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Alpha (Osorno)

On-line version ISSN 0718-2201

Alpha  no.46 Osorno July 2018

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22012018000100303 

RESEÑA

RESEÑA

Magda Sepúlveda Eriz* 

*Pontificia Universidad Católica de Chile, Facultad de Letras, Avenida Vicuña Mackenna 4860 Santiago (Chile). msepulvu@uc.cl

INFANTE, Sergio. ., Las caras y las arcas. ., Santiago: Catalonia, 2017. 118p.

El libro aborda la subjetividad oportunista y mediocre que se instala en la cultura del siglo XXI, tras la pérdida de los metarrelatos y la inestabilidad laboral de la época post- fordista. Infante escribe acerca de las subjetividades contemporáneas que están arrojadas a vivir en el acantilado social. Esto es, un espacio por donde se puede caminar, pero cada tanto tiene unos hoyos que arrojan al vacío. Esa imagen puede corresponder a la sociedad de la segunda década del siglo XXI que se va a comenzar a vivir. No hay baranda, por ello cualquiera puede caer en el vacío. Sin darse cuenta y en cualquier momento el empleado, la amada o el amado, está abajo. Desde el trabajo hasta las relaciones personales están sin baranda. Esa inestabilidad permite el surgimiento de la subjetividad que viene anunciando Sergio Infante por medio de su figura poética “el Gran Rasca”.

Las arcas y las caras alude, desde el título, a la función del dinero respecto de la subjetividad contemporánea, ya que se ha tornado débil todo lazo afectivo, la única baranda imaginable es el dinero. En caso de enfermedad no se sabe si la pareja asumirá el cuidado o alguno de los hijos, pero el Gran Rasca tiene la certeza de que el dinero lo protegerá. Entonces las arcas están como sustituto de las caras.

El Gran Rasca no tiene sentido de responsabilidad, culpa a los demás de lo que le sucede. Su voz aparece en el poemario para mostrar el lenguaje que utiliza. Así habla el Gran Rasca:

-Siempre me interpretan mal.

-Nadie me avisó, ji, ji.

-Ustedes no tienen idea, jo, jó.

-Uy, se fueron al chancho (8)

El Gran Rasca dice “me interpretan mal”, ubicando en los demás el error y no haciéndose cargo de su necesidad de darse a entender. El Gran Rasca acusa, “nadie me avisó”, donde se desliga de responsabilidad ante el acontecimiento. Con la expresión “ustedes no tienen idea”, el Gran Rasca anula a cualquier otro. Esos “otros” “se fueron al chancho”, con lo que el Gran Rasca reitera la operación de menoscabo de los demás y se libera de responsabilidad. La enunciación del texto muestra así la riqueza lingüística del español de Chile en cuanto a expresiones para eludir la responsabilidad en cualquier evento.

La elisión de responsabilidad del Gran Rasca se aprecia incluso en las relaciones de amistad, como cuando dos amigos se juntan y uno le dice al otro:

-Si te di el cabalístico de mi celular,

¿cómo no me invocaste?

[…]

Y usted, como pillado en falta,

se disculpará enseguida.

Dirá: -Oye, guachito lindo,

a ti te estoy guardando

para la última tómbola

y otros misterios del azar (25)

El Gran Rasca no asume que no quiso llamar por teléfono e inventa la oportunidad de un futuro encuentro que ambas partes saben que son falsas. Entonces, parece ser que la promesa eterna de una cita fuera una de las formas de cortesía lingüística del español de Chile.

El Gran Rasca promete o amenaza, lo que desconoce es la promesa que se cumple y la seguridad de una barrera ética que implique que no hay un desconocido o conocido que desee atacarte. La voz describe así este par promesa -amenaza entre la que circula el Gran Rasca-:

el cuerpo del Gran Rasca,

esa galaxia facundiosa […]

puede reducirse a dos palabras:

promesa y amenaza. Promesa y amenaza,

la sustancia. Todas las demás palabras,

puras accidencias (sic) del chamullo, ¿me explico? (54)

El Gran Rasca amenaza, arma “querellas” (55) porque se siente en riesgo, él experimenta el mundo como hostil; ante eso promete, como una forma de calmar el vínculo, como un tratado de paz en tiempos de guerra. Sin embargo, la promesa no cumplida aumenta la sensación de peligro, pues no hay vínculo efectivo y por tanto no hay barrera que impida tu caída libre.

La concreción de un encuentro personal parece difícil y con ella todo lazo afectivo, incluso el amor y la pasión son una utopía para el Gran Rasca:

Acaso nunca lo consigas pero revivas un temblor

anhelante y un chasquido, el ímpetu incendiado

de la pólvora que sube y se estrella en la negrura

para ser estrella breve y redima esperanza (32)

En esta cuarteta dominan las palabras de lo que no es en el presente, como “caso”, “nunca”, “anhelante” y “esperanza”. La pasión es la utopía porque para ella hay que asumir la responsabilidad de estar de frente, dos cuerpos de frente, mitad divinos, mitad monstruos, tan humanos.

El Gran Rasca se quedó a vivir en Chile porque este país se caracteriza por “cortar” al que se destaca. No en vano, uno de los mitos más reelaborados permanentemente en la literatura chilena es el Imbunche, famoso por estar “cortado” en su lengua y tapado en todos los orificios, en otras palabras, castrado. El Gran Rasca está “imbunchado”, tal como lo describe la voz:

Rasca, anagrama de Sacar.

[…]

Sacar de apuro, dicen que a los fervorosos

Sacar de contexto, reclaman los adversarios.

Sacar de quicio a este forzado portavoz.

Sacar es el programa del poder (19)

La voz repara en las formas cómo se usa la palabra “sacar” en Chile y exhibe así la impudicia de creer que se está sacando o robando, como cuando un chileno dice “me robó la idea” y sin saberlo esa subjetividad se coloca en la posición del imbunchado que desea imbunchar.

La atención puesta a las hablas de la calle, ubica a Infante como un poeta que anda “con la oreja pará”, escuchando las frases cotidianas características para construir con ellas su texto. Infante es un poeta conversacional, inscribiéndose con ello en esa línea, donde uno de los precursores es Nicanor Parra. Infante sigue su legado, reproduciendo formas propias de la conversación cotidiana y asumiendo que el poeta ya no es un personaje sublime, que elabora un mundo que solo él ve desde su torre. Este poeta está en la calle, decisión que comparte con la mayoría de los poetas de su generación, la del 60, donde está también Manuel Silva Acevedo, Premio Nacional de Literatura 2016, Cecilia Vicuña y Omar Lara. Estos dos últimos, como Infante, y muchos de esa promoción, han hecho parte muy importante de su vida fuera del país, huyendo de la dictadura primero, pero luego, algunos de ellos, formaron sus vínculos afuera y Chile es un lugar que se visita. Desde esa “afueridad”, Infante escucha las voces de la calle y como un bufón arroja sus poemas.

Bufón del italiano buffere que significa soplar. El personaje nació en Italia, y eran los que distraían al público mientras se cambiaba el escenario de la comedia. Ellos salían con sus mejillas hinchadas de aire y se daban de bofetadas, ante ello el público se reía. Lo poesía de Infante está hinchada de vida, de las palabras quiltras de la calle, las que, al ponerlas en un poema, pega una bofetada sobre la parte de la subjetividad que es Gran Rasca, pero también hace reír por lo absurda que es la comedia humana descrita en el libro. Entonces, en cada carcajada del lector, se expulsa un viento que arroja la palabra del Gran Rasca y permite el retorno de la vida auténtica y plena.

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