SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número35SafariModernismo y fascismo. La sensación de comienzo bajo Mussolini y Hitler índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.35 Osorno dic. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012012000200015 

ALPHA Nº 35 - Diciembre 2012 (210-214)

RESEÑA

 

Walter MIGNOLO. Desobediencia epistémica. Retórica de la modernidad, lógica de la colonialidad y gramática de la descolonialidad. Buenos Aires: Ediciones del Signo. 2010, 126 pp.


El texto de Mignolo consta de cuatro secciones y una escritura preliminar que se titula como el libro.

El contenido del libro es producto de un trabajo interdisciplinario que se inicia ––como lo expresa dicha escritura preliminar–– con el grupo modernidad/colonialidad desde 1998 integrado por Aníbal Quijano, Enrique Dussel, Catherine Walsh, Arturo Escobar, Walter Mignolo y muchos otros investigadores importantes, incluyendo a los participante-invitados de la facultad de Duke, como Miriam Cooke, Ralph Litzinger y Leo Ching, entre otros.

Los argumentos que se siguen en las cuatro secciones posteriores corresponden a una etapa antes de la reunión efectuada el treinta de mayo y junio primero de 2004 por los estudiosos mencionados, pero que sin duda se fortalecen con las preguntas que dirigieron el debate el cual nunca tuvo la intención de producir un manifiesto de consenso.

Preguntas como las siguientes guiaron el debate. Transcribo algunas: “¿De qué manera la teoría crítica de Max Horkheimer podría ayudarnos a pensar hoy (en un momento en el que “revoluciones” globales y pluriversales están en proceso; en un momento en el que la diversidad y pluridiversidad de las historias locales insurge y disputa el control de la historia universal) las experiencias y subjetividades fronterizas formadas en la coexistencia y los conflictos entre el crecimiento y auge de Occidente y la desvalorización que la perspectiva occidental impuso a otras lenguas, culturas, religiones, economías, formas de organización social, personas, etcétera?” (8); “¿En qué podría ayudarnos una teoría crítica que /surgiera/ de la historia interna de Europa misma desde la perspectiva de los colonizados internos (los judíos) en la historia de Europa desde 1492?” (pág. 8); ¿Qué debería aspirar a ser la teoría crítica cuando los damnés de la terre (los condenados de la tierra) están puestos en la escena junto a la actual traducción de proletariado como multitud?” (8); o, por último, “¿cómo se puede subsumir esta teoría en el proyecto de la modernidad/colonialidad y la descolonización?” (8); etc.

En la primera sección, “Desprendimiento epistemológico, emancipación, liberación, descolonización”, el autor se propone descubrir la lógica perversa del dilema filosófico modernidad/colonialidad, esto es, la consideración de la manera de descolonizar la “mente” (los conocimientos) y el “imaginario” (el ser).

Son importantes aquí Aníbal Quijano y Dussel que a partir de la década del sesenta hasta los ochenta expresan sus ideas, las cuales se complementan en tanto vinculan la colonialidad del poder en las esferas política y económica con la colonialidad del conocimiento y del saber y su consecuencia natural: “si el conocimiento es un instrumento imperial de colonización, una de las tareas urgentes que tenemos por delante es descolonizar el conocimiento” (11).

La descolonización así empezó a entenderse por el grupo investigador en el marco del concepto de “colonialidad del poder” (económico y político) extendido desde “la colonialidad del conocimiento a la colonialidad del ser” (de género, sexualidad, subjetividad y conocimiento).

En este sentido, tanto el punto de partida como la brecha producida entre postmodernidad/postcolonialidad /vs/ colonialidad/descolonialidad establecen la diferencia no tan sólo de autores, sino también de continentes.

Para el primer par, la postcolonialidad parte del pensamiento postmoderno francés con Michel Foucault, Jacques Derrida, Jacques Lacan y los más reconocidos como la base del pensamiento postcolonial: Edward Said, Gayatri Spivak y Hommi Bhabba que operan y operaron más bien desde la academia a la academia en Europa y Estados Unidos.

Para el segundo par, la descolonialidad arranca implícitamente de Guamán Poma de Ayala y su Nueva Corónica y Buen Gobierno, de Ottobah Cugoano y en el activismo de-colonial de Mahatma Ghandi y muchos otros, como Franz Fanon, Rigoberta Menchú, Aimé Cesaire, entre otros. El vuelco descolonial es un proyecto de desprendimiento epistémico en la esfera de lo social.

