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Alpha (Osorno)

versión On-line ISSN 0718-2201

Alpha  no.49 Osorno dic. 2019

http://dx.doi.org/10.32735/s0718-2201201900049752 

ARTÍCULO

DESACOPLAMIENTO EN LA ARGUMENTACIÓN: EL BUCLE INTUITIVO DE TOULMIN

Decoupling in Argumentation: Toulmin’s intuitive loop

Cristián Santibáñez* 

*Universidad Católica de la Santísima de Concepción (Chile). csantibanez@ucsc.cl

Resumen:

En este trabajo propongo entender el desacoplamiento argumentativo, esto es, el hecho estructural de la argumentación de presentar algo como dato y luego la misma información como conclusión en otro argumento, como desacoplamiento de representaciones. Para lograr tal aproximación, discuto perspectivas provenientes de teorías cognitivas y evolutivas que describen este fenómeno tanto en comunicación intencional en otras especies como en infantes humanos. Se concluye discutiendo la relación existente entre esta capacidad cognitiva humana y el problema de reflexividad.

Palabras clave: Argumento; desacoplamiento; reflexividad; Toulmin

Abstract:

In this paper, I propose to understand argumentative decoupling, that is, the structural fact of presenting something as data in one argument and then the same information as a conclusion in another argument, as the decoupling of representations. To achieve this approach, I discuss perspectives from cognitive and evolutionary theories that describe this phenomenon in intentional communication in other species, as well as in human infants. I conclude by discussing the relationship between this human cognitive capacity and the problem of reflexivity.

Key words: Argument; decoupling; reflexivity; Toulmin

1. Introducción

La dinámica de los argumentos es una de las preocupaciones que está presente en varios acercamientos, autores y tradiciones de la teoría de la argumentación. Por ejemplo, y para recordar textos fundacionales de la teoría argumentativa del siglo XX, el tratamiento de las falacias de Hamblin (1970) no está fuera de este grupo. Me refiero al hecho argumentativo de que un elemento, llamémosle ahora como se estime -razón, dato, premisa, garante, conclusión, punto de vista o argumento-,1 forma parte de una estructura inferencial con cierta posición inicial, luego en otra con una función distinta, y luego en otra más con un papel diferente respecto de las estructuras precedentes en las que participó. A veces los autores hablan de que un gran argumento, complejo, como diría Hamblin, está compuesto por varios simples; en otras tradiciones o disciplinas, como en el razonamiento legal, este hecho les ha permitido hablar de una figura: el sorites.

Veámoslo de forma simple, inicialmente, mediante la idea de sorites. El sorites consiste en varias proposiciones encadenadas de tal modo que el predicado de la primera se constituye en sujeto de la segunda, el predicado de la segunda en sujeto de la tercera, etc., hasta que el proceso discursivo alcanza un punto (conclusión) en el que se juntan el sujeto de la primera proposición con el predicado de la última: A es B, B es C, C es D, D es E, luego A es E. Ejemplo: los infanticidas son criminales despiadados; los criminales despiadados son peligrosos enemigos de la sociedad; los enemigos de la sociedad deben ser sancionados drásticamente; las sanciones drásticas deben ser ejemplares; el castigo ejemplar por excelencia es la pena capital; luego los infanticidas deben ser ejemplarmente castigados con la pena máxima.

Enfrentados a este singular fenómeno plasmado en nuestra práctica argumental, mi pregunta en este trabajo se puede frasear como sigue: ¿De qué manera este hecho estructural de la inferencia y la práctica argumentativa representa, proyecta, es espejo de, un fenómeno cognitivo y evolutivo de fondo?

La respuesta que elaboraré en las secciones siguientes está en línea con la propuesta de Sterelny (2003) respecto de lo que él llama comunicación translúcida. Es importante recordar que según este autor, los organismos evolucionaron equipados con sistemas de control para efectos de supervivencia en un ambiente altamente competitivo. Estos sistemas de control se presentan de la forma más rudimentaria como sistemas de detección (de fuentes de alimentación, señas de amenaza, etc.) que pueden, con cierto grado de confianza, generar comportamientos adaptativos en ambientes transparentes (a pesar de las contingencias). Dicho de otra forma, en ambientes transparentes cuyas contingencias no hacen variar las señas de manera brusca o significativa, donde el sistema de detección lee (correctamente) el entorno para generar el comportamiento adecuado, la exigencia es menor. Pero en ambientes translúcidos, esto es, aquellos en que una señal puede tener más de un valor y para cuyo efecto de respuesta correcta el organismo se ve en la necesidad de crear un comportamiento más sofisticado, el sistema de detección no es suficiente, por lo que la presión evolutiva genera mecanismos de rastreo robustos. Cuando el ambiente es epistémicamente menos rastreable -que en pragmática y filosofía del lenguaje a este problema se le llama vaguedad-, el organismo crea una conexión entre el rastreo de un aspecto del ambiente con la riqueza de su respuesta comportamental. Esto quiere decir que un agente puede recibir la aparente señal de alarma de que una amenaza se acerca, señal que se asemeja a la cercanía de un depredador, por ejemplo; se dice aparente señal de alarma porque el agente tiene varios elementos que, en su rastreo o escáner, le hacen pensar otra cosa: otros sonidos que entorpecen la claridad de la señal, la imposibilidad de que en ese lugar haya un depredador porque el agente conoce muy bien el lugar -información previa-, o que sabe que en ese ambiente hay emisores de tales señales cuya reputación es la de generar alarmas sin necesidad. La riqueza comportamental del agente que recibe la señal, riqueza que se ha obtenido como tal en parte como herencia, en parte por acumulación y experiencia, y en parte por ensayo y error, le permite responder variadamente según pondere automática o reflexivamente el conjunto de variables. Si se equivoca en su juicio, puede pagar caro su error, pero si no se equivoca también puede ver aumentado sus beneficios.

De modo que una alta flexibilidad cognitiva, cuya debilidad podría ser una extrema sensibilidad a la revisión constante de las posibles respuestas, es una estrategia más poderosa que un mecanismo altamente discriminador entre dos valores (si/no, existencia/inexistencia, etc.). Mientras la primera estrategia cognitiva permite responder de manera multivariable al entorno, pero arriesgando su integridad en función de una interpretación de varios factores a la vez; la segunda permite ahorrar confusiones innecesarias, pero arriesgando su integridad en función de una sobrevaloración de solo un signo que puede ser la estrategia, justamente, de otro organismo o agente para su beneficio.

Pero, como sostuvo Sterelny (2003), para un éxito adaptativo mayor, se requiere un organismo capaz de crear representaciones de las variables en juego en los contextos accionales y comunicativos. Y los sistemas intencionales son aquellos que son capaces de crear representaciones. La característica primordial, no obstante, del uso de esas representaciones por sistemas intencionales sofisticados, como los humanos, es que estos guían sus acciones mediante de representaciones desacopladas, vale decir: registros del ambiente que son relevantes para varias acciones posibles, pero funcionalmente no especifica a ninguna. Una alarma de amenaza, entonces, puede generar huida, cautela, defensa, indiferencia, según se cruce con información precedente, otras variables contextuales, experiencia.

Ahora bien, como ya se apreciará, mi respuesta a la pregunta instalada se orienta con la noción de representaciones desacopladas. Un dato, razón, premisa, garantía, apoyo, punto de vista, etc., son registros del ambiente, en el dominio de las creencias para la acción, relevantes a diferentes cursos del hacer, cuyo lugar estructural y dirección de ajuste dependerán tanto de los usos colectivos y cierta normatividad adherida, como de la motivación, atención, intenciones y trasfondo cultural de los agentes involucrados en la empresa de convencimiento y acción. Son registros multiorientados no funcionales a ninguna creencia, curso de acción, conclusión o resultado particulares. Creo que allí nuestra plasticidad cognitiva se expresa de forma nítida y real; es esto lo que nos hace ser criaturas intencionales sofisticadas.

2. Desacoplamiento representacional: ¿qué es?

Si hiciéramos un ingreso lexicográfico al concepto desacoplamiento, daríamos con una deriva que nos puede alejar un poco del uso que cognitivamente tiende a dársele. Desacoplamiento lexicográficamente refiere a una separación de partes de una unidad que funcionalmente pueden realizar un distanciamiento de sus constituyentes sin que, en principio, ninguno de ellos quede dañado, sino que por el contrario obtienen una autonomía. Ahora bien, y como ya se ha dicho, en el caso cognitivo se trata de representaciones que se distancian de usos precedentes, pero dentro de un contenedor cerebro-mente que puede reintegrarlos a sus usos pretéritos, por lo que su autonomía o es contextualmente dependiente, o es funcionalmente orientada por metas, o ambos a la vez.

Tanto Sterelny (2003), como su crítico Christensen (2010), reconocen que fue Godfrey-Smith (1996) quien llamó la atención sobre la necesidad de pensar más detenidamente cómo la complejidad ambiental selecciona comportamiento flexible. Para avanzar en esto, los autores mencionados coinciden en que la respuesta flexible de un organismo a la variación ambiental es adaptativa cuando los beneficios de detectar la variación y la respuesta hacia ella, superan los costos. Frente a esto, la posición de Sterelny es ir describiendo una sucesión incremental de formas complejas de control sensomotor, partiendo de sistemas de detección que muestran respuestas adaptativas específicas a señales particulares del ambiente. Un agente solo detector está, consecuentemente, equipado con sistemas de detección (un organismo, por ejemplo, que ha refinado su olfato para detectar amenaza con un determinado olor). Como bien lo sintetiza Christensen (2010), estos organismos se comportan funcionalmente de forma imperativa. Si se escala en la complejidad comportamental, el siguiente escalón es rastreo robusto, que incorpora el rastreo de características relevantes del ambiente usando varias indicaciones cruzadas (desde el ambiente mismo a la experiencia acumulada por el organismo). Se culmina, cognitivamente hablando, con la disposición de representaciones desacopladas, que Sterelny define como: …internal states that track aspects of our world, but which do not have the function of controlling particular behaviors (2003, p. 29).

Una subdistinción importante se agrega, en la visión de Sterelny, respecto de la evolución de la motivación, dimensión que es también clave para la formación de creencias en el linaje humano. Es la distinción entre guías y preferencias que explicaría la complejización motivacional de los agentes cognitivos. Mientras las guías son formas de control motivacional no representacionales, las preferencias representan las metas de las acciones y se pueden formar y modificar por medio del aprendizaje. Las motivaciones basadas en guías serían inadecuadas cuando el reportorio comportamental del animal incluye muchas opciones y debe acceder a una amplia variedad de fuentes ecológicas. Esto es, a mayor repertorio en función de un ambiente variado, mayor desarrollo de preferencias, vale decir, selección. De modo que las representaciones desacopladas están en línea con las preferencias, ya que las primeras incrementan el número de comportamientos respecto de los cuales una discriminación sensorial se proyecta.

De acuerdo con esta forma de ver las cosas evolutivamente, el sistema de detección es filogenéticamente más restringido que el rastreo robusto, y este último a su vez respecto de las representaciones desacopladas.2 Estas se encuentran en especies con alta adaptabilidad, esto es, luchando con la variabilidad ambiental (particularmente en el humano que debió lidiar con ambientes hostiles, agresivos y con frecuente competencia por fuentes de sobrevivencia). Desde el punto de vista ontogenético humano, una manera simple de obtener comportamiento flexible -vía la enseñanza, por ejemplo- es, como indica Christensen (2010), hacer de la producción de comportamiento algo sensible a la historia reciente de respuestas. Así, en el caso de la habituación, la producción de las respuestas declina con la presentación repetida del estímulo, mientras que en el caso de la sensibilización, incrementa. La nota de realidad, considerando nuestra situación agonística por naturaleza, y respecto de la cual nuestra facultad argumentativa es solo un refinamiento cognitivo más, es que si el animal humano requiere aprender, es porque no vive en condiciones de transparencia. Esta es una de las causas por las que el aprendizaje social es tan extremadamente importante para nosotros3.

3. El caso como capacidad cognitiva general en infantes

Baillargeon et al. (2013) describen el sistema de razonamiento infantil compuesto por dos subsistemas. El subsistema 1, de acuerdo con estos autores que abogan por la hipótesis de la acción conjunta para explicar el entendimiento de las creencias falsas en pequeños, le permite a los niños atribuir a los agentes con los que interactúa tanto estados motivacionales (metas, disposición) y estados epistémicos (lo que sabe y no sabe el agente con quien comparten la escena en conjunto). El subsistema 2 extiende el 1 permitiendo que se atribuyan estados contrafactuales a los agentes, incluyendo en estos estados creencias falsas y creencias pretendidas. Cuando el agente enuncia información sobre la escena que es incompatible con la información disponible para el niño, el sistema 2 permite que el infante se represente estas divergencias. Este mecanismo desacoplador, o desacoplado, permite específicamente crear una representación separada de la escena incorporando la creencia falsa o la creencia pretendida del agente, facilitando con esto que el infante prediga e interprete las acciones del agente. Las razones del equipo de Baillargeon para plantear esta división van desde evidencia neurofisiológica, hasta la dificultad que tienen personas con autismo para representarse creencias falsas o pretendidas en los agentes con los que interactúan, mostrando una incapacidad para desacoplarse del ambiente directo.

El espectro funcional del subsistema 2, concebido como la capacidad cognitiva de cambiar de perspectiva y adoptar la del agente, inhibir información y desacoplarse de lo inmediato, directo y transparente, es grande y de importancia fundamental, que va desde incorporar momentáneamente creencias falsas hasta participar en mundos pretendidos. Los autores atribuyen un rol clave a esta capacidad cognitiva en la evolución de grupos y sus miembros; dicho de otra forma, el subsistema 2 se generó por una presión evolutiva de mantener la positividad del grupo al que se pertenece. Por positividad se quiere decir: prevenir confrontaciones agresivas, evitar dolor y emociones embarazosas, suavizar situaciones incómodas, expandir sentimientos de confianza.

Si recordásemos literatura de otras disciplinas, uno podría pensar que en esta idea de subsistema 2 se hacen eco las ideas goffmanianas de actuaciones, rituales, guiones, etc. Obviamente, el subsistema 2 no solo nos ayuda a actuar así, sino que también nos ayuda a entender y aceptar, y actuar consecuentemente luego, con lo que hacen otros equipados con el mismo mecanismo. Baillargeon y su equipo ha realizado experimentos de varios tipos con infantes para probar esta hipótesis de la acción conjunta, que les hace incluso entender por qué, a nosotros los humanos, no nos importa tanto a veces el engaño, y aceptamos cosas falsas y pretendemos desde sentimientos hasta creencias.

4. El caso en los argumentos: el bucle de Toulmin

Pareciera me he alejado de los tecnicismos propios de la teoría de la argumentación. Aquí vuelvo, no obstante, de forma llana en relación con el problema de la manifestación argumentativa de las representaciones desacopladas. Véase el siguiente texto, que es un ejemplo de Rivano (1999):

Desde hace dos años que nuestros Vigilantes Privados reciben la misma remuneración, en consecuencia, que el IPC anual fue del orden del 17%. Considerando que ellos, como cualquier persona, sufren de apremiantes necesidades, solicitamos a usted autorizar el aumento de su cuota mensual en $1.000 (mil pesos), lo que además nos respaldará para exigirles aun más en sus funciones.

Según Rivano, se trataba de una carta, o comunicado, real emitido por el comité de una comunidad que vivía en un edificio. Es un texto que contiene notas -exóticas- de la cultura chilena, tanto de la formal como de la informal. Explicándola brevemente, se trata de un texto argumentativo que pide una acción determinada justificándola con algunas razones y estrategias retóricas, como cualquier analista podría detectar con facilidad. Lo que importa es la parte estructural, primero, y luego el contenido. Aplicando el esquema de Toulmin (1958), se obtiene lo siguiente:

Figura 1 Argumento principal Caso o alegato4  

La diagramación muestra que en el texto argumentativo se estarían utilizando tres datos en el argumento principal para sostener la pretensión expresamente comunicada. Esta última, en el marco de un diálogo argumentativo, impone al receptor, si está abierto a las buenas razones -y en este caso dos de ellas lo son-, una aceptación y, luego, un convencimiento. El dato 3 es una razón débil o, derechamente, una mala razón, ya que es más bien una maniobra estratégica que apela tanto a las emociones -la compasión- como a lo supuestamente popular, y lo hace de forma innecesaria y manipulativamente. Pero, como se ha dicho, es la parte estructural la que importa, ya que lo fundamental vendría en lo implicado en la misiva, y que se puede desplegar como sigue en tanto segundo movimiento del argumento principal:

Figura 2 Juicio o sentencia (esquema de acción, Rivano, 1999, p. 38) 

La garantía en esta reconstrucción orientada a la acción específica (falta que se diga: ¡deposite de inmediato!), es la conclusión de la reconstrucción del argumento alegato. Es garantía porque pasa a ser una regla de pasaje en virtud de la aceptación colectiva del contenido de una creencia que ordena potencialmente muchas acciones relativas al dominio, o campo argumentativo, en la que está operando. Nótese que también, y de acuerdo con las reconstrucciones, o variaciones particulares que se hagan, la conclusión del argumento alegato puede ser un dato en el argumento sentencia5.

Permítase una digresión para explicar este hecho desde otro punto de vista. Creo que esta reconstrucción argumentativa (pasar de una constatación de cómo estamos y cómo nos comportamos, a que ese comportamiento funcione normativamente) describe bien la función status de las declaraciones en tanto reglas constitutivas de un grupo (Searle, 2010; Santibáñez, 2012). Ahora bien, creo aquí podría estar encapsulada una explicación de cómo se proyecta un funcionamiento de la cognición humana en términos de su manifestación en el uso concreto de representaciones (creencias y otros estados intencionales), para coordinar cooperativamente las acciones por medio del convencer.

La información desacoplada en el contexto de la coordinación argumentativa va ocupando distintas funciones estructurales en los argumentos, y lo hace ordenadamente refiriéndose un argumento a otro, en lo que llamo un bucle argumentativo. Si se permite una analogía pictórica, ese bucle es como la mano que dibuja la mano de Escher.6

La pregunta siguiente sería cuán extendido puede ser ese bucle, y la respuesta, aunque obvia, bien vale explicitarla claramente: dependerá tanto de la destreza del hablante como de los contenidos que se transan, las acciones que se buscan, y las metas del diálogo argumentativo (Walton & Krabbe, 1995) en el que se manifiesta la cadena argumentativa en cuestión. Esto último muestra también otro aspecto del funcionamiento argumentativo de la mano de las representaciones desacopladas, a saber, que ellas van reproduciendo y asegurando los compromisos semióticos que hacen emerger los supuestos y valores compartidos comunitarios que se fijan por cierto tiempo (Enfield, 2013). La transmisión cultural que la actividad argumentativa permite cuando se utilizan representaciones desacopladas sería como sigue: una vez convencidos colectivamente de un cierto contenido, estamos autorizados a utilizar ese contenido como regla -o como dato si aún no tiene la fuerza colectiva- de nuestro comportamiento grupal. ¿Cuál es el límite para los contenidos colectivos que normativamente funcionan como regla-constitutiva por ejemplo? El límite son las representaciones equivocadas, inverosímiles, apoyadas débilmente por razones, cursos de acción no productivos o dañinos.

Estos límites dan cuenta, al nivel del contenido -la información-, del problema de la función próxima, esto es, de las cosas que sirven para enfrentar obstáculos generacionalmente cercanos. Pero hay una explicación de mayor alcance, desde el punto de vista evolutivo, de por qué requerimos representaciones desacopladas. Esta explicación responde al problema de la función ulterior, que encuentro en Henrich (2016), pero que él no titula como tal. Y la idea es que las representaciones desacopladas constituyen una estrategia para la construcción y mantenimiento de cerebros colectivos. Esta tesis Henrich la desarrolla dando cuenta de distintos logros tecnológicos culturales de los humanos, para sostener que la evolución cultural en los últimos 200 mil años está dirigiendo la evolución genética. A mayor tamaño y densidad de conexiones y relaciones grupales, mayor cantidad de logros tecnológicos y soluciones, que repercute en agentes individuales mejor equipados cognitivamente: por ello nuestra generación está mejor equipada que la de mi madre, y la de mi hijo estará mucho mejor que la mía. Mi énfasis aquí, entonces, es que las representaciones desacopladas son propias de especies densamente interconectadas que permiten a sus usuarios ser parte de más grupos ecológicamente diferenciados -por edad o generación, clase social, nivel educacional, variación cultural-.

Las representaciones desacopladas facilitan al agente reconocer el poder normativo de un tipo de contenido en un grupo, cuando observa por ejemplo qué funciona como garantía, o utilizar ese contenido, cuando observa qué fluye como dato, para efectos de reforzar su meta particular. Así, las representaciones desacopladas, funcionando distintamente, son proyección de la estrategia evolutiva estable de rastreo robusto, flexible comportamentalmente. Esta flexibilidad de doble cara -como el rostro de Juno- asegura además una variedad o dispersión potencial. El uso argumentativo de estas representaciones desacopladas genera el entendimiento y aceptación de los contenidos que acarrean. La argumentación es la herramienta tecnológica, cognitivamente hablando, que permite el aprendizaje, aprehensión y comunicabilidad de representaciones desacopladas.

5. Conclusiones: ¿recursividad?

Recursión es la característica excluyente que nos distingue del resto del reino animal. Así de tajante es la posición de Corballis (2011, 2014, 2007a, 2007b). Chomsky (Berwick & Chomsky, 2016) siempre tuvo una idea similar, aunque referida a la facultad estrictamente lingüística, particularmente como una propiedad sintáctica. El punto es que pareciera ser que la manifestación de las representaciones desacopladas, en tanto ellas ejercitan, muestran, accionan, una estructura o capacidad cognitiva de fondo, es sinónimo, o parte, de la recursividad.

Lo interesante, para mis propósitos, por cierto, es que en la explicación que da Corballis del fenómeno, convergen varias dimensiones que ya se han discutido. Los nuevos elementos que añade este autor dicen relación con que en el funcionamiento de la memoria episódica, en cierto momento del Pleistoceno, se empieza a concebir el tiempo de un modo distinto, se genera la capacidad de viajar mentalmente en él, y se desarrolla decididamente el talento humano mindreading. Corballis (2011, pp. 5-6) define operativamente recursión, dejando de lado la simple repetición y la iteración, como: One of the characterisctics of recursion, then, is that it can take its own output as the next input, a loop that can be extended indefinitely to create sequences or structures of unbounded length or complexity. In practice, of course, we do not get caught up in infinite loops, life is simply too short for that. El acento en lo práctico, en relación con que los loops estarían limitados por cuestiones de necesidades contingentes, está también vinculado con la explicación misma de la formación de esta característica cognitiva: la planificación con y en el tiempo (jugar con información del pasado, el presente y el futuro en nuestras comunicaciones, por el medio simbólico que fuera)7 habría generado estructuras y procesos incrustados de (auto)referencia para mantener la consistencia y coherencia de las experiencias, visiones y opiniones sobre los fenómenos de uno y del entorno en términos temporales. Obviamente, esta capacidad es un logro evolutivo sin igual, ningún primate, hasta donde se tienen noticias, ha demostrado domesticar este talento cognitivo.

Para mayor claridad, un ejemplo que da Corballis:

Tenemos otro ejemplo en una parodia anónima de la primera línea de una conocida novela de Edward Bulwer-Litton, titulada Paul Clifford: La noche era oscura y tormentosa, y le dijimos al capitán, “¡Cuéntenos una historia!”. Y ésta es la historia que contó el capitán: “La noche era oscura y tormentosa, y le dijimos al capitán, ‘¡Cuéntenos una historia!’. Y esta es la historia que contó el capitán: ‘La noche era oscura...’”. En términos computacionales, la recurrencia (también llamada recursividad o recursión) es un proceso que hace invocación de sí mismo, o que alude a un proceso similar. En el ejemplo del “No fijar carteles”, el aviso, aunque sea inadvertidamente, hace referencia a sí mismo, mientras que, en la parodia de la novela de Bulwer- Lytton, el cuento del que se habla en el cuento es el propio cuento (2007b, p. 78).

Este es un ejemplo que demuestra el caso en términos narrativos y, si se prefiere, en términos finalmente lingüísticos. ¿Pero qué pasa al nivel del pensamiento, la mente, o la operación cognitiva subyacente? La respuesta, de acuerdo con la visión de Corballis, está en la teoría de la mente. Y esta hebra explicativa me permite traer a mano, aunque sea brevemente, la discusión en torno al reconocimiento de falsas creencias en los niños.

Para que el niño/niña pueda otorgarle algún deseo/creencia/intención al actor o protagonista del diseño experimental -trátese este de un ocultamiento de un dulce/juego en una caja distinta, o de hacer pasar un objeto como otro en virtud de una función similar/disímil a ser utilizado o reconocido por tal actor-, debe estructurar la secuencia incrustada de que él/ella sabe que el actor cree que el dulce está en la otra caja. Corballis (2011, p. 133) sobre el asunto es claro y directo, ya que para él la teoría de la mente It is recursive, in the sense that it involves the insertion of what you believe to be someone else’s state of mind into your own. Aquí se ayuda con la propuesta de Dennett (1983, 1996) para profundizar en el proceso de complejización evolutivo de los agentes u organismos intencionales, en el sentido de que, precisamente, el tercer nivel de intencionalidad que Dennett distingue, que corresponde al agente cognitivo humano, corresponde a aquel que es capaz de incrustar en su intencionalidad la intencionalidad del otro, en el ámbito de la creencia por ejemplo, de que ese otro sabe lo que el primero cree para él. Para Corballis en el segundo nivel de intencionalidad, que distingue Dennett, ya se da comienzo a la teoría de la mente. Esta posibilidad de hacer compleja la intencionalidad manifestada en operaciones recursivas, se genera también por, o en paralelo con, el aumento de la vida social, es decir, por el aumento del número de interacciones y el recuerdo que debemos tener de ellas, con lo que la potencia y alcance de la memoria episódica se expande.

Véase desde ya que la facultad argumentativa, en su diseño recursivo, vale decir, yo sé que él sabe que yo evalúo sus razones, está en línea de expansión con el caso recursivo de atribución de creencias, u otros estados intencionales, de que ese otro sabe lo que el primero cree para él.

Desambigüemos algo más los últimos párrafos. Primero, respecto de la imposibilidad cognitivo-estructural de los primates de manifestar recursión a nivel comunicativo, algo de vacilación cabe cuando consideramos la capacidad manipulativa y de engaño para obtener un beneficio, que supone, al menos, nivel 2 de intencionalidad (un chimpancé manipula un llanto para lograr una empatía y así obtener más comida, por ejemplo). Segundo, respecto de la relación entre representaciones desacopladas y recursión, el vínculo, de similitud vis à vis o de elemento a conjunto, se esclarece cuando la explicamos mediante la noción de bucle, y para ello bien cabe el refraseo de Corballis (2007b, p. 83) acerca de la explicación de Dunbar del pensamiento religioso: “El bucle recursivo necesario sería de este tenor: Yo supongo que usted piensa que yo creo que existen dioses que tienen la intención de influir en nuestro futuro porque esos dioses comprenden lo que deseamos”. Es decir, el bucle recursivo en el ámbito narrativo vincula estados mentales en tanto estados intencionales constatados, mientras el bucle argumentativo une inferencialmente información para orientar estados intencionales constatados. Una nota especulativa aparte, y quizás como un tema para una agenda futura de investigación, es que la argumentación es un shortcut respecto de la narración para efectos de influencia. Una narración afecta influyendo a los oyentes de una u otra forma, pero la argumentación lo hace de forma más económica. Es una economía, digamos, como conquista filogenética, porque en términos próximos, argumentamos muchas veces para desviar la atención o hacer que el camino sea, en efecto, más largo. Con todo, las representaciones desacopladas demuestran una versatilidad cognitiva a la base que la práctica argumentativa atrapa o despliega. Las representaciones desacopladas, en interacción argumental se muestran como una estrategia evolutiva estable en el ámbito cognitivo humano, combinando adecuadamente la novedad, vía la selección estratégica de un hablante respecto de un trozo informativo -algo como dato, algo como garantía, por ejemplo-, con convencionalizaciones de ciertos contenidos informativos: la seguridad colectiva de que algo sí funciona como garantía en varios contextos, pero no específico a ninguno.

Agradecimientos

Este trabajo forma parte de los resultados de la investigación Fondecyt Regular Nº 1170492

Obras citadas

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1Tanto los términos como los vínculos entre los términos, varían de acuerdo con el tipo de teoría o referencia; así por ejemplo, tenemos la relación razón-punto de vista en la pragma-dialéctica, dato-pretensión en el esquema toulminiano, endoxón-dato-principio-conclusión en el acercamiento de la escuela de Lugano, etc. Incluso desde un ángulo de la filosofía de la acción hay matices interesantes, como se observa en la propuesta de Korsgaard (2017) cuando habla de razones sustantivas, en vínculo con la facultad de la razón y los principios de la racionalidad que tales razones sustantivas movilizan. Es cierto, se debe tener cuidado respecto de mezclar inadvertidamente elementos de una estructura (datos o razones) con la estructura en vínculo (el argumento compuesto por razón-punto de vista).

2Dejaré fuera la rica discusión que desarrolla Christensen (2010) en su crítica a Sterelny, en relación con el problema de la ambigüedad y sinonimia en señales y comportamiento consecuente. La ambigüedad se da cuando múltiples condiciones ambientales mapean con una discriminación sensorial, y sinonimia cuando una condición ambiental dada mapea con múltiples discriminaciones sensoriales.

3Un acercamiento informado desde el punto de vista evolutivo del aprendizaje social humano y en primates, es el que entregan Hoppitt & Laland (2013).

4Sigo en la conceptualización caso o alegato la idea de Rivano (1999, p. 37), pero con variaciones importantes respecto del rol de algunos enunciados del texto argumentativo bajo análisis.

5He dejado de lado todo el análisis pragmático y retórico que se puede hacer de este ejemplo, no está dentro de los objetivos profundizar en estos aspectos.

6La litografía de Escher, que data de 1948, en realidad se titula Drawing Hands, algo así como dibujando manos.

7Corballis (2011, p. 7) siguiendo a Pinker y Jackendoff en esto, distingue entre una estructura recursiva y un proceso recursivo. Mientras la primera puede ser producto de un proceso recursivo que en sí misma no tiene porque ser leída como recursiva (como en el caso azaroso de rutinas musicales incrustadas), el segundo es manifestación de operaciones de incrustación que intencionalmente un sistema tiene para generar sentido.

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