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Alpha (Osorno)

On-line version ISSN 0718-2201

Alpha  no.40 Osorno July 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012015000100019 

RESEÑA

Carlos ITURRA, El discípulo amado y otros paisajes masculinos. Santiago de Chile: Catalonia, 2012, 165 pp.


“Somos esclavos de nuestros genitales” era el título de un artículo del diario alemán Die Welt  (El mundo) de estos días (Die Welt, 24 de noviembre de 2012). La prueba de la veracidad de esta frase la suministra la reciente publicación del autor chileno, un libro de cuentos. Este maestro del género breve —obtuvo en Chile los premios Municipal y Consejo del libro en 2005 y 2009 para sus libros de cuentos Pretérito presente y Crimen y Perdón— ya había indagado en el tema de la homosexualidad en un libro anterior con el título Paisajes masculinos. Mientras en Paisajes masculinos el acercamiento al tema había sido titubeante y decoroso, el autor no se arredra en el presente libro ante escenas pornográficas explícitas, que posiblemente estimulan a los lectores homosexuales y repugnan a los otros (66).

Las dos partes del libro, “Vita beata” y “Juegos de la carne”, reúnen cuentos del tema “Homosexualidad y moral católica” en la primera y relatos del puro disfrute de las delicias de la carne después de haberse liberado de las restricciones impuestas por la iglesia católica en la segunda.

La actitud ante la moral católica puede ser la de la aceptación incondicional y de la represión de las inclinaciones de la carne. Esto es el caso del protagonista del cuento “El invierno del patriarca”, que suprime durante toda la vida su inclinación sodomista. Sin embargo, cuando se declara en él una demencia senil revela su secreto a sus familiares escandalizados. Otra actitud más moderna es la del diálogo, como se ve en el caso del cuento que da título al libro. Es el contacto de un joven, Estéban Merino, con un teólogo y profesor, el padre Orlando Gana Sanfuentes durante mucho tiempo. El resultado de estas charlas: la homosexualidad, es un misterio, una constatación, que no lleva a mucho y no puede ser la ayuda esperada para el joven. Otra actitud más radical es la del rechazo completo de la Iglesia y el ateísmo. Es el caso de un padre, que perdió sus dos hijos y por eso también la fe. Liberado de todas las inhibiciones el protagonista de “La conversión del São Paulo” entra en una aventura homoerótica mediante un chat en el internet que lo lleva al hotel São Paulo de Santiago, donde descubre el amor entre hombres. La inclinación homoerótica de los curas y del mismo Jesús es el tema de “Sálvese quien pueda” y de “Jesús y el centurión”, respectivamente. El primer texto hace pensar en el famoso retablo de Grünewald en Colmar “La tentación de San Antonio”. Al igual del famoso santo un cura chileno con un “ciego anhelo de santidad” (46) está tentado por el diablo en forma de dos hombres jóvenes y guapos, pero enfermos del sida. Después de duras luchas el cura, como el santo, se salva. La supuesta homosexualidad de Jesús, que se deduce de diversos pasajes de los evangelios como p.e. del que sirve de epígrafe del cuento “El discípulo amado”: “Él, entonces, recostado sobre el pecho de Jesús, le dijo: Señor... San Juan 13, XXV” (11) me parece problemática, porque entre los judíos la homosexualidad era un pecado grave, que se solía sancionar con la lapidación. Como los fariseos buscaban cualquier falta en él es difícil imaginar que no lo habrían descubierto. De todas formas, Iturra parte de esa hipótesis e interpreta el bien conocido pasaje de la biblia donde el servidor de un centurión estaba enfermo y fue curado por Jesús como si el interés de la curación hubiera tenido su base en el hecho de que este servidor era el amante del soldado romano.

La segunda parte empieza con un relato de gran finura y sensualidad. Una situación marginal, la de un joven en estado vegetal a quien le masturba Guillermo, el jardinero de los padres del joven y con cuya mano inerte se masturba a sí mismo. La sorpresa final: todo este acto ha sido filmado por una cámara automática de vigilancia. Para mí el mejor cuento del libro junto con el primero “El discípulo amado” y el último “Mascotas”. En lo que sigue hay mucha pornografía y poco arte. Por ejemplo el cuento “Al galope en el clóset” es puro sex and crime con escenas de gran vulgaridad. Peor todavía es el cuento “El orgasmo del macho”, la historia de una violación entre hombres con detalles verdaderamente repugnantes.

Después de tanta esperma sobre cuerpos de hombres el último cuento “Mascotas” hace volver al autor a su arte. En el ambiente de un “cuento de hados” (sic) desarrolla la imagen de una vida ideal de amor hasta los desfallecimientos de la vejez, una vida entre mascotas sí, pero que por cierto puede servir de modelo para los hombres.

Luego de cerrar el libro, el lector no homosexual está agotado por la abundancia de situaciones homoeróticas, que son repugnantes para él. Claro, “todos los temas son materia para el arte” (138), pero si un solo tema domina un libro, ese libro queda reducido a un grupo especial de lectores, que se pueden identificar con este tema. ¡Sería una lástima si un autor de las cualidades de Carlos Itrurra se redujera a un autor gay!

Ewald Weitzdörfer

Zwanzigerstr 34. 87435 Kempten (Alemania)
weitzd@web.de

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