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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.36 Osorno jul. 2013

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012013000100017 

ALPHA Nº 36 - Julio 2013 (218-222)

RESEÑA

 

Jorge GIBERT GALASSI. Epistemología de las Ciencias Sociales. Una visión internalista. Santiago de Chile: Ediciones Escaparate. Colección Contranorma, 2012, 271 pp.


Se trata esta de una obra con profunda vocación pedagógica, pero que asimismo avanza notablemente y con coraje hacia los riesgos del pensamiento propositivo. Reúne este libro una recopilación de artículos publicados previamente en forma separada. Aun cuando los compendios de artículos especializados nos son siempre bien acogidos, ya que suelen carecer de coherencia y sistematicidad temática, la recopilación resulta ser en este caso plenamente justificada. La calidad de los textos está sugerida por el hecho de que ––a sola excepción del prefacio e introducción–– todos ellos han sido publicados previamente en revistas referenciadas o seleccionados como ponencia en congresos. Junto a ello, destaca el hecho de que se abocan a estudiar problemas epistemológicos cruciales en la actualidad. Esto último se refleja ya en la división que hace el autor de su obra, en cuatro “secciones”, que sucesivamente nos descubren la sinergia existente entre ellas: “verdad”, “explicación”, “complejidad” y “progreso”.

SECCIÓN I: VERDAD

Se aboca aquí nuestro autor a la categoría de “verdad” en ciencia y humanidades, comenzando por reconocer su adhesión “a la idea que la ciencia aspira a la verdad sustantiva sobre el mundo...” (op. com.: 40). Tras comentar ampliamente las diferentes teorías de la verdad, epistémicas y de la justificación, concluye que “...las teorías científicas ––sin los apellidos de “natural” o “social”–– si son representadas lógicamente y contienen al menos un axioma con contenido empírico contrastable, pueden ser verdaderas en algún sentido gnoseológico. Es decir, pueden constituir conocimiento”. (op. com.: 58). Por otra parte, nos dice, “...la distinción real entre la verdad del mundo social y la del mundo natural es simple: en el primer caso, la verdad de una teoría está mediada por la aceptación que el objeto hace de ella y, en el segundo caso no, pues ningún gen se tomará la molestia en desacreditar su descripción por ella” (op. com.: 60). Posteriormente, Gibert encara los problemas de verdad y justificación y nos muestra mediante el examen teórico comparado que “...la convergencia ‘implícita’ o la divergencia teórica en sociología puede ser objeto de estudio desde una epistemología del conocimiento empírico” (op. com.: 79). Deriva aquí el autor una conclusión que nos parece merecería estar entre las principales, sin embargo la sitúa como nota al pie de página, y en ella señala que “...es aceptable la divergencia en sociología, pero insistir en reforzarla, puede terminar con destruir la disciplina” (op. com.: 89). Finalmente, en esta sección se discute el problema del pluralismo en ciencias sociales bajo la interrogante: “¿Puede el pluralismo ser entendido de un modo no relativista?”. Gibert nos propone como respuesta la siguiente tesis: “Todas las afirmaciones en sociología son verdaderas (luego la incógnita es dilucidar en qué grado, en qué nivel, en qué perspectiva o según cuál criterio), porque en sociedad ‘todos tienen razón’. La sociedad es plural. Luego, hay que pasar de un pluralismo ontológico hacia un pluralismo epistemológico en la construcción de teorías sociales” (op. com.: 99).

SECCIÓN II: EXPLICACIÓN

Sin duda esta es la sección más rica en términos propositivos de la obra en comento. Nos presenta aquí nuestro autor una revisión de los presupuestos explicativos en ciencias sociales de Alfred Schutz. Esto le sirve de antesala a Gibert para entrar en su tema-fuerza referido a la “conexión libertad-determinismo”. Nos introduce en su noción de “principio socioantrópico”, en la que el concepto de “sistema social” como realidad multinivel será elemento central. Tras afirmar la falsedad de la antinomia comprensión-explicación, desde una concepción explicativa nomológica, el autor nos propone precavidamente y como “hipótesis para futuras investigaciones”, una “estructura lógica para explicar en ciencias sociales”, la que formula como una “Ley o mecanismo (nivel social) + circunstancia (nivel k) + Teorema de la doble contingencia de las expectativas (nivel psicosocial) = explanandum” (op. com.: 176). Su conclusión será que “La teoría social debería apuntar a la reflexión, plausibilización y perfeccionamiento de aquellos modelos que predicen o describen con riqueza una cantidad suficientemente amplia de hechos interconectados” (op. com.: 179). Luego, retomando los conceptos de ciencia y teoría sociológica, Gibert compara sobre el eje “libertad-determinismo” las “modalidades explicativas” de Durkheim, Schutz y Luhmann. Advirtiéndonos su carácter de ser “solo un ejercicio, entre otros que se podrían hacer”, el autor concluye reconociendo las aportaciones vigentes de estos autores, así por ejemplo: distinción de sistema y entorno, intercambios sociales como intercambios de sentido, la autonomía de lo social, el hecho objetivo de la coordinación social sistémica, la intersubjetividad como la materia ontológica de lo social, y expectativas de futuro con sentido.

