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Alpha (Osorno)

On-line version ISSN 0718-2201

Alpha  no.48 Osorno July 2019

http://dx.doi.org/10.32735/s0718-2201201900048614 

ARTÍCULO

ALFONSINA STORNI: CONDICIONAMIENTOS Y ESTRATEGIAS EN SU CAMINO HACIA LA PROFESIONALIZACIÓN

Alfonsina Storni: restrictions and strategies on her way to professionalisation

Rayén Daiana Pozzi* 

*Universidad Nacional del Comahue (Argentina), IPEHCS-CONICET. rayen.pozzi@gmail.com

Resumen:

Alfonsina Storni es una escritora que se ha labrado un lugar dentro del canon literario argentino, por mucho tiempo bajo una imagen de escritora que anudaba sentimentalismo, fatalidad y poesía “femenina” (invisibilizando buena parte de su producción literaria), aunque más recientemente la crítica literaria de orientación feminista haya desmontado esa imagen. Este trabajo se interesa, no obstante, por los años en que Alfonsina Storni publicaba sus primeros poemarios y comenzaba a pugnar por un lugar en el incipiente campo literario, dominantemente masculino. El objetivo es visualizar, desde una perspectiva de género, las prácticas culturales emergentes, dominantes y residuales que contribuyeron o condicionaron su camino hacia la profesionalización como escritora, en un contexto de cambios por los procesos modernizadores y de avances del movimiento feminista.

Palabras clave: Alfonsina Storni; género; profesionalización; modernización, campo literario

Abstract:

Alfonsina Storni is a writer who has forged a position within the Argentinian literary canon, under the image of a writer who revokes sentimentalism, fatality and “feminine” poetry. Recently, the feminist-oriented literary criticism has dismantled this image finding out other areas in her literary production. This work is focused on the years in which Alfonsina Storni published her first collections of poems and started struggling for a certain position in the emerging literary field, which was mainly under male domain. Taking a gender perspective, the aim is to visualize emerging dominant, and residual cultural practices that contributed or determined her path towards becoming a professional writer, in a context of changes due to modernizing processes and the feminist movement advance.

Key words: Alfonsina Storni; gender; professionalization; modernism; literary field

Introducción

En 1912, rozando apenas los 20 años, Alfonsina Storni se establece en Buenos Aires, ciudad a la que llega sola, con su título de maestra rural, algunas publicaciones en revistas de Rosario y su hijo muy pronto a nacer. Transita por diversos trabajos y continúa con esporádicas publicaciones en revistas de la época, la más importante es Caras y caretas, que luego le abre el camino hacia los escritores nucleados en torno a la revista Nosotros. 1916 constituye un año clave en el ingreso de la escritora al incipiente campo literario: participa por primera vez de una reunión de los escritores cercanos a Nosotros, en la que se presenta con su primer poemario publicado, La inquietud del rosal (1916)1.

No obstante, por su origen y clase social y por su condición de madre soltera, esgrimirse un lugar como escritora entre sus pares constituyó un arduo trabajo. En el presente estudio se examinan algunos de los condicionamientos y restricciones que incidieron en el camino hacia la profesionalización de la escritora Alfonsina Storni, así como las estrategias que despliega en su lucha por un lugar dentro del incipiente campo literario. Este examen se inscribe en una perspectiva de género en tanto se presupone que la lógica binaria que organiza las identidades sexuales en masculino/femenino y los roles socialmente estipulados para cada una, tiene su correlato en la división del espacio social en dos esferas: lo público y lo privado. Nelly Richard lo sintetiza: “Mientras el mundo de lo público -simbolizado por lo masculino- se asocia con los valores fuertes de razón, acción y poder (ciudadanía y política), el mundo de lo privado se relaciona con el cuerpo, la domesticidad y la afectividad” (2008, p. 96). De esta manera el binarismo masculino/ femenino se replica en otras divisiones como público/privado, cultura/naturaleza, razón/sensibilidad, universal/particular, productor/reproductor, entre otras, demarcando límites y estableciendo regulaciones sobre qué está permitido y qué no para cada género, que varían según las épocas. En este trabajo esta perspectiva visibiliza esas regulaciones que son sociales, culturales y legales -en un recorte temporal que se extiende desde mediados de la década de 1910 hasta principios de 1920 en Argentina-, porque Storni transgrede varias de ellas: es madre soltera (cuando la norma es la maternidad dentro del matrimonio), es escritora que poetiza lo íntimo en la página pública de sus obras publicadas bajo el nombre propio2 y es una cronista que desde el feminismo argumenta a favor de la modificación del código civil con el fin de que las mujeres adquirieran más derechos, especialmente mayor independencia económica 3.

