasijas ordinarias de formas restringidas como pueden ser ollas y jarras, podría sostener la premisa de un consumo diferencial de vasijas para determinadas prácticas sociales, vinculadas a celebraciones públicas, ofrendas, rituales o de servicio de comidas, a las que posiblemente haya accedido un segmento jerarquizado de la sociedad. Esto difiere de los objetos destinados a actividades de tipo doméstico y de carácter privado que prevalecerían en otros espacios.

Interacción y desigualdad social

En el análisis que presentamos en este trabajo, hemos articulado dos escalas de aproximación. Por un lado reconocimos un patrón espacial microrregional concentrado de espacios residenciales y productivos. Por otro lado, entendiendo que la identificación de estructuras comunitarias debe incluir sus dinámicas e interacciones sociales, tomamos como vías de aproximación el estudio del registro arquitectónico y el de los conjuntos cerámicos de un sitio aldeano.

Ya hemos propuesto (Cahiza, 2015) que las poblaciones mantienen un mayor grado de interacción a medida que las distancias entre sus elementos residenciales disminuyen (entre otros Chapman, 2003; Peterson y Drennan, 2011). Sin embargo no limitamos todas las relaciones de pertenencia comunitaria únicamente a la cercanía inmediata, a la posibilidad de contacto diario y de co-residencia, si bien nos parece que es de gran relevancia. También pensamos que eventos familiares, festividades rituales, actividades del calendario agrícola, y otras situaciones supra domésticas menos continuas, separadas de las relaciones de cotidianidad, no cercanas geográficamente pero constantes en la larga duración, también están sosteniendo las pertenencias comunitarias.

Si acordamos que las prácticas de interacción pueden ser conceptualizadas como una red, sin duda El Chañarcito y su arquitectura pública podría representar una situación nodal, una parte materializada de acciones concentradas. Las plataformas y los montículos son un rasgo arquitectónico característico de las sociedades del primer milenio DC del NOA y han sido definidos como espacios de reproducción social de las desigualdades, el ámbito en el que se ejerce el control de la base material a partir del monopolio de lo simbólico (Gastaldi, 2011).

A diferencia de lo detectado para otros sectores con sociedades Aguada de Catamarca, en el que se definió que estas construcciones eran parte de largos procesos de acumulación, incluso a partir del aprovechamiento de edificaciones anteriores o de basureros, en nuestro caso parece responder a un único evento constructivo, planificado y de un uso poco prolongado en el tiempo.

Las posibilidades de acceso y tránsito a distintos sectores del Chañarcito son variadas. Mientras la plataforma tiene una disposición de acceso irrestricto, otros espacios como el patio grande (¿plaza?) -SI R1- parecen funcionar como semipúblico con un vano de acceso, por lo tanto de circulación más controlada. La plataforma se destaca entonces como un área donde la posibilidad de interacción social es más abierta y fluida que en los espacios domésticos o semipúblicos.

Si bien los aspectos del registro que pueden ser identificados como indicadores de desigualdad social son muy escasos, no debemos perder de vista el análisis desde una escala multidimensional y local del proceso. El Chañarcito es el único lugar de la cuenca de Los Molinos donde hasta el momento hemos podido identificar una estructura que podría tener una significación simbólica de arquitectura pública, pero también la orientación del esfuerzo colectivo en su construcción. Allí se consumieron conjuntos cerámicos manufacturados para ser utilizados en contextos de visibilidad social. Por otro lado, en los recintos R8/R9 definimos un espacio de acceso restringido jerarquizado, con un entierro humano y con recursos cerámicos de serie fina. Es decir, tanto la construcción de espacios simbólicos públicos como la apropiación de lugares sobre el culto de antepasados podrían estar indicando algunas dimensiones sociales de accesos diferenciales a recursos.

Este tipo de estructuración adquiere una especie de representación microrregional. Un sitio por cuenca parece tener la jerarquía de centro aldeano con edificaciones ritualizadas. La construcción de un espacio público, único en toda la cuenca del arroyo Los Molinos, y la presencia de espacios “vacíos” con respecto a otros agrupamientos residenciales y productivos que también tienen un único sitio de arquitectura pública -como Faldeos de Anillaco I (ver Figura 9) (Raviña y Callegari, 1992)- presentan una fuerte relación centrípeta entre la ocupación de los conos aluvionales del piedemonte de Castro Barros y la conformación de asociaciones comunitarias. Su construcción representa una inversión de trabajo que supera la escala doméstica y que puede reflejar situaciones de labor colectiva probablemente de escala comunitaria.

El proceso de construcción de espacios simbólicos en Castro Barros representa desarrollos locales, que no significan un caso aislado, y pueden ser relacionados con dinámicas similares en contextos macrorregionales de la provincia de Catamarca y La Rioja, asociado al Período de Integración Regional (Raviña y Callegari, 1992; Cahiza, 2015; Callegari et al., 2015). Las construcciones del tipo monticular en Anillaco, la plataforma en la vertiente oriental en Los Molinos, y un caso de gran envergadura en La Cuestecilla, cerca de la localidad de Pituil, Valle de Antinaco en la vertiente occidental del Velasco (ver Figura 1), constituyen ejemplos claros y simultáneos del incremento de la importancia de los espacios simbólicos en las sociedades del área. Adriana Callegari y colegas (2013) han asignado a este elemento arquitectónico una funcionalidad pública vinculada a sociedades Aguada, diferenciadas dimensionalmente en “grandes” y “pequeñas”, asignándole áreas de influencia “subrregional” y “comunitaria” respectivamente. En el caso del Chañarcito, al igual que Faldeos de Anillaco, se encuentran en el rango de la categoría “pequeña”/ “comunitaria” de Callegari, con una superficie de 68 m².

Conclusión

Las comunidades aldeanas de la cuenca de Los Molinos construyeron un paisaje social en el que se destacan las edificaciones de escala multifamiliar con arquitectura pública del Chañarcito, asociado a áreas aterrazadas de cultivo y otras estructuras residenciales domésticas. Hemos relacionado la construcción de estos centros aldeanos con la legitimación de desigualdades, dada la apropiación de trabajo colectivo y discursos simbólicos. Esta configuración refleja también la consolidación de identidades comunitarias entre el 600 y 800 DC, que se ven manifestadas en el uso compartido en el piedemonte oriental del Velasco de técnicas constructivas, formas de organizar el espacio y materialidad.

Definimos en El Chañarcito algunos circuitos de tránsito que articulan espacios residenciales con diferentes restricciones de acceso (privados) o abiertos (público) a partir de conjuntos residenciales, plataforma y rampa. Los conjuntos cerámicos muestran el consumo diferencial de objetos de acuerdo a las actividades y circuitos de interacción social en los que fueron partícipes. Así pudimos reconocer la plataforma como un sector en el que se utilizaron casi exclusivamente recursos jerarquizados (serie fina), pensados para ser utilizados en prácticas de alta visibilidad, probablemente vinculadas a celebraciones y eventos públicos. En tanto el SI R8 y R9 también con recursos de alta calidad presentan un ámbito privado de vasijas restringidas, con presencia de un entierro humano.

Asimismo, reconocimos trayectorias estilísticas locales en las que se combinan técnicas de incisión y pintura con repertorios de configuraciones geométricas y figurativas, que también guardan relación con patrones macrorregionales Ciénaga, Allpatauca y Aguada meridional.

Agradecimientos

A nuestros compañeros Jorge García Llorca, Silvina Rodríguez, Agustina Acevedo, Lourdes Murri, Marina Cataldo, Enrique Garate, Franco García, Andrés Rocha y Juan Pablo Aguilar que colaboraron en los trabajos de campo y laboratorio.

Agradecemos el apoyo de CONICET, del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA-Mendoza), del Centro Regional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de La Rioja (CRILAR), de la Facultad de Filosofía y Letras (Universidad Nacional de Cuyo), de la Secretaría de Cultura y la Dirección provincial de Patrimonio Cultural de la provincia de La Rioja, la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Castro Barros, y especialmente el cariño y hospitalidad de Juan Narbona, Agustín Romero, Gerardo Vega y toda la comunidad de Los Molinos.

Adriana Aranda Rickert y Jorge García Llorca opinaron gentilmente sobre nuestro manuscrito y ayudaron a mejorar la versión final de nuestro trabajo, así como las observaciones de los revisores anónimos.

Referencias citadas

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1En una etapa anterior de nuestro trabajo realizamos un análisis de interpolación espacial inverse weigth distance (iwd) utilizando como valor z las superficies de los recintos habitacionales. Los resultados también reflejaron un patrón concentrado de construcciones en el cluster 5, específicamente en el área de emplazamiento del sitio El Chañarcito (Cahiza, 2015).

2Identificamos un caso de reutilización de una vasija cerrada, que luego de su fractura fue transformada en una vasija abierta de grandes dimensiones.

3Este supuesto fue planteado en décadas pasadas por Nicolás de la Fuente (1973) a partir de sus investigaciones centradas en el noroeste de La Rioja.

Recibido: 21 de Abril de 2016; Aprobado: 29 de Marzo de 2017

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