Este desprendimiento implica un movimiento hacia una geopolítica y corpopolítica (diferente a la dimensión biopolítica de Foucault) del conocimiento que denuncia la universalidad pretendida por una etnia particular: Europa, la cual ha desarrollado el capitalismo y como consecuencia el colonialismo.

“La noción de desprendimiento guía el vuelco epistémico descolonial hacia una universalidad-otra, es decir, hacia la pluriversalidad como proyecto universal” (17), termina diciendo Mignolo en esta sección. En este sentido, toda comunicación intercultural debe interpretarse como comunicación inter-epistémica.

En la segunda sección, “La retórica de la modernidad y la lógica de la colonialidad”, parte Mignolo citando Las Conferencias de Frankfurt de Dussel que le sirve de punto de partida para extraer de ahí dos conceptos fundamentales que marcan, a su vez, la diferencia entre “emancipación” y “liberación”.

El concepto de “emancipación” pertenece a Ilustracióneuropea y su noción es compartida por los discursos tanto marxistas como liberales, y aún se sigue usando en la misma tradición. En tanto “liberación” es término geopolítico clave en el marco de los movimientos sociales de “liberación nacional” en África, Asia y América Latina e incluye dos tipos de proyectos diferentes e interrelacionados: la descolonización política y económica y la descolonización epistemológica.

Ambos proyectos, el de “emancipación” y el de “liberación”, se ubican en distintos terrenos geopolíticos. El primero ––y luego que Mignolo aclare que no interesa quién tenga la razón sino que se entienda qué ofrece cada uno de ellos y para quién–– se fundó en experiencias históricas de los siglos XVIII y XX que van desde Revolución Gloriosade 1688; la independencia de los colonos de Nueva Inglaterra y de Virginia en 1776 y Revolución Francesade 1789 hasta Revolución Rusade 1917; todas ellas respondieron a los mismos principios de emancipación/modernidad, aunque la última lo hizo con contenido socialista/marxista. De todos modos, el concepto se utilizó para sustentar la libertad de una nueva clase social: la burguesía.

La “liberación”, a diferencia de la anterior, abarca un espectro mayor que incluye la clase racial que la burguesía europea colonizó más allá de sus límites geográficos. Por tanto, el proceso de liberación/descolonización pretende desvincularse, desligarse, desengancharse de la tiranía de la matriz colonial de poder; proceso que, de acuerdo a Fanon, debe ocurrir tanto en el colonizado como en el colonizador, que es quien tiene “las riendas del control de la economía y de la autoridad” (23).

En una llamada directa que Mignolo le hace al “lector paciente”, aquél le expresa: “Esto implica que una estrategia de desprendimiento consiste en desnaturalizar los conceptos y los campos conceptuales que totalizan UNA realidad” (35), esto es ––de acuerdo con Mignolo––, poner el acento en la geo-política del conocimiento y del entendimiento centrados en la enunciación, en aquélla que podría dar forma, describir y enmarcar cualquier objeto.

En el sentido expuesto, una de las preguntas claves que el lector del texto de Mignolo pueda hacerse luego de la lectura hasta el punto al cual hemos llegado es justamente, y casi en el mismo tiempo de escritura, la siguiente: “¿cómo podría uno hacer el ejercicio de desprendimiento dentro del marco epistémico del cual uno se quiere desprender?” (40).1

La respuesta la da el mismo Mignolo al oponer desprendimiento a “asimilación”, pues “No tiene sentido concebir la asimilación en el marco que uno quiere asimilar” (41). El desprendimiento implica una lógica diferente; no se podría pensar, por ejemplo, desde una perspectiva marxista, pues éste ofrece un contenido distinto, no una lógica distinta. En este sentido, si el marxismo se proyectara hacia el desprendimiento y el pensamiento descolonial dejaría de ser marxismo, pues las ubicaciones epistemológicas desde las que se proyecta el desprendimiento surgen de las geo- y corpopolíticas del conocimiento. Ambas “…son instancias de apropiación por parte de actores epistémica y ontológicamente racializados que en lugar de hacer méritos para ser aceptados en la sociedad que los y las niega, optan por la trayectoria descolonial, esto es, por el desprendimiento en vez de la asimilación en inferioridad de condiciones…” (44). De aquí surge entonces la epistemología fronteriza como método de pensamiento descolonial, donde los actores involucrados tienen en común la experiencia de la herida colonial, “la experiencia de los damnés, de las y los no adecuados al orden “normal” de la sociedad” (45).