En este trabajo se propone el estudio de algunas de esas regulaciones y transgresiones a partir de determinadas prácticas culturales vinculadas al ámbito literario. Para el análisis de esas prácticas se emplean las categorías “dominante”, “emergente” y “residual” que propone Raymond Williams, entendiendo a la primera como un conjunto de prácticas culturales legitimadas que nutren una idea hegemónica de cultura (en general, la que sostienen las clases dominantes), a la segunda -en oposición o alternancia con la anterior- como indicativa de “todos los nuevos significados y valores, nuevas prácticas, nuevas relaciones y tipos de relaciones que se crean continuamente” (Williams, 2000, p. 145), y a la tercera como aquello que “ha sido formado efectivamente en el pasado, pero todavía se halla en actividad dentro del proceso cultural” (p. 144). Las categorías de dominante, emergente y residual permiten comprender en este estudio las prácticas culturales en un contexto particular (entre mediados de los años 10 y principios de los 20) caracterizado por el impacto de numerosas transformaciones en el ambiente literario: la injerencia de los procesos modernizadores que elevaron el nivel de alfabetización -que implicó el aumento del público lector-, la incorporación de nuevas tecnologías que permitieron un acrecentamiento del desarrollo editorial (de mayor tiraje y menor costo) y la progresiva incorporación de la mujer al mundo laboral. Estos cambios dieron lugar a nuevas prácticas culturales (emergentes) que favorecieron el proceso de profesionalización de los escritores y también de algunas escritoras4, gracias a los cuestionamientos desde el creciente movimiento feminista al mandato del casamiento y la maternidad como único destino de la mujer5.

Estrategias para la profesionalización

Con su primer poemario publicado, Alfonsina Storni logra acercarse en 1916 a aquellos escritores que habían participado de lo que se considera la bohemia porteña de fines de siglo XIX y principios del XX6. Sin embargo, para 1916 la tendencia bohemia ya había pasado y quienes la habían transitado se encontraban en una buena posición dentro el ámbito literario. De este modo, la amistad ofrecida por estos escritores especialmente Roberto Giusti y Manuel Gálvez, que pertenecieron a otra generación, resultó de capital importancia para Storni en su lucha por insertarse en este medio desde una posición bastante desfavorable por su condición genérica y su estatus social.

Roberto Giusti (1887-1978) le brindó a la poeta un espacio para la publicación ocasional de sus poemas primero y de algunos artículos periodísticos luego, además de incorporar reseñas de sus poemarios publicados, lo que contribuía en gran medida a la visibilidad de la escritora7. Para Graciela Montaldo, esta revista iniciada en 1907 ya se había convertido para mediados de la década del 10 en “parámetro de legitimación intelectual” (Montaldo, 2006, p. 32), y Giusti, uno de sus fundadores, en un reconocido especialista en la crítica literaria. Jorge Rivera señala la innovación que implicó la figura de este escritor en el ámbito literario, pues era “un profesor de letras egresado de la Facultad de Filosofía, esto es, un técnico que cuenta con un aparato metodológico y conceptual y que vive al suyo como un campo profesional precisamente delimitado” (Rivera, 1971, p. 81). Por ello, su labor en la crítica literaria contribuyó a afirmar la especificidad y autonomía del campo al mismo tiempo que emergía como un instrumento de profesionalización y un mecanismo alternativo para la consagración de los escritores.

La amistad que Storni entabla con Giusti resulta estratégica en tanto ella no puede insertarse en el ámbito literario siguiendo las prácticas tradicionales: hija de inmigrantes, de clase media, se encuentra fuera de los círculos intelectuales de elite.8 Giusti, por medio de Nosotros, le otorga visibilidad hacia un amplio público lector, mediante una práctica emergente -la difusión por reseñas- dentro del ámbito cultural. Sin embargo, se observan elementos residuales en tanto persisten reticencias en la valoración de la escritora por su condición de mujer, como se evidencia en estas palabras de Giusti (1980):

Mujeres que escribieran versos las hubo antes de Alfonsina Storni, pero su aparición en nuestra poesía […] significó que la mujer se incorporaba a las actividades literarias con los mismos títulos e igual derecho, antes no concedidos, y con la misma constancia que el hombre, antes insólita en ella. De Alfonsina deriva también en buena parte, siquiera por imitación de la actitud, la poesía femenina de hoy, que es la confesión desnuda del corazón desgarrado sin reposo por el amor carnal (p. 92).

El reconocimiento de Storni como escritora está condicionado por una nueva división asociada a lo masculino/femenino: si por los avances modernizadores y del feminismo algunas mujeres pueden acceder al espacio público mediante la escritura, entonces se delimita qué temas pueden abordar y bajo qué géneros literarios. Los primeros poemarios de Alfonsina Storni responden, en gran medida, a esa división que subsume la literatura producida por mujeres bajo el rótulo de “sentimental/confesional”, pero no así las crónicas que por entonces escribe9.

Varios estudiosos han señalado la incomprensión que sufrió Storni por parte de la crítica literaria de su tiempo (Salomone, 2006; Sarlo, 2003). No obstante, la escritora conocía esos condicionamientos y limitaciones asociados a su género: “Infinito número de veces, me ha estorbado, en el ambiente en que me desenvuelvo, mi condición de mujer, porque no he logrado olvidarme, en mi trato frecuente, de que estoy en presencia de hombres; y difícilmente estos, han olvidado que soy mujer” (Storni, 2002, p. 844). A esos condicionamientos se suman otros como su clase social, especialmente por su estrechez económica que le impedía afrontar una edición de autor, práctica que se tornaba residual ante los avances de la modernización. En este aspecto, resultó muy valiosa la amistad que Storni establece con Manuel Gálvez (1882-1962). Este escritor, por medio de la pionera Sociedad Cooperativa Editorial Limitada Buenos Aires10, le facilita la publicación de sus siguientes tres poemarios (El dulce daño en 1918 y luego una reedición en 1920, Irremediablemente en 1919 y Languidez en 1920), ejerciendo sobre la escritora cierto mecenazgo o protectorado, en los términos pensados por Rivera (1998, p. 57).

En este mismo sentido se puede leer el gesto de Gálvez al solicitarle a Alfonsina que realizara una traducción de una selección de poemas de Simplemente (1915), un poemario publicado en francés por su esposa la escritora Delfina Bunge (Delgado, 2010, p. 93)11. Este pedido implica simultáneamente una práctica emergente y una residual: emergente, en tanto la traducción comienza a presentarse como una alternativa para escritores en pugna por su profesionalización; residual, en tanto supone una diferenciación de clases sociales. Delfina Bunge escribe en francés por elección, siguiendo las prácticas dominantes en las clases altas y quizás por esa misma razón, Gálvez le solicita su traducción al español a Alfonsina. De este modo, su amistad con el escritor le propició a Storni oportunidades para afianzarse en su camino hacia la profesionalización.