SECCIÓN III: COMPLEJIDAD

Siendo la más breve, pues incluye un único artículo en el que Gibert comienza afirmando que “Sin compresión, no hay comprensión; lo que significa que el ‘caso’ siempre es complejo y la ‘teoría’ siempre aspira a una descripción rica, pero simple”. (op. com.: 205). Explora las posturas de los teóricos no matemáticos de la complejidad, y postula cinco argumentos para avalar su tesis de que “...la ciencia contemporánea tiene el desafío de domesticar la complejidad de sus objetos, o bien, esperar a ser sobrepasada por ella y extinguirse como tal” (op. com.: 210). Respecto de las ciencias sociales, establece que “...estamos en un punto tal que el enfoque complejo corre riesgo de ser exiliado de la ciencia debido a la “impostura intelectual”, o lo que es lo mismo, debido a su equivalencia con el relato posmoderno de lo que es y dice la ciencia” (op. com.: 210).

SECCIÓN IV: PROGRESO

Gibert Galassi sitúa en la sección final de su recopilación la discusión sobre convergencia teórica de una parte, progreso teórico y realismo en ciencia social por la otra. Tras señalar que sus conclusiones son normativas aunque no del todo demostradas, las especifica: “1. Existe un núcleo disciplinario en sociología, y 2. Es posible formalizarlo”, encareciendo asimismo que “...la sociología debe recuperar el realismo” (op., com.: 222-223). En esta misma dirección puntualizará que “...el realismo considera a las teorías como proyectos descriptivos más allá de las cosas y regularidades que son objeto de observación: son enunciados con valor de verdad” (op., com.: 242), y entonces señala: “...la pregunta por la posibilidad de conocer debe reemplazarse por cómo podemos seguir conociendo, en más formas y mejor” (op., com.: 248). Finalmente, el profesor Gibert no cerrará su libro sin antes aclarar que “...un realista consecuente debe rechazar la concepción de la ciencia como una actividad libre de valores” (op., com.: 251).

Formado en “ciencias sociales” y doctorado en filosofía por la Universidad de Chile, Gibert Galassi asume desde el comienzo el reto de cimentar una perspectiva epistemológica realista, que en la mayoría de los casos suele ser vista aun con cierto recelo, y la que es todavía claramente minoritaria en suelo latinoamericano. El “enfoque realista plural” que nos propone el autor, de buena fe busca evitar todo dogmatismo apriorístico. El doctor Gibert no es un recién llegado a la filosofía de la ciencia y la epistemología en particular. No obstante, estamos en el caso de nuestro autor, todavía ante su etapa de floración y afianzamiento. De allí la pertinencia de su notable esfuerzo taxonómico de la filosofía de la ciencia, así como de las teorías de la verdad y la justificación en particular. Este libro pone en evidencia una trayectoria intensa de investigación y reflexión filosóficas.

Gibert va tras la definición de una ciencia social del descubrimiento, desde su propuesta de “realismo plural” aspira a una realización de investigación científica de carácter explicativo; capaz de desentrañar analíticamente los mecanismos sociales detrás de la apariencia fenoménica. Sin que sean necesariamente comparables, la invitación que nos hace Gibert nos recuerda los esfuerzos de Roy Bhaskar (1978) por impulsar un “realismo trascendental” que incluía a las ciencias sociales como tales ciencias, del descubrimiento de la naturaleza verdadera de la realidad social, y los poderes causales de las cosas reales. Por ello es que nuestro autor nos dice desde un comienzo, distinguiendo, que “La ciencia es el intermediario entre nuestro mundo de sentido común y la realidad”. Así nos dice también, la ciencia se ocupa de desentrañar “Los ‘porqué’ y los ‘cómo’ funcionan las cosas es lo que llamamos conocimiento riguroso ––episteme––: los mecanismos o las modalidades de ser de las cosas” (op. com.: 14). Gibert aboga con fundamento y con firmeza en procura de una ciencia social realizada con seriedad, y adoptando el compromiso científico que exige la responsabilidad social de hacer ciencia. El principal “presupuesto” subyacente de este libro es una interpelación ética al quehacer de la ciencia social, pero también hay uno de carácter moral dirigido al científico social, sobre todo porque la búsqueda de la verdad, aun en su provisionalidad cognitiva, es ante todo un deber moral.