El tercer apartado, “La colonialidad: el lado más oscuro de la modernidad”, se ocupa fundamentalmente de la matriz colonial de poder.

Una de las primeras afirmaciones de Mignolo en esta sección es concebir una relación inicua entre modernidad y colonialidad en el sentido de que no puede haber modernidad sin colonialidad y que la colonialidad sigue siendo constitutiva de la modernidad, expresándose la modernidad como retórica y la segunda como lógica en un marco de anverso y reverso de un mismo elemento.

La pregunta es cómo ambas se entrelazan, y para responder esto Mignolo se propone la revisión de ambos conceptos categorizando la modernidad como un pensamiento sustentado en la teo ––y ego-política en tanto la colonialidad lo hace en la geo–– y corpopolítica. En este sentido, se cambia el principio cartesiano moderno del pienso luego existo por el soy donde pienso: se es y se siente donde se piensa. Expresa Mignolo que “Desde Inglaterra, sólo se verá la modernidad y, en las sombras quedarán las “cosas malas” como esclavitud, explotación, apropiación de la tierra, las cuales se suponen son “corregidas” con el “avance de la modernidad” y la democracia /…/ cuando todos arriben al estadio en el que la justicia e igualdad se apliquen a todos. Estos hechos se verán como excepciones y errores, pero no como la lógica consistente de la colonialidad y su inevitabilidad para el avance de la modernidad” (54).

En síntesis, la geo- y la corpopolítica conducen a la descolonización del saber y del ser; en tanto las modernidades alternativas (teo- y ergo-política) son como la lengua para Antonio Nebrija: compañeras del imperio, toda vez que el mismo principio de conocimiento es promulgado y celebrado en diferentes lugares por tomar definitivamente el tren de la historia.

Continúa este apartado de modo interesantísimo con la revisión del concepto de modernidad desde una perspectiva histórica y luego filosófica relacionándolo con los conceptos de emancipación y liberación tratados en la sección anterior.

Para finalizar con esta sección, cito la imagen a la que recurre Mignolo que ilustra sustancialmente este apartado: “…la gramática borgesiana de los mundos posibles, equivale a la gramática de la descolonialidad: que nos conduce a un pluri-verso, a la descolonización del ser y del saber…” (77).

El cuarto apartado y último, “Prolegómeno a una gramática de la descolonialidad”, presupone el análisis de la modernidad/colonialidad tratada en las secciones anteriores. En este sentido, las reflexiones de Fanon le permiten a Mignolo visualizar el vuelco epistémico de aquél a partir de la esclavitud africana para la materialización de una conciencia-otra desligada de los cambios que parten con Europadel siglo XII.

Fanon no se adscribió a la inscripción general y universal de la subjetividad del sujeto moderno; trajo, por el contrario, “de vuelta a la casa del conocimiento la subjetividad de los damnés, el sujeto negado difamado, aquél que ha sido un asunto que está fuera de las fronteras del conocimiento” (95).

La postura de Fanon y las anticipaciones de Mariátegui en 1920 predijeron las consecuencias y deterioro bajo la retórica de la modernidad de la formación de colonias en las Indias Occidentales y de los peligros de la nueva historia imperial de los Estados Unidos y su política hacia América Latina.

Esta tesis lleva a Mignolo directamente hacia la gramática de la colonialidad: “Ha llegado el momento, y el proceso ya está en marcha, para la re-escritura de la historia mundial desde la perspectiva y la conciencia crítica desde la colonialidad y desde la corpopolítica y la geopolítica del conocimiento” (96); todo lo cual conduce, a través del desprendimiento, a teorías críticas descoloniales y a la pluriversalidad no eurocentrada de un paradigma-otro.

El primer paso para una gramática de la descolonialidad ––nos propone Mignolo–– es “aprender a desaprender para poder así re-aprender”. En este sentido, Dussel y Fanon son claves en este proceso al proporcionar dos puntos de partida sólidos: la geopolítica y la corpo-política epistémica, respectivamente.

 

NOTAS

1 La misma problemática nos recuerda la pretensión del “deconstructivismo” de Derrida de reflexionar sobre el lenguaje fuera o al margen del lenguaje. Véase, por ejemplo, de J. Derrida. 1971. De Gramatología. BuenosAires: Siglo Veintiuno Editores.


Jorge Lagos Caamaño

Universidad de Tarapacá,
Facultad de Educación y Humanidades,
Departamento de Español.
jlagos@uta.cl

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons