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Psykhe (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-2228

Psykhe v.13 n.1 Santiago mayo 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22282004000100016 

 

PSYKHE 2004, Vol.13, Nº 1, 197-204

CONFERENCIA

Cincuenta Años de Psicología en la Universidad Católica

Fifty years of Psychology at the Catholic University

Luis Bravo
Pontificia Universidad Católica de Chile

Dirección para Correspondencia



RESUMEN

El objetivo de este artículo es recordar las raíces de nuestra Escuela de Psicología de la Universidad Católica y sus primeros años, especialmente las circunstancias de su creación y sus nexos con la psicología europea. Ella se creó en 1954, primero como Departamento de Psicología de la Facultad de Filosofía, Letras y Educación de la Universidad Católica. Dependía del Instituto de Pedagogía. Posteriormente, este mismo departamento se transformó en 1957 en la actual Escuela de Psicología, cuyo cincuentenario se cumplirá en tres años más.


El Origen Social de la Psicología Chilena

El origen de la psicología chilena y de nuestra universidad no fue independiente del origen y desarrollo de la psicología en Europa, la cual a su vez, fue un reflejo de los grandes cambios culturales y científicos ocurridos hace ciento cincuenta años en ese continente. Por otra parte, también fue una resultante de las inquietudes sociales que hubo en Chile a comienzos del siglo XX. En consecuencia, para recordar mejor nuestras raíces profesionales y científicas es conveniente comenzar por hacer una breve reseña de las inquietudes sociales chilenas, dentro del contexto de los grandes cambio culturales que ocurrían en el mundo, para luego mencionar algunos hitos o puntos de referencia donde hubo un intercambio generador entre la psicología europea emergente y la psicología chilena en gestación.

La primera mitad del siglo XX fue una época socialmente agitada para Chile, debido a las tensiones derivadas de las odiosidades producidas por la guerra civil de 1891, la crisis del salitre, la cesantía y los primeros movimientos obreros organizados. Todos ellos hicieron emerger conflictos profundos en la sociedad. Parece que el punto de referencia de esta dinámica de nuestra historia hubiera que colocarlo en 1910, año del Centenario de nuestra República y su independencia de España. Ese fue el momento propicio que encontraron algunos intelectuales y políticos chilenos para hacer un ejercicio colectivo de autoevaluación crítica de nuestro pasado como república independiente. Surgieron las interrogantes: ¿Quiénes somos?, ¿De dónde venimos?, ¿A dónde nos dirigimos? Preguntas que reflejan una búsqueda colectiva de una identidad formulada por varios pensadores de la república adolescente que llegaba a su mayoría de edad. Al cumplir Chile cien años como república la necesidad de definir nuestra identidad psicológica y cultural surgió en múltiples artículos y libros, del mismo modo como se hacen estas preguntas los adolescentes al cumplir la primera década de su vida (por ejemplo, el libro "La Raza Chilena" de Palacios). Chile era como un país adolescente que empezaba a mirarse a sí mismo desde una perspectiva diferente y trataba de superar los esquemas coloniales, conservadores y religiosos en que había sido educado. En este empeño muchos buscaron una autoimagen nacional que configurara en una unidad aparente, la heterogeneidad social y étnica de nuestro país.

Esta no fue una problemática que se planteara y discutiera solamente en la tranquilidad de los trabajos académicos de seminarios y simposia o en debates políticos. Ella se producía en medio de un fuerte proceso de transformación social proveniente de la inmigración masiva de los habitantes de los campos a las ciudades, con la consecuente proletarización de los campesinos, que venían a Santiago a pedir trabajo y pan. La cesantía también empezó a golpear a miles de chilenos por el cierre progresivo de las salitreras después de 1914. Esta situación se agravó luego, con las ondas en expansión de la gran crisis económica de los años veinte, la que no sólo arrojó algunos millonarios desde las ventanas de los edificios de Wall Street, sino que llegó hasta nuestras costas y derribó al gobierno constitucional de Alessandri Palma, dando origen a una nueva Constitución, que trató de superar la cultura colonial subyacente, separando a la Iglesia del Estado y disminuyendo el peso de los grupos económicamente más poderosos con un modelo de gobierno presidencial en vez de parlamentario. En esos años, la "cuestión social" fue un tema central del debate cultural chileno, abriendo infinitas discusiones y estudios sobre la pobreza, la desigualdad, el analfabetismo, la carencia de casas, y las enfermedades sociales. Por otra parte en esos años se despertó la preocupación por la educación y la creación de una enseñanza primaria obligatoria, como una manera eficaz para disminuir el analfabetismo y mejorar la preparación de la gente para afrontar los nuevos desafíos de la producción. Como un ejemplo de esta preocupación en el campo psicológico y educacional, en esos mismos años se abrieron las primeras escuelas para niños retardados mentales. En otras palabras se buscó para Chile un Estado que asumiera la responsabilidad social de dar a todos "pan, techo y abrigo", como decía la propaganda presidencial de Aguirre Cerda.

Bajo estas inquietudes sociales aparecieron algo más tarde las primeras publicaciones de los psicólogos chilenos, quienes prefirieron trabajar en las áreas sociales, especialmente de la salud y de la educación. Esas inquietudes aparecen reflejadas en las primeras publicaciones de los psicólogos. En los Archivos del Instituto de Psicología de la Universidad de Chile (1944) figuran trabajos sobre las "Características psicosociales del niño chileno abandonado y delincuente" de A. Iturriaga y Quezada; "El desarrollo físico del niño chileno abandonado y delincuente" de A. Hernández y V. Santibañez; e "Ideales de vida de los estudiantes secundarios" de E. Orellana. Ellas señalan una preocupación por la realidad psicológica y social de los niños y jóvenes que vivían en condiciones de marginalidad, abandono familiar, vagancia y delincuencia. Por otra parte, en 1941, cuando se creó el Instituto de Psicología de la Universidad de Chile, esas mismas inquietudes aparecen escritas en sus objetivos, definidos así por A. Iturriaga: "desarrollar las aplicaciones de la psicología a problemas pedagógicos, sociales, jurídicos y médicos, desde el punto de vista nacional" (en Instituto de Psicología de la Universidad de Chile, 1944). Los objetivos señalados indican la intención de desarrollar la psicología chilena con un fuerte énfasis en la realidad social que se vivía en esa primera mitad de siglo. Esta inquietud por la psicología como ciencia, que contribuyera a solucionar los problemas sociales del momento culminó con la profesionalización de la misma y la creación de las primeras escuelas universitarias y del título profesional de psicólogo al comenzar la segunda mitad del siglo.

Esas publicaciones pueden considerarse precursoras de las investigaciones psicológicas en un momento en que todavía no existían los psicólogos profesionales. En la naciente Universidad Católica esta inquietud tuvo una connotación más bien filosófica con la publicación en 1900 de un tratado sobre "El Hombre, como persona psicológica, social y religiosa" de Rafael Fernández Concha (1900), profesor de filosofía en esta Universidad.

El Inicio de la Psicología Chilena y el Contexto Internacional

La inquietud intelectual por la investigación psicológica que precedió a la fundación de las carreras de psicología estuvo relacionada con los descubrimientos científicos que revolucionaron el pensamiento del siglo XIX y motivaron a estudiar la realidad humana desde una perspectiva diferente a la filosofía y a la biología tradicional. En primer lugar, estuvo la Teoría de la Evolución, de Darwin, que abrió numerosas interrogantes sobre el papel que cumplen las funciones psicológicas en el proceso de adaptación al medio ambiente y sobre las diferencias entre los seres humanos y las especies inferiores en el proceso de la filogenia. Esta preocupación motivó a algunos científicos ingleses, como Galton, para iniciar estudios de psicología comparada, primero entre hombres y animales y luego estudiando las diferencias de las personas entre sí. La influencia de esta corriente, se manifestó en que la nueva ciencia psicológica debería tener una base biológica y ser diferencial. El estudio de las diferencias humanas se hacía a partir de las múltiples variedades de respuestas -cognitivas, verbales, psicomotrices- que era posible encontrar frente a los desafíos ambientales y a los estímulos de distinto orden que las originan. La importancia de las bases biológicas de la psicología se manifestó varias décadas después en las investigaciones de Piaget. En Chile aparecieron, en la década de los años sesenta, numerosas tesis en psicología que se han desarrollado mediante estudios diferenciales entre grupos y con la aplicación del modelo piagetano de desarrollo. La teoría de Darwin también influyó en la psicología de Hull, quien consideró la situación ambiental e interaccional del organismo como base de su teoría del aprendizaje y de las leyes de conducta social, tanto para los hombres como para los animales, corriente psicológica que tuvo sus seguidores en la Universidad de Concepción.

También en esos años en Viena, a partir de la neurofisiología y de la neurología clínica, Freud iniciaba su fascinante viaje de descubrimiento del inconsciente, lo cual marcó profundamente la psicología clínica chilena. El mismo Freud (1948) lo expresa en su Historia del Movimiento Psicoanalítico al mencionar entre sus primeros seguidores a un doctor Germán Grebe de Valparaíso. El psicoanálisis se desarrolló primero en las facultades de medicina, como una corriente psicológica separada de los primeros laboratorios experimentales y de la creación de las escuelas de psicología. Su integración en la psicología chilena se ha efectuado principalmente a través de los aportes que hicieron algunos psicoanalistas a la formación de los primeros psicólogos clínicos y de las prácticas psicológicas clínicas en psiquiatría, una vez que fueron creadas las escuelas pertinentes. Como ejemplo de esta influencia del psicoanálisis en la psicología chilena fue la utilización de la Clínica Psiquiátrica Universitaria, dirigida por el psicoanalista Ignacio Matte Blanco como centro de práctica para los alumnos. Esta clínica aportó como profesores de los primeros psicólogos en ambas universidades a los médicos Fernando Oyarzún, Otto Kernberg, Ramón Ganzaraín, Claude Leclerc y Guido Solari entre varios otros. Ellos dieron una fuerte impronta psicoanalítica a la formación clínica de los primeros alumnos.

El inicio de la psicología en Alemania y Francia, también estuvo influida por los descubrimientos de la neurofisiología y de la fisiología experimental sobre la naturaleza eléctrica de la transmisión de los impulsos nerviosos, las sensaciones y percepciones, los reflejos, la fisiología del cerebro y la localización cerebral. Todos esos descubrimientos despertaron inquietud por utilizar en psicología los mismos métodos experimentales, que permitieran conocer empíricamente el funcionamiento de la mente y de la conducta humana. En esa perspectiva, Wundt publicó en 1874, su obra "Elementos de Psicología Fisiológica" en la cual trató de integrar los aportes de la fisiología experimental con la "observación interior", aplicando el método de la introspección como base del conocimiento de los estados de conciencia. El mismo fundó en 1878 el primer laboratorio de psicología experimental, en la Universidad de Leipzig, dando así una sede científica a la nueva ciencia psicológica. Muchos consideran que esa fecha indica el nacimiento de la psicología experimental. El objetivo de Wundt era analizar los procesos conscientes descomponiéndolos en "elementos" más simples y tratando de determinar cómo dichos elementos se relacionan y se conectan entre sí. Con Wundt podemos establecer una relación entre la psicología chilena en gestación y la nueva ciencia psicológica alemana, con la creación de un laboratorio de psicología experimental en la Escuela Normal de Copiapó, entre 1905 y 1907. El profesor Rómulo Peña Maturana, viajó a Alemania a estudiar con Wundt a fines del siglo pasado, según lo expresa Manuel Poblete (1980). Además, ya con anterioridad, el gobierno chileno había contratado de Alemania a los profesores Jorge Schneider y Guillermo Mann -este último discípulo de Wundt- para que enseñaran psicología en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. En 1908, el profesor Mann fue -a su vez- comisionado para adquirir en Alemania el material necesario para la creación de un Laboratorio de Psicología, semejante al de Wundt. Parte del material que trajo a Chile habría sido seleccionado por el mismo W. Wundt, quién orientó en esta labor a G. Mann. Es probable que Mann fuera uno de los primeros profesores en Chile capacitado para asimilar y transmitir la obra de Wundt en nuestro medio universitario. De acuerdo con Poblete (1980) los aparatos eran su mayoría idénticos a los usados por Wundt en su laboratorio. Mann hizo diversas publicaciones sobre psicología aplicada a problemas de la realidad nacional, siendo su principal preocupación la psicología pedagógica. En uno de ellos efectuó un estudio diferencial sobre los procesos cognitivos de la memoria, atención y concentración entre niños chilenos y niños de origen alemán, de la cual se hicieron luego inferencias para la pedagogía y los planes de estudio de los liceos.

El tipo de material adquirido por Mann revela la inquietud en Chile por la metodología experimental y por la exactitud de las medidas psicológicas elaborada por los psicólogos europeos. Ella está expresada en un informe al Rector de la Universidad de Chile donde escribe que "el oficio de los instrumentos destinados a la investigación psicológica, no puede ser otro que el de fijar de una manera exacta y mensurable las condiciones físicas relacionadas con los procesos psíquicos que se trata de estudiar." (Poblete, 1980).

Otro nombre relacionado con el origen de la psicología experimental, también de origen germano, que tuvo influencia en Chile, fue el profesor de física Gustavo Fechner, quien unos pocos años antes de Wundt, en 1860, había publicado estudios de psicología experimental en tres volúmenes denominados "Elementos de Psícofisica". En ellos pretendía estudiar "la ciencia exacta de las relaciones funcionales o de dependencia entre la mente y el cuerpo" (Boring, 1965, p. 281). El problema que se le planteaba era encontrar instrumentos adecuados para medir las funciones mentales. Para ello se le ocurrió medir la relación entre la intensidad de algunos estímulos físicos y la intensidad de las sensaciones producidas por los mismos estímulos, mediante una serie de aparatos elaborados para este objetivo.

El término "psicofísica", empleado por él para titular su obra, refleja el impacto científico producido por los espectaculares descubrimientos de la física en el siglo anterior, la precisión de sus predicciones y de sus cálculos, ciencia que fue considerada como el arquetipo para el conocimiento científico. Las relaciones causalidad-efecto y la precisión para medir las variables intervinientes, aportaban un modelo seguro para edificar las ciencias psicológicas. Los psicólogos debían desarrollar su imaginación creadora para crear instrumentos de medición debido a la imposibilidad de medir directamente los fenómenos psíquicos. Esta perspectiva explica porqué la creación de laboratorios fuera fundamental para iniciar los estudios de psicología. El trabajo de Fechner no parece haber sido seguido experimentalmente en Chile, pero en 1926, el profesor de filosofía de la Universidad Católica, Oscar Larson (1926), publicó un texto sobre la psicología experimental, donde describe y muestra una influencia evidente, de los trabajos de Wundt, de Weber y de Fechner. Larson concebía la psicología como el estudio de los estados de conciencia. Algunos años más tarde también se creó en la misma Universidad Católica, un Laboratorio de Psicología Experimental, por el profesor Alfredo Silva, futuro Rector de la Universidad de cuya labor no hay documentación (Andrade & Ossandon, 1970).

Por otra parte, la Universidad de Concepción en 1930 adquirió un "Gabinete Psicotécnico" similar al que poseía la Universidad de Chile, como un medio de completar la preparación de los pedagogos, sin formar todavía profesionales psicólogos. El origen de la psicología en esta universidad estuvo influido por la escuela de Thorndike especialmente en psicología educacional (Vargas & Benavente, 1969).

Respecto a la medición psicológica, sabemos que el proceso de búsqueda de métodos válidos y confiables culminó con la invención de los tests, según el modelo propuesto por Binet y Simon. La Escala Métrica de la Inteligencia no fue solamente un instrumento original, destinado a evaluar el rendimiento intelectual de los niños en la labor psicopedagógica, sino que aportó a las nuevas ciencias psicológicas un modelo metodológico que sirvió para crear instrumentos similares, los que se siguen utilizando todavía hoy día, después de cien años de su invención. La importancia que tuvo la medición psicológica en nuestra psicología está reflejada en las primeras investigaciones efectuadas en el Instituto de Psicología de la Universidad de Chile (1944). En ellas figuran un trabajo titulado "Vocabulario y su relación con la edad mental en el Test de Binet" de E. Grassau, y "La prueba colectiva de inteligencia de Terman, Forma B." de J. Bernales. También en la Universidad de Concepción se trabajó en la traducción y adaptación de los tests de Pintner Cuningham y de Binet y Simon, que había sido adaptado para Chile por Tirapegui, y del test de inteligencia colectiva de Terman "B". En la Universidad Católica se efectuó algo más tarde la adaptación y estandarización de los tests de inteligencia de Weschler con la participación de Erika Himmel. Estas investigaciones reflejan la importancia que tuvo la psicometría en la psicología chilena, pues los nuevos psicólogos necesitaban instrumentos válidos para iniciar su tarea. En ese momento empezaba a hacerse sentir con más fuerza la influencia de la psicología norteamericana.

La Formación Universitaria de los Psicólogos en Chile

Esta breve reseña nos permite advertir que el nacimiento de la psicología, como ciencia experimental y como profesión tuvo un carácter universal del cual nuestro país no quedó marginado.

La creación de las escuelas universitarias de psicología fueron la culminación de una inquietud donde convergían las inquietudes sociales chilenas con la emulación de las corrientes del pensamiento europeo y norteamericano. Otro hecho importante para explicar el origen de la psicología en las universidades de Chile, Católica y de Concepción, es que los primeros centros de formación psicológica dependieron originalmente de las escuelas o institutos de pedagogía. Nuestra profesión le debe en Chile a las escuelas de pedagogía haberle proporcionado la cuna donde nació y le aportó una justificación social para el quehacer profesional. Sin embargo, este impulso creacional no se habría producido en Chile, si no hubiera habido en este país personas que fueran interlocutores válidos, y que tuvieran las mismas inquietudes que los fundadores europeos. Ellos constituyeron un grupo de personas de alto nivel intelectual, capaces de percibir la proyecciones de esta nueva ciencia. Es posible mencionar entre esos "interlocutores válidos" a Abelardo Iturriaga y Egidio Orellana, en la Universidad de Chile; a Eduardo Rosales y Hernán Larraín en la Universidad Católica y a Samuel Zenteno y Corina Vargas, en la Universidad de Concepción.

Los iniciadores e impulsores de la psicología chilena tuvieron ciertamente, un ámbito de resonancia cultural mucho más estrecho y una infraestructura más rudimentaria, que sus pares europeos, y la tarea, bastante difícil en las décadas de los años cuarenta y cincuenta, que las nuevas ciencias psicológicas penetraran en nuestros medios universitarios y se desarrollara la conciencia social de su necesidad como profesión independiente. El principal problema que se presentaba era determinar en qué consistía ser psicólogo, cuál sería su rol social, y especialmente, precisar las fronteras profesionales con la pedagogía y con la psiquiatría.

La Formación Psicológica en la EPUC1

Hace 50 años, en 1954 se creó el primer curso de Psicología en la UC con categoría de Departamento, en el Instituto Pedagógico. Su primer director fue el psicólogo húngaro Bela Szekély quien tuvo un paso fugaz por Chile, pero lo suficientemente beneficioso como para haber sentado en ese año, las bases de este curso y de haber recibido a la primera cohorte de alumnos. En 1955 lo sucedió el franciscano Eduardo Rosales, teólogo y profesor de moral, hombre muy estudioso de la psicología, que consideraba que sin conocerla bien no era posible ser un buen moralista. Rosales recibió la responsabilidad de organizarlo y darle bases curriculares, cosa que Székely no alcanzó a realizar. Tomó como modelo de formación el currículum impartido por dos universidades europeas que había visitado con este objetivo: la Universidad de Lovaina y el Instituto de Psicología de la Universitá del Sacro Cuore de Milán, cuyo director era otro franciscano y psicólogo de bastante prestigio en Europa, Agostino Gemelli. Trajo como textos claves para la formación de los alumnos los libros "Introducción de la Psicología" del mismo Gemelli y "Psychanalyse et conception spiritualiste de l'homme" de Joseph Nuttin. Ambos libros constituían para él dos pilares para la formación que quería impartir. El primero se trata de un texto introductorio en el cual Gemelli sigue la línea de la primigenia psicología experimental de Fechner y Weber, y había recopilado los mejores avances que había hasta entonces en esta materia. También daba bastante importancia al estudio de los instintos, en los trabajos de Konrad Lorenz y los propios. El libro de Nuttin, por su lado, era un intento de adaptación de las teorías psicoanalíticas a un modelo de psicología del yo que trata de establecer la compatibilidad entre la teoría psicoanalítica y los modelos antropológicos cristianos de la existencia de la libertad. Ambos libros fueron de lectura obligatoria en ese momento y Rosales se preocupó de importarlos directamente. Igualmente siguió la tipología de Sheldon.

Él mismo se preocupó de formar la biblioteca. En su mayor parte los libros inicialmente fueron adquiridos por él gracias al crédito que le daban en algunas librerías universitarias europeas relacionadas con los franciscanos. Se preocupó especialmente de contratar suscripciones a algunas revistas internacionales, tales como el British Journal of Psychology, Psychological Abstract, Enfance, Journal of Clinical Psychology y los Archivios di Psicologia de Milán. Otros libros provinieron de una donación que obtuvo Santiago Vivanco en la Embajada Norteamericana. Junto con traer libros, Rosales compró en Milán el primer equipo de psicología experimental, destinado a la docencia. Este equipo estaba destinado a complementar la formación en psicología experimental que se introducía con el texto de Gemelli y que seguía la corriente de Weber y Fechner.

El mayor problema que tuvo que enfrentar Rosales fue encontrar profesores. Los psicólogos profesionales eran muy escasos. Recién empezaban a recibirse en la Universidad de Chile. El curso de psicología general, que se consideraba la base epistemológica del currículum, cambió varias veces de docente y sólo adquirió un sello definitivo tres años más tarde cuando llegó Hernán Larraín. Los cursos de anatomía y fisiología del sistema nervioso y endocrino lo hicieron docentes de la Escuela de Medicina, encabezados por Antonio Arteaga y el de Biología por Juan Fernández. Estadística lo impartía Erika Himmel, quien se iniciaba en la carrera docente de profesora de matemáticas y la teoría de los tests un profesor normalista, Alcides Pinto. Viterbo Osorio impartía Introducción a la Filosofía y un salesiano italiano Juvenal Dho, un curso de psicopedagogía. Además había en el primer año un curso de introducción al método científico, dado por Santiago Vivanco y otro de introducción a la pedagogía, impartido por Enrique Cueto. Finalmente, también había un curso destinado a conocer las bases antropológicas de la sociedad chilena que lamentablemente se limitaba a algunos tópicos de la historia de Chile.

La Llegada de Hernán Larraín

La llegada de Hernán Larraín en 1957 produjo un remezón cultural en el Departamento de Psicología, pues tenía una formación psicológica y cultural bastante diferente. Había estudiado primero filosofía en Lovaina y teología en Innsbruck y luego psicología clínica y psicoanalítica en München. Su preocupación siempre estuvo orientada más hacia la psicología teórica que experimental. Además su personalidad era bastante atrayente, donde dominaba una fuerte inteligencia y una amplia cultura, lo que lo hizo rodearse desde el comienzo de numerosos discípulos.

Dos años antes de regresar a Chile, en una carta fechada en München el 28 de agosto de 1955 y dirigida al autor de este artículo, describe con entusiasmo el modelo de la psicología alemana, en la cual estaba terminando de formarse y que revela el modelo teórico que posteriormente trató de darle a la formación de la Escuela de Psicología de la Católica. Dice: "En la línea de la psicología alemana no se quedan en un simple plano empírico (como los americanos) sino que hacen psicología filosófica". No es psicología experimental "sino psicología de tipo más bien fenomenológico", pero con tendencia marcada (por lo menos en Lersch -su maestro y guía de tesis) a una psicología filosófica, "utilizando claro está, todo el material ganado por la psicología experimental y los métodos científicos". En otra carta algo posterior (2/1/56) termina estas ideas expresando que "no se puede separar la psicología de la filosofía y de la metafísica, pero cuidando con no reducir ésta última únicamente al armazón escolático. "No niego -agrega- la solidez de este último (...) pero hay que llenar sus huecos. Es indudable que no todo está dicho y no son los escolásticos mirando eternamente atrás como la mujer de Loth los más indicados para hacer progresar la filosofía" y aquí hace una precisión de lo que él considera método psicológico: "El método `tradicional' escolástico es puramente analítico (a priori). El método del psicólogo ha de ser `observación', que es mucho más que simple experimentación o que mera deducción de principios aceptados dogmáticamente. Observar es intuir, es penetrar el sentido de las cosas, llegar a su inteligibilidad descubriendo la huella del espíritu en la materia y en los hechos. El método psicológico ha de ser `fenomenológico'... "Ahora bien, el mismo Husserl (...) se dio cuenta al final que la fenomenología lleva necesariamente a la metafísica. Fenomenología puramente fenomenológica es vacía y sin sentido"... Termina diciendo: "De aquí el genuino psicólogo sin abandonar un método puramente psicológico (la fenomenología es precisamente este método puramente psicológico) llegue necesariamente a la metafísica. Sólo la metafísica da sentido a la psicología moderna. Y ésta al repudiar el atomismo psicológico, el asociacionismo, el behaviorismo, etc., está más cerca que nunca de la genuina metafísica... Un psicólogo sin metafísica y sin filosofía podrá ser un `práctico', pero jamás será un `científico'. Este último no sólo actúa sino sabe el `por qué' de su ciencia".

Esta perspectiva de Hernán Larraín la trató de hacer realidad más tarde en sus cursos de psicología general (fenomenológica) y profunda (psicoanalítica) que marcaron fuertemente a los primeros psicólogos de la EPUC. El curso clave de psicología general fenomenológica siguió estrechamente a Ph. Lersch y el de psicología profunda tuvo una base freudiana abierta al psicoanálisis cultural norteamericano, que Larraín descubrió en Chile, especialmente en el libro de Clara Thompson. Además de las obras de Freud, seguía en su curso el libro de Dalbiez "Método psicoanalítico y doctrina freudiana", que distingue en el psicoanálisis una metodología clínica de una teoría metapsicológica. Más adelante, los aspectos clínicos de la psicología profunda fueron aportados en los cursos de psicopatología de G. Solari, de psicología de la personalidad de Fernando Oyarzún y de interpretación psicoanalítica del test de Rorscharch de Otto Kernberg. Con el curso de psicología general, el psicólogo alemán Philip Lersch pasó a ser el santo patrono de los alumnos de la nueva escuela, ya que todos se iniciaban en la carrera a través de su texto "Estructura de la Personalidad", donde mediante un enfoque fenomenológico describía todos los procesos estructurantes de una personalidad, dentro de un contexto muy rico en citas de filósofos alemanes. Mientras aparecía la traducción castellana de este libro en España, Larraín se preocupó de traducirlo personalmente para sus alumnos. Completaba a Lersch con el estudio de las bases históricas de la psicología, siguiendo principalmente las obras de Böring y de Foulquié.

La Creación de la Escuela

El paso de la dirección del Departamento de Eduardo Rosales a Hernán Larraín, así como la creación de la nueva escuela fueron conflictivos. Incluso el conflicto llegó a un nivel que se pensó cerrar el Departamento de Psicología. Algunos docentes de la Facultad de Filosofía, Letras y Educación se oponían a que el Departamento de Psicología se independizara. Querían que continuara el proyecto original de especializar a los profesores para los colegios católicos. Se proponía para los alumnos el título de "Profesor de Psicología". En ese momento todavía no había modelos sociales que identificaran el rol de un eventual psicólogo profesional. Rosales se oponía a la creación de una escuela autónoma del Pedagógico y la Universidad, por su parte, temía hacerse cargo del riesgo de iniciar una nueva carrera profesional sin disponer de bases académicas adecuadas. Solamente en el área clínica se podía recurrir al aporte de la psiquiatría. Sin embargo, el decano Kupareo, que tenía formación europea, apoyó la idea de Larraín, de formar una escuela independiente. El estaba fuertemente apoyado por los alumnos, y obtuvo la anuencia del rector, creándose la nueva Escuela de Psicología el 21 de Octubre de 1957.

A partir de ese momento hubo un cambio significativo en la conducción de ella ya que la Facultad le otorgó a Larraín una amplia autonomía. Se preocupó, en primer lugar, de establecer un equipo de profesores estables. Tomó contactos con la cátedra de psiquiatría de la Universidad de Chile del profesor Matte, en vista de que sus peticiones de apoyo académico para el área clínica no tuvieron mucha acogida en la Escuela de Medicina de la UC. Como consecuencia, se incorporaron en la docencia clínica, entre otros, los psiquiatras Solari, Kernberg, Oyarzún, Leclerc, Ganzaraín, y el neurofisiólogo Palestini. Los primeros dieron un fuerte impuso a la formación y a la orientación psicoanalítica. Esta orientación se complementó con dos aportes más. Uno provino del Servicio de Medicina Psicosomática del Hospital Salvador, de Salvador Candiani quien también era psicoanalista y el otro del Servicio de Psiquiatría Infantil del Hospital Roberto de Río, con la colaboración del neuropsiquiatra infantil Fernando Sanhueza, de tendencia bastante opuesta. De la Escuela de Psicología de la Universidad de Chile trajo como docentes a Rogelio Benavente y a Jean Cizaletti, quienes iniciaron los cursos de psicología laboral. El psicólogo social M. Poblete, continuó con un curso de psicopatología social y criminología. Las áreas más débiles fueron durante varios años la psicología social y la psicología educacional.

La carencia de psicólogos profesionales obligó a que luego algunos alumnos de las primeras promociones asumieran roles docentes, como ayudantes o como profesores auxiliares. Entre los primeros titulados de la EPUC que tuvieron nombramiento formal como docentes en la nueva escuela estuvieron Teresa Corcuera, Mario Morales, Marta Harnecker y el autor de este artículo.

Búsqueda de Local

Encontrar local para la Escuela fue una odisea bastante larga. Cuando se creó en 1954 empezó a funcionar en unas habitaciones ubicadas al fondo del patio del antiguo palacete renacentista de la Facultad de Teología, estancias que habían sido construidas para el servicio doméstico. Estaba en Alameda, a media cuadra de la Casa Central. Al año siguiente, los cursos funcionaban bajo el alero de la Facultad de Economía en el tercer piso de la Casa Central y la secretaría y biblioteca y el departamento quedaba en dos gabinetes o "loggias" para las ayudantías. Al año siguiente, Rosales descubrió una habitación vacía en el segundo o tercer piso de la facultad de Ingeniería que se utilizaba para guardar útiles de aseo. Consiguió con el decano que se la prestaran como oficina y autorizara utilizar dos salas de clases. Esa pieza sirvió de biblioteca, secretaría, dirección y depósito de los primeros tests. Al año siguiente, el decano instaló al todavía Departamento de Psicología, en una casa de la calle Dieciocho, junto con los alumnos de Pedagogía en Biología y en el mismo año, hizo arreglar una casona de servicio que quedaba en el tercer patio del pensionado Universitario Cardenal Caro, en la calle Olivares, y que los habitantes de este pensionado llamaban "la morgue" por lo tétrica. Era una casa tan destartalada que todo el mundo se enteraba cuando alguien subía la escala porque temblaba la construcción. En ese momento se produjo el retiro de Rosales, entrando como nuevo director Hernán Larraín. Este se preocupó, luego de asumir su cargo, de conseguir de la Universidad un local más adecuado y al año siguiente la flamante escuela se trasladó a Alameda, frente a la Casa Central, compartiendo el edificio con el Instituto Fílmico. Este local duró varios años, hasta que la Escuela emigró al Campus de Apoquindo y pasando luego por el Campus Oriente, para terminar donde se encuentra actualmente.

Hernán Larraín estuvo como director de la Escuela hasta 1962, año en que partió a la Universidad Católica de Valparaíso como rector. En ese período de cinco años alcanzó a establecer los fundamentos de la nueva Escuela, con un local propio, un currículum, una planta de profesores estables y el examen de título de los primeros egresados. Formó el primer consultorio psicológico para las prácticas profesionales, especialmente en el área clínica y adquirió la primera máquina calculadora eléctrica para los cursos de estadísticas y las primeras investigaciones, lo que era un lujo raro en esa época.

Notas

Luis Bravo, Escuela de Psicología.

1 EPUC: Escuela de Psicología Universidad Católica.

Referencias

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Correspondencia a: La correspondencia relativa a este artículo deberá ser dirigida al autor. Escuela de Psicología, Pontificia Universidad Católica de Chile, Vicuña Mackenna 4860, Macul, Santiago, Chile. E-mail: abravov@puc.cl

Conferencia inaugural del año académico, Postgrado de la Escuela de Psicología, P. Universidad Católica de Chile.

 

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