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Alpha (Osorno)

On-line version ISSN 0718-2201

Alpha  no.45 Osorno Dec. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012017000200353 

RESEÑA

RESEÑA

Andrés Bianchetti Saavedra* 

*Universidad San Sebastián, Campus Las Tres Pascualas, Lientur 1457, Concepción (Chile), abianchettis@docente.uss.cl

LIRA, Claudia. (Editora)., Lecturas de la animita: estética, identidad y patrimonio. ., , Santiago: Universidad Católica de Chile, 2016. 200p.

Las animitas han acompañado por décadas no solo calles y veredas en el espacio público, sino también el imaginario colectivo de la sociedad chilena. Su dimensión material/inmaterial, y el fenómeno sociocultural configurado por ritos, prácticas y costumbres asociadas a ellas, las han convertido en un atractivo objeto de estudio para distintas áreas del conocimiento, permitiendo el acercamiento interdisciplinar y complementario entre diferentes investigadores. La académica de la facultad de filosofía de la Universidad Católica de Chile, Claudia Lira Latuz, nos presenta la edición de un texto que nace producto de un coloquio que asumió esta dinámica, y que reunió a investigadores del área de las artes, la antropología cultural, la estética, el urbanismo y la literatura, quienes convergieron en torno a la animita como objeto de estudio desde sus ópticas particulares, generando ciertos consensos y compartiendo algunas interpretaciones acerca de ellas.

Lecturas de la animita: estética, identidad y patrimonio es un libro que se divide en cuatro partes, cada una compuesta por distintos textos de los investigadores que participaron en el coloquio y que posteriormente dio paso a la edición. La primera parte se denomina “Animitas y religiosidad popular” y comienza con el texto de Pía Readi Garrido titulado “Origen e Historia de la animita”, en el que la autora expone los elementos que dan inicio al fenómeno de las animitas actuales. Para ello recoge, por una parte, los aportes de Sonia Montecino relacionados al estudio de las apachetas, pequeñas construcciones andinas con características sagradas a las que se deben ofrendar rezos u objetos materiales. Por otra parte, la autora describe los efectos de la colonización española en relación con la extinción de tales espacios, y su reemplazo por otros de características cristianas. Para Readi, el desarrollo de ambos sucesos son el origen de las actuales animitas. Parafraseando a Thomson, “la tradición de las animitas conserva de las prácticas realizadas por los conquistadores, el marcar el lugar de una muerte trágica, aunque ellos también enterraban el cuerpo del difunto y, por otro, recoge la concepción de la apacheta como aquel lugar sagrado, donde ocurre la comunicación entre lo humano y lo divino a través de ofrendas” (p. 20). Readi destaca además que no es extraña la concentración de objetos personales del difunto en la animita, en tanto representa un espacio de comunicación de quienes continúan con vida en la Tierra con quienes han fallecido.

El segundo texto de la primera parte de Juan Escobar Albornoz se denomina “Del rito del angelito al mito de la fe: Análisis estético-antropológico del ritual del velorio festivo” y se centra en el análisis del ritual del angelito presentando dos miradas en su interpretación. Por un lado, Escobar expone la tesis del historiador Gabriel Salazar para quien “el rito del velorio del angelito en pleno siglo XIX, en que el proletario estaba condenado a la más profunda miseria, respondía a un alivio tanto para los padres como para el niño, que de otra manera habría tenido que sufrir los embates de la más cruda pobreza y miseria” (p. 40). Posteriormente el autor da paso a una mirada propia, en la que si bien no abandona completamente la tesis de Salazar, agrega algunos elementos interpretativos propios. De esta forma, el rito se interpreta como una fiesta porque el cielo lo es constantemente. “El mito de una tierra justa donde los órdenes se inviertan es lo que opera en estos ritos de paso”, señala Escobar (p. 34).

