SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número62Representación geo gráfica del mito del zorro en el cieloEl maíka en Rapa Nui. Perspectiva local, usos y valoraciones sobre el plátano en Isla de Pascua índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Estudios atacameños

versión On-line ISSN 0718-1043

Estud. atacam.  no.62 San Pedro de Atacama jun. 2019

http://dx.doi.org/10.22199/issn.0718-1043-2019-0004 

ARQUEOLOGÍA

Memoria en conflicto. Los incas en El Calvario de Fuerte Quemado de Yocavil, Noroeste Argentino

Memory in conflict. The incas in “El Calvario de Fuerte Quemado de Yocavil”, Northwest Argentina

Alejandra Reynoso1 
http://orcid.org/0000-0002-3648-8568

Gerónimo Pratolongo2 
http://orcid.org/0000-0003-2659-5228

Valeria Palamarczuk3 
http://orcid.org/0000-0003-0247-1714

Marina Marchegiani4 

M. Solange Grimoldi5 
http://orcid.org/0000-0001-6232-7891

1 Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”. Buenos Aires, ARGENTINA. Email: ad_reynoso@yahoo.com.ar

2 Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”. Buenos Aires, ARGENTINA. Email: geprato@hotmail.com

3 Universidad de Buenos Aires, Instituto de las Culturas (IDECU) UBA - CONICET, Facultad de Filosofía y Letras, Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”. Buenos Aires, ARGENTINA. Email: valepala@yahoo.com.ar

4 Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”. Buenos Aires, ARGENTINA.

5 Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”. Buenos Aires, ARGENTINA. Email: solgrimoldi@gmail.com

Resumen:

Este trabajo se propone estudiar la ocupación incaica en El Calvario de Fuerte Quemado, importante poblado tardío (siglos XI-XV DC) del valle de Yocavil, que al ser confundido con otro sitio cercano había quedado relegado de las investigaciones regionales. En esta oportunidad, a partir del relevamiento planialtimétrico del asentamiento, se analizan los distintos sectores con evidencias de ocupación incaica y se presentan los resultados de las excavaciones realizadas en tres estructuras circulares de piedra, conocidas como “torreones”. Se destaca la destrucción de una tumba local bajo alero para la construcción de uno de los torreones incaicos y la redepositación de parte del contenido del entierro bajo su piso. Consideramos que estos datos serán relevantes para discutir las distintas interpretaciones sobre la relación del Estado incaico con las poblaciones locales. La destrucción de una estructura significativa para la memoria histórica local por parte de representantes del Estado incaico, acontecimiento poco documentado arqueológicamente, pone de manifiesto el carácter violento de la conquista imperial, más allá de las estrategias de negociación con las élites locales.

Palabras claves: valle de Yocavil; Calvario de Fuerte Quemado; torreones incaicos; memoria histórica; violencia imperial

Abstract:

This work intends to study the Inca occupation in El Calvario de Fuerte Quemado, an important late village (XI-XV century AD) of the Yocavil valley, which, when confused with another nearby site, had been relegated from regional investigations. On this occasion, based on the planialtimetric survey of the settlement, the different sectors with evidence of Inca occupation are analyzed and the results of the excavations carried out in three circular stone structures, known as “torreones”, are presented. The destruction of a local tomb under a rocky ledge for the construction of one of the Inca towers and the redeposition of part of the burial content under its floor are stressed. We consider that these data will be relevant to discuss the different interpretations of the relationship between the Inca state and the local populations. The destruction of a significant structure for local historical memory by representatives of the Inca state, an event that has been hardly documented in archaeology, reveals -beyond the negotiation strategies with local elites- the violent character of the imperial conquest.

Keywords: Yocavil valley; Calvario de Fuerte Quemado; Incaic “torreones”; historical memory; imperial violence

Introducción

El Calvario de Fuerte Quemado, poblado tardío ubicado en el valle de Yocavil, departamento de Santa María, provincia de Catamarca, fue uno de los primeros sitios estudiados en la arqueología argentina a partir de los trabajos realizados por Adolf Methfessel y Adán Quiroga hacia fines del siglo XIX, quienes lo destacaron tanto por sus dimensiones y configuración espacial como por la particularidad de algunas de sus construcciones. Al poco tiempo de estos primeros trabajos, dicho sitio arqueológico se confundió con otro poblado ubicado a unos 3 km al norte denominado Intihuatana, La Ventanita de Fuerte Quemado o simplemente Fuerte Quemado. A raíz de esta confusión, El Calvario de Fuerte Quemado quedó durante décadas fuera de las consideraciones de los arqueólogos sobre los asentamientos del período Tardío o de Desarrollos Regionales (siglos XI a XV DC) de Yocavil. A su vez, los rasgos particulares de la arquitectura de El Calvario fueron atribuidos a La Ventanita de Fuerte Quemado (Figura 1).

El Calvario de Fuerte Quemado, importante centro poblado tardío con casi 500 estructuras arquitectónicas, despliega un patrón de asentamiento común registrado en la vertiente occidental del valle de Yocavil (Tarragó, 2011), distribuyéndose en la cumbre, ladera y bajo circundante de un cerro de múltiples espolones que se desprende de las últimas estribaciones de la sierra del Cajón. En algún momento del siglo XV el asentamiento fue ocupado por los incas, hecho que se manifiesta en la arquitectura y la configuración de distintos sectores del sitio.

La presentación de la planimetría de El Calvario de Fuerte Quemado permitirá apreciar las características del poblado y reincorporarlo a la discusión regional de los sistemas de asentamiento del período Tardío en Yocavil. Específicamente este trabajo se centrará en los aspectos vinculados a la ocupación incaica del asentamiento local, tomando como eje el relevamiento de los distintos sectores en los que se identificó arquitectura imperial y las excavaciones realizadas en las tres estructuras circulares de piedra que se hicieron conocidas para la arqueología del Noroeste Argentino a partir de una pintura de Methfessel (Raffino, 2007 [1988], p. 87, fig. 2.12) y de la fotografía y dibujos publicados por Quiroga (1901, pp. 237, 238). En estas estructuras incaicas, más tarde denominadas “torreones”1 por diferentes autores (por ejemplo Raffino, 1981), hemos registrado evidencias de acciones rituales vinculadas a su construcción. En particular resulta significativa la destrucción de una tumba local bajo alero para la construcción de uno de los torreones y la redepositación de parte del contenido del entierro bajo el piso de dicha estructura. A su vez, en el contrapiso de otro de los torreones se hallaron grandes fragmentos de pucos de estilos locales que relacionamos con el consumo y ofrenda de bebidas o alimentos en alguna clase de ceremonia fundacional.2

El análisis de la información recuperada en las excavaciones de los torreones incaicos (materiales cerámicos, restos óseos humanos y faunísticos, textiles, restos vegetales y otros orgánicos, muestras de sedimento, y múltiples rasgos identificados) permite dar cuenta de un caso de violencia imperial en el valle de Yocavil. Para comenzar a dimensionar las implicancias de este contexto, se vinculará con otros casos similares registrados en los Andes meridionales, lo que permitirá contribuir a la comprensión y reflexión sobre las estrategias políticas articuladas entre los gobiernos locales y los representantes del Tawantinsuyu en el marco del proceso de expansión incaica.

Figura 1 Izquierda: mapa de la región de Yocavil (Noroeste Argentino) indicando asentamientos de momentos de la ocupación incaica. Derecha: detalle región arqueológica de Fuerte Quemado. 

Primeras investigaciones en El Calvario de Fuerte Quemado, historia de una confusión

En este apartado repasaremos la historia de las primeras investigaciones arqueológicas en el poblado tardío de El Calvario de Fuerte Quemado, destacando los elementos que tuvieron como consecuencia que dos sitios cercanos, aunque bien diferenciados, se confundieran en uno solo. Desde entonces el único poblado considerado para esta localidad fue aquel denominado Intihuatana o La Ventanita de Fuerte Quemado, la mayor parte de las veces referido genéricamente como Fuerte Quemado.

El naturalista viajero Adolf Methfessel, en el marco de una expedición del Museo de La Plata realizada en la provincia de Catamarca durante 1888-1889, visitó el sitio que hoy denominamos El Calvario de Fuerte Quemado. Entre sus numerosas ilustraciones realizó una aguatinta de las tres estructuras circulares de piedra mencionadas, luego conocidas en la literatura arqueológica como torreones y que hoy sabemos se ubican en la ladera norte del poblado (Figura 2). Este magnífico retrato lleva por título “Ruinas en el Fuerte Quemado. Al pié de la Loma Santa Cruz, Catamarca”. Lamentablemente el diario de campo de Methfessel está perdido, por lo que desconocemos las precisiones de su trabajo en este asentamiento. A su vez, por otras ilustraciones del autor, sabemos que también realizó investigaciones en el poblado hoy conocido como La Ventanita de Fuerte Quemado.

Figura 2 Los torreones de El Calvario de Fuerte Quemado. Superior: ilustrados por Adolf Methfessel (Ruinas en el Fuerte Quemado. Al pié de la Loma Santa Cruz, Catamarca. Aguatinta, fines del siglo XIX. Museo de La Plata. Raffino 2007: 87, Fig. 2.12). Inferior: vista actual desde una perspectiva similar a la pintura anterior. 

En 1896 el antropólogo Herman Ten Kate, otro naturalista viajero del Museo de La Plata, publicó un plano de un sitio al que denominó “Fuerte Quemado”, realizado durante la expedición a Catamarca, Tucumán y Salta organizada por esa institución en 1893 (1896, p. 17). Este plano fue luego considerado como perteneciente al sitio La Ventanita, aunque Kriskautzky planteó la posibilidad de que se tratara de El Calvario a raíz de la falta de correspondencia con las características de La Ventanita (Kriskautzky, 1999, pp. 103-104, 118). Las dudas en relación a este plano surgieron tempranamente; Carlos Bruch, del mismo museo, menciona: “Por lo que respecta al plano publicado por Ten Kate, debo hacer constar que fue por error titulado ‘Fuerte Quemado’” (Bruch, 1911, p. 42). Y en una nota al pie agrega: “El plano mencionado, hecho según un croquis muy someramente levantado por el ingeniero Bovio, representa las fortificaciones sobre el cerro de la Punta de Balasto, como lo pude comprobar con el original hallado por casualidad entre los documentos del Museo” (Bruch, 1911, p. 42, nota 3). Sería el poblado tardío que hoy se conoce como Cerro Mendocino.

Con la intención de clarificar estos antecedentes revisaremos las menciones que hiciera Ten Kate en sus trabajos de 1893 y 1896. En su informe de la expedición de 1893 son pocas las referencias a Fuerte Quemado. El autor relata: “Ascendimos a una de las colinas cubiertas de pircas en Fuerte Quemado. Como tengo la intención de regresar no nos detuvimos allí mucho tiempo” (Ten Kate, 1893, p. 336. Traducción de Carlota Romero). No se menciona la elaboración de un plano de este sitio. En cambio, sí lo hace al referirse a Jujuy (Loma Rica de Jujuil), Cerro Pintado (Cerro Pintado de Las Mojarras) y a la fortaleza de Punta de Balastro (Cerro Mendocino). Todos elaborados por Bovio, son los únicos planos que se mencionan. Luego se refiere a la compra de objetos cerámicos en Fuerte Quemado3 y que le encarga a su asistente Gerling la realización de excavaciones en ese lugar (Ten Kate, 1893, p. 337).

En el texto de 1896 se publican tres planos elaborados por Bovio: Cerro Pintado, Loma Jujuy y Fuerte Quemado (Ten Kate, 1896, p. 17). Teniendo en cuenta el informe de la expedición de 1893 y la observación de Bruch antes mencionada, podemos suponer que en esta publicación de Ten Kate se consigna por error el plano de Punta de Balastro como de Fuerte Quemado. Sin embargo, como se dijo, sabemos que este autor visitó alguno de los poblados de Fuerte Quemado, ya que destaca la vista estratégica de gran parte del valle de Santa María que pudo apreciar desde uno de ellos (Ten Kate, 1896, p. 18) y también vuelve a mencionar las excavaciones realizadas por uno de sus asistentes en Fuerte Quemado (Ten Kate, 1896, p. 17; 1893, p. 337). Lamentablemente, no contamos con elementos que permitan identificar el poblado explorado.