No obstante, la escritora debió recurrir a diversos trabajos fuera del ámbito literario para sostenerse económicamente pues tampoco había logrado, desde su llegada a Buenos Aires en 1912 hasta fines de 1917, conseguir un puesto como docente. La escritora reflexiona acerca de esta problemática en una entrevista que le realizan en 193112:

La mayor dificultad para mí ha sido la de tener que hacer frente a la vida de un modo tenaz, lo que me ha llevado un tiempo precioso, que yo desearía para aumentar mi cultura y producir […] Mi carácter, poco dado a la adulación y a las habilidades políticas menores, ha sido, en este sentido, el más grande enemigo mío. […] Muy malo es esto en un medio que vive de apariencias. Cuando entre nosotros se piensa en darle a alguien un cargo importante y descansado, como se les suele dar a escritores, para que puedan realizar su obra, no se repara en lo que puede producir ese ser, sino en las formas en que se resguarda. Y si es de una sencillez miedosa como la mía y de una franqueza aún más grande, ya se parece un individuo desposeído de la clase entre almidonada y discreta a que lo oficial parece aspirar (Storni, 2002, p. 1110).

Storni no solo conoce los límites que implica trabajar fuera del ámbito literario, sino que además por una elección de orden ético y estético cierra la posibilidad de resolver más cómodamente el “espinoso” asunto del segundo empleo. Tampoco se puede dejar de señalar la ironía que guardan sus palabras en cuanto a las políticas del Estado en sus formas de patrocinio dentro del ámbito cultural. No obstante, la escritora continuó su labor como poeta a la que sumó colaboraciones esporádicas en revistas de la época hasta alcanzar una regularidad hacia 1919.

Los diversos cambios asociados a la modernización ampliaron el público lector favoreciendo la profesionalización a aquellos escritores que, siguiendo el modelo difundido por Rubén Darío durante su estadía en el país entre 1893 y 1898, recurrían al periodismo para sustentarse mientras se dedicaban a la consecución de su verdadero proyecto artístico. Este estilo de vida, muy cercano al bohemio en su inestabilidad económica y en sus formas de sociabilidad, implicaba una escisión en el sujeto: por una parte, el que escribe para vivir, y por otra, el poeta. Como explica Jorge Rivera (1971):

Son una excepción escritores como Angel de Estrada o Enrique Larreta, que poseen cuantiosa fortuna personal y pueden realizar el ideal del artista desasido de preocupaciones materiales y concentrado exclusivamente en la realización de la obra. Lo son, en grado menor, los escritores privilegiados con comisiones especiales, o con cargos docentes, burocráticos o diplomáticos, como Rojas, Lugones, Gálvez, Banchs, Chiappori, Díaz, etc., que los consiguen tempranamente y satisfacen el espinoso ideal del ‘segundo empleo’ […] Pero un porcentaje considerable de jóvenes escritores verán limitadas sus expectativas y su campo de acción, dado el carácter incipiente del proceso, al ejercicio no siempre remunerativo y gratificador del periodismo (1971, pp. 20-21).

Alfonsina Storni, si bien ingresa en el campo a mediados de la década del 10, se enfrenta con un panorama más arduo debido a que las colaboraciones femeninas solían valuarse menos en el mercado que las masculinas. Aún bajo esos condicionamientos Storni recurre al periodismo tanto para mejorar su economía como para luchar por los derechos de las mujeres. Se convierte en colaboradora esporádica y solo alcanza un trabajo relativamente estable en 1919 cuando asume la sección femenina de La Nota y en 1920 y 1921, años en los que publica asiduamente en La Nación bajo el pseudónimo de Tao Lao. Sin embargo, como periodista debe someter su pluma a las demandas de sus jefes de redacción: “los textos de Storni debían acatar ciertas regulaciones generales respecto de lo que en su época se consideraban intereses propios de la mujer, convirtiendo a sus columnas o secciones en un espacio de enunciación restrictivo e ideologizado” (Salomone, 2006, p. 212). Si bien es cierto que estas oportunidades de trabajo contenían elementos residuales (la restricción que le implicaba su condición genérica) también se percibe como una práctica emergente vinculada a la especialización de un público femenino de clase media que presenta determinados intereses. Así, la emergencia de este nuevo lectorado impulsa a los editores a generar nuevos espacios y le brinda a esta escritora una alternativa laboral frente a un mercado predominantemente masculino, al mismo tiempo que, como señala Tania Diz (2004), la marginalidad de escribir en la sección femenina le permitió realizar ciertas transgresiones13.

Por otra parte, su condición genérica también le significaba ciertas limitaciones en el ejercicio de la escritura. En un texto titulado “La mujer como novelista”, la escritora reflexiona en torno a cierta incompatibilidad entre la idea dominante de genio literario y los condicionamientos históricos-culturales que operaban en las mujeres materializados en la condena social y la restricción económica:

Se ha dicho que una vida extraordinaria es, casi siempre, complemento del genio. ¿Como podría la mujer, delicada por naturaleza, limitada por el ambiente y por su propia sensibilidad, vivir esta vida extraordinaria que la haría comprender, ahondar, zambullirse, por decirlo así, en los más interesantes y hondos tumultos del alma humana? Si posee fortuna, y para lograr aquello rompe con todo, quizá le fuera posible lograrlo, si carece de ella y debe vivir de lo que gane, la vida económica se le hará difícil y oscura (Storni, 2002, p. 983).

La idea de “vida extraordinaria” y de “genio” dialoga con los retratos difundidos por Rubén Darío entre 1896 y 1904, reunidos luego bajo el título de Los Raros.14 No obstante, la crítica de Storni no solo se dirige hacia esos modelos de escritor sino también hacia las normas sociales que restringían el universo de las mujeres al hogar. En este sentido, se puede postular que su condición genérica se trasmuta en un valor ético en su escritura periodística y en la capitalización estética de un lugar de enunciación poético.

Por último, es posible señalar que a pesar de la inestabilidad económica que debió enfrentar Storni y de la incomprensión de un sector importante de la crítica que le fue contemporánea15, supo ganarse un lugar en el ámbito literario y, sobre todo, tuvo gran éxito en el público lector: “Su poesía se lee con una facilidad y rapidez similares a las de la novela sentimental del mismo período […] Su retórica repetitiva, sus finales de gran efecto le conquistan el gran público y el público preferentemente femenino que todavía era clientela de poesía” (Sarlo, 79). Ese éxito de ventas contribuyó, al menos hasta mediados de la década del 20, a su proceso de profesionalización aunque ha debido sostenerse económicamente gracias a un segundo empleo.

El triunfo de la poeta

Si en 1916 Alfonsina Storni publica su primer poemario, La inquietud del rosal, y participa por primera vez de una reunión en la que confluían varios de los escritores más reconocidos de la época, en 1920 publica su cuarto poemario, Languidez, reedita el segundo, El dulce daño, y colabora asiduamente -aunque en la sección femenina- en un periódico tan importante como La Nación. En el transcurso de este breve periodo de cinco años, Alfonsina rápidamente se labra un lugar en el selecto grupo de escritores, alcanza cierto reconocimiento de sus pares y si bien sus obras no son justamente valoradas por la crítica literaria de la época, sí encuentran un numeroso público lector.

La amistad ofrecida por escritores como Roberto Giusti, Manuel Gálvez, Horacio Quiroga o José Ingenieros -entre otros-, fue simbólicamente muy redituable para Storni. La emergencia de nuevas prácticas culturales colaboró significativamente en su camino hacia la profesionalización y, especialmente, hacia la independencia económica que la mujer reclamaba para sí. De esta manera, en un ambiente literario signado por los grandes cambios que implicaron los procesos de modernización en el país, Storni -condicionada socialmente por ser madre soltera y por su pretensión de profesionalizarse como escritora- logra erguirse como una reconocida poeta. A pesar del halo trágico con que la tradición la ha rodeado y de los innumerables avatares económicos que sufrió, sin duda su triunfo ha sido gozar -y públicamente- el goce más alto: “Oponer una frase de basalto / Al genio oscuro que nos desintegra”.