El tercer texto de esta parte inicial se titula “La apropiación del indígena: Sociedad magallánica y colonialidad” de Pablo Vargas Rojas, quien expone una breve historia respecto de los orígenes de la tumba del “indiecito desconocido” en el extremo sur de Chile. La historia da cuenta de las muertes de un indio y un chilote posterior a una riña, sin embargo es el “indiecito” quien es canonizado popularmente como animita. Basado en esto se desarrolla su argumentación de la apropiación del indígena y la valoración de su condición de “pureza” por parte de la sociedad mayor. “Se puede afirmar que la transformación de una fosa común en animita está atravesada por una apropiación del indígena en términos genéricos, con el fin de fortalecer la construcción de un sujeto extinto, premoderno y puro (no occidentalizado) que se articula, a su vez, con la producción de un imaginario que arranca desde principios del siglo XX y se arraiga profundamente en la Patagonia meridional. Zambras, el indígena real, sería una excusa para su transformación en desconocido y de ahí que el chilote sea ignorado” (p. 44). El chilote es olvidado desde la veneración de animita debido a que fue visto, según Vargas, como un migrante no europeo en la Patagonia, obrero, configurándose en cuanto a una condición de mestizo, “a estas alturas sinónimo de conflictivo”. (p. 47) El autor finaliza su interpretación señalando que “la animita del indio desconocido, en tanto monumento y objeto de veneración, puede leerse como un acto exculpatorio por parte de la sociedad magallánica que asume la extinción, la muerte masiva, como un hecho lamentable pero ineludible, viendo en el indígena extinto una víctima con todos los atributos de un sacrificado en aras del progreso e imposición de una cultura. Pureza, inocencia, indefensión, así como bondad y superioridad espiritual -lo que explica lo milagroso del ánima- se aunarían en la víctima (kawéskar) reverenciada” (p. 49). Vargas analiza también el rol de los sacerdotes y de la Iglesia en este proceso y el modo cómo se fue asociando a los indígenas de la Patagonia una religiosidad especial, reforzando la idea de pureza en ellos. El chilote, por su parte, no se asocia con la pureza, sino más bien con la clase obrera y las ideas anticlericales, de ahí también se debe en parte su olvido.

La primera parte del libro culmina con el escrito del sociólogo y académico Bernardo Guerrero titulado “Animitas y religiosidad popular en el norte grande de Chile: Del ánima de la patita a la Kenita”. El autor destaca la influencia andina en la manifestación del fenómeno en esta zona del país: “el culto a las ánimas en Iquique, bajo el modo en que la conocemos surge de la intersección entre la cultura andina y la cultura popular urbana que se desarrolla en el norte grande, por mediación de la explotación del salitre, a fines del siglo XIX” (p. 58). Guerrero detiene su análisis en cinco animitas que “representan diferentes momentos históricos de Iquique” (p. 59). La primera es el “ánima de la patita”, cuyo nombre se origina en la imposibilidad de que un pie del cuerpo del difunto entrara en el cajón que fue puesto para su sepultura y que, a la vez, da origen al refrán popular “eres más cobrador que el ánima de la patita”, aludiendo a la retribución que se debe al ánima una vez que esta concede un favor. Luego da cuenta del finao González y de Hermógenes San Martín; el primero fue asesinado en 1916 por orden de su patrón al descubrir que mantenía una relación amorosa con su hija. Hasta hoy cuenta con fieles y devotos que se acercan hasta el lugar donde fue encontrado su cuerpo. San Martín, en tanto, era un militante comunista asesinado por ahorcamiento en 1935 a quien se le rinde constantemente culto en Iquique. Finaliza la descripción de las ánimas con la “Kenita” y la “Romina”. La primera, considerada muy milagrosa, falleció en 1987 luego de ser atropellada por un conductor ebrio. La Romina en tanto era una trabajadora sexual asesinada por su conviviente con golpes de martillo en la cabeza. Según Guerrero, las tres primeras animitas descritas corresponden al tiempo del ciclo salitrero (1870-1960). La Kenita se ubica en el período de la zona franca y la Romina en el período de tráfico y consumo de pasta base de cocaína. El autor reconoce en su análisis a determinantes locales en estas formas de religiosidad popular, junto con la autonomía con que el fenómeno se manifiesta en relación con la Iglesia católica y al resto de las organizaciones religiosas formales.

La segunda parte del libro se denomina “Estética de la animita y arte”. El primer texto que la compone es autoría de Claudia Lira, “Las cruces de la mala muerte en la costa norte del Perú”, y en él se realiza una interpretación acerca del sentido de las animitas. La autora comienza centrando su análisis en lo estético, señalando que “la influencia morfológica del objeto es efectiva en el espacio marcado por la muerte y por el estado anímico del fallecido: la pena. Para apaciguarla se hace necesaria una manufactura estética o una producción simbólica que exorcice tanto al espacio como al ánima, que a la vez establezca lazos de comunicación con el alma del fallecido y con los deudos/creyentes, donde estos también pueden estar” (p. 77). De esta forma, según Lira, “lo estético cumple un rol primordial dentro del culto” (p. 77). Se destaca en el análisis la individualidad del animita como espacio de identidad del fallecido, donde incluso es posible apreciar objetos de sus gustos o de aquello que le hacía sentir bien. Según Lira, para “apaciguar” al ánima y recordarla en aquello que le hacía sentir pleno. “Lo estético -la superficie, la forma, los colores- son vitales para que el uso ritual sea efectivo, en cuanto este transmite un sentido que hace posible, en este caso, la captura, el apaciguamiento, y la toma de conciencia de la propia muerte por parte del ánima, resguardando la tranquilidad de los deudos que aspiran a que el objeto simbólico beneficie al alma del difunto, ascendiéndola a su próxima morada tanto como les permita canalizar su duelo y realizar el culto” (p. 79).

Lira analiza además el significado de la cruz en distintos períodos y lugares, sus transformaciones históricas desde antes de la pasión de Cristo y el modo en que los conquistadores españoles usaron la imagen y su significado durante la ocupación de América. Para finalizar, centra su reflexión en la presencia de la cruz en la costa norte peruana y en su estética asociada. Este análisis es acompañado en el texto por imágenes captadas en sus trabajos de campo que permiten facilitar la comprensión de las interpretaciones que la autora realiza en relación con el fenómeno que describe.

El siguiente texto, “Animitas. Resistencias frente al olvido”, de María Elena Retamal, presenta los casos de Perú, Guatemala y Chile en torno a la desaparición forzada de personas en períodos de violencia política y el modo en que artistas visuales de cada país han intentado con sus obras conmemorar y revitalizar a estas ánimas surgidas en los períodos mencionados. Para el caso de Perú se describe la obra de la artista visual peruana Olga Flores, sobre Guatemala la de Ronald Moran y para el caso chileno se menciona la obra que cada año realiza el colectivo Nichoecológico en el Estadio Nacional donde, según Retamal, se “establece una metáfora en torno a la animita por medio de la presencia del cuerpo desaparecido en la imagen traslúcida que congrega la escena y, por otro lado, en la acción colaborativa que convoca a los asistentes, quienes prestan parte de su cuerpo, para iluminar este sitio de muerte” (p. 98).

La segunda parte del libro culmina con el texto de María Paz Contreras, titulado “Me acuerdo: Identidad-materia en la trama urbana”, en su desarrollo la autora analiza la dualidad material/inmaterial de la animita y su sentido. En esta línea, coincide con la noción del ánima como intermediario entre lo terrenal y lo divino. La autora retoma también el concepto de “no lugar” de Marc Augé para referirse a la animita, debido a su atemporalidad y función rupturista. La animita es analizada como frontera entre lo material y lo inmaterial; lo público y lo privado, el lugar y el “no lugar”.

Los objetos presentes en la animita complementan el análisis de la autora. Destaca la sacralización de ellos, mencionando que esos objetos tienen un sentido y un motivo. Según Contreras, “Los objetos de decoración son objetos de recuerdo. Fueron sus pertenencias o pudieron serlo, y eso es lo que los hace importantes: la interacción de la esencia del cuerpo ausente con dicho objeto” (p. 105).

El texto concluye con la descripción de la instalación “Me acuerdo, esas casas chiquitas” implementada por la autora y su equipo, junto con la descripción del caso del incendio de la cárcel de San Miguel ocurrido el 8 de diciembre de 2010, donde fallecieron 81 reos. La reflexión se construye desde la comprensión de la cárcel en tanto espacio de memoria junto con la descripción del fenómeno ocurrido en sus contornos donde familiares de los internos fallecidos levantaron ofrendas y recuerdos, los que fueron retirados por las autoridades.

La tercera parte del libro recibe como título “La ritualidad en torno a la muerte en el culto de las animitas”. El primer texto “Del anonimato marginal al reconocimiento popular: animitas y delincuentes” de Luis Bahamondes González, analiza la transformación de los sujetos, desde estar caracterizados por transgredir las normas sociales hasta su “canonización popular”, luego de ocurrida su muerte. Para ello se centra en los casos de Emile Dubois en Valparaíso y de Emilio Inostroza en Temuco. Bahamondes logra, a partir del análisis de ambos casos, establecer los momentos que existen en esta transformación, comenzando por “una vida infeliz”, luego el “acto delictual”, la “condena judicial y social”, el “fusilamiento”, finalizando con el “cuestionamiento social a las instituciones”, la “transfiguración” y finalmente la “animitización” (p. 120). Complementariamente, describe las funciones que para los colectivos tienen las animitas: de saber, identitarias, de orientación y justificadoras (p. 121). El texto finaliza con una breve reflexión acerca de la importancia del relato oral y los trabajos etnográficos para investigar fenómenos al margen de la institucionalidad formal, como lo es en este caso la religiosidad popular en torno a las animitas.

El segundo artículo de esta parte del libro se titula “Animitas y descansos en los paisajes culturales mapuche y chileno: Articulación de lo sagrado y lo cotidiano a orillas del lago Neltume”. Los autores y autoras Juan Carlos Skewes, María Pía Poblete, Pablo Rojas y María Amalia Mellado, contrastan en su escrito la noción de “descanso” en el mundo mapuche y la “animita” en la sociedad chilena. Establecen diferencias desde la cosmovisión y el sentido de ambas construcciones. Describen el ritual mortuorio vinculado al descanso mapuche e identifican diferencias con la animita que son claves para comprender las relaciones que al interior de la sociedad se establecen. Los autores entre sus conclusiones destacan que, a diferencia de las animitas, los descansos “marcan la transición del alma en un proceso donde vida y muerte se entrecruzan. El territorio de lo sobrenatural es, pues, la prolongación del mundo comunitario” (p. 139). De esta forma, cada construcción responde a la visión de mundo de la sociedad que les dio origen y explican, en parte, las creencias que existen respecto de la vida y la muerte.

La tercera parte del libro finaliza con el texto “La ruta milagrosa de la ciudad de los muertos: Devoción popular en tumbas y santuarios del cementerio general de Santiago”, de Tomás Domínguez Balmaceda. El autor analiza distintos santuarios populares presentes en el lugar. En primera instancia, el “Cristo pobre” y el “Cristo rico”, nombres provenientes de su ubicación en el cementerio. Luego da paso a la descripción de las tumbas milagrosas donde destaca la del expresidente José Manuel Balmaceda, la del profesor Abelardo Núñez, la novia Orlita, la Carmencita, y finalmente Romualdito, cuya animita está ubicada en Alameda con San Borja, lugar en el que murió asesinado. Para cada una de ellas el autor entrega una breve descripción del posible origen del culto popular, junto con ubicarla espacialmente en el interior del cementerio. Asimismo, contrasta la versión forense con la popular, lo que permite valorar el aporte de la tradición oral en la comprensión del origen de la devoción colectiva.

La cuarta y última parte del libro se denomina “Las animitas como componente del paisaje cultural de los caminos de Chile (espacio público-privado)”. Se compone de dos artículos, en el primero titulado “La animita activada de Romualdito. Ocupación colectiva de un espacio público” Magin Moscheni Sossa aporta una interesante visión de la evolución de una animita, distinguiendo cinco etapas. Destaca entre ellas la llamada “animita activada” que corresponde al momento de consolidación de una animita milagrosa. Este artículo expresa una visión complementaria a lo tratado en el libro, centrándose principalmente en los devotos y su relación con la animita desde una perspectiva diacrónica, lo que permite visualizar cambios y rupturas. Destaca, además, el análisis de “Romualdito”, describiendo los orígenes de la animita y parte de la vida social que se desarrolla a su alrededor. El autor expresa una visión crítica frente a la cultura hegemónica que muchas veces intenta normar estas expresiones populares las que, paradójicamente, surgen como fenómenos alternativos a las prácticas dominantes e institucionales.

El libro culmina con el escrito de Luis Ojeda Ledesma, titulado “Paisajes borrosos (entre sujeto-objeto y lugar): el secreto cristalizado de las animitas”, donde un aporte relevante está dado por el carácter espontáneo e informal de la edificación de las animitas. El autor destaca de modo crítico la condición de “ilegalidad” de las animitas bajo las normas actuales y el conflicto en el que se pueden ubicar en la relación espacio público/espacio privado. En otra línea, se presenta una tipología acerca de las condiciones virtuosas o populares destacadas que permiten que una persona se convierta en animita. También destaca ocho arquetipos de la construcción analizando la preponderancia de cada una de ellas. El texto finaliza con una reflexión en términos del desafío que representan las animitas en cuanto a su valor patrimonial para la sociedad actual.

Lecturas de la animita: estética, identidad y patrimonio es un libro en el que valores destacados son el complemento de miradas y el trabajo interdisciplinar. Da cuenta de consensos, certezas e incertidumbres, pero sobre todo, de la trascendencia de las animitas en cuanto objeto de estudio para diversas áreas del conocimiento y de la importancia que tienen en los sistemas de creencias populares, muchas veces invisibilizados por los credos institucionales.

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