Pocos años después, El Calvario de Fuerte Quemado es visitado por Adán Quiroga (1901), quien desarrolla por primera vez un artículo específico sobre el sitio, titulándolo “Ruinas Calchaquíes. Fuerte Quemado”. Es probable que el estudio de este asentamiento se realizara en el marco de la expedición que el autor dirigió en 1899 patrocinada por el Instituto Geográfico Argentino, donde junto con su acompañante, Eduardo A. Holmberg, recorre diversos puntos de Tafí del Valle y de la región de Yocavil. En el texto mencionado, se publica el croquis general del asentamiento levantado por los dos investigadores “sobre el terreno mismo, y en dos días consecutivos de trabajo” (Quiroga, 1901, p. 238). También se ofrece una descripción bastante detallada de los distintos sectores y de algunos rasgos y construcciones destacadas. Por ejemplo, recintos especiales, extensas líneas de muros y los mencionados torreones (Figura 3). Estos últimos por entonces contaban con dos metros de altura, como se puede observar en la fotografía publicada (Quiroga, 1901, p. 238) (Figura 3b). Holmberg, quien realiza las ilustraciones de este trabajo, también retrata posteriormente en un óleo las torres circulares4 (Figura 3c).

Figura 3 Los torreones de El Calvario de Fuerte Quemado. a) Dibujo realizado por Eduardo A. Holmberg (Quiroga, 1901). b) Fotografía (Quiroga, 1901). c) Óleo realizado por Holmberg (Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”, FFyL, UBA, N° 12155) 

Cabe mencionar que no registramos en la población local actual memoria histórica de las tres torres de piedra, lo que permite suponer que poco después de que Quiroga fotografiara estas estructuras, las mismas fueron desmontadas.

En este punto resulta pertinente destacar una mención previa que marca la existencia y destrucción de otras estructuras circulares en la zona de Fuerte Quemado. Lafone Quevedo lamenta en 1883 que “las dos torres redondas de la fortaleza del Fuerte Quemado habían desaparecido por completo” (Lafone Quevedo, 1888, p. 2). Según lo que recuerda este autor, quien había conocido estas estructuras en una visita previa, esas torres o chullpas, como también las nombra, no tenían puertas (Lafone Quevedo, 1888, p. 6). Esta es la única característica arquitectónica específica que se menciona. Aunque también denomina al sitio ruinas del Castillo o castillos de Fuerte Quemado (Lafone Quevedo, 1888, pp. 6, 23), no tenemos elementos para precisar en qué asentamiento se habrían emplazado. Tampoco podemos determinar si estas ruinas son las mismas que visita en 1886 y 1898, en donde se emplaza el propuesto Intihuatana y que denomina La Ventana (Lafone Quevedo, 1902). De todas maneras, resultan interesantes los comentarios del diario personal de Lafone Quevedo rescatados por Márquez Miranda (1958-1959). Allí relata que la tarde del 8 de julio de 1883, “Lafone Quevedo y sus acompañantes regresaron por Fuerte Quemado, donde pudieron observar, nos dice, que ‘ahora se emplean como canteras’ y grandes lienzos de pared ‘han desaparecido en su mayor parte’. D. Samuel agrega que lo que más lamenta es la desaparición de las dos torres redondas ‘que yo vine a buscar y dibujar’” (Márquez Miranda, 1958-1959, p. 21). Como se mencionó, el desmantelamiento de estructuras para la reutilización de los bloques podría explicar también la desaparición de las tres torres de El Calvario de Fuerte Quemado poco después de la visita de Quiroga.

En 1907 Carlos Bruch (1911) recorrió La Ventanita de Fuerte Quemado, sitio que visitara Lafone Quevedo ya en 1886 (1902), creyendo estar explorando el mismo asentamiento que describiera Quiroga. Algunos comentarios de Bruch manifiestan cierto desconcierto, que de alguna manera pone en duda el trabajo de Quiroga: “Lamento no haber tenido á la mano dicho trabajo [Ruinas Calchaquíes. Fuerte Quemado. Quiroga, 1901], cuando recorrí aquellos lugares; pues me parece curioso no poder hallar en el plano (fig. 5) varios de los puntos personalmente visitados y anotados por mí” (Bruch, 1911, p. 42). Más adelante señala: “Si hemos de atenernos al plano de Adán Quiroga, cuyos detalles y orientación creo deben estudiarse de nuevo y con más detención, son cinco los morros que ofrecen mayor interés…” (Bruch, 1911, p. 45). Al referirse a la descripción que hiciera Quiroga de las “tres hermosas torres cilíndricas emplazadas en la ladera norte del poblado, menciona que según este autor las estructuras “estuvieron revocadas por afuera”. Luego agrega: “Extraño no recordar este detalle que, si el dato fuera exacto, no dejaría de tener importancia, puesto que no vimos ejemplos parecidos entre otras construcciones indígenas de la región” (Bruch, 1911, p. 46). Por último, afirma: “El mismo autor [Quiroga] menciona el descubrimiento de cuatro grandes menhires hallados sobre uno de los morros al nordeste del Fuerte, de los cuales no hemos hallado rastro, ya porque hayan sido destruidos, ya porque no pudimos dar con su ubicación” (Bruch, 1911, p. 49). Ahora sabemos que en efecto Bruch no pudo haber visto nunca los menhires ni los torreones incaicos porque estaba recorriendo otro antiguo poblado, distante unos 3 km de las estructuras descriptas por Quiroga (Figura 4).

Figura 4 Gran Menhir G en El Calvario de Fuerte Quemado. Superior: registrado por Quiroga (1901), con 2 m de largo. Inferior: actualmente se encuentra al borde del sendero del calvario católico moderno. 

Podemos decir entonces que a partir de la publicación de Bruch, dos centros poblados ubicados en cercanías del pueblo actual de Fuerte Quemado se confundieron en uno solo, y se identificaron como La Ventanita. Esta indiferenciación se mantuvo hasta hace pocos años a pesar de que Néstor Kriscautzky (1999) en su trabajo sobre la Ventanita de Fuerte Quemado ya distingue los dos sitios, proponiendo el nombre de El Calvario para el asentamiento más austral, debido a la construcción en la década de 1960 de un calvario católico en su ladera este y cumbre.5

En este contexto, la ilustración del sector de los torreones realizada por Methfessel hacia fines de la década de 1880 y luego el trabajo de Adán Quiroga (1901) sobre El Calvario de Fuerte Quemado emergen como los únicos antecedentes directos dentro de las investigaciones en el poblado. Dado que los escritos de Methfessel que podrían complementar dicha ilustración no están disponibles, el artículo de Quiroga constituye así el único desarrollo específico sobre El Calvario de Fuerte Quemado, hecho que refuerza el valor de este trabajo realizado hace ya más de cien años.

La reconstrucción de la historia sobre la prolongada confusión en el campo arqueológico entre los dos grandes poblados de Fuerte Quemado constituye la primera etapa de nuestra investigación, que se propone generar nueva información sobre El Calvario de Fuerte Quemado con el fin de incorporarlo con peso propio en el panorama sobre las sociedades tardías de Yocavil.

El poblado tardío

El Calvario de Fuerte Quemado, construido sobre el segmento sur de una línea montañosa que se desprende hacia el este de la sierra del Cajón, cortando el abanico aluvial, se extiende en diversos espolones o morros irregulares, sus laderas, bajos circundantes y quebradas internas. Esta característica de distribución confiere al poblado una gran complejidad constructiva, de circulación y de visibilidad.

Para organizar el relevamiento del poblado con estación total, se propuso una sectorización en función de aspectos como la topografía, el tipo de estructuras y su vinculación espacial. En una superficie de aproximadamente 60 ha, se registraron 489 estructuras arquitectónicas, distribuidas en 16 sectores. Del total de estructuras, 184 son recintos y 54, posibles recintos; 41 se consignaron como plataformas; 43, como líneas de muro doble y 167, como líneas de muros simples o indeterminados (Figura 5).

Figura 5 Planimetría de El Calvario de Fuerte Quemado. 

La mayor parte de la arquitectura desplegada en este poblado corresponde a la técnica de construcción local característica del período de Desarrollos Regionales, esto es, recintos rectangulares y cuadrangulares con muros que superan el metro de ancho, constituidos por paredes dobles con relleno de ripio. Se trata sin duda de un poblado de gran envergadura y complejidad.6 Aquí solo mencionaremos algunas características resaltantes.

La mayor concentración de recintos se registra en niveles sucesivos sobre una ladera en forma de anfiteatro orientada hacia el sudeste, solo visible desde las cumbres de los distintos morros. Este gran espacio interno conformado por “siete líneas escalonadas de trincheras y grupos de construcciones” fue destacado por Quiroga (1901, p. 242). Sobresalen también los conjuntos arquitectónicos levantados en dos morros internos, en donde se observa en cada uno de ellos un gran recinto rectangular a manera de plaza. Asimismo, se destaca la presencia de un recinto con su muro frontal de 1,30 m de ancho, cuyo paramento externo de 1,70 m de alto está constituido por bloques rosados y cuarzos blancos formando un diseño de almena (Figura 6). Este notable muro decorado, uno de los pocos y mejor conservado de Yocavil, mira desde el sur a gran parte del poblado. Otro rasgo importante lo constituyen las largas líneas de muro perimetral que se conservan en los sectores oeste, sur y sudeste y que pudieron restringir o controlar el acceso al poblado.

Figura 6 Recinto de arquitectura local con diseño de bloques de colores en muro externo en El Calvario de Fuerte Quemado. 

Por sus dimensiones, estructura y características de emplazamiento, El Calvario de Fuerte Quemado constituye un poblado fundamental para la comprensión de la demografía y organización política de las sociedades tardías de Yocavil a una escala regional. A su vez, en sectores específicos del asentamiento se relevaron diversas construcciones con características distintivas que permiten sostener que este sitio fue ocupado y modificado por los incas durante el siglo XV. Es entonces también un ámbito importante, previamente no advertido, que integró el entramado de asentamientos incaicos en Yocavil vinculados al trazado del Capac Ñan.

Los sectores incaicos en El Calvario de Fuerte Quemado

A partir de los trabajos de relevamiento en el Calvario de Fuerte Quemado se registraron distintos indicadores que permiten avanzar en el estudio de la organización de la ocupación incaica del poblado. La evidencia arquitectónica muestra la intervención estatal en sectores acotados del sitio: la cumbre principal, la ladera norte y su bajo circundante y un área al pie de la conjunción de las laderas norte y este. En estos sectores con arquitectura imperial también se recuperaron fragmentos cerámicos de diversas variantes incaicas, junto con fragmentos de estilos locales.

La cumbre principal es el punto de máxima visualización y visibilidad del poblado. Está constituida por un área nivelada de forma circular irregular de 29 m de diámetro en el eje norte-sur y 26 m en el eje este-oeste (Figura 7). En la actualidad allí se emplazan la capilla y dos cruces de la estación final del recorrido del calvario católico moderno. Excepto en el sector norte, donde se observa afloramiento de roca madre y una caída del cerro más pronunciada, esta superficie está rodeada por un pircado de lajas y bloques de pegmatita que conforman un muro de contención; su mayor altura se observa en el sector oeste con 1,60 m. Se destacan, además, las dos líneas de muros perimetrales que rodean el sector sudeste de la cumbre, como así también el muro que conforma una plataforma y que limita al oeste, junto con un gran peñasco rosado, el espacio circundante de la cumbre principal. Estos muros tienen un ancho de entre 70 y 80 cm y están conformados por líneas dobles sin relleno de ripio, diferenciándose así del modo arquitectónico local.

Es posible que la nivelación de este espacio se realizara en momentos previos a la ocupación inca. Trabajos similares se observan, aunque en una escala menor, en las cumbres de diversos poblados tardíos como Las Mojarras, Rincón Chico y Cerro Mendocino. Además, cabe destacar la presencia de dos afloramientos rocosos salientes de laja en la cumbre principal de El Calvario de Fuerte Quemado, los cuales no fueron eliminados por la nivelación original. Considerando la importancia de los bloques de piedra en los espacios públicos del período Tardío en Yocavil (Reynoso, 2009), estos rasgos líticos en la cumbre principal de El Calvario pudieron haber sido significativos para el uso original de esta área. A su vez, el rol de los bloques rocosos en tanto wakas, también es central en la cosmovisión incaica como materialización de los antepasados (Giovanetti, 2015; Nielsen, 2007). Por este motivo, no se puede precisar aún la cronología de la configuración de este gran espacio nivelado. Sin embargo, es clara la intervención incaica en este sector del poblado a partir de la arquitectura desplegada.

Allí se registró un recinto subrectangular de arquitectura incaica, de 5,15 x 3,20 m de lados internos, con muros dobles sin relleno de entre 53 y 58 cm de ancho (Recinto 1, Figura 7b y d). Aunque hoy solo se distinguen las piedras ubicadas a ras del suelo, Quiroga registró para este recinto una altura de 1,95 m (Quiroga, 1901, p. 241). Según este autor, también había allí otros dos recintos de características similares que no se han conservado. Uno de ellos, de 2,50 x 2,77 m de lados, se emplazaba hacia el sur junto al recinto que hoy se puede observar, conservando por entonces una altura de 2,20 m. Por otra parte, en el borde sur de la cumbre se ubicaba la otra estructura de 2,30 x 7,50 m (Quiroga, 1901, pp. 240-241) (Figura 7c).

Figura 7 Cumbre principal de El Calvario de Fuerte Quemado. a) Vista desde el sur. b) Detalle planimetría. c) Detalle croquis en Quiroga, 1901. El recinto A corresponde al Recinto 1 en planimetría actual. d) Vista del Recinto 1 desde el sudeste. e) Fragmento de cerámica incaica (superficie). 

En este punto es pertinente mencionar el informe que hiciera en 1791 Filiberto de Mena sobre los poblados prehispánicos de la provincia de Salta, por requerimiento de la Sociedad Académica de los Amantes del País con sede en Lima (Jiménez Núñez, 1964). En este informe hay una única referencia correspondiente a la región de Santa María:

Como 56 leguas de esta Ciudad [Salta] en un Curato nombrado Santa María, Jurisdizion de la de Catamarca se halla un Cerro que llaman Quemado, y caminando âsu falda al Sur, como un cuarto de legua estàn dos Pueblos reducidos sus techos â ruinas que se conoze ser delos Yndios Gentiles, y solo subsisten las paredes de piedra seca, y en la cima deeste monte ai tres Casas grandes de piedra sin techo, que para subir alli se haze por escalones echos àproposito que se conoze por su mucho costo, que serian las Casas de algun rico maioral de estos Naturales (de Mena, 1943 [1791], p. 107. Destacado nuestro).

Es probable que esas tres casas emplazadas en la cumbre, y que por cierto llamaron la atención del cronista del siglo XVIII, sean aquellas tres estructuras que observara Quiroga en la cumbre de El Calvario de Fuerte Quemado cien años después. Se sumaría así esta mención temprana en un documento histórico a los antecedentes de las investigaciones arqueológicas del poblado. También es significativa la mención de “dos pueblos” en ruinas en lo que sería actualmente la localidad de Fuerte Quemado.

Pasando a otro de los sectores, es en la ladera norte del poblado donde se emplazan las tres estructuras circulares incaicas que trataremos en detalle más adelante. Sin conexión visual con el núcleo del asentamiento local, estas construcciones dominan el amplio bajo circundante hacia el norte, en el cual se destaca un montículo rocoso frente a las mismas. Este sector fue modificado debido a la instalación del cementerio actual, la roturación de campos de cultivo, la extracción de ripio y lajas y la construcción de nuevos sectores domésticos de los pobladores actuales. Sin embargo, hay indicios de que allí se emplazaron otras construcciones prehispánicas (Figura 8).

Tanto Quiroga en su artículo sobre Fuerte Quemado como Methfessel en su aguatinta de fines del siglo XIX dan cuenta de un recinto cuadrangular en la cima del montículo rocoso que se encuentra en el bajo frente a los torreones. Hoy en día no observamos vestigios de esta estructura, aunque hemos recolectado abundantes fragmentos de alfarería en el entorno. Quiroga también menciona líneas de piedra, muchas de ellas ya caídas, sobre dicho montículo (Quiroga, 1901; pp. 237-238).7 Por último, este autor observa cerca de las tres torres cilíndricas “una gran casa en ruinas, con sus habitaciones, en la que viviría el jefe de la fortaleza, ya sobre el llano” (Edificio N, Quiroga, 1901, p. 243) (Figura 8a). Esta construcción aparece en el plano de Quiroga representada por tres recintos cuadrangulares contiguos formando una fila de orientación aproximada norte-sur. Cabe la posibilidad de que aquellas descriptas por Quiroga sean parte del conjunto que dibujara Methfessel. Allí podemos ver al oeste del montículo rocoso dos filas de cuatro recintos, cada una con una orientación similar a los recintos de Quiroga. Hasta el momento no se han podido identificar en el terreno dichas construcciones, aunque en distintos puntos del bajo circundante al pie de las torres circulares se han registrado potenciales relictos de dichas estructuras, como por ejemplo, un muro doble de lajas sin relleno, con un ancho aproximado de 40 cm, que forma parte de una estructura indeterminada. También en esta zona se han recuperado en superficie fragmentos de cerámica incaica (Figura 8b y c).

Figura 8 a) Detalle croquis sector torreones y bajo circundante en Quiroga, 1901. Selección de fragmentos de distintos tipos de cerámica inca con decoración pintada recuperados en el bajo norte circundante a los torreones de El Calvario de Fuerte Quemado (superficie). b) Pie de ladera norte. c) Bajo circundante ladera norte. 

Por último, en el bajo de El Calvario de Fuerte Quemado, al pie de la conjunción de las laderas norte y este, se emplaza una notable estructura construida a partir de un gran peñasco, a la vera de la actual Ruta Nacional Nº 40 y, probablemente, del antiguo Camino Inca (Figura 9). En su lado occidental pueden aún observarse al menos tres líneas de muros conformando niveles aterrazados. La línea superior, hoy en día la mejor conservada, está formada por bloques canteados. En distintos sectores del peñasco se registraron tres morteros cavados en la roca. En el sector oriental, al pie del montículo, también se registraron varios relictos de muros de contención, algunos de ellos con bloques canteados. La estructura ocupa un área aproximada de 35 x 20 m, superando una altura de 6 m. A poca distancia de su extremo sudeste se ubica un recinto que presenta muros de unos 50 cm de ancho, pero que hoy solo conserva su parte occidental. Se encuentra junto a un bloque rocoso con un mortero tallado. En todo este sector se han recuperado en superficie fragmentos de distintos tipos de cerámica incaica, entre ellos un fragmento de plato Inca Pacajes (Figura 9d). La vinculación espacial de este peñasco modificado con las construcciones incaicas ubicadas en la ladera norte y bajo circundante, como así también sus características constructivas y material asociado, nos permitieron definirlo como ushnu, estructura central para la vida ceremonial y política del Estado incaico (Hyslop, 1990; Pino Matos, 2004).

Este tipo de estructura ceremonial no es común en Yocavil, registrándose solo otros dos casos, uno en el tambo incaico de Punta de Balasto (González, 1999) y otro en el poblado local con ocupación incaica, Ampajango 2 (Tarragó, Marchegiani, Palamarczuk y Reynoso, 2017; Tarragó y González, 2005). También hay que mencionar, fuera del valle aunque en estrecha conexión con él, el ushnu del sitio incaico de altura Nevados del Aconquija o Ciudacita (Hyslop y Schobinger, 1991). Tanto el ushnu de Ampajango 2 como el de Nevados del Aconquija también están edificados a partir de un peñasco; en cambio, el de Punta de Balasto está conformado por una plataforma de pirca de planta rectangular. Por sus dimensiones y características constructivas, el ushnu de El Calvario de Fuerte Quemado es uno de los más notables de los registrados hasta el momento en Yocavil.

Figura 9 El ushnu de El Calvario de Fuerte Quemado. a) Vista desde el sudoeste. b) Detalle planimetría y modelo de elevación digital. c) Vistas de la línea de muro superior en ladera oeste. d) Fragmento cerámico de plato Inca Pacajes (superficie). 

Es probable que a lo largo de todo el bajo de la ladera norte, entre las inmediaciones del ushnu y del montículo rocoso frente a los torreones, se emplazaran otras construcciones incaicas, aunque este espacio fue altamente modificado por instalaciones modernas (viviendas y campos agrícolas). Podríamos plantear como hipótesis que en este sector se habría localizado una plaza vinculada al ushnu, debido al alto grado de asociación entre estos tipos de estructuras en los sitios incaicos (Hyslop, 1990; Pino Matos, 2004; Raffino y Farrington, 2004), conformando un espacio delimitado por el montículo rocoso al oeste y por el ushnu al este. Este planteo podría abordarse a partir de excavaciones en sectores habitados en la actualidad.

En síntesis, vemos que en El Calvario de Fuerte Quemado, si bien la ocupación incaica está acotada espacialmente, el carácter monumental (gran visibilidad y duración) de la arquitectura desplegada por el Estado, esto es, el ushnu en la base del cerro, los tres torreones en la ladera norte y las construcciones en la cumbre principal nivelada, marca la presencia estatal en un territorio alejado del Cusco como es el sur de Yocavil, poniendo de manifiesto el poderío imperial.

Al mismo tiempo, los incas no solo ocuparon estos sectores de El Calvario de Fuerte Quemado sino también La Ventanita de Fuerte Quemado, sitio ubicado 3 km al norte. Este poblado tardío también se distribuye en la cumbre, ladera y bajo circundante de un tramo de la sierra del Cajón. Las investigaciones recientes plantean una división de La Ventanita en siete sectores (Kriskautzky, 1999; Orgaz y Kriskautzky, 2010; Orgaz, 2012, 2014). Aquellos correspondientes al período de Desarrollos Regionales (sectores I, II, III, V y VI) se emplazan en la ladera y el bajo. Los que están vinculados a la ocupación incaica, serían el sector IV construido en el bajo y tentativamente el sector VII, emplazado en la cumbre. Este último es el que fuera descripto por Lafone Quevedo (1902) y Bruch (1911) y en el que se emplazaba una singular construcción formada por cuatro pilares o estructuras rectangulares macizas. Lafone Quevedo (1902) interpretó esta construcción como un reloj solar. Allí también se registró un recinto o torre circular de 4 m de diámetro con una entrada de 40 cm hacia el sur (Bruch, 1911, p. 48). Si bien en la actualidad esta estructura no se ha conservado, sería la única equiparable de las registradas en Yocavil a los torreones de El Calvario de Fuerte Quemado, teniendo en cuenta que, como vimos, la mención de Lafone Quevedo a otras “…dos torres redondas de la fortaleza del Fuerte Quemado”, aunque de ubicación incierta y ya destruidas, remitirían a estructuras sin puertas (Lafone Quevedo, 1888, pp. 2, 6).

Por su parte, en el sector IV de La Ventanita de Fuerte Quemado construido en el bajo, se registraron estructuras cuadrangulares, rectangulares y circulares que presentan características arquitectónicas diferenciales con respecto a la arquitectura de los sectores locales, como ser muros dobles sin relleno con anchos entre 60 y 80 cm, vanos y aberturas de forma trapezoidal, presencia de revoque en las paredes y pisos preparados de barro arcilloso, entre otras características (Kriskautzky, 1999; Orgaz, 2012). Según el plano (Orgaz, 2012, p. 17), el sector está conformado por tres conjuntos de recintos perimetrales compuestos -RPC- (uno de ellos constituido a su vez por varios RPC delimitados por un muro perimetral), un recinto circular aislado en el extremo sur, un recinto rectangular aislado y un área al noreste con 14 estructuras circulares, posibles depósitos o collcas (Orgaz, 2012). A diferencia de lo mencionado para El Calvario, vemos que el sector del bajo de La Ventanita no fue afectado por las instalaciones modernas, lo que permitió la preservación de las ocupaciones prehispánicas allí emplazadas.

De esta manera, la arquitectura incaica en El Calvario y en La Ventanita se despliega en sectores acotados de ambos poblados aunque con gran impacto y visibilidad. Dada la proximidad de estos dos grandes asentamientos locales reconfigurados por el Estado incaico, las investigaciones futuras deberán profundizar su vinculación y posible complementariedad.

Excavaciones en los torreones incaicos

En la primera etapa de nuestras investigaciones de campo en El Calvario de Fuerte Quemado se decidió realizar la excavación de las tres estructuras circulares, debido al alto riesgo que corrían de ser desmanteladas totalmente a causa de la extracción de lajas como material de construcción (Reynoso, Pratolongo, Palamarczuk, Marchegiani y Grimoldi, 2010, p. 1328). A pesar de los reiterados episodios de destrucción, el resultado de las excavaciones permitió constatar la preservación, tanto de rasgos internos y externos, como así también de las primeras hiladas de los muros. La significativa información recuperada que detallamos a continuación permite plantear el carácter incaico de estas torres circulares. Denominamos a estas estructuras torreones Superior, Medio e Inferior en función de su ubicación a distintas alturas de un espolón del cerro con una pendiente pronunciada.

Afortunadamente con anterioridad a la excavación de estas estructuras ya contábamos con información relevante aportada por Adán Quiroga (1901), quien las describió de manera detallada más de cien años atrás:

  • El muro de las torres consiste en una pirca construida muy solidamente de lajas planas y delgadas, acarreadas de la cima del morro, ligadas por un barro gredoso. Estas pircas tienen unos 0,65 cm de espesor. Las torres han sido construidas en la pendiente de la loma que mira á la población, habiéndose derrumbado gran parte de sus muros respectivos, tal como se ve en la lámina.

  • La mayor altura de la pirca conservada de la primera de las torres [Torreón Inferior] es de 2,10 metros; 2,08 de la segunda [Torreón Medio] y 2,10 metros de la tercera [Torreón Superior]. La primera de estas medidas es, sin duda, el alto que las torres tuvieron. El diámetro de las tres torres es respectivamente de 4,10 metros, de 2,80 y de 3,20 metros.

  • Las torres, de perfecta forma circular, se parecen á las de Watungasta (Tinogasta), con las diferencias de que estas últimas son enteras de barro, mientras que la primera son de láminas de laja, revocadas con barro, el que en algunas partes consérvase aún adherido exteriormente al muro.

  • Cada una de las torres está provista de su puerta de entrada, con su umbral, de 0,60 centímetros de luz cada puerta, las dos primeras abiertas del lado S.O. de las torres, y la última del lado sud. Cada torre tiene al exterior una escalinata para subir y bajar, la que es formada por lajas salientes, unas después de otras, para asentar los pies, distribuidas con su inclinación correspondiente para facilitar el acceso á las construcciones, ó para salir de ellas si fuesen ocupadas sus puertas de entrada.

  • Estos sólidos monumentos, que pudieron también haber servido para guarecer á los jefes que defendían la fortaleza, están asentados sobre grandes rocas firmes y terraplén compacto de pedregullo (Quiroga, 1901, pp. 236-237).

Esta descripción es de gran valor ya que refiere detalles que no se han conservado hasta la actualidad, como el revoque en los muros externos y las escalinatas integradas a estos. Al mismo tiempo, muchas de las características mencionadas las hemos podido observar a través de las excavaciones realizadas.

Los tres torreones fueron excavados en área extendida, cubriendo la totalidad del espacio intramuros. Siguiendo una metodología estratigráfica fue posible observar las similitudes estructurales que comparten. En líneas generales, sus muros están construidos con una doble fila (sin relleno de ripio, a diferencia de los muros de estilo arquitectónico local) de piedras lajas y algunas pegmatitas seleccionadas y canteadas, con barro entre las hiladas de piedras. Para la construcción de cada torreón fue necesaria una previa nivelación del terreno mediante corte de la roca madre del cerro en el sector sur de las estructuras y por el agregado de relleno de sedimento y grava en el sector norte de las mismas, generando una plataforma. Por encima del terreno así nivelado se erigieron los muros circulares y luego se prepararon los sucesivos estratos compuestos por una superficie de lajas acomodadas con barro por encima de la cual se aplicaron capas de sedimento limo arcilloso compacto. Después de la elaboración de este piso se aplicó el revoque de barro que recubría los muros. Solo pudimos observar remanentes de este elemento en el interior del Torreón Superior. Sin embargo, en el Torreón Inferior se registró una microestratificación de sedimentos que resulta compatible con un lavado paulatino del revoque interior y su depositación en la superficie del piso.

También se recuperaron numerosos fragmentos cerámicos, restos óseos humanos y faunísticos, restos textiles, vegetales y otros orgánicos y muestras de sedimento, materiales que en conjunto permiten el desarrollo de múltiples líneas de indagación. Hasta el momento se obtuvieron seis fechados radiocarbónicos asociados a distintos rasgos que se detallarán más adelante.

Para el análisis del material cerámico recuperado en los tres torreones se utilizó el criterio de familia de fragmentos (FF) (Orton, Tyers y Vince, 1997). En función de la estratigrafía intramuros registrada, se han definido tres unidades estructurales de análisis presentes en los tres torreones: contrapiso (relleno de nivelación del terreno y superficie empedrada de lajas), piso (estratos de sedimento limo arcilloso consolidado) y relleno postocupación del recinto. Luego existen otras unidades correspondientes a rasgos particulares de cada una de las estructuras. Además, para los torreones Inferior y Medio se determinaron unidades de excavación extramuros. Finalmente, se considera la cerámica obtenida por recolección superficial, en el Torreón Superior por un lado y en los torreones Inferior y Medio por otro.

Para el análisis arqueofaunístico se llevaron a cabo los siguientes pasos: identificación anatómica, taxonómica y de grupos de edad, cuantificación y evaluación de las modificaciones óseas (de origen tafonómico y antrópico) (Pratolongo, 2008, pp. 94-96). Para el análisis bioarqueológico también se realizó la identificación, cuantificación y evaluación de alteraciones de origen patológico (Bass, 1987; Scheuer y Black, 2004).

De esta manera, las excavaciones realizadas en las tres torres circulares aportaron información sustantiva que permite avanzar en el estudio de la reconfiguración de El Calvario de Fuerte Quemado durante la ocupación incaica.

Torreón Superior

El Torreón Superior es una estructura circular de 3,35 m (E-O) y 3,15 m (N-S) de diámetro, posee muro doble de un ancho que oscila entre los 0,60 y 0,65 m formado por bloques de lajas y pegmatitas (conservaba un máximo de ocho hiladas) y con una abertura o entrada de 0,45 m de ancho en el sector sur. La construcción presentaba un empedrado del cual se conservaban 157 lajas pequeñas y medianas8 y por encima un estrato de sedimento limo arcilloso consolidado con una potencia de 3 a 5 cm. Este piso de barro alisado contenía abundantes espículas dispersas de carbón vegetal. Una muestra proveniente del sector oriental del torreón fue recuperada mediante tamizado y fechada en 340±50 AP (LP1903) (cal. 2 sigma 1459 (95,4%) 1665 DC).9 El paramento interno estaba recubierto con revoque limo arcilloso consolidado. En el sector sur se observó que el revoque fue aplicado con posterioridad a la elaboración del piso.

En el sector oriental del recinto, sobre el piso de barro y contra el muro interno se registró un rasgo conformado por lajas planas dispuestas radialmente formando un semicírculo, con otras lajas en el interior del semicírculo y otra adosada al muro. Sin otra evidencia para la interpretación de este rasgo, se puede proponer como una superficie para apoyar algún objeto contra el muro del recinto. Otro rasgo significativo lo constituye un pequeño pozo de 22 cm (E-O) x 25 cm (N-S) con una profundidad mínima de 18 cm, ubicado en el cuadrante noreste del torreón (Rasgo 6, identificado debajo del Rasgo 5, Figura 10). En la base de este pozo se ubicaba una pequeña laja.

Por último, en el sector norte del recinto se han podido identificar evidencias de tres excavaciones modernas (Rasgos 2, 3 y 5). Una de ellas con límites muy regulares (Rasgo 2), de aproximadamente 1 x 1 m, podría tratarse de una excavación arqueológica que hasta el momento no ha sido posible rastrear. En cuanto al Rasgo 5, es probable que haya cortado el inicio del Rasgo 6 (Figura 10).

Figura 10 El Torreón Superior de El Calvario de Fuerte Quemado. 

En el interior del Torreón Superior se recuperaron 73 fragmentos cerámicos correspondientes a 46 posibles vasijas (Tabla 7). En el contrapiso se recuperó un solo fragmento, correspondiente a una vasija alisada ordinaria de forma indistinta. En el piso de barro se recuperaron 24 fragmentos, correspondientes a 14 potenciales vasijas, de las cuales un 35% pertenece al estilo Santa María Bicolor. Otros estilos presentes en el piso son el Famabalasto Negro Grabado, el Negro sobre Rojo Indeterminado y distintas variedades de vasijas Peinadas. Exceptuando los fragmentos que no han podido ser determinados estilísticamente, todas las vasijas corresponden a estilos locales (Tabla 1).

Tabla 1 Análisis cerámico de la unidad Piso del Torreón Superior. 

En los tres torreones los restos óseos faunísticos recuperados fueron escasos. En el Torreón Superior los restos faunísticos se hallaron en el piso y el relleno postocupación. En el piso se recuperaron 98 especímenes, de los cuales 16 fueron identificados a nivel taxonómico (NISP). Un fragmento corresponde a metapodio de camélido (NMI: 1, Juvenil) y 15 fragmentos a artiodáctilo: 8 de diáfisis (uno de ellos parcialmente quemado) y 7 de vértebras (NMI: 1). En cuanto a las observaciones tafonómicas, casi el 69% están meteorizados en los estadios 2 y 3 (más 12 de los fragmentos no identificados). Un fragmento de diáfisis presenta tres huellas de corte, lo que permite inferir algún tipo de procesamiento para el consumo humano. En los estratos de relleno postocupación se recuperaron 65 especímenes, identificándose 24 (NISP). Cuatro especímenes corresponden a camélido: dos fragmentos de diáfisis, un astrágalo izquierdo y un fragmento de húmero (NMI: 1, Adulto) y 17 fragmentos a artiodáctilo: uno de vértebra, uno de cráneo calcinado, 11 de diáfisis, dos de costilla, uno de hueso plano y uno de molar (NMI: 1). Un poco más del 82% de los huesos están meteorizados en los estadios 2 a 5 (más 34 de los fragmentos no identificados) y con respecto a las huellas de procesamiento, el astrágalo de camélido presenta nueve huellas de corte anchas y profundas y el fragmento de hueso plano de artiodáctilo, una huella de corte ancha. También se recuperaron tres fragmentos de mamífero no identificado: uno de costilla, uno de diáfisis y uno de cóndilo meteorizado en estadio 5.

La muestra es muy reducida como para realizar un análisis económico, pero lo que sí podemos decir es que sus características responden a restos óseos de consumo humano de por lo menos dos camélidos, uno adulto y otro juvenil. Todos los huesos, salvo un astrágalo de camélido, están fragmentados y algunos están quemados y calcinados. El alto grado de meteorización que presenta la muestra indica que los restos estuvieron un tiempo en superficie antes de enterrarse.

Torreón Medio

La excavación del Torreón Medio permitió descubrir una construcción circular, de la cual se conservaban pocas hiladas de lajas (máximo 8) correspondientes a la mitad sur del muro doble, con un ancho que oscila entre los 0,56 y 0,64 m. El diámetro interno es de 2,9 m (E-O). No fue posible identificar la abertura que según Quiroga poseía esta construcción en el sector suroeste. La estructura presentaba tres capas de sedimento limo arcilloso consolidado o pisos (entre 2 y 4 cm de potencia) y por debajo un empedrado muy prolijo, que se conservaba casi completo, conformado por 127 lajas medianas y grandes. Debajo del empedrado se registraron dos capas de sedimento suelto con abundante grava, que constituyen el relleno depositado sobre la roca madre para la nivelación de la plataforma sobre la cual se asienta el torreón.

En el interior del recinto circular se registraron una serie de pozos de difícil interpretación. Aquí destacamos un pequeño pozo de 20 cm (E-O) x 26 cm (N-S) de 14 cm de profundidad (Rasgo 14, Figura 11). En su fondo plano se apoyaba una pequeña laja. Por sus características y ubicación es similar al registrado en el Torreón Superior.

En el interior del Torreón Medio se recuperaron 444 fragmentos cerámicos, que se agruparon en 93 familias o potenciales vasijas. En la unidad contrapiso se concentró más del 65% de los hallazgos cerámicos hallados en esta estructura, registrándose 299 fragmentos correspondientes a 57 vasijas (ver Tabla 7). Cabe destacar que 43 de estas vasijas son pucos. Descontando los fragmentos de estilo indeterminado, todas las piezas recuperadas en el contrapiso corresponden a estilos locales tardíos, con neto predominio de las variantes Santa María (Bicolor, Tricolor e Indeterminado) (Tabla 2). Se logró un gran agrupamiento y remontaje de los fragmentos, llegando en algunos casos hasta un 35 o 40% del total de la pieza. Los remontajes más completos se lograron con pucos Santa María (Tricolor y Bicolor) y Famabalasto Negro Grabado (Figura 12). Es probable que esta gran cantidad de vasijas hayan sido rotas intencionalmente y parte de ellas incorporadas al relleno de nivelación durante la construcción.

En los pisos del Torreón Medio (capa inferior y media) se recuperaron nueve fragmentos correspondientes a ocho vasijas, predominando también las variantes del estilo Santa María. A su vez, se registraron dos fragmentos Inca indeterminado (Tabla 3).

Figura 11 Los torreones Inferior y Medio de El Calvario de Fuerte Quemado. 

Tabla 2 Análisis cerámico de la unidad Contrapiso del Torreón Medio. 

Tabla 3 Análisis cerámico de la unidad Piso del Torreón Medio. 

Figura 12 Distribución de fragmentos cerámicos recuperados en el contrapiso del Torreón Medio, correspondientes a algunos de los pucos de estilos locales cuyas formas y/o diseños se lograron reconstruir. 

Las muestras óseas faunísticas del Torreón Medio proceden del contrapiso, piso, relleno postocupación y de unidades de excavación extramuros. En el contrapiso se recuperó un fragmento no identificado de mammalia indeterminada y un fragmento de diáfisis de metapodio de camélido meteorizado (estadio 4) fragmentado en 32 partes. En los pisos se hallaron dos fragmentos de diáfisis de mammalia indeterminada, y un fragmento de primera falange de camélido erosionado. En el relleno postocupación se obtuvieron dos fragmentos de diente de mammalia indeterminada y un fragmento de diáfisis de artiodáctilo erosionado fragmentado en siete partes. Por último, del sondeo extramuros procede un fragmento indeterminado menor de 2 cm y un fragmento de diáfisis de artiodáctilo con superficie pulida y cuatro huellas de corte profundas y cortas. Este espécimen podría ser parte de un instrumento.

En todo el Torreón Medio solo se obtuvieron 10 fragmentos faunísticos: dos de camélidos, dos de artiodáctilo, cinco de mamífero indeterminado y uno de vertebrado indeterminado. Todos los huesos están fragmentados, dos erosionados y uno meteorizado y no hay evidencia de acción postdepositacional producto de roedores.

Torreón Inferior y Entierro bajo alero

Por último, el Torreón Inferior, al igual que el Medio, conservaba enterradas pocas hiladas de lajas (máximo 6) del sector sur del muro doble con un ancho de entre 0,60 y 0,70 m. El diámetro interno es de 4,40 m (E-O), siendo este el torreón más grande. Se registró una posible abertura en el sector suroeste. La estructura presentaba un piso compuesto por una capa de sedimento limo arcilloso consolidado (de 2 a 5 cm de potencia) y por debajo una superficie empedrada irregular conformada por 628 lajas pequeñas y medianas (Figura 11). Debajo de este empedrado se registró un estrato de sedimento suelto con abundante grava, conformando el relleno depositado sobre la roca madre para la nivelación de la plataforma. Al igual que en el Torreón Medio, este depósito contenía abundantes fragmentos cerámicos, restos faunísticos y en este caso también, restos óseos humanos.

Como en los torreones Superior y Medio, también aquí se registraron una serie de pozos. De la misma manera, sobresale un pequeño pozo de aproximadamente 30 cm de diámetro y 18 cm de profundidad, ubicado en el cuadrante NE del recinto (Rasgo 18, Figura 11). En la siguiente sección se retomará la interpretación de este rasgo y los similares registrados en los torreones Medio y Superior.

Además, en el sector sudoeste del Torreón Inferior, contra el muro externo, se registró una estructura de combustión, de la cual se logró fechar una muestra de carbón vegetal (ver Figura 11). El resultado de este fechado es 400±50 AP (LP2044) (Cal. 2 sigma 1450 (95,4%) 1634), estadísticamente indiferenciable del obtenido en el Torreón Superior. Esto quiere decir que ambos eventos datados vinculados al uso de los torreones serían relativamente contemporáneos, ubicándose los dos en momentos incaicos (Test T según Ward y Wilson, 1978, en Greco, 2012, pp. 170-171).

Un rasgo notable del Torreón Inferior es la presencia en el sector sur de una oquedad en la roca madre en forma de pequeño alero, el cual fue atravesado por el muro del torreón. Allí se recuperaron evidencias de un entierro humano destruido. Los hallazgos constaron de fragmentos y elementos óseos pequeños, en su mayoría de pies y manos. En este rasgo también se hallaron restos textiles, fragmentos cerámicos y un objeto muy particular de madera con forma de clavo o tapón. En esta unidad que denominamos entierro bajo alero, se reconocieron dos estratos: superior (1b) e inferior (1a). El estrato superior corresponde al relleno de un pozo de huaqueo tapado, realizado con posterioridad al desmantelado de los torreones. Además, en el cuadrante noroeste del Torreón Inferior, a la altura de uno de los estratos iniciales, se registró un depósito de sedimento y grandes bloques de lajas, que por su ubicación, disposición y hallazgos asociados se definió como la acumulación de materiales producto de este evento de destrucción del entierro bajo alero. Por su parte, el estrato inferior corresponde a un relicto de un primer evento de destrucción de la tumba local vinculado a la construcción del Torreón Inferior, es decir, se trata de un depósito no afectado por el huaqueo moderno (Figura 13).

Figura 13 Algunos hallazgos procedentes del entierro bajo alero. a) Detalle del corte entierro bajo alero (1a: estrato inferior; 1b: estrato superior). b) Fotografía excavación estrato inferior. c) Objeto de madera con forma de clavo o tapón (1a). d) Muestra datada de puparios de moscas sarcofágidas (1a). e) Fragmento de una estructura textil en faz de urdimbre de fibra de llama que fue datada (1b). 

Lo destacable del caso del Torreón Inferior es el alto grado de resolución de los contextos excavados, el cual permitió determinar que la estructura bajo alero se trataba de un entierro local destruido por los incas y, a su vez, localizar el lugar donde parte del contenido de este sepulcro fue redepositado. A continuación detallaremos los elementos que permitieron llegar a esta conclusión.

En el interior del Torreón Inferior se recuperaron 414 fragmentos cerámicos agrupados en 110 familias de fragmentos o potenciales vasijas (ver Tabla 7). En el contrapiso se hallaron 47 fragmentos correspondientes a 12 vasijas, predominando aquí también las variantes del estilo Santa María (Tabla 4). Casi el 50% de los fragmentos del contrapiso pertenecen a dos urnas Santa María Tricolor, fragmentos de las cuales también están presentes en otras unidades estratigráficas del recinto (piso y entierro bajo alero).

Contenidos en el piso de barro se recuperaron 16 fragmentos correspondientes a ocho familias de fragmentos. Más del 30% de los fragmentos forman parte de las mencionadas urnas Santa María Tricolor (Tabla 5).

Cabe destacar la presencia en el relleno postocupación de dos ollas con pedestal o pie de compotera representadas por 130 fragmentos. Ambas poseen superficie externa e interna alisada, antiplástico con abundante muscovita mediana y gruesa, y un diámetro máximo superior a los 30 cm.

Finalmente, en las unidades del entierro bajo alero se recuperaron 53 fragmentos cerámicos agrupados en 23 vasijas, con claro predominio de las variantes del estilo Santa María. Dentro de estas vasijas se destacan las dos urnas Santa María Tricolor (Tabla 6).

Tabla 4 Análisis cerámico de la unidad Contrapiso del Torreón Inferior. 

Tabla 5 Análisis cerámico de la unidad Piso del Torreón Inferior. 

Tabla 6 Análisis cerámico de la unidad Entierro bajo alero vinculada al Torreón Inferior. 

Lo más significativo del análisis cerámico es que fragmentos de estas dos urnas Santa María Tricolor recuperados en el entierro bajo alero remontan con fragmentos hallados bajo piso, esto es, en el contrapiso y en el piso del Torreón Inferior (Figura 14). Para una de las urnas (FF 313) de la que se recuperaron 19 fragmentos, dos procedentes del entierro bajo alero remontaron con otros dos hallados en el piso y en el contrapiso, respectivamente. A su vez, para la otra urna Santa María Tricolor (FF 314) conformada por 14 fragmentos, uno procedente del entierro remonta con otro hallado en el piso. Este remontaje de fragmentos cerámicos constituye una de las evidencias más fuertes para sostener que parte del contenido del entierro en alero fue destruido y redepositado bajo el piso del Torreón Inferior en el momento de su construcción.

Figura 14 Fragmentos de las dos urnas Santa María Tricolor (FF 313 y FF 314) recuperadas en el Entierro bajo alero y bajo el piso del Torreón Inferior con indicación de sus unidades de procedencia y de los remontajes realizados. 

Tabla 7 Síntesis comparativa del análisis cerámico en las distintas unidades de los torreones Superior, Medio e Inferior de El Calvario de Fuerte Quemado. 

Las muestras óseas faunísticas del Torreón Inferior proceden de las siguientes unidades de análisis: contrapiso (16 NISP de 27), piso (5 NISP de 5), relleno postocupación (3 NISP de 6), entierro bajo alero (93 NISP de 115), acumulación de huaqueo moderno del entierro bajo alero (9 NISP de 23). En el relleno postocupación (MNI 1) se obtuvo un fragmento de diáfisis de mamífero no identificado (fragmentado en nueve partes) en estadio 2 de meteorización, un fragmento de diáfisis de artiodáctilo en buen estado de conservación, un fragmento de diáfisis de artiodáctilo meteorizado (estadio 3-4) y tres fragmentos no identificados. En el piso se recuperaron cinco fragmentos de artiodáctilo (MNI 1, adulto): dos de diáfisis, uno de los cuales es de adulto y está quemado, y tres de costilla. Todos los fragmentos están en buen estado. En el contrapiso (MNI, 1 adulto) se recuperaron tres especímenes de camélido: un fragmento de mandíbula meteorizado (estadio 2-3), una primera falange fusionada (fragmentada en cinco partes) y meteorizada (estadio 2-3) y un fragmento de costilla levemente meteorizada. También se obtuvieron 13 especímenes de cricétido (dos mandíbulas y 11 elementos postcraneales) y 11 fragmentos no identificados. En el entierro bajo alero (MNI 2, un adulto y un juvenil) se obtuvieron seis especímenes de camélido: un fragmento de hyoide (adulto), una segunda falange de camélido grande adulto (llama o guanaco), una primera falange desoldada (juvenil), un fragmento de diáfisis de metapodio (adulto) y dos de costilla. También un fragmento de costilla de artiodáctilo. Hay 83 especímenes de cricétidos (13 de mandíbula y 70 de postcraneal) y 23 fragmentos no identificados. Los huesos de esta unidad están en buen estado de conservación. En el depósito producto de la acumulación del huaqueo moderno del entierro bajo alero se recuperaron nueve especímenes de roedores (una mandíbula y ocho postcraneal) y 14 fragmentos no identificados.

Las muestras de fauna del Torreón Inferior son pequeñas y fragmentarias, sobre todo en el relleno y los niveles de piso. Las mismas son resultado del consumo humano y de roedores cricétidos que actuaron postdepositacionalmente. Todos los huesos de camélidos y artiodáctilos, salvo una primera falange desoldada y una segunda falange, están fragmentados y uno de diáfisis de artiodáctilo con evidencias de quemado. En cuanto a la integridad, todos los huesos recuperados de la tumba están en buen estado de conservación, en cambio hay varios restos de los pisos y de contrapiso que están meteorizados. La acción de los roedores se concentró en la tumba y debajo del empedrado de lajas.

En distintas unidades estratigráficas definidas en el Torreón Inferior se recuperó una muestra de restos óseos humanos de 133 especímenes, de los que se pudieron identificar 52 elementos anatómicos. La mayor parte corresponde a huesos de la mano y del pie. El predominio de dichas partes se relaciona con el hecho de tratarse de un entierro perturbado.

Del total de elementos identificados, 27 se recuperaron en los depósitos bajo alero, es decir, en el lugar primario de entierro; en el estrato inferior (1a) se observó la mayor abundancia de huesos de manos y pies dentro de la muestra total. Por otra parte, ocho elementos anatómicos se recuperaron bajo piso, lugar donde fueron redepositados luego de ser removidos del contexto original. La presencia de estos restos óseos bajo el piso del Torreón Inferior, junto con el ya mencionado remontaje de las urnas Santa María Tricolor, constituyen la principal evidencia de la destrucción y redepositación de parte del contenido del entierro tardío, por los incas.

Por último, 17 partes anatómicas provienen de otras unidades estratigráficas y su presencia se explica por eventos postdepositacionales que afectaron el contexto bajo alero (ya destruido por los incas), en especial el mencionado huaqueo moderno.

A partir del análisis bioarqueológico se determinó un número mínimo de tres individuos (por la presencia de tres escafoides de pie izquierdo). Por los estadios de fusión observados en otras partes esqueletarias, al menos un individuo sería un subadulto, probablemente juvenil.

En el sedimento del estrato inferior debajo del alero se recuperaron puparios de moscas sarcofágidas (mayoritariamente mosca gris), las cuales estarían indicando un contexto de entierro primario y cerrado.10 Esto nos hace pensar que el frente del alero pudo haber estado sellado con piedras, como se ha observado en otros casos de sepulturas bajo alero en la región (Schreiter, 2016 [1912], en Palamarczuk y Grimoldi, 2016; Schreiter, 1919; De Aparicio, 1948; Williams, 2003) (Figura 15). Estos tipos de sepulcros constituyen contextos funerarios particulares, al estar segregados espacialmente de los grandes cementerios asociados a los poblados tardíos ubicados en sectores del bajo. Asimismo, en nuestro caso los cuerpos inhumados pudieron estar envueltos en telas, como sugieren los siete fragmentos de una estructura textil de fibra de llama11 recuperados en el estrato superior bajo alero (Figura 13e). Se trata de una prenda de faz de urdimbre, de color monocromo marrón claro. En el estrato inferior del entierro bajo alero también se hallaron fragmentos de otros hilos y fibras (Renard, 2008). A su vez, los individuos estuvieron acompañados por al menos dos urnas Santa María Tricolor.

Figura 15 Entierros bajo alero en Yocavil y alrededores. a) Vista frontal de dos sepulcros en alero cubiertos con piedras en Famabalasto (Schreiter, 2016 [1912], p. 9 en Palamarczuk y Grimoldi, 2016). b) Corte transversal y vista frontal de un entierro en el distrito Cafayate (Schreiter, 2016 [1912], p. 6 en Palamarczuk y Grimoldi, 2016). c) Vista frontal del entierro bajo alero en El Calvario de Fuerte Quemado durante el proceso de excavación. d) Vista lateral (desde el oeste) del entierro bajo alero en El Calvario de Fuerte Quemado durante el proceso de excavación. e) Vista lateral de entierro múltiple de localización no especificada luego de su excavación, ilustrado por Methfessel (Moreno, 1890-91, p. 217). f) Vista lateral (desde el sudoeste) del entierro bajo alero y del Torreón Inferior en El Calvario de Fuerte Quemado luego de su excavación. 

Para el entierro destruido bajo alero se obtuvieron cuatro fechados radiocarbónicos. Dos se realizaron sobre restos óseos humanos de dos individuos diferentes, cuyos resultados son estadísticamente indiferenciables (Test T según Ward y Wilson, 1978, en Greco, 2012, p. 171). En primer lugar, un escafoides izquierdo: 755±41 AP (AA87358) (cal. 2 sigma 1226 (72,2%) 1320 y 1350 (23,2%) 1386). Segundo, otro escafoides izquierdo: 695±42 AP (AA87357) (cal. 2 sigma 1283 (95,4%) 1395). El tercer fechado se obtuvo de un fragmento de la estructura textil (otro fragmento de la misma prenda en Figura 13e): 668±33 AP (AA87359) (cal. 2 sigma 1296 (95,4%) 1398). Por último, se dató un conjunto de puparios de moscas sarcofágidas (Figura 13d): 612±31 AP (AA87350) (cal. 2 sigma 1314 (41,9%) 1359 y 1380 (53,5%) 1429). La datación de las larvas es un poco más tardía que las otras del contexto funerario, lo que hace que en conjunto den un valor estadísticamente diferente (Greco, 2012, p. 170). No obstante, es muy clara la separación de estas cuatro dataciones con respecto a las dos vinculadas al uso de los torreones en momentos incaicos (Tabla 8). Por lo tanto, los fechados correspondientes al contexto funerario bajo alero corroboran que el sepulcro destruido es en efecto de una época anterior a la construcción y uso de los torreones, momento que podemos ubicar durante los siglos XIII y XIV.

Tabla 8 Dataciones radiocarbónicas de distintos materiales recuperados en los torreones Superior, Medio e Inferior de El Calvario de Fuerte Quemado. 

Discusión

El análisis pormenorizado de los distintos contextos excavados constituye el marco fundamental para abordar diferentes problemáticas. En primer lugar, nos permite plantear algunas consideraciones iniciales sobre la funcionalidad de los torreones de El Calvario de Fuerte Quemado.

Los tres torreones comparten, como ya se destacó, una serie de rasgos arquitectónicos estructurales, como las capas de relleno para la nivelación de la plataforma de apoyo sobre las que se levantan los muros de lajas dobles con barro entre hiladas, superficies interiores empedradas de lajas bajo pisos de barro arcilloso consolidado de espesores similares (máximo 5 cm de potencia).

Se destaca también la presencia en el interior de las tres estructuras de un pequeño pozo ubicado en el cuadrante noreste, próximo a los muros. En la base de los pozos de los torreones Superior y Medio se ubicaba una pequeña laja. Si bien estos pozos no son los únicos rasgos observados en cada uno de los recintos, llama la atención sus dimensiones, morfología y ubicación similares. Podría tratarse de una huella de poste vinculado al sistema de techado de las tres estructuras.

Con respecto a las superficies empedradas con lajas, su confección en cada estructura es diferencial teniendo en cuenta el tamaño y disposición de los bloques. En los torreones Medio y Superior se registró una disposición muy prolija. En cambio, en el Torreón Inferior el empedrado conformaba una superficie sumamente irregular. Al mismo tiempo, la aplicación de pisos de barro arcilloso consolidado tuvo su particularidad en cada uno de los torreones. En los torreones Superior e Inferior se observó una sola capa de piso, mientras que en el Medio se registraron tres aplicaciones de potencia similar. El piso del Torreón Superior se distinguía por contener abundantes espículas de carbón, fragmentos cerámicos y restos óseos de fauna. Los recintos con superficies enlajadas no se conocían hasta ahora en la arqueología de Yocavil.12 No obstante, se han registrado estructuras con pisos de barro arcilloso y revoques en los muros del sector incaico (IV) del sitio La Ventanita de Fuerte Quemado (Kriskautzky, 1999, pp. 131-132).

Quiroga pudo observar las aberturas para el ingreso a las torres, las cuales tenían 60 cm de ancho (Quiroga, 1901, p. 237). A partir de los trabajos de excavación se pudo registrar dicho rasgo en el sector sur del Torreón Superior, tal como lo indicara Quiroga. Según este autor tanto el Torreón Medio como el Inferior poseían su entrada en el sector suroeste. A su vez, en las excavaciones del Torreón Inferior se registró una posible abertura efectivamente en el cuadrante suroeste.

Un hecho significativo que se desprende del análisis cerámico es la presencia tanto en el Torreón Medio como en el Inferior, de abundantes fragmentos cerámicos en los estratos de contrapiso, resultado de lo que creemos diferentes eventos de depositación intencional vinculados con acciones rituales al momento de la construcción. En el Torreón Medio representan el 61% de las familias de fragmentos y en el Torreón Inferior, el 10,9%. Por su parte, en el Torreón Superior se recuperó un solo fragmento en el contrapiso, esto es, el 2% del total de familias agrupadas. Por su parte, la presencia de cerámica en los pisos de barro sigue tendencias contrarias: mientras en los torreones Medio e Inferior representa entre el 7 y el 8% de las familias de fragmentos, en el Torreón Superior se registra en el piso de barro el 30% de las potenciales vasijas. Otro hecho para destacar, es que la cerámica Inca (en este caso variante Indeterminada), aunque en escasa proporción, solo está presente en los Torreones Medio e Inferior.

Con respecto a la evidencia faunística, se registró baja frecuencia y alta fragmentación de los restos óseos, como se observa en las unidades residenciales del período Tardío en la región, lo que implica una muestra muy pequeña para la realización de un análisis económico de las características de la producción y el consumo de animales. El Torreón Superior es el que presenta mayor abundancia de restos óseos de fauna en el piso (también en el piso se concentra más cerámica en comparación con el Medio e Inferior). Además, esta es la única estructura en la que no se hallaron restos faunísticos en el contrapiso (en consonancia, como vimos, con la presencia de solo un fragmento cerámico en dicha unidad), lo que marca nuevamente las similitudes de los torreones Medio e Inferior.

En definitiva, las excavaciones realizadas en los torreones muestran que se trata de tres construcciones que fueron levantadas siguiendo lineamientos estructurales comunes. No obstante, la resolución de estos elementos estructurales tuvo sus particularidades en cada torreón, como es el caso de las superficies empedradas y la aplicación de pisos de barro. A su vez, vemos cómo distintos datos, sumados a su contigüidad espacial, refuerzan la unidad de los torreones Medio e Inferior en comparación con el Superior, aspecto que podría tener implicancias funcionales y/o temporales.

Los distintos usos de las construcciones circulares incaicas identificadas en el Noroeste Argentino se relacionaron con el almacenaje, la defensa, el uso ceremonial y funerario (Raffino, 1981). Las excavaciones realizadas en los torreones de El Calvario de Fuerte Quemado ofrecen diversos elementos que nos permiten avanzar en la discusión sobre la funcionalidad de estas estructuras en particular.

Sobre la base de la ilustración de Methfessel se propuso que las construcciones de El Calvario de Fuerte Quemado habrían sido torreones defensivos o atalayas (Raffino, 1981). Sin embargo, no están asociadas a ninguna línea de muro perimetral, condición, según el mismo autor, para que las estructuras circulares formen parte de un sistema defensivo. Otra característica de los torreones defensivos es la ausencia de techo, rasgo que por el contrario es factible que tuvieran las torres de El Calvario. Algunos rasgos que nos permiten pensar que se trataba de estructuras con algún sistema de techado, son la presencia de pisos preparados, revoques en muros internos y posibles huellas de poste en las tres construcciones. No obstante, es indudable que desde allí se domina un amplio panorama visual, principalmente hacia el norte. Las escalinatas externas que según Quiroga poseían, pudieron permitir entre otras cosas, aumentar la altura de observación.

Por otra parte, las dimensiones y características arquitectónicas de las tres construcciones indican que las mismas pudieron ser espacios aptos para la realización de diversas actividades domésticas. Si bien no se registraron estructuras de combustión dentro de las torres, sí se recuperaron evidencias de consumo de animales en bajas frecuencias, como se registra en recintos de asentamientos tardíos de la región. En este sentido, vimos que es en el piso del Torreón Superior donde se recuperó una mayor abundancia de restos faunísticos y fragmentos cerámicos.

La presencia de dos ollas con pie fragmentadas en el Torreón Inferior resulta significativa no solo por tratarse de una forma cerámica no local sino también por su probable vinculación con la cocción de alimentos. Esta actividad podría haberse dado en la estructura de combustión ubicada contra el muro externo del Torreón Inferior.

En relación a una hipotética función de almacenaje, la presencia de una superficie empedrada por debajo del piso de barro consolidado en el interior de los tres torreones podría responder a la necesidad de aislar o proteger productos orgánicos almacenados. Sin embargo, hasta el momento no tenemos elementos para determinar el tipo de bienes que se pudieron haber reservado en estos recintos. Se realizó un primer análisis de fitolitos en muestras de sedimento recuperados en todas las unidades de procedencia del Torreón Inferior que no permitió llegar a resultados concluyentes sobre la presencia diferencial de restos vegetales, por lo que se está profundizando este análisis con otras líneas de indagación.13

De esta manera, la información recuperada en las excavaciones de los torreones incaicos no permite sostener una funcionalidad específica, lo que podría estar relacionado más bien con su carácter multifuncional. Aunque quizás su monumentalidad, es decir su alta visibilidad y duración (Nielsen, 2006, p. 69), haya sido el propósito principal de sus constructores, el Estado incaico, constituyéndose como wakas o lugares sacralizados.

Las investigaciones arqueológicas sobre la ocupación incaica en Yocavil (desde Cafayate en el norte hasta Punta de Balasto en el sur y entre la sierra del Cajón y la sierra del Aconquija) muestran que el Estado incaico construyó un importante asentamiento en el extremo sur de la región, el Tambo de Punta de Balasto (junto con otros sitios más pequeños interrelacionados con aquel) y al mismo tiempo modificó algunos sectores de los grandes poblados de Quilmes, La Ventanita de Fuerte Quemado, El Calvario de Fuerte Quemado, Cerro Mendocino y Ampajango.

Estudios recientes hacen énfasis en las relaciones de negociación entre los incas y las élites locales de Yocavil al caracterizar la presencia estatal en la región (Giovannetti, 2015; González y Tarragó, 2004; Williams, 2010). Sin embargo, la expansión territorial del Estado incaico siempre puso en juego distintas estrategias que implicaron tanto la ocupación militar como la dominación ideológica materializada, por ejemplo, en las alianzas con las élites locales. Estas dos estrategias que suponen distintas relaciones de fuerza se ponen de manifiesto en el caso de El Calvario de Fuerte Quemado, donde los incas se instalaron en distintos sectores del poblado, probablemente mediante alianzas con las élites locales, pero ejerciendo a su vez actos de violencia sobre un espacio local de gran contenido simbólico, como se observa en la destrucción de la tumba bajo alero ocluida por la construcción del Torreón Inferior. En un sector de este gran poblado tardío, donde existía una tumba en alero, los incas levantaron tres torres circulares de piedra, para lo cual destruyeron dicha tumba, y parte de su contenido (restos óseos y fragmentos de vasijas cerámicas) fue redepositado bajo el piso del Torreón Inferior. En relación a esto, también resulta significativa la abundancia de vasijas locales rotas y dispersas bajo el piso del Torreón Medio, en su mayoría pucos. Resulta plausible que estos recipientes se emplearan en libaciones realizadas en algún tipo de ritual fundacional en ocasión de la construcción del Torreón Medio. El caso de los torreones es un ejemplo de que la violencia imperial estaba presente más allá de los mecanismos de construcción y afianzamiento de alianzas local-estatales.

Este tipo de prácticas de destrucción de espacios rituales locales y superposición de nuevas construcciones por parte del Imperio incaico han sido observadas en otros sectores de los Andes meridionales. Uno de los ejemplos más conocidos es el caso de Los Amarillos, Quebrada de Humahuaca (Noroeste Argentino), donde la ocupación incaica destruye de manera violenta un ámbito ritual local conformado por un gran espacio abierto, tres sepulcros sobreelevados y distintas construcciones asociadas. El contenido de las tumbas saqueadas (restos óseos y artefactos) fue destruido, quemado y por último redepositado en las estructuras funerarias demolidas, su área contigua y distintos puntos del sector. Luego de este evento de destrucción violenta el sector es reconfigurado con un conjunto de nuevas unidades domésticas, utilizando el área de los sepulcros como basurero (Nielsen, 2007, pp. 100-101). También en la Quebrada de Humahuaca, un contexto ritual elaborado en la cima del sitio Campo Morado en los inicios del período de Desarrollos Regionales fue destruido por los incas para construir un ushnu (Fernández Do Rio, 2009). En el caso de Laqaya en la región norte de Lípez (altiplano sur de Bolivia), se propone que la destrucción violenta de la plaza y sus construcciones asociadas (entre ellas, tres chullpas) ubicadas en el sector bajo del poblado está vinculada con la incorporación al Tawantinsuyu (Nielsen, 2010, p. 344). Finalmente, las investigaciones realizadas en el poblado de Turi, Puna de Atacama (norte de Chile), permitieron constatar que para construir el conjunto ceremonial incaico plaza-kallanca en el sector más elevado del poblado donde se concentraba la mayor cantidad de chullpas, los incas destruyeron varias de estas construcciones locales dedicadas al culto funerario. Los trabajos de excavación en el interior de la kallanka descubrieron al menos dos pavimentos de chullpas debajo de la estructura incaica (Gallardo, Uribe y Ayala, 1995; Aldunate, Castro y Varela, 2003, pp. 17-18). Estos ejemplos nos permiten pensar que la construcción de determinados sectores incaicos tuvo íntima vinculación con la localización de áreas significativas para la memoria histórica local y su posterior destrucción.

La tumba destruida por los incas en El Calvario de Fuerte Quemado corresponde a una modalidad de sepulcro especial, segregado de los grandes cementerios y localizado en laderas dentro de pequeñas oquedades rocosas o aleros. Los cuatro fechados radiocarbónicos correspondientes a este contexto funerario corroboran que es anterior a la construcción y uso de los torreones, ya que permiten ubicarlo durante los siglos XIII y XIV. Como ya mencionamos, casos similares de este tipo de entierros, discretos y muy visibles, fueron registrados en la región de Yocavil (ver Figura 15). Por ejemplo, al sur de Tolombón, en las inmediaciones del cerro, se hallaron tres urnas santamarianas con restos de infantes agrupadas en un pequeño abrigo en los altos de una falda con escaso acompañamiento, entre el que se cuentan algunos fragmentos de tejidos (De Aparicio, 1948, p. 578). En la zona de Famabalasto se encontraron cuevas con sepulturas; en una de ellas se halló un esqueleto envuelto en un tejido de lana de colores unido por un trenzado de 42 cm de largo (Schreiter, 1919, p. 10; Schreiter, 2016 [1912], p. 10). En Cafayate se registraron entierros en cuevas y grietas rocosas con las entradas tapadas con hileras de piedras apiladas unas sobre otras; los esqueletos hallados estaban acompañados por pequeños objetos cerámicos (Schreiter, 2016 [1912], p. 18). Asimismo, un abrigo rocoso albergando restos esqueletales fue ilustrado por Methfessel pero sin una localización precisa (Moreno, 1890-91, p. 217).

Entonces, para construir las torres circulares de El Calvario de Fuerte Quemado se destruyó una estructura funeraria similar a las mencionadas anteriormente. Parte del contenido de este rasgo vinculado con la memoria local, además, fue incorporado en los cimientos de al menos una de las torres. Si bien las excavaciones realizadas en los torreones aportan evidencia directa de la destrucción de una estructura local previa, es posible que esto haya sucedido en otros sectores del poblado con arquitectura incaica, sobre todo en la cumbre principal del poblado donde se pudo haber afectado configuraciones locales.

Esta integración de eventos destructivo-constructivos pudo incluso funcionar como un elemento para la cooptación de linajes o segmentos sociales locales en competencia, otorgando poder y reconocimiento a ciertos linajes políticamente afines por sobre otros más beligerantes u opositores. En ese sentido nos preguntamos si la destrucción de una tumba bajo alero en particular pudo vincularse a la acción de eliminar un monumento relacionado al mantenimiento de la memoria histórica respecto del linaje que esta representaba.

Es significativo que los torreones sean tres, lo que recuerda uno de los aspectos de la cosmovisión andina e inca en particular: el esquema tripartito (Pärssinen, 2003; Nielsen, 2007). La tripartición era una de las formas en que se expresaban las jerarquías grupales o segmentarias de la organización sociopolítica y se aplicaban a distintos ámbitos de la realidad; por ejemplo a las wakas, una de las posibles funciones simbólicas de los torreones de El Calvario de Fuerte Quemado.

La identificación de sectores con evidencias arquitectónicas de instalación incaica en El Calvario de Fuerte Quemado y la preservación de otros que no fueron modificados invita a una reflexión en torno a las estrategias que pudieron desplegarse, entre las élites locales y los representantes incas, en relación al proceso de materialización de la presencia imperial en el territorio del centro de Yocavil en particular.

Gallardo y colaboradores (1995) identifican en su análisis de las lógicas de articulación entre lo local y lo incaico para el caso del pukará de Turi principios organizativos que no se excluyen mutuamente, sino que, por el contrario, constituyen diferentes facetas de un mismo fenómeno. Por un lado la noción de una asociación arquitectónica entre lo local y lo incaico manifestada en una integración espacial entre las nuevas estructuras incaicas y el resto de las construcciones preexistentes del poblado. Pero también, en paralelo, la noción de exclusión expresada en la necesidad de destacar los monumentos incaicos mediante recursos como la instalación en sectores aledaños previamente no ocupados y también apelando a materiales, diseños y técnicas arquitectónicos que en conjunto definen un estilo marcadamente diferente. A lo que se suman las nuevas funciones inherentes a estos espacios en el contexto de una nueva situación política.

La tensión o doble juego entre los mecanismos de asociación y exclusión (sensu Gallardo et al., 1995) implicados en la lógica de organización espacial de las construcciones incaicas en este gran territorio anexado del Collasuyu, puede graficarse también a partir del caso de El Calvario de Fuerte Quemado. La voluntad de demarcación o exclusión se manifiesta en la elección de la periferia norte del poblado, con escasa evidencia de instalación habitacional preexistente, para el establecimiento del sector incaico y también en la diferenciación arquitectónica y funcional de los monumentos y edificios. A su vez, la necesidad de establecer lógicas de asociación se observa en la construcción de sectores con arquitectura incaica al interior del poblado, en espacios previamente construidos, por ejemplo, la cumbre o la tumba bajo alero. Una asociación, como vimos, atravesada por el conflicto y la violencia. Así, en la elección del lugar para la construcción de los torreones confluyen tanto la asociación como la exclusión.

En este sentido, la presencia significativa de alfarerías locales en los basamentos de los torreones Inferior y Medio, si bien podrían obedecer a situaciones diferentes (destrucción de una tumba y libaciones ceremoniales, respectivamente) también puede analizarse bajo la óptica de la necesidad de asociación contenida en la inclusión de los estilos típicos locales en las fundaciones de los edificios incaicos.

Sin duda el establecimiento incaico se trató de un acontecimiento impactante para la vida de la comunidad local, pero también de los pueblos del valle en general. Las características de la reestructuración del espacio habitado pueden aportar elementos para la comprensión de este proceso en particular.

Así como entendemos la presencia incaica en este asentamiento puntual en términos de un proceso de expansión a una escala continental, debemos ubicarla también en el complejo escenario político territorial de los pueblos tardíos de Yocavil. En muchos de estos asentamientos no se han observado elementos de arquitectura incaica e incluso, la circulación de materiales incaicos fue muy escasa. Esto hace que los poblados locales que sí evidencian dicha presencia se diferencien en el contexto regional.

La arquitectura monumental desplegada por los incas en El Calvario de Fuerte Quemado, esto es, el ushnu en la base del cerro, los tres torreones en la ladera norte y las construcciones de la cumbre principal, materializa el poderío del Estado incaico. También, marca la relevancia de El Calvario dentro del entramado de la ocupación incaica regional, ya que algunas de estas construcciones son excepcionales en los sitios con arquitectura incaica.

Palabras finales

Este trabajo, que presenta los primeros resultados de las investigaciones en El Calvario de Fuerte Quemado, se propone comenzar a integrar un importante poblado tardío a las investigaciones regionales de Yocavil, ya que el mismo permanecía invisibilizado desde las primeras etapas de la arqueología argentina.

Para esto, aquí se analizaron los distintos sectores con evidencias de ocupación incaica y se presentaron los resultados de las excavaciones realizadas en los tres torreones incaicos, estructuras singulares que sobresalieron por su monumentalidad. Destacamos la alta resolución de los contextos excavados, los cuales, a partir del análisis estratigráfico, el remontaje de fragmentos cerámicos, el análisis bioarqueológico y las dataciones absolutas de diversos materiales orgánicos, permitieron dar cuenta de aspectos poco documentados de la conquista incaica.

De esta manera, el caso analizado, donde los representantes del Estado incaico ocuparon varios sectores del poblado tardío destruyendo estructuras locales, permite visualizar el carácter violento de la expansión incaica, faceta que no estaba claramente presente en las investigaciones previas de Yocavil, las cuales dieron cuenta de las estrategias de negociación entre los incas y las élites locales. Así, esta investigación pone de manifiesto la diversidad de los modos de relación entre el Estado incaico y las poblaciones locales, destacando la complejidad de las relaciones de fuerza desarrolladas en ese momento histórico.

Agradecimientos

A Myriam Tarragó por el impulso a esta investigación y su constante apoyo. A Sonia Lanzelotti y a Marcelo Lamamí por su participación en la primera etapa del relevamiento con estación total. A Catriel Greco por el estudio de los fechados radiocarbónicos. A Alina Álvarez Larrain, Fernando Cabrera y Juan Pablo Carbonelli y a todos los integrantes del Proyecto Arqueológico Yocavil por su colaboración en el transcurso de esta investigación. A la Comunidad Originaria Cerro Pintao Las Mojarras que estuvo presente durante los trabajos de campo. A los evaluadores, cuyos comentarios nos permitieron mejorar el manuscrito.

Referencias citadas

Aldunate, C., Castro, V. y Varela, V. (2003). Antes del Inka y después del Inka: paisajes y sacralidad en la Puna de Atacama. Boletín de Arqueología PUCP, 7, 9-26. [ Links ]

Ambrosetti, J. B. (1897). La antigua ciudad de Quilmes (Valle Calchaquí). Boletín del Instituto Geográfico Argentino, 18, 33-70. [ Links ]

Bass, W. M. (1987). Human osteology. A laboratory and field manual of the human skeleton. Columbia: Missouri Archaeological Society. [ Links ]

Bronk Ramsey, C. (2009). Bayesian analysis of radiocarbon dates. Radiocarbon, 51(1), 337-360. [ Links ]

Bruch, C. (1911). Arqueología de las provincias de Tucumán y Catamarca. Revista del Museo de La Plata, 19. Biblioteca Centenaria, Buenos Aires. [ Links ]

De Aparicio, F. (1948). Las ruinas de Tolombón. En Actas del XVIII Congreso Internacional de Americanistas (pp. 569-582). París. [ Links ]

De Mena, F. (1943) [1791]. Vestigios de cultura en la provincia de Salta antes de su conquista. Revista de la Biblioteca Nacional, IX(27), 105-118. [ Links ]

Fernández Do Rio, S. (2009). Apropiación incaica de un lugar sagrado en la Quebrada de Humahuaca, Jujuy, Argentina. Arqueología, 15, 41-62. [ Links ]

Gallardo, F., Uribe, M. y Ayala, P. (1995). Arquitectura Inca y poder en el Pukara de Turi, norte de Chile. Gaceta Arqueológica Andina, 24, 151-171. [ Links ]

Giovannetti, M. (2015). Fiestas y ritos inka en El Shincal de Quimivil. La presencia del Tawantinsuyu en la provincia de Catamarca. Buenos Aires: Editorial Punto de Encuentro. [ Links ]

González, L. R. (1999). Tambo feroz. Nuevos datos sobre el asentamiento de Punta de Balasto y la ocupación incaica en el sur del valle de Santa María (Prov. de Catamarca). En Actas XII Congreso Nacional de Arqueología Argentina, I (pp. 222-232). La Plata. [ Links ]

Hyslop, J. (1990). Inka Settlement Planning. Austin: University of Texas Press. [ Links ]

Hyslop, J. y Schobinger, J. (1991). Las ruinas incaicas de los Nevados del Aconquija (Provincia de Tucumán, Argentina). Informe preliminar. Comechingonia, Año 9, Número especial, 15-30. [ Links ]

Jiménez Núñez, A. (1964). Monumentos prehistóricos de Salta, Argentina, en una Relación del siglo XVIII. En Homenaje a Fernando Márquez Miranda, arqueólogo e historiador de América. Ofrenda de sus amigos y admiradores (pp. 216-220). Madrid: Publicaciones del Seminario de Estudios Americanistas y el Seminario de Antropología Americana, Universidades de Madrid y Sevilla. [ Links ]

Kriscautzky, N. (1999). Arqueología del Fuerte Quemado de Yokavil. Catamarca: Publicación de la Dirección Provincial de Cultura. [ Links ]

Lafone Quevedo, S. (1888). Londres y Catamarca. Cartas a “La Nación”, 1883-84 y 1885. Buenos Aires: Imprenta y Librería de Mayo. [ Links ]

Lafone Quevedo, S. (1902). Viaje á los Menhires é Intihuatana de Tafí y Santa María, en Octubre de 1898. Revista del Museo de La Plata . Tomo XI, 3-8. [ Links ]

Márquez Miranda, F. (1958-1959). Noticias antropológicas. Extraídas del “Diario íntimo”, inédito, de D. Samuel A. Lafone Quevedo. Runa. Volumen IX, Partes 1-2, 19-30. [ Links ]

McCormac, F. G., Hogg, A. G., Blackwell, P. G, Buck, C. E., Higham, T. F. G. y Reimer, P. J. (2004). ShCal04 Southern Hemisphere Calibration, 0-11.0 Cal Kyr BP. Radiocarbon , 46(3), 1087-1092. [ Links ]

Moreno, F. P. (1890-91). Esploración arqueológica de la Provincia de Catamarca. Primeros datos sobre su importancia y resultados. Revista del Museo de La Plata . Tomo I, 203-236. [ Links ]

Nielsen, A. (2006). Plazas para los antepasados: descentralización y poder corporativo en las formaciones políticas preincaicas de los Andes circumpuneños. Estudios Atacameños, 31, 63-89. [ Links ]

Nielsen, A. (2007). Celebrando con los Antepasados: Arqueología del Espacio Público en Los Amarillos, Quebrada de Humahuaca, Jujuy, Argentina. Buenos Aires: Malku Ediciones. [ Links ]

Nielsen, A. (2010). Las chullpas son ancestros: paisaje y memoria en el altiplano sur andino (Potosí, Bolivia). En El Hábitat Prehispánico. Arqueología de la arquitectura y de la construcción del espacio organizado (pp. 329-349). Jujuy: EDIUNJU. [ Links ]

Orgaz, M. y Kriscautzky, N. (2010). Estructuras funerarias en el sitio de Fuerte Quemado-Intihuatana. Sus implicancias en los estudios acerca de las estrategias del estado Inka en el sector Meridional del valle de Yocavil - Catamarca - Argentina. En Actas del XVIII Congreso Nacional de Arqueología Chilena. Simposio Norte Chico (pp. 285-295). Valparaíso. [ Links ]

Orgaz, M. (2012). Chicha y aloja. Inkas y autoridades locales en el sector meridional del valle de Yocavil - Catamarca - Argentina. Surandino Monográfico, segunda sección del Prohal Monográfico, II(2), 1-38. [ Links ]

Orgaz, M. (2014). Un estudio funcional de las estructuras del sector local -V- del sitio Fuerte Quemado-Intihuatana. Estudios Antropología Historia, 2, 75-97. [ Links ]

Orton, C., Tyers, P. y Vince, A. (1997). La cerámica en Arqueología . Barcelona: Editorial Crítica. [ Links ]

Palamarczuk, V. y Grimoldi, M. S. (2016). Un manuscrito inédito de Rudolf Schreiter sobre arqueología del noroeste argentino. Relaciones entre coleccionismo e investigación científica a comienzos del Siglo XX. Revista del Museo de Antropología, 9(2), 67-80. [ Links ]

Pärssinen, M. (2003). Tawantinsuyu: El Estado Inca y su organización política. Lima: Instituto Francés de Estudios Andinos - Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú - Embajada de Finlandia. [ Links ]

Pino Matos, J. L. (2004). El ushnu Inka y la organización del espacio en los principales tampus de los wamani de la sierra central del Chinchaysuyu. Chungara. Revista de Antropología Chilena, 36(2), 303-311. [ Links ]

Pratolongo, G. (2008). Estudio de los restos faunísticos de dos sitios tardíos en el valle de Yocavil, provincia de Catamarca: Rincón Chico 15 y Las Mojarras 1. En Tarragó, M. y González, L. (Eds.). Estudios arqueológicos en Yocavil (pp. 81-126). Buenos Aires: Asociación de Amigos del Museo Etnográfico. [ Links ]

Quiroga, A. (1901). Ruinas calchaquíes, Fuerte Quemado. Anales de la Sociedad Científica Argentina, 52, 235-243. [ Links ]

Raffino, R. (1981). Los Inkas del Kollasuyu. La Plata: Ramos Americana Editora. [ Links ]

Raffino, R. (2007 [1988]). Poblaciones Indígenas en Argentina. Urbanismo y proceso social precolombino. Buenos Aires: Emecé. [ Links ]

Raffino, R. y Farrington, I. (2004). Atlas del Ushno en el territorio del Tawantinsuyu. En El Shincal de Quimivil (pp. 255-259). San Fernando del Valle de Catamarca: Editorial Sarquis. [ Links ]

Renard, S. (2008). Análisis de restos textiles del Torreón Inferior del Calvario de Fuerte Quemado. Ms. [ Links ]

Reynoso, A. (2009). El color y el fuego: excavaciones en la plaza de la cumbre de Rincón Chico (Provincia de Catamarca). Comechingonia , 12, 75-90. [ Links ]

Reynoso, A., Pratolongo, G., Palamarczuk, V., Marchegiani, M. y Grimoldi, M. S. (2010). El Calvario de Fuerte Quemado de Yocavil. Excavaciones en los torreones incaicos. En Actas del XVII Congreso Nacional de Arqueología Argentina. Tomo IV (pp. 1327-1332). Mendoza: Universidad Nacional de Cuyo, FFyL. [ Links ]

Scheuer, L. y Black, S. (2004). The juvenile skeleton. San Diego: Elsevier Academic Press. [ Links ]

Schreiter, R. (1919). Distintas clases de sepulturas antiguas observadas en los Valles Calchaquíes. Zeitschrifft des Deutschen Wissenschaftlichen Vereins zur Kultur und Landeskunde Argentiniens, 453-463. [ Links ]

Schreiter, R. (2016 [1912]). Artículo sobre las excavaciones en los Valles Calchaquíes. En Palamarczuk, V. y Grimoldi, M. S. (2016). Un manuscrito inédito de Rudolf Schreiter sobre arqueología del noroeste argentino. Relaciones entre coleccionismo e investigación científica a comienzos del Siglo XX. Revista del Museo de Antropología , 9(2), 67-80. [ Links ]

Tarragó, M. N. (2011). Poblados tipo pukara en Yocavil. El plano de Rincón Chico 1, (Catamarca, Argentina). Estudios sociales del NOA / nueva serie, 11, 33-61. [ Links ]

Tarragó, M. N. y González, L. R. (2005). Variabilidad de los modos arquitectónicos incaicos. Un caso de estudio en el valle de Yocavil (Noroeste Argentino). Chungara. Revista de Antropología Chilena , 37(2), 129-143. [ Links ]

Tarragó, M., Marchegiani, M., Palamarczuk, V. y Reynoso, A. (2017). Presencia del inca en Yocavil (Catamarca, Argentina). Integración en la diversidad. Boletín del Museo Chileno de Arte Precolombino, 22(1), 95-117. [ Links ]

Ten Kate, H. (1893). Rapport sommaire sur une excursion archéologique dans les provinces de Catamarca, Tucuman et de Salta. Revista del Museo de La Plata , V, 329-348. [ Links ]

Ten Kate, H. (1896). Anthropologie des anciens habitants de la région Calchaqui. Anales del Museo de La Plata 1 (Sección antropología) I, 1-62. [ Links ]

Ward, G. K. y Wilson, S. R. (1978). Procedures for combining radiocarbon age determinations: a critique. Archaeometry, 20(1), 19-31. [ Links ]

Williams, V. (2003). Nuevos datos sobre la prehistoria local en la Quebrada de Tolombón. Pcia. de Salta. Argentina. Anales Nueva Época “Local, regional, global: prehistoria, protohistoria e historia en los Valles Calchaquíes”, 6, 162-210. [ Links ]

Williams, V. (2010). El uso del espacio a nivel estatal en el sur del Tawantinsuyu. En El hábitat prehispánico. Arqueología de la arquitectura y de la construcción del espacio organizado (pp. 77-114). Jujuy: EDIUNJU . [ Links ]

1La denominación “torreón” es utilizada para designar estructuras de planta circular y paredes elevadas (Raffino, 1981, p. 114). Aquí mantenemos este término solo en su carácter nominal, más allá de las posibles funcionalidades que pudieron cumplir los torreones de El Calvario de Fuerte Quemado, problemática que será discutida más adelante.

2Los trabajos de campo fueron realizados durante los meses de marzo de 2007, 2008, 2009 y 2010, en el marco del Proyecto Arqueológico Yocavil, dirigido por la Dra. Myriam Tarragó (UBACyT F152, PIP6148 y 0311, PICT12163 y 34511).

3Se trata de “dos grandes urnas y un yuro polícromo muy bonito” (Ten Kate, 1893, p. 337. Traducción de Carlota Romero).

4Este cuadro forma parte de las colecciones del Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti” (FFyL, UBA), Número de inventario 12155. Descripto en el Catálogo original como “Tela (paisaje calchaquí)”, ingresa en 1912 como donación de su autor, el Sr. Eduardo Holmberg (hijo).

5Si bien el calvario católico se construye en diciembre de 1966, es probable que el cerro ya tuviera en su cumbre una cruz católica y/o fuera utilizado en procesiones con anterioridad a la formalización del calvario moderno. Recordemos que antes de 1890 Methfessel ubica los torreones “al pié de la Loma Santa Cruz”. La cruz más antigua de las dos que hoy se emplazan en la cumbre principal posee una pequeña placa de bronce con la siguiente inscripción: “Cruz Misionera 3/5/1906. Donación Cecilio Chaile y flia. 8/12/1968”.

6Cabe mencionar que el camino del calvario católico moderno destruyó en numerosos puntos del recorrido las antiguas construcciones del poblado. En muchos casos se trata de grandes recintos cortados por el sendero actual, el cual reutiliza las antiguas pircas para su delimitación.

7En la actualidad el sector occidental del montículo rocoso se ve afectado por la extracción de bloques para lajas. También se observa en el sector oriental una larga línea de muro bajo con sentido norte-sur. Probablemente se trate de una estructura moderna, debido, entre otras cosas, a que la misma se une al muro actual que bordea el camino vecinal al cementerio en sentido este-oeste y que constituye el límite de la propiedad.

8Rangos de tamaño de lajas (según eje mayor). Pequeñas: 0-10 cm. Medianas: 10-20 cm. Grandes: 20-40 cm.

9Las calibraciones corresponden a la curva de calibración ShCal04 Southern Hemisphere Calibration (McCormac et al., 2004) utilizando el programa OxCal v 4.1 (Bronk Ramsey, 2009).

10Dra. Adriana Oliva, com. pers. (Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”).

11La identificación de fibras de la estructura textil fue realizada por el Dr. Eduardo Frank (Laboratorio de Fibras Animales, Programa SUPPRAD, Universidad Católica de Córdoba).

12Cabe mencionar la existencia de cámaras funerarias registradas por Ambrosetti en el poblado tardío de Quilmes, en las cuales el “suelo se presenta cuidadosamente embaldosado con trozos de lajas o piedras chatas de espesor variable, colocadas de modo que quede un piso uniforme” (1897, p. 54, fig. 27).

13Por ejemplo, estudio de macrorrestos vegetales recuperados en zaranda y mediante técnica de flotación y análisis de almidones.

Recibido: 14 de Abril de 2017; Aprobado: 16 de Julio de 2018

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons