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Alpha (Osorno)

versão On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.49 Osorno dez. 2019

http://dx.doi.org/10.32735/s0718-2201201900049750 

ARTÍCULO

DEBATES EN LA TEORÍA CRÍTICA CONTEMPORÁNEA: RECONOCIMIENTO Y CAPITALISMO

Debates in Contemporary Critical Theory: Recognition and Capitalism

Facundo Nahuel Martín* 

*Universidad de Buenos Aires-CONICET (Argentina). facunahuel@gmail.com

Resumen:

En este trabajo voy a intentar una crítica inmanente del “monismo moral” de Axel Honneth desde el punto de vista de la lectura categorial del capital reconstruida por Moishe Postone. Críticos de Honneth como Nancy Fraser han señalado que los mercados modernos no podrían reconstruirse exhaustivamente en términos morales. Recuperando la crítica inmanente de la sociedad capitalista de Postone, sostendré que puede reconstruirse el cómo los mercados capitalistas presuponen principios normativos, cuya realización no distorsionada obturan sistemáticamente. La lógica del capital, por lo tanto, permite construir un cuestionamiento de la neutralización sistemática de las pretensiones morales en el capitalismo y su dinámica social.

Palabras clave: Honneth; Postone; capitalismo; presuposiciones morales; fetichismo

Abstract:

In this essay I will attempt an immanent criticism of Axel Honneth´s “moral monism” from the standpoint of Moishe Postone´s categorial reading of capital. Honneth´s critics such us Nancy Fraser have pointed out that modern markets cannot be fully reconstructed in moral terms. On the basis of Postone´s immanent critique of capitalism, I will claim that it is possible to reconstruct how capitalist markets presuppose moral principles, but systematically distort their realization. Postones theory may ground a critique of the neutralization of moral consideration in the capitalist form of society. This categorial reading may, thus, alloud for a questioning of the systemic neutralization of moral concerns under capitalism.

Key words: Honneth; Postone; capitalism; moral assumptions; fetishism

Introducción y estado de la cuestión

Axel Honneth intenta reconstruir la historia de la sociedad moderna en términos de procesos de ampliación de derechos y extensión de la ciudadanía que redundan en un progreso moral. Sostiene que no solo las luchas sociales, sino también las relaciones económicas se fundan básicamente sobre pretensiones normativas. Este “monismo moral” constituye uno de los puntos de mayor discusión en torno a su pensamiento. Primero, se trata de una innovación intelectual de envergadura respecto de la visión de la economía de Habermas. La creciente complejidad de las sociedades modernas implica, para este último, que es imposible gravar al mundo de la vida con la regulación de diversos ámbitos de la existencia social. Se levantan entonces subsistemas funcionales autonomizados. “La complejidad del mundo de la vida viene estrictamente limitada por la escasa carga que el mecanismo del entendimiento intersubjetivo es capaz de soportar” (Habermas, 1989, p. 412). La constitución de sistemas funcionales neutralizados sería un corolario inevitable de los procesos de racionalización de la modernidad. Contra esta lectura, Honneth sostiene que la sociedad capitalista, incluso en sus aspectos sistémicos, debe reconstruirse sobre la base de consideraciones morales fundamentales.

Segundo, el monismo moral ha sido debatido en el intercambio con Nancy Fraser, así como por importantes intérpretes de Honneth (Renault; Deranty; Dufour y Pineault, Zurn). Fraser propone un “dualismo perspectivo” (Fraser, 2001 p. 60, mi traducción)1 que permita “tratar cada práctica como simultáneamente económica y cultural, aunque no necesariamente en iguales proporciones” (p. 63, mi traducción). Honneth ha defendido la idea de reconocimiento como “marco unificado” (Honneth, 2001, p. 113, mi traducción)2 para dar cuenta del conflicto social contemporáneo, incluyendo las luchas en torno a la redistribución económica. La noción de reconocimiento no sería adecuada exclusivamente para las políticas de la identidad, sino que revelaría los fundamentos normativos y motivacionales de las luchas contra la injusticia en general. “No es el surgimiento de demandas de las políticas de la identidad (…) lo que justifica repensar los conceptos básicos de la teoría social crítica en términos de una teoría del reconocimiento” (p. 125, mi traducción)3. Para Honneth hay precondiciones morales para la legitimación de las instituciones capitalistas, de modo que es imposible reconstruir la dinámica de los mercados modernos como un complejo de conexiones sistémicas neutralizadas. “No es recomendable aislar teóricamente los factores puramente económicos o sistémicos de los elementos culturales, con respecto al orden económico capitalista” (p. 156, mi traducción)4. Esta perspectiva, el monismo “teórico-moral” (p. 157)5 implica que el “consenso moral” es la base de la integración social en el capitalismo. En síntesis, las desigualdades de distribución en el capitalismo se deberían a aplicaciones distorsivas del principio meritocrático de la estima, en condiciones donde este es utilizado ideológicamente para justificar desigualdades sociales.

El “monismo moral” ha sido contestado por Zurn, para quien el planteo de Honneth es sostenible solamente haciendo una enorme abstracción de las condiciones efectivas en cuyo seno se cristaliza la desigualdad. Zurn, en otros aspectos favorable al pensamiento de Honneth, plantea una distinción importante entre las causas y las experiencias subjetivas de los fenómenos de injusticia económica. Las formas de distribución económica desiguales son vivenciadas por los sujetos en términos de reconocimiento, al punto de que “los trabajadores dañados pueden sentir que se les está faltando el respeto y sus logros están siendo denigrados” (Zurn, 2015, p. 145, mi traducción)6. Sin embargo, resulta empíricamente distorsionante o excesivamente abstracto sostener que las causas de ese tipo de lesiones de la integridad personal radican en la aplicación inadecuada de aspiraciones morales. Por el contrario, fenómenos como el descenso de salarios obedecen muchas veces a la acción combinada de factores puramente económicos donde las consideraciones morales han sido neutralizadas a favor de cálculos funcionales. Estos cálculos son dictados por imperativos mercantiles fundados en las exigencias de la competencia y otras constricciones sociales ciegas. “Los trabajadores dañados pueden sentir que no están siendo respetados o que sus logros son denigrados”, pero ello no implica que las causas de las desigualdades puedan reconstruirse moralmente (p. 116, mi traducción). Las dinámicas económicas se hallan efectivamente autonomizadas de consideraciones morales en la sociedad capitalista. Los mercados modernos son instancias de neutralización moral, donde emerge un entramado de conexiones estructurales que suprimen las posibilidades de las personas para decidir cursos de acción a partir de consideraciones normativas.

Deranty, siguiendo a Renault, hace un matizado análisis de este debate. Si la teoría de Honneth corre el riesgo de explicar la economía “a través de la cultura” (“through culture”) (Deranty, 2009, p. 412, mi traducción), sin embargo la separación entre consideraciones económicas y demandas de reconocimiento propugnada por Fraser y Zurn llevaría a divorciar la teoría crítica de la experiencia de los actores (p. 417). Aceptar que los mercados capitalistas son conducidos por lógicas puramente funcionales obturaría su crítica inmanente. Sin embargo, el propio Deranty acepta que la lógica económica es irreductible a las decisiones morales de los actores. La creciente complejidad de las sociedades modernas conduce a un modo de integración que es resultado de “la impredecibilidad e impenetrabilidad del nexo de consecuencias no esperadas [por los actores]” (p. 420, mi traducción)7. Básicamente, la economía moderna funciona efectivamente a partir de interacciones ciegas, donde los sujetos no son capaces de determinar consciente ni racionalmente el curso de los hechos y se imponen conexiones funcionales de tipo sistémico, dotadas de una lógica propia e independiente. En suma: sin reconducir la dinámica económica a cuestiones morales, parece imposible fundamentar su crítica inmanente, pero a la vez esa reducción parece ilegítima en cuanto que los mercados se mueven efectivamente por consideraciones sistémicas.

Deranty intenta resolver este dilema apelando a la teoría de Renault acerca del rol “constitutivo” de las relaciones de reconocimiento para las instituciones. Esta formulación teórica supone que hay relaciones de reconocimiento presupuestas en todo sistema económico, sin que por ello este sea reductible a aquellas. Honneth podría admitir que los mercados y su dinámica interna producen efectivamente una neutralización de las consideraciones morales. Sin embargo, también se sostienen sobre pretensiones normativas irreductibles a meras conexiones funcionales. Las lógicas sistémicas, por tanto, no expresan siempre relaciones de reconocimiento, pero son constituidas por ellas. “Algunas relaciones de reconocimiento son necesarias para que el sistema funcione en absoluto, incluso como sistema” (p. 424, mi traducción)8.

Este debate abierto puede, sostendré, enfrentarse desde un ángulo diferente a partir de la crítica del capital de Moishe Postone. En el capitalismo, las relaciones sociales configuran una dominación social abstracta, impersonal y anónima, que no se estructura desde relaciones inmediatas entre las personas. Esto implica una neutralización sistemática (no casual ni particular) de las consideraciones morales y la constitución de la economía como marco sistémico fetichizado. En la mirada postoniana, la separación de la economía respecto de las cuestiones normativas no es producto de los procesos de racionalización sino que constituye una forma de dominación, donde los sujetos se ven privados de regular sus interacciones en términos de consideraciones de justicia.

Las sociedades tradicionales se organizan en torno a relaciones de dependencia personal, mientras que en el capitalismo el nexo social aparece como cuasiobjetivo y abstracto. Emerge entonces una forma de dominación que se funda en la propia dinámica objetivada de las relaciones sociales, una “dominación de la gente por estructuras sociales abstractas que la misma gente constituye” (Postone, 1993, p. 30, mi traducción)9. Bajo esta nueva forma de mediación social, las personas pierden capacidad para controlar o modificar conscientemente sus vidas, su trabajo y su producción: “las personas en última instancia no controlan su actividad productiva sino que son dominadas por los resultados de esa actividad” (1993, p. 30, mi traducción)10.

La sociedad capitalista, en virtud del tipo de nexo social que la caracteriza, conlleva una reducción sistemática de las capacidades de las personas para la acción, que a su turno implica una suspensión de las consideraciones morales en el gobierno de la vida social. La superación del capitalismo implicaría la abolición de “constricciones estructurales sobre la acción” y la ampliación del “reino de la contingencia y el horizonte de la política” (Postone, 2007, p. 94). La ampliación del reino de la contingencia, como meta emancipatoria y democrática, supone también la ampliación de lo susceptible de ser decidido en términos normativos. Esto significa, al fin, que el capitalismo no implica solo ocasionales aplicaciones distorsionadas del principio de la estima que conducen a formas de distribución desiguales. Por el contrario, y de modo fundamental, la constitución de la sociedad capitalista supone una suspensión sistemática de las pretensiones morales. Así, la lógica del capital presupone pero no realiza varias formas de legitimación normativas.

Esta relectura permite un novedoso intercambio con el planteo de Honneth. En efecto, si las relaciones capitalistas deben ser legitimadas a partir de pretensiones de reconocimiento, sin embargo esto no significa que las realicen de modo básicamente adecuado. En cambio, siguiendo a Postone, puede pensarse que la lógica del capital neutraliza las posibilidades de las personas para mantener relaciones de reconocimiento recíproco, instaurando una dinámica social ajena a las preocupaciones normativas de los sujetos. Así, podría sostenerse que hay formas de denegación de reconocimiento que se fundan en el carácter sistemáticamente fetichizado de las relaciones capitalistas.

En esta relectura permite, como pretenden Doufour y Pineault, poner en diálogo la crítica del capital de Postone y la teoría de Honneth acerca de la denegación de reconocimiento. Si el planteo de este último se acerca más claramente a la experiencia de los sujetos y sus aspiraciones morales lesionadas, el planteo del primero muestra cómo el capital socava de manera sistemática las capacidades de las personas para realizar estas aspiraciones.

Los fundamentos normativos del mercado capitalista

En Redistribution or Recognitition? Honneth despliega su “monismo moral” como alternativa analítica ante el dualismo perspectivo de Nancy Fraser. Para esta última, los conflictos sociales poseen dos dimensiones articuladas en diferentes niveles y grados: la dimensión de redistribución y la de reconocimiento. Se trataría de dos tipos de planteos de justicia social, que demarcan a la vez “paradigmas normativos” y “familias de demandas” diferentes (Honneth y Fraser, 2001, p. 9, mi traducción)11. Si bien las cuestiones de redistribución son habitualmente asociadas a la política de clase y las de reconocimiento a las políticas de la identidad, Fraser sostiene que la mayoría de los conflictos sociales son bidimensionales, esto es, poseen co-originariamente ambas dimensiones articuladas de manera irreductible (p. 19). Honneth, en su contribución a este debate, intenta fundamentar un “marco unificado” a partir del concepto de reconocimiento. Esta noción, sostiene, no adquiere centralidad ante las políticas de la identidad sino que estructura la lógica y dinámica de la lucha social en la modernidad, en tanto permite explicar sus fundamentos normativos. Tanto las políticas de la identidad como las demandas de redistribución están, por tanto, basadas en consideraciones de reconocimiento.

La tesis de la primacía del reconocimiento como marco unificado de los conflictos sociales modernos conduce a una visión fundamentalmente moral de la economía capitalista. Para Honneth, “la esfera institucional del mercado no puede ser entendida como un ‘sistema libre de normas’” (Honneth, 2014, p. 191, mi traducción)12. Construir la economía capitalista como un sistema puramente neutralizado desde el punto de vista moral no permite dar cuenta de los conflictos sociales en torno a la redistribución de ingresos, ni de los fundamentos morales de esos conflictos. Sin una reconstrucción normativa de la lucha económica, es imposible justificar las demandas de redistribución efectuadas “desde abajo” por los actores sociales damnificados cada vez. Si se comprende la economía como un sistema puramente funcional, entonces es imposible dar cuenta de los conflictos de redistrubución donde se ponen en juego efectivamente expectativas normativas.

Honneth intenta la reconstrucción moral de los conflictos de redistribución como aplicaciones distorsionadas del principio de estima. En la sociedad capitalista, las distinciones de estatus se conforman en términos meritocráticos, esto es, como formas de reconocimiento diferenciadas a partir de los logros obtenidos por los individuos. “Con la institución de la idea normativa de la igualdad legal, el “logro individual” emergió como una idea cultural dominante” (Honneth, 2001, p. 140, mi traducción)13. Las diferencias económicas, entonces, se fundarían moralmente en criterios de estima fundados en los logros de diferentes individuos, siendo irreductibles a toda lógica sistémica autonomizada. Las injusticias económicas, por su parte, se deberían a la ampliación ideológica o distorsionada del principio de estima. Los conflictos de redistribución se fundamentan, por tanto, en disputas de interpretación respecto de los logros de individuos o grupos. El proceso conflictivo para establecer qué debe reconocerse como un logro (y en qué medida) es, por tanto, estructurante de la dinámica económica en la sociedad capitalista, ya que no existe forma adecuada de fundamentar las demandas de estima “en algo como un orden funcional, neutral desde el punto de vista valorativo, puramente ‘técnico’” (p. 155, mi traducción)14.

El debate con Fraser remite, a la vez, a la discusión de Honneth con el marxismo. El Marx de El capital, según el autor, piensa dentro del marco utilitarista característico de las corrientes dominantes en la filosofía política de su época, interpretando la lucha de clases como un conflicto por intereses económicos donde la “lesión de pretensiones morales” posee un lugar secundario (Honneth, 1997, p.180). Al omitir las dimensiones morales del conflicto social e ignorar el potencial emancipador de la modernidad ética, el Marx maduro sería incapaz de formular una teoría social crítica adecuada a la dinámica efectiva de los conflictos sociales.

En El derecho a la libertad hay también una discusión con Marx. Honneth considera que el mercado presupone estructuras de reconocimiento, en tanto no puede ser comprendido como un sistema libre de normas. Esas estructuras, sin embargo, no son realizadas de manera adecuada (o completamente adecuada) en la forma efectivamente existente del mercado, entre otras cosas porque los trabajadores no tienen otra opción que la de vender su fuerza de trabajo y por tanto no son “socios contractuales igualitarios” respecto de la clase dominante (Honneth, 2014, p. 195, mi traducción)15, viéndose además sometidos a explotación. La división en clases distorsiona la aplicación del principio de estima, pero eso no implica que el mercado sea como tal inadecuado desde un punto de vista moral. Debido a que “no parece haber alternativas prácticas al sistema económico del mercado” es preciso trasladar el planteo de Marx al de Hegel. En este nuevo planteo se puede comprender los problemas de la explotación y el contrato forzado como “desviaciones de las normas subyacentes al sistema de mercado” (p. 196, mi traducción)16. El mercado, en síntesis, encierra formas de dominación, pero estas pueden ser abordadas inmanentemente a partir de estructuras de reconocimiento. Esta solución inmanente supone la intervención del gobierno en la economía (p. 223) y la resistencia moralmente articulada de las clases populares, que politiza el análisis del mundo del trabajo (p. 227). La crítica social de Marx es cuestionada por partir de una visión economicista de la lucha social (que desconoce su dimensión moral) y por atribuir la explotación y la compulsión a trabajar al mercado como tal, sin confrontarla con las formas subyacentes de moralidad plasmadas en este. Recupera, sin embargo, el “problema Marx” entendido como la necesaria crítica a la explotación entre clases, aunque reformulándolo en busca de soluciones que no cuestionen al mercado como tal.

El fundamento de la reconstrucción moral de los mercados por parte de Honneth, a su vez, es una concepción respecto de las mutaciones normativas acaecidas con el surgimiento de la sociedad moderna. La modernidad subordina las normas tradicionales a principios universalistas de carácter racional, al tiempo que separa las valoraciones de estatus del respeto jurídico igualitario como criterio del reconocimiento. Ya no se reparten diversas formas de reconocimiento jurídico conforme diferentes posiciones sociales jerarquizadas estamentalmente. En cambio, “los derechos individuales se liberan de las concretas esperas de función, ya que (…) deben atribuirse a todo hombre en tanto que ser libre” (Honneth, 1997, p. 136). Con esta serie de transformaciones también mutan las formas de solidaridad. El honor de las sociedades premodernas es igualado y desplazado hacia la estima meritocrática. Las personas, entonces, dejan de ser valoradas por su pertenencia estamental, y pasan a serlo por “poseer capacidades que son reconocidas por los demás miembros de la sociedad” (Honneth, 1997, p. 158). La época moderna constituye, por tanto, el horizonte social-normativo del planteo de Honneth, que cabalga entre consideraciones universalistas e históricamente determinadas respecto de las pretensiones de validez de las acciones humanas.

En síntesis, Honneth formula una crítica al intento de reconstruir el mercado capitalista como un puro sistema funcional neutralizado. En cambio, intenta mostrar que los conflictos económicos, centrados en cuestiones de redistribución económica, se fundamentan en última instancia en consideraciones normativas. Así, la crítica a la aplicación distorsionada del principio de estima ofrecería el fundamento básico de las luchas de redistribución modernas. El marxismo, en esta lectura, es cuestionado como un reduccionismo economicista, que presupone que las personas se mueven por intereses con prescindencia de consideraciones normativas.

Moishe Postone: capitalismo y formas de mediación social

Postone hace una reinterpretación de Marx muy diferente de la de Honneth. Esta relectura rompe con todo economicismo y se dirige al carácter del trabajo, el valor y la mercancía como formas de mediación social modernas. Su relectura de Marx no se centra en los intereses de clase del proletariado ni en las relaciones de mercado, sino que implica una crítica del trabajo en el capitalismo. Podríamos decir, sucintamente, que Honneth, al considerar a Marx como un utilitarista y un crítico del mercado, lo enmarca en lo que Postone llama “marxismo tradicional”. Sus interpretaciones de Marx son básicamente diferentes y explican evaluaciones muy diversas de este legado intelectual.

En su obra principal, Time, Labor and Social Domination (1993), Postone ofrece una nueva interpretación de la “teoría crítica” de Marx. Para Postone el capitalismo es una formación social históricamente determinada que configura una totalidad, gobernada por un principio mediador abstracto (el trabajo) y que posee una dinámica temporal automática (independiente de la voluntad de los sujetos) pero antagónica (sometida a contradicciones sistemáticas e inevitables en su propio marco). La contradicción fundamental de esa dinámica se da entre la creación de riqueza material y la producción de valor. La sociedad moderna produce cada vez más riqueza y proporcionalmente cada vez menos valor. Esto lo vuelve crecientemente contradictorio, lo que anuncia la posibilidad (no la necesidad) de su disolución histórica. Según esta reinterpretación, con el surgimiento del capitalismo y las relaciones mediadas por el trabajo, se dio una transformación de envergadura en la factura misma del ser social, cambiando cualitativamente la manera cómo están estructuradas las relaciones entre las personas.

En las sociedades no organizadas a partir del intercambio universal de mercancías, las relaciones sociales son “abiertas”17. Esto significa que aparecen inmediatamente como tales, como relaciones entre personas o grupos de personas dados. El trabajo, en ese contexto, no es la categoría que estructura el vínculo social, sino que es estructurado por relaciones de otro tipo. Son relaciones de dependencia personal las que estructuran el vínculo social en esos contextos.

El capitalismo se caracteriza porque las relaciones entre las personas dejan de organizarse como vínculos sociales abiertos entre individuos o grupos, para asumir una forma cuasiobjetiva, independiente de las personas y autonomizada frente a estas. “La crítica social del carácter específico del trabajo en el capitalismo es una teoría de las determinadas formas estructuradas por, y estructurantes de, la práctica social que constituyen la sociedad moderna en sí” (Postone, 1993, p. 67, mi traducción)18. El carácter dual del trabajo en el capitalismo funda un nuevo tipo de interdependencia social donde las relaciones entre las personas no aparecen abiertamente como tales y asumen en cambio el carácter de relaciones cuasiobjetivas, que se enfrentan a los sujetos como independientes. “Un lazo social resulta de la función del trabajo como mediación social, uno que (…) no depende de la interacción social inmediata” (p. 154, mi traducción)19.

Postone reinterpreta las categorías marxianas para dar cuenta de la totalidad social en tanto que contradictoria, echando luz sobre la falta de libertad que caracteriza a esa totalidad. El capitalismo como forma social fundada en el trabajo produce ciertas formas de universalidad social alienada, que se contraponen a los individuos como poderes extrínsecos e independientes. Bajo el capitalismo, la existencia en común de los sujetos se les opone como una realidad autónoma, abstracta y ajena, dotada de un movimiento automático. La sociedad, así, emerge como un otro cuasiindependiente, abstracto y universal que se opone a los individuos y ejerce una coacción impersonal sobre ellos. Lo que constituye al capitalismo en una sociedad opresiva no es primariamente la explotación de clase, sino su “forma de trabajo” característica, a saber, el trabajo abstracto, que gobierna las relaciones humanas imponiéndoles una legalidad ajena y aplastante para los individuos.

A partir de lo anterior, la superación histórica del capitalismo no exigiría, según Postone, la realización, sino la abolición de la totalidad fundada en el trabajo. Bajo el capitalismo, la existencia en común de los sujetos se les opone como una realidad autónoma, abstracta y ajena, dotada de un movimiento automático: “la sociedad, como el Otro cuasi-independiente, abstracto y universal que se opone a los individuos y ejerce sobre ellos una coacción impersonal, se constituye como una estructura alienada por el carácter dual del trabajo en el capitalismo” (Postone, 1993, p. 159, mi traducción)20.

Postone y Honneth coinciden significativamente en un punto: ambos comprenden a la modernidad capitalista en términos históricamente determinados. Para los dos, en efecto, el pasaje a la modernidad, que desestructura las relaciones precapitalistas, implica un quiebre histórico de envergadura. La ruptura con la eticidad tradicional de Honneth y el final de los vínculos sociales abiertos de Postone remiten a un proceso común de disolución de las relaciones de dominación personal precapitalistas. Honneth analiza cómo, a partir de ese proceso, se desimbrican las formas de reconocimiento, mientras que Postone se concentra en el surgimiento de un nuevo tipo de mediación social anónimo, abstracto y objetivado. Ambos procesos se dan simultáneamente, en cuanto el nexo social objetivado mediado por el trabajo no es compatible con la perduración de las formas de dominación directa y supone, por tanto, el derecho igual moderno. La separación entre amor, estima y respeto, que organiza la gramática moral de los conflictos modernos, viene por tanto de la mano de la estructuración de un tipo de nexo social objetivado, separado de las personas y que constituye una forma de dominación.

El planteo de Postone permite fundar una crítica de la neutralización de las consideraciones morales en la constitución del capitalismo. Por un lado, como sostiene Honneth, el mercado presupone estructuras normativas. Fundamentalmente, la legitimación de las relaciones de mercado exige que los particulares se vinculen como individuos libres que gozan de respeto jurídico igual y que están en condiciones paritarias de acceder a la estima a partir de logros meritocráticos. A partir de la lectura categorial de Postone se puede sostener que, si los mercados presuponen criterios morales de legitimación, sin embargo obturan sistemáticamente su realización no distorsionada. En efecto, al erigirse el capital en principio mediador de la vida colectiva, las personas se ven menoscabadas en su capacidad de fijar de manera deliberada y consciente aspectos importantes de su forma de vinculación social. Se produce entonces una neutralización sistemática de las consideraciones morales, que no es efecto del proceso de modernización sino que estructura una forma de dominación. El capitalismo es, en esta lectura, irreductible a la “economía de mercado”. No se trata simplemente de que las personas se vinculan mediante del intercambio de equivalentes, sino de que ese proceso de intercambio asume una dinámica automática, autonomizada frente a los particulares y dotada de una finalidad propia (la valorización de capital). Con la erección de la forma social capitalista se neutralizan efectivamente las consideraciones morales, en cuanto las personas ven lesionadas sus capacidades para modificar o cuestionar consciente y deliberadamente sus pautas de vida en común. Así, puede fundamentarse una crítica del capital como forma de neutralización de las capacidades de deliberación y decisión normativas de las personas.

La reificación: ¿una causa o varias?

En las Tanner Lectures Honneth propone una idea de reificación como olvido del reconocimiento, muy diferente de la de Postone. Reformulando las ideas de Lukács, entiende la reificación como una forma de praxis “ontológicamente distorsionada”, que no es un simple error epistémico ni una falta moral sino que compone un “desacierto en la forma ‘propia’ o ‘correcta’ de posicionarse frente al mundo” (Honneth, 2007, p. 19). Repensándola como olvido del reconocimiento, Honneth intenta ofrecer una versión propia de la reificación. La praxis verdadera es reformulada por “las cualidades de la participación y el intercambio” (Honneth, 2007, p. 34). La reificación, ahora, se define por “una relación determinada entre reconocimiento y conocimiento” (p. 94) donde el segundo se unilateraliza respecto del primero, olvidando su origen.

Honneth no considera que la causa de la reificación radique en el intercambio de mercancías como tal. “Qué poco convincente es la equiparación de Lukács entre intercambio de mercancías y reificación” (p. 130). En una argumentación similar a la de Freedom’s Right, sostiene que el mercado realiza una relación básica de reconocimiento recíproco contractual. Honneth sugiere una teoría pluralista de la reificación, que no postula una unidad necesaria entre sus diferentes dimensiones y causas. “Nuestro análisis reveló, al menos indirectamente, que no existe una conexión necesaria entre los distintos aspectos de la reificación” (Honneth, 2014, p. 133). El olvido del reconocimiento no posee una causa estructural única y global sino que se basa en una pluralidad de causas y formas determinadas, locales y diferenciadas.

Postone, casi en las antípodas en este punto, se detiene en el carácter globalmente reificado de la sociedad capitalista, aunque lo atribuye a la forma de trabajo y no al mercado. El principio estructurante del valor, autonomizado respecto de los particulares, configura una forma de coexistencia social entre las personas que no aparece como tal, sino que asume la forma reificada de varias coacciones abstractas. Estas coacciones, en la medida en que la reificación es un fenómeno social real y no puramente un hecho de conciencia, no son meras ilusiones, sino que delimitan las constricciones efectivas de la práctica en la modernidad del capital. La reificación, para ambos, es una forma de distorsión en la ontología de la práctica social. Sin embargo, mientras que Honneth la atribuye a una pluralidad de formas específicas de denegación del reconocimiento, Postone responsabiliza a las categorías fundamentales de la modernidad capitalista (el valor y el trabajo) por ella. En otras palabras, Postone desarrolla una crítica global y radical de las categorías modernas, entretejidas estructuralmente con formas reificadas de vínculo social; mientras que Honneth considera que la reificación es un fenómeno plural, que no posee una causa social única ni está articulada necesariamente con las categorías básicas de la modernidad.

Conclusión

En este trabajo intenté ofrecer una crítica inmanente del monismo moral de Axel Honneth sobre la base de la lectura categorial del capital de Postone. Según la tesis de Honneth en la que el funcionamiento de los mercados modernos debe ser reconstruido en términos normativos ha sido fuertemente discutida por críticos y comentaristas. Pensadores como Fraser o Zurn objetan que la economía posee un funcionamiento sistémico irreductible a consideraciones morales, mientras que Honneth sostiene que, sin presupuestos morales básicos, es imposible dar cuenta de la legitimación social de los mercados. Como ha señalado Zurn, es importante diferenciar entre las formas de legitimación normativas del mercado capitalista, y su funcionamiento efectivo, que asume efectivamente caracteres sistémicos. El mercado se legitima moralmente a partir del proceso de desimbricación de esferas de reconocimiento que caracteriza a la modernidad, donde las personas aparecen como actores libres, que gozan de respeto jurídico igualitario y de valoraciones de estima meritocráticas. Sin embargo, eso no significa inmediatamente que los mercados actualmente existentes funcionen efectivamente a partir de valoraciones de reconocimiento. En cambio, en su dinámica objetivada o sistémica, los mercados asumen lógicas independientes de las personas y sus voluntades, en lo que configura una suspensión efectiva de las consideraciones normativas.

Recuperando la lectura categorial de Postone es posible abordar este debate de manera novedosa, mostrando cómo las relaciones capitalistas presuponen pretensiones normativas cuya realización no distorsionada, sin embargo, son incapaces de cumplimentar. En efecto, con el pasaje a las relaciones sociales objetivadas y anónimas propias de la sociedad capitalista se cumplen a la vez la desimbricación de formas de reconocimiento que da lugar a los conflictos sociales modernos y la erección de una nueva forma de dominación basada en las compulsiones abstractas del valor, el trabajo y la mercancía. La constitución del nexo social objetivado propio del capitalismo presupone, como su anverso, la desestructuración de las formas de dominación personales propias de la eticidad premoderna. La separación de esferas que delimita el respeto legal igual y la estima social meritocrática, por tanto, viene asociada a la constitución de un tipo de mediación social donde las personas son dominadas por las compulsiones objetivadas de la lógica del valor que se autovaloriza. Así, puede sostenerse que las relaciones sociales capitalistas presuponen criterios normativos (la igualdad y libertad personales) que al mismo tiempo distorsionan de manera regular y sistemática (porque la lógica del capital neutraliza las capacidades de las personas para decidir de manera deliberada y consciente respecto de sus acciones). Hay efectivamente una suspensión de las consideraciones morales en los mercados modernos, pero esta no surge de imperativos producto de la modernización sino de la dominación social por el trabajo y el valor. El capitalismo es, por tanto, irreductible a la economía de mercado, en cuanto implica que las personas no solo se vinculan mediante el intercambio de equivalentes, sino que lo hacen en un contexto alienado, donde la dinámica social tiene una lógica y unas metas autonomizadas. El menoscabo sufrido por los sujetos en sus capacidades de acción, por tanto, se articula con la neutralización sistemática de las consideraciones morales en la lógica del capital, en lo que constituye la forma de dominación específica de la sociedad moderna.

Obras citadas

Deranty, Jean-Phillipe (2009). Beyond Communication. A Critical Study of Axel Honneth’s Social Philosophy. Londres: Brill. [ Links ]

Dufour, Fredéric y Pineault, Émmanuel (2009). “Quelle théorie du capitalisme pour quelle théorie de la reconnaissance?”, en Politique et Sociétés. 28, 3 (2009): 74-99. [ Links ]

Fraser, Nancy (2001). “Social Justice in the Age of Identity Politics: Redistribution, Recognition, and Participation”, en Fraser, Nancy y Honneth, Axel. Redistribution ore Recognition? A Political-Philosophical Exchange. Nueva York: Verso. [ Links ]

Habermas, Jürgen (1989) El discurso filosófico de la modernidad. Madrid: Taurus. [ Links ]

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1Perspective dualism. (A lo largo del texto reproduciré en pie de página algunas citas en idioma original, en aquellos casos en que sea necesario para mejorar la claridad de la exposición).

2Unified framework.

3It is not the rise of identity-political demands -let alone the goals of multiculturalism- that justifies recasting the basic concepts of critical social theory in terms of a theory of recognition

4It is not advisable to theoretically isolate purely economic or systemic factors from cultural elements with regard to the capitalist economic order.

5Moral-theoretical monism.

6Harmed workers may feel that they are being disrespected and their achievements denigrated.

7Thee unpredictability and impenetrability of the nexus of unintended consequences.

8Some basic relations of recognition are necessary for the system to function at all, even as system. Even economic systems function.

9The domination of people by abstract social structures that people themselves constitute.

10People do not really control their own productive activity or what they produce but ultimately are dominated by the results of that activity.

11Normative paradigms y families of claims.

12The institutional sphere of the market cannot be understud as a “norm-free system”.

13With the institutionalization of the normative idea of legal equality, «individual achievement» emerged as a leading cultural idea.

14since there is no adequate way of anchoring them in something like a value-neutral, purely «technical» functional order

15Equal contractual partners.

16Deviations from the norm underlying the market system.

17Overt.

18The social critique of the specific character of labor in capitalism is a theory of the determinate structuring and structured forms of social practice that constitute modern society itself.

19A social bond results from the function of labor as a social mediation, which, because of these qualities, does not depend on immediate social interactions.

20Society, as the quasi-independent, abstract, universal Other that stands opposed to the individuals and exerts an impersonal compulsion on them, is constituted as an alienated structure by the double character of labor in capitalism.

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