Obras citadas

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1En 1938, Roberto Guisti relata ese primer encuentro: “Festejábamos una noche a Manuel Gálvez por el éxito de su segunda novela, El mal metafísico. […] Desde aquella noche de mayo de 1916 esa maestrita cordial, que todavía después de su primer libro de aprendiz era una vaga promesa, una esperanza que se nos hacía necesaria en un tiempo en que las mujeres que escribían versos –muy pocas– pertenecían generalmente a la subliteratura, fue camarada honesta de nuestras tertulias, y poco a poco, insensiblemente, fue creciendo la estimación intelectual que teníamos por ella hasta descubrir un día que nos hallábamos ante un auténtico poeta” (citado por Salomone, 2006, p. 49).

2El estudio de la poesía de Storni desde una perspectiva de género ha sido ampliamente desarrollado por la crítica, por lo que en este trabajo no se indagará en esa línea. Se destaca especialmente el estudio que realizó Alicia Salomone, Alfonsina Storni. Mujeres, Modernidad y Literatura, el apartado (“Contra la ventriloquia: la poética de Alfonsina Storni”) que le dedica Francine Masiello en su ineludible libro Entre civilización y barbarie. Mujeres, Nación y Cultura literaria en la Argentina moderna, y el capítulo “La soltera como madre póstuma (Alfonsina Storni)” del libro Historias de amor (Y otros ensayos sobre poesía) de Tamara Kamenszain.

3Los textos de Storni “Un tema viejo…”, “Derechos civiles femeninos”, “¿Quién es el enemigo del divorcio?” y “A propósito de las incapacidades relativas de la mujer” publicados en La Nota durante 1919 abogan explícitamente por los derechos civiles de las mujeres: que pudieran ejercer toda profesión o empleo, que tuvieran derecho a administrar los bienes propios y gananciales y que pudieran oficiar de testigos y ejercer tutela. El proyecto de ley, que entre otras cosas daba un amparo legal a las madres solteras, fue aprobado en 1924.

4Francine Masiello ha realizado un nutrido estudio de las escritoras de esta época. También Lea Fletcher estudia la profesionalización de las escritoras de la época (acompañando la profesionalización de las mujeres en otras áreas) aunque su atención está centrada en otras hoy menos reconocidas que Storni.

5Como explica Tania Diz (“Periodismo y tecnologías”), gran parte de esas nuevas ideas proliferaron por influencia del feminismo europeo, surgido en especial por la redefinición del rol de la mujer en el contexto de la Primera Guerra Mundial.

6Jorge Rivera propone este recorte temporal para pensar lo que provisoriamente denomina bohemia, pues este fenómeno expresa: “la crisis del papel cumplido tradicionalmente por los intelectuales, la marginalidad como reflejo de un medio fundamentalmente utilitarista y ‘antiartístico’ […] y el carácter incipiente del proceso de ‘profesionalización’ del escritor que comienza a desarrollarse en la última década del siglo XIX, incapaz todavía de asegurar a los intelectuales una relativa autonomía económica” (Rivera, 1971, p. 7).

7Alicia Salomone (2006) expresa a propósito de la labor de Nosotros: “es portadora de un gesto innovador al acoger en 1916 la escritura de Alfonsina en el espacio de lo literario. Es la primera mujer cuyo libro se comenta y ello establece una demarcación significativa: por un lado, se autoriza una voz que había sido descalificada por sectores conservadores que cuestionaban su modo de exponer públicamente la subjetividad femenina. Por otro lado, en términos más amplios, con este gesto la revista legitima la presencia de mujeres en el espacio de la escritura literaria, asumiendo una postura aperturista ante un debate que se venía desarrollando desde el inicio de la publicación y que tenía por eje la relación entre mujer, cultura y literatura” (p. 53).

8Como señala David Viñas, los procesos de modernización y los cambios políticos y sociales impactaron dentro del campo literario produciendo un desplazamiento, especialmente en cuanto se refiere a la producción literaria de mujeres: “entre 1919 y el 6 de septiembre [de 1930], la crispación de los escritores-gentlemen se ha convertido en ternura, deslumbramiento o complicidad. El centro de gravedad literario se ha desplazado hacia la clase media. Proceso corroborado por el deslizamiento de la Mansilla, Gorriti o de la Barra, señoriales, en dirección a la Storni, inmigrante y subversiva” (Viñas, 2006, p. 17).

9Es importante aclarar que no toda la poesía que escribe Storni en esos años se puede leer bajo ese rótulo. Incluso dentro del primer poemario se encuentran poemas como “Vida”, “Plegaria a la Traición”, “¿Te acuerdas?...”, de corte sentimental/confesional, junto con otros abiertamente transgresores como “La loba” y “Fecundidad”. Alicia Salomone indaga ampliamente en las tensiones entre las distintas configuraciones del sujeto-mujer en la poesía y en las crónicas de Storni.

10Afirma Jorge Rivera acerca de este proyecto: “con su lucidez para captar (y admitir) el desarrollo de un nuevo espacio de consumo literario, [Gálvez] esboza un proyecto que supone cambios realmente revolucionarios para la época. Comienza por seleccionar, con gran perspicacia política, a los posibles candidatos a integrar la Cooperativa, y coloca el mayor volumen del paquete accionario entre hombres de fortuna, que por añadidura escriben pero no en forma abundante y sistemática. El resto lo divide entre escritores de prestigio y calidad reconocida, como Horacio Quiroga, que si no es notado por el público de la elite cultural posee, en cambio, una reputación sólidamente afianzada entre el amplio círculo de lectores de la clase media” (1998, p. 40).

11Josefina Delgado (2010), en su biografía de Alfonsina Storni, se extiende respecto de la amistad entre la poeta y Gálvez y detalla este episodio (pp. 92-105).

12Este reportaje realizado por Pedro Alcázar Civit apareció titulado como “Alfonsina Storni, que ha debido vivir como un varón reclama para sí una moral de varón”, en El Hogar, el 11 de septiembre de 1931 (Storni, 2002, pp. 1104-1111).

13Al respecto, se pregunta Diz (2004): “¿Por qué en una época en la que se trata de que la mujer obedezca a su rol tradicional, las crónicas de Storni no son censuradas o, al menos, no hay registro de que le haya llegado algún tipo de comentario? Quizá […] porque ella se ubica en un lugar desprestigiado: las columnas femeninas, con lo cual el ojo de la censura no está tan atento y permite (sin saberlo) ciertas transgresiones” (p. 85).

14Se podría cotejar esta cita de Storni con la descripción que realiza Darío de la única escritora –conocida como Rachilde– que incorpora en Los raros: “Trato de una mujer extraña y escabrosa, de un espíritu único esfíngicamente solitario en este tiempo finisecular; de un ‘caso’ curiosísimo y turbador, de la escritora que ha publicado todas sus obras con este pseudónimo, Rachilde; satánica flor de decadencia picantemente perfumada, misteriosa y hechicera y mala como un pecado” (2002, p. 123).

15Señala Delfina Muschietti (2006): “Sabemos del escándalo producido entre ‘las damas elegantes’ (recogido por la propia Alfonsina en un poema irónico-satírico titulado ‘Envío’), del aplauso de ciertos sectores populares (un espectáculo de recitación para lavanderas negras, felicitaciones de maestras y empleadas) así como el reconocimiento con reservas de la crítica especializada” (p. 120).

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