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Psykhe (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-2228

Psykhe v.13 n.2 Santiago nov. 2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22282004000200017 

 

PSYKHE 2004, Vol. 13, Nº 2, 231 - 232

HOMENAJE

Homenaje a Mabel Condemarín

A Tribute to Mabel Condemarín

Yulan Sun

Dirección para Correspondencia


El 30 de marzo pasado, dejó de existir Mabel Condemarín Grimberg, dejando un legado humano y profesional imborrable, coronado algunos meses antes, cuando se le entregó el Premio Nacional de Ciencias de la Educación 2003. Es difícil hacer justicia a su pródiga labor como escritora y maestra, a la huella de su trabajo en la educación chilena y al recuerdo entrañable que ha dejado en quienes la conocimos y quisimos.

Mabel nació en Iquique, en un hogar aficionado a la lectura, que forjó tempranamente su interés por este tema al que dedicaría su vida. Al terminar su sexto año básico, ingresó a la Escuela Normal de La Serena, donde se formó como maestra.

Apenas egresada, en 1951, fue contratada como profesora de la Escuela Anexa a la Normal de La Serena. Allí, y más tarde en Santiago, descubrió el placer de enseñar a leer y escribir a los niños y niñas de las escuelas públicas chilenas con enfoques nuevos y creativos.

Se tituló de 'Profesora de Educación' en la Escuela Normal Superior "José Abelardo Núñez" y más tarde ingresó al "State College" de Los Ángeles, Estados Unidos, donde siguió cursos sobre enseñanza correctiva y remedial de la lectura y escritura. De vuelta en Chile, formó parte del equipo de Psiquiatría Infantil del Hospital Calvo Mackenna, en donde estableció sus primeros vínculos profesionales con la enseñanza de la lectura en los niños, su desarrollo y sus trastornos.

En 1972, integró el Programa de Postítulo y luego de Magíster en Educación Especial y Diferencial de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de Chile. Durante 20 años en este programa, formó numerosas generaciones de educadores, compartiendo con ellos los hallazgos de su investigación sobre la lectura.

Fue una escritora incansable, entregando a los profesores y niños de Chile algunos de los más preciados libros y materiales de enseñanza hasta hoy en el área del lenguaje.

En 1990 aceptó una invitación del Ministerio de Educación para integrar el equipo fundador del Programa de las 900 Escuelas, donde continuaría su trabajo incesante por acercar el lenguaje y la literatura a los niños más pobres. También, durante el año 2002, colaboró en la elaboración de marco curricular y los programas de estudio del subsector de Lenguaje y Comunicación, para el Primer Ciclo de Educación General Básica.

Formó a muchos profesores, psicopedagogos y psicólogos; escribió incontables artículos en revistas especializadas y participó en numerosos encuentros internacionales, especialmente en América Latina. En Perú y Colombia, dos colegios llevan su nombre.

Pero, para quienes la conocimos, el recuerdo más imborrable es el de su persona, el de su espíritu. Mabel era una trabajadora infatigable y entusiasta, y una compañera de trabajo extremadamente sabia y cariñosa. Quienes fuimos sus alumnos, sus compañeros de trabajo, sus amigos, conocimos también su ingenio y su lúcido sentido del humor. Nos prodigó siempre generosidad y humildad. Incluso a los que recién aprendíamos, a los que solo comenzábamos el camino que ella llevaba tan adelantado, nos era permitido desafiarla, dudar, discutir con ella. Y esto era, para mí, la más genuina expresión de su vocación de educadora, de maestra.

La conocí hace 7 años, cuando fue mi profesora en un curso del programa de Magíster de la Escuela de Psicología, y me "amadrinó" sin consideraciones; me regaló libros, me prestó otros sobre los cuales me regalaba las sabrosas conversaciones y comentarios que podíamos compartir después de su lectura. Sabía de todo y se preocupaba lo mismo de guiar el rumbo académico de sus afortunados "amadrinados", que de tratar de mejorar nuestras vidas, buscándonos novios o "solo amigos", tentada creo yo por la posibilidad de repetir el feliz destino de la amistad que la unió al que luego sería su marido, el académico y escritor, Felipe Alliende.

Trabajar con Mabel, ser su amiga, era un modo de crecer, de contagiarse de su vocación de árbol perenne, siempre pródigo, siempre florido. Estaba tan llena de vida que es difícil convencerse de su muerte, aceptar su ausencia. Su coraje para vivir y su generosidad para darse a otros se sobreponen a la muerte, la vuelven pálida y silenciosa. En su lugar, están sus letras, sus palabras, su voz, su imborrable recuerdo… su larga sonrisa de Mabel.


Correspondencia a: La correspondencia relativa a este homenaje deberá ser enviada a la autora. Fono: 3547191. E-mail: ysun@puc.cl

Yulan Sun. Psicóloga.

 

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