El “realismo plural” propuesto por Gibert nos sugiere un pluralismo de encuentro inicial, de acogida sujeta al compromiso de validación científica de los acercamientos diferentes a la realidad social “....es decir, una suerte de aproximación donde todo punto de vista es legítimo y puede convertirse en ‘imaginario’ o ‘fuerza simbólica’ siempre que esté anclado en mecanismos que permitan su reproducción de manera plausiblemente convergente con otros puntos de vista” (op. com.: 29). Salta a la vista la particular valía de esta idea para un reencuentro fructífero de las ciencias sociales. Sin embargo, y más allá de toda candidez, las barreras institucionales que se oponen al establecimiento de una ciencia social unificada, parecen más difíciles de abatir que las terquedades epistemológicas.

Gibert da muestras de erudición en muchos pasajes de sus textos, que sin embargo pueden no jugar a su favor, ya que dificultan la lectura del no iniciado y podrían atemorizar al novicio. Sin embargo, ello puede ser excusado por la necesidad del rigor y la argumentación fundamentada. La de este autor es la faena artesanal y hasta cierto punto solitaria del intelectual especialista, o que busca una definición de especialidad. Por su parte, la comunicación de las ideas se funda en la paradoja del pensamiento, que estriba en que solamente puede ser ejercido en solitud. Si hay algo que la historia de la ciencia pone al descubierto es que, cada vez más, la labor de la investigación y creación teórica no pueden hacerse nunca más en solitario. Tras esto van precisamente las comunidades de conocimiento, cuyas formas de adquisición y difusión cognitivas enlazan conjeturas teóricas y procedimientos metodológicos bajo el testeo permanente de una epistemología que no puede sino ser crítica, tal como la que nos propone Gibert en el presente trabajo.

La ocupación persistente de Gibert por el tema-problema de la relación entre “libertad y determinismo” constituye un leitmotiv subyacente a todos los trabajos del presente volumen, lo que resulta consecuente con su libro previo de nombre homólogo,3 y basado en la amplia investigación de su tesis doctoral. De hecho, resulta una conveniente recomendación, tanto para el estudiante como para el estudioso ––mejor aún si ambos atributos se reúnen en el mismo sujeto––, leer la obra en comento conjuntamente con el libro previo del doctor Gibert, ya que se enlazan y complementan fructíferamente.

Escrito desde la base disciplinaria de la sociología, mira sin embargo con amplitud hacia el conjunto de las ciencias sociales. Sobre dicho prisma, no es difícil compartir con el autor su molestia ante la precariedad del avance cognoscitivo de las “ciencias sociales”. Su acusación de “desidia histórica” parece plenamente justificada frente a la diáspora teórica, y el desconcierto epistemológico que han generado los relativismos de la moda posmodernista. Al respecto, Gibert afirmaba de entrada que, “De algún modo, ha persistido la creencia que no hay una teoría formal suficientemente adecuada para reducir la riqueza y heterogeneidad de la vida social, obviando el hecho que lo que se debe formalizar son las teorías, pues el “mundo” es irreductible (Op. com.: 51). Al respecto, la pregunta que nos queda suspensa tras la lectura de la obra del profesor Gibert Galassi proviene de la importancia de constatar y reconocer que las ciencias naturales no requirieron de una densa discusión epistemológica previa para realizar sus hallazgos y aportaciones cognoscitivas, así entonces, y más allá de todo ordinarismo científico (Mario Bunge, 1998): ¿Por qué ello sucedió y pareció necesario en el caso de las ciencias sociales? ¿Es acaso esta una respuesta que ha de provenir de la historia social de las ciencias sociales, y no de la filosofía de la ciencia? A fin de cuentas, para continuar por un camino fecundo las ciencias sociales habrán de partir asumiendo hidalgamente la nota decepcionada de Antoni Doménech en el prólogo a la edición española de la Filosofía de las ciencias sociales de Martin Hollis (1984:IX): “Piénsese lo que se quiera sobre la calidad de la investigación social de finales del siglo XX, hay que reconocer al menos que, medida con la vara de las ––acaso infundadas–– esperanzas del primer cuarto de siglo, el resultado es un fracaso con pocos paliativos”.

NOTA

3 Gibert Galassi, Jorge. La conexión libertad - determinismo. Una reconstrucción filosófica de las ciencias sociales. RIL Editores: Santiago de Chile, 2005.

Ramón-Antonio Gutiérrez Palacios

Centro Mundial de Investigación para la Paz,
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