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Estudios atacameños

versión On-line ISSN 0718-1043

Estud. atacam.  no.59 San Pedro de Atacama dic. 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-10432018005001303 

Artículos

Textiles y objetos arqueológicos: diferentes construcciones de sentido en torno a procesos de patrimonialización

Textiles and archaeological objects: different ways of creating meaning in relation to heritage

Soledad Biasatti1 

Jaquelina M. Salinas2 

1 Universidad Nacional de Rosario. Entre Ríos 758, CP 2000, Rosario, Santa Fe. ARGEN TINA. Email: solebiasatti@yahoo.com.ar

2 Centro de Estudios e Investigaciones en Arqueología y Memoria, Universidad Nacional de Rosario. Entre Ríos 758, CP 2000, Rosario, Santa Fe, ARGENTINA. Email: jaquelinasa linas@hormail.com

Resumen:

Cuando desde las ciencias sociales indagamos acerca de la articulación entre Estado y la sociedad, la complejidad del tema parece desbordar cualquier aproximación.

Sin embargo, intentaremos centrarnos en el modo en que determinadas normativas y políticas estatales adquieren y despliegan sentidos en la vida cotidiana de los sujetos. Aquí proponemos compartir un diálogo entre dos recorridos de investigación antropológica: por un lado, el trabajo con textiles y tejedoras, y por otro, el patrimonio arqueológico en el departamento Iglesia de la provincia de San Juan. Ambos recorridos interrelacionados permitirán realizar un contrapunto entre dos modos diferentes de construcción de sentido frente a lo patrimonial, así como también algunas reflexiones metodológicas y de género.

Palabras claves: políticas estatales; textiles; género; patrimonio

Abstract:

When, from the social sciences, we inquired about the articulation between State and society the complexity of the problem seems to exceed any approach. However, here we will focus on how certain regulations and state policies acquire and deploy meanings in the subjects’ daily lives. We specifically propose a dialogue between two anthropological research: on the one hand fieldwork with textiles / weavers and, on the other hand, the archaeological heritage in the department Iglesia, Province of San Juan. Analyze both perspectives in relationship, will also allow two different ways of constructing meaning in relation to heritage and some reflections about methodology and gender.

Keywords: State politics; textiles; gender; heritage

Introducción

En este trabajo pretendemos articular un diálogo entre dos investigaciones que ambas autoras hemos desarrollado separadamente.3 La primera autora se ha enfocado en el estudio de las relaciones que se establecen entre los sujetos y los objetos (o sitios) del patrimonio arqueológico en el presente, po niendo énfasis en espacios institucionalizados como las colecciones y los museos, así como también en prácticas más específicas que despliegan algunos po bladores cuando recolectan objetos arqueológicos (los llevan o no a sus hogares, visitan sitios arqueo lógicos, entre otros); los significados que estos actos conllevan. Por su parte, la segunda autora se ha cen trado en indagar sobre la construcción de las identi dades en relación a la transmisión de conocimientos en las/os tejedoras/es en el departamento Iglesia, vi sualizando las representaciones que éstas construyen en torno a los procesos de traspaso de los saberes en la producción de textiles.

En este contexto en el que está involucrado el pa trimonio cultural, median políticas culturales, polí ticas públicas, que responden a los objetivos de go bierno, mediante el diseño, gestión, administración, planificación y evaluación de programas puntuales que forman parte de las construcciones de senti do. Generalmente, las mismas son implementadas por instituciones estatales, aunque también pueden provenir de fundaciones, ONG, cooperación inter nacional y organizaciones de la sociedad civil, que pueden operar con o sin la autorización específica del Estado. El sector privado también incide en la conducción de políticas culturales, en concordancia, o no, con el Estado (Szurmuk e Irwin, 2009).

El punto de encuentro en este trabajo es la reflexión acerca del modo en que los sujetos se hallan inmer sos en políticas estatales (en este caso, culturales) y cómo eso se traduce en distintos modos de significar las relaciones de: a) los pobladores masculinos y los objetos arqueológicos; b) las tejedoras y los textiles y, c) entre ambos grupos de sujetos y nosotras como investigadoras.

Creemos que esta complementación será enriquece- dora puesto que la tarea de escritura en solitario sue le tornarse ensimismada. Es por ello que decidimos compartir el trabajo de campo realizado en comu nidades de la localidad de Rodeo y otras vecinas del mismo departamento Iglesia (Figura 1).

El espacio cotidiano como eje: los contextos de las entrevistas

Nos interesa retomar nociones como “espacio do méstico”, “casa” y “familia” debido a la aparente esci sión entre la esfera familiar o grupo doméstico fren te a las políticas estatales. Sin embargo, el espacio de lo público y lo privado está entrelazado a través de distintos mecanismos.

La idea de “familia” es una categoría de construcción colectiva. Si la familia aparece como “la más natu ral” de las categorías sociales y si, debido a ello, pare ce condenada a servir de modelo a todos los cuerpos sociales, es porque la categoría de “lo familiar” fun ciona, en los habitus, como esquema clasificatorio y principio de construcción del mundo social y de la familia como cuerpo social particular, que se ad quiere en el seno mismo de una familia como ficción social realizada. La familia es, en efecto, fruto de una auténtica labor de institucionalización, a la vez ri tual y técnica (Bourdieu, 1997). Por su parte, Margulis (2009) plantea una diferencia entre “familia” y “unidad doméstica”, siendo que esta última designa a un determinado grupo que comparte una misma “unidad residencial” y que, generalmente, posee una economía común. El grupo de la unidad doméstica normalmente coincide con una familia que, junto con sus familiares consanguíneos, colaterales, exce den el ámbito espacial de la unidad doméstica. Esta idea asume una connotación espacial que nos resul ta interesante recuperar para este trabajo debido a la delimitación de las actividades (tanto masculinas como femeninas) en distintos espacios domésticos.

Fotografía tomada por las autoras

Figura 1 Letrero anunciando “Tejidos Artesanales” en Tudcum rodeado del paisaje de la cordillera iglesiana (enero de 2012).  

El ámbito doméstico se delimita por el conjunto de actividades comunes o compartidas ligadas al man tenimiento cotidiano de un grupo social co-residente, que se conforman y cambian en su relación con las demás instituciones y esferas de la sociedad. Esto último implica considerar dos aspectos que atravie san e identifican el ámbito doméstico: lo público y lo privado.

En este sentido, es interesante retomar a Bachelard (1965), quien indaga sobre la importancia que po seen los espacios cotidianos para construir imágenes poéticas de los mismos. A través de una investiga ción de las imágenes de la intimidad, Bachelard re toma la poética de “la casa”. La casa es el primer mundo del ser humano, antes de ser “lanzado al mundo”; sin ella el hombre sería un ser disperso. El pasado, el presente y el porvenir dan a la casa dife rentes dinamismos: “Para un estudio fenomenológico de los valores de intimidad del espacio interior, la casa es, sin duda alguna, un ser privilegiado, siempre y cuando se considere [...] a la vez en su unidad y su complejidad...” (1965, p. 35). Para el autor la casa es, entonces, el espacio de la “intimidad protegida”.

Bourdieu (1972) en su análisis de “la casa kabilia” es tablece oposiciones entre la casa y el mundo exterior. Esta se organiza según un conjunto de oposiciones homologas: fuego-agua, cocido-crudo, arriba-abajo, luz-sombra, día-noche, masculino-femenino, fecundador-fecundable, cultura-naturaleza. Sin embargo, advierte que las mismas oposiciones existen entre la casa en su conjunto y el resto del universo. La casa -considerada en su relación con el mundo exterior, mundo propiamente masculino de la vida pública y del trabajo agrícola- es el universo de las mujeres, mundo de la intimidad y del secreto.

Desde una metodología de investigación antropoló gica, nos orientamos a realizar entrevistas no estruc turadas y observaciones (Guber, 2004), así como también el registro fotográfico y consulta de deter minados documentos relacionados con las proble máticas de trabajo de cada una. También analizamos los lugares donde se desarrollaron dichas entrevistas en el marco de los espacios domésticos.

Es interesante notar que, si bien durante el trabajo de campo cada una iba pactando encuentros acordes con sus objetivos y haciendo su propio trabajo, deci dimos no ceñirnos dentro de cada recorte sino, por el contrario, acompañarnos en las sendas que nos llevaba cada recorrido. Las entrevistas fueron reali zadas con personas que eran reconocidas por “salir a buscar cosas o recorrer sitios arqueológicos” (todos son hombres) y a tejedoras (todas son mujeres; pre guntamos a cada una de ellas y ninguna conocía a hombres que tejieran en la zona), así como también a integrantes del Parque Nacional San Guillermo y del área de Cultura de la Municipalidad de Iglesia.

En las familias, sus diferentes miembros participan en diversos contextos a través del cuáles construyen saberes, lo cual modifica implícita o explícitamente las posibilidades de aprendizaje de sus integrantes, al enriquecer cada una de las interacciones con las experiencias realizadas en los diversos ámbitos de acción (Dabas, 2003)

Lo arqueológico

En el área que forma parte de esta investigación se emplazan innumerables sitios arqueológicos, huellas materiales de la vida de las primeras po blaciones y de las que les sucedieron hasta la ac tualidad. No obstante, estas materialidades no han sido utilizadas únicamente por sus propios cons tructores, sino que en muchas ocasiones han sido reutilizadas, incluso con los mismos fines: refugios de caza, puestos en la cordillera, cementerios, ca minos, entre otros (Escolar, 2007). Esto mismo ha sucedido con los objetos arqueológicos que, en muchos casos, pueden encontrarse en superficie y en distintos estados de conservación (p.e., conanas, morteros, petroglifos, entre otros). Los poblado res, en su totalidad han sido hombres, según nos mencionan en entrevistas- solían recolectar puntas de flechas en Viernes Santo, volvían a enterrar los restos humanos indígenas al encontrarlos mientras hacían trabajos agrícolas o de construcción, los ofrendaban como obsequio a parientes y amigos, los coleccionaban en sus hogares. Es una práctica marcadamente masculina debido a que “el campo” (el “afuera”, la cordillera, las áreas de cultivo, zo nas de pastoreo y arriería, entre otros) es el espacio donde los hombres desarrollan sus labores. Si bien es común que los hijos acompañen a sus padres en estas tareas, no siempre se traspasa de una genera ción a otra el interés por “lo arqueológico”.

Podemos considerar entonces que, estas (y otras) prácticas en relación a “lo arqueológico”, devenidas de la vida cotidiana en las inmediaciones de los sitios -y de otros motivos entre los que se entrelazan iden tidades, apegos, apropiaciones, expropiaciones-, se han sucedido tradicionalmente en la zona. Sin em bargo, a partir de las legislaciones cada vez más es trictas sobre “patrimonio arqueológico”, las mismas, se han visto empujadas a una reconfiguración.

Dichas legislaciones, han considerado que los ob jetos y sitios arqueológicos denominados “patrimo nio” forman parte de un acervo y/o conjunto de bie nes culturales de un pasado “de interés excepcional” y “digno de ser conservado” para “futuras genera ciones” (Figura 2). El “patrimonio” es una noción relativamente reciente; ha sido legislado de manera acentuada a nivel internacional, después de la Se gunda Guerra Mundial y es custodiado por el Esta do (nacional, provincial y municipal), descansando sobre supuestos proteccionistas, conservacionistas, académicos y legalistas que, en nombre de entidades supranacionales, nacionales o provinciales, sostie nen una potestad sobre lo arqueológico. En el caso que vamos a analizar, aplican algunas legislaciones que mencionaremos brevemente.

Desde 1972,4 la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), ha desarrollado una serie de convenciones y declaraciones en donde se acotan, especifican e

Fotografía tomada por las autoras

Figura 2 Montaje sobre técnicas textiles incaicas en Intendencia del Parque Nacional San Guillermo (enero de 2012).  

inventarían elementos del “patrimonio” (cultural, natural, material, inmaterial, entre otros).

En Argentina, el objetivo de la Ley Nacional 25.743 (sancionada en 2004) es la preservación, protección y tutela del patrimonio arqueológico y paleontoló gico “como parte integrante del Patrimonio Cultu ral de la Nación y el aprovechamiento científico y cultural del mismo”,5 y tiene aplicación en todo el territorio nacional.

En el caso de la provincia de San Juan, se cuenta con la Ley Provincial N° 6801 de Protección, Conserva ción, Restauración, Acrecentamiento y Difusión de todos aquellos bienes que conforman el Patrimonio Cultural y Natural de la Provincia de San Juan san cionada en 19976 que descansa en algunos de estos mismos supuestos.

Estas normativas establecen que el “patrimonio ar queológico” debe ser conservado y protegido para futuras generaciones, y para ello debe ser inventaria do y declarado ante el organismo competente.7 Es interesante notar que, paralelamente a la creación del “Registro Nacional de Yacimientos, Coleccio nes y Objetos Arqueológicos” se crea el Registro de Infractores y Reincidentes (bajo Resolución 1134/2003).8 Vemos entonces que las normas de protección y de sanción nacen a la par. Esta reconfi guración establece que los objetos deben ser notifi cados a dichos organismos y que los pobladores no pueden levantarlos, guardarlos, ni poseerlos en sus casas, ya que justamente estas normas propician un mecanismo legal y burocrático a seguir. El procedi miento indica que los objetos arqueológicos que se encontraran azarosamente deben ser informados a fin de que los profesionales arqueólogos a cargo de los operativos “de rescate” realicen las excavaciones y el traslado de los hallazgos a las instituciones ade cuadas (museos, universidad) para ser analizados. En el caso del norte de San Juan, los objetos que entran en este curso legal son trasladados a la capital provincial.

Surgen varios puntos interesantes para el análisis cuando a través de ese acto de “normalización” se prescinde de algunos significados sociales mediante los cuales los objetos y sitios definidos como “patri monio arqueológico” son investidos y disputados por otros grupos locales que interactúan o convi ven con ellos (Biasatti y Aroca, 2007 Ms.; Biasatti y Jofré, 2008 Ms.; Jofré y González, 2008; Jofré et al., 2009). Es por estos motivos que las políticas patrimoniales llegan a las poblaciones a través de los lemas proteccionistas de “denunciar” y “no to car” por sobre las diferentes prácticas que los suje tos realizan (o realizaban previamente) en relación a “lo arqueológico”.

Los textiles

Por su parte, la actividad de tejer en las localida des pertenecientes al norte de San Juan es especí ficamente femenina. Se comienza a muy temprana edad, constituyéndose en una práctica que se realiza todos los días dentro del ámbito doméstico.

Es la mujer quien transmite el conocimiento a sus hijas; en algunas ocasiones los hombres intervienen en la construcción de los elementos necesarios para desarrollar la actividad: fabricación del huso, de las agujas de crochet, del telar, de los peines. Aprender a tejer en telar implica una serie de pasos previos, de prácticas y de conocimientos. A los seis o siete años se comienza con el hilado, luego se practica con técnicas como el crochet y dos agujas. A la edad de 13 o 14 años se comienza con el telar. Lo anterior se desprende de los relatos de las tejedoras:

Aprendí de muy niña, comencé como se dice a jugar con la lana, había un señor que tenía acá muchas ovejas, y pasaban por los alambrados y dejaban la lana en los alambrados, y yo y una hermana mía íbamos a juntar la lana esa, y mi papá nos preparó un huso, comenzamos jugando a hilar a hilar hasta que lo aprendi mos bien...y después mi padre nos hizo agujas de tejer al crochet, hacíamos bufandas, y así íbamos aprendiendo, después dos agujas y más grandes aprendimos a tejer con el telar. En el telar aprendí a los 14 o 15 años. Yo aprendí de mis antepasados, de mi abuelita y de mi ma dre. Fuimos aprendiendo a mejorar la calidad de artesanías, por ejemplo teñido, hacer dibu jos, guardas, todo eso lo hemos aprendido des pués.cuando uno es más grande (entrevista con tejedora iglesiana, enero de 2012).

El tipo de telar que utilizan tiene algunas caracterís ticas específicas que hacen que una niña no pueda manipularlo, se necesita fuerza y altura para los pe dales y debido al peso de las prendas, el manejo de los lisos y montar la urdimbre (Figura 3).

Fotografía tomada por las autoras

Figura 3 Palo envolvedor, elemento del telar denominado “criollo” (enero de 2012).  

El conocimiento transmitido se basa en la oralidad y en la práctica de un saber que se va vivenciando, mirando, aprehendiendo. Cuando las jóvenes son más grandes, y dadas las dimensiones del telar que se caracteriza por una estructura firme al suelo que ocupa un buen espacio, el tejer se transforma en una actividad solitaria. Los procesos colectivos en el telar se limitan a etapas previas (hilado, aprendizaje de nuevos diseños) o posteriores (producto elaborado). Algunas veces, junto al telar encontramos sillones y mesas en donde otras mujeres que forman parte del grupo doméstico, bordan y tejen a dos agujas.

Las experiencias formativas como tejedoras se constituyen durante la socialización primaria, que comporta secuencias de aprendizaje socialmen te definidas y que presentan una gran variabilidad histórico-social en la definición de dichas etapas de aprendizaje. El carácter de la socialización primaria también resulta afectado por las exigencias del aco pio de conocimiento que debe transmitirse, y por la carga emocional del niño con sus otros significantes, que se instituyen como mediadores de la realidad, en los cuales el niño o la niña internalizan el mundo de sus padres como el mundo y no como pertene ciente a un contexto social específico (Berger y Luckmann, 1993).

Las tejedoras entrevistadas continuaron con expe riencias formativas aunque, en algunos casos, éstas fueron interrumpidas por problemas económicos que las obligaron a ir a trabajar como empleadas domésticas a otros lugares. La continuidad de su formación y el perfeccionamiento en actividades textiles se desarrollaron durante la adultez.

En este sentido, podemos plantear la presencia -en las tejedoras- de nuevas formas de reconfiguración de sus prácticas, del espacio doméstico y de su iden tidad en relación a las demandas emergentes del contexto económico, político y social.

En el año 2007, se implementó un proyecto desde la Secretaría de Desarrollo Sustentable financiado por el Banco Mundial, bajo la asistencia técnica contra tada por la Administración de Parques Nacionales9 en cuatro comunidades cercanas al Parque Nacio nal, ubicadas al norte del departamento. Estas son Colangüil, Angualasto, Malimán y Tudcum.

Dicho proyecto se denominó “Manos de los Andes”, nombre que actualmente se utiliza para la venta de los tejidos. Entre sus objetivos se planteaba la nece sidad de garantizar el desarrollo sustentable de las comunidades creadoras de artesanías; resguardar la autonomía e identidad cultural de las comunidades; la defensa y promoción de la diversidad por medio del incentivo de la producción artesanal; revalori zar las artesanías tradicionales y étnicas (que por sus características funcionales o utilitarias, empíricas, anónimas, patrimonio comunitario y transmitidas de generación en generación, poseen un valor esté tico y cultural que las convierte en un recurso que despierta creciente interés) y, finalmente, preservar, promocionar y multiplicar la actividad artesanal como una práctica socioeconómica y cultural que posibilita el desarrollo de las comunidades locales.

La puesta en marcha de estos objetivos, concreta mente, consistió en subsidios que se otorgaban a proyectos presentados por una familia y que podían ser utilizados para herramientas, equipos e insumos necesarios para optimizar la calidad de la produc ción, capacitación en el uso de herramientas nuevas, actividades grupales, dinámicas y participativas de perfeccionamiento y adaptación en el mercado, para la producción de artesanías (diseño, calidad, control de costos) y difusión de producciones artesanales al mercado local y regional.

Los integrantes del Parque Nacional San Guillermo plantearon que:

[...] se hizo el relevamiento de cuáles serían los proyectos más aptos para aplicar. Fue jus tamente ayudar y colaborar a las tejedoras de acá del departamento, básicamente las del norte. Y lamentablemente la mayoría están en Tudcum, y no así como en las comunida des más norteñas como Colangüil, Angualasto, Malimán no hay tejedoras, inclusive las otras tejedoras de importancia del departamento es tán en Villa Iglesia que eran en su momento habitantes de Cerro Negro acá en Rodeo, son las tejedoras muy importantes, por su calidad de tejido, por su obra que atraviesa. Estos proyectos básicamente se orientaron a facilitar, este eh... herramientas (enero de 2012).

Otro proyecto promovido desde la Dirección de Cultura de Rodeo, fue impulsado con el fin de re cuperar técnicas o saberes tradicionales en relación al trabajo artesanal, aunque podemos visualizar que, en cierta medida, esto significaba introducir sus pro ductos en un circuito comercial y/o turístico.

En palabras de los encargados culturales, la idea que subyace es:

[...] recuperar que no se pierdan las enseñanzas, técnicas del telar, como hilar. Todo el proceso que tiene hasta llegar a la prenda. Nosotros te nemos el año pasado, el 25 de noviembre, que se inauguró el nodo turístico que concentra una sala de exposición de artesanías y productos de la zona y también darle la promoción al artesano.

El artesano hace sus cosas y las tiene en su casa en una caja, no, nosotros queremos que hagan sus productos y exhibirlos para la venta. En Pismanta, ubican el hotel de Pismanta, bueno, al frente... un edificio grande... ahí hay productos regionales, productos locales, que los artesanos preguntan para qué hacemos si amontonamos en mi casa y no lo vamos a vender. Esta es la idea del nodo de vender, depromocionar el pro ducto del artesano... (enero de 2012).

Ambos proyectos que provienen de instituciones públicas de la región comparten objetivos que si bien apuntan a potenciar la actividad textil, sus for mas de implementación son pautadas desde dichas entidades, dejando a las tejedoras en una relación de desigualdad en relación a la toma de decisiones.

Las tejedoras que participaron de proyectos guber namentales, de empresas transnacionales radicadas en la zona o de organizaciones no gubernamentales transformaron el espacio donde realizan sus prác ticas textiles. Esto se evidencia en: la construcción de un espacio para la confección y venta de los te jidos fuera del ámbito doméstico; la incorporación de mobiliario (vitrinas, estantes); el equipamiento de nuevos telares, la introducción de estrategias de venta y marketing (carpeta con fotos, folletería, ex hibición de muestras). Un cambio fundamental es que el telar se exhibe como dispositivo de venta, es decir que, ante el regateo del precio por parte del comprador, la tejedora lo muestra para fundamentar su laboriosidad y el precio de la prenda. Así, el telar juega un rol que varía entre lo privado y lo públi co, dejando de estar circunscrito al ámbito privado para pasar a cumplir un rol diferente y ser parte de un posicionamiento dentro de un campo de fuerzas (Bourdieu, 1997).

A su vez, expresan nuevas formas de simbolización, que construyen las maneras de ver, percibir y actuar en función de la implementación de una nueva ló gica relacionada a las exigencias de un mercado y de proyectos culturales. Por ejemplo, para cubrir la demanda turística, algunas tejedoras solicitan, a su vez, tejidos de otras tejedoras: “Ella viene, que le teja una cosa o la otra, a veces caminos y otras colchas” (entrevista con tejedora iglesiana, enero 2012).

Pudimos visualizar dos variantes en cuanto al fun cionamiento de talleres, ubicados en patios y/o ex ternos al ámbito residencial: por una parte, aquellos cuyas características edilicias eran “precarias” y por lo tanto la actividad artesanal se encuentra sujeta al clima (ya que no se puede tejer con mucho frío o con mucho calor) y, por otra, construcciones “es tables” realizadas a través de la participación de la tejedora en proyectos (en donde el taller se fue con formando como un ámbito de trabajo separado de la cotidianeidad residencial).

Estas formas de planificación, organización y distri bución del espacio (del taller, de ventas y familiar) y del tiempo (de trabajo, de venta, familiar) cons tituyen dinámicas que visualizan las formas en que inciden las políticas culturales (Figura 4).

Finalmente, mencionaremos que algunos relatos provenientes de diferentes ámbitos afirman que “las mujeres jóvenes ya no quieren tejer más y que prefieren vivir de los planes de ayuda social”. Sin embargo, a través de las entrevistas a los distintos miembros de la unidad doméstica, notamos que el discurso que prevalece es el que señala que la tex- tilería no es una actividad productiva redituable a causa del tiempo que conlleva, los altos costos de los materiales y la venta, motivo por el cual se dedican a otras actividades en relación de dependencia en localidades vecinas o en la ciudad de San Juan (Sali nas, 2012 Ms.).

Fotografía tomada por las autoras

Figura 4 Manta realizada por una de las tejedoras de la localidad de Tudcum (enero de 2012).  

Discusión de los resultados

Desde un principio nos llamaba la atención que a una de nosotras (segunda autora) le resultara muy sencillo pactar sus entrevistas. De allí la derivaban de una tejedora a otra, le daban el nombre, apellido, dirección, teléfono y ella las llamaba y llegaba con intención de entrevistarlas y grabarlas, sin ningún inconveniente. No le preguntaban demasiado de qué se trataba el trabajo que estaba realizando, ni les generaba dudas su profesión, tampoco que viniera “de afuera” a interesarse por sus tejidos. Enseguida mostraban sus tejidos, que la mayoría de las veces estaban a la vista o en uso, traían sus herramientas de trabajo, sus telares, los libros y fotocopias de don de obtenían diseños, explicaban sobre las tinturas naturales, traían semillas para mostrar. No ponían objeciones para fotografiar y grabar.

Esta situación se contraponía con los encuentros buscados por otra de nosotras (primera autora), que eran más difíciles de pactar, cuestionadas las inten ciones, el origen foráneo, la profesión, la universi dad a la que pertenecía, entre otros. Los “objetos” eran traídos al final del encuentro, en su mayoría no estaban a la vista sino envueltos y en cajas, se solici taba regresar en otra ocasión para mostrarlos, hacían apagar el grabador por momentos, dejaban claro que eran elementos que poseían desde hacía mucho tiempo (anterior a la legislación) o mencionaban “anécdotas” que daban cuenta de sus conocimientos sobre lugares y objetos arqueológicos, aunque acla raban que habían dejado “todo como estaba”.

Por ello, nos detuvimos en el lugar de cada una en relación a los temas de investigación y nos surgieron una serie de reflexiones.

En primer término, una cuestión de “género” atra vesó los recorridos tanto de los sujetos investiga dos como de los sujetos investigadores. Este punto se podía apreciar, además, en el “espacio”. Una de nosotras (segunda autora) es una mujer preguntan do y hablando sobre temas femeninos en espacios con predominio femenino, es decir, dentro de las casas, que es donde se desarrolla la actividad sobre la cual se consultaba (aunque es de notar que la ma yoría de los objetos que tejen son para actividades masculinas relacionadas con caballos: jergones, monturas, peleros, alforjas, ponchos y mantas).

Por el contrario, la otra (primera autora) es una mujer indagando sobre temas masculinos en espa cios femeninos (las casas de cada uno de los entre vistados). Es preciso señalar aquí que los hombres en general no eran alentados por sus familias a ha cer esa actividad. El hecho de “salir a buscar cosas de indios” era cuestionado por sus mujeres, lo que fue mencionado en varias entrevistas. Las mujeres temen que los “restos arqueológicos” traídos den tro de las casas puedan “asustar” durante la noche (nos narraban una serie de sonidos que escuchaban asociados a los mismos), y por eso obligaban a los hombres a conservar aquellos objetos en espacios no-hogareños. También se argumentaba que “ocu pan mucho lugar” y que “son cosas que se acumulan ahí sin mucho sentido”. Esta idea de las casas como espacios con predominio femenino se acentuó cuan do en las entrevistas de la segunda autora nos hacían pasar a la cocina o comedor, y luego a la habitación donde se teje (o a algún espacio que, en general, sue le ser específico para esto), mientras que en el caso de la primera autora nos atendían usualmente en el patio o en el lugar de trabajo.

Los estudios de género constituyen un área de co nocimiento que puede brindarnos algunas herra mientas para abordar las situaciones que hemos descrito. Por una parte, permiten hacer visibles los mecanismos sociales y de poder mediante los cuales se construyen las representaciones y prácticas de “lo femenino” y de “lo masculino”, que ordenan a los sujetos en varones y mujeres; por otra, las resisten cias subjetivas que hacen fracasar -con mayor o me nor radicalidad- estos mandatos sociales (Morroni, 2007). Estos estudios, junto a una serie de movi mientos sociales que se han venido intensificando en los últimos años, permitieron revisar críticamen te las “naturalizaciones” con las que el patriarcado, a través de sus instituciones y sus discursos sociales reproducía y reproduce la condición devaluada de las mujeres respecto de los varones. Sin embargo, diferentes instituciones continúan reproduciendo y legitimando en el imaginario social unos modos de existencia en detrimento de otros.

Lamas (1996) aborda el género como construcción cultural que se lleva a cabo en función de los sexos biológicos, al distinguir entre “la asignación de gé nero”, “la identidad de género” y el “rol de género”.

Como plantea Castro Ricalde (2009), las marcas del género, están presentes en cada momento de la exis tencia de los seres humanos, inmersas en las prácticas sociales y se ven influidas por el momento histórico y el contexto. Es decir, las conductas esperadas de los individuos, según sean identificados como hombres o mujeres, y lo que significa pertenecer a uno u otro sexo, varían no solo de país a país, que además, se han modificado a lo largo de su historia, sino que también, dependen del posicionamiento de los su jetos en los espacios de la vida cotidiana y el tipo de relaciones establecido entre quienes actúan como sus interlocutores. De aquí el interés por estudiar las múltiples intersecciones del género con otras varia bles como el grupo étnico, la clase social y la edad.

A partir de lo anterior, nos preguntamos acerca de las posibles relaciones esperables entre género y rol de género, es decir, cuáles son los temas socialmente legitimados que pueden ser abordados por la mujer- arqueóloga en el trabajo de campo. Una práctica que se entrelaza con los espacios, discursos y actores sociales constituyendo tramas y/o redes de significa ción que ponen en juego los estereotipos de género, es decir, representaciones simplificadas, incompletas y generalizadas que se realizan teniendo como base el sexo biológico. Estos estereotipos funcionan a partir de asociar una pauta cultural (un rol esperado, una norma, un mandato, etc.) con un hecho bioló gico. A su vez, la perspectiva de género constituye una forma de mirar la realidad y las relaciones entre los hombres y las mujeres mediadas por las dinámi cas de poder. Problematizar las concepciones rígidas sobre lo considerado exclusivamente masculino o exclusivamente femenino, identificando prejuicios y estereotipos de género, fue constitutivo de las re flexiones durante el trabajo de campo.

Otro de los ejes de análisis se refiere propiamente al tipo de objeto sobre el cual indagamos en las entre vistas, éstos son promovidos por políticas cultura les diferenciadas que se desplegaron en el modo de mostrarnos/no mostrarnos: los textiles se elaboran en el ámbito íntimo, pero son destinados a otros (para mostrar, vender, usar, llevar a ferias, participar en concursos de artesanos, etc.), y en cambio “lo ar queológico” se extrae del exterior para introducirlo en un ámbito íntimo y/o privado (muchas veces los objetos están escondidos de la mirada ajena dentro de cajas o envueltos), y también por tratarse de “ob jetos ilegales” que no deben mantenerse en los hoga res sino en museos o universidades, como ellos han aprendido; que no son para ser mostrados, o bien solamente para ser mostrados a unos pocos “enten didos” que los sabrán apreciar o “valorar”.

Consideraciones finales

Waisbord (2009) señala que las diversas oportuni dades para la participación cultural están contex- tualizadas por las desigualdades de poder, de re cursos y acceso. Es decir, que el concepto remite a dos ideas ambiguas y discutidas. Por un lado, como “consumo de bienes”, en la que ésta no es democratizante, pero sí fundamental para el fun cionamiento de un sistema desigual de producción cultural. La otra idea a la que hace referencia es a la “participación como producción de sentido ” el hecho de vivir socialmente determina que los seres humanos no pueden “no participar” culturalmen te en tanto están inmersos en “redes de sentidos”. Para este autor, el desafío consiste en identificar el tipo de oportunidades que una sociedad genera para la producción de significados.

Las políticas desarrollistas de intervención orienta das por modelos de modernización juegan un rol preponderante en las lógicas de expropiación que a diario asisten a los sujetos en las nuevas subjetivida des globales capitalistas. En este contexto, las prác ticas y saberes tradicionales pasan a ocupar el lugar de “recursos para la oferta turística” o “patrimonio de todos” (lo “propio” para “otros”). De esta ma nera, los tejidos/objetos arqueológicos como parte constitutiva del patrimonio cultural (y más allá de los juegos de oposiciones y resistencias analizados) quedan inscritos en esta dinámica.

Agradecimientos

A las tejedoras y a los pobladores del departamen to de Iglesia que nos compartieron sus saberes. El presente trabajo fue realizado en el marco de los trabajos de tesis doctoral de Soledad Biasatti, sub sidiados por CONICET, y de maestría de Jaquelina Salinas, subsidiados por el Fondo Nacional de las Artes. Ambos son continuidad de investigaciones radicadas en la Universidad Nacional de Catamarca, que estuvieron a cargo de la Dra. Carina Jofré con intervenciones de Cayana Colectivo de Arqueología. Agradecemos a la Dra. Sara M. L. López Campeny y a la Dra. Carolina Agüero Piwonka la invitación para participar en esta publicación temática, a fin de compartir las presentaciones del Simposio realizado en el 55° Congreso Internacional de Americanistas, en San Salvador. Este escrito ha sido enriquecido por los comentarios y sugerencias de los evaluado res, a ellos nuestro agradecimiento.

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3 Este escrito ha recorrido un largo camino y ambas autoras hemos finalizado los trabajos de tesis (Biasatti, 2016; Salinas 2018). A la distancia, encontramos líneas de análisis que podrían ser repensadas o profundizadas pero que decidimos mantener porque forman parte de un proceso de investigación ya transitado.

4Convención sobre la protección del patrimonio mun dial, cultural y natural. Firmada en París el 21 de noviembre de 1972.

5Puede consultarse en: http://www.inapl.gov.ar/renycoa/ leynacional.html

6Puede consultarse en la página de la Cámara de Diputa dos de la Provincia de San Juan.

7En nuestro país este Registro Nacional está a cargo del INAPL (Instituto Nacional de Antropología y Pensa miento Latinoamericano), aunque el mismo posee ór ganos provinciales de aplicación.

8Puede consultarse en: http://www.inapl.gov.ar/renycoa/ leynacional.html

9Entrevista en Intendencia del Parque Nacional San Guillermo, provincia de San Juan.

Recibido: 18 de Mayo de 2016; Aprobado: 09 de Septiembre de 